El Efecto del Solitario/R
La experiencia era algo que desafiaba cualquier explicación lógica. Los colores y recuerdos distorsionados seguían mezclándose en patrones caóticos mientras Seis intentaba comprender lo que le estaba sucediendo. Sentía como si su cuerpo se estirara y se contrajera, transformándose en formas imposibles, pero, curiosamente, no había dolor. Solo una extraña y desconcertante ausencia de sensación.
—¿Seis? ¿Qué está pasando? —La voz de Dot resonó en su mente, su tono más cargado de incertidumbre de lo habitual —No tengo ni la menor idea, esto se siente...extraño —respondió, mientras la figura holográfica de su compañera se materializaba frente a él con un leve zumbido.
Los ojos virtuales de Dot se movían rápidamente, escaneando cada parte de su cuerpo.
—Tu cuerpo está sufriendo espasmos mientras se deforma...— informó, pero su tono reflejaba un matiz de preocupación — Sin embargo, parece que tu sistema nervioso literalmente no puede procesar lo que está sucediendo. Está...desconectado, por así decirlo. No puedes sentir los cambios— Seis intentó gritar, pero su boca no emitió ningún sonido. La desconexión lo alteró, hasta que un alarido repentino rompió el silencio, devolviéndole su voz.
—¿Crees que esto pueda causarme algún daño a largo plazo? —preguntó, casi con miedo.
Dot bajó la mirada, un gesto cargado de significado. El silencio fue su respuesta.
El tiempo parecía haberse detenido en ese lugar, o tal vez avanzaba de maneras incomprensibles. Era imposible saber cuánto había pasado. De pronto, sintió que su cuerpo se detenía en seco y vio una luz intensamente brillante debajo de él.
—Oh, maldit...—no pudo terminar su frase antes de que la gravedad lo reclamara.
El sonido del viento rugiendo contra su armadura y el eco de disparos en la distancia lo hicieron volver a enfocarse. Ajustó los sistemas de bloqueo de su traje, dejando que el gel interno se preparara para amortiguar el impacto.
—¡Cuatro segundos para el impacto...tres...dos...uno! ¡Prepárate! —La voz de Dot fue la última advertencia antes del golpe.
Su cuerpo chocó contra el suelo con una fuerza abrumadora, el gel interno absorbiendo gran parte del impacto. Pero el dolor llegó después, como un recordatorio de que aún estaba vivo.
—Mi sistema nervioso está en óptimas condiciones —murmuró con una voz áspera, sintiendo su garganta seca y cada palabra como un esfuerzo.
Desactivó el bloqueo del traje, dejando que el gel se disipara gradualmente. Se puso de pie con cierta dificultad, estirando sus extremidades mientras intentaba adaptarse al entorno.
—Dot, quiero saber en qué planeta estamos —ordenó, mirando a su alrededor con ojos agudos.
La figura holográfica apareció nuevamente, esta vez con una expresión de desconcierto.
—No puedo decirte exactamente dónde estamos, Seis —Un mapa holográfico comenzó a procesarse, pero los datos no cuadraban con ninguna base ni colonia conocida— Este planeta no coincide con ningún registro en las coordenadas conocidas. Algo extraño sucede...—El mapa se desvaneció por completo— Mis sistemas no detectan nada. Estamos...en ningún lado—
El Spartan observó su entorno con una creciente curiosidad. Había caído en un bosque vasto y exuberante, lleno de flora desconocida. Los árboles eran altos y de formas extrañas, y los sonidos de la fauna añadían una atmósfera exótica, como si estuviera en otro universo.
La calma del lugar era casi reconfortante, pero no duró mucho. A lo lejos, se escucharon disparos. El sonido era diferente a cualquier arma humana o Covenant que hubiera escuchado antes.
Tensando el agarre en su DMR, comenzó a moverse con sigilo por la espesura de la maleza.
—Dot, voy a necesitar que busques alguna fuente de información. Piratéala si es necesario —ordenó
—Entendido, Seis — respondió la IA, su tono eficiente.
A medida que avanzaba, observó más de la fauna y flora del lugar. Animales que nunca había visto en sus años de servicio se movían entre los arbustos, cada uno más extraño que el anterior. Mientras más exploraba, más evidente se volvía que no estaba en ningún lugar familiar.
Tras unos minutos de caminata, logro alcanzar a ver una estructura que destacaba entre los árboles: una torre imponente de diseño extraño, rodeada de signos de excavación. Sus bases estaban llenas de maquinaria abandonada y herramientas, como si alguien hubiera estado estudiándola.
—Interesante —murmuró, inspeccionando los alrededores mientras su mente comenzaba a formular preguntas y teorías sobre dónde podría estar.
Al caminar por la extraña tierra, la escena que lo recibió al bajar de una cuesta era de pesadilla: cuerpos de un gris enfermizo, atravesados por tubos grotescos, colgaban de estacas que se alzaban entre los árboles. Su piel, arrugada y deteriorada, mostraba un trabajo antinatural; sus formas aún eran reconocibles como humanas, pero distorsionadas más allá de lo que parecía posible.
—¿Qué son esas cosas, Dot? —preguntó Seis, su voz baja, aunque la tensión era evidente.
Apareciendo en su visor, su figura se proyectaba mientras analizaba la escena frente a ellos.
—No quiero creer lo que estoy pensando...— su tono reflejaba más cautela de lo habitual — Estas figuras tienen una anatomía base humana, pero sus modificaciones corporales son extensas. Hasta los órganos parecen haber sido alterados...o completamente eliminados—
Seis se acercó más a uno de los cuerpos, estudiándolo de cerca mientras mantenía una mano sobre el mango de su kukri.
—Esto es imposible, Dot. Estas modificaciones son grotescas, no hay forma de que se lo hicieran a una persona viva— Ella no respondió de inmediato. Se limitó a hacer un movimiento evasivo con sus brazos holográficos antes de desvanecerse, dejándolo solo con sus pensamientos.
El silencio del bosque se rompió abruptamente cuando una ráfaga de disparos impactó contra sus escudos, haciéndolos descender al 90%. Seis se lanzó hacia la cobertura de un árbol cercano, su mente ya analizando la situación. Usando todas las capacidades obtenidas durante sus encargos de la ONI, desapareció en el entorno. Desde su posición oculta, observó a los atacantes: robots. Su diseño era extraño, con estructuras esqueléticas y movimientos mecánicos, pero lo suficientemente ágiles como para representar una amenaza.
—Nunca antes he peleado contra robots, pero supongo que siempre hay una primera vez —murmuró para sí mismo.
Moviéndose con sigilo, rodeó al grupo, acercándose al más lejano. Desenvainó el kukri de Emile, su filo brillante reflejando la tenue luz que se filtraba entre los árboles. El robot giró justo a tiempo para verlo antes de que la cuchilla lo atravesara, cortando su cabeza a la mitad con un golpe limpio.
El resto de los robots reaccionó de inmediato, abriendo fuego hacia su última posición. Seis lanzó una granada y corrió hacia una nueva cobertura mientras la explosión destruía a dos de ellos. Los fragmentos metálicos volaron por el aire, acompañados de un breve destello de energía cuando sus escudos colapsaron.
Saliendo de la cobertura, desenfundó su magnum y avanzó con precisión, disparando a los puntos vulnerables del último. Un único disparo certero atravesó su ocular principal, apagando su sistema en un instante. El cuerpo inerte cayó al suelo con un sonido seco.
Seis se acercó a los restos, cauteloso de su entorno mientras aseguraba que no hubiera más enemigos. Se agachó sobre una rodilla y comenzó a inspeccionar los cuerpos con detenimiento.
—Dot, analízalos —ordenó mientras sostenía uno de los rifles que los robots habían usado.
Reapareciendo frente a el, sus ojos se movieron rápidamente mientras procesaba los datos.
—Estas armas son diferentes a cualquier tecnología que hayamos encontrado. No son de plasma como las del Covenant, pero tampoco son balísticas. Parecen una mezcla de tecnologías avanzadas, pero su estructura es completamente desconocida para mis archivos—
Seis examinó las armas con cuidado, notando que su diseño era funcional y letal, pero extraño en su forma. La energía que las alimentaba parecía ser algo más avanzado que cualquier cosa humana o alienígena que hubiera enfrentado antes.
El bosque, que había recuperado su calma, seguía siendo inquietante. La brisa movía las hojas, generando un silbido que se contrastaba a la desolación que se reflejaba en las nubes de humo que abarcaban el cielo.
Pero, sin dejar que el spartan pudiera descansar, aquella calma se desvaneció tan rápido como había llegado. Alaridos inhumanos y el ruido de pisadas apresuradas resonaron en la distancia. Sus sentidos aumentados detectaron el movimiento incluso antes de que sus radares pudieran confirmarlo. Luego llegaron los disparos: un eco estridente que rompió la quietud del bosque.
Sus ojos se enfocaron en la dirección de los sonidos mientras trotaba hacia el origen, moviéndose con agilidad entre los escombros y los árboles retorcidos que decoraban el terreno como restos de una batalla reciente.
A la distancia, una figura humana apareció: un soldado corriendo a toda velocidad, perseguido por lo que parecían ser robots y drones. Su armadura, aunque funcional, lucía extraña, con un diseño y colores que no reconocía. No pertenecía a la UNSC, de eso estaba seguro. Su casco reflejaba las luces parpadeantes de los drones que lo acosaban, y su movimiento era torpe, probablemente debido al agotamiento o las heridas.
Seis detuvo su avance por un instante, evaluando la situación. Algo no cuadraba. Esa soldado no era de los suyos, pero tampoco podía permitirse quedarse ahí, simplemente observando.
—Despierta, idiota. ¡Haz algo! —murmuró para sí mismo mientras apretaba con fuerza el mango de su DMR. Su mente se nubló por un instante cuando recordó los rostros de aquellos que no había podido salvar en Reach, la culpa impulsándolo como adrenalina.
—No va a morir nadie más en mi presencia... nunca más—
Con un salto que aprovechó la fuerza de sus piernas mejoradas, Seis se posicionó en un montículo cercano, alineando rápidamente su arma. El HUD de su casco marcaba con precisión los puntos vulnerables de los robots que se acercaban a la soldado, cortesía de Dot.
Sin dudarlo, disparó. Cada tiro fue certero, atravesando cabezas metálicas y puntos clave en sus sistemas. Un dron explotó en un estallido de chispas, seguido de un robot que cayó con un ruido seco cuando su núcleo de energía fue perforado. La soldado, atónita, se giró hacia él, sus movimientos aún tensos, pero con un atisbo de esperanza en su postura. Seis saltó desde su posición elevada, su DMR expulsando proyectiles sin parar. Cada bala encontraba su objetivo, perforando los cuerpos de los robots y destrozando sus sistemas internos. Los enemigos caían rápidamente, incapaces de reaccionar ante la velocidad y letalidad del Spartan.
La nueva armadura se movía con él como una extensión natural de su cuerpo, brindándole una protección y agilidad que nunca antes había experimentado. Mientras destruía a sus oponentes, una sensación extraña comenzó a arraigarse en su pecho, una mezcla peligrosa de euforia y rabia. Diezmando al grupo que, hace uno momentos, fueron una amenaza.
«Esto es poder...el poder que necesitaba en Reach», pensó.
Pero el recuerdo de sus compañeros caídos lo golpeó como un martillo. Las imágenes de sus rostros, las voces y los gritos que aún resonaban en su mente, avivaron un fuego oscuro en su interior. Un disparo en su escudo lo sacó del ensimismamiento. Miró a su alrededor mientras los indicadores de energía descendían. La furia oscureció su visión cuando fijó su mirada en el último robot en pie.
Se abalanzó sobre él, cerrando su mano alrededor del cuello metálico de la máquina. Sentía el calor de su propia rabia irradiando a través de su brazo, una furia casi tangible que parecía provenir de algún lugar más profundo.
«¡Mátalos...mátalos a todos! ¡Venga a tus compañeros!»
la voz en su mente resonaba con una intensidad casi insoportable, mezclándose con sus propios pensamientos y empujándolo al límite.
El robot luchó, intentando zafarse de su agarre. Sus extremidades metálicas arañaban desesperadamente la armadura de Seis, pero era inútil. Con un movimiento brusco, el Spartan le rompió un brazo, escuchando cómo los mecanismos internos crujían y se despedazaban bajo su fuerza.
Al bajar la mirada hacia su brazo, sintió un calor abrasador. La hoja de Azrael, esa cosa que ahora formaba parte de él, intentaba emerger, el filo comenzando a materializarse en su mano. La cuchilla pulsaba, como si exigiera ser usada.
El Spartan apretó los dientes, su mente luchando por mantener el control. Sus ojos volviendo al robot, que seguía retorciendose débilmente. Sin pensarlo más, apretó su agarre, destrozando los mecanismos que aún funcionaban y dejando caer el cuerpo metálico al suelo con un sonido seco.
—¿Qué demonios fue eso...? —murmuró, jadeando mientras miraba su mano. Azrael se había desvanecido, calmándose, pero el eco de su presencia aún zumbaba en su mente.
Un disparo rompió la tensión del momento. Seis giró rápidamente, su DMR ya en las manos, pero se detuvo al ver a la soldado que había rescatado momentos antes. Había derribado a un robot que intentaba emboscarlo por la espalda.
La mujer bajó su arma y lo miró, aún alerta, pero con un atisbo de respeto en su mirada.
Seis guardó sus armas, avanzando hacia ella con pasos firmes. La adrenalina aún corría por su cuerpo, pero su mente intentaba calmarse.
—Gracias por eso —dijo, su voz neutral pero cargada de peso.
La mujer asintió, bajando levemente la cabeza, como si le temiera.
—Parecías bastante ocupado. Pensé que podrías necesitar una mano—
Los restos de los robots aún humeaban en el suelo, y la quietud volvió al campo de batalla, rota únicamente por el leve crujido de los escombros bajo las botas de la mujer. Ella guardó su arma, su mirada fija en el extraño gigante que la había salvado.
Cuando levantó la vista para observar mejor a su salvador, quien se le había acercado unos cuantos pasos, un escalofrío recorrió su espalda. Frente a ella estaba un ser imponente, una figura de hierro con una armadura masiva y detalles que evocaban la imagen de un lobo. La pintura en su casco y los acabados afilados le conferían un aspecto salvaje y amenazador, casi como si el hombre fuera un depredador encarnado.
La enormidad del desconocido la dejó atónita. Era más alto que cualquier ser que hubiera visto, incluso superando la estatura de los krogan. Su mera presencia parecía dominar el entorno, y ella apenas podía imaginar cómo alguien podía moverse con tanta naturalidad llevando una armadura de ese tamaño.
El gigante dio un paso adelante, y su voz resonó como un trueno.
—Identifícate, soldado—
Tragó saliva, sintiendo que sus piernas flaqueaban por un instante. Aun así, se obligó a recuperar la compostura. Colocó una mano en su frente en un saludo militar y adoptó una postura firme.
—Ashley Williams. Jefa de artillería, 2da división—
El hombre inclinó ligeramente la cabeza, como evaluándola.
—Teniente Spartan-B312—
Ese nombre, "Spartan", despertó una chispa de confusión en su mente. Nunca había escuchado de un programa o unidad llamada Spartan en los informes militares de la Alianza. Pero no era momento de hacer preguntas.
La voz del soldado volvió a resonar, cargada de autoridad.
—Informe de situación, soldado. ¿Qué sucedió con tu equipo?—
Ashley bajó la mano y relajó ligeramente su postura, aunque su voz no perdió firmeza.
—Mi escuadrón estaba patrullando la zona hasta que nos emboscaron los geth. Solo yo logré escapar. Mis compañeros fueron masacrados—
Las imágenes volvieron a su mente como un torrente: sus amigos cayendo uno por uno bajo el fuego enemigo, los gritos desesperados pidiendo refuerzos que nunca llegaron. La visión la dejó momentáneamente inmóvil, pero la voz de Seis la sacó de su trance.
Ella respiró hondo y continuó, esforzándose por mantener su tono firme.
—Hace algunos días, logramos encontrar una baliza proteana. Parece que los geth se dieron cuenta de lo que habíamos descubierto y atacaron el planeta. Cuando corría, pase por la excavación y ya no estaba, así que fallamos—
El Spartan permaneció en silencio por unos segundos, procesando la información. Sus ojos ocultos tras el visor parecían fijos en ella, aunque su atención también se dividía entre el entorno, siempre alerta. Finalmente, habló, su voz tan fría como una orden.
—Entendido. Sera mejor que comencemos a movernos. El enemigo no tardará en enviar refuerzos— Ashley asintió, sintiendo una extraña mezcla de alivio y tensión. Este hombre, quienquiera que fuera, parecía estar hecho para situaciones imposibles.
Seis observó a la mujer detenidamente, su postura firme, pero el dolor aún evidente en sus movimientos. Aunque no la conocía, podía ver en sus ojos algo familiar: el peso de ser la única sobreviviente. Antes de que ella comenzara a irse, dio un paso adelante y colocó una mano enguantada en su hombro, deteniéndola.
—Vengaremos a tu escuadrón, soldado. No dejaremos que estos... Geth salgan impunes—
Ella levantó la mirada, sus ojos reflejaban una mezcla de gratitud y determinación. Asintió lentamente mientras él retiraba la mano, volviendo su atención a los cuerpos metálicos esparcidos por el suelo, pensativo.
—¿Qué son exactamente estos Geth? ¿Son nuevos aliados del Covenant? ¿O una creación suya? Además, mencionaste algo sobre una baliza... ¿Proteana? Nunca he oído hablar de una raza o facción con ese nombre. ¿Acaso es un descubrimiento reciente? ¿La UNSC sabe lo que está pasando aquí, o este ataque fue completamente inesperado?—
La soldado lo miró, su rostro reflejando confusión. El Spartan notó que sus preguntas parecían no tener sentido para ella. Finalmente, habló, aunque sus palabras lo desconcertaron aún más.
—Señor, ¿qué es el pacto? ¿Es algún tipo de nuevo grupo rebelde? No recibí ningún informe de ellos. Los Geth no son aliados de nadie. Fueron creados por los quarianos hace siglos. Y los proteanos...son una antigua civilización que, según se cree, construyó los relés de masa y la Ciudadela—
Seis quedó en silencio, procesando sus palabras. Nada de lo que dijo encajaba con lo que conocía. La UNSC no tenía registros de quarianos, Geth o proteanos. Era como si hablara de un universo completamente diferente.
Dot apareció en su visor, interrumpiendo sus pensamientos.
—Seis, logré piratear un dispositivo en su mano. La información que extraje no tiene relación con nada de lo que conocemos. Creo que la grieta nos mandó a otro universo... o algo parecido. Además, los Geth que neutralizaste tienen un sistema que autodestruye toda su información. No pude sacar nada útil. Estoy tan perdida como tú—
El Spartan apretó la mandíbula. Si Dot tenía razón, todo lo que conocía podía ser inútil aquí. Miró nuevamente a la soldado —No importa. Vuelve y reagrúpate con los escuadrones sobrevivientes, si no encuentras ninguno, espera unos minutos para continuar este camino, detecto un campamento mas adelante. Yo avanzaré por las líneas enemigas y detendré la extracción de la baliza. ¿Dónde esta el puerto mas cercano?—
La soldado enderezó su postura, su voz cargada de determinación.
—Señor, sería imprudente dejarlo solo contra un ejército de Geth. Además, quiero vengar a mis camaradas caídos. No voy a correr como un perro lastimado mientras siguen asesinando a más civiles—
Seis la miró directamente, su tono firme pero sin perder la calma.
—Soldado, siga mis órdenes. Muerta no vengarás a tus compañeros. Hónralos viviendo y combatiendo en su nombre, pero viva—
Ella vaciló, claramente en desacuerdo, pero finalmente bajó la mirada y asintió. Activando una extraña herramienta de su mano, una clase de holograma solido — El puerto esta aquí, la estación de tranvía es el método mas rápido de llegar, pero estará ocupado por el enemigo— Explico, señalando en el mapa desplegado. Una vez termino con sus indicaciones, desactivo el holograma y miro con pena a Seis —Buena suerte, Señor— Dijo, con tono bajo. Dándose la vuelta, soltó un suspiro resignado, levantó su rifle y comenzó a caminar hacia las afueras del combate. Su figura se perdió entre los arboles, dejando a Seis solo en el campo de batalla, con el eco de los disparos y las explosiones resonando a lo lejos.
Dot habló nuevamente, su tono un poco más serio.
—Bueno, parece que esto se complica más de lo que esperábamos. ¿Qué haremos ahora?—
Cargó su DMR y miró hacia el horizonte, donde la batalla continuaba —Lo que siempre hacemos. Luchar. — Las señales enemigas eran claras, agrupadas detrás de una serie de formaciones rocosas. Ajustó su rifle y avanzó rápidamente por senderos que serpenteaban hacia un pequeño pueblo. Las casas eran distintas a las que conocía: compactas y simples, como si hubieran sido diseñadas para funcionalidad inmediata más que para resistencia.
Su HUD mostraba a los enemigos cada vez más cerca mientras subía por el camino pedregoso hacia la cima de una colina. Desde allí, podía ver claramente las estacas que había encontrado antes, pero los cuerpos que las adornaban habían desaparecido, como si hubieran sido reclamados por algo más oscuro.
Un grito desgarrador rompió el aire. Seis giró la cabeza, enfocándose en el origen. Un civil estaba siendo arrastrado por un grupo Geth hacia una de las estacas. La escena lo llenó de rabia; sabía lo que iba a suceder y no estaba dispuesto a permitirlo. Sin dudarlo, corrió hacia las máquinas, disparando mientras se acercaba, atrayendo su atención. Sin embargo, no fue lo suficientemente rápido. Aun liquidando la resistencia frente a el, y como si esa grotesca tarea fuera sagrada, uno de los geth fue protegido por sus compañeros, permitiendo que lograra clavar al hombre en la estaca antes de caer bajo el fuego de su DMR.
Seis se detuvo frente a la pobre persona, agonizando, su cuerpo retorciéndose en la espiga. Apretó los dientes, su mirada fija en la expresión de puro sufrimiento del civil. No había salvación para él.
—Mierda —murmuró, apretando el arma con fuerza. Levantó su magnum y disparó un solo tiro para terminar con el dolor de la víctima —¡Mierda! ¡Mierda! —gritó, su voz un eco en el silencio posterior.
Se arrodilló junto a la estaca, sintiendo cómo las emociones lo invadían. Pero, para su desgracia, sus sentidos aumentados le permitieron escuchar cada detalle: el goteo de la sangre deslizándose lentamente por la estructura metálica, el eco húmedo que resonaba en su casco. El sonido era nauseabundo. Su estómago se revolvió, y por un momento, sintió que iba a vomitar, pero apretó los puños y mantuvo la compostura.
—Seis, no fue tu culpa. Hiciste lo que debías para evitarle más sufrimiento. Levántate — Dot apareció en su visor, su tono firme pero con un toque de consuelo.
El la miró en silencio durante unos segundos antes de levantarse. Apenas había dado un paso cuando escuchó una voz humana —¿Señor? ¿Usted acabó con los Geth? —La voz provenía de una de las casas cercanas. Refugiados. Sin responder, se acercó a la puerta de una de las viviendas. Justo cuando iba a abrirla, su radar captó un grupo numeroso de enemigos acercándose rápidamente. Doce, tal vez quince, avanzaban hacia su posición, atraídos por el ruido del combate.
—Dot, bloquea las puertas de las casas. ¡Ahora! —ordenó mientras recargaba su DMR.
—Enseguida — La IA cumplió rápidamente, asegurando las viviendas para mantener a los civiles a salvo.
Seis desenvainó el kukri de Emile, usándolo para subirse a un árbol cercando y posicionarse. Su figura desapareció entre las sombras creadas por el bosque mientras se preparaba para emboscarlos. La rabia que ardía en su pecho se intensificaba con cada paso que se escuchaba acercarse. Estos eran los monstruos que habían masacrado a humanos inocentes, y él no iba a detenerse hasta hacerlos pagar. Desde su posición elevada, observaba a las unidades con precisión depredadora. Bajo la tenue luz que se filtraba a través del dosel del bosque, los sonidos de pasos metálicos y los destellos de las luces en sus sensores eran las únicas señales de que el escuadrón enemigo se acercaba.
El kukri brilló por un momento cuando lo ajustó en su mano antes de guardarlo en su vaina. Era tiempo de comenzar. Silenciosamente, desenfundó su DMR, apuntando al primer objetivo. El disparo fue preciso, un proyectil perforante que atravesó el núcleo con un sonido seco y metálico. La máquina cayó al suelo, sus luces titilando mientras su sistema fallaba.
Sin detenerse, Seis se deslizó desde la rama en la que estaba hacia el suelo. Los otros se movían hacia la fuente del sonido, lo que le daba tiempo para acercarse a uno de los rezagados. Desde detrás de un tronco, observó cómo el Geth movía su cabeza de lado a lado, buscando una amenaza que no podía ver. Se acercó rápidamente, desenvainando el kukri, cortando limpiamente los cables expuestos en su cuello. Otro caído.
Los restantes comenzaron a reagruparse, desplegando drones exploradores para identificar la amenaza. Seis se movió con fluidez entre los árboles, usando el entorno a su favor. Desde su posición, disparó a un dron que estaba sobrevolando el área. La explosión atrajo la atención, girándose hacia el ruido y dejando expuesto su flanco. Aprovechando la confusión, corrió hacia otro Geth y lo derribó con un fuerte golpe en su pecho, la fuerza de la colisión apagando sus sistemas de inmediato.
Las máquinas comenzaban a moverse de manera errática, sus formaciones se desmoronaban mientras intentaban rastrear al enemigo invisible. La precisión fría y metódica del Spartan era aterradora, incluso para estas criaturas aparentemente insensibles. Y aunque dudaba que pudieran experimentar algo tan primordial como el miedo, los movimientos descoordinados y la creciente lentitud en sus respuestas sugerían que algo similar estaba sucediendo.
—Si pueden sentirlo —murmuró Seis, su tono sombrío mientras observaba cómo un Geth vacilaba al apuntar en la dirección equivocada. Sin dudarlo, disparó al núcleo de la máquina, observando cómo colapsaba en un montón de chatarra inerte.
Un último enemigo permanecía en pie, escaneando frenéticamente el área. Seis emergió de las sombras, con Azrael despierta. El metal líquido fluyó por su brazo, formando una hoja reluciente que emitía un suave zumbido. Con un movimiento rápido, cortó al Geth en dos, su núcleo chispeando antes de apagarse por completo.
Deteniéndose un momento, respiro profundamente mientras observaba los restos dispersos —Terror —murmuró para sí mismo, observando la carnicería. Aunque no sabía si las máquinas podían sentirlo, estaba seguro de que si alguna vez podían desarrollar emociones, esto sería lo más cercano que experimentarían.
Se levantó lentamente, su mirada fija en la dirección de las casas que había dejado atrás. Los civiles estarían a salvo... por ahora. Guardó el kukri y Azrael antes de volver a enfundar su DMR. El bosque estaba volviendo a estar en silencio, la suave brisa que chocaba con las hojas y ramas. Respirando profundamente, Seis volvió a ver el radar de su HUD cuando escucho un pitido repentino. Mirando en silencio lo que mostraba, suspiro con cansancio, recargando su DMR.
Shepard avanzó por los pasillos de la nave con paso firme, dirigiéndose al ascensor que lo llevaría a la zona de carga. La Normandía atravesaba el vacío en dirección a Edén Prime, y las noticias no podían ser más preocupantes. Habían recibido informes del descubrimiento de una baliza proteana en el planeta, un hallazgo que, de confirmarse, podría cambiar el destino de la humanidad. Sin embargo, los geth, la raza de máquinas conscientes, habían lanzado un ataque tan pronto como tuvieron conocimiento del artefacto.
Mientras inspeccionaba su rifle en una de las mesas del compartimento, una voz lo interrumpió:
—¡Shepard!— La comandante giró la cabeza, dejando el arma cuidadosamente sobre la superficie metálica. Reconoció al instante la figura de Kaidan Alenko, uno de los oficiales que lo acompañaría en la misión junto al joven Jenkins.
—¿Qué sucede, Kaidan? —preguntó, notando la urgencia en el rostro de su compañero.
El se acercó, activando su omniherramienta. Un holograma parpadeó entre sus dedos, mostrando imágenes de tierra —Tenemos nuevos informes —dijo, señalando el despliegue de datos — Los geth en la zona se están retirando, pero los equipos de reconocimiento han encontrado algo extraño: restos de geth esparcidos por el terreno. Alguien o algo los está destruyendo—
Shepard frunció el ceño mientras estudiaba las imágenes. Eran inquietantes: partes metálicas retorcidas, cuerpos inertes de máquinas con perforaciones y cortes repartidos por todos lados.
—Tendremos que bajar rápido —determinó la pelirroja, alejándose de la mesa para recoger su casco — Podría ser una trampa de los geth para hacernos confiar... o un tercero que quiere hacerse con la baliza antes que nosotros— El grupo se dirigió hacia la compuerta de desembarco, donde el capitán Anderson y Nihlus Kryik ya los esperaban. La mujer se irguió, adoptando una postura firme y ofreciendo un saludo militar —Señor— Anderson asintió con gravedad.
—Shepard, esta será tu misión más importante hasta ahora. El Consejo ha estado revisando tu expediente, y si tienes éxito, podrías convertirte en el primer espectro humano— Las palabras pesaron en el aire. Desde que los humanos se unieron a la sociedad galáctica, nunca habían sido considerados para posiciones de tal prestigio. Convertirse en espectro no solo sería un logro personal, sino un avance significativo para toda la humanidad.
—Shepard —intervino Nihlus, su tono cortante — Yo me encargaré de evaluarte durante esta misión. Veremos si tienes lo que se necesita para unirte a nuestras filas—
Antes de que pudiera responder, el turiano se giró hacia la compuerta que acababa de abrirse, dejando entrar el viento y la luz de Edén Prime.
—Iré solo —anunció— Seré más rápido moviéndome por mi cuenta. Y Shepard... tenga cuidado. Si el responsable de lo que esta sucediendo abajo no es nuestro aliado, significa que tenemos un enemigo capaz de someter a un ejército de geth por sí solo— Ella asintió solemnemente, observando cómo Nihlus saltaba ágilmente hacia las colinas cercanas.
La superficie de Edén Prime parecía tranquila, casi demasiado para las circunstancias. El equipo avanzó en formación, rodeados por la vegetación que ondeaba bajo una suave brisa. Algunos animales locales cruzaban tímidamente su camino, ajenos al peligro que se cernía sobre el planeta.
—Señor, mi radar detecta movimiento...—advirtió Kaidan, pero su voz se cortó abruptamente.
De entre los matorrales surgieron dos drones, abriendo fuego sin previo aviso. Shepard y Kaidan reaccionaron al instante, pero Jenkins no tuvo la misma suerte. El joven soldado, sin tiempo para cubrirse, recibió el impacto directo. Sus escudos se desintegraron y su armadura comenzó a echar humo mientras caía al suelo —¡Mierda! ¡Dispara! —gritó el biotico.
La pelirroja derribó a uno de los drones con un disparo certero de su pistola, mientras Kaidan se encargaba del otro. Un silencio opresivo se instaló en el lugar. Ambos miraron hacia el cuerpo inerte de Jenkins.
—Apenas llegamos y ya hemos perdido a uno...—murmuró Kaidan, arrodillándose junto al cuerpo.
Shepard sintió un nudo en el pecho, pero no podía permitirse flaquear.
—Déjalo, Kaidan —dijo con voz firme, aunque la tristeza era palpable en sus palabras— La misión sigue. No podemos hacer nada más por él—
El oficial dudó por un instante, pero al ver el dolor contenido en el rostro de la mujer, se levantó y siguió caminando detrás de ella.
El camino hacia la última ubicación de la baliza se tornó cada vez más inquietante. El paisaje estaba salpicado de restos de drones y cuerpos de geth. Algunos presentaban agujeros de balas; otros, cortes limpios en extremidades y torsos. La precisión y brutalidad de los ataques eran asombrosas.
—¿De verdad una sola persona pudo hacer esto? —murmuró Kaidan, rompiendo el silencio, mientras ambos seguían avanzando hacia lo desconocido. Al llegar a la excavación, vieron que estaba vacía, como si nunca hubiera habido nada en su lugar. Intercambiando miradas entre los dos, decidieron continuar por el sendero marcado. Tras un rato de recorrido lograron alcanzar un pequeño pueblo enclavado en una depresión del terreno. Las casas estaban dañadas, algunas con impactos visibles en las paredes y ventanas rotas. Civiles asustados se agrupaban cerca de una soldado que vestía una armadura blanca, intentando encontrar refugio entre las ruinas. Desde la distancia, Shepard observó cómo la mujer parecía mantener la calma, pero su postura tensa y el rifle en sus manos dejaban claro que estaba lista para cualquier eventualidad.
Subieron por la colina con precaución, manteniéndose visibles para no parecer una amenaza. A pesar de ello, la soldado detectó su presencia de inmediato, girando hacia ellos y apuntándoles con su arma. Antes de que la pelirroja pudiera hablar, Kaidan respondió levantando también su rifle, un gesto instintivo que tensó aún más el ambiente.
—¡Baje el arma, soldado! —ordenó con firmeza, su voz cortando el aire — Soy la comandante Shepard, miembros de la Alianza. Estoy bajo las ordenes del capitán Anderson y un espectro del Consejo— La mujer mantuvo su posición unos segundos que se sintieron eternos, estudiándolos con una mezcla de desconfianza y cautela. Sin embargo, sus ojos se detuvieron en la insignia que portaba, la cual brillaba tenuemente en su armadura, identificándola como miembro del programa N7. Finalmente, la soldado bajó el rifle y dio unos pasos hacia ellos, aunque sin abandonar su actitud alerta.
—Disculpe, comandante—dijo al acercarse, su tono mostrando más agotamiento que hostilidad — Este lugar se ha vuelto un infierno, y mi prioridad son los civiles. No puedo arriesgarme a que alguien más salga herido—
Shepard asintió, reconociendo el peso de sus palabras, mientras Kaidan bajaba lentamente su arma en señal de confianza.
—Identifíquese, soldado —ordeno con profesionalidad.
La mujer se irguió, adoptando una postura militar. Su voz resonó con autoridad y disciplina:
—Ashley Williams, jefa de artillería de la 2da División de Defensa Fronteriza. Pensé que el Spartan era el refuerzo al ataque, pero parece que se refiere al espectro del que usted habló, señor—
—¿Spartan? —Shepard arqueó una ceja, intercambiando una mirada con su compañero. El término resonaba, aunque no con claridad—¿A qué se refiere?—
—Tal vez sea quien acabó con los geth que encontramos en nuestro camino —intervino Kaidan, lanzando una mirada hacia las colinas en la distancia.
—No es uno de los nuestros —respondió, ajustando el tono para dejar claro que no estaban seguros — O al menos, no sabemos si está de nuestro lado—
Antes de que pudieran debatir más, algunos de los civiles se acercaron tímidamente al grupo. Uno de ellos, un hombre con la pierna visiblemente herida por disparos de armas geth, se apoyaba en otro para mantenerse en pie. Su rostro estaba pálido, y su respiración era entrecortada.
—E-el soldado que nos salvó...—tartamudeó, sus palabras cargadas de miedo y asombro— Masacró a los geth... Nunca vi algo así... Su fuerza, su agilidad... Era... era casi de otro mundo—
El testimonio del hombre hizo que los presentes intercambiaran miradas preocupadas. Había algo en su relato que sonaba tanto fascinante como inquietante. Pero Shepard, con la experiencia que le otorgaban los años en combate, sabía que las mentes de los sobrevivientes podían distorsionar la realidad bajo el peso del trauma.
—No creo que este civil esté en pleno uso de sus sentidos —dijo con suavidad, colocándole una mano en el hombro para calmarlo —Necesita descansar. Quizás su relato cambie cuando recupere la claridad—
Ashley los miraba con un aire de cansancio, pero también con una determinación que parecía inquebrantable.
—Haremos lo que podamos por ellos, pero no creo que podamos resistir mucho más tiempo si los geth regresan —dijo, sus palabras cargadas de preocupación, aunque su tono no flaqueó.
Shepard asintió, dirigiendo la mirada hacia el horizonte. Aunque la misión era clara, las piezas del rompecabezas no encajaban. ¿Quién o qué era ese "Spartan" del que hablaban? Y, más importante aún, ¿estaba de su lado o sería una amenaza más?
Tomando una decisión rápida, Shepard giró hacia los civiles y les indicó con autoridad:
—Regresen a la casa y manténganse resguardados. No salgan hasta que todo este despejado y fuerzas de la alianza aseguren la colonia—
La mujer que sostenía al hombre herido asintió con nerviosismo y comenzó a guiarlo de vuelta al interior de una de las casas maltrechas. Las puertas se cerraron tras ellos, dejando al pequeño grupo frente al siguiente paso de su misión.
—¡Señor! —La voz de Ashley irrumpió con fuerza, poniéndose frente a Shepard con una energía que no había mostrado antes. Sus ojos brillaban con determinación mientras su postura rígida denotaba una mezcla de respeto y resolución.
—Quiero acompañarlos —declaró con firmeza— Ese hombre me salvó la vida y está haciendo el camino más fácil, eliminando a los geth uno por uno en dirección a la baliza. Lo está haciendo solo. No puedo quedarme aquí de brazos cruzados mientras él se arriesga. ¡No dejaré que mi salvador muera, señor!— Sus palabras resonaron con tanta convicción que la comandante la observó detenidamente por un momento. Había algo en su mirada decidida, en el tono fuerte de su voz, que dejaba claro que no se trataba de un impulso pasajero.
Finalmente, asintió —Bien. Nos vendría bien alguien como usted, Williams —dijo, su tono profesional, aunque con un leve matiz de aprobación.
Ashley enderezó aún más su postura, claramente orgullosa de la decisión. Con un gesto rápido, se ajustó el casco y se colocó junto a Kaidan, lista para marchar.
—No los defraudaré, señor—
El equipo comenzó a moverse de nuevo, avanzando con cautela por el sendero que había dejado aquel soldado, esperando que sea un aliado y que haya logrado alcanzar la baliza. El ambiente se volvía más tenso a cada paso. A lo lejos, los ecos de disparos ocasionales rompían el silencio, un recordatorio de que la amenaza seguía latente.
Mientras caminaban, Shepard no podía evitar pensar en las palabras de Ashley. Si el Spartan había hecho tanto por ellos, enfrentándose solo a los geth, ¿Qué motivaba su accionar? ¿Eran sus intenciones nobles, o se trataba de un interés personal? Las respuestas estaban más cerca, pero el camino hacia la verdad estaría plagado de más preguntas y, sin duda, nuevos peligros.
Seis permanecía inmóvil, sus manos temblaban ligeramente mientras el sudor se acumulaba en su frente. La voz de Dot resonó en su casco, rompiendo el silencio opresivo del campo de batalla.
—Seis, ¿puedes relajarte? Tu pulso está fuera de control, y llevo tres minutos intentando obtener una respuesta tuya—
Parpadeó varias veces, tratando de calmarse. Su respiración era irregular, rápida, y su pecho latía con una intensidad que parecía a punto de explotar. Lentamente, sus ojos comenzaron a enfocar el entorno: estaba rodeado de cuerpos dispersos, piezas metálicas retorcidas y quemadas que apenas se reconocían como geth. Algunas partes parecían haber sido cortadas con una precisión quirúrgica, el metal brillando donde la hoja había atravesado. Se agachó para inspeccionar una de las piezas más grandes, su superficie marcada por un corte limpio y perfecto.
—Dot...¿qué...qué pasó? —preguntó, su voz temblorosa mientras trataba de procesar lo que veía.
Su figura holográfica apareció frente a él, flotando con su característico brillo azul tenue. Con un gesto, desplegó imágenes tomadas durante su trance, proyectándolas en el aire.
—No tengo una explicación clara —comenzó, su tono cargado de una inusual inquietud — Después de eliminar al escuadrón inicial de geth, avanzaste más hacia su posición hasta que te emboscaron. Un grupo de al menos cincuenta unidades. Comenzaron a superarte rápidamente; tu escudo bajaba a niveles críticos. Intenté contactarte, pero no respondiste—
Seis observó las imágenes con una mezcla de asombro y confusión. La grabación mostraba cómo permanecía inmóvil en medio del combate, los disparos de energía rozando su armadura mientras los geth cerraban el cerco.
—De repente —continuó Dot— Empuñaste a esa cosa; Azrael. Fue como si algo en ti...se activara. Te quedaste completamente quieto durante unos segundos, como si estuvieras en trance, y luego empezaste a moverte. Cada golpe fue preciso, letal. Cercenaste a cada unidad, incluso a las más pesadas. La hoja comenzó a emitir un brillo inusual y...—
Seis bajó la mirada hacia su brazo derecho, sintiendo una punzada de ardor que no había notado antes. Dot hizo una pausa antes de continuar.
—...el arma se fusionó parcialmente con tu carne —explicó, su tono más bajo— Esa parte, específicamente. Ahora está compuesta del mismo material que Azrael—
Seis examinó su mano con cuidado. La superficie de la armadura tenía un color oscuro e iridiscente, como si reflejara una luz invisible. Además, había picos irregulares sobresaliendo del diseño original, dándole un aspecto agresivo y corrupto. Movió los dedos y notó que la flexibilidad permanecía intacta, aunque sentía una conexión más... profunda, como si el material estuviera vivo.
—Dot...—preguntó en voz baja, su preocupación evidente— ¿Es posible que esta cosa termine fusionándose con toda mi armadura... o incluso con mi cuerpo?—
El holograma permaneció en silencio por unos segundos, sus facciones proyectadas reflejando una calculada pero tensa incertidumbre. Finalmente, volvió a mirar el brazo asimilado.
—Esperemos...que no —respondió con cautela antes de desaparecer de su vista.
Seis apretó los dientes, luchando por controlar la mezcla de temor y desconcierto que lo invadía. Respiró profundamente y levantó la mirada. A la distancia, una figura masiva dominaba el paisaje, una sombra oscura contra el cielo teñido de rojo y naranja por el ocaso del planeta. La nave se alzaba con una presencia sobrecogedora, como si la misma atmósfera la temiera. Su silueta, inconfundible y letal, evocaba el diseño característico de las naves del Covenant, pero había algo diferente en ella, algo más grande, más imponente. El casco de la nave era oscuro, con líneas afiladas y una estructura en espiral que se extendía hacia el cielo. Las puntas se curvaban hacia atrás, como si fueran garras, dando la sensación de que estaba viva, esperando para atacar. A lo lejos, los destellos intermitentes de disparos iluminaban la escena, recordándole que la batalla continuaba.
Se puso en pie, su silueta destacando entre los restos de la batalla, y formo un puño con su mano, ahora convertida en una garra deforme. Aunque esa cosa ya no estaba en su forma original, el material que ahora componía parte de su brazo se sentía tan familiar como extraño.
—Bien...—murmuró para sí mismo, apretando los labios mientras recogía sus armas del suelo. Las examinó con rapidez antes de recargarlas, notando con inquietud que su munición estaba peligrosamente baja. Cada bala contaba, y en una situación como esta, quedarse sin recursos no era una opción. Guardó las armas en la funda de su espalda mientras comenzaba a caminar hacia la estructura gigante que dominaba el horizonte.
—Dot —llamó, el tono de su voz mezclando urgencia y frustración.
El holograma azul apareció frente a él con su característico destello.
—¿Sí, Seis?—
—¿Sabes si en esta realidad fabrican munición que pueda usar con mis armas? Se me están acabando más rápido de lo que esperaba—
Dot permaneció en silencio unos instantes, como si estuviera procesando algo. Finalmente, respondió:
—No te preocupes, Seis. El Nexus-X, un sistema de almacenamiento integrado en tu armadura, puede solucionar ese problema—
Seis levantó una ceja, intrigado.
—¿El Nexus-X? ¿Qué es eso?—
La IA desplegó un modelo holográfico de su armadura MJOLNR, resaltando un pequeño núcleo en el brazo izquierdo —Es un dispositivo avanzado que utiliza el efecto de masa generado por el elemento X, combinado con principios cuánticos en sus propiedades, para crear una "dimensión de bolsillo". En términos simples, es un sistema de almacenamiento al que puedes acceder de manera instantánea—
Deteniéndose, miró el holograma, tratando de asimilar lo que le decía.
—¿Estás diciendo que llevo conmigo un espacio infinito para guardar cosas?—
Ella asintió con una suave sonrisa.
—Exactamente. Todo lo que guardes se almacena en el aparato. El Nexus-X analiza la composición molecular de los objetos, los comprime cuánticamente y los transporta al espacio de almacenamiento. Cuando necesitas algo, basta con pensar en ello, y el sistema lo materializa en tu mano—
Seis parpadeó, procesando la información.
—¿Y cómo se supone que accedo a eso?—
Dot señaló su mano izquierda.
—Cierra la mano como si estuvieras apretando el gatillo de un arma, pero concéntrate en lo que necesitas. El Nexus-X está conectado a tu sistema nervioso, así que responderá a tus pensamientos—
Seis suspiró, no del todo convencido, pero decidió intentarlo. Cerró los ojos y pensó en su magnum, visualizándola con precisión. De repente, sintió un peso en su mano. Abrió los ojos y allí estaba: la magnum, que consideraba su favorita entre todo su arsenal.
Su rostro mostró una mezcla de asombro y escepticismo mientras tocaba su cinturón magnético para comprobar si el arma seguía allí, pero no encontró nada —Dot...¿acaba de materializarse teniéndola en mi cinturón?—
El holograma asintió, claramente satisfecha.
—Así es. Al activarse el Nexus-X, el sistema extrajo el arma de su espacio de almacenamiento dimensional y la trasladó a tu mano—
Seis miró el arma en silencio antes de hablar nuevamente.
—¿Y qué mantiene estable esa "dimensión de bolsillo"?— Dot desplegó un esquema más detallado del Nexus-X, con un núcleo que brillaba tenuemente —El dispositivo utiliza el Eexo para generar un campo de masa negativo, lo que permite mantener una conexión estable y alterar cuánticamente los objetos. Además, se alimenta del reactor de la armadura MJOLNR para garantizar la manipulación segura. Mientras tengas energía en tu armadura, el Nexus-X funcionará perfectamente, de todas formas no abuses, es delicado—
Seis asintió lentamente, impresionado. Mirando en silencio su pistola, analizando cada ínfimo detalle en su estructura, buscando alguna diferencia en ella. Al no encontrar ninguna, otro pensamiento se le vino a la cabeza:
«¿Cuánta munición trendr...?»
—Un año de combate continuo —interrumpió Dot— O cinco años si los enfrentamientos son más espaciados. También tienes armas adicionales, herramientas, suministros médicos y más—
Una sonrisa aliviada se dibujó en el rostro de Seis, pero algo lo hizo fruncir el ceño.
—Espera...¿acabas de escuchar lo que pensé?—
Dot soltó una ligera risa.
—Claro, estamos conectados neuronalmente. La IA forerruner introdujo nanobots en tu sangre y sistema nervioso, por lo que nos mantienen sincronizados. Así es como puedo interpretar tus órdenes tan rápido—
Seis suspiró de nuevo, resignado.
—Esto será raro...—
Aprovechando su nuevo descubrimiento, cerró los ojos una vez más, imaginando su DMR y un cargador de la misma. En cuestión de segundos, ambos objetos estaban firmemente en sus manos. Mirándolos con una sonrisa, recargo y comenzó a avanzar nuevamente hacia la estructura imponente que lo esperaba.
—Esto va a ser muy útil —murmuró.
El viento cortaba la atmósfera densa del planeta mientras Seis tomaba la ruta más corta hacia la gran estructura que había avistado desde la distancia. Cada paso era una mezcla de tensión y necesidad de avanzar con rapidez. Su brazo, fusionado con la espada Azrael, se sentía extraño, como si una energía desconocida estuviera calando profundamente en sus huesos. Mirando de reojo su antebrazo, el metal de su armadura había sido absorbido por aquel liquido, pero algo en su interior le decía que este vínculo no era tan simple. Aunque no podía darle una explicación lógica, sentía un peso, una presión, una sensación de que algo en él cambiaba cada vez más.
Era un sentimiento inquietante. Azrael parecía tener una vida propia, una voluntad que lo conectaba con algo mucho más grande y oscuro. La idea de que esa cosa lo corrompiera completamente le revolvía el estómago. Sin embargo, la idea de perder el control sobre sí mismo lo aterraba aún más. No era solo un arma; era un lazo con algo que no comprendía, algo que lo rodeaba, lo dominaba. Y, sin embargo, algo dentro de él le decía que no podía simplemente ignorarlo.
Con un suspiro, desvió la mirada hacia el suelo, como si al mirar la tierra pudiera borrar esos pensamientos. Pero al final, continuó caminando, dejando atrás las dudas y concentrándose en la misión que lo esperaba. Mientras avanzaba, el sonido de su armadura resonaba débilmente, el crujir metálico bajo sus pasos era la única compañía en el vasto silencio del planeta.
Poco después, encontró un grupo de tres soldados recorriendo el mismo camino. La líder del grupo llamaba su atención: su insignia era distintiva, probablemente era parte de un equipo de alto rango, lo cual indicaba que eran un grupo de importancia. Seis se detuvo rápidamente y se ocultó entre los árboles, observándolos sin ser visto. No estaba seguro de si debía revelarse aún; el desconocimiento de si eran aliados o enemigos lo mantenía a distancia. Lo que sí sabía es que Ashley estaba con ellos.
Sin embargo, la curiosidad lo empujaba a seguirlos. La posibilidad de que tuvieran la misma meta le dio una razón para apresurarse y descubrir sus intenciones. Decidió no perder más tiempo y comenzó a trotar detrás de ellos, con la intención de no perder su rastro.
En pocos minutos, alcanzó la cima de una colina, y desde esa elevación pudo ver por fin lo que antes solo había adivinado a través del horizonte. Aquella nave era imponente, gigantesca, y estaba casi cubierta por la niebla que flotaba sobre el terreno. Antes de seguir observando, algo le llamó la atención. Desde los bosques cercanos, un movimiento rápido y certero llamó su atención. Un alienígena se desplazaba con velocidad, acabando con los geth que intentaban acercarse a la estructura. La rapidez con que eliminaba a sus enemigos lo dejaba perplejo. Era letal, preciso, y parecía casi tan eficiente como un Headhunter. Seis no podía permitir que esa amenaza continuara. Si no actuaba, ese ser acabaría con los soldados antes de que pudieran acercarse más.
Mientras descendía la colina con rapidez, observó cómo el extraño alienígena se detenía frente a otro ser similar, pero de una constitución mucho más robusta. Este nuevo enemigo tenía un brazo modificado, algo que parecía más una prótesis avanzada que un miembro natural. Tubos y cables recorrían su extremidad, probablemente para suministrarle minerales y nutrientes. Seis se preguntó si ese brazo era el resultado de una vieja herida, y pensó que la modificación podría ser más compleja de lo que parecía a simple vista.
Los dos bajaron sus armas, aparentemente en una conversación tensa, y eso le dio a Seis la oportunidad perfecta para actuar. Sin perder tiempo, avanzo por el terreno, acortando su distancia con la estación de tranvía. Cubriéndose con los escombros y contenedores a su alrededor. Aprovechando sus nuevas mejoras, aumentó su velocidad, corriendo con agilidad sobre el terreno, sintiendo cómo sus piernas respondían con más fuerza de la que solían tener. Pero, a pesar de sus aumentos, una sensación de incomodidad se apoderó de él, como si sus capacidades no estuvieran funcionando a su máxima capacidad. Aun así, en menos de un minuto ya estaba cerca de los dos alienígenas, que continuaban hablando sin darse cuenta de su presencia.
Seis se detuvo a unos pocos metros de ellos, logrando escuchar su conversación, pero sin poder entender su idioma. Por el tono y comportamiento del de rojo, era algo referente a lo que sucedía en el planeta. A diferencia de su compañero, que miraba en todas direcciones, el del brazo extraño mantenia sus ojos fijos en el, como si lo estudiara. Todo esto hacía que las cosas se alargaran más de lo esperado, dificultando el escabullirse tras ellos.
Aprovechando un instante en el que ambos le dieron la espalda, Seis se acercó más, desenvainando el kukri de su cintura con la máxima cautela. El frío metal rozó su mano mientras lo retiraba, asegurándose de que el sonido fuera mínimo. La situación pedía rapidez y precisión; sabía que, al menos uno de ellos era equiparable a un zeloth, no dejaría margen para errores. Se posicionó cuidadosamente detrás del alienígena con el brazo modificado, usando los contenedores a sus espaldas. Con un ágil y preciso movimiento, su objetivo sería claro: eliminar a uno de ellos con la máxima velocidad posible. Solo entonces tendría la ventaja, pues estaba seguro de que este ser era parte de una clase de élite, y eliminarlo lo más rápido posible era su única opción.
Se preparó para atacar, asegurándose de que todo fuera perfecto antes de dar el siguiente paso. La presión aumentaba mientras se concentraba en el objetivo frente a él.
El camino hacia la baliza se estaba tornando cada vez más sombrío, como si atravesaran las páginas de un libro perdido, olvidado en las estanterías del tiempo. Cuerpos de geth yacían esparcidos por el suelo, sus restos humanos y mecánicos desgarrados y desmembrados, testigos mudos de una masacre que había dejado la zona en un caos de piezas de drones y chatarra. Algunos cuerpos estaban perforados por balas, otros simplemente cortados por la mitad en un espectáculo grotesco que mostraba la destrucción sin piedad. A pesar de la escena, un pensamiento recorría las mentes de los presentes: preferían ver eso antes que una masacre de seres orgánicos.
—Es...esto no puede ser posible. ¿En verdad una sola persona pudo hacer esto? Rezo para que sea de nuestro bando...—comentó Kaidan, su rostro pálido de incredulidad. No le sorprendía; tal escena no era algo que uno pudiera presenciar a menudo.
—El spartan es de los nuestros. Me salvó por algo, aunque no quita que el maldito sí que sabe cómo encargarse de los geth —Ashley, más tranquila que el resto, mantenía la calma mientras avanzaba, pero sus ojos reflejaban una clara expectación. El soldado definitivamente había dejado una impresión en ella.
El grupo avanzaba, adentrándose en lo que parecía un verdadero "campo de batalla", y tomaban el camino más directo hacia la gran estructura visible en la distancia. Ashley, siempre alerta, advirtió que ese lugar tenía puntos estratégicos donde los geth tendrían una ventaja significativa. Por lo tanto, la preparación era esencial; lo peor podría estar por venir. Sin embargo, aun con lo que había dicho Williams, seguían apareciendo mas cuerpos, pero ahora, menos mutilados, lo que indicaba que el soldado había disminuido su ritmo tras la primera confrontación. Y de nuevo, todos pensaron lo mismo al unísono: ojalá cuando lo encontraran no estuviera en un día malo.
Minutos después, llegaron a la cima de una colina, desde donde pudieron ver por fin la estación de tranvía. En el fondo, la nave gigantesca que habían visto por las grabaciones del escuadrón de Ashley, devastaba lo que quedaba de la resistencia del planeta— Ahí esta esa cosa. En serio, comandante. No comprendo como crearon esa cosa los Geth— Dijo la soldado con tono serio, al mismo tiempo que su semblante, hace un momento sereno, se endureció. Shepard observó la escena en silencio, evaluando la situación.
Recordando a su salvador, ella imito su ejemplo, buscándolo con la mirada —El spartan debería estar...— comenzó a decir, cuando de repente, un fuerte disparo resonó en el aire, interrumpiendo sus palabras y pensamientos.
¡BAM!
El rugido hizo eco en el valle, atrayendo su atención y poniendo en alerta al grupo. Los ojos se movieron rápidamente en busca del origen del disparo —¡AHÍ, SEÑOR! —gritó Kaidan, señalando hacia abajo, hacia la base de la colina, donde la estación de tranvía se erigía. Allí yacía el espectro Nihlus, tirado en el suelo, con humo saliendo de su pecho. A su lado, otro turiano, con un brazo extraño, apuntaba hacia un gigantesco ser que parecía no ser humano. Era una criatura monstruosa, más grande que un krogan, armada con un cuchillo de metal y una pistola que no parecía de este mundo. La armadura que portaba también era exageradamente grande, casi imposible de mover, pero de alguna manera se movía con una agilidad sorprendente, superando al turiano en un combate cuerpo a cuerpo.
La situación era crítica y el tiempo apremiaba. Sin dudarlo, el comandante guardó su pistola y tomó el rifle de francotirador que llevaba en su espalda. Lo apoyó firmemente en la baranda que daba a la bajada de la colina y ajustó su objetivo hacia los combatientes. Ahora, la gran pregunta era: ¿a quién disparar?
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