Almendras amargas

6

"Once invincible

now the armor is wearing thin"

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Nada se sabía sobre Pernath hasta antes de los juicios llevados a cabo en Bristol a mediados 1607; luego de que un alquimista y un mago le dieran caza hasta dar con él, interceptando al fornido hombre, en el puerto de Southampton. Finalmente, el extraño sujeto fue llevado ante las autoridades de la comunidad de las artes ocultas quienes, apoyados por las autoridades del gobierno de Bristol, encontraron al extranjero culpable de haber asesinado a doce personas.

"El juicio de Pernath" era uno de los tantos registros existentes entre los libros ocultos de los alquimistas.

Radamanthys, presuntamente, fue la doceava víctima, según Gilman leyó cuidadosamente entre los documentos referentes a Pernath custodiados en la gran biblioteca secreta de la oficina central en Whitby. Los cuales contenían datos detallados de las víctimas: como sus nombres, alturas, ciudades de origen, fechas de nacimiento, descripción entre otros, debidamente acreditados por los sacerdotes de la localidad.

El posible nombre del rubio era el único Warwick en la lista de víctimas. A pesar de que su cuerpo fue encontrado abandonado en un área a medio camino entre lo que hoy es Hampshire y Winchester, fue posible que un sacerdote lo reconociera.

Como no existían otro tipo de pruebas en aquel entonces, no era posible determinar exactamente qué sustancias usó Pernath para asesinar; se creía que pudieron ser excesos en las materias primas comúnmente empleadas por los alquimistas de la época como lo eran: los aceites, los ácidos primordiales -como el vinagre-, el agua, el éter, entre otras, incluyendo sustancias peligrosas como el mercurio.

Por el momento, el asesor se enfocó en poder hacer una correlación entre el registro que encontró y los documentos existentes en el archivo histórico del ayuntamiento de Winchester. Aunque, algo dentro de sus sospechas le decía que era muy probable que su cliente hubiese sido envenenado con alguno de esos materiales peligrosos.

—Quizás Pernath usaba mercurio o plomo… —se decía pensativo rodeado por varios libros relacionados mientras se encontraba en la tranquilidad de la silenciosa biblioteca.

Pidió el libro prestado esperando obtener de su cliente una reacción que confirmara que conoció a ese sujeto aunque no pudiera recordarlo, su teoría se fundamentaba en los arraigados prejuicios y lenguaje corporal de Radamanthys. Solo que no pudo anticiparse a que este terminaria por desvanecerse de la impresión quedando tumbado en el suelo por varios minutos.

Radamanthys, por su parte, no veía imágenes en su cabeza ni sonidos ni nada. Todo era negro en ese momento hasta que comenzo a volver en si abriendo los ojos poco a poco y observando a un grupo de personas, por encima de su cabeza, quienes lo miraban preocupado incluyendo a Gilman quien lo observaba extrañado.

—Oye, ¿estás bien?

—Si… —la cabeza de Radamanthys daba vueltas aun no entendiendo por que estaba recostado sobre el frío suelo de la sala— ¿Que me ocurrió?

—Tuviste una conmoción fuerte.

La recepcionista, la señora Whittle, le pidió permanecer un momento más recostado mientras Oswald Device tocaba al asesor en el hombro.

—Ven un momento.

El rubio observó cómo, tanto el gerente como el joven mago, se dirigían al despacho contiguo cerrando la puerta. Se quedó en su posición mientras se valía de sus habilidades como espectro para poder escuchar la conversación. No le importaba la confidencialidad entre el jefe y el empleado, solo quería saber sobre qué estaban por hablar.

—Estás siendo demasiado agresivo con tus investigaciones —Mr Device miró a Gilman severamente mientras el joven dibujaba una expresión de fastidio recargándose en el alféizar de la ventana.

—No estoy siendo agresivo, hago lo que tengo que hacer para poder cumplir con el trabajo que él nos encomendó. Debo dar resultados, Oswald —respondió Gilman algo molesto por el reproche.

—Lo comprendo y estoy de acuerdo, pero ese hombre es emocional y nervioso, así que busca la forma de que no termine desvanecido en el suelo cada que le presentas hallazgos o necesitas alguna confirmación sobre algo.

El joven se cruzó de brazos sin dejar de mirar seriamente a su jefe.

—Estás exagerando, es la primera vez que sucede. Además, ¿de qué otra forma puedo avanzar con este caso si no es obteniendo reacciones de su parte? No tiene memorias de su pasado y encontrar, aunque sea un leve indicio de su nombre perdido, ha sido una tarea titánica. No estás viendo esa parte.

—Claro que me doy cuenta.

Ambos guardaron silencio por un momento antes de continuar.

—¿Qué fue lo que vio que lo conmocionó tanto? —preguntó el gerente al fin.

—Un grabado en la "Enciclopedia de los Charlatanes" y lo último que dijo, así como su reacción, confirman que conoció a ese sujeto en cuestión.

—¿Quién fue y qué dijo? —ahora Mr Device era víctima de la curiosidad.

—Estoy convencido, ahora más que antes, de que el cliente fue la víctima número doce de Pernath "el charlatán", se tienen registros amplios sobre estas, pero nadie pudo saber qué sustancias usó realmente para envenenarlas.

—Si, ¿y qué más? —Oswald lo miraba con los ojos muy abiertos.

—"El aroma de las almendras amargas", eso fue lo último que dijo antes de ponerse como loco e irse de bruces contra el suelo. Ese es un hallazgo que, si bien no viene mucho al cuento con la investigación, si arroja un dato de alta importancia para el archivo histórico de Pernath.

—¿Y esa expresión que significa, que tienen que ver las almendras en todo esto?

Gilman abrió aún más sus ojos, dibujando en su rostro una expresión, como si acabara de fabricar oro auténtico.

—Cianuro, Oswald, cuando el cianuro alcanza su punto de toxicidad más alto despide un ligero aroma a almendras amargas. Pernath se lo dio a consumir posiblemente.

—Por dios, entonces, el tal Pernath no solo envenenó a sus víctimas, sino que realmente logró descubrir la fórmula de la inmortalidad —decía Mr Device con cierto pesar.

—No es así. Por lo que el cliente comenta, deduzco que Pernath ya era inmortal al momento de pisar el sur de Inglaterra, más bien, transfirió su inmortalidad a otro.

—Creo que esto debes decírselo al cliente, debe saberlo.

—Lo haré —indicó Gilman con calma—, pero no creo que pueda recordarlo después —pensó con ironía tomando en cuenta como cada cosa importante que decía a Radamanthys era olvidada en cosa de minutos.

—Es importante que estés absolutamente seguro que la identidad del cliente coincide con la víctima de ese listado.

—Coincide: fecha aproximada de nacimiento, altura, descripción, el nombre familiar. Es él sin duda.

Gilman salió del despacho un momento después encontrando a Radamanthys de pie frente a la ventana.

—¿Te encuentras mejor?

—Si, ¿por qué me desvanecí?

—No lo recuerdas. Bien, fue porque te mostré una de las ilustraciones del libro sobre la mesa.

—Ya veo… —el espectro pensó un poco antes de hablar mirando al asesor quien también estaba de pie frente a la ventana a pocos centímetros de él.

Fue entonces que Radamanthys confirmó que el mago era apenas más bajo de estatura que él. De verdad que era alto, si acaso su altura sería unos dos o tres centímetros menos que la del wyvern.

—Espero que no te moleste, pero hasta acá se escuchaban sus voces y alcance a oír gran parte de lo que dijeron.

—¿De verdad? —el mago se quedó sorprendido por un momento ya que no creyó que estuvieran hablando tan alto— Entonces ya sabes que fue lo que te ocurrió y quién lo hizo.

—No puedo recordar el nombre, pero sí algo sobre varias víctimas y las almendras. Creo que por eso siempre las he detestado tanto, odio comer esas cosas.

—Fuiste envenenado por una sustancia que despide un aroma muy parecido al de un puñado de almendras pasadas, no exactamente por los frutos secos. Solo que hay algo que quisiera confirmar y algo que me llama la atención.

—¿Qué es?

Ambos tomaron asiento nuevamente mientras Gilman se sumía en sus meditaciones por unos segundos.

—¿Por qué tantas víctimas? —se preguntaba el mago mirando a su cliente— Lo interesante, es que todos eran más o menos de la misma altura y tenían una complexión muy similar. Ese hombre tenía fijación por cierto tipo de perfil.

—¿De perfil?

—Si. Tal vez es a causa del veneno que empleo. Quizás necesitaba hombres de gran complexión para que pudieran soportar esa sustancia por determinado tiempo antes de morir.

Se quedó en silencio un poco más antes de continuar.

—Quizás los otros once fueron experimentos fallidos hasta dar con el indicado, no lo dicen los registros, pero podría ser el motivo por el que hubo tantos —parecia hablar al aire sacando conjetura tras conjetura.

Radamanthys lo observaba fascinado tratar de resolver el misterio, le habría gustado saber mas y mas acerca de los métodos del sujeto ese, pero no entraba en la solicitud inicial. Estaba ahi por su nombre y no para resolver algo ocurrido hacia mucho tiempo.

—Recapitulemos… —Gilman se sobo las sienes analizando todo lo que llevaban hablado desde el inicio de las sesiones—: entonces, el hombre que fue tu antecesor te transfirió su inmortalidad y, supongo, él dejó de ser inmortal, ¿es correcto?

—Así es, debió ser mortal de nuevo.

—Para poder ingresar al inframundo debes morir o ser declarado muerto, ¿es correcto?

—Si —respondió Radamanthys con calma notando como para un simple mortal era complicado el proceder de las leyes del Inframundo.

—El culpable del homicidio debió ser alguien que se aproximó a ti y se ganó tu confianza para que accedieras a ser juez del Inframundo. Supongo seria la única razón por la que aceptarías que te ofreciera algún alimento o bebida sin que te percataras de la presencia del cianuro.

—¿Cianuro?

—Si, con eso te enveneno, imagino para que te dieran por muerto al final. Estoy asumiendo que accediste a volverte juez o bien, uso el cianuro para doblegarte, porque, en realidad no accediste a semejante trato —el mago abrió más los ojos y al espectro le pareció ver un extraño brillo en estos—. Eso si confirmaría mi teoría de que fuiste convertido sin dar tu consentimiento.

Aquello era un adicional a lo que solicito a esa oficina y el espectro, realmente, agradecía el que alguien se tomara el tiempo de indagar en las razones que lo llevaron a volverse juez.

No obstante, Radamanthys sabía que, parte del proceso de transferencia de inmortalidad, era la sincronización entre el alma del candidato y el sapuris del wyvern. El dragón heráldico no poseía una técnica inmovilizadora como la "marioneta cósmica" del grifo, asi que debía usar alguna otra estrategia para tener al objetivo quieto y vivo mientras ese proceso se completaba.

Sin embargo esa información era clasificada del inframundo y no podía decirla salvo un solo dato.

—Es que la transferencia de la inmortalidad no es inmediata —dijo el rubio un momento después—, toma varios minutos en completarse. Creo que todo lo que encontraste encaja de alguna forma —dijo el rubio seriamente.

—Entonces no solo usó cianuro sino que lo mezcló con otra cosa… quizás haya sido éter. Lo usaban para adormecer, pero… —luego de un momento parecía que su cabeza comenzaba a dolerle— Lamento meterme tanto en esos detalles, esta parte de tu caso me resulta fascinante y me frustra que no haya mas informacion ya que no existía un modo de hacer pruebas en aquella época.

—No tienes que disculparte, todo lo contrario. Agradezco tus investigaciones, pues eres la primera persona que conozco que ha hecho lo que tú y ha dado con mi parte de mi pasado.

El joven pareció agradecer con la mirada mientras Radamanthys continuaba haciendo preguntas aunque, sabía de sobra que, no podía recordar nada de eso más tarde.

El zumbido en su cabeza se presentó de nueva cuenta y el espectro lo ignoró deliberadamente. Soportó el ruido en su oído lo mejor que pudo, pues su interés en esos hallazgos era mayor a la molestia que ese inconveniente le ocasionaba.

—¿Crees que ese cianuro aun este en mi cuerpo y vaya a afectarme apenas vuelva a ser mortal? —pregunto el wyvern algo preocupado.

—Espero que no, ha pasado demasiado tiempo y debió absorberse o desintegrarse —respondió el asesor serio.

—Quisiera saber qué ocurrió con ese hombre luego de los juicios. ¿Fue ejecutado?

—No. Le sucedió algo extraño y lo dejaron en libertad algún tiempo más tarde, según leí en el registro de su evento —respondió el asesor.

—¿Qué le sucedió? —pregunto el wyvern con curiosidad.

—Déjame recordar…

El asesor se quedó pensativo un momento antes de continuar.

—Según está documentado, apenas se le llevó ante las autoridades comenzó a actuar extraño. No era nativo de este país, según dijo vivía en Praga y no tenía idea de que estaba en Inglaterra.

—¿Es verdad? —el asesor afirmó con la cabeza.

—En el registro se documenta que se trató de un hombre muy alto y enorme, así como tú; además se le veía de porte orgulloso. No se le juzgo enseguida, claro, el juicio se atrasó unos meses y fue entonces cuando algo más cambió en él.

—¿Qué fue?

—Comenzó a perder el uso del inglés. Lo hablaba muy bien, casi parecía un nativo, pero al ser juzgado se dejó oír un acento extranjero mientras se declaraba inocente; dijo ser catedrático de la universidad, su familia enfermó de algo y murieron.

El joven hizo otra pausa haciendo memoria y continuó.

—Él aseguró no tener idea de cómo llegó hasta este país y tampoco sabía qué fecha era. Su mirada se le veía perdida genuinamente.

—Las leyes de Hades —se dijo el espectro bajando la mirada consternado—, ese hombre perdió la memoria tiempo después.

—Mientras estuvo encerrado, los carceleros aseguraban que su atención siempre estaba ausente y hablaba un idioma extraño para esta tierra. Sería checo, creo. Se le dejó en libertad y volvió a casa.

—¿Es todo, supongo?

—No. El alquimista que le dio cacería y documentó sus atrocidades, esperó un par de años antes de seguirlo hasta Praga, pues su comportamiento fue sumamente extraño, y lo que encontró fue lo más raro de todo ese caso. Documentó que logró dar con su domicilio preguntando a los vecinos y, al verlo, no sabía si era el culpable auténtico o no pues se le veía envejecido, como si le hubieran arrojado quince o veinte años encima.

—¿Cuántos años tenía al ser capturado? —preguntó Radamanthys.

—Él dijo tener treinta y nueve y creía que aún estaba en 1428 —concluyó Gilman—. El alquimista regresó a Inglaterra para completar el registro y cerrar el caso de forma oficial.

—Caray…

Radamanthys se puso de pie nuevamente dirigiéndose a la ventana sin saber cómo sentirse o qué pensar luego de todos los hallazgos presentados.

Por un lado, se sentía bien al saber un poco de su historia antes de ser convertido en inmortal y, por el otro, que su antecesor fuera castigado por lo que le hizo, pero eso de nuevo le devolvió sus dudas morales. El antiguo wyvern pagó con creces sus crímenes, entonces ¿él pagaría de la misma forma los suyos?

—Es injusto que me alegre porque ese hombre fue castigado —cerró los ojos por un momento, ignorando el hecho de que estaba cayendo la tarde, pensando en sus crisis morales—. No quiero encarar mi castigo, me aterra pensar en eso, pero sé que debo hacerlo llegado el momento. Solo espero que no sea como lo que le ocurrió a él.

Pedía hipócritamente un acto de benevolencia que no tuvo con las personas a quienes llevó a la tumba de forma injusta, además ellos fueron más de doce y durante un periodo de tiempo más corto que el empleado por el viejo wyvern según calculó rápidamente en su cabeza.

—Tengo que programar mi siguiente visita a Winchester ya que debo comparar la información que encontré en nuestros registros con la que está allá.

—¿Y qué sucederá después de que hayas hecho esa comparación? —preguntó el juez.

—Presentarla ante ti y si veo que tienes una reacción, digamos positiva, toda la información será enviada a nuestro consejo para su revisión una vez que tu expediente esté completo. Ellos revisan todo lo que recopilamos.

—Ya veo.

—Si mal no recuerdo, tus memorias se quedaron casi al final del siglo 18 así que faltan más de cien años en tu relato. ¿Es correcto?

—Así es. ¿Cuándo nos veremos para continuar?

—Podría ser el viernes —respondió el mago pensativo—, necesito confirmar mi disponibilidad y dejaré un mensaje en tu apartado de correos.

—De acuerdo, lo revisaré mañana por la tarde.

El joven mago documentaba algo más en sus papeles mientras el wyvern mantenía la vista fija en la ventana tratando de no pensar en nada. En ese momento se percató que la bonita chica, que acompañaba al asesor más temprano, aparecía por la explanada circular yendo con paso lento hacia la casa 77.

—Alguien viene hacia aquí, es una chica —dijo de pronto notando el reflejo de Gilman en la ventana.

El asesor levantó la cabeza sorprendido, como si acabara de recordar algo.

—Es cierto… debo irme —se puso de pie apenas terminó de acomodar todo lo que estaba sobre la mesa—. Te dejaré el mensaje mañana.

Radamanthys se despidió casualmente quedándose frente a la ventana otro momento notando como el mago no parecía muy complacido por ver a la joven de nuevo. Le dedico una mirada como de reproche, apenas si tocandola en el hombro, mientras ella lo miraba exactamente igual que hacía varias horas.

Apenas se alejaron por el callejón, el espectro sacó un cigarrillo.

—Debería tratarla mejor —pensó sacando una humareda blanca de su boca— y dar gracias porque alguien se haya fijado en él.

El espectro volvió al inframundo un momento después con apenas pedazos de la información transmitida por el asesor. Tal y como el mago se anticipó, gran parte de esos hallazgos se perdieron sin que el rubio supiera exactamente qué fue lo que olvidó.

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Esa noche, Radamanthys acompañado por Minos y Aiacos, salieron al mundo mortal para distraerse por un rato yendo directo a un bar al que les gustaba mucho acudir de vez en vez. El lugar estaba casi vacío, lo cual agradecieron mucho ya que no deseaban estar rodeados de personas, solo ellos ya que debían charlar acerca de la situación del wyvern.

Aiacos aun no estaba enterado de los planes de Radamanthys hasta esa noche que el wyvern lo dijo todo. La garuda estaba sorprendido al escuchar la inesperada noticia teniendo varias preguntas en la cabeza ya que no tenía idea, hasta esos momentos, de que volver al mundo mortal era posible; el chico siempre creyó que no había marcha atrás al entrar al mundo inmortal.

—Caray amigo, me tomas por sorpresa —Aiacos abrió mucho los ojos sin saber que decir exactamente.

Observó su tarro de cerveza por un momento antes de hablar pues quería ajustar sus pensamientos un poco.

—Jamás imaginé que llegaría un momento en que querrías marcharte y dejar nuestro mundo. Siempre creí que estabas bien y satisfecho por estar ahí.

—Llevo demasiado tiempo en ese encierro, amigo —respondió el wyvern honesto mirándolo por un momento—. Es cierto que estamos en la mejor época para vivir y hemos formado un gran equipo de trabajo, pero ya quiero algo mas. Una vida diferente. Es por eso que pedí ayuda.

—¿Y te ha funcionado la ayuda, esta sirviendo todo esto? —Aiacos lo observo con sus ojos oscuros curioso por esa respuesta.

—Creo que si… estoy seguro de que el asesor ya encontró mi nombre.

—¿Hablas en serio?

Los dos lo miraron con los ojos muy abiertos, incluso a Minos se le veía genuinamente sorprendido.

—¿De verdad el vendehumos logro encontrar esa información? —inquirió un tanto escéptico— Es demasiado antigua, ¿Estás seguro que es la correcta?

—Ellos tienen registros, Minos. Poseen información detallada de un sujeto que podría ser mi antecesor, solo que no recuerdo gran cosa de lo que me dijeron.

Radamanthys se quedo en silencio unos momentos mientras los dos jueces lo miraban expectantes.

La musica de fondo sonaba lo suficientemente baja como para no molestarlos y, para su buena fortuna, los únicos clientes del lugar se hallaban en mesas lejanas así que gozaban de toda la privacidad necesaria para charlar largo y tendido aquella noche fresca de principios de otoño.

—Odio esa ley que no me permite recordar información importante. Lo que el asesor dijo sobre ese hombre me dejo impactado, ahora no tengo mas que datos sueltos en mi cabeza.

—No te preocupes por eso —comento Aiacos con calma—, como sea ya paso y, por mucho que te atormentes, no creo que valga la pena pensar mas en ese tema.

—Aiacos tiene razón. Creo que hay otras cosas importantes en qué ocuparse, y no en un viejo juez que nadie en el Inframundo recuerda —añadió Minos.

—Es verdad, hay otros puntos en mi expediente que me preocupan mas —Radamanthys se quedo en silencio nuevamente.

—¿Puntos, a que te refieres, amigo? —dijo Aiacos sin entender.

Los dos miraron a su colega rubio esperando a que este se dejara de enigmas y dijera lo que tenia que decir.

—Hice cosas malas hace más de cien años y ahora que estoy haciendo todo este trámite para volver a ser una persona mortal, me atormentan esas vivencias. He narrado al asesor los pasajes de mi vida inmortal ya que, no había otra forma de dar con datos sobre mi nombre. El pensó que al saber todo esto, podría servirle y asi fue, pero el relato debe continuar y…

—¿Y? —dijo Minos un tanto impaciente.

—Esos eventos ocurridos durante el siglo 19, debo redimirlos y también narrarlos a esta persona y… conociéndolo, no sé si eso afecte todo el proceso.

—¿Lo que ocurrió en la casa de tu familia en Wessex? —preguntó el grifon mientras Radamanthys asentía.

Aiacos no entendía bien de que hablaban, pero se sintió motivado a intervenir.

—No se que ocurrió ahí antes del siglo 20, pero si esa persona ya encontró tu nombre y el resto del relato es un añadido. ¿Por que no simplemente lo omites y no lo narras?

—¿Que? —dijo el wyvern sin entender.

—Es verdad, amigo —intervino Minos—, ya tienes lo que querias. No creo que sea necesario que ahondes en esa historia.

—Pero, esta mal. Debo decir la verdad —respondió el wyvern serio y en un tono firme.

—¿Firmaste algún documento que indique que debes decir la verdad y nada mas que la verdad? —inquirio Aiacos curioso.

—No… no firme nada de eso.

—¿Entonces?

Minos lo miro sin entender de donde sacaba ese comportamiento. Radamanthys no era de los que tuviera la conciencia tan atormentada como para preocuparse por sucesos viejos y olvidados.

—Amigo, ¿desde cuando te volviste tan moralista? La realidad es que todo eso ocurrió hace mucho tiempo y el vendehumos no es tu sacerdote, o tu dios, como para que debas confesarte —dijo Minos un tanto fastidiado por tanta lloradera.

—Pero…

—Se honesto, ¿de verdad quieres sacar esos esqueletos del armario? —Minos lo perforaba con la mirada dejando la cerveza de lado mientras Aiacos también asentía— Para que quieres complicar las cosas, cuéntale al vendehumos alguna de las anécdotas divertidas sobre tu familia y listo.

—Minos…

—Amigo, no des mas información que la que ese asesor te solicite —dijo Aiacos tambien firme mirándolo con seriedad—. Seguramente esa persona se mueve en la dirección que das en tus relatos, así que no lo lleves hacia donde ocurrieron esos eventos. Si puede encontrar información tan vieja, seguro dará con datos que no debería saber, ¿no crees?.

Radamanthys no los entendía, de verdad le estaban dando esos malos consejos aunque tenían un punto: si él le decía esas cosas a Gilman, seguramente investigaría mas y mas sacando información que el wyvern no deseaba que supiera, tal y como Aiacos apunto. Lo conocía y, algo en su interior, le decía que terminarían en West Hill sacando a los muertos de sus tumbas solo para corroborar algún dato.

—No había pensado en lo que ambos dicen —respondió—, solo quería ser honesto y…

—¿E irte del inframundo con la conciencia tranquila? —dijo Minos un tanto irónico bebiendo su cerveza— Por favor, Radamanthys. Hades te borrara la memoria, ni siquiera podrás recordar todo eso. Saca provecho de nuestras leyes y ya olvídate de esa historia.

—Pero… —era verdad, si quería irse con la conciencia en paz, pero las leyes podían actuar a su favor y marcharse sin pesar.

—Se sabe que fuiste un cabrón desgraciado con ellos, pero ocurrió hace mas de 150 años —decía Minos algo cansado de su colega—. Que te importa lo que haya ocurrido en esa casa.

El grifo bebió un poco antes de continuar.

—Imagina que el vendehumos te forcé a ir al cementerio, ¿podrás soportar estar allá sintiendo como los fantasmas de tus familiares te respiran en la nuca?

—No, creo que no —Radamanthys se froto la nuca suavemente sintiéndose consternado.

—Entonces dejalo por la paz. El sujeto ese baila al ritmo que intérpretes. Alejalo de West Hill y de la casa de tu familia y eso es todo.

—Ira al ayuntamiento de Winchester a cotejar unos datos, ¿que tal que algo sobre esa casa, que ahora es museo, le sale al paso?

—El ayuntamiento esta muy lejos de tu casa. Relájate y deja de comportarte como un paranoico —Minos no sabia como hacerle entender que de nada servia ya preocuparse por eso.

Los muertos estaban en sus tumbas y, por mucho que Radamanthys se flagelara, no iban a volver y eso no lavaria sus culpas.

—Lo se…

—Solo es un vendehumos, amigo. No le tengas miedo. Eres un espectro inmortal con cientos de años de experiencia, se firme y narra cosas sin importancia, como si ese siglo hubiera sido otro aburrido en tu vida.

Aiacos rio un poco antes de agregar algo mas.

—No creo que sea un vendehumos, Minos. Más bien, sabe cosas que nosotros no. Tiene otros conocimientos.

—Aun así, Aiacos. Ese sujeto no tiene autoridad para juzgar a Radamanthys —entonces se giro mirando al rubio de frente—. Si debes pagar tus culpas, eso lo hará Hades o la vida misma.

—Tienes razón. No le diré mas que lo necesario o responderé las preguntas que haga.

Era verdad, se dijo el espectro mientras iban camino a casa, ya tenía el nombre en alguna parte de la documentación, así que sacar a los fantasmas de su recuerdo solo complicaría su situación.

Gilman era puntilloso con varias cosas y no quedaria satisfecho hasta no revisar el reverso de todos los cuadros en las paredes de la casona, haber leído con detalle cada registro existente en la funeraria local y analizado cada lapida del cementerio.

—Lo mejor es enfocarme en lo que es importante y no perder el tiempo hurgando en ese pasado.

Estaba decidido. Esas memorias permanecerían en el mas absoluto secreto deseando que Hades las borrara de su cabeza y jamas poderlo recordar. Ya pagaría por eso en el futuro cuando llegara su momento de morir de forma permanente.

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Continuara…

Notas: al final tuve que tomar una decisión y dejar ese pasaje del siglo 19 fuera del relato. El asunto del pasado mortal de Radamanthys me parece mucho mas interesante y quiero darle mas peso a esa parte y a Pernath, el viejo wyvern, que al asunto sobre sus familiares que ya he abarcado antes.

Aclaro, eso no significa que el buen Rada se me va a ir invicto jeje.