Entre estrellas, su hogar


Los altavoces del ascensor habían estado reproduciendo fragmentos de noticias durante un buen rato, una mezcla de reportes anodinos y temas políticos. Pero este en particular logró captar la atención de ambos pasajeros.

—...Ha ocurrido un tiroteo en un centro médico de los distritos. El número de muertos supera los cuarenta. Se sospecha de un ataque terrorista dirigido por el Corredor Sombrío contra un espectro del Consejo. Por ahora, solo hay testigos que aseguran haber visto a un hombre de metal gigante cargando a una quariana en brazos. Las cámaras cercanas al incidente resultaron dañadas, dejándonos únicamente los relatos fragmentados de los transeúntes—

La voz robótica continuó, implacable:

—Sin embargo, durante el juicio al espectro Saren Arterius, este fue condenado como culpable gracias a las pruebas presentadas por una quariana. Tras el juicio, la comandante Shepard fue nombrada espectro, marcando un hito para la humanidad. Curiosamente, en su grupo se encontraba esta misma quariana junto a un soldado de gran tamaño, equipado con una armadura que coincide con las descripciones obtenidas en el incidente. Rumores invaden los foros de la extranet y los callejones de los distritos. Solo queda esperar un pronunciamiento del Consejo. Les mantendremos conectados...—

La transmisión se desvaneció, pero el silencio que dejó resonó con más fuerza dentro del pequeño ascensor.

Tali exhaló con pesar, el sonido apenas audible tras el cristal de su visera. Sus ojos, brillando tras el panel de su casco, se movían nerviosamente entre las luces verdes de la consola y Maverick. Aunque intentaba disimularlo, la tensión en su postura la delataba. Su espalda rígida y los movimientos contenidos de sus manos revelaban más de lo que decía su silencio.

Maverick, por su parte, permanecía inmóvil, los brazos cruzados y la mirada fija en el suelo metálico. Su lengua se secaba mientras las palabras que deseaba decir nacían y morían en su garganta.

Fue Dot quien rompió el momento. La IA se materializó frente a él, proyectada en un destello azul brillante. Una sonrisa pícaramente amplia adornaba su rostro, y su pulgar levantado dejaba claro el orgullo por su reciente intervención.

—No está mal, ¿eh? — Dijo, con tono alegre. Su expresión ya diciéndole bastante, por lo que no necesitaba palabras para transmitirlo.

Maverick, acostumbrado a sus excentricidades, le dedicó una mirada paciente. Su mueca inicial de incredulidad se suavizó rápidamente, transformándose en una leve sonrisa, apenas un trazo en sus labios, pero suficiente para que Dot se contagiara aún más de entusiasmo.

«El éxito está en los detalles», pensó, recordando una de las enseñanzas que había aprendido de la ONI.

Dot había hecho un excelente trabajo ocultando la magnitud de la batalla. Había desviado la atención justo lo suficiente como para que los rumores se centraran en el Corredor Sombrío, dejando a Maverick y a Tali no tan en el centro del huracán mediático. Pero no pudo evitar reflexionar sobre la delgada línea que estaban cruzando. Sabían demasiado, y ya había bastantes ojos siguiéndolos.

La IA, que parecía captar el flujo de sus pensamientos, dejó que su expresión de satisfacción decayera. Sus piernas holográficas rozaron el suelo del ascensor, como si le pesaran las emociones que solo un ser sintético podría interpretar de manera tan peculiar. Maverick inclinó la cabeza ligeramente, tratando de calmarla con el gesto. Dot lo notó, aunque no dejó de flotar en círculos pequeños, buscando distraerse.

El Spartan exhaló lentamente y murmuró en voz baja, sus pensamientos escapándose sin querer.

—La consejera asari dijo que fue el Corredor Sombrío. Es nuestra mejor coartada. Nadie más podría haber causado una falla sistemática de las cámaras...pero tampoco fuimos sutiles—

Por suerte, Tali no lo escuchó, demasiado absorta en su propio mundo. Dot, sin embargo, se detuvo de inmediato frente a él, ladeando la cabeza con curiosidad, como si estuviera procesando sus palabras. Su gesto era casi infantil, un leve movimiento que hacía que Maverick no pudiera evitar encontrarla...tierna.

Unos segundos después, la IA sonrió, una expresión dulce y algo traviesa que suavizó la tensión en el aire. Seis le devolvió la sonrisa, aunque más contenida, un simple movimiento de sus labios que parecía suficiente para ambos.

«Supongo que la fortuna nos sonríe por ahora», pensó Maverick, apartando la preocupación de su mente. No había mucho más que pudiera hacer en ese momento sin atraer la atención equivocada.

Dot asintió con una especie de aprobación silenciosa, su sonrisa revelando un destello de dientes celestes que parecían parte de su forma etérea. Luego desapareció con la misma rapidez con la que había llegado, dejando tras de sí un rastro de tranquilidad momentánea que Maverick agradeció más de lo que admitiría.

Apreciando el silencio que ahora lo envolvía, cerró los ojos por unos segundos. Pero incluso en ese breve instante, fue incapaz de relajarse por completo. El zumbido incesante del ascensor resonaba como un mosquito persistente, clavándose en su paciencia.

Y para empeorar las cosas, las noticias volvían a invadir los altavoces. Una serie interminable de frases cuidadosamente construidas para capturar atención desfilaban sin descanso: peleas políticas, celebridades casándose, amenazas de quiebra bancaria si el ciudadano promedio no aportaba fondos. Un desfile de banalidades que Maverick dejó pasar con indiferencia.

Sin embargo, una mención en particular captó su interés: un ataque de cazarrecompensas contra un líder mafioso. Según el reporte, había ocurrido no muy lejos del tiroteo en el centro médico y en un intervalo de tiempo sorprendentemente corto.

—Parece que aprovecharon el alboroto para atacar por sorpresa. La Ciudadela tiene una buena ración de los bajos fondos —reflexionó en voz baja.

—Sin duda —intervino Dot, apareciendo de la nada, como acostumbraba. Esta vez flotaba sobre su hombro, fingiendo leer un conjunto de documentos holográficos que solo contenían una repetición interminable del nombre de Maverick.

Él suspiró con resignación y decidió ignorar sus payasadas.

Mientras tanto, su mente vagaba hacia su equipo. Lo más probable era que ya estuvieran de vuelta en la Normandía, esperando instrucciones. Maverick, por su parte, sentía un deseo creciente de abandonar la inmensa estación. Tanto viajar como descansar le parecían opciones igual de atractivas en ese momento.

La Ciudadela, una estación de proporciones casi lunares, siempre lo había abrumado. Demasiados mecanismos en movimiento, demasiadas charlas cruzadas, un constante ir y venir de naves, olores que se mezclaban y una extraña vibración que emanaba desde la Torre del Consejo. Si no hubiera mitigado sus sentidos, habría terminado con una migraña permanente desde el momento en que puso un pie allí.

Buscando un momento de alivio, se recargó contra una de las paredes del ascensor, relajando ligeramente sus piernas. La derecha estaba algo dañada, pero la izquierda, según el informe de su HUD, tenía desgarros musculares considerables. Su sistema interno ya le había recomendado activar los protocolos de reparación, pero Maverick no estaba dispuesto a gastar los limitados recursos de su armadura en algo que consideraba insignificante, especialmente siendo un extranjero sin garantías de reabastecimiento adecuado.

—Deberíamos informarle a Hackett —sugirió Dot, con la voz más seria.

Maverick asintió lentamente, moviéndose contra la pared en un intento de encontrar una posición más cómoda. Cerró los ojos nuevamente, buscando un instante de paz, pero apenas habían pasado unos segundos antes de que una risa lo sacara bruscamente de su ensueño.

—¿Qué pasa? —susurró, mirando a Dot, quien lo observaba con picardía, sus ojos brillando con malicia.

Ella ladeó la cabeza y se cruzó de brazos, emulando una postura de autoridad exagerada.

—¿Varpal? —dijo con un tono cargado de diversión.

Maverick sintió el calor subirle al rostro al instante. Apenas hacía falta que Dot dijera algo más para entender el origen de su burla.

—Según recuerdo, ese fue el nombre que...—continuó, señalando hacia Tali, quien permanecía completamente ajena a la conversación.

—...ella le dio a Vargpald —Dot enfatizó la última palabra, acercándose un poco más con una sonrisa burlona que le iluminaba el rostro.

La vergüenza de Maverick aumentó, y con un pensamiento rápido, hizo desaparecer a Dot de su campo de visión, relegándola a su mente. Pero incluso allí, ella no se quedó callada.

—¡Podrás callarme, pero nunca callarás la verdad! —protestó con una teatralidad exagerada.

Maverick rodó los ojos, dejando escapar un suspiro frustrado. Las tonterías de Dot parecían ir en aumento, y en esta ocasión lo habían tomado completamente desprevenido.

Ignorando los reproches en su mente, Maverick parpadeó con fuerza, intentando aliviar la incomodidad en sus ojos secos por la tensión acumulada. Sin pensarlo demasiado, dejó que su cuerpo cayera hacia atrás, chocando pesadamente contra la pared metálica del ascensor. El estruendo resonó en el reducido espacio, reverberando como un recordatorio tangible de su tamaño y peso, algo que siempre parecía destacar en los lugares cerrados.

El ruido atrajo una breve mirada de Tali. Su cabeza se giró ligeramente en su dirección, aunque no dijo nada. Sus ojos tras el cristal de su casco eran inquisitivos, pero tras unos segundos de evaluación, volvió a centrarse en su omniherramienta, como si el sonido no hubiera interrumpido nada importante. Maverick, por su parte, evitó devolverle la mirada, cerrando los ojos una vez más mientras el ascensor continuaba su descenso monótono hacia lo desconocido.

Apenado por su descuido, desplazó su peso hacia la pierna derecha, liberando la izquierda, que llevaba rato adolorida. Un largo suspiro de satisfacción escapó de sus labios antes de que pudiera evitarlo, aliviado de sentir cómo el dolor comenzaba a disiparse gracias a los sistemas de soporte de su armadura.

Tali, quien estaba de pie a su derecha, pareció notar el cambio. Aunque sus manos seguían ocupadas con la interfaz de su omniherramienta, de vez en cuando desviaba la mirada hacia el panel del ascensor. Finalmente, algo en el suspiro de Maverick captó su atención. Apagó su herramienta y giró hacia él, dedicándole una mirada directa.

Maverick percibió su curiosidad, pero se negó a mirarla. Había algo incómodo en la idea de cruzar miradas con ella en ese momento, especialmente con las palabras de Dot todavía rondando en su cabeza como un eco molesto. Si llegaba a verla directamente, sabía que su autocontrol flaquearía y probablemente haría el ridículo. En su lugar, optó por rascarse la barbilla con un costado del casco, más como una distracción que por una verdadera necesidad.

Sin embargo, Tali no apartaba los ojos. Aunque su lenguaje corporal era discreto, Maverick podía sentir el peso de su atención sobre él, como si esperara algo más. El silencio en el ascensor comenzó a alargarse incómodamente, hasta que un bostezo involuntario escapó de Maverick, fruto del cansancio acumulado.

La reacción de Tali fue inesperada. Una risa suave, casi imperceptible, surgió de su modulador de voz. Era un sonido ligero, apenas un susurro, pero suficiente para sacudir la tensión que llenaba el aire. Maverick alzó la vista y sus miradas se cruzaron.

Sin poder evitarlo, Seis dejó escapar una pequeña sonrisa, que se amplió ligeramente al escuchar cómo Tali volvía a reír, esta vez con un poco más de confianza. Sus risas comenzaron a fluir como una cascada, alimentándose mutuamente sin razón aparente. Al principio eran breves y contenidas, pero poco a poco se convirtieron en carcajadas genuinas, resonando en el espacio metálico del ascensor.

Ahí estaban: dos adultos jóvenes, atrapados en un ascensor de una inmensa Ciudadela, riéndose como un par de idiotas. No había ninguna razón lógica para ello, pero tampoco hacía falta. Era un momento simple, sin expectativas, sin preguntas, sin consecuencias. Solo un momento humano.

Las risas comenzaron a apagarse lentamente, dejando un rastro de calma que se sentía casi surrealista después de la explosión de energía. Los dos permanecieron en silencio, cada uno mirando el suelo como si de repente fuera la cosa más interesante del universo. Pero el ambiente había cambiado, y aunque ninguno de los dos lo admitiría, se sentía menos pesado, más ligero.

El cansancio era palpable en el ambiente. La mas pequeña estaba con el cuerpo medio acostado contra la pared, los dos puntos brillantes, los cuales serian sus ojos, estaban ligeramente apagados. Su pecho se elevaba y bajaba con algo de rapidez, la fiebre aun seguía en su cuerpo a pesar de que no lo hace notar, su resistencia debe de ser bastante elevada, pero tiene un limite. El soldado dudo por un segundo en hablar, titubeando entre las frases que deseaba decir, pero el sonido de las puertas abriéndose lo detuvo por completo.

Ambos jóvenes se miraron durante un instante, como si aún estuvieran atontados por lo sucedido en el ascensor. Las risas y la incomodidad parecían haber quedado suspendidas en ese breve intercambio de miradas. Recomponiéndose casi al unísono, asintieron en silencio y salieron del ascensor, perdiéndose en la apabullante multitud que llenaba el Seg-C.

El Seg-C, como siempre, bullía de actividad. La marea de cuerpos avanzaba en todas direcciones, un flujo interminable de razas, colores y propósitos que apenas parecían notarse unos a otros. Maverick seguía a Tali con pasos medidos, dejando que ella marcara el camino entre el tumulto. Aunque intentaba mantenerse al ritmo, su mente estaba alerta, repasando cada detalle del entorno.

«Supongo que habrá tiempo después», pensó, desviando la vista de Tali y enfocándola en las esquinas y techos del área. Siempre vigilante, siempre desconfiado.

Finalmente llegaron al ascensor que los llevaría al puerto. Tali se apresuró a activar el panel junto a la puerta, sus dedos deslizando comandos con rapidez y precisión. Maverick se detuvo dos pasos detrás de ella, observando con atención lo que lo rodeaba. El área estaba, como recordaba, altamente vigilada. El Seg-C era el núcleo operativo de la Ciudadela, un lugar que bullía de guardias, cámaras y protocolos de seguridad. Sin embargo, algo no cuadraba. Había un cosquilleo incómodo en la base de su cuello, un instinto que le gritaba que algo no estaba bien.

—Deberías relajarte —comentó Dot, materializándose a su lado con su habitual actitud despreocupada. Flotaba cerca de su hombro, agitando la mano como si espantara una mosca imaginaria.

Maverick no respondió, aunque las palabras estaban en su garganta, listas para ser dichas. Pero antes de que pudiera hacerlo, Tali tironeó de su brazo, obligándolo a seguirla.

—Vamos, ya estamos por llegar —dijo ella, con un tono que mezclaba entusiasmo y urgencia.

El hombre no discutió. Entró al ascensor detrás de ella, asegurándose de presionar el panel para cerrar las puertas rápidamente. Se posicionó a un costado, cerca de Tali, con la espalda recta y los ojos recorriendo cada rincón del espacio confinado. El silencio del ascensor, combinado con la sensación opresiva de lo que estaba por venir, le puso los nervios de punta.

No tardaron en descubrir que los instintos de un soldado nunca debían ser ignorados.

El estruendo de un grito de guerra cortó el aire como una hoja afilada, perforando la calma aparente del Seg-C. Era un sonido que ambos reconocieron al instante, un rugido gutural y cargado de violencia que precedía el caos. Antes de que pudieran reaccionar, los ecos de disparos comenzaron a retumbar en el área como campanadas de advertencia, seguidos de gritos desesperados que llenaron el espacio.

Maverick levantó la vista y, entre la multitud que corría en todas direcciones, distinguió la imponente figura de un krogan con una armadura roja, avanzando directamente hacia ellos. El alienígena era una mole de músculo y furia, su carga brutal parecía abrirse paso como un ariete entre las filas de civiles y guardias por igual.

—¿¡Qué demonios está pasando!? —exclamó Tali, su voz entrecortada por la incredulidad y el sobresalto. Pero incluso en medio de su sorpresa, sus reflejos fueron impecables: desenfundó su escopeta con un movimiento fluido, apuntando hacia el krogan sin dudarlo.

Maverick no se quedó atrás. Con un gesto rápido, desactivó el seguro de su Magnum y la alzó, apuntando al centro de masa del alienígena. Sus ojos se entrecerraron, su entrenamiento dictando cada acción mientras evaluaba la amenaza.

Pero ninguno de los dos disparó.

El krogan, en un movimiento inesperado, dejó caer su escopeta al suelo con un estruendo metálico que resonó en el ascensor. Con un gruñido bajo, alzó ambas manos en señal de rendición, deteniéndose a pocos pasos de ellos. La confusión inundó las expresiones de Maverick y Tali, quienes, tras un tenso segundo de evaluación, bajaron lentamente sus armas.

El alienígena aprovechó el breve respiro para entrar al ascensor, desplomándose pesadamente en el centro del mismo. Su respiración era un caos, jadeos profundos y ruidosos que llenaron el reducido espacio mientras intentaba recuperar el aliento.

—Agh... ugh... jah... uf... —balbuceó el krogan, enderezándose con un último quejido antes de fijar la vista en sus dos compañeros de ascensor. Una sonrisa arrogante se dibujó en su rostro.

—¿Qué miran? —preguntó el krogan, su voz cargada de burla y desafío mientras su mirada recorría a los dos jóvenes frente a él— ¿Acaso nunca han visto a un krogan puro en acción, pequeñines?—

Maverick y Tali intercambiaron una mirada rápida, todavía asimilando lo sucedido. La tensión, palpable hasta hacía unos segundos, comenzaba a disiparse lentamente. Sin embargo, la actitud del krogan, tan típica de su raza, no tardó en reemplazar la incomodidad por una mezcla de incredulidad y exasperación.

Dot, que no había dejado de observar la escena con un evidente deleite, apareció flotando detrás del Spartan. Se llevó las manos holográficas a la boca, intentando sin mucho éxito contener una risa que bordeaba lo malicioso.

—Esto se pone cada vez mejor —murmuró, su tono burlón acentuado por el brillo juguetón en sus ojos virtuales— Al menos no puedes decir que te aburres, ¿verdad, Maverick?—

El soldado simplemente gruñó en respuesta, bajando la Magnum con un movimiento seco y mecánico. Aunque la amenaza inmediata parecía haber pasado, la sensación persistente de que algo más podía suceder no lo abandonaba.

—Sí, perdona...—interrumpió Tali de repente, cruzándose de brazos mientras lo miraba con una mezcla de ironía y desafío— Es que fue impactante ver tu heroica huida—

El comentario cortó el aire como un cuchillo bien afilado. El krogan la miró fijamente, arqueando una gruesa ceja mientras ambos se enfrentaban en un duelo silencioso de miradas. Ninguno de los dos cedió terreno, sus expresiones firmes como si se tratara de una batalla no verbal.

De repente, el krogan rompió el momento con una carcajada que resonó en todo el ascensor, tan potente como su rugido de antes.

—¡Ja, ja...! ¡JA JA JA! —rió con una fuerza tan descomunal que hasta las paredes del ascensor parecieron vibrar. Mientras reía, inclinó la cabeza hacia un lado, haciendo crujir los músculos de su cuello como si se preparara para un combate que nunca llegó—Me caes bien, pequeña —dijo finalmente, su tono lleno de aprobación mientras extendía su enorme mano hacia ella.

Tali vaciló por un momento, claramente desconfiada. Sus ojos miraron la desproporcionada mano del krogan, pero finalmente accedió, estrechándola con un apretón firme. La diferencia de tamaño era casi cómica, pero el gesto no pareció importarle al alienígena, quien asintió con aprobación.

—Bueno, tengo entendido que ustedes son parte del equipo de Shepard —añadió el krogan, recorriendo con la mirada a ambos mientras su voz adquiría un tono más serio— Y que están a punto de reunirse con ella en su nave. Me interesa unirme—

Maverick frunció el ceño, pero antes de que pudiera decir algo, Tali levantó la voz con evidente molestia:

—Eso no depende de nosotros—

El krogan rió por lo bajo, con un sonido que más parecía un gruñido.

—Lo sé. No les estoy pidiendo permiso —respondió, su tono severo y directo, como si con esas palabras dejara claro que la discusión terminaba ahí—Les estoy informando de su nuevo compañero. Considérenlo un gesto de agradecimiento por ahorrarme la masacre de hace unos minutos—

El silencio que siguió no fue incómodo, pero sí cargado de tensión. Ninguno de los tres parecía dispuesto a romperlo. Sin embargo, el suave zumbido de las puertas del ascensor al abrirse terminó con la pausa. El puerto se reveló ante ellos, con la imponente figura de la Normandía esperándolos al otro lado.

—Genial —murmuró el krogan para sí mismo, avanzando con paso decidido hacia el grupo de figuras que lo esperaba junto a la nave.

Al frente del grupo, una figura femenina avanzó con determinación: el Comandante Shepard, acompañada de Alenko y Anderson, cuyos rostros estaban marcados por la seriedad.

Maverick y Tali apenas prestaron atención a la interacción que se desarrollaba a su alrededor. Después de todo lo que había ocurrido en las últimas horas, el cansancio era demasiado para lidiar con más complicaciones. Lo último que querían era involucrarse en una nueva discusión.

«Que Shepard se encargue», pensaron ambos casi al unísono, apartando sus miradas de la escena y dejando que el alivio de estar más cerca de su destino los envolviera. El peso de la tensión parecía desvanecerse lentamente, aunque las huellas de lo vivido aún se mantenían.

Dot, siempre presente y siempre disfrutando de la situación, flotaba a su alrededor, riendo en silencio como si la interacción con el krogan hubiera sido el mejor espectáculo en semanas. No necesitaba mucho para encontrar entretenimiento, y aquel momento no fue la excepción.

Tali dejó escapar el aire que había estado conteniendo durante todo el tiempo, como si hubiera estado esperando el momento adecuado para relajarse. Sus hombros, visiblemente tensos por el largo día, se soltaban poco a poco mientras sus palabras salían con un tono de cansancio.

—Y aún no salimos de la Ciudadela —dijo, casi entre dientes, mirando al suelo mientras se frotaba los hombros.

Maverick la miró de reojo, reconociendo el agotamiento en su compañera. Con un delicado gesto, le dio una palmada en la espalda, empujándola suavemente hacia la salida del ascensor.

El puerto que se extendía ante ellos estaba lleno de actividad, pero no fue hasta que vieron al resto del grupo que se sintieron verdaderamente parte de lo que venía. Entre la multitud, se distinguió a Udina, quien, al verlos llegar, hizo una discreta retirada, alejándose sutilmente hacia las sombras del puerto.

Garrus y Ashley, sin embargo, se acercaron rápidamente, saludando con una mezcla de alivio y bromas.

—¡Al fin llegan! —dijo Ashley, su tono alegre— Casi nos vamos sin ustedes, pensamos que se habían perdido o algo—

—Sí, bueno, casi terminamos en un tiroteo gracias al krogan—

Tali, aún con fastidio, señaló a sus espaldas, como si el simple gesto pudiera exorcizar la incomodidad de lo sucedido.

Los dos compañeros miraron en esa dirección, aunque al cabo de unos segundos, restaron importancia a la situación.

—Al menos se divirtieron —replicó Garrus, con su tono sarcástico habitual. Incluso Maverick, el de mayor estatura, rodó los ojos ante la insinuación.

Pero las charlas se interrumpieron cuando Shepard apareció al frente con paso firme, seguida del krogan. Con un gesto, hizo que el grupo se callara, y su mirada abarcó a todos los presentes.

—Bueno, ya que todos estamos reunidos —dijo, con una firmeza que no dejaba lugar a dudas— Me gustaría darles la bienvenida a lo que será nuestro hogar, medio de transporte y centro de operaciones—

Con un suave ademán, señaló la compuerta de la nave, invitando a todos a pasar al interior.

Tali, con los ojos brillando de emoción, no pudo evitar sonreír mientras daba pasos más rápidos hacia la cámara de descontaminación. Cada paso la acercaba más a su tan esperada exploración de la Normandía, y la anticipación en su rostro lo decía todo.

El acceso era estrecho, lo que obligó al grupo a formar dos filas. Sin embargo, el krogan y Maverick, por razones obvias, no cabían fácilmente en esos espacios. Maverick, en especial, parecía desafiar las dimensiones del lugar con su figura imponente.

—Así que...—dijo Kaidan desde el fondo, rompiendo el silencio mientras su tono de voz reflejaba tanto curiosidad como desconfianza— ¿Cuál es tu nombre, grandote?—

El krogan, que caminaba frente a Maverick, no mostró señales de querer responder. Simplemente entró en la cámara de descontaminación, sin mirar atrás, mientras la puerta se cerraba con un suave zumbido.

—Comandante, no quiero dudar de sus decisiones... —empezó Kaidan, con un tono crítico que no pasaba desapercibido. Shepard giró su cabeza con lentitud para mirarlo de reojo, sin inmutarse en lo más mínimo.

—Se llama Wrex, un mercenario. Va a ser útil. No mostró señales de amenaza cuando hablamos y quiere capturar a Saren. Para mí, ya tiene pase para la excursión —respondió con una firmeza que dejaba claro que no había lugar para dudas.

Kaidan asintió, aunque la desconfianza seguía marcando su expresión, aunque menos evidente que antes.

—Es un viejo loco —intervino Tali, con tono molesto. La declaración provocó algunas sonrisas en el grupo, aliviando la tensión que había quedado flotando en el aire.

Finalmente, las puertas de la cámara de descontaminación se abrieron, y el grupo ingresó al interior de la Normandía. Tali, Kaidan, Shepard y Maverick entraron juntos, y la compuerta se cerró suavemente tras ellos. El escáner comenzó a analizar cada centímetro de sus trajes, emitiendo un suave pitido mientras la nave verificaba que todo estuviera en orden.

—Genial, no tendré que descontaminar mi traje —exclamó Tali con una sonrisa de satisfacción, revisando su omni-herramienta mientras calibraba el traje.

Cuando el escaneo terminó, las puertas de la nave se abrieron por completo, revelando el interior de la imponente Normandía. El sonido de pasos, conversaciones y el tecleo de los tripulantes ocupados trabajando llenaron el aire. La nave parecía viva, envuelta en una atmósfera única que contrastaba con la Ciudadela.

Al llegar al puente, Shepard, quien cerraba la fila, observó la sala con una ligera sonrisa. Miró a su equipo, la mayoría de ellos con rostros agotados, esperando instrucciones.

—Los que ya conocen la nave, guíen a los nuevos —anunció con un tono ligeramente burlón al notar el cansancio evidente de su equipo— Iré a hablar con Anderson—

—Cualquier consulta, hágansela a Pressly —añadió, señalando al oficial de mayor rango, que se encontraba junto al mapa galáctico. Luego, sin permitir que nadie replicara, se dirigió hacia la salida del puente.

Los miembros del equipo se miraron entre sí, resignados ante los caprichos de su comandante. Kaidan, siendo el mas antiguo, tomó la iniciativa.

—Síganme —indicó al detenerse frente a un panel que abría la puerta hacia el comedor— Vamos a comer algo—

Bajaron las escaleras en silencio, el sonido de sus botas resonando en los pasillos metálicos.

—Es increíble. Ya quiero ver los sistemas y el generador —comentó Tali, casi saltando de entusiasmo.

—Tranquila, vas a quemar algo de tanta energía —respondió Maverick, con burla en su tono, aunque sin dejar de perder ese tono ligero que le ofrecía únicamente a la quariana.

—¡Cállate! —le respondió ella, fingiendo irritación, mientras Seis soltaba una risa baja. Sin embargo, al estirarse, un crujido doloroso recorrió su cuerpo, lo que llamó la atención de los demás.

Tali lo miró con preocupación.

—¿Seguro que estás bien? Porque eso sonó bastante mal—

Maverick, intentando restarle importancia, se encogió de hombros, pero el cansancio se reflejaba en sus hombros medio caidos, a pesar de sus esfuerzos por disimularlo.

—Si hubiera un superior cerca, seguro que te mandarían a reciclar por mal funcionamiento —intervino Dot, con su tono irónico característico.

El comentario habría provocado una respuesta de Seis en otras circunstancias, pero el agotamiento le robaba hasta las ganas de replicar.

—Sí, hace mucho que no sentía esta sensación de... —dijo mientras giraba el cuello con lentitud. El crujido que siguió fue casi tan satisfactorio como el suspiro de alivio que lo acompañó —...de cansancio—

Se quedó en silencio, sus palabras suspendidas en el aire, encapsulando todo el agotamiento que cargaba sobre sus hombros. No había más que añadir; sus compañeros estaban comiendo y la idea de descansar, aunque sea por un breve momento, lo invadía.

—Después de comer, les mostraré la zona de carga —dijo Kaidan, mientras terminaba de masticar un pedazo de carne sintética —Ahí podrán acomodarse y realizar las actividades que se les requiera—

Tali, ansiosa por continuar explorando, se sentó enérgicamente junto a Ashley.

—Yo quiero ir al núcleo motriz —dijo, mirando a Kaidan mientras jugaba distraídamente con sus dedos.

Él dejó su bandeja a un lado, sonriendo.

—Seguro, aunque deberías de charlarlo con Adams. Él maneja todo en ingeniería —respondió, acomodándose en su silla.

Al otro extremo del comedor, Wrex y Seis permanecían cerca de las cápsulas de sueño. Sin mediar palabra, ambos se mantenían en silencio, cada uno mirando en direcciones opuestas pero con una atención mutua en el aire.

Maverick, apoyado contra una caja metálica, se quitó el casco y lo dejó en su asiento. El alivio que sintió al sentir sus mechones colgar libremente fue instantáneo. El ambiente era reconfortante, la temperatura suave, emanando del núcleo con un suave ronroneo.

«No me había dado cuenta...» pensó, mirando las luces de la sala. Sin embargo, sus ojos se detuvieron en una figura en particular, y de repente, no pudo evitar pensar en lo extraño que todo parecía.

—Somos realmente un circo de fenómenos —gritó Garrus, riendo mientras sacaba una cantimplora de su traje. Compartió el contenido con sus compañeros.

Ashley, con un tono sarcástico, levantó su vaso hacia él.

—Usted es un encanto, agente —dijo, brindando con él antes de darle un trago profundo.

Maverick sonrió, disfrutando el momento, mientras el calor del interior de la nave lo envolvía, aliviando por un momento las tensiones acumuladas.

«...lo cálido que se siente»


Publicación original:

Primeros avances, contenido adicional he interacción

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