Pasado Rutinario
—Tali, ayúdame con el Mako —se escuchó desde la sala de carga. Garrus estaba encima del vehículo, limpiando el cañón con varias herramientas esparcidas a su alrededor. Sus movimientos eran precisos, aunque se notaba cierta prisa en su trabajo. Mientras tanto, Tali se encontraba calibrando el desarmador MJOLNIR, siguiendo las indicaciones que Maverick le había enseñado en sus momentos de ocio técnico.
—¿Qué necesitas? —preguntó ella, dejando los circuitos del mecanismo a un lado y acercándose al vehículo.
—Los escudos parecen estar fallando. Debió ser por lo que hiciste durante la misión —respondió Garrus, sin dejar de trabajar, aunque mirándola fugazmente con un destello de humor en sus ojos.
—Oh, claro. Supuse que algo saldría mal después de exigirlos tanto —dijo Tali con un ligero suspiro, aceptando la indirecta.
Abrió la puerta lateral del Mako, que se desplegó con un zumbido metálico. Una vez dentro, encendió el panel holográfico de los sistemas, sus dedos moviéndose con familiaridad sobre los controles.
—Sí, ahí veo el problema... —pensó en voz baja.
Tali se levantó apagándolo, tomó sus herramientas y se arrastró debajo de uno de los asientos del vehículo, buscando la tapa que cubría los componentes internos del Mako. Se movía con soltura, acostumbrada a trabajar en espacios reducidos por las largas horas que había pasado en las naves migrantes. Mientras ajustaba los escudos, recuerdos del Rayya surgieron en su mente: los días correteando por los pasillos junto a sus amigos de la infancia y los momentos con su padre en los laboratorios.
Dejó escapar un largo suspiro, sacudiendo la cabeza para ahuyentar los pensamientos. No podía distraerse.
—Ya terminé con lo mío —dijo Garrus, saltando desde el techo del Mako y apareciendo junto a la puerta lateral. —¿Cómo vas?—
—Bien. Ya casi termino también —respondió Tali, su voz algo amortiguada por la posición incómoda en la que se encontraba.
—Perfecto. Shepard mencionó hace un rato que lo vamos a necesitar para una misión que le enviaron desde la Quinta Flota —añadió Garrus, lanzando el trapo sucio que usaba hacia una caja de herramientas cercana antes de apoyarse contra el costado de la puerta.
Tali no respondió de inmediato, concentrada en ajustar los últimos detalles. El silencio se tornó ligeramente incómodo, haciendo que Garrus tosiera con suavidad para captar su atención.
—Tú... parece que te llevas bien con Mav —dijo finalmente, su tono casual, aunque sus ojos no apartaban la mirada de la quariana.
Las palabras parecieron no llegar a Tali, quien con un suave chasquido cerró la tapa del componente interno y salió del estrecho espacio, sentándose en el suelo para guardar sus herramientas.
—Sí. ¿Por qué preguntas? —replicó, mirándolo con curiosidad mientras organizaba sus cosas.
—Oh... por nada en específico —respondió Garrus, intentando sonar desinteresado, aunque un matiz de curiosidad se filtró en su voz.
Tali lo observó detenidamente, casi arqueando una ceja detrás de su visor, aunque el turiano no podía verlo.
—Me refiero a que deberías tener cuidado —continuó Garrus, rascándose el cuello de manera distraída — Apareció de la nada, tiene esa tecnología tan extraña...— Mientras hablaba, su mirada se desvió hacia los costados, como si estuviera eligiendo cuidadosamente cada palabra. Tali se levantó del suelo, colocándose las manos en las caderas mientras lo observaba con atención.
—No lo conozco mucho, nadie lo hace realmente —dijo finalmente, moviendo los brazos con un leve gesto al hablar — Pero no es una mala persona. Tú también tienes secretos, y no creo que nadie te esté presionando por ello — El comentario cayó con un peso evidente, haciendo que Garrus guardara silencio por unos instantes. Dando la charla por finalizada, ella salio del macko y se comenzo a alejar.
—Solo ten cuidado. Estoy seguro de que sus "mejoras" han agrandado todas sus partes —agregó Garrus con tono burlón, tratando de suavizar la conversación. El comentario hizo que Tali se detuviera en seco. Girándose hacia él, lo observó por un momento antes de tomar una llave inglesa de su caja de herramientas y lanzársela con precisión quirúrgica.
—¡Bosh'tet! — exclamó mientras la herramienta volaba hacia el turiano, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar. Tras eso, Adams, tuvo que entregar una llave nueva a Tali, mientras que Chakwas atendía a un Garrus ligeramente adolorido. El turiano, por supuesto, no dejó de lanzar comentarios sarcásticos incluso mientras recibía un repuesto para su armadura.
El viento chocando contra la nave y el estruendo del motor del Mako fueron los últimos sonidos que Seis escuchó antes de entrar al ascensor. Su comandante estaba por completar un encargo de la Alianza, y esta vez él no formaría parte del equipo. Decidió aprovechar el tiempo para reabastecerse de medigel, una necesidad constante debido al estado de su brazo.
Cuando el ascensor llegó al comedor, las puertas se abrieron y Seis descendió con paso firme. Esta vez, el lugar estaba más concurrido: varios tripulantes disfrutaban de su tiempo de descanso, conversando en voz baja mientras comían. A medida que cruzaba la sala, notó las miradas que le seguían, algunas fugaces y otras más prolongadas.
Aunque había estado sin armadura en la reunión previa a la misión en Therum, pocos lo habían visto realmente. Ahora que estaba más visible y despojado de su equipo habitual, la curiosidad de los tripulantes era palpable. Para muchos, Maverick Noble no era solo una figura enigmática, sino una pieza de un rompecabezas mas grande de lo que eran capaces de ver.
Ignorando las miradas, continuó su camino hacia la enfermería. La puerta se abrió con un suave zumbido, revelando a la doctora Chakwas revisando un informe en su escritorio.
—Hola. Recibí un documento de parte de Anderson. Maverick Noble, ¿verdad? —dijo ella al verlo entrar, levantándose con una sonrisa tranquila y profesional.
Maverick asintió en silencio, tomando asiento en una de las camillas cercanas.
—Bueno, te ves bastante diferente a como imaginaba —comentó Chakwas mientras se acercaba, observándolo con una mezcla de curiosidad y análisis clínico.
El cabello de Maverick era largo y ondulado, cayendo desordenadamente sobre sus hombros. Sumado a una barba que, aunque nunca superaba un limite, daba un aire intermedio entre lo limpio y lo desaliñado.
—Me sorprende que te dejen tener el cabello así. Es peligroso en situaciones de combate —añadió la doctora, tomando un bote de medigel y colocándolo junto a él.
—Lo obtuve como un privilegio por mis logros. No afecta mi rendimiento al usar el casco —respondió Maverick, extrayendo el medigel con su omni-herramienta y aplicándolo en su brazo con la precisión de alguien que lo hacía con frecuencia.
Chakwas levantó una ceja, mostrando una leve sonrisa.
—¿Te haces un rodete?—
Maverick levantó la vista, claramente desconcertado por la pregunta. Antes de que pudiera responder, Dot apareció flotando a un costado, cruzándose de brazos con una expresión de falsa seriedad.
—Es verdad, nunca te has atado el pelo, mugriento —bromeó Dot, imitando el tono de una madre molesta. Sin embargo, su gesto se desmoronó rápidamente, estallando en risas por su propia ocurrencia.
Ignorándola, Maverick volvió su atención a la doctora.
—Supongo que no... —dijo finalmente, con cierto desconcierto en su tono.
Chakwas tomó algo de su bolsillo y lo mostró. Era una coleta simple, de color blanco y sin adornos.
—Acércate —pidió con suavidad, su tono mezclando profesionalismo con un aire maternal.
Seis obedeció, levantándose de la camilla y acercándose al escritorio —Siéntate y mira al frente —indicó la doctora, señalando una silla cercana. Maverick hizo caso, sentándose mientras Chakwas se colocaba detrás de él. Con movimientos hábiles y tranquilos, tomó su cabello y comenzó a recogerlo.
—Es increíblemente grueso, como tu armadura —comentó Chakwas, riéndose ligeramente mientras trabajaba.
Dot flotaba cerca, observando con ojos críticos y una sonrisa divertida.
—Listo, ahora eres oficialmente más presentable. Tal vez deberías agradecerme por recordarle a la doctora que te eduque un poco en el arte de no parecer un salvaje.
El no respondió de inmediato. Tocó la coleta con una leve curiosidad antes de mirarse en el reflejo de la pantalla más cercana. —Es funcional. Gracias —dijo, con su tono habitual de calma. Agradeciendole con un asentimiento y sonrisa.
Chakwas sonrió mientras regresaba a su escritorio.
—Deberías considerar mantenerlo así. Es más seguro y... profesional.
Dot, por supuesto, no dejó pasar la oportunidad.
—¿Profesional? Más bien parece listo para una pasarela... aunque supongo que funciona para alguien con su ego— Maverick dejó escapar un leve suspiro antes de levantarse —Voy al comedor. Gracias por el medigel —dijo, despidiéndose con una leve inclinación de cabeza.
— Avísame si la herida empeora — Agrego ella, sentándose en su escritorio, siguió tecleando en su computador.
Por su lado, el se dirigió a la puerta, pero antes de presionar el panel color verse, la doctora lo detuvo —Y bienvenido a la Normandía. Me alegro de tenerlo con nosotros, Noble — concluyo, mirándolo con amabilidad. Sonriendo, lo observo salir por la puerta mientras Dot seguía flotando a su lado, lanzando comentarios que ya había aprendido a ignorar.
Las horas pasaban lentamente mientras la Normandía se dirigía hacia Noveria. Según Shepard, el viaje tomaría unas 21 horas más, lo que dejaba tiempo para que la tripulación se relajara o se preparara mentalmente para la próxima misión.
Shepard había pasado gran parte de su tiempo charlando con los miembros del equipo, un ejercicio que encontraba gratificante. Había estado con Wrex, quien le relató la tragedia de la genofagia y, lo que más captó su atención, la vez que se encontró cara a cara con Saren. También había aconsejado a Garrus, compartiendo su perspectiva sobre el equilibrio entre ser espectro y trabajar para el Seg-C, y había escuchado las inquietudes de Ashley respecto a Liara y su conexión con Benezia.
Con Kaidan, Shepard empatizó sobre los sucesos de su pasado, y con Liara, se tomó el tiempo para integrarla al equipo, bromeando y comentando cosas aleatorias para romper el hielo.
Aunque la Alianza desalentaba la fraternización entre miembros de la tripulación, Shepard disfrutaba conectando con su equipo de forma genuina. Su estatus como espectro le daba una libertad que agradecía profundamente.
Tras despedirse de Wrex, pensó en hablar con Maverick. Sin embargo, después de recorrer la sala de carga y las áreas cercanas, no lo encontró, lo que le resultó inusual.
—Si buscas a Mav, ve con Tali. Matarás dos pájaros de un tiro —comentó Garrus desde su lugar, deteniendo la calibración de su rifle para mirarla con una leve sonrisa. Shepard alzó una ceja, intrigada por la sugerencia, pero terminó asintiendo, correspondiendo la sonrisa del turiano.
—Gracias, Garrus— Cuando Shepard se dio la vuelta y comenzó a dirigirse hacia ingeniería, un comentario burlón resonó detrás de ella.
—Ya casi la tienes, tigre —gritó Ashley, su tono cargado de sarcasmo.
Garrus dejó escapar un largo suspiro, poniendo los ojos en blanco mientras volvía a concentrarse en su arma.
—Humanos...— murmuró, aunque inconscientemente, una mueca alegre se formó en su rostro.
En ingeniería
Al ingresar a la sala, el núcleo motriz Tantalus le dio la bienvenida con su característico zumbido profundo, una vibración constante que resonaba en el aire. El equipo de ingeniería se movía por los paneles con eficiencia, revisando sistemas y tecleando en sus omni-herramientas. Cada uno sabía exactamente qué hacer, trabajando con la precisión que venía de la guía profesional de su jefe, Adams.
Adams, mientras tanto, estaba sentado en una cómoda silla reclinable que el equipo le había regalado hacía unos días, un gesto coordinado por Tali. Con un café caliente en la mano, parecía disfrutar del momento, claramente encantado con el regalo y con la evidente mejora en la carga de trabajo desde la llegada de la quariana.
Shepard sonrió al ver a los ingenieros trabajando y los saludó mientras cruzaba la sala. Los miembros del equipo respondieron con gestos corteses antes de volver a concentrarse en sus tareas. Su atención se centró en un rincón de ingeniería, donde Tali y Maverick estaban juntos.
Seis apoyaba su espalda contra la pared metálica mientras afilaba su kukri con un pedazo de cerámica. Sus movimientos eran meticulosos, reflejando una mezcla de precisión y cuidado. Tali, por su parte, trabajaba en unos circuitos, aunque de vez en cuando lanzaba miradas curiosas hacia su compañero.
Shepard se acercó con una expresión amigable.
—Hola, ¿cómo están?— Maverick levantó la vista, enderezándose de inmediato con un movimiento fluido. Guardó la piedra y enfundó el kukri antes de saludarla con un leve asentimiento. Su uniforme nuevo, algo holgado tras ajustes necesarios, no le molestaba, pero contrastaba con su porte firme.
Tali se giró con algo más de entusiasmo, saludando con una ligera inclinación de cabeza.
—Hola, comandante— la pelirroja notó algo diferente en el hombre y esbozó una pequeña sonrisa.
—Me gusta tu nuevo estilo, Maverick —dijo señalando su cabello recogido en un rodete. El mostró una pizca de sorpresa antes de responder con tono calmado —Gracias. Chakwas me lo hizo —respondió con un ligero matiz de satisfacción en su voz. Tali dio un paso adelante, añadiendo con alegría: —Sí, le queda bastante bien— En ese momento, Dot apareció flotando sobre Maverick con una expresión de falso orgullo maternal —Mi niño recibe cumplidos, qué lindo —dijo, apoyando sus manos en sus cachetes.
Maverick alzó la mirada hacia Dot, lanzándole una mirada breve. Cosa que la comandante notó, pero decidiendo no preguntar, centrando la atención en la menor.
—¿Y cómo se encuentran? Escuché que haces un excelente trabajo, Tali— La nombrada bajó la mirada con modestia, pero su postura denotaba orgullo. —Gracias, comandante. Adams me ha dado mucho margen para trabajar, y creo que hemos logrado mejorar varios sistemas. Aunque aún queda mucho por hacer, me siento útil aquí— Contesto, alegre mientras jugaba con sus dedos.
—Esa es una subestimación. La Normandía no estaría funcionando así sin ella —comentó Maverick, con tono serio. Ella negó suavemente con un suspiro —Tampoco exageres. Adams y el resto del equipo hacen mucho. No podríamos mantener todo en marcha sin ellos— Shepard observó la dinámica entre los dos, percibiendo una camaradería sincera que la hizo sonreír.
—Es bueno ver que hacen un buen equipo. Adams parece encantado con la mejora en la eficiencia —dijo, señalando al jefe de ingeniería, que disfrutaba de un café en su silla reclinable.—Fue idea mía —dijo Tali, inclinando ligeramente la cabeza, claramente orgullosa— Todos aquí trabajan demasiado. Un pequeño gesto como ese puede hacer mucho por la moral.
Adams, al escuchar el comentario, alzó su taza en señal de reconocimiento.
—Es cierto. Si siguen así, probablemente les reduzca el horario —bromeó, arrancando risas del equipo y los tres. Aprovechando el momento, Shepard dirigió su atención a Maverick. —¿Cómo te estás adaptando a la Normandía?
Maverick se tomó un momento antes de responder. Su mirada descendió brevemente antes de volverla hacia ella.
—Es diferente. Más pequeña que cualquier nave en la que he servido, menos tripulación... y alienígenas incluso — dijo, pero al ver la mirada despectiva de Tali, añadió rápidamente — Aun asi, creo que hace mucho tiempo que no me sentía tan cómodo. La confianza que transmite cada integrante del equipo, y tú, comandante... Me alegra trabajar bajo tus órdenes— El comentario dejó una impresión en Shepard, que notó un matiz de melancolía en sus palabras. Tali, por su parte, parecía iluminada, sus ojos brillando con intensidad tras escucharle.
—Me alegra escuchar eso, Maverick —respondió con sinceridad. Tali cruzó los brazos, asintiendo con suavidad —Incluso para mí, hay cosas en las que aun me cuesta adaptarme. Pero supongo que eso lo hace especial— la pelirroja inclinó la cabeza, viendo cómo ambos parecían encajar bien en sus roles, aunque notó una tensión apenas perceptible en la postura de Seis. Decidiendo abordar el tema más adelante —¿Hay algo en lo que pueda ayudarte, Tali? — La quariana se tomó un momento antes de responder —Bueno, no es un problema, más bien una observación... La Normandía no hace casi ruido. El motor parece ronronear y... hay tan pocos tripulantes que es extraño. Me cuesta dormir por eso—
Shepard frunció ligeramente el ceño, intrigada —¿El silencio? ¿Te cuesta dormir por eso?— Pregunto, cruzando sus brazos —Es una costumbre quariana —explicó Tali— Si una nave deja de hacer ruido, significa peligro: motores apagados, fallos en respiradores... cosas así—
Shepard asintió, comprendiendo —Entiendo si es raro. Maverick me comentó algo similar, que en sus misiones el silencio de una nave era a menudo sentencia de muerte— continuo la mecánica, mirando a su compañero mientras hablaba. El confirmó con un leve asentimiento, su rostro inexpresivo, pero su postura reflejaba acuerdo —Supongo que podemos buscar una forma de... "animar" más el ambiente. Quizá algunos ajustes menores. Lo veremos luego—
—Gracias, comandante —dijeron Tali y Maverick casi al unísono. Shepard les dedicó una sonrisa antes de salir de la sala.
Cuando se hubo ido, Dot flotó junto a Maverick, fingiendo una mirada crítica.
—Te estás volviendo todo un sociable. Si no fuera por mí, creo que hasta habrías sonreído— Dejó escapar un leve suspiro, pero en sus ojos había un brillo de paciencia, el único indicio de que había escuchado el comentario.
Ambos continuaron con sus tareas en silencio, charlando ocasionalmente de temas sin importancia. Cuando el turno de Tali llegó a su fin, apagó su omni-herramienta y se estiró ligeramente, soltando un suspiro de satisfacción.
—Bueno, creo que es todo por ahora —dijo ella, girándose hacia Maverick con una leve inclinación de cabeza —Gracias por la compañía—
Maverick asintió, guardando su herramienta y asegurándose de que todo quedara en orden.
—Siempre es bueno tener algo que hacer mientras esperamos—
Adams, quien había estado observando desde su puesto, se acercó con su habitual aire tranquilo.
—Buen trabajo hoy, Tali. Con ustedes dos aquí, siento que debería preocuparme menos por mi equipo —bromeó, levantando su taza de café en un gesto de agradecimiento.
—Es un placer ayudar —respondió Tali, con modestia pero claramente contenta por el elogio.
Maverick asintió en silencio, ajustando la funda de su kukri antes de seguir a Tali hacia la salida.
—Acompáñame, descubrí un lugar genial —dijo ella de repente, con tono emocionado mientras apuraba el paso y tomaba de la mano a Maverick.
Él levantó una ceja, sorprendido por la repentina petición, pero no ofreció resistencia. Caminó detrás de ella mientras cruzaban la sala de carga, donde las miradas curiosas de Garrus, Wrex y Ashley los siguieron de cerca.
—¿Qué crees que estará tramando? — preguntó Ashley en voz baja, cruzándose de brazos mientras observaba a la pareja. Apoyada contra la mesa de trabajo que usaba recurrentemente.
—Si es Tali, probablemente algo relacionado con tecnología o... no lo sé, un motor oculto —respondió Garrus con un leve bufido mientras ajustaba su rifle. El trio habia bajado junto a Shepard hacia unas horas, por lo que se juntaron para darle tratamiento a su equipo.
—O está tratando de arreglar su vida social. Ese humano parece más reservado que un turiano en una boda humana —agregó Wrex, con una sonrisa burlona mientras limpiaba su escopeta.
Ashley soltó una risa ligera, mientras Garrus negaba con la cabeza.
—Bueno, sea lo que sea, Mav tiene paciencia para eso— El comentario quedó flotando en el aire mientras Maverick y Tali se dirigían al lugar que ella tenía en mente.
—Por aquí — dijo Tali, deteniéndose detrás del Mako y soltando finalmente la mano de Maverick.
Se acercó a una escotilla marcada como "Uso exclusivo de personal autorizado". Sin dudarlo, activó su omni-herramienta, cuyos destellos anaranjados iluminaron brevemente la etiqueta mientras trabajaba en el bloqueo.
El la observó con curiosidad, sus ojos captando cada movimiento, aunque no dijo nada. Había algo intrigante en la emoción contenida de ella, una energía que no mostraba con frecuencia, al menos no fuera del ámbito tecnológico.
—Espera un momento —añadió ella, concentrada en el panel.
Cuando la escotilla finalmente se abrió con un suave zumbido, Tali se giró hacia él con una expresión casi traviesa.
—Ven, no te preocupes. Vale la pena—
Maverick se inclinó ligeramente para pasar por la entrada. Lo primero que notó fue un estrecho pasillo lleno de tuberías y cableado que se extendían en ambas direcciones, iluminados pobremente por luces anaranjadas. El espacio era reducido, obligándolo a encorvarse ligeramente para moverse.
Tali lideró el camino, caminando con familiaridad y sin dudar un instante.
—Falta poco, prometo que no te arrepentirás —dijo con un tono animado, mirando brevemente por encima de su hombro.
El Spartan la siguió en silencio, sus pasos resonando con suavidad sobre el metal. El eco distante de voces, zumbidos mecánicos y el vibrar del núcleo motriz llenaban el aire a su alrededor, creando una atmósfera peculiarmente tranquila.
Finalmente, las luces se apagaron por completo, dejando el pasillo envuelto en penumbra. Tali se detuvo frente a otra escotilla, esta vez ubicada en el techo.
—Aquí está —anunció mientras volvía a activar su omni-herramienta.
La escotilla se abrió, revelando un compartimiento pequeño. Tali subió primero, estirando una mano hacia Maverick para ayudarlo a entrar.
—Ven, sube. Te va a encantar —dijo con entusiasmo.
Maverick aceptó su mano y entró al espacio. Era reducido, lleno de repuestos y mecanismos organizados de manera ordenada, pero lo que realmente capturó su atención fue el ventanal que dominaba la pared opuesta.
El cristal reforzado ofrecía una vista impresionante del espacio exterior. Las estrellas brillaban con una claridad magnífica, y los sistemas lejanos se entremezclaban en un mosaico de colores. Aunque la nave se movía a gran velocidad, las estrellas parecían suspendidas en el vacío, inmóviles y eternas.
—Hermoso, ¿no? —preguntó Tali, su voz apenas un susurro mientras se sentaba en el suelo frente al ventanal.
Maverick permaneció de pie por un momento, su mirada fija en la inmensidad que se desplegaba ante él. Finalmente, dejó escapar un leve suspiro.
—Sí. Lo es—
Tali abrazó sus piernas, recostando su cabeza sobre las rodillas mientras seguía mirando hacia el espacio.
—Cuando encontré este lugar, pensé que sería perfecto para estar sola... pero creo que es mejor compartirlo —dijo, girándose ligeramente hacia él.
Maverick la observó por un momento antes de sentarse a su lado, moviéndose con cuidado para no golpear el techo bajo del compartimiento.
—Gracias por traerme aquí. Es... especial — dijo, con un tono bajo pero sincero.
Tali inclinó ligeramente la cabeza.
—De nada. A veces necesitamos un lugar como este para recordar lo pequeños que somos frente al universo—
Maverick observó las estrellas en silencio, su mente viajando más allá del cristal. Finalmente, habló, su voz cargada de reflexión.
—Siempre me han recordado lo pequeñas que son nuestras guerras. Todo lo que hacemos parece insignificante frente a esto—
Tali asintió lentamente.
—Para mí, mirar las estrellas es una promesa. Una promesa de que algún día mi pueblo encontrará un lugar entre ellas— Dot apareció flotando cerca, observando junto a ellos. Esta vez permaneció en silencio, como si también respetara el momento.
—Es fácil olvidar lo vasto que es todo esto —murmuró el. Sus palabras llevaban un peso de melancolía, como si reflejaran algo que había perdido mucho tiempo atrás.
Ella lo miró de reojo, notando la intensidad de sus pensamientos.
—No todo está perdido, Maverick. El espacio también es un lugar de segundas oportunidades. Asi que no importa que sucedió en el pasado, seguimos avanzando —
El compartimiento quedó en calma. Solo el zumbido distante de la nave y el resplandor de las estrellas acompañaron a los dos. El silencio del compartimiento no era incómodo, pero estaba cargado de algo indefinido, como si ambos estuvieran buscando palabras que no terminaban de llegar. Tali seguía abrazando sus piernas, con la mirada fija en el espacio infinito más allá del ventanal. Seis, a su lado, permanecía tranquilo, pero sus ojos parecían analizar cada estrella como si estas pudieran responder a algo que él mismo no comprendía del todo.
—Es curioso, ¿sabes? —comenzó Tali, rompiendo la calma. Su tono era ligero, pero había un matiz de duda en él.
—¿Qué cosa? —preguntó, girando ligeramente su cabeza hacia ella.
Tali jugó con los bordes de su capucha, como si buscara distraerse mientras pensaba en qué decir.
—Que alguien como tú... alguien tan... no sé, sólido —dijo finalmente, luchando por encontrar la palabra adecuada — pueda quedarse tan quieto, tan... sereno, mirando esto—
Maverick arqueó una ceja ante el comentario.
—¿Sólido? —repitió, su voz mezclando curiosidad y un leve matiz de diversión.
Tali dejó escapar una risa breve, aunque nerviosa.
—No sé cómo describirlo. Eres como esas estatuas enormes que he visto en las ruinas: imponentes, pero también solitarias. Es difícil imaginarte... aquí, compartiendo este momento—
El Spartan se quedó en silencio por un instante, procesando sus palabras.
—No siempre fui así, Tali —Su respuesta fue suave, casi un susurro — Creo que en algún momento, olvidé cómo... moverme por mi cuenta—
Tali giró su cabeza hacia él, intrigada.
—¿Moverte por tu cuenta?—
Maverick miró hacia el ventanal, evitando su mirada.
—Las misiones... las órdenes... siempre había algo que debía hacer. Algo que justificara cada paso que daba. Aquí... —hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas— aquí es diferente—
Tali lo observó, el brillo de sus ojos detrás del visor más intenso que nunca.
—¿Diferente cómo?—
Maverick soltó un leve suspiro.
—No hay una razón para estar aquí ahora mismo. No hay órdenes. Solo... estoy. Es extraño—
El comentario hizo que Tali se quedara en silencio por un momento, sus dedos jugueteando con una pequeña herramienta que llevaba en su cinturón. Finalmente, habló, con un tono más suave.
—A veces, lo extraño es bueno— Él la miró por un instante, sus ojos claros mostrando un destello de algo que no podía definir del todo.
—Tal vez tienes razón— Tali dejó escapar una leve risa —Eso suena como un "tal vez sí, tal vez no"— El silencio volvió a llenar el pequeño compartimiento, pero no era incómodo. Tali miraba el ventanal, mientras sus pensamientos vagaban, y Maverick permanecía quieto a su lado, aunque su mente estaba lejos del lugar.
—¿Sabes? Cuando estoy aquí, me siento... más ligera. Como si todo lo que pesa en mi pecho se quedara atrás por un momento —dijo Tali de repente, con un tono suave.
Maverick asintió lentamente, sus ojos aún fijos en las estrellas.
—El espacio tiene esa forma de recordarte que, al final, solo somos pasajeros—
Ella giró su rostro hacia él, intrigada por su respuesta. Había algo en la forma en que lo dijo, como si cargara un peso invisible que no terminaba de soltar.
—¿Y tú, Maverick? ¿Qué te deja atrás el espacio?—
El Spartan tardó en responder. Cerró ligeramente los ojos, como si buscara la fuerza para elegir las palabras correctas. Las estrellas más allá del cristal parecían infinitas, pero en su mente, las veía como testigos de lo que había perdido.
—Me deja atrás todo lo que nunca pude proteger... y todo lo que no puedo decirle a nadie —dijo finalmente, con un susurro apenas audible.
Tali lo miró en silencio, sintiendo que había algo más en esas palabras, algo que él no podía o no quería revelar. Podía ver la tensión en su mandíbula, el modo en que sus manos se cerraban sobre sus rodillas, como si estuviera conteniendo algo que amenazaba con desbordarse.
—No tienes que cargar con todo tú solo, Maverick —dijo ella con suavidad, girándose para mirarlo directamente. Su voz era apenas un susurro, pero había una determinación firme en ella— No aquí —
Maverick la miró por un momento, y sus ojos reflejaban una mezcla de sorpresa y algo más, algo que no había esperado encontrar en ese momento.
—No siempre es tan fácil, Tali —respondió, su tono bajo, pero cargado de significado.
Ella mantuvo su mirada, sus ojos brillando tras el visor de su casco.
—No digo que lo sea... solo que, a veces, es más fácil cuando tienes a alguien que entiende, incluso si no conoce toda la historia—
Las palabras de Tali quedaron suspendidas en el aire entre ellos. Maverick las dejó resonar en su mente. Pensó en su equipo, el Noble Team, en los sacrificios que hicieron en Reach, en cómo había perdido a su familia de maneras que nunca podría explicar aquí, en este nuevo universo. Pero también pensó en Shepard, en el resto de la tripulación... y en Tali, en cómo la chispa de su entusiasmo y su curiosidad llenaban un vacío que él ni siquiera sabía que existía.
—Cuando miro las estrellas, no puedo evitar pensar en ellos — dijo finalmente, su voz cargada de melancolía — Mi equipo. Mis amigos. Fueron mi familia, y no pude salvarlos. Cada estrella me recuerda todo lo que perdí... y todo lo que ellos nunca verán— Concluyo, con su voz quebrándose al final.
Tali escuchó en silencio, sin interrumpirlo. Había algo sagrado en ese momento, algo que entendió que no debía romper. Cuando él terminó, habló con suavidad.
—No sé mucho sobre tu pasado, Maverick... pero sí sé que si ellos pudieran verte ahora, aquí, encontrarían orgullo en lo que eres— El giró su cabeza hacia ella, sorprendido por sus palabras. Durante un momento, el peso que cargaba parecía disiparse, aunque fuera solo un poco.
—Gracias, Tali —dijo finalmente, su voz más baja de lo habitual, pero cargada de sinceridad.
Tali sonrió detrás de su visor, aunque él no podía verlo.
—Siempre— Ambos volvieron su atención al ventanal, dejando que el silencio hablara por ellos. Pero esta vez, no era un silencio pesado. Era un silencio compartido, lleno de una comprensión tácita que ninguno de los dos necesitaba verbalizar.
Dot permaneció a un lado, observándolos. Aunque solía ser juguetona o sarcástica, esta vez se mantuvo en silencio. Incluso ella entendió que había algo especial en este momento, algo que no debía romperse.
Después de un rato, ella habló en voz baja, casi como si estuviera pensando en voz alta.
— Tal vez las estrellas no solo sean un recordatorio de lo que perdimos... tal vez también sean una promesa de lo que aún podemos encontrar—
Maverick dejó que las palabras de Tali se asentaran en su mente.
Miró hacia el infinito del espacio, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que tal vez ella tenía razón.
Publicación original:
Primeros avances, contenido adicional he interacción
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