Fría Burocracia
—Entrada a órbita en 30 minutos —la voz de Joker resonó por los altavoces de la nave, su tono profesional apenas disimulando su habitual ironía.
Aunque originalmente habían estipulado llegar a Noveria en 21 horas, la travesía se extendió debido a varias misiones encargadas por el almirante Hackett. Afortunadamente, la mayoría se resolvieron con relativa rapidez, por lo que el retraso no superó las 15 horas. Sin embargo, esas misiones, aunque anecdóticas en apariencia, dejaron cicatrices profundas.
Primero estuvo el caso de los científicos de Cerberus, quienes realizaron experimentos crueles enviando soldados al suicidio contra nidos de fauces trilladoras. El desenlace fue brutal: Toombs, el único sobreviviente de la masacre de Akuze, se quitó la vida tras asesinar al científico responsable frente a Shepard, quien no pudo convencerlo de bajar su arma.
Luego, un líder mafioso de los sistemas Terminus, Haliat, le tendió una trampa a Shepard, buscando venganza por el ataque Skylliano, en donde ella forjó su leyenda al repeler las hordas invasoras. Aunque la comandante salió victoriosa, el encuentro solo le manchó más las manos.
Ahora, la Normandía avanzaba hacia Noveria, pero el ambiente a bordo era diferente. Lo que solía ser un espacio de camaradería serena y, a veces, de risas, estaba cargado de una tensión palpable. Esto se debía principalmente a la ausencia de ánimo en los integrantes más enérgicos y alegres.
Ashley y Kaidan se encontraban juntos, limpiando y calibrando las armas que se apilaban en la mesa frente a ellos. La mayoría eran los repuestos que usaban los marines, mientras que otras eran el equipo personal de algunos del grupo, que se la habían entregado con la excusa de que hiciera lo mismo, pero en realidad era para ayudarla a distraerse. Alenko intentaba romper la tensión con comentarios ocasionales, pero ella apenas respondía, su mirada perdida en un punto distante. Solo ocasionalmente asentía o forzaba una sonrisa tenue, como si intentara aparentar normalidad.
Tali estaba en un rincón de la bahía de carga, calibrando su escopeta una y otra vez. Cada movimiento era meticuloso, casi mecánico. Revisó el bloque de metal por quinta vez, asegurándose de que seguía en su lugar. Su mente parecía ausente, sus dedos trabajando en piloto automático mientras sus pensamientos seguían atrapados en los eventos recientes.
Del otro lado de la sala, Liara ocupaba su espacio cerca del ascensor. Sentada con las piernas cruzadas, tecleaba en su omni-herramienta, pero su postura y sus ojos delataban que no estaba realmente enfocada en lo que hacía. El brillo de su visor no lograba ocultar las sombras en su mirada, reflejo de las imágenes que no podía borrar de su mente.
Maverick no estuvo presente durante la misión, pero bastó con observar las expresiones sombrías y los movimientos tensos de sus compañeros al regresar para entender que algo terrible había sucedido. Se acercó a Shepard y, con su manera directa, pidió explicaciones. La comandante resumió los eventos de manera objetiva, aunque no pudo ocultar el pesar en su voz mientras hablaba del suicidio de Toombs y las circunstancias que llevaron a ello.
- Inicio del flashback -
Maverick esperó en la bahía de carga mientras los demás regresaban. Uno a uno fueron descendiendo del macko, y aunque sus expresiones hablaban por sí solas, él estaba atento a alguien en particular. Finalmente, Tali bajó última. Su postura era rígida, y aunque su rostro estaba oculto por su visor, los rastros de sangre fresca en su traje y el temblor de sus manos le decían todo lo que necesitaba saber.
Tras escuchar a su comandante, y sin mediar mas palabra, se dirigió a buscarla. Su recorrido lo llevó por toda la nave sin éxito, hasta que un pequeño detalle llamó su atención: la compuerta que daba al ventanal privado estaba mal cerrada. Sin dudarlo, la abrió y entró.
Ahí la encontró, acurrucada en posición fetal, con la cabeza escondida entre las rodillas. Las manchas rojas seguían visibles en las fibras de su traje, exceptuando la capucha. Tali no reaccionó al principio, perdida en su propio caos interno.
—Ven conmigo —le dijo Maverick con tono firme, sin dejar lugar a discusión. Se inclinó ligeramente para tomar su brazo y la guió fuera del compartimiento, casi arrastrándola mientras ella lo seguía en silencio, confusa y claramente afectada.
El camino hasta los baños fue corto, y una vez dentro, Maverick buscó entre los compartimentos hasta encontrar una esponja y un trapo limpios. Encendió el agua, ajustando la temperatura, y luego señaló un taburete.
—Siéntate—
Tali abrió la boca para protestar, pero su voz temblorosa apenas logró un murmullo.
—No tienes que...—
—Siéntate —repitió él, esta vez más suave, pero igualmente firme.
Ella obedeció, aunque su postura era rígida, sus manos apretadas en su regazo. Maverick se arrodilló frente a ella y, sin decir más, comenzó a limpiar su traje. Lo hizo con movimientos lentos y metódicos, concentrándose en las manchas que aún persistían, especialmente en los brazos, pecho y visor.
Tali lo observaba en silencio, al principio incapaz de relajarse. Pero a medida que él continuaba, su mente, aún atrapada en los eventos recientes, encontró algo reconfortante en la monotonía de sus movimientos. Maverick trabajaba con una paciencia infinita, su atención completamente enfocada en cada detalle.
Después de un rato, él hizo una pausa, levantando la mirada hacia su rostro, oculto tras el casco.
—Sé lo que pasó ahí fuera. Sé que fue horrible. Pero no tienes que cargar con esto sola.—
Tali desvió la mirada, soltando palabras en un susurro cuando finalmente respondió.
—No estaba preparada para algo así... No pensé que...—
—Nadie está preparado para cosas así. Ni siquiera yo —respondió Maverick, su tono calmado pero lleno de convicción, recordando momentáneamente su pasado — Pero seguir adelante no significa ignorarlo. Significa enfrentarlo, y eso no tienes que hacerlo sola—
Tali lo miró por unos segundos antes de asentir lentamente. Su cuerpo comenzó a relajarse, aunque la tensión en sus hombros aún no desaparecía del todo.
—Gracias... —murmuró, apenas audible.
Cuando terminó de limpiar, Maverick se levantó y dejó los utensilios a un lado.
—Si necesitas algo, sabes dónde encontrarme —dijo antes de salir, dejándola sola para procesar el momento.
- Fin del flashback -
Regresando al presente, Maverick observó a sus compañeros desde su lugar en la bahía de carga. Todos estaban lidiando con sus propios demonios, cada uno a su manera. Shepard hacía lo posible por mantenerlos unidos, pero incluso para ella era evidente que las tensiones del grupo no desaparecerían pronto. Él entendía ese peso, quizás mejor que ninguno de ellos. Después de todo, había cargado con su propia soledad durante mucho tiempo, luchando con recuerdos que nunca se desvanecían.
Incluso los más curtidos, como Garrus y Wrex, parecían más taciturnos que de costumbre. Garrus, usualmente tan mordaz y seguro, había trabajado en silencio durante horas, ajustando una y otra vez un rifle que ya estaba perfectamente calibrado. Wrex, por su parte, se mantenía en una esquina, sus ojos observando con dureza al resto del grupo, pero sin la chispa habitual de sarcasmo o desafío en su actitud. En este momento, nadie parecía dispuesto a levantar unos ánimos que rozaban el suelo, así que el silencio incómodo reinaba en el espacio.
Shepard estaba en el centro de todo, la figura que todos miraban para encontrar fortaleza. Su rostro reflejaba la carga de decisiones que pesaban sobre ella y las vidas que no pudo salvar. Mientras organizaba las tareas para la misión en Noveria, echó un vistazo a su equipo. Conocía esas miradas; eran las de personas intentando mantener la compostura mientras lidiaban con lo que habían visto y hecho. Era un recordatorio de que, aunque fueran soldados, todos tenían límites.
Un suspiro pesado escapó de los labios de la comandante mientras se acercaba a la quariana, quien seguía absorta en su escopeta.
—¿Cómo estás, Tali? —preguntó Shepard, con un tono más suave de lo habitual, acercándose con cautela.
La joven tardó en responder. Sus dedos continuaban manipulando el arma, revisando con precisión cada componente, pero su mirada estaba lejos.
—Bien... Estoy bien, comandante. Solo... asegurándome de que todo esté en orden —respondió finalmente, su voz algo apagada.
Shepard inclinó ligeramente la cabeza, observándola. Sabía que esas palabras no eran del todo ciertas, pero no insistió.
—Si necesitas algo, lo que sea, no dudes en pedírmelo, ¿sí? —dijo con sinceridad, dejando la puerta abierta para cuando estuviera lista.
Tali asintió, murmurando un leve "gracias" antes de volver a centrarse en su trabajo. Aunque parecía inmersa en la tarea, sus manos se movían con una lentitud poco característica, como si cada movimiento pesara más de lo habitual.
A unos metros, Liara levantó la vista de su omni-herramienta, atrapando el intercambio entre Shepard y Tali. Un destello de tristeza cruzó sus ojos. No necesitaba palabras para entender que no era la única luchando por procesar lo ocurrido. La doctora había intentado refugiarse en datos y análisis, pero los recuerdos de la misión seguían presentes, inquebrantables.
Desde las espaldas de la joven mecánica, Maverick observaba todo en silencio, cruzado de brazos, con una expresión impenetrable. Aunque había aprendido a ocultar sus emociones bajo una máscara de disciplina, las tensiones del equipo no le eran ajenas. Él sabía lo que era cargar con un pasado lleno de decisiones imposibles y pérdidas irreparables. Sin embargo, mantenerse como un pilar de estabilidad era su forma de ayudar, aunque nadie se lo pidiera.
Dot apareció flotando junto a él, rompiendo la calma con su tono burlón habitual.
—Todo este silencio me está deprimiendo. ¿Quieres que haga una lista de chistes malos? Puedo empezar con los de Joker —sugirió, su forma de intentar aligerar la atmósfera.
Maverick lanzó una mirada breve hacia la IA antes de sacudir ligeramente la cabeza.
—No ahora, Dot —respondió con un tono sereno, pero firme. La pequeña IA flotó en silencio, algo poco común en ella, respetando el estado de ánimo de su compañero.
El ambiente pesaba sobre todos, pero sabían que no podían permitirse llevar esas sombras consigo a la próxima misión. Noveria los esperaba, y con él, nuevos desafíos que requerirían de lo mejor de cada uno. Cada miembro del equipo tendría que encontrar la forma de enfrentar sus miedos y seguir adelante, pero por ahora, el silencio era todo lo que compartían.
- Minutos después -
— SSV Normandía a control. Solicito permiso para aterrizar —dijo Joker con su tono profesional característico, aunque con un matiz de ironía apenas perceptible mientras ajustaba los controles.
La respuesta de la torre de control no tardó en llegar, y fue todo menos amigable.
—Denegado. No tienen permiso ni cita programada. Las armas están activas, SSV Normandía—
Joker lanzó una mirada rápida hacia Shepard, quien estaba de pie detrás de él, con los brazos cruzados y una ceja ligeramente arqueada. Sonriendo de lado, el piloto ajustó la velocidad de la nave mientras continuaba acercándose al puerto.
—Asuntos del Consejo. Tenemos un Espectro a bordo —respondió con un tono pícaro, dejando caer las palabras con la confianza típica que lo caracterizaba.
Hubo un breve silencio al otro lado de la comunicación, roto solo por el zumbido de los sistemas de la Normandía. Finalmente, la voz del operador de la torre regresó, esta vez con menos firmeza y más prisa.
—Permiso concedido. Se les solicitarán identificaciones al desembarcar. De no ser confirmadas, la fragata será confiscada—
Joker dejó escapar una risa breve y burlona, reduciendo la velocidad de la nave mientras la dirigía hacia el área de seguridad designada.
—Ya sé dónde voy a pasar mis vacaciones cuando tenga permiso. Son muy hospitalarios aquí, ¿no crees, comandante? —bromeó, girándose levemente hacia Shepard mientras hablaba.
Ella negó con la cabeza, pero una leve sonrisa se dibujó en su rostro.
—Solo asegúrate de no añadir otro "incidente diplomático" a nuestra lista, Joker — replicó con un toque de humor antes de girarse y dirigirse hacia el puente.
—Entendido, comandante. Será un aterrizaje suave y sin problemas... como siempre — Su respuesta llegó justo antes de que ella desapareciera por la puerta, provocándole una sonrisa más amplia.
Mientras la Normandía se preparaba para el procedimiento de aterrizaje, el equipo comenzó a alistarse. Noveria, con su clima gélido y su reputación de secretos peligrosos, los esperaba con promesas de caos.
Aceptando esta realidad, el equipo se reunió junto a su líder. Al pasar por el escáner, la IV de la Normandía avisó sobre la descompresión de la cámara, nivelándola con la presión del exterior. Una vez finalizado el proceso, la compuerta se abrió con un chasquido metálico. El frío viento del planeta los golpeó de inmediato, dándoles la bienvenida de la manera menos hospitalaria posible.
Saliendo por el pasillo desplegado, el grupo tuvo su primer vistazo claro del puerto de embarque. El lugar era frío y funcional, diseñado para la eficiencia, no para la comodidad. Las paredes de metal pulido reflejaban la tenue luz blanca de las lámparas empotradas en el techo, creando un ambiente clínico que rozaba lo estéril. Cada detalle parecía cuidadosamente calculado: corredores estrechos, líneas de seguridad bien marcadas y consolas ubicadas estratégicamente junto a las puertas principales.
El eco de sus pasos resonaba contra el suelo metálico, apenas amortiguado por alfombrillas antideslizantes colocadas en áreas más transitadas. Una leve brisa helada se filtraba desde los sistemas de ventilación, un recordatorio constante de que más allá de estas paredes metálicas se encontraba un páramo inhóspito.
El frío era implacable, colándose por las juntas de los trajes y mordiendo la piel expuesta de los más desprevenidos.
—Esto es horrible —se quejó Garrus, abrazándose a sí mismo en un intento inútil de encontrar algo de calor.
—Totalmente de acuerdo —añadió Tali, sus movimientos rígidos delatando el impacto del frío a pesar de su traje ambiental.
Liara, aunque no dijo nada, respiraba entrecortadamente; el cristal de su casco se empañaba levemente con cada exhalación.
Wrex, por su parte, mantenía su expresión habitual de dureza, aunque el leve temblor de sus extremidades lo traicionaba. Su mirada evitaba las burlas habituales; incluso él parecía sentir la incomodidad.
Entre los humanos, la situación era ligeramente mejor. Aunque Kaidan y Ashley mostraban claros signos de incomodidad, ninguno se quejó. Maverick, sin embargo, parecía completamente ajeno al clima. Caminaba con calma, sus ojos recorriendo cada rincón del lugar, analizando con precisión cada detalle.
La entrada estaba tan fría como el exterior: paredes de metal pulido y un diseño minimalista que no hacía nada para retener el calor. Los guardias de seguridad los observaban atentamente, sus posturas rígidas y sus miradas evaluadoras reflejaban un entrenamiento riguroso y una desconfianza inherente. Al fondo, el zumbido constante de las máquinas llenaba el aire, acompañado por el ocasional golpe de compuertas cerrándose y los murmullos apagados de las consolas.
Unos drones flotaban a lo largo del corredor, sus lentes rojos brillando mientras emitían un suave zumbido. Sus movimientos eran precisos, casi coreografiados, mientras escaneaban al grupo meticulosamente. Cada vez que un haz de luz azul los alcanzaba, el aire parecía vibrar con una leve tensión.
—No me caen bien —comentó Dot, flotando junto a Maverick. Su tono, lleno de desdén, no ocultaba su disgusto hacia las máquinas.
El Spartan no respondió, enfocándose en el entorno, mientras sus sentidos captaban cada detalle del lugar: los zumbidos de los drones, el sonido apagado de los sistemas de ventilación y las miradas constantes de los guardias que parecían seguirlos desde las sombras.
El ambiente del puerto no hacía nada por aliviar el ánimo. El frío se colaba por cada rendija, y el aire seco y reciclado tenía un ligero olor a metal oxidado, como si la instalación estuviera tan desgastada como las políticas que la regían.
Tali, temblando ligeramente, apresuró el paso para alcanzar a Maverick. Sus movimientos eran rígidos, y aunque trataba de mantener la compostura, el leve chirrido de su traje al moverse delataba su incomodidad. Una vez a su lado, activó el canal privado que compartían.
—¿Si? —respondió él tras el característico pitido que indicaba la conexión. Aunque su tono era neutral y calmado, el castañeteo de los dientes de Tali se filtró por la comunicación, delatando su estado.
—Tu traje... ¿Por qué no encendiste el calentador? —preguntó Maverick, desviando su mirada hacia ella mientras sus movimientos rígidos captaban su atención.
—Está encendido —replicó ella, su frustración evidente— pero aún tengo frío. Debí haber mejorado los calefactores antes de venir. Soy una idiota —añadió, golpeando suavemente los controles de su omniherramienta como si eso fuera a cambiar algo.
Él guardó silencio por un momento, evaluando sus palabras y observándola de reojo. Aunque su tono era de irritación, Maverick percibió un matiz de vulnerabilidad en sus gestos y en la forma en que apretaba sus manos.
—No eres una idiota, Tali. Es un ambiente extremo. Nadie viene aquí preparado al cien por ciento —respondió finalmente, con un tono bajo pero firme, intentando calmarla.
Tali lo miró a través de su visor, aunque este ocultaba cualquier emoción que pudiera reflejar su rostro.
—Gracias... pero aún tengo frío —admitió con un susurro apenas audible.
Maverick estaba a punto de responder cuando su atención se desvió hacia los guardias. Estos comenzaban a rodearlos lentamente, sus posturas tensas y las manos descansando cerca de sus armas. Los pasos de las botas contra el suelo metálico resonaban en el pasillo, marcando un ritmo inquietante. Sin perder la calma, Maverick movió disimuladamente su mano hacia la empuñadura de su magnum, preparándose para cualquier eventualidad.
La conversación quedó en suspenso mientras avanzaban hacia el detector de metales y las consolas de escaneo. El frío, la vigilancia constante y la atmósfera opresiva amplificaban la tensión del momento.
Las luces frías que iluminaban el corredor parpadeaban ocasionalmente, lanzando sombras erráticas contra las paredes de acero pulido. Los sistemas de seguridad emitían pitidos rítmicos, y las puertas automáticas se cerraban con un sonido sordo, como si quisieran recordarles que estaban siendo observados desde cada ángulo.
Maverick lanzó una última mirada a Tali, cargada de un mensaje silencioso pero claro: "Mantente firme". Luego centró toda su atención en los guardias, sus sentidos alerta ante el menor indicio de amenaza.
El grupo apenas avanzó unos pasos más cuando los guardias bloquearon su camino. La líder del contingente, una mujer de cabello castaño recogido en un moño ajustado, levantó una mano para detenerlos.
—Ni un paso más —ordenó con voz firme.
La atmósfera, ya fría y pesada, se volvió aún más helada.
Los rifles de los guardias, que habían estado desenfundados desde hacía rato, parecían un recordatorio visual de la autoridad que intentaban imponer. Los dedos descansaban peligrosamente cerca de los gatillos, y sus ojos evaluaban cada movimiento del grupo.
Shepard dio un paso al frente, su postura mostrando autoridad sin caer en la confrontación directa.
—No venimos a causar problemas —dijo, su tono firme pero controlado.
La capitana Matsuo, sin embargo, no mostró señales de relajarse.
—Es una llegada no prevista. Necesito sus credenciales —respondió con un tono que denotaba más recelo que protocolo.
Shepard cruzó los brazos, su paciencia comenzando a agotarse.
—Primero tú —replicó, su voz igual de cortante.
Un guardia intentó interrumpir, su tono cargado de autoridad:
—Somos la ley. No deberían...—
Pero Matsuo lo silenció con un movimiento de cabeza antes de que pudiera terminar la frase.
—Capitana Maeko Matsuo de Elanus Risk Control Services —se presentó finalmente, con una mezcla de formalidad y desdén.
La presentación pareció calmar ligeramente la tensión, aunque no lo suficiente como para que Maverick abandonara las estrategias mentales que había preparado en caso de un enfrentamiento.
La pelirroja respondió con un tono firme:
—Comandante Shepard. Soy un espectro.—
Un murmullo recorrió al grupo de guardias, pero una de las mujeres, de cabello corto y expresión severa, dejó escapar un comentario con desdén:
—Qué estupidez, señora... —
El comentario provocó miradas de advertencia de varios miembros del equipo. Wrex dejó escapar una sonrisa burlona mientras Tali resoplaba suavemente, su indignación apenas contenida.
Antes de que Matsuo pudiera decir algo más, una voz femenina, claramente nerviosa, resonó en los altavoces:
—¡Alto! Identidad confirmada. Los espectros tienen permitido la portación de armas—
Los guardias de Elanus bajaron sus armas casi al instante, y Matsuo dio un paso atrás, claramente molesta pero resignada.
—Espero que no causen más disturbios. Vayan a recepción y hablen con Parasini-san —dijo antes de girarse para retirarse junto a su equipo.
El grupo relajó mínimamente su postura, aunque la desconfianza seguía latente.
—Bueno, salió mejor de lo que esperaba —comentó Ashley, guardando su rifle con una sonrisa descarada. Un hilo de moco colgaba de su nariz debido al frío, un detalle que, combinado con su actitud despreocupada, le daba un aire cómico.
—¿De verdad? —replicó Garrus con sarcasmo, ajustándose su visor mientras sacudía la cabeza.
El aire gélido volvió a golpearlos, instándolos a entrar rápidamente al edificio. La bienvenida de Noveria, lejos de mejorar, parecía ser solo el inicio de una larga jornada.
Al ingresar a la recepción, el contraste con el exterior fue inmediato. El aire cálido y el sonido relajante de una cascada interior dieron al equipo un breve respiro. La fuente, estratégicamente ubicada, despedía vapor que se acumulaba en nubes ligeras alrededor de las escaleras laterales, creando un ambiente acogedor que chocaba con la fría hostilidad del puerto.
Distintas personas bien vestidas, de aspecto sofisticado, se encontraban repartidas por la sala. Aunque algunos parecían empresarios respetables, Ashley murmuró para sí misma:
— Simples mafiosos disfrazados de ejecutivos—
El grupo avanzó por los escalones hacia un mostrador central, donde un sistema de escáneres controlaba el acceso. Una mujer con un vestido escarlata los saludó desde el mostrador, haciendo una señal hacia Shepard para que se acercara sola.
La comandante comprendió el mensaje y, girándose hacia su equipo, les indicó que esperaran. Mientras ella avanzaba con cautela hacia la mujer, los demás aprovecharon el momento para relajarse un poco más.
Garrus se recostó contra la baranda de la cascada, dejando que el vapor caliente chocara contra su espalda.
—Esto está mucho mejor —comentó, cerrando los ojos por un instante.
Algunos esbozaron una ligera sonrisa mientras observaban el entorno, aunque otros permanecieron alerta, especialmente los más jóvenes del grupo. La tensión seguía latente; después de todo, su misión apenas había comenzado.
Shepard regresó tras su breve conversación con la mujer del mostrador. Su expresión era pensativa, pero no había dudas en su mirada; su determinación seguía intacta.
—Tenemos trabajo que hacer —anunció, reuniendo a su equipo.
Liara dio un paso al frente, sus manos entrelazadas nerviosamente frente a ella.
—Shepard, ¿mi madre está aquí? —preguntó con un hilo de voz. Su tono denotaba ansiedad, pero también un deseo de enfrentarse a lo que sea que estuviera por venir.
Shepard se detuvo por un momento antes de responder, mirándola directamente.
—No se encuentra aquí. Está en un complejo de laboratorios al otro lado de las montañas. Vamos a necesitar un permiso para salir —explicó con calma, aunque su voz no pudo ocultar cierta frustración por el obstáculo adicional.
—Más burocracia —murmuraron Garrus y Ashley al unísono, rodando los ojos. Ambos se miraron y soltaron una risa breve, compartiendo su molestia con un toque de humor sarcástico.
Mientras el equipo se preparaba para avanzar, Liara permaneció inmóvil, sus pensamientos arremolinándose. Había algo en el tono de Shepard, en la forma en que había pronunciado esas palabras, que la inquietaba. Bajó un poco la cabeza, imaginando lo que podría estar rondando en la mente de la comandante. Finalmente, alzó la mirada, reuniendo valor.
—Estoy segura de que tienes miles de preguntas y dudas sobre mí...yo...—comenzó, pero Shepard la interrumpió antes de que pudiera continuar. La pelirroja borró cualquier rastro de preocupación de su rostro, regalándole una sonrisa cálida y llena de confianza —No, Liara. Puede ser tu madre, pero tú eres parte de mi equipo. Confío en ti. Vamos —dijo con firmeza, girándose hacia el resto del grupo.
Liara parpadeó, sorprendida por la respuesta directa, y luego asintió con suavidad. Sus hombros parecieron relajarse un poco mientras seguía a Shepard junto con los demás. Las palabras de la comandante resonaban en su mente, disipando, al menos por ahora, las dudas que la habían atormentado.
El grupo ingresó al ascensor, sus pasos resonando levemente contra el metal pulido del suelo. Las paredes del elevador, hechas de vidrio reforzado, permitían ver la estructura interna de la instalación mientras ascendían lentamente. Los cables tensos vibraban apenas, generando un zumbido constante que se mezclaba con el suave susurro del sistema de ventilación.
Justo cuando las puertas se cerraban detrás de ellos, un mensaje automático resonó por los altavoces, interrumpiendo el silencio incómodo:
—Bienvenidos al puerto Hanshan, el mejor centro de investigación científica. Por su seguridad y privacidad, les pedimos que sigan las órdenes del equipo de seguridad. En caso de algún problema, nuestro personal administrativo está a su completa disposición. Gracias y disfruten su visita—
El tono era mecánico y cordial, pero su insistencia en la privacidad y la seguridad solo acentuaba la sensación de vigilancia constante.
Shepard cruzó los brazos mientras escuchaba, su ceño ligeramente fruncido. Kaidan, parado a su derecha, inclinó la cabeza con una expresión de escepticismo.
—Qué amables —comentó con sarcasmo justo cuando las puertas se abrieron nuevamente, revelando el nivel principal de la instalación.
El espacio que se extendía frente a ellos era amplio, diseñado con una arquitectura moderna que combinaba funcionalidad y lujo discreto. Las luces cálidas, suspendidas en hileras geométricas desde el techo, proyectaban un brillo uniforme que suavizaba los bordes metálicos de las paredes y pasillos. Cristales gruesos formaban las paredes de los corredores, permitiendo vistas parciales a otras secciones de la instalación, aunque ciertas áreas permanecían estratégicamente ocultas tras cortinas opacas.
Los barandales de metal cromado delineaban las pasarelas elevadas, mientras que bajo ellas corrían ductos visibles que transportaban vapor y fluidos esenciales para la operación del complejo. El aire era cálido y seco, un marcado contraste con el frío implacable que aguardaba al otro lado de las gruesas ventanas.
Grandes ventanales ofrecían una vista hacia el exterior, aunque la tormenta de nieve azotaba el cristal con tanta fuerza que solo se distinguía un manto blanco en movimiento constante. Los copos de nieve se estrellaban contra el vidrio con un sonido sutil pero constante, un recordatorio de la hostilidad del entorno.
Mientras avanzaban, los ecos de sus pasos se mezclaban con murmullos bajos y conversaciones cortas provenientes de las figuras que transitaban por la zona. Eran hombres y mujeres vestidos con trajes elegantes, sus movimientos meticulosos, casi ensayados. Algunos lanzaban miradas fugaces al grupo, mientras que otros susurraban entre sí al ver a la comandante Shepard liderándolos.
—Parece que les avisaron de la llegada de un espectro —murmuró Garrus, lanzando un vistazo calculado hacia un guardia que vigilaba de cerca a un hombre con un traje particularmente caro.
Shepard, manteniendo su postura erguida y autoritaria, respondió sin mirarlo:
—Hay que tener cuidado. No hagan ni digan cosas que nos pongan en desventaja.
Mientras el grupo avanzaba, las miradas curiosas y ocasionalmente recelosas seguían cada uno de sus movimientos. La tensión era palpable, pero el equipo sabía cómo manejar estas situaciones.
De repente, Maverick se detuvo, sus brazos relajados a los lados pero su postura mostrando una alerta contenida.
—Algo pasó en el Pico 15 y con una empresa llamada Synthetic Insights —dijo en voz baja, lo suficiente para que solo su grupo lo escuchara.
El grupo se giró hacia él con expresiones de sorpresa y curiosidad. Liara dio un paso adelante, frunciendo el ceño.
—¿A qué te refieres? —preguntó, claramente desconcertada.
Maverick, sin inmutarse, tocó el costado de su casco, justo donde estaba ubicado su oído.
—Sentido agudizado —respondió secamente, su voz tan neutral que era difícil discernir si estaba bromeando o hablando en serio.
Liara levantó una ceja, insatisfecha con la respuesta, pero los demás intercambiaron miradas antes de asentir levemente. Ya estaban acostumbrados a las habilidades inesperadas del Spartan.
—Parece que obligaron a firmar un acuerdo de confidencialidad sobre el Pico 15. Sobre la empresa, un tal Lorik Qu'in es el responsable de su oficina en el planeta, y no creo que esté en buenos términos con alguien llamado Anoleis —continuó Maverick, cruzando los brazos mientras esperaba instrucciones.
Shepard se detuvo, procesando la información mientras se llevaba una mano al mentón.
—Conozco Synthetic Insights. He oído hablar de ellos en la extranet. Y Anoleis...es el administrador al que debemos pedirle el permiso —dijo, su mente comenzando a trazar un plan. Una sonrisa astuta se formó en sus labios.
—Parece que tenemos chantaje —agregó Ashley, sonriendo con entusiasmo al captar la posible ventaja.
—Bien hecho, Maverick —felicitó Shepard, asintiendo en su dirección antes de girarse para reanudar la caminata.
Mientras Shepard lideraba al grupo hacia la oficina del administrador, las luces cálidas del puerto Hanshan proyectaban sombras alargadas sobre las cascadas artificiales que adornaban la plaza central. El sonido relajante del agua chocando contra las piedras contrastaba con la tensión palpable en el aire. Rodeando el espacio, otras fuentes menores vertían agua sobre un recorrido de rocas pulidas que terminaban en depósitos al nivel del suelo. Aunque la decoración era sofisticada, había una ironía en la elección: algo tan común y natural en un lugar diseñado para la eficiencia y el secretismo.
Al llegar al final de los escalones principales, un guardia apostado a un costado los observó de reojo. Su mirada apenas duró un instante antes de desviarse rápidamente cuando Maverick respondió a su curiosidad con un breve asentimiento. La interacción fue lo suficientemente sutil como para no llamar la atención del resto del equipo, pero el Spartan ya lo había catalogado como un posible riesgo.
Giraron a la derecha, rodeando una pared divisoria que separaba los espacios comunes de las áreas más restringidas. La entrada estaba custodiada por dos turianos que, aunque armados, no mostraron signos de detenerlos. Más allá de la puerta, la habitación de espera era funcional y carente de ostentación. Algunas estaciones de extranet estaban alineadas contra las paredes, y las mesas con sillas se ubicaban en las esquinas para quienes necesitaran tiempo para revisar documentos o reuniones breves.
En el centro de la sala, una columna metálica se erigía como un pilar de soporte, reflejando la luz con un brillo opaco. Tras una puerta de cristal, se podía ver a una mujer de cabello recogido y vestido rojo, Parasini, quien se levantó de su asiento al notarlos.
—Bienvenidos. Esperaba su llegada —dijo Parasini con una sonrisa cordial mientras avanzaban hacia ella.
Shepard, siempre directa, le devolvió el saludo con un tono serio.
—Como pediste. Quería hacerle algunas preguntas—
Parasini asintió, manteniendo su semblante amable y profesional. Sin embargo, su postura y la forma en que sus manos se juntaban con suavidad hablaban de alguien acostumbrado a lidiar con interrogatorios, un detalle que no pasó desapercibido para los veteranos del grupo. Aunque ninguno de ellos hizo ningún movimiento que pudiera comprometer la conversación, las miradas cautelosas entre ellos eran suficientes para captar su desconfianza.
—Le contestaré lo que pueda —respondió Parasini con calma.
Shepard no perdió tiempo.
—Escuché cosas del Pico 15. ¿Ha ocurrido un accidente?—
La mujer se mantuvo impasible, aunque Maverick, que observaba con atención desde el fondo, notó un leve cambio en la tensión de sus hombros antes de responder.
—Bueno, se dice mucho tras una interrupción con las comunicaciones del complejo. Algunos empleados deberían revisar sus contratos de confidencialidad y dejar de extender rumores falsos. Pero le puedo asegurar que solo son eso: rumores.
Maverick, más concentrado en sus análisis que en las palabras de la secretaria, activó un escáner discreto en su HUD. Detectó la presencia de un arma oculta entre las pertenencias de Parasini, perfectamente camuflada para pasar desapercibida al ojo común. El Spartan tensó ligeramente la mandíbula al procesar la información, pero Dot, flotando a su alrededor, lo interrumpió con su habitual tono sarcástico.
—Tranquilo, no va a hacer nada. Al menos, no si quiere terminar como un colador —dijo mientras daba pequeñas palmadas en su brazo, sus nanobots provocando ligeros pinchazos eléctricos.
De vuelta a la conversación, Shepard seguía presionando.
—¿Binary Helix es el alquilador del complejo?—
—Correcto —confirmó Parasini sin perder su tono profesional.
Shepard entrecerró los ojos, su postura relajada dando paso a una más desafiante.
—¿Entonces "todos callan y agachan la cabeza"?—
La secretaria no perdió la compostura, respondiendo con la agilidad verbal de alguien acostumbrado a lidiar con situaciones incómodas.
—"Las lenguas largas hunden las ganancias". Solo queremos que la producción se mantenga y el servicio al cliente siga siendo de excelencia. Usted habla con una claridad poco común en estos lados—
Shepard suspiró suavemente, volviendo a adoptar una postura más relajada, lo que también tranquilizó visiblemente a Parasini.
—Quería hablar con Anoleis—
Por primera vez, un destello de incomodidad cruzó el rostro de la secretaria antes de asentir.
—Por supuesto—
Girándose hacia su consola, apretó un botón para abrir el canal de comunicación con la oficina del administrador.
—Señor Anoleis —llamó, manteniendo su tono cortés.
La respuesta llegó casi de inmediato, con una voz masculina cargada de irritación.
—¿Qué? ¿Qué?—
—La comandante Shepard quiere hablar con usted —anunció Parasini, ignorando su malhumor.
El hombre tardó un segundo en responder, y cuando lo hizo, su tono había cambiado, aunque seguía sonando apresurado.
—Ah... sí, sí. Déjala pasar—
El canal se cortó abruptamente, pero no antes de que Maverick notara un ligero cambio en la respiración de Anoleis al escuchar el nombre de Shepard, una mezcla de alerta y cálculo.
Parasini se giró hacia el grupo, su sonrisa de nuevo en su lugar.
—Bueno, puede pasar, comandante—
Shepard asintió y avanzó hacia la puerta de la oficina del administrador, seguida de cerca por su equipo. El ambiente en el corredor era tenso, con el eco de sus pasos resonando ligeramente en las paredes metálicas. Parasini, mientras tanto, volvía a su asiento, retomando sus tareas con una aparente indiferencia que el grupo sabía era solo una fachada. El pasillo que los llevó a la oficina estaba desprovisto de decoración innecesaria. Las paredes de metal liso reflejaban la tenue luz cálida de las lámparas empotradas. Al llegar, la puerta se deslizó con un suave zumbido, revelando un espacio que, aunque funcional, no carecía de detalles llamativos.
La oficina de Anoleis era un reflejo de su personalidad: austera, eficiente y ligeramente ostentosa en los lugares adecuados. Dos grandes rocas decorativas flanqueaban la entrada, rodeadas de macetas altísimas que albergaban plantas perfectamente podadas, cuyos follajes parecían casi fuera de lugar en un entorno tan corporativo.
Un dron de combate flotaba silenciosamente en el aire, sus sensores activándose de manera metódica al registrar la presencia de los recién llegados. Su zumbido bajo y constante apenas era audible, pero la amenaza implícita era clara para todos.
En el centro, un escritorio amplio dominaba la habitación, abarrotado de terminales y documentos electrónicos. Anoleis estaba sentado tras él, trabajando frenéticamente como si cada segundo perdido fuera una tragedia personal. A un costado, una estantería se destacaba, repleta de libros, datapads y una selección de botellas que sugerían un gusto por el licor más allá de lo meramente recreativo.
Sin molestarse en darles la bienvenida, el salariano apenas levantó la vista para observarlos antes de continuar tecleando. Unos segundos después, se detuvo y se apoyó en la mesa, entrelazando los dedos mientras los miraba con una sonrisa cínica que no alcanzaba sus ojos.
—Lamento no levantarme a saludar. No tengo tiempo que perder en provincianos de las colonias —soltó, su voz cargada de sarcasmo y un cinismo que parecía afilado con práctica.
Shepard, sin inmutarse, respondió con una ligera inclinación de cabeza y un tono igualmente frío.
—Veo que leíste mi hoja de servicio—
El comentario provocó una sonrisa sardónica en el salariano, quien dejó escapar una pequeña risa seca.
—Solo un imbécil negociaría con alguien sin saber sus tendencias —respondió con un gesto teatral, inclinando la cabeza con falsa deferencia. Luego continuó, su tono volviéndose más agudo—. Pero debo decir que esto no es más que decoro. No voy a admitir ni intercambiar nada sin el permiso de la junta directiva. Aquí se viene para obtener resguardo de la ley galáctica.
Shepard cruzó los brazos, su postura denotando paciencia agotada.
—Por lo que escuché, tienen problemas para mantener la seguridad por aquí —dijo, su voz calmada pero firme.
El salariano arqueó una ceja, aunque un destello de irritación cruzó su rostro antes de recuperar la compostura.
—Oh, no sea ingenua. La mayoría de nuestras instalaciones se manejan con sutileza e independencia. Nosotros somos una muralla aislante entre el interior y el exterior. En todo caso, la última palabra la tienen los jefes de proyecto, no políticos entrometidos —replicó, haciendo un gesto amplio con las manos como si cerrara el tema.
Shepard inclinó ligeramente la cabeza, evaluándolo, antes de cambiar de tema.
—Bien. ¿Tiene información sobre Saren?—
Anoleis levantó una mano para ajustar un pequeño dispositivo en su escritorio antes de responder.
—¿El espectro renegado? Es uno de los mayores accionistas de la corporación Binary Helix—
—¿Entonces está desarrollando armas? —preguntó Shepard, sus ojos estrechándose.
—Conociendo sus intereses, es probable. Pero eso es asunto suyo, no nos interesa a nosotros —respondió con desdén, como si el tema fuera irrelevante.
—Escuché que hubo problemas con el Pico 15—
El salariano suspiró, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—Sí, se cortaron las comunicaciones por mal clima. Las cosas volverán a la normalidad en unos días —dijo, su tono mecánico como si repitiera un guion preestablecido.
Shepard dejó escapar un pequeño suspiro de frustración antes de formular su siguiente pregunta.
—Busco a una matriarca asari. Su nombre es Benezia—
Anoleis se enderezó ligeramente, sus ojos brillando con una chispa de interés.
—Ah, sí. Vino hace unos pocos días. Llegó con escolta y una carga. Se encuentra en el Pico 15—
El grupo intercambió miradas tras escuchar la respuesta, algunas dirigidas instintivamente hacia Liara. La asari mantuvo la cabeza baja, aunque sus hombros tensos traicionaban la angustia que intentaba ocultar.
Shepard continuó, ignorando las reacciones de su equipo.
—¿Qué clase de escolta?—
—Guardaespaldas, lo común. En específico, comandos asari—
Al escuchar esto, Maverick sintió que los recuerdos de la estación médica regresaban a su mente con una intensidad perturbadora. Las palabras de la última asari que enfrentó resonaron en su memoria como un eco insistente, llenando el silencio momentáneo.
Tali, sin ocultar su desconfianza, intervino.
—¿Comandos? Me sorprende que no te preocupe su presencia —dijo, su tono cargado de incredulidad.
Anoleis soltó una pequeña carcajada, sus ojos bailando con desdén.
—Mi estimada quariana, estamos acostumbrados a lidiar con todo tipo de personas aquí. Su presencia es un pequeño precio a pagar por los beneficios que obtienen las empresas que operan bajo nuestra protección.
El intercambio terminó con un silencio denso. Cada miembro del equipo procesaba la información mientras Shepard mantenía sus ojos clavados en Anoleis, buscando grietas en su fachada de eficiencia fría y profesionalismo.
—¿La carga? —preguntó la pelirroja con voz firme, rompiendo el silencio.
—Grande, pesada y sellada. Pasó el detector de armas, así que no es de interés —respondió el salariano rápidamente, como si ya esperara la pregunta. Sus dedos tamborilearon sobre la superficie del escritorio, un gesto de impaciencia mal disimulada.
Shepard entrecerró los ojos, evaluando su respuesta.
—Necesito verla—
Anoleis negó con la cabeza, su tono adquirió un matiz cortante.
—Imposible. El Pico 15 es una instalación privada en las montañas Skadi. Además, las lanzaderas no pueden operar en la ventisca, y el acceso desde la superficie está cortado.
—Hmm... mencionaste el acceso desde la superficie... —dijo Shepard, dejando la frase abierta mientras levantaba una ceja.
El salariano alzó la barbilla, su postura tornándose más rígida.
—Está cortado, y el camino no está en condiciones. No haga esto un problema, comandante —dijo, tratando de restar importancia al tema, aunque su tono dejaba entrever que prefería evitar más preguntas.
Garrus bufó con visible molestia, cruzando los brazos.
—Problema, dice. Mejor déjalo, Shepard. Un espectro siempre tiene sus formas de obtener acceso —comentó el turiano con un deje de sarcasmo, mirando fijamente al administrador.
Shepard miró de reojo a su compañero, su semblante endurecido por un instante antes de suavizarse. Su expresión habitual de calma y liderazgo se impuso mientras regresaba su atención al salariano.
—Muy bien, ¿qué vino a hacer aquí Benezia?—
Anoleis inclinó ligeramente la cabeza, su tono monocorde volviendo a dominar.
—Si lo supiera, no es algo para divulgar. Vino en representación de Saren. Asuntos pendientes con la corporación en el Pico 15—
Shepard estaba a punto de seguir cuestionándolo, pero el salariano levantó su omniherramienta con irritación, su semblante mostrando un destello de frustración.
—Me complacería que se apurara con sus preguntas. Cada minuto que malgasta son doce créditos perdidos para la compañía. Le llevo la cuenta —dijo, entrelazando sus dedos nuevamente y apoyándose en el escritorio.
Ignorando su queja, Shepard continuó.
—¿Qué sucedió con Synthetic Insights?—
El comentario golpeó al administrador con fuerza. Anoleis se removió visiblemente en su asiento, ajustando su postura mientras evitaba el contacto visual directo. El grupo no pasó por alto su incomodidad.
—Lorik Qu'in, el administrador de la oficina en Hanshan, está siendo investigado. No puedo revelar más —respondió finalmente, su tono seco pero cargado de irritación.
Shepard asintió lentamente, marcando el final de la conversación. Sin decir una palabra más, se giró hacia la salida, liderando al equipo fuera de la oficina. Anoleis soltó un comentario por lo bajo, lo suficientemente alto como para que todos lo escucharan:
—Espléndido, casi hace que la compañía gaste todo el ancho de banda por el tiempo perdido—
Los bufidos de irritación no se hicieron esperar entre el grupo. Wrex soltó una pequeña risa burlona, mientras que Ashley murmuraba algo inaudible para el resto, aunque por su tono claramente no era nada amable.
Al cruzar el pasillo principal, fueron detenidos nuevamente, esta vez por la secretaria Parasini, quien se levantó de su escritorio y se acercó a ellos con movimientos medidos y discretos.
—Comandante, nunca ha trabajado en el mundo corporativo, ¿verdad? —comentó, su tono sugería tanto burla como consejo —En la burocracia, no puedes abrirte paso a los golpes—
Garrus y Wrex intercambiaron una mirada rápida, y ambos dejaron escapar sonrisas ladinas.
—Para eso cargamos armas y no una pancarta de campaña política —soltó Ashley, su sarcasmo más afilado de lo habitual, ganándose algunas miradas sorprendidas del grupo.
La pelirroja levantó una mano, calmando el intercambio.
—Eso parece. ¿Puede ayudarme?—
Parasini se acercó aún más, su expresión transformándose en una mezcla de seriedad y complicidad.
—Busque a Lorik Qu'in. Él podría ayudarla a chantajear a Anoleis. No puedo decir más aquí. No donde puedan escucharme —susurró antes de regresar a su escritorio, retomando sus tareas con la misma eficiencia despreocupada de antes, como si nada hubiera ocurrido.
El grupo salió de la recepción en silencio, procesando lo que acababan de escuchar. La plaza central del puerto Hanshan los recibió nuevamente con su aire ligeramente más cálido y sus fuentes burbujeantes.
—Supongo que tendremos que hacer lo que pensamos desde el inicio. Bendita burocracia —bromeó Kaidan, caminando junto a Ashley y Garrus, su tono una mezcla de resignación y humor.
Shepard se adelantó ligeramente, liderando al grupo hacia los hoteles. Su mente trabajaba en un plan mientras el equipo la seguía, bajando la tensión por lo pasado.
Un ascensor los llevo hasta la sala, esta vez, era mucho mas movido que el otro, con distintas charlas y comidas en las mesas que se esparcian por el lugar. Aunque no pudieron ver mucho, ya que fueron llamados por una voz apenas ingresaron.
Una asari con un vestido amarillo se encontraba en la esquina del lugar, su postura impecable y mirada incisiva destacaban entre la multitud relajada del hotel. Cuando Shepard se aproximó, la mujer no perdió el tiempo y fue directo al grano:
—El varón humano del bar. Es un representante de ventas de Binary Helix. Se llama Rafael Vargas. Quiero que hables con él —dijo con un tono que sugería que estaba acostumbrada a dar órdenes y a que se cumplieran sin cuestionamientos.
Shepard frunció ligeramente el ceño ante la repentina exigencia.
—Eh... ¿nos conocemos? —preguntó, manteniendo una distancia cautelosa mientras estudiaba a la asari con curiosidad.
La mujer mostró una leve sonrisa, más de cortesía que de amabilidad.
—Todos te conocen. Eres una figura pública. Al menos eso piensa Vargas, y eso te hace ideal para este trabajo. Creerá que estás aquí para exponer sus trapos sucios, distrayéndolo de mis... intenciones verdaderas.
La comandante cruzó los brazos, aumentando la intensidad de su mirada.
—¿Y por qué no lo haces tú?—
La asari no pareció inmutarse.
—Ya me descubrió. Sabe que no soy una cliente legítima —respondió con calma, como si la pregunta fuera irrelevante.
Shepard ladeó la cabeza, buscando el motivo detrás de la petición.
—¿Y para qué quieres que lo distraiga? No sé nada de Binary Helix —replicó, su voz cargada de escepticismo.
—Represento al consejo de una empresa que desarrolla amplificadores bióticos en Thessia. Nos preocupa que Binary Helix esté recopilando información que podría amenazar nuestros intereses —respondió con un tono calculador y profesional, mientras su mirada se mantenía fija en Shepard.
Liara, que había permanecido en silencio hasta entonces, intervino con una mezcla de curiosidad y escepticismo.
—Debes de ser del consejo de Armali. No se dedican a amplificadores bióticos, ¿cómo podrían ser una amenaza para ustedes?—
La asari giró su atención hacia la joven doctora, mostrando un leve gesto de paciencia.
—Descubrimos que poseen unidades asari, comandos. Nos preocupa que estén vulnerando la propiedad intelectual de nuestra gente. Requiero tu ayuda para introducir un virus en su enlace remoto y así espiar su red de datos —explicó con precisión, como si cada palabra hubiera sido ensayada previamente.
Shepard negó con la cabeza, sin cambiar su postura.
—Quizás creas que ostento este uniforme por capricho, pero representa que sirvo y protejo la ley. No la violo —declaró con firmeza, su tono cargado de molestia ante la insinuación.
Por primera vez, la asari pareció ligeramente exasperada.
—¿Y crees que Binary Helix no viola la ley? ¿Que no espía a otras compañías? —cuestionó, intentando razonar con Shepard.
La comandante mantuvo su posición.
—Que ellos se pudran en su propio lado. Yo no hago eso —respondió con frialdad antes de dar media vuelta y alejarse, su equipo siguiéndola de cerca.
El grupo intercambió miradas, algunos con un atisbo de admiración por la integridad de Shepard, mientras otros parecían reflexionar sobre su postura.
La decoración del hotel se hacía más evidente a medida que avanzaban. Una gran roca central rodeada por un holograma en forma de anillo emitía suaves pulsos de luz, creando un efecto hipnótico. Los hologramas decorativos parecían estar por todas partes, proyectando patrones abstractos en las paredes, mientras una música relajante llenaba el espacio, amortiguando las conversaciones de los comensales.
Finalmente, en una de las mesas, encontraron a un turiano sentado cómodamente, rodeado de vasos y botellas dispersas. Su porte tranquilo y su sonrisa relajada lo identificaron de inmediato como Lorik Qu'in, el hombre que buscaban.
—Hola, ¿usted es Lorik Qu'in? —preguntó Shepard al aproximarse con paso firme pero controlado.
El turiano levantó la vista, su sonrisa se amplió al verlos.
—Claro. Ven, siéntate y pide algo —respondió, haciendo un gesto hacia las sillas cercanas. Al notar el tamaño del grupo, se encogió de hombros con una expresión que parecía decir: "no todos caben".
Shepard tomó asiento frente a él, rechazando cortésmente su oferta.
—No será necesario. Vengo porque creo que puedes ayudarme—
Lorik se recostó en su silla, tomando un sorbo de su vaso antes de responder.
—Ah, tú eres el espectro recién llegado. ¿En qué puede ayudarte este viejo turiano?—
—Necesito acceso al garaje. Debo ir a los complejos —dijo Shepard sin rodeos.
El turiano ladeó la cabeza, evaluando su petición con interés.
—Interesante. Y resulta que tengo un pase. Soy el supervisor de la oficina local de Synthetic Insights...al menos por ahora—
Mientras hablaba, se sirvió otro trago, pausando para saborearlo antes de continuar.
—El lugar fue cerrado por el administrador, supuestamente como parte de una investigación por corrupción en mi contra. Pero, a decir verdad, Anoleis... bueno, digamos que es un hombre muy aficionado a llenarse los bolsillos, y desde que es el encargado de los alquikeres, pues...ya sabes—
Shepard entrecerró los ojos.
—Curiosa coincidencia—
Lorik soltó una breve risa.
—Lo es... —admitió, con un tono sarcástico.
Se inclinó hacia adelante, su sonrisa adquiriendo un toque conspirativo.
—Tengo pruebas incriminatorias contra el administrador. Envió a sus matones a registrar mi oficina y robar esos documentos. Si logras detenerlos y recuperar la información, te daré el pase al garaje. Incluso añadiré una suma de créditos como agradecimiento.
—¿Y tienes algún plan? —preguntó Shepard, su tono neutro pero atento.
El turiano asintió, su mirada brillando al escuchar sus palabras.
—Entre los matones hay guardias de Hanshan, pagados extraoficialmente. Matsuo no sabe nada de esto, pero tendrás que pasar sobre ellos—
La declaración provocó un ligero murmullo entre los miembros del equipo, especialmente Tali y Garrus, que intercambiaron miradas tensas.
—¿Estás sugiriendo que mate a los guardias? —cuestionó Shepard, su tono se volvió más frío.
Lorik se encogió de hombros con desinterés.
—Son corruptos. Dudo que tengas problemas éticos con eso... ¿o sí?—
Antes de que Shepard pudiera responder, Maverick intervino, colocando una mano en su hombro.
—Déjamelo a mí —dijo con calma, su tono bajo pero seguro.
La comandante lo miró, evaluándolo cuidadosamente antes de asentir con un leve gesto.
Lorik observó la interacción con curiosidad antes de sacar un pase y un pequeño chip de su bolsillo, entregándolos a Maverick.
—Este pase te permitirá entrar a las oficinas. El chip descargará los archivos necesarios. Solo te pido que no manches mi alfombra, ¿de acuerdo?—
Maverick tomó los objetos, revisándolos brevemente antes de guardarlos en su armadura. Mientras se alejaba, el grupo lo observó en silencio, cada uno reflexionando sobre la misión que tenían por delante.
Shepard volvió a mirar a Lorik, su tono firme pero neutral.
—Espero que valga la pena—
El turiano levantó su vaso con una sonrisa despreocupada.
—Lo será, comandante. Créeme, lo será—
Aunque la conversación parecía haber terminado, los ojos de Lorik no se despegaron de Maverick, observándolo con discreción y cuidado. Algo en su actitud despertaba la alerta del espartano, quien notó que nadie en Hanshan lo miraba con la sorpresa habitual que su presencia solía generar. Esa falta de reacción era inquietante, un detalle que lo mantenía más alerta de lo normal.
Con calma, Maverick guardó los objetos que le entregaron en su cinturón, su gesto casi mecánico mientras su mente evaluaba el siguiente paso. Cuando levantó la cabeza, notó que todo el grupo lo observaba.
—¿Qué pasa? —preguntó, algo incómodo por las miradas repentinamente concentradas en él.
Shepard arqueó una ceja, cruzándose de brazos con un leve aire de ironía.
—Bueno, me tomaste la palabra, así que supongo que tienes un plan—
Maverick asintió con naturalidad.
—Sí. Mientras caminábamos por las instalaciones, escaneé los alrededores y generé un mapa con ello—
Sin esperar más, se alejó unos pasos de las multitudes y retiró un pequeño módulo neuronal de la base de su nuca, conectándolo a Dot. Una proyección holográfica comenzó a materializarse frente a ellos, su tonalidad ámbar vibrante capturando la atención del grupo.
—Según lo que recopilé, puedo desactivar las defensas y la energía que alimentan la oficina si hackeo el panel de ingeniería que se encuentra aquí —explicó, señalando un punto en el holograma, justo dentro del hotel.
Liara y Tali intercambiaron miradas de asombro, claramente impresionadas por el nivel de detalle en el mapa proyectado. Ambas parecían intrigadas por el aparato que sostenía Maverick, aunque sus expresiones también reflejaban cierta cautela. Garrus, Wrex y Ashley se mantuvieron en silencio, dejando la evaluación táctica en manos de Shepard, mientras Kaidan escuchaba atentamente con el ceño ligeramente fruncido.
—Es una buena idea —comentó Shepard tras un momento, aunque su expresión denotaba reservas — pero no voy a permitir el asesinato de guardias. Esto puede solucionarse pacíficamente—
—Sí, escuché lo que dijiste antes —respondió Maverick con tranquilidad—. No voy a matarlos. Por eso debo ir yo. Tengo experiencia en este tipo de misiones. Puedo entrar y salir sin un baño de sangre... al menos, en este caso—
El tono seco y directo de su declaración dejó al grupo momentáneamente perplejo. Wrex dejó escapar una breve risa ronca, mientras Ashley negaba con la cabeza, visiblemente incrédula.
Shepard reflexionó unos segundos antes de asentir.
—Bien, hazlo—
Maverick volvió a colocar el módulo neuronal en su nuca, encajándolo con un suave clic antes de girar el cuello para acomodarlo.
—Esperen aquí. No tardaré—
Sin más, se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Tali lo siguió con la mirada hasta que su figura desapareció tras una esquina.
—¿Siempre es así? —preguntó Liara, su tono mezclando curiosidad y ligera incomodidad.
—Sí, te acostumbrarás —respondió Ashley con una sonrisa.
Liara se volvió hacia Shepard, su expresión denotando cierta duda.
—Comandante, no soy militar, pero creo que acaba de sobrepasar tu jurisdicción como líder—
Shepard suspiró, pero mantuvo su postura firme.
—Puede que sí, pero lo tiene ganado, al igual que todos en mi equipo. Maverick cumple las órdenes al pie de la letra y las ejecuta eficientemente, sin margen de error. Además, sus intervenciones siempre son una mejor opción que las que tengo frente a mí en ese momento. Es algo que espero de todos ustedes—
La respuesta parecía destinada a cerrar la conversación, pero al notar el escepticismo en el rostro de Liara, Shepard añadió:
—Es poco ortodoxo, lo sé. Pero, ¿acaso pretendemos serlo? Estamos cazando a un espectro renegado que podría traer el fin de la galaxia con ayuda de seres ancestrales. Creo que necesitamos algo de extravagancia, ¿no?—
Con esas palabras, Shepard se dirigió hacia una de las mesas cercanas y se dejó caer en una silla con un leve suspiro de relajación. Los demás intercambiaron miradas, algunos sonriendo ante la lógica inusual de su líder. Garrus y Wrex se acercaron, mientras Kaidan y Ashley la siguieron, buscando asientos cercanos.
Liara, aún procesando las palabras de Shepard, sintió una palmada amistosa en el hombro de Tali, quien intentó aliviar la tensión con un gesto comprensivo. Poco a poco, el grupo comenzó a dispersarse por la zona, esperando pacientemente el regreso de Maverick.
Ambas se dirigieron hacia una mesa algo apartada del grupo principal, guiadas por una necesidad tácita de calma tras las tensiones acumuladas. El hotel estaba lleno de pequeños rincones diseñados para la privacidad, y escogieron uno con una vista discreta de la gran roca central rodeada por el holograma anular. La música relajante del lugar parecía amortiguar el ruido de las conversaciones circundantes, creando una atmósfera extrañamente tranquila para un sitio tan concurrido.
Ambas se sentaron en sillas de diseño minimalista, con respaldos bajos y cómodos cojines. Tali cruzó las piernas, ajustando su traje ambiental con un movimiento automático mientras activaba su omniherramienta, aunque no parecía realmente interesada en usarla. Liara, por su parte, se acomodó con más cuidado, observando el holograma de la roca con un aire ausente antes de dirigir su mirada hacia Tali.
Por un momento, el silencio entre ellas se sintió pesado, aunque no incómodo. Era como si ambas estuvieran buscando las palabras adecuadas para iniciar una conversación que ninguna sabía cómo abordar. Finalmente, fue Liara quien rompió el hielo.
—Tali, ¿cómo te encuentras? —preguntó con suavidad, inclinándose un poco hacia adelante.
La quariana levantó la vista, sorprendida por la pregunta directa. Dudó antes de responder, su voz ligeramente temblorosa al principio.
—Estoy... bien. Bueno, tan bien como se puede estar aquí. Este lugar me resulta un poco... asfixiante. Demasiado frío, demasiado controlado. ¿Y tú?—
Liara asintió lentamente, sus ojos azules buscando algo en la expresión oculta de Tali.
—Siento lo mismo. Noveria tiene una atmósfera que se siente... artificial. Como si todo estuviera diseñado para mantener a las personas a raya, para ocultar algo—
La joven quariana soltó un leve resoplido, que sonó casi como una risa.
—Sí, y creo que estamos justo en el medio de otra ventisca—
Un momento de silencio siguió a su comentario, pero esta vez fue Liara quien lo rompió, su tono más curioso que antes.
—Tali, quería preguntarte algo... si no te importa—
—Claro, dime —respondió la quariana, inclinándose ligeramente hacia adelante, su curiosidad reflejada en su postura.
Liara miró brevemente hacia la mesa donde estaban los demás antes de volver su atención a Tali.
—He notado que tienes una conexión con Maverick... algo diferente. Parece que lo conoces mejor que el resto de nosotros.
Tali se tensó un poco, sus manos moviéndose instintivamente hacia su omniherramienta, aunque no la activó.
—No diría que lo conozco tan bien. Es... reservado. Pero sí, hemos hablado más que con el resto—
Liara inclinó la cabeza, observando atentamente.
—¿Qué opinas de él? —preguntó, su tono deliberadamente neutral, aunque la curiosidad brillaba en sus ojos.
La quariana tomó unos segundos antes de responder, sus dedos tamborileando contra el borde de la mesa.
—Es difícil de explicar. Por un lado, parece... inquebrantable. Como si nada pudiera afectarlo. Pero luego hay momentos... pequeños momentos en los que ves que hay algo más debajo de esa armadura, algo que no comparte con nadie.
Liara asintió, procesando las palabras de Tali. Luego, con cierta timidez, añadió:
—¿Crees que es humano?—
La pregunta tomó a Tali por sorpresa, y por un instante, sus hombros se encogieron ligeramente, como si estuviera considerando sus palabras con mucho cuidado.
—Lo he pensado. No sé si es humano en el sentido convencional. Hay algo en él, en cómo se mueve, cómo piensa... Es diferente. Pero nunca me ha dado razones para desconfiar de él—
Liara reflexionó sobre esto mientras apoyaba los codos en la mesa.
—Apenas escuche cosas de el, pero me tramsnite una sensacion de extrañez, como si no perteneciera a ningun lado ¿No crees que es algo solitario?—
Tali se quedó pensativa, su mirada perdida en el holograma central de la sala. Finalmente, respondió con un tono más bajo:
—Sí, creo que sí. Pero no parece algo que eligiera. Es como si... estuviera acostumbrado a cargar con todo él solo, como si no supiera cómo dejar que alguien más lo ayude—
Liara inclinó la cabeza, intrigada.
—¿Por qué lo dices?—
—Cuando lo conocí, era como una pared. Todo en él gritaba distancia. Pero hubo momentos en los que mostró algo diferente... —Tali hizo una pausa, su tono volviéndose más suave mientras recordaba— Como cuando me ayudó después de la misión con los científicos. Yo estaba... en shock. Apenas podía pensar. Pero Maverick no dijo nada, no hizo preguntas. Simplemente me llevó a los baños, me limpió la sangre, y estuvo allí. No intentó consolarme con palabras vacías; solo... me dejó procesar a mi ritmo—
Liara la escuchó con atención, sus ojos reflejando empatía.
—Eso suena como alguien que entiende el dolor, pero que no sabe cómo compartir el suyo—
Tali asintió, mirando a la asari.
—Eso es exactamente lo que creo. Es como si llevara una barrera, pero no supiera cómo quitársela. Pero esta avanzando, el tiempo le esta derribando ese escudo que tiene — Dijo la ultima frase con los ojos en otra dirección, recordando su charla con Seis en el compartimiento, sus lagrimas servían como catalizador en sus memorias.
Después de unos segundos de silencio, Liara cambió ligeramente el tono, volviéndolo más ligero.
—Dime, ¿Cómo lo conociste? Me intriga cómo terminaste formando esa conexión—
La quariana soltó una leve risa, más genuina esta vez.
—Bueno... no fue exactamente el mejor comienzo. Nos conocimos cuando yo llegué herida a la sala médica de la Ciudadela, con un disparo en el abdomen. Maverick estaba allí. Me ayudó junto a una doctora. Después... me protegió—
—¿Protegió de qué? —preguntó Liara, su interés evidente.
—De una oleada de mercenarios que me estaban persiguiendo. Tuvo que enfrentarse a un jefe de guerra krogan y a una comando asari. Los detuvo él solo. Fue impresionante y aterrador a la vez—
Liara se llevó una mano al mentón, claramente impresionada.
—Es increíble que sobreviviera a eso. Parece... invencible—
—Eso pensé al principio. Pero cuanto más lo conozco, más me doy cuenta de que también está luchando con sus propias cargas —respondió Tali, dejando escapar un suspiro.
Liara sonrió ligeramente.
—Tal vez eso sea lo que lo hace humano, después de todo—
Tali miró a la asari y, por primera vez desde que comenzaron a hablar, le devolvió la sonrisa, aun si no podía verla. Ambas compartieron una mirada, y por primera vez desde que se sentaron, sintieron que la distancia entre ellas empezaba a acortarse. La conversación continuó en un tono tranquilo mientras las dos intentaban dar sentido a todo lo que habían pasado hasta ese momento. Liara, apoyando los codos en la mesa, entrelazó los dedos mientras observaba con curiosidad el visor de la quariana.
—Supongo que la Flotilla debe ser un lugar muy... único. Siempre he oído hablar de su unidad como pueblo, pero también de lo difícil que puede ser vivir en ella —comentó la asari con suavidad, dejando la frase abierta para que Tali respondiera como quisiera.
Tali ladeó ligeramente la cabeza, un gesto que transmitía tanto orgullo como resignación.
—Es única, sí. Pero también agotadora. Cada día, cada uno de nosotros debe trabajar para que el siguiente sea posible. No hay margen para el error. Y aunque estamos juntos, a veces siento que hay una distancia entre todos—
—¿Distancia? —preguntó Liara, su tono lleno de curiosidad genuina.
—Es difícil explicarlo... Pero creo que tiene que ver con esto —dijo Tali, levantando una mano enguantada y señalando su traje.
—Este traje nos protege, nos permite sobrevivir. Pero también nos aísla. Es una barrera física que se siente emocional—
Liara asintió lentamente, su mirada reflejando empatía.
—Debe ser difícil no poder tocar algo directamente, sentirlo...—
—Lo es —admitió Tali, dejando escapar una leve risa sin humor— Pero aprendes a vivir con ello. Al menos, eso es lo que me repito cada vez que siento que me estoy ahogando dentro de este traje—
Hubo un momento de silencio entre ambas, roto solo por el suave zumbido de los hologramas girando alrededor de la roca central. Los demas bromeaban y hacain alborotos por su lado, como si se desconectaran del mundo a su exterior y crearan su propia burbuja.
Ashley, quien ya hace rato notaban decaída y agresiva, se encontraba jugando a las pulseadas contra Garrus, como si nada hubiera pasado. Siendo vitoreados mientras competían, las dos alienigenas se miraron entre si, riendo por la escena.
— Creo que entiendo porque es que Maverick eligió trabajar con ustedes —Dijo Liara, viendo de reojo a la quariana.
— Si. Apenas son unas semanas, pero parecen años enteros con todo lo que pasamos — Contesto Tali, dejando caer su cabeza con el respaldo, relajada.
El viento y la nieve chocaban con los ventanales, violentas. La tormenta incrementaba, y ellos solo se relajaron, a la espera del siguiente paso en el gélido mundo de Noveria.
Publicación original:
Primeros avances, contenido adicional he interacción
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