Entre Picos y Hielos


Nota:

Este ha sido el capitulo mas largo que he escrito. Agradecería infinito si me remarcan algún error en el texto, ya que se me pudo pasar alguno durante la revisión. Sin mas, espero que lo disfruten.

¡Feliz año nuevo atrasado! :D


La tenue luz que emanaba de las lámparas chocaba contra los escritorios de la oficina, creando sombras alargadas que distorsionaban el espacio. El ambiente, de por sí estéril y despersonalizado, se veía interrumpido por gruñidos y maldiciones que cortaban el silencio. Un grupo de matones, ahora en funciones de guardias para ERCS, rebuscaba frenéticamente entre papeles y muebles. Sin embargo, lo que buscaban estaba fuera de su alcance, escondido tras una puerta blindada que, a pesar de sus esfuerzos, seguía impenetrable.

A medida que la frustración crecía, sus voces se alzaban, discutiendo entre ellos. Aunque habían sido advertidos sobre la posibilidad de que Shepard y su equipo intervinieran, no se sentían realmente amenazados. Para ellos, el espectro recién nombrado no era más que una novata ocupada en disfrutar los privilegios de su título.

Pero entonces, algo cambió.

Las luces de la oficina se apagaron de golpe, sumiendo el lugar en una oscuridad total. Los ventanales, que apenas dejaban pasar los débiles rayos de luz filtrados por la ventisca exterior, eran ahora su único resguardo contra las penumbras. El silencio se hizo más pesado, interrumpido solo por el zumbido de las máquinas y los pasos amortiguados de algo o alguien que no podían ver.

Un frío distinto al del ambiente empezó a apoderarse de ellos, no en sus cuerpos, sino en sus mentes. Los radios comenzaron a emitir estática y sus linternas parpadeaban sin razón aparente. Algunos intentaron bromear, pero sus voces sonaban huecas, carentes de convicción.

En el primer piso, un pequeño grupo de guardias trataba de llamar a sus compañeros en la planta superior, pero no obtenían respuesta. Las paredes que delimitaban la mitad de la sala formaban un laberinto que solo aumentaba su sensación de encierro.

—Hay que salir de este lugar —murmuró una mujer de baja estatura, apretando su escopeta con ambas manos. Sus ojos buscaban desesperadamente algo en la oscuridad, como si esta pudiera devolverle una respuesta.

—Ni hablar. Esto es una broma del idiota de Rodríguez, y no voy a perder mis créditos por culpa de un inmaduro infeliz —gruñó un hombre mayor con una barba bien cuidada y cicatrices que acentuaban sus facciones endurecidas. Su tono firme parecía suficiente para calmar momentáneamente al grupo.

Guiándose por las luces mortecinas que entraban desde los ventanales, caminaron con cautela, pegados a las paredes. Cada paso parecía resonar más fuerte, como si la misma oficina estuviera conspirando contra ellos. El sonido de chasquidos y golpes, a veces cerca, a veces lejanos, se intensificaba a su alrededor, como si algo los rodeara.

Finalmente, alcanzaron las escaleras que llevaban al nivel inferior. Abandonando el resguardo de los ventanales, comenzaron a subir.

—Jorge, te voy a reventar la cab... —El líder no pudo terminar su frase. La tensión ya pesaba sobre sus hombros cuando sus compañeros se detuvieron en seco al acercarse al cuerpo en los escalones. El guardia caído aún portaba su arma, sostenida entre sus manos como si fuera un acto reflejo. Sus ojos se movieron con cautela, y justo cuando iba a dar órdenes, un escalofrío le recorrió la espalda. Se giró para hablar, pero entonces descubrió que sus compañeros habían desaparecido. La escopeta de Julieta estaba tirada en el suelo, abandonada como único vestigio de su presencia.

Su respiración se aceleró. Apretó los dientes y levantó su rifle, apuntando hacia la penumbra. Durante un instante, pareció encontrar valor en su soledad. Pero antes de que pudiera dar un paso más, un susurro suave, casi imperceptible, se deslizó detrás de él.

—Oh...—

Fue todo lo que alcanzó a decir antes de sentir el frío metálico del destino cerrándose a su alrededor. En ese momento, entendió que no se trataba de una broma. La parca lo había encontrado, y la oscuridad se lo llevó sin dejar rastro.

El Hotel y las Apuestas

Charlas casuales se contrastaban con los susurros suspicaces que envolvían la sala del hotel. Rodeando la piedra de gran tamaño, empresarios tomaban sus bebidas en mesas circundantes. Algunos empleados se centraban en hacer tareas pendientes con sus computadores.

Pero, robándose toda la atención del lugar, el extravagante grupo del espectro humano, Shepard, había iniciado una ronda de apuestas por retos que comenzaron con pulseadas y escalaron hasta desafíos que involucraban coquetear con algún dueño de una empresa multimillonaria. En este último reto, ganaba quien lograba sacar más créditos.

La ganadora resultó ser Liara, quien lo atribuyó a la extraña obsesión que tenían los jóvenes de otras razas por las asari. Su comandante se resignaba a observarlos, vigilando que no hicieran ninguna estupidez, al menos no demasiado grave.

A decir verdad, ella no comprendía cómo lograron causar tanto caos en cuestión de minutos. Wrex estaba a su lado, parado de brazos cruzados como solía hacerlo. La pelirroja se había sentado junto a Garrus, pero él se fue en cuanto Ashley le propuso una pulseada.

La mayoría estaban amontonados en una sola mesa, haciéndose espacio como podían. Tali era la única excepción junto a Wrex; estaba en el lugar que había ocupado el turiano. La pequeña se había alejado de la bulla hace un par de minutos. No le cuestiono sus razones, limitándose al cómodo silencio que había entre los tres. Aunque, aun si no abrió su boca para hablar, noto una actitud rara en ella. Sus ojos alternaban entre la entrada y su omniherramienta, la cual estaba usando para revisar el comunicador.

Tomándose solo unos segundos, Shepard concluyó que la repentina actitud de la quariana era por la tardanza de Maverick. Ciertamente, la tarea no era sencilla, al menos no para alguien común. Pero teniendo en cuenta de a quien se referían, si era algo preocupante su ausencia. Se habían acostumbrado a sus aterradoras capacidades, aceptado los misterios que lo rodeaban, e incluso olvidado las preguntas que habían prometido hacerse. Podría escucharse exagerado, o dramático incluso. La comandante le dio vueltas durante sus travesías, renegando con la idea de tanto misticismo tras un solo hombre. Ya era suficiente con Saren y los Segadores machacando sus sesos, casi literalmente por las visiones de la baliza.

¿Realmente era de confiar alguien así?

Otro grito del grupo la sacó de sus pensamientos. Kaidan había utilizado biótica para vencer al turiano, ganándose insultos y vítores por igual. Una sonrisa cansada se le formó al ver la escena, la cual había atraído las molestas miradas de las personas cercanas.

El recuerdo del momento en que se unió el Spartan le hizo volver a sus divagaciones, esta vez con una conclusión que acompañó al zumbido del ascensor a sus espaldas. Las pisadas contra el metal fueron lo único que necesitaron para saber quién era. La imponente figura de Seis se asomó por el pasillo, saludando con calma al equipo mientras se acercaba.

Adelantándose, Tali se levantó de su asiento y se colocó a su lado. Hablando por su canal privado, ambos se detuvieron por un momento. Sea cuales fueran sus palabras, el hombre le asintió, posándole una mano en el hombro con suavidad.

Siguiendo el ejemplo de la quariana, todos se reunieron junto a él. Shepard había observado toda la escena con atención. Pensativa, volvió a sonreír, pero esta vez con alegría. Irguiéndose, soltó un suspiro.

—Bien, ¿qué conseguiste? —dijo, expectante.

Mirando a su líder, el soldado le extendió un chip de datos junto a un pad. Lo primero la satisfizo, mientras que lo segundo la intrigó. Observando con curiosidad el aparato color naranja, Shepard lo tomó entre sus manos. La pantalla mostraba un archivo multimedia junto a un documento.

—¿Y esto? —preguntó, examinando el dispositivo.

—Es sobre los guardias corruptos. Los neutralicé y entregué a Maeko —contestó Seis, señalando el pad con un leve movimiento de cabeza. Ashley, sin contenerse, le palmeó la espalda en señal de felicitación.

Al abrir la imagen, se reveló una escena que arrancó carcajadas de los presentes. Un grupo de hombres y mujeres estaba arrodillado, la mayoría con expresiones de absoluto terror. La razón de su reacción era evidente: Maverick, sentado despreocupadamente en un contenedor, limpiaba su magnum con calma intimidante. La imagen tenía una descripción que no tardó en llamar la atención: "Tienes que pasarnos su currículum, Shepard."

Las risas del equipo llenaron el aire, junto con más felicitaciones dirigidas al Spartan. Ella, aunque compartió una sonrisa, pasó al siguiente archivo con una mezcla de curiosidad y profesionalismo.

El documento contenía un informe detallado de lo ocurrido, junto con un mensaje de agradecimiento de Matsuo. La capitana mencionaba que no se entrometería en los asuntos del espectro, pero advertía que el acto cometido era un crimen grave con un culpable identificado. Sin embargo, como gesto de confianza hacia Maverick, dejaba el procedimiento en manos del equipo para que actuaran como consideraran más adecuado.

—Oh... y también está Parasini —añadió Seis, como si fuera un detalle menor.

—¿Parasini? —preguntó Garrus, alzando una ceja.

—Resulta que es una agente de asuntos internos de Noveria. Necesita nuestra ayuda para destapar a Anoleis, y cree que tú podrías convencer a Qu'in para que testifique —explicó Maverick con su tono habitual.

El equipo quedó en silencio por unos instantes, procesando la información. Las expresiones de sorpresa eran evidentes, especialmente en Kaidan y Ashley, que intercambiaron una mirada de incredulidad.

—Me brindó algo de informacion sobre Benezia y el Pico 15. Nos permitirá acceder al garaje si cooperamos —concluyó Seis, girando ligeramente el cuello para liberar la tensión acumulada.

Shepard guardó el pad con firmeza. Con la decisión ya tomada, avanzo hacia Lorik Qu'in, quien permanecía en una mesa en el extremo del lobby. El turiano, relajado en apariencia, dejaba a su paso botellas vacías, signo de que había estado aprovechando el tiempo mientras esperaba. A pesar de su postura despreocupada, sus ojos seguían cada movimiento de Shepard con una mezcla de interés y sospecha.

—Ah...veo que tu soldado volvió. ¿Trae lo mío, espectro? —dijo con su característico tono sarcástico, dejando otra botella vacía en la mesa con un gesto casi teatral.

Shepard no se dejó intimidar, manteniendo su expresión seria mientras se cruzaba de brazos frente a él.

—Sí, pero también se encontró con un agente de asuntos internos. Quieren que testifiques contra Anoleis—

Las palabras provocaron un cambio en la actitud de Qu'in. Su sonrisa se desvaneció brevemente antes de regresar, ahora más forzada. Se recostó en la silla y dejó escapar un suspiro teatral.

—¿O sea que me van a decir cómo usar mi propia investigación? No, gracias. Perdón, Shepard, pero no voy a meterme en un circo mediático—

Shepard inclinó ligeramente la cabeza, dejando que su mirada recorriera el entorno del lobby. Las figuras elegantes que llenaban las mesas circundantes parecían atrapadas en conversaciones superficiales, sin preocuparse por los problemas que realmente moldeaban sus vidas.

—Mira a tu alrededor, Lorik. Todos aquí están bajo el yugo de Anoleis. Podrías ser el héroe que Noveria necesita —dijo con calma, dejando que sus palabras calaran en él.

El turiano bufó, apartando la mirada hacia una de las ventanas.

—Héroe, dices. Shepard, dependemos de la junta. Me estás pidiendo que pierda mi trabajo voluntariamente—

Maverick, quien había estado observando en silencio, dio un paso al frente. Su voz grave y precisa resonó en el espacio.

—La junta quiere deshacerse de Anoleis. Tú eres la pieza clave que necesitan. No es perder tu trabajo; es ganar algo mucho mejor—

La intervención del Spartan pareció desarmar la resistencia de Qu'in. El turiano lo miró con intensidad, como si intentara descifrar algo detrás de la fría máscara de Maverick. Finalmente, dejó escapar un suspiro pesado y se inclinó hacia adelante.

—Bien, testificaré. Habla con tu contacto de asuntos internos, Shepard. Me quedaré aquí esperando—

Ella asintió con satisfacción antes de girarse hacia su equipo, quienes observaban el intercambio desde una distancia prudente. La determinación en sus ojos dejó claro que tenían un plan en marcha.

- Minutos después -

—¡¿Cómo te atreves?!—Los gritos de Anoleis resonaban desde su oficina, atravesando la recepción como un eco cargado de indignación. Sin embargo, los guardias permanecían impasibles en sus posiciones, sin mover un músculo.

—¡Haré que no vuelvas a trabajar en este sector nunca más!— vociferó Anoleis, luchando inútilmente por zafarse del firme agarre de Parasini. La agente de asuntos internos lo sujetaba con resolución, sus pasos firmes resonando contra el suelo metálico mientras lo arrastraba hacia la salida.

El salariano pataleaba y agitaba los brazos en un vano intento de liberarse, su rostro una mezcla de furia y humillación. Parasini, por su parte, mantenía una expresión imperturbable, aunque en sus ojos brillaba un destello de satisfacción contenida.

Cuando alcanzaron la recepción, Parasini se detuvo por un momento, encontrándose de frente con la pelirroja y su equipo. El grupo observaba desde un costado de la sala, claramente entretenidos por la escena, aunque manteniendo una apariencia neutral. Anoleis aprovechó la oportunidad para intentar apelar a la espectro.

—¡Shepard! ¡Shepard! ¡Detén a esta desquiciada!— gritó con desesperación, moviendo la cabeza de un lado a otro como si buscara apoyo entre los presentes. La agente, sin perder la calma, apretó su agarre y replicó con tono cortante:

—Tienes el derecho a guardar silencio, y ruego a dios que lo uses—

Con cada intento de resistencia, el salariano recibía un empujón adicional que lo hacía tambalear. El equipo intercambió miradas, algunas cargadas de diversión, mientras Ashley cruzaba los brazos y sonreía de lado, claramente disfrutando del espectáculo.

Finalmente, cruzó la recepción con Anoleis en dirección a la salida principal. Antes de desaparecer por las puertas, se giró brevemente hacia Shepard —Te debo una cerveza, comandante— dijo con un tono casi despreocupado, antes de empujar al administrador fuera de la vista.

El grupo permaneció en silencio por un momento, procesando lo ocurrido, hasta que Ashley rompió la tensión con una sonrisa sarcástica.

—Saben, creo que me empieza a gustar esto de la burocracia— comentó, provocando risas entre sus compañeros. Shepard dejó escapar un leve suspiro mientras ajustaba su omniherramienta, su mirada ya fija en el próximo objetivo. Sin perder más tiempo, señaló hacia el pasillo que llevaba al puerto —Vamos, tenemos a Benezia esperando en el Pico 15. Es hora de movernos—

El equipo se reorganizó rápidamente, sus pasos resonando con determinación mientras seguían a Shepard por la plaza del puerto. La luz artificial iluminaba el camino, reflejándose en el metal pulido de las paredes. Llegaron finalmente a las escaleras que llevaban al garaje, un espacio amplio y parcialmente iluminado por luces tenues que proyectaban sombras largas y cambiantes. Frente a la entrada, una guardia custodiaba la puerta, firme y atenta.

—El acceso al garaje está restringido. Requiere un pase —dijo con un tono profesional, aunque no exento de amabilidad, mientras levantaba su rifle ligeramente en un gesto precautorio.

Shepard extendió su omniherramienta, dejando que el dispositivo proyectara la autorización en el aire.

—Aquí lo tiene. Si no hay inconveniente, continuaremos —respondió con su tono característico de mando.

La guardia asintió, bajando el rifle y volviendo a su posición inicial con movimientos precisos.

—Adelante, comandante —respondió, dejando que el equipo avanzara.

Más allá de la entrada, el garaje reveló un caos ordenado: estantes cargados con piezas de repuesto, herramientas desperdigadas y contenedores apilados en un aparente desorden funcional. A un costado, un vehículo acorazado descansaba inmóvil, mientras que más adelante se encontraba su Mako, el diseño robusto e intimidante brillando bajo la tenue luz.

El equipo comenzó a dispersarse, explorando el espacio mientras revisaban su equipo y preparativos. Tali y Liara caminaron juntas hacia un rincón más tranquilo, la quariana revisando su omniherramienta mientras charlaban en voz baja, intentando relajarse tras los eventos recientes. Sin embargo, un escalofrío recorrió a Liara de repente, deteniéndola en seco.

—¿Qué sucede? —preguntó Tali, ladeando ligeramente la cabeza, intrigada por la repentina inquietud de la asari.

La respuesta llegó antes de que Liara pudiera hablar. Un chillido agudo resonó desde el techo, atrayendo la atención de todos. Un Geth se encontraba adherido al concreto como un arácnido, sus extremidades metálicas flexionadas de manera antinatural mientras sus ojos brillaban con un rojo amenazante. Era más esbelto y ágil que otros modelos, y su apariencia estilizada lo hacía aún más intimidante.

En un parpadeo, la máquina se lanzó hacia Liara, moviéndose con una velocidad aterradora. El equipo reaccionó al unísono, levantando sus armas en un intento por neutralizar la amenaza. Pero antes de que alguien pudiera disparar, Seis emergió como un rayo, atrapando al Geth en pleno vuelo. Con un movimiento fluido y letal, su kukri atravesó el torso metálico de la máquina, desgarrando su estructura con una precisión quirúrgica.

—¡Por la diosa! —gritó Liara, retrocediendo mientras el líquido blanquecino, viscoso, comenzó a gotear del Geth destruido. Las manchas alcanzaron el antebrazo de Seis y salpicaron las botas de ambas mujeres. Tali, con su escopeta ya en mano, no dijo una palabra, enfocando su visor en las sombras mientras apuntaba alrededor de la escena.

—¡Hay más! —exclamó la quariana, disparando hacia una caja cercana de la que emergió otro enemigo. Como si una cortina hubiera caído, decenas de Geth similares comenzaron a aparecer de las cajas apiladas, abalanzándose desde todas las esquinas del garaje. Era una emboscada perfectamente calculada.

Rápidamente, el equipo se reorganizó, formándose en un círculo con las espaldas juntas para cubrir todos los ángulos posibles. Las balas y las explosiones llenaron el aire mientras las IA's intentaban acorralarlos con saltos rápidos y precisos.

—¡Son como saltamontes, no dejen que se posicionen! —gritó Tali mientras destrozaba a uno con un disparo certero— Sus ataques pueden atravesar los escudos y barreras, ¡manténganse en movimiento!—

Sus palabras se confirmaron cuando un rayo rojo atravesó las defensas de Wrex, haciéndolo gruñir de furia. Sin perder el tiempo, el mercenario utilizó su fuerza biótica para empujar al enemigo que lo había atacado, estrellándolo contra un contenedor cercano con un estruendo ensordecedor.

Kaidan y Garrus se movieron rápidamente para cubrir al krogan mientras recuperaba su barrera, eliminando a los Geth que intentaban aprovecharse de la situación. Aunque el ataque inicial los había tomado por sorpresa, la coordinación del equipo comenzó a inclinar la balanza a su favor.

En otro punto del garaje, Shepard y Ashley se habían posicionado a distancia, utilizando sus rifles de precisión para eliminar objetivos clave. Sin embargo, dos Juggernauts aparecieron entre las sombras, avanzando hacia ellas con un peso imponente. La comandante no dudó en usar su biótica, levantando a los colosos en el aire con un efecto de masa que los inmovilizó momentáneamente.

—¡Acaba con ellos! —ordenó Shepard.

Ashley, sin perder tiempo, descargó una ráfaga precisa de su rifle de asalto, reduciendo a escombros a ambos enemigos con una serie de explosiones controladas. Shepard, aún rodeada por el brillo púrpura de su energía biótica, terminó el trabajo con una implosión masiva que desintegró los restos.

Cuando el último enemigo cayó, el equipo permaneció en silencio por un instante, recuperando el aliento mientras escaneaban el área. El garaje, ahora cubierto de escombros y líquido blanco, era testigo mudo de la feroz batalla.

Wrex, con su habitual actitud desafiante, pateó los restos del Geth que lo había atacado y recogió lo que quedaba de su "ojo".

—Bonito trofeo —murmuró con una sonrisa torcida.

Mientras tanto, Maverick y Garrus, ayudados por los guardias, comenzaron a apilar los cuerpos de las máquinas destruidas, asegurándose de que ninguna quedara operativa.

—Supongo que esto era lo que traía en los contenedores la matriarca —comentó Garrus, sentándose despreocupadamente sobre una pila de restos metálicos. El turiano no tardó en atraer las miradas de los guardias de ERCS que estaban presentes, quienes claramente no aprobaban su actitud relajada.

—¿Qué? No sirven mucho después de un tiro en la... ¿cabeza? Pregúntenle a Tali, ella sabe más de esto —añadió descaradamente, encogiéndose de hombros mientras los guardias intercambiaban miradas incrédulas. Seis, de brazos cruzados, soltó un leve bufido, claramente impaciente, mientras esperaba la llegada de Shepard.

El alboroto no tardó en llamar la atención de Matsuo, quien irrumpió en el garaje con pasos firmes, acompañada por un pequeño grupo de guardias. Su voz resonó como un trueno, acallando cualquier conversación.

—¿Qué carajo eran esas cosas? ¡Vuelvan a sus posiciones y bloqueen la entrada! ¡Nadie entra al garaje sin autorización! —gritó, su rostro una mezcla de furia y preocupación.

Shepard, reconociendo que lo último que necesitaban era más caos, se adelantó rápidamente, cortando la distancia entre ella y Matsuo. Su expresión permanecía serena, aunque el cansancio comenzaba a reflejarse en sus ojos.

—Comandante, ¿qué demonios has hecho? —preguntó Matsuo, casi furiosa, señalándola con un gesto acusador.

—¿Yo? Soy la víctima aquí. Esos Geth nos emboscaron —respondió Shepard con firmeza, igualando el tono de la capitana, aunque su semblante no mostraba ni ofensa ni temor.

Ella frunció el ceño, sus ojos reflejando tanto confusión como incredulidad.

—¿Geth? ¿De dónde salieron?—

Shepard cruzó los brazos, adoptando una postura más relajada, pero su tono seguía cargado de autoridad.

—Si tuviera que apostar, diría que Benezia los trajo en los contenedores —afirmó con calma, pero con una nota de irritación en su voz.

La respuesta dejó a Matsuo momentáneamente sin palabras. Al recomponerse, negó con la cabeza, como si tratara de disipar la idea.

—¿Cómo? Escaneamos esos contenedores. No había señales de actividad de elemento cero ni nada fuera de lo normal—

—Bueno, parece que se saltaron algo en sus controles —replicó Jane, su tono ahora teñido de molestia contenida.

Matsuo, visiblemente afectada, se llevó una mano a la frente, frotándosela como si intentara calmar una migraña repentina.

—Si esas cosas estaban en los contenedores de Benezia-sama... significa que hay muchos más —admitió, su voz ahora cargada de preocupación genuina.

Shepard, captando la gravedad de la situación, se inclinó ligeramente hacia adelante.

—¿Cuántos? Necesito números—

Maeko levantó la mirada, su expresión llena de resignación.

—No lo sé. Decenas, tal vez más. Son máquinas; fáciles de transportar —respondió, visiblemente apenada.

La pelirroja dejó escapar un suspiro pesado, llevándose una mano al cuello para aliviar la tensión acumulada. Al devolver la mirada a Matsuo, asintió brevemente en señal de agradecimiento.

—Entendido—

La capitana, recuperando algo de su compostura profesional, giró sobre sus talones.

—Voy a tener que informar a la junta. Si se corre la voz de que hay máquinas hostiles en nuestras instalaciones, los inversores van a entrar en pánico —dijo, su tono retomando la dureza característica. Con pasos decididos, abandonó el garaje, dejando solo a los guardias para reforzar la seguridad.

Shepard se volvió hacia su equipo, reuniéndolos alrededor del Mako estacionado al final de garaje. El vehículo, imponente y robusto, reflejaba las luces del lugar con un brillo que subrayaba su papel clave en la misión. Joker se encargo de enviarlo apenas se entero de la situación en tierra.

—Escuchen —comenzó, golpeando suavemente el costado para captar su atención— Nuestro macko es el único vehículo disponible. Ya saben que su capacidad es para cinco o seis miembros, incluyéndome. Eso significa que alguien tendrá que quedarse—

El comentario generó una reacción inmediata en el equipo. Las miradas se cruzaron en un intercambio silencioso, y aunque nadie dijo nada, la tensión en el aire era palpable. Algunos incluso parecían apostar mentalmente sobre quién sería el elegido.

La escena tomó un giro inesperado cuando Maverick alzó la mano con calma, como si estuviera en un salón de clases. Dio un paso al frente, su imponente figura captando la atención de todos.

—No es necesario que alguien se quede. Yo puedo ir a pie —dijo con una naturalidad desconcertante, como si hubiera sugerido algo tan trivial como cambiar de asiento.

El equipo lo miró boquiabierto, salvo Tali y Wrex, quienes parecían más acostumbrados a las excentricidades del Spartan. Shepard, por su parte, no mostró sorpresa, aunque evaluó su propuesta con la misma seriedad con la que enfrentaba cualquier decisión estratégica.

—Iremos por un camino que, probablemente, será complicado incluso con el Mako. ¿Podrás seguirnos el paso? —preguntó la comandante, entrecerrando los ojos mientras estudiaba su reacción.

La propuesta ya era descabellada de por sí, pero el hecho de que Shepard estuviera considerando seriamente la idea dejó al equipo en una mezcla de incredulidad y curiosidad. Las apuestas mentales parecían haberse transformado en un nerviosismo compartido entre los presentes.

—Sí. Mi armadura está diseñada para soportar temperaturas y terrenos extremos —respondió Maverick con seguridad mientras activaba su omniherramienta. El dispositivo proyectó un holograma del terreno que iban a atravesar.

La imagen mostraba un paisaje áspero, marcado por estrechas cornisas pegadas a la montaña y caminos parcialmente bloqueados por la nieve. Maverick señaló con precisión las áreas clave en el mapa.

—Ustedes cruzarán por esta cornisa. Es estrecha y estará cubierta de hielo debido a la ventisca —explicó, mientras su dedo, ahora reemplazado por una garra negra, seguía el trazo del camino— También hay riesgo de desprendimientos en la ladera. Manténganse alerta y atentos a cualquier sonido que pueda indicar un colapso—

El equipo asintió en silencio, procesando la información. Las caras se endurecieron mientras se preparaban mentalmente para lo que se avecinaba.

—Yo iré entre las montañas —continuó Maverick, señalando una ruta más directa—. Es más rápido, pero estaré aislado de ustedes en algunos tramos. Tengan cuidado. Mis escáneres han mostrado interferencias en esta área —indicó, señalando puntos críticos— Esos saltamontes podrían estar esperándonos.

El Spartan apagó el holograma y guardó su omniherramienta, devolviendo la vista completa al gélido garaje. Shepard meditó sus palabras por un momento antes de asentir con firmeza.

—Está bien. Suena como un buen plan —dijo, golpeando el costado del Mako— Muy bien, suban—

El equipo obedeció sin necesidad de más indicaciones, subiendo al vehículo en fila. Sin embargo, antes de que Garrus entrara, se detuvo junto a Maverick, colocando una mano en su hombro con una sonrisa sarcástica.

—No te tardes mucho, Mav —dijo Garrus al pasar junto a él, dándole una palmada en el hombro. Sin embargo, se detuvo un momento, fingiendo considerar algo.

—Aunque... pensándolo bien, quizá deberías tardarte. Por fin tendremos algo de acción sin que lo arruines —añadió con una risa contenida, que rápidamente desapareció cuando Maverick le puso una zancadilla. Garrus apenas logró recuperar el equilibrio, lanzándole una mirada de fingida indignación mientras el resto del equipo contenía sus risas.

Tali pasó junto al Spartan sin decir una palabra, aunque ambos intercambiaron una breve mirada. En contraste, Wrex chocó su hombro contra el de Maverick con una sonrisa ladina.

—Je... no me hagas buscarte bajo la nieve —dijo el Krogan antes de entrar al vehículo.

La compuerta del Mako se cerró con un chasquido metálico, y Shepard activó el comunicador desde dentro.

—Abriré la salida. Prepárate para el choque de temperatura —advirtió.

El zumbido de los engranajes resonó mientras la puerta metálica del garaje comenzaba a abrirse. El viento helado irrumpió con fuerza, levantando una nube de nieve que se coló dentro del recinto. El Mako rugió al encender su motor y se lanzó hacia el exterior, desapareciendo entre la ventisca en cuestión de segundos.

Maverick permaneció inmóvil por un momento, dejando que el frío mordiera su armadura antes de iniciar el ascenso por la pendiente helada. El viento, afilado como cuchillas, azotaba su figura mientras evaluaba su próximo movimiento.

—Vamos, muévete antes de que te conviertas en una estatua de hielo —bromeó Dot, apareciendo en el visor del casco con una expresión de impaciencia, sus brazos cruzados en un gesto exagerado.

—Ya te extrañaba, Dot —respondió Maverick con tono seco, mientras hundía su kukri en la roca congelada para estabilizarse. La hoja encontró un punto firme, y el Spartan comenzó a escalar con movimientos calculados. A pesar del frío que atacaba furiosamente al hombre, esta no podía calar en su coraza.

El viento rugía con fuerza renovada cuando alcanzó la cima, donde la temperatura cayó aún más bruscamente. La visera de su casco se empañó momentáneamente antes de que los sistemas automáticos despejaran el cristal. Desde esa posición privilegiada, Maverick podía ver las instalaciones del Pico 15 al otro lado del valle.

El complejo se alzaba como una fortaleza tecnológica, sus estructuras geométricas destacándose contra el paisaje blanco y hostil. Las montañas circundantes caían abruptamente hacia profundos barrancos, creando un terreno traicionero donde cada paso debía ser cuidadosamente calculado. La ventisca envolvía todo como un manto de confusión, borrando las huellas del Spartan casi al instante y reduciendo la visibilidad a unos pocos metros.

Mientras avanzaba, el crujido de la nieve bajo sus botas era su única compañía, aparte del ocasional zumbido del HUD recalibrándose debido a las interferencias. Dot apareció de nuevo, flotando junto a su visor, su forma translúcida vibrando ligeramente por la tormenta.

—¿Sabes? Podrías haber elegido una misión en una playa tropical. Solo digo —comentó con su característico sarcasmo, aunque había un matiz más ligero en su tono esta vez.

Maverick no respondió de inmediato. Sus pasos eran metódicos, y su atención estaba completamente en el terreno traicionero frente a él. Sin embargo, después de un momento, dejó escapar un leve suspiro.

—Una playa no suena tan mal —admitió, su voz casi perdida entre el aullido del viento.

El eco del cañón del Mako rompió el momento, resonando a través del valle con una potencia que vibraba incluso en sus pies. Maverick apretó el paso, sabiendo que su equipo enfrentaba problemas. A pesar de la urgencia, no podía permitirse descuidos en ese terreno.

El mapa en su HUD comenzó a parpadear de nuevo, las líneas del terreno apareciendo y desapareciendo en un ciclo frustrante. La interferencia era cada vez más intensa, probablemente provocada por los mismos enemigos que habían encontrado en el garaje. Decidió seguir el sonido del combate, aunque sabía que ese método lo obligaría a tomar riesgos innecesarios.

De repente, Dot apareció frente a él, flotando con un brillo tenue en medio de la ventisca. Sus brazos estaban cruzados, y su tono llevaba un matiz tranquilizador que contrastaba con su habitual sarcasmo.

—Están bien —afirmó, como si eso pudiera disipar la preocupación que veía en el Spartan.

Maverick no respondió de inmediato. Esquivó una roca sobresaliente en el camino y continuó avanzando, pero su silencio fue suficiente para que Dot añadiera, ahora con un tono de reproche.

—Sabes que puedo escuchar tus pensamientos, ¿verdad?—

—No estoy intentando convencerme con clichés, Dot. No sé si están bien —respondió Maverick finalmente, su tono más bajo pero cargado de determinación.

El camino se volvió más complicado al acercarse a una enorme grieta. Sus bordes irregulares se extendían hacia un vacío oscuro que parecía no tener fin. Maverick evaluó rápidamente las formaciones rocosas inestables que sobresalían a ambos lados, y después de calcular la distancia, desenfundó su kukri y activó el módulo de jetpack.

Con un salto preciso, el propulsor se encendió, impulsándolo sobre la brecha. El viento golpeó su cuerpo con fuerza, empujándolo peligrosamente hacia el borde. Ajustó su postura en el aire y aterrizó al otro lado con un golpe seco, las botas hundiéndose en la nieve compacta. Guardó el módulo y retomó el paso, consciente de que cualquier distracción podría ser fatal.

Fue entonces cuando Dot soltó una revelación que lo detuvo en seco, sus palabras cortando el sonido de la ventisca como un cuchillo.

—¿Sabes por qué sé que están bien? Porque instalé una extensión mía en la omniherramienta de Tali—

La tormenta seguía rugiendo, pero el silencio entre ellos era ensordecedor. Maverick giró ligeramente la cabeza hacia Dot, su tono de incredulidad evidente incluso a través del modulado de su casco.

—¿Hiciste qué?—

Dot flotó frente a él con una expresión casi desafiante, aunque su nerviosismo era evidente.

—Es para protegerla. Así puedo saber cómo está y dónde está —explicó rápidamente, como si decirlo de prisa pudiera suavizar el golpe.

Seis permaneció inmóvil, dejando que las palabras calaran. Finalmente, dejó escapar un suspiro largo y pesado.

—Elimínala. Ahora mismo —ordenó, retomando su marcha con pasos firmes.

El camino se hacía más traicionero con cada metro. Un montículo de piedra se erigía desde el suelo, obligándolo a detenerse y evaluar como sobrepasarlo. El viento rugía, lanzando nieve que se arremolinaba como si intentara envolverlo por completo.

—Vamos, Seis. Lo hice para ayudar, no para complicar las cosas —insistió Dot, rompiendo el silencio con un tono que mezclaba reproche y justificación.

Maverick ignoró el comentario mientras sus ojos observaban el camino que debía seguir, prestando atención de no aterrizar en un falso apoyo. Se movió para esquivar un desprendimiento, avanzando por un terreno empinado donde la nieve crujía bajo sus pisadas, haciendo que las rocas fueran resbaladizas. Las ráfagas heladas golpeaban su armadura con fuerza renovada, pero su avance seguía siendo constante. Finalmente, después de unos minutos, habló con tono más controlado.

—No lo entiendes, Dot —dijo mientras sorteaba un saliente de roca, sus movimientos precisos y calculados— Esto no es solo una cuestión de límites. ¿Te imaginas qué pasaría si alguien descubre que hay una IA en una omniherramienta?—

Dot apareció flotando junto a él, su forma translúcida vibrando ligeramente. Su expresión mostraba una mezcla de preocupación y molestia, aunque mantenía un deje de confianza en su respuesta.

—¿Crees que soy idiota? Obviamente lo camuflé. Para cualquiera que la revise, será solo una IV más. Además, ella confía en ti. Eso es evidente—

Maverick no respondió de inmediato. Su mirada se fijó en un tramo del camino donde el suelo estaba cubierto de hielo brillante, un obstáculo que requeriría toda su atención.

—No se trata de confianza —respondió finalmente, su voz firme pero no agresiva — Se trata de respeto—

Dot guardó silencio por unos segundos, su forma flotando cerca mientras Maverick se concentraba en sortear el hielo traicionero. Al superarlo, llego a una pared que bloqueaba parcialmente su avance. Con movimientos fluidos, clavó su cuchillo en la tierra y hielo, usándolo como punto de apoyo mientras escalaba.

—Bien, bien, lo entiendo —dijo finalmente, aunque su tono era un poco más conciliador ahora—Pero...¿puedo al menos quedarme en su omniherramienta hasta que terminen esta misión? Podría ser útil si algo sale mal.

Maverick alcanzó la cima y se detuvo un momento para observar el panorama. Desde allí, las instalaciones del Pico 15 se alzaban como un coloso tecnológico en medio del desierto helado. La luz tenue del sol apenas lograba filtrarse entre las nubes, proyectando sombras alargadas sobre el terreno desigual.

—Dot, no estás entendiendo. Esto no es opcional —replicó con un tono más bajo, aunque cargado de firmeza—Quítalo—

La IA soltó un leve bufido, pero su expresión cambió a una mezcla de resignación y algo parecido a la culpa.

—Está bien, lo quitaré. Pero que conste que no lo hice por capricho —dijo con seriedad, su tono más solemne de lo habitual — Lo hice porque me preocupo por ella. Y por ti—

Sin responder, retomó su marcha por un sendero resbaladizo. Cada paso requería un esfuerzo deliberado, sus botas perforando la nieve helada para evitar caídas. Dot permaneció en silencio durante unos metros antes de hablar de nuevo, esta vez en un tono más suave.

—Mira, sé que no estás contento, pero quiero que entiendas algo. Tali me importa porque te importa. Y... tú eres mi único amigo—

Maverick se detuvo. Bajó la mirada hacia la proyección de Dot, que flotaba frente a él con una mezcla de ansiedad y desafío.

—¿Desde cuándo Tali te importa tanto? O más específicamente, ¿desde cuándo te volviste así conmigo? —preguntó, su tono neutral pero su mirada fija.

Dot ladeó la cabeza, como si la pregunta la hubiera tomado por sorpresa. Sin embargo, una chispa de burla apareció en su expresión.

—Desde que demostró ser mucho más inteligente que tú, claro —replicó con un tono que buscaba aliviar la tensión.

Maverick soltó un resoplido, pero Dot continuó antes de que pudiera replicar.

—Es broma... aunque no del todo. La verdad es que Tali me recuerda a ti, pero también es... ella misma. Tiene esa mezcla de ingenio, valentía y, sí, una terquedad que me hace querer protegerla—

El Spartan arqueó una ceja bajo el casco.

—¿Protegerla porque te importa o porque me importa?—

Ella lo miró directamente, cruzando los brazos.

—Ambas cosas. Pero principalmente porque para ti es importante, y porque veo cuánto te esfuerzas por cuidarla—

Maverick asintió lentamente, como si estuviera procesando las palabras de la IA. Volvió su atención a la estructura del Pico 15, que ahora se veía claramente a través de la ventisca. El eco del Mako acercándose rompió el silencio entre ellos.

Dot habló una última vez, su voz casi un susurro.

—No tengo muchos a quienes llamar... familia. Perdimos a todos en Reach —Su tono estaba cargado de emoción, y la máscara burlona que solía usar se desmoronó por un momento — Pero si alguien importa para ti, entonces importa para mí. Así de simple— Dot desapareció de su visor con un último gesto de comprensión, cerrando el tema que había ocupado sus pensamientos

El permaneció en silencio mientras reanudaba su marcha. Al llegar cerca del acantilado, divisó finalmente al Mako desde el borde, a toda velocidad. Una humareda negra seguía al vehículo, revelando las dificultades sufridas durante el recorrido. Peor aún, una torreta automática en la entrada de la instalación se activó, disparando ráfagas mortales hacia ellos. Maverick estaba a punto de saltar para destruirla cuando el estallido del centinela lo detuvo en seco. Garrus, con gran precisión y velocidad, se había encargado de deshabilitarla, evitando que el equipo sufriera más daños.

Desde su comunicador, captó la voz triunfante del turiano —¡Ja! ¡Esa se la dedico a Mav! —gritó Garrus, como si fuera un desquiciado. Seis soltó una suave carcajada, aunque no podrían oírla. Siguiendo el camino a la par que ellos, finalmente detuvo su avance y observó cómo el equipo bajaba lentamente del Mako. A pesar del estado del vehículo, se reorganizaron rápidamente frente a Shepard, quien ya estaba en conversación con Tali, probablemente discutiendo los problemas técnicos que habían enfrentado. La voz de la pelirroja resonó a través del comunicador, firme como siempre, pero con un matiz de preocupación apenas perceptible —Maverick, ¿Cuál es tu posición? Estamos listos para movernos—

Presionando el costado de su casco, respondió con un tono tranquilo.

—Miren hacia arriba— Seis avanzó hacia el precipicio y, sin vacilar, se subió a un saliente. Se dejó caer, el silbido del viento marcando su descenso, la escarcha deshaciéndose de su armadura antes de aterrizar con un golpe seco que agrietó el suelo congelado bajo sus botas.

El equipo, a excepción de Shepard, miraron sorprendidos en su dirección. Pero solo basto con ver a su compañero erguirse para acercarse rápidamente. Sus rostros reflejando una mezcla de alivio y alegría. Aunque nadie dijo nada al principio, la presencia del Spartan parecía devolverles la dosis de confianza que el les brindaba.

Su comandante dio un paso al frente, su expresión neutral pero decidida mientras evaluaba brevemente al recién llegado. El viaje apenas dejo rastro en el, siendo ellos los mas afectados. Con una sonrisa de satisfacción, le dio un suave asentimiento en aprobación.

—Buen trabajo. Ahora entremos y terminemos con esto—

No hacía falta ser un gran observador para notar hacia quién se dirigían los ojos de Maverick, y tampoco para darse cuenta de que la atención era mutua. Tali, casi como si fuera un ritual personal, tomó su lugar habitual a un costado del Spartan. Conversaban en voz baja, sus palabras mezclándose con el ruido de fondo de la ventisca y los crujidos metálicos del Mako. Era una escena peculiar: en medio del caos y la destrucción, su charla parecía pertenecer a otro mundo, un pequeño refugio de tranquilidad.

Mientras tanto, el estado del Mako hablaba por sí mismo. El cañón, que minutos antes había resonado por todo el valle, ahora estaba al rojo vivo. Incluso con las gélidas temperaturas, el humo emanaba del arma, un recordatorio del límite al que había sido llevado. Garrus, que observaba el daño con una mezcla de frustración y resignación, murmuró algo que solo pudo interpretarse como una combinación de maldiciones y promesas de dedicarle un mantenimiento exhaustivo, acompañado de sus característicos "mimos" al armamento.

Por otro lado, Tali le contaba a Maverick cómo había logrado replicar su maniobra con los escudos del vehículo, aunque había excedido por mucho el margen de uso que había calculado.

—Tendré que hacer triple turno para reparar el generador cinético... si no quedó completamente frito —admitió con un suspiro.

Liara, para sorpresa de todos, parecía haber disfrutado el trayecto. Bajó del Mako casi dando brincos de entusiasmo, como si las marcas negras, las abolladuras y las chispas que emanaban del núcleo de masa fueran insignificantes. Su actitud contrastaba tanto con el estado del vehículo que la mayoría decidió ignorarla, atribuyéndolo a una especie de histeria temporal.

Si es que, de no ser por la confianza puesta en la joven mecánica. Todos abrían saltado en medio del viaje, el gélido ambiente del exterior era muchísimo mas acogedor que una posible bomba con ruedas en la que estaban subidos.

El resto del equipo oscilaba entre la indiferencia y el estrés acumulado. Sin perder más tiempo, Shepard lideró al grupo hacia una puerta lateral que se encontraba a un costado del camino. La entrada principal estaba fuera de servicio, bloqueada por escombros y la nieve acumulada. Sin embargo, el acceso secundario parecía estar intacto.

La ventisca golpeó con fuerza cuando cruzaron el umbral, pero nadie titubeó. Dentro de las instalaciones, la temperatura subió ligeramente, aunque el ambiente seguía cargado de tensión. Antes de adentrarse hacia el interior del garaje, su líder alzó una mano, señalando con firmeza.

—Avancemos en formación. Nadie se separe—

Los focos iluminaban el lugar con un resplandor naranja, proyectando sombras inquietantes que parecían deslizarse como velos entre cajas y columnas. El ambiente contrastaba radicalmente con el ordenado Hanshan, sumergiendo al equipo en una atmósfera opresiva. Cada rincón oscuro parecía un refugio para lo desconocido, y el tenue parpadeo de algunas luces solo amplificaba la sensación de peligro inminente. El aire estaba cargado de tensión, como si el mismo entorno les gritara que corrieran, que buscaran resguardo antes de que fuera demasiado tarde.

Ese presagio se cumplió cuando una ráfaga de disparos impactó contra los escudos de Shepard, haciéndolos brillar antes de que la energía cinética se disipara. Desde las sombras, surgió otra emboscada, liderada esta vez por un krogan con una armadura negra que reflejaba la tenue iluminación como un depredador acechante. Los escudos de la pelirroja parpadeaban peligrosamente, a punto de colapsar, mientras ella comandaba a su equipo en medio del caos.

Garrus, Seis, Kaidan y Wrex no necesitaron indicaciones adicionales. Con movimientos precisos y bien entrenados, se reposicionaron entre la escasa cobertura disponible, asegurándose de que ningún flanco quedara expuesto. Los disparos resonaban en el espacio cerrado, mezclando las explosiones características de los proyectiles de masa con los ecos profundos y secos de la balística tradicional que utilizaba el Spartan. Aunque diferentes en naturaleza, ambas tecnologías se complementaban de manera letal.

Las barreras cinéticas de sus enemigos resistían los disparos al principio, desacelerando los proyectiles con eficiencia, pero el límite de estas defensas era evidente. Una vez que la batería se descargaba, los mal llamados ''escudos'', colapsaban, dejando únicamente el blindaje corporal como última línea de defensa. Esto era especialmente cierto para los proyectiles de acelerador de masa, cuyo diseño era interceptado y ralentizado por los "escudos".

Sin embargo, la peculiar arma de Maverick, su confiable magnum, había sido mejorada por tecnología Forerunner, desafíando estas limitaciones. Nombrada por Dot, el modelo "Z-12 Reclaimer Magnum" estaba equipada con un núcleo de energía regenerativo que imbuía las balas con "energía sólida", un concepto que, aunque apenas comprendido por Seis, demostraba una capacidad devastadora. La luz misma se convertía en una fuerza cinética casi infinita, capaz de atravesar cualquier barrera. Las barreras no podían ralentizar el impacto; colapsaban instantáneamente ante su potencia.

El líder krogan cargó hacia su posicion, rugiendo con cada paso que acortaba la distancia. Su temeridad y ferocidad, características de su especie, lo convertían en un adversario imponente. Pero Maverick no vaciló. Desde su posición, emergió de entre las sombras, revelando su figura imponente. Con calma letal, levantó su magnum y activó el núcleo por primera vez, desconfiando de aquella función desconocida pero dispuesto a probarla en el campo de batalla.

Un ronroneo suave acompañó la activación, seguido de una vibración que recorrió el arma como si esta estuviera viva. La superficie de la magnum pareció agrietarse ligeramente, liberando un brillo dorado que se reflejó en los muros metálicos del lugar. Con precisión quirúrgica, Maverick apretó el gatillo. El disparo resonó con un estruendo contenido, como si el retroceso hubiera sido absorbido por el arma misma.

El impacto fue instantáneo. Las barreras del krogan se desintegraron como papel al fuego, y la bala atravesó su armadura, músculo y hueso con una facilidad escalofriante. Su cuerpo cayó al suelo, dejando tras de sí una estela etérea que marcaba la trayectoria de su sentencia. Por un breve instante, los geth detuvieron su ataque, volviendo sus cabezas hacia el cadáver de su líder como si intentaran procesar lo que acababan de presenciar.

Maverick exhaló con satisfacción mientras observaba el miedo naciente en las acciones de las máquinas. Sus luces y movimientos, normalmente precisos e impersonales, mostraban ahora una vacilación extraña, casi humana. Era como si el concepto del miedo, hasta entonces ajeno a ellos, comenzara a surgir de entre sus cables y circuitos.

Shepard, sin percatarse del efecto que el Spartan había tenido en sus enemigos, dio la orden de fuego, rompiendo la momentánea tregua. El equipo reanudó el combate con una precisión devastadora, destruyendo a los geth uno por uno. Las máquinas, ya sin su líder, parecían resignadas, incapaces de ofrecer resistencia efectiva. Era como si hubieran aceptado su derrota.

Cuando el último enemigo cayó, el silencio regresó al espacio, roto únicamente por el eco de los disparos que aún resonaba en las paredes metálicas. Fue entonces cuando los altavoces, ocultos entre las sombras del techo, cobraron vida, proyectando un mensaje que reverberó por todo el lugar.

—Alerta para usuario. Las instalaciones de Pico 15 han sufrido daños — Una voz femenina resonó a través de los altavoces. Aunque clara, su tono era monótono y frío, carente de cualquier emoción, lo que dejaba en claro que no pertenecía a una persona real.

Los miembros del equipo intercambiaron miradas tensas antes de que Liara rompiera el silencio con un suave carraspeo.

—Esa debe de ser Mira, la IV del lugar —comentó con calma, aunque sus ojos reflejaban inquietud.

El altavoz volvió a activarse, proyectando un informe más alarmante:

—Peligros biológicos en todos los sectores...interfaz de asistente desconectado...— La transmisión terminó abruptamente con un pitido, dejando un vacío inquietante en el aire.

—Tenemos que reactivar los reactores —dijo Tali, ajustando su escopeta con movimientos automáticos.

Con un entendimiento tácito, el equipo se puso en marcha, avanzando en fila a través del siguiente pasillo. La luz blanca y uniforme de las lámparas del techo brindaba un mínimo de confort, un recordatorio de que aún estaban dentro de una instalación funcional, aunque claramente al borde del colapso.

Al doblar una esquina, se encontraron con una puerta que bloqueaba su camino. Un chasquido mecánico marcó su apertura, revelando una cámara de descontaminacion. El espacio era estrecho y limpio, salvo por dos torretas automatizadas posicionadas hacia el interior de la instalación, apuntando en dirección contraria a ellos.

—Qué raro. Eso no se ve como un error de seguridad —comentó Wrex, su tono usualmente indiferente, aunque la curiosidad se filtraba en sus palabras.

Ashley frunció el ceño mientras examinaba las torretas.

—Pareciera que no quieren dejar salir a nadie. Mala señal —dijo, su voz cargada de desconfianza.

Sin más comentarios, avanzaron con cautela hacia una bifurcación. A su izquierda, un ascensor conducía a otro nivel. Sin embargo, optaron por tomar la derecha, ingresando a la sala de control. El espacio estaba desordenado; un conducto de ventilación en el suelo yacía con su rejilla destrozada, mientras sillas y casilleros estaban desperdigados, como si una ráfaga de caos hubiera atravesado la habitación.

Seis, siempre atento, inspeccionó el área con cuidado. Finalmente, rompió el silencio con un tono grave —No me gusta esto—El resto del equipo se acercó mientras él se arrodillaba frente a la trampilla rota en el suelo, sus ojos analizando los bordes dañados —No nos angusties, grandote. ¿Qué pasa? —preguntó Ashley, intentando aliviar la tensión con una mezcla de burla y seriedad que, aunque rara, encajaba en el momento.

Seis señaló el borde destruido de la rejilla.

—Miren — dijo, su tono pesado — Esto no fue desacoplado—

El Spartan se irguió con un suspiro mientras continuaba.

—Algo la atravesó, rompiendo los enganches. No fue algo humano—

Sus palabras, aunque breves, bastaron para llenar la sala con una sensación palpable de peligro. Los recordatorios de los mensajes de Hanshan y Mira resonaban en sus mentes: "Peligro biológico".

Shepard, recuperando la compostura, dio la orden sin titubear.

—Deberíamos seguir moviéndonos—

La tensión seguía latente mientras se dirigían al ascensor. El grupo se apretujó en el reducido espacio, el leve zumbido del mecanismo llenando un silencio cargado de expectación. Al llegar al siguiente nivel, un aire aún más frío les golpeó de lleno, acompañado por el ulular de la ventisca que se filtraba a través de cristales rotos. La nieve invadía el suelo, crujiente bajo sus botas, añadiendo un sonido inquietante al ambiente.

Frente a ellos, un pasillo se extendía, parcialmente invadido por el hielo y apenas visible a través del remolino blanco que parecía tragarse todo. Cada paso era un ejercicio de cautela, con las miradas del equipo explorando cada sombra, cada rincón donde el peligro podía estar acechando.

Al final del pasillo, una sala más amplia, que podría haber sido una cafetería en tiempos mejores, les dio la bienvenida. Los ventanales rotos dejaban entrar aún más nieve, acumulándose en pilas irregulares en el suelo, pero su llegada no pasó desapercibida. Sin previo aviso, un escopetazo a quemarropa resonó en la sala, impactando de lleno contra los escudos de Kaidan y destrozándolos en un instante.

El equipo reaccionó al unísono, formando un escudo humano frente al biótico mientras devolvían el fuego con precisión letal. Los geth que habían tendido la emboscada no tuvieron oportunidad; cayeron en cuestión de segundos ante la coordinación y experiencia adquirida del grupo.

Sin embargo, el alivio fue efímero. Un chillido agudo, casi desgarrador, resonó a través de las paredes, seguido de pisadas rápidas y chasquidos que parecían provenir de todas direcciones. El equipo se colocó espalda contra espalda, cubriendo los flancos en formación defensiva mientras sus ojos buscaban frenéticamente a los responsables de aquellos sonidos inhumanos.

—¿Qué es eso? —preguntó Liara, con un tono que intentaba ser sereno, aunque el temblor en su voz delataba su creciente nerviosismo.

—No hagan ruido. No creo que sea geth —ordenó Shepard, su tono firme, aunque sus ojos estaban en constante movimiento, analizando cada rincón de la sala.

El silencio que siguió duró apenas unos segundos, roto por un último alarido que reveló la ubicación de las criaturas. Desde un pasillo lateral con paredes de vidrio, emergieron las bestias: criaturas arácnidas con cuerpos retorcidos y dos tentáculos sobresaliendo de sus espaldas.

El caos se desató al instante. Los disparos iluminaron la sala, proyectando sombras erráticas mientras los monstruos se abalanzaban con rapidez antinatural. Los proyectiles saltaban contra los exoesqueletos endurecidos de las criaturas, rebotando ineficazmente en muchos casos. Una de ellas escupió un chorro de ácido que se estrelló contra una columna cercana, derritiendo el metal con un siseo ominoso.

Garrus se lanzó al suelo, rodando para esquivar una afilada garra que pasó peligrosamente cerca de su cabeza. Al mismo tiempo, un enjambre de larvas verdosas surgió de las sombras, dirigiéndose directamente hacia Liara y Ashley. Las criaturas explotaron al contacto, liberando un líquido corrosivo que se adhería a las armaduras, quemando y debilitando las placas protectoras. Las barreras cinéticas eran inútiles contra este ataque.

—¡Atrás! ¡Manténganse en movimiento! —gritó Shepard, mientras intentaba coordinar la respuesta de su equipo.

En la línea de vanguardia, Wrex y Maverick asumieron el papel de escudos vivientes. Con sus armaduras más robustas, enfrentaron a las criaturas de frente. Wrex, con su estilo brutal, usaba su escopeta como un garrote, golpeando con fuerza suficiente para aplastar cráneos. Por su parte, Maverick desenvainó su kukri, un filo letal que brillaba con un resplandor frío bajo la luz.

El Spartan no tardó en adaptarse a los movimientos de sus enemigos. Con una precisión quirúrgica, despedazó a dos de las criaturas en rápidos cortes, cada uno calculado para maximizar el daño. Mientras tanto, Wrex dejó caer su peso sobre una bestia, utilizando la culata de su escopeta para pulverizar su cabeza en un espectáculo de fuerza bruta.

Sangre verde y viscosa salpicó a ambos, emitiendo un leve chisporroteo al entrar en contacto con sus armaduras. Sin perder tiempo, usaron la nieve acumulada en el suelo para limpiar los restos antes de que el líquido corrosivo causara más daño.

Finalmente, el último de los monstruos cayó, dejando tras de sí un charco burbujeante al contacto con el suelo, consumiendo el hielo. El ruido del combate dio paso a un inquietante silencio, roto únicamente por el crujir de las botas sobre la nieve.

—¿Qué diablos eran esas cosas? —murmuró Ashley, con una mezcla de incredulidad y asco mientras inspeccionaba los restos de una de las criaturas. Su armadura aún mostraba manchas de ácido, aunque las capas exteriores habían aguantado lo suficiente para protegerla.

Antes de que alguien pudiera responder, un sonido mecánico interrumpió el momento. Los altavoces de la instalación volvieron a activarse, y la misma voz femenina de antes resonó con frialdad por las paredes metálicas:

—Alerta actualizada. Amenazas biológicas contenidas parcialmente en su zona. Procedan con precaución—

El eco de la advertencia se desvaneció lentamente, dejando una sensación de incomodidad en el aire. Garrus, levantándose con la ayuda de Shepard, sacudió la suciedad de su armadura.

—Al menos ahora sabemos a qué nos enfrentamos —comentó con un tono que intentaba ser ligero, aunque el agotamiento era evidente en su voz.

Liara, que había estado inspeccionando el entorno con ojos atentos, carraspeó ligeramente antes de hablar.

—No soy experta en xenobiología, no es mi campo, pero... deberíamos revisar los laboratorios. Quizás haya registros o datos que expliquen qué está ocurriendo aquí —sugirió, sus palabras serenas aunque sus hombros permanecían tensos.

Wrex, aun mirando a la criatura que había a matado, gruño desde lo bajo. Pensativo, se irguió, uniéndose a los demás sin decir nada, manteniendo un semblante mas endurecido que antes.

Shepard asintió, su expresión de acuerdo mientras ajustaba el agarre de su rifle.

—Es buena idea. Mantengamos la formación —ordenó, liderando nuevamente al equipo.

Se adentraron en el pasillo de donde habían salido las criaturas, ahora un paisaje destrozado por el combate. Los fragmentos de vidrio se mezclaban con la nieve arrastrada por el viento, creando un contraste extraño bajo las luces blancas y parpadeantes que colgaban del techo. A lo largo del pasillo, algunas habitaciones estaban abiertas, dejando ver destellos de luces cálidas provenientes de su interior.

El equipo avanzó con cautela, sus pasos resonando en el suelo metálico. Una de las salas parecía haber sido una especie de área comunal, posiblemente un lugar donde los empleados de Pico 15 venían a relajarse. Las mesas estaban dispuestas con computadoras aún encendidas, aunque muchas mostraban pantallas dañadas o estáticas. Estanterías alineadas en las paredes contenían una mezcla de libros técnicos y objetos personales abandonados apresuradamente.

—Debe haber sido un refugio temporal antes de que... bueno, antes de que esto pasara —dijo Kaidan, señalando las marcas de ácido en el suelo y las sillas volcadas.

El grupo inspeccionó las habitaciones abiertas, encontrando muy poco de valor. Solo un par de viales de medi-gel seguían en buen estado en un botiquín colgado en una de las paredes. Shepard tomó los suministros, distribuyéndolos rápidamente entre los más heridos para tratar las quemaduras sufridas en el combate.

—Es lo mínimo, pero servirá por ahora —comentó la comandante mientras aplicaba una dosis a Liara, quien asintió agradecida.

—Esto está demasiado tranquilo. No me gusta nada —murmuró Tali, observando las sombras que parecían moverse por los rincones de las habitaciones cerradas.

Maverick permaneció en silencio, su postura rígida mientras se mantenía en guardia. Sus ojos recorrían cada rincón, buscando señales de cualquier otro ataque inminente.

Shepard miró al grupo y, con un movimiento de cabeza, señaló hacia adelante.

—Sigamos avanzando. Si estas cosas estaban aquí, no creo que este sea el peor de nuestros problemas —dijo con firmeza.

Con las armas listas y la tensión palpable, el equipo dejó atrás la sala comunal, adentrándose aún más en las entrañas del complejo. Cada paso los llevaba más cerca del origen de las criaturas y, posiblemente, de las respuestas que buscaban.

Continuando, se subieron a otro ascensor. Mientras ascendían lentamente, el zumbido mecánico del sistema era el único sonido que acompañaba al grupo. Un pitido familiar resonó de repente en el casco de Maverick, indicándole que Tali había iniciado una llamada al canal personal que compartían.

—¿Si? —preguntó, su voz directa pero cargada de una cautela que no solía tener.

La pausa que siguió fue breve, pero suficiente para que él percibiera que ella estaba buscando las palabras adecuadas. Finalmente, habló.

—No es nada importante. Solo... pensé en charlar un poco—

—Claro...—respondió Maverick, aunque su tono tenía un matiz distante.

El silencio que siguió era poco común entre ellos, y ambos lo sintieron. Aunque la conexión estaba abierta, ninguno parecía saber cómo llenar ese vacío. Fue Tali quien finalmente rompió la quietud.

—¿Pasa algo? Pareces distraído—

Maverick frunció ligeramente el ceño bajo el casco, buscando una respuesta que no traicionara lo que realmente lo inquietaba.

—Estoy algo tenso por la misión. Mis radares están fallando, y no me gusta ir a ciegas —contestó, evitando la verdad completa.

Del otro lado, la quariana soltó un leve resoplido que sonaba a una mezcla de incredulidad y diversión.

—Tú no necesitas radares para saber dónde están los problemas. Ya los encuentras tú solo, como siempre —bromeó, su tono más ligero, aunque claramente no se convencía del todo con su explicación.

El soltó un leve suspiro. El zumbido del sistema cesó cuando el elevador llegó a su destino, pero ninguno de los dos cortó la conexión de inmediato. El equipo comenzó a avanzar, sus botas resonando sobre el suelo metálico del pasillo, pero Seis se mantuvo ligeramente por detrás del grupo, continuando la comunicación con Tali.

—Oye, Maverick...—comenzó ella, su tono vacilante.

—¿Sí?—

—Solo quería decir... —hizo una pausa breve, como si estuviera dudando de si debía continuar— Gracias por estar aquí. Sé que no siempre lo digo, pero siento que podemos confiar en ti, incluso mas en lugares como este—

Maverick apretó ligeramente los labios bajo el casco. Sus pasos se hicieron un poco más lentos mientras las palabras resonaban en su mente.

—Eso es lo que hago, Tali. Me aseguro de que todos estén bien —respondió finalmente, su voz más suave que de costumbre, aunque cargada con el peso de todo lo que no podía expresar abiertamente.

La comunicación se cortó justo cuando llegaron al final del pasillo, pero algo en las palabras de Tali quedó resonando en la mente de Maverick. A pesar de su entrenado autocontrol, no pudo evitar que su mirada se dirigiera hacia la figura de la quariana, quien avanzaba con determinación junto al resto del grupo, su escopeta firmemente en mano.

Cuando Shepard activó la compuerta al final del corredor, un chirrido metálico resonó, y la puerta se abrió lentamente, revelando una sala más amplia. Las luces parpadeaban intermitentemente, proyectando sombras que danzaban sobre las paredes y el suelo. En el medio, podían distinguir paneles de control y grandes baterías distribuidas a lo largo del lugar. Al fondo, el núcleo de Mira se alzaba en el centro. Todo indicaba que se trataba de la sala de ingeniería, quizás el corazón energético de Pico 15.

—Esto parece una reserva de energía —comentó Tali, inclinándose hacia uno de los paneles, su voz ligeramente amortiguada por el visor. Señaló con un dedo enguantado las conexiones parcialmente dañadas que se extendían desde las baterías hacia un muro repleto de conductos.

Liara se aproximó cautelosamente, observando las marcas de corrosión y los cables expuestos. —Probablemente alimentan los servidores principales del sistema. Mira debe depender de esto para operar en toda la instalación —añadió, mirando de reojo a Shepard para confirmar si procedían con las reparaciones.

Antes de que pudieran avanzar más, un fuerte crujido resonó a su derecha. Maverick y Garrus giraron casi al unísono, apuntando con sus armas hacia un conducto de ventilación que sobresalía del suelo.

—¡Cuidado! —gritó Shepard, justo cuando el conducto estalló en pedazos.

De entre los escombros surgieron varias larvas, sus cuerpos viscosos y de un verde brillante se movían rápidamente hacia el grupo. Emitían chasquidos inquietantes, sus pequeñas mandíbulas abriéndose y cerrándose frenéticamente.

—¡Atrás! —ordenó Maverick, interponiéndose entre Tali y las criaturas. Desenvainó su kukri con precisión mientras Wrex, con un rugido, cargaba hacia las larvas más cercanas, aplastándolas de pisotones. De un solo embate, su onda biótica destrozo gran parte del enjambre.

Los disparos resonaron en la sala, las barreras cinéticas chisporroteaban mientras los fluidos corrosivos de las larvas salpicaban al contacto. Una de las criaturas logró saltar hacia Ashley, pero Garrus disparó justo a tiempo, destrozándola en el aire antes de que tocara su armadura.

—¡No se detengan! —vociferó Shepard, su voz cortando el caos mientras cubría los flancos junto a Kaidan.

Tali, mientras tanto, manipulaba rápidamente su omniherramienta— Necesito un minuto para desactivar los conductos de ventilación cercanos. Si no lo hacemos, seguirán apareciendo. ¡Cúbranme!—

—¡Date prisa! —respondió Seis, cortando en dos a otra larva con un golpe certero de su cuchillo.

Mientras los disparos continuaban y el equipo mantenía su posición, Tali trabajaba febrilmente. Los zumbidos de su omniherramienta se mezclaban con los gritos y explosiones de la batalla. Finalmente, un chasquido electrónico marcó el éxito de su tarea.

—¡Listo! Los conductos están sellados —exclamó la quariana, retrocediendo rápidamente para unirse al grupo.

Los pocos enemigos restantes fueron eliminados con facilidad, y el silencio regresó a la sala, solo interrumpido por el zumbido de las baterías y sus pisadas sobre el suelo metálico salpicado de fluido verde.

—No está tan dañado, es reparable —comentó Tali, su tono sereno pero con una leve fatiga. Se inclinó nuevamente sobre un panel, inspeccionando los sistemas que habían quedado intactos tras la batalla. Sus dedos enguantados se movían con rapidez sobre los controles, ajustando conexiones y revisando el flujo de energía en la pantalla.

Shepard, recuperando el aliento, asintió con determinación.

—Hazlo rápido. No sabemos cuánto tiempo tenemos antes de que lleguen más de esas cosas—

Maverick, limpiando el filo de su kukri contra una sección de su armadura, se posicionó cerca de Tali mientras ella trabajaba, sus ojos escaneaban constantemente los rincones de la sala. Aunque el peligro inmediato parecía haber pasado, la tensión seguía flotando en el aire, casi palpable. Era como si las paredes mismas estuvieran cargadas de intenciones hostiles, listas para desatarse de nuevo.

Después de varios minutos de ajustes y cálculos, Tali se enderezó con un suspiro pesado, su lenguaje corporal reflejando su frustración.

—Shepard, tendremos que reactivar la IV manualmente—, anunció, sus palabras impregnadas de resignación.

La comandante asintió con firmeza, avanzando hacia el núcleo de Mira. La estructura era una torre imponente que dominaba el centro de la sala, con superficies metálicas tan limpias que parecían ajenas al caos que rodeaba el complejo. Los pitidos rítmicos y el zumbido constante de los procesadores llenaban el espacio, amplificados por las paredes. Una tenue luz verde descendía desde el techo, añadiendo un resplandor etéreo al ambiente estéril de blanco y gris.

Shepard se movió con cautela hacia la consola central, sus botas resonando suavemente en el suelo metálico. Apretó el único botón destacado del mecanismo, y un sonido mecánico rompió el aire. El elevador dentro del núcleo comenzó a descender con un chirrido de engranajes oxidados, su movimiento lento pero constante.

El resto del equipo se alarmó, acercándose al borde de la estructura para observar a su líder desaparecer en la profundidad del núcleo. La plataforma descendió más de lo esperado, revelando un espacio que se ampliaba ligeramente, adornado con luces cálidas de las que se escapaban oleadas de aire caliente.

—¿Cómo vas? —preguntó Garrus, alzando la voz para superar la distancia. Su tono estaba cargado de preocupación, aunque intentaba mantenerlo ligero.

La respuesta de Shepard llegó con un eco que resonó en el vacío.

—Bien. Hace algo de calor aquí abajo. Voy a conectar la IV—

El grupo intercambió miradas mientras escuchaban el característico sonido de su casco retirándose. El cristal del visor estaba empañado, y la comandante lo apartó con un movimiento rápido, dejando escapar un leve suspiro al sentir el aire pesado y cálido del núcleo. La temperatura había aumentado significativamente, creando una sensación sofocante que no estaba diseñada para contrarrestar su armadura configurada para el frío extremo. Pequeñas gotas de sudor comenzaron a deslizarse por su frente, pero Shepard ignoró la incomodidad, enfocándose en la tarea.

Mientras tanto, Tali y Maverick permanecieron cerca del borde, observando el descenso con atención.

—Deberíamos asegurar la zona. No creo que los conductos duren mucho tiempo sellados—murmuró la quariana, su tono más para sí misma que para los demás.

Seis asintió en silencio, manteniendo sus pensamientos para sí. Su mirada no se apartaba de los alrededores, se encontraba demasiado tenso para relajarse. El problema de sus radares lo seguía inquietando, no tenia sentido que le fallasen así desde que entraron. Dot no tenia mas explicaciones que una señal de interferencia. Era específicamente dirigida hacia el, con la suficiente potencia para abarcar todo Pico 15, al menos según ella. Rastreando su origen, el bloqueo estaba en lo profundo de las instalaciones, los laboratorios.

—Bien, terminado —se escuchó desde el núcleo. La figura de Shepard volvió a asomarse por el elevador, subiendo lentamente hasta reunirse con su equipo. Su casco aún estaba sujeto a su cintura, y gotas de sudor se deslizaban por su rostro.

Sin embargo, la atención del grupo no tardó en desviarse hacia otra presencia. Una figura femenina, de tonalidades rojizas con bandas celestes recorriendo su "cuerpo" holográfico, se materializó frente a ellos. Sus gestos eran amables, casi humanos, pero la perfección de sus movimientos revelaba su naturaleza artificial. Diferenciándolas, Dot era muy distinta a Mira, quien se le notaba bastante el ser un programa.

—Parece que quieren restablecer las instalaciones. ¿Puedo ayudarles? —saludó la figura, su tono amable y formal al mismo tiempo.

Shepard avanzó un paso, secándose rápidamente la frente con la manga antes de responder.

—Eres la inteligencia virtual que dirige los sistemas, ¿verdad? —

La figura inclinó ligeramente la cabeza, un gesto sorprendentemente fluido.

—Este sistema está programado para responder al nombre "Mira". ¿Cuál es su nombre? —

—Comandante Shepard, afiliada a Tácticas Especiales y Reconocimiento para la Ciudadela —contestó la pelirroja, manteniendo su postura firme y profesional.

—Credenciales confirmadas. Brindando acceso completo a los sistemas —respondió Mira, su voz tomando un matiz de neutralidad absoluta mientras procesaba la información—. Debo advertirle que no podrá extraer información clasificada sin permisos especiales o autorización previa dada por los ejecutivos de Binary Helix. IV preparada para consultar. Puede acceder a mí en cualquier interfaz holográfica.

Shepard asintió brevemente, dejando que su equipo se acercara mientras formulaba su primera pregunta.

—Estoy buscando a Benezia—

Mira procesó la consulta por un instante, y luego respondió con eficiencia.

—La matriarca utilizó el tranvía, viajando hacia los laboratorios de la estacion Grieta. Actualmente debería encontrarse allí, pero el transporte fue desconectado y aislado como parte del protocolo de contención—

—¿Cuál es la situación de las instalaciones? —preguntó Shepard, su tono medido mientras evaluaba las palabras de la IV.

—Reportando informe —comenzó Mira, su tono monótono pero preciso — El protocolo de contención fue activado, desconectando la conexión a tierra. El reactor está fuera de funcionamiento. Razón: desconocida. Probabilidad de brecha en el reactor o fallo catastrófico en la contención biológica—

—¿Cómo lo arreglamos? —continuó Shepard, ya anticipando que la respuesta no sería simple.

—Para reactivar la energía, debe abrir las válvulas de helio-3 en sus controles de ensamblaje. Para rehabilitar la conexión a tierra, deberá ir a la azotea de operaciones y activar los equipos. Esto reiniciará las funciones y restaurará la conexión—

Shepard intercambió una mirada rápida con Garrus y Kaidan antes de formular su última pregunta.

—Nos encontramos con criaturas hostiles. ¿Provienen de los laboratorios?—

Por primera vez, Mira pareció procesar su respuesta, aunque solo fuera un instante.

—Perdón, comandante. Esa información requiere de credenciales privilegiadas—

Shepard apretó los labios, frustrada pero no sorprendida por la respuesta. Con un leve gesto de la mano, cortó la conexión con la IV y se giró hacia su equipo, su expresión reflejando una mezcla de determinación y cansancio.

—Bien, ya escucharon. Tendremos que separarnos y reactivar los sistemas —anunció, su voz clara y firme mientras los miraba a todos.

Garrus ladeó la cabeza, su visor brillando tenuemente bajo las luces del lugar.

—¿Separarnos? Nunca me gusta cómo suena eso—

—Tampoco a mí, pero no tenemos opción. Si no reactivamos la energía y la conexión a tierra, estaremos atrapados aquí con esas cosas —replicó Shepard, cruzándose de brazos brevemente antes de continuar— Kaidan, Garrus, Wrex y Ashley, se encargarán de las válvulas de helio-3. Maverick, Tali, Liara y yo iremos a la azotea—

Los miembros del equipo intercambiaron miradas de comprensión, aunque el plan implicaba riesgos evidentes. Shepard dio un paso al frente, asegurándose de que todos estuvieran atentos.

—Manténganse en contacto. Si encuentran problemas, informen de inmediato. No tomaremos riesgos innecesarios —ordenó, su tono firme y cargado de determinación.

—Entendido, Shepard —respondió Wrex con confianza mientras desenfundaba su escopeta y la apoyaba despreocupadamente sobre su hombro.

-Minutos después-

El chasquido de la puerta resonó por la sala, dándole el paso a Garrus, liderando al segundo grupo tras completar su misión.

—Volvieron. Genial —dijo Shepard, recibiendo al equipo que regresaba del reactor. Su expresión era neutral, pero en sus ojos había un leve destello de alivio.

Ellos, aún con la adrenalina del combate en el reactor, se detuvo al observar los cuerpos de dos criaturas cercenadas, esparcidas sobre el suelo metálico. El líquido corrosivo de sus heridas formaba charcos que humeaban al contacto con las superficies frías, dejando marcas quemadas.

—¿Qué pasó aquí? —preguntó Garrus, inclinándose ligeramente para observar las marcas de garras y los impactos en las paredes cercanas.

Shepard no tardó en responder, señalando a Seis con un leve gesto.

—Nos emboscaron mientras esperábamos. Maverick se encargó antes de que causaran más problemas—

El Spartan estaba arrodillado junto a los cuerpos, limpiando cuidadosamente su kukri con un paño que se deshacía por el contacto con los fluidos de las criaturas. Aunque su postura parecía relajada, sus ojos estaban fijos en los conductos de ventilación sobre ellos, como si esperara que algo más saltara desde las sombras.

—Nosotros nos enfrentamos a un grupo de geth. Eran duros, y ahora saben que estamos aquí —comentó Ashley, con un leve tono de frustración en su voz

Shepard asintió, dando por cerrado el tema. Continuó con el plan.

—Escuchen. Hablamos con Mira, pero no podremos usar el tranvía debido al bloqueo. Habrá que "esterilizar" la zona con plasma, y para eso necesitamos llegar a los sistemas de seguridad y repararlos—

—No parece difícil —comentó Kaidan, aunque el tono de su voz sugería que esperaba lo contrario.

—Dudo mucho que esas cosas nos dejen pasar como si nada —añadió Garrus, ajustando su visor con una mano mientras su otra descansaba sobre el cañón de su rifle — Pero supongo que podemos abrirnos camino si hace falta —

El equipo se movió en formación hacia el ascensor. Al entrar, el zumbido de los engranajes fue acompañado por la voz de Mira, que resonó en los altavoces con su tono mecánico y monocorde.

—Entrando a la zona de tránsito y descontaminación — informó. Luego, con un cambio repentino en su tono, agregó una advertencia: —¡Precaución! Se detectan contaminantes sueltos en la cámara. Se desaconseja el acceso al tranvía—

Cuando las puertas se abrieron, un escenario inquietante los recibió. La zona de descontaminación estaba cerrada. En el lado de seguridad, detrás de un cristal reforzado, varias de esas criaturas estaban atrapadas, golpeando furiosamente las paredes con sus cuerpos grotescos.

—Atrapados. Curioso —murmuró Kaidan, inclinándose para observar mejor mientras el cristal temblaba por los impactos.

Shepard, sin embargo, dirigió su atención a una computadora abandonada. Cerca de la misma, un salariano yacía en el suelo. Su cuerpo estaba perforado, con heridas que aún exudaban un líquido corrosivo que quemaba la tela y la carne a su alrededor, llenando el aire con un olor acre.

—No tiene señales de haber sido comido. ¿Por qué matan entonces? —reflexionó Garrus, su voz cargada de una mezcla de curiosidad y resignación. Inspeccionando el cadáver desde una distancia segura.

Liara, intrigada, se acercó al computador y comenzó a revisar los archivos. Encontró un registro de audio marcado con una advertencia, y sin dudarlo llamó al resto del equipo.

—Hay un mensaje aquí. Parece... su último registro—

Al reproducirlo, una voz masculina llena de pánico se escuchó en la sala. Las palabras estaban fragmentadas por la estática, pero el terror en su tono era inconfundible. Cuando terminó, el sistema se apagó con un pitido definitivo, dejando la habitación sumida en un silencio inquietante.

—Se suicidó —dijo Tali en un susurro, su voz reflejando tanto compasión como incomodidad.

—Supongo que pensó que era mejor que ser devorado por estas cosas —añadió Garrus, desviando la mirada hacia el cristal que los separaba de las criaturas.

Shepard, expulsando los pensamientos que la invadían en ese momento, se acerco al panel de purga de plasma, reparándolo con su omniherramienta con facilidad. Cuando termino, y sin darle más preámbulos, lo activo. Las luces de la sala se atenuaron antes de que un resplandor cegador llenara el espacio. Las criaturas atrapadas comenzaron a emitir chillidos inhumanos que pronto se apagaron, junto con sus cuerpos, hasta que no quedó rastro de ellas.

Liara apartó la mirada, cerrando los ojos mientras apretaba los puños. Su respiración era irregular, y sus hombros temblaban levemente mientras hacía un esfuerzo por mantener la compostura.

Notándolo, la comandante se acercó a ella. Colocó una mano firme pero reconfortante en su hombro —Esta bien. Esto no será fácil, pero lo estas manejando— Liara asintió lentamente, forzando una pequeña sonrisa mientras respiraba profundamente para calmarse —Perdón. Estoy bien...Sigamos— La pelirroja le dio una ultima palmada, volviendo a tomar la delantera, liderando al grupo hacia el pasillo que antes estaba cerrado.

—Ese ruido seguro atrajo a más de ellos. No se distraigan —advirtió Garrus, su tono firme mientras cruzaba primero por la puerta, su arma lista para cualquier eventualidad.

Al cruzar el pasillo, el penetrante olor a quemado se hizo más evidente, un hedor que se filtraba incluso a través del filtro de los cascos. Era un recordatorio tangible de la brutalidad de su misión. Varios miembros del equipo hicieron una mueca de disgusto, y algunos parecían contener el impulso de náuseas.

Pero no tuvieron tiempo para procesar el malestar. Al abrir la siguiente compuerta, una masa de larvas saltó hacia ellos con una velocidad aterradora, sus formas viscosas lanzándose en un enjambre imparable.

—¡Cuidado! — gritó Shepard, reaccionando de inmediato. Lanzó una granada al centro de la horda. El estallido iluminó el pasillo con un destello cegador, y el sonido de los chillidos de las larvas llenó el aire. Sin embargo, no fue suficiente para detenerlas a todas.

Un par de las criaturas lograron alcanzar a Garrus. Su explosión ácida empapó su torso, corroyendo la coraza frontal de su armadura. El turiano cayó de espaldas con un quejido ahogado, el dolor evidente en cada uno de sus movimientos.

—¡Garrus! — gritó Tali, avanzando un paso antes de que Shepard la detuviera con un gesto firme. Maverick no esperó órdenes. Con un movimiento rápido, rompió el cristal reforzado del pasillo con una fuerza abrumadora. Los fragmentos cayeron al suelo metálico con un sonido agudo mientras él entraba en la sala de seguridad. Sin dudarlo, se dirigió hacia el cadáver del salariano. Con un movimiento eficiente y preciso, arrancó un trozo del uniforme de laboratorio.

El equipo observaba en un silencio atónito, incapaz de procesar la secuencia de acciones que se desarrollaban ante ellos. Seis regresó al pasillo y se arrodilló frente a Garrus, cuyas respiraciones eran rápidas y superficiales mientras intentaba soportar el dolor.

Con movimientos rápidos y metódicos, Maverick usó el retazo de tela para limpiar el ácido del rostro y la armadura del turiano. El material pronto quedó reducido a una masa irreconocible, pero su intervención oportuna había evitado mayores daños.

Su visor, aunque dañado, seguía funcional. Su rostro mostraba signos mínimos de quemaduras superficiales, pero la coraza frontal de su armadura estaba mucho mas dañada, medio derretida, al menos superficialmente.

El, todavía algo aturdido, se incorporó con un quejido, apoyándose en su rifle mientras se levantaba. Sus ojos, parcialmente ocultos por el visor, se encontraron con los de Seis.

—Gracias, Mav — dijo finalmente, su tono más serio de lo habitual.

—No hay problema —respondió el Spartan, su voz tranquila mientras observaba brevemente los restos de las larvas en el suelo.

Garrus, recuperando algo de su habitual humor, miró de reojo los restos humeantes y dejó escapar una pequeña risa nerviosa.

—En serio, no sé qué habría hecho si hubiera quedado desfigurado. Vivo de mi rostro, ya sabes. El policía sexy malo y todo eso —bromeó, intentando aligerar el ambiente.

Maverick y los demás negaron con la cabeza por el comentario. Soltando un leve bufido, le dio una suave palmada en la espalda. Ignorando el comentario, le hizo un gesto a Garrus para que se pusiera en marcha. El equipo, aún en silencio pero ahora más alerta, retomó su formación. Continuando su camino, el grupo dejó escapar un suspiro de alivio casi sincronizado cuando finalmente llegaron al tranvía. El pasillo de metal frío y el aire pesado de tensión quedaron atrás mientras las puertas del transporte se cerraban tras ellos. Las luces suaves y cálidas del interior del tranvía ofrecían un contraste bienvenido al entorno hostil que acababan de abandonar. Los asientos, sorprendentemente cómodos y acolchados, parecían casi fuera de lugar en un complejo tan sombrío.

Wrex fue el primero en desplomarse en uno de los asientos, dejando escapar un gruñido de satisfacción.

—Bueno, ahora solo queda esperar —dijo, estirando los brazos y acomodándose como si estuviera en la Normandía.

Los demás lo siguieron, algunos con sonrisas cansadas y otros simplemente aliviados por el breve respiro.

Shepard, con una mano aún en su arma, se acercó al panel de control y murmuró para sí misma:

—Hacia Estación Grieta —sus palabras fueron casi un mantra, como si decirlo hiciera el destino más alcanzable. Apretó el botón verde que activó el sistema, y el tranvía comenzó a moverse suavemente, deslizándose por los rieles con un zumbido apenas audible.

Maverick se quedó de pie, apoyando un hombro contra la pared metálica del transporte. A su lado, Tali se dejó caer en uno de los asientos cercanos, recostándose contra los cojines con un suspiro pesado.

El Spartan, girando levemente la cabeza, la observó con curiosidad. Quitándose el casco y sujetándolo bajo el brazo, arqueó una ceja mientras le preguntaba:

—¿Vas a dormir? —El tono de su voz era una mezcla entre broma y genuino interés.

Tali lo miró de reojo, su postura relajada pero su voz cargada de un cansancio evidente.

—No, solo voy a descansar los músculos —respondió, aunque su tono delataba que el agotamiento era mucho más profundo que el físico.

Maverick sonrió ligeramente, algo raro para alguien que solía mantener una expresión neutral. Se permitió ese pequeño gesto mientras la veía quejarse suavemente al acomodarse mejor. Aunque lo había dicho en broma, sabía que descansar no era algo sencillo para nadie en su equipo. Y para alguien como Tali, acostumbrada al bullicio constante de la Flotilla, el silencio de la Normandía y las rígidas rutinas humanas debían de ser aún más agotadores.

—Claro, te avisaré cuando estemos cerca —dijo con un deje de suavidad en su tono.

La quariana le dirigió una mirada de ligera molestia, aunque sin verdadera intención detrás.

—Espero que lo hagas. No necesito un susto despertándome en medio de otra emboscada —replicó, medio en serio, medio en broma.

Maverick se acomodó contra la pared, su postura relajada pero con la vista siempre fija en las puertas del tranvía. Su mano descansaba sobre el mango de su kukri, más por costumbre que por necesidad inmediata. Aunque el breve momento de calma era bienvenido, su mente seguía alerta, algo que compartía con Shepard en ese momento.

El suave movimiento del tranvía y el murmullo bajo del motor llenaron el espacio con una tranquilidad inusual. Por unos minutos, nadie habló. El equipo simplemente disfrutó del raro momento de paz en medio del caos.

En algún lugar, a lo lejos, el sonido del viento todavía aullaba, pero aquí, en el tranvía, se sentían brevemente apartados del frío y la violencia de Pico 15.


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