Disclaimer: Los personajes de «Ranma 1/2» pertenecen exclusivamente a Rumiko Takahashi.

Aclaración: Esta historia participa en la dinámica de #Sextember5 organizada por la página de Facebook Fanfics y Fanarts de Ranma Latino.

Inspiración: Ámame una vez más, Amanda Miguel.


Ámame una vez más

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El bar, como cada noche, se encontraba atiborrado de personas que lo frecuentaban para conversar, beber un poco y relajarse. Sobre todo desestresarse de lo abrumadora que podía llegar a ser la rutina diaria.

El hombre de elegante semblante se sentó como siempre en una pequeña mesa al fondo del lugar. Ubicada en un estratégico y privilegiado sitio que le permitía observar todo a su alrededor. Él como siempre vestía un sofisticado traje de diseñador; un oscuro conjunto que exaltaba la profundidad de su mirada. Sus ojos azules brillaban y esa seductora sonrisa eclipsaba a todos los que le observaban. Definitivamente, era un hombre apuesto.

Un misterioso empresario que noche a noche visitaba y siempre reservaba la misma mesa en ese pequeño bar que se hallaba a las afueras de la ciudad.

—¿Vino, señor? —inquirió un joven mesero que con mucho respeto se acercó para atenderle—. O desea beber algo más.

—Champagne, esta noche deseo tomar Champagne —espetó, dibujando una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios—. Hoy tengo algo especial por lo cuál brindar.

—Excelente elección, señor. Enseguida le traeré nuestra mejor botella.

El joven hizo una pequeña reverencia delante del empresario y después se marchó. Dejando solo al atractivo millonario que por alguna extraña razón jamás llegó acompañado.

Él desde la primera vez que les visitó lo hizo solo. Solo se bebía una botella de vino y solo admitía una leve conversación con el mesero que siempre le atendió. El hombre simplemente disfrutaba del show, el concierto que noche a noche solía dar una hermosa cantante que no era de fama mundial. Ella era una humilde joven que se ganaba la vida con sus melodías. Envolviendo y perdiendo en su angelical voz a quienes le oían.

El empresario llegaba exclusivamente a deleitarse con el concierto de la cantante y después se retiraba sin decir adiós. Sin despedirse de nadie, así como lo hacía esa hermosa voz que solo se bajaba del escenario y desaparecía como un alma que solo aparecía para enamorar a quienes la oían.

Porque todos en sus notas se perdían.

La noche avanzó rápidamente entre tragos y amigos recurrentes. Llenando sus mesas como lo hizo siempre. Repleto de gente que esperaba escucharla a ella. Que llegaba únicamente por ella.

«Idiotas» pensó el empresario, luego de escuchar un comentario de una mesa que tenía a un lado.

Él se sentaba retirado, distante de todos los que podrían molestarlo. No obstante, su audición era impresionante; así que, aun a la distancia pudo escuchar un murmullo que lo hizo enfadar. Una tertulia que involucraba a la cantante por la que todos esperaban.

Él empuñó su mano, golpeándose la pierna para no provocar un escándalo. Para no meterse en una revuelta barata de borrachos.

«Estúpidos, no valen la pena» se recordó, bebiendo un poco de la mejor champagne que le pudo ofrecer el bar.

Ranma se relajó y feliz se sintió cuando las notas del piano hicieron su aparición. La pesada cortina del escenario se levantó y detrás de ella una ninfa del cielo apareció. Una bella mujer que sin permiso lo enamoró.

—Te amo… —balbuceó, únicamente meneando sus labios cuando su mirada conectó con esos preciosos ojos café que le quitaron la respiración.

La mujer sonrió y con un pequeño movimiento de su cabeza confirmó que también le correspondió. Ella en su mirada reflejó lo que guardaba su corazón. Ese sentimiento puro que nació el día en el que lo conoció.

Desde que se entregó sin medida a su calor.

Las notas del piano entonaron el compás de su entrada triunfal. Las luces del bar se apagaron reflejando solo el escenario. Los aplausos se guardaron y el embrujo desataron esas cuerdas vocales que con su voz hechizaron a todos los que la escucharon.

Akane tomó el micrófono para cantar esa romántica balada que les hizo suspirar. Que les llegó a la profundidad de sus corazones.


La botella de champagne desapareció de la mesa en la que aquel misterioso empresario se sentó. La copa de cristal fue lo único que dejó y una jugosa propina le otorgó al joven mesero que con amabilidad siempre lo atendió.

Era, como él, un misterio hacia dónde se fue. Un misterio como el que dejó la cantante que ya no regresó a su camerino para cambiarse el traje que utilizó.

La mujer solo dejó una nota en la que escribió un simple «gracias», la cual dejó en su tocador. El aroma a su perfume aún se sintió, pero su calor se esfumó.

Esa cálida piel que en los brazos de él vibró.

—Te deseo, ¡Dios! Cuánto te deseo —confesó, mientras la besaba con desesperación, mientras se deleitaba con esa boca que fue su adoración—. Canta para mí, Akane.

—Ra-Ranma… ¡Ay! —gritó cuando él con posesividad tocó sus senos. Masajeándolos por encima de su vestido de cantante—. E-espera, por favor.

—¿Por qué? No quiero esperar. Quiero hacerte mía. ¡Porque tú eres mía, Akane! —exigió, calentándola aún más al pasar sus fuertes manos por su pequeño cuerpo—. Eres solo mía.

—Quieres que te cante, ¿cierto? —Ranma asintió sin dejar de besar su cuello. Sin dejar de marcar esa zona para que todos supieran que ella tenía dueño—. Entonces, pondré la canción de fondo en mi celular y con ella quiero que me hagas el amor.

Akane como pudo se zafó un poco del agarre de Ranma. Sintiendo escalofríos en su interior, pues él en ningún momento la dejó de corromper. El hombre era un depredador y ella una presa que con amor se entregó al calor de la pasión. Al calor de su amor.

Tendō buscó en su celular la canción que Saotome quería escuchar, ya que él mismo le confesó lo que sentía cada vez que escuchaba esa melodía. Cada vez que su voz lo hacía imaginar lo que la letra decía.

La cantante reprodujo la canción, envolviendo la habitación en una balada romántica que los sumergió al momento exacto que dio rienda suelta a la lujuria. Que dio rienda suelta al amor.

La voz de Akane en el fondo se escuchó, perdiéndose en su dimensión.

"Desnúdame de a pocos y bésame a lo loco. Invéntame un momento que no tenga final"

Ranma devolvió a Akane al sofá y lentamente la desvistió. Bajando las tiras del vestido que usó para el show. Él como un bobo se embelesó en esos redondos y enormes senos que tanto deseó. Mordiéndose los labios para mitigar las ganas que tenía de lanzarse a ellos y devorarlos sin control. Él siguió bajando el vestido, llegando hasta su ombligo, el cual delineó con la yema de sus dedos, notando cómo la mujer se removió con la sutileza de su acción.

«Perfecta. Eres perfecta» pensó para él mismo, siguiendo con su acción en la que su mirada se deleitó con ese esbelto y contorneado cuerpo que tenía a su disposición.

Saotome bajó el vestido por completo, aventándolo a un lado. Dejando a la cantante únicamente con su tanga. Esa diminuta braga que apenas cubría lo que su lívido más quería.

"Aprisióname en tus brazos y quiébrame en pedazos. Arrójalos al viento, ámame una vez más"

Como si de una orden se tratase la frase que sonó de fondo, Ranma aprisionó entre sus brazos a su mujer, acariciándola despacio, pasando sutilmente la yema de sus dedos que parecieron el efímero roce del viento. Aquel caliente viento que los encerró en una atmósfera llena de pasión.

Ranma apretó los senos de Akane, quien gritó y se arqueó cuando él con rudeza la tomó. El hombre se metió uno de ellos a la boca, mientras masajeaba el otro pezón que al instante se endureció en la punta de sus dedos. Saotome lamió y succionó ese delicado botón rosa que estimuló aun más a la cantante, pues desesperada apretó las piernas para sentir fricción en esa zona que pedía atención.

Esa intimidad que sola se humedeció por el estímulo que ella misma se dio al imaginar lo que vendría cuando él la fuese a penetrar.

"Sé que me esperan noches muy oscuras y sé que voy a llorar, pero hoy regálame la última luna y una noche que no olvide jamás"

La voz, esa sensual y dulce voz con la que se entonaba la canción lo enloqueció, haciendo que de una vez por todas perdiera el control. Llegando a la cima de su excitación.

Ranma dejó de devorar sus pechos; esos deliciosos y exquisitos senos que lo hicieron llegar al cielo. Él bajó lentamente por su abdomen, deleitándose con el sabor de esa delicada piel que sabía a miel; a un dulce elixir del que quería beber. Saotome delineó con sus labios el contorno de su mujer, sintiendo cómo ella se estremecía de placer bajo su ser. Cómo reaccionaba solamente ante él.

Con deseo, perdido en un cúmulo de sentimientos, llegó hasta las puertas del cielo. Su cielo. El sitio sagrado al que llegaría a rezar, al que llegó a adorar. Saotome pasó la lengua por su intimidad, mientras sus dedos se metieron en su interior. Con hambre lamió y mordisqueó esos labios que palpitaron al contacto de su boca y sus manos; haciendo círculos con la lengua que recorría sin pudor esa parte que tanto amó.

Akane gimoteó, removiéndose sobre el sofá, retorciéndose por la excitación que sintió, ya que él por completo la desestabilizó. Tendō gritó cuando Ranma con sus dientes apretó su botón. Ese pequeño clítoris que se hinchó y que no soportó tanto calor; así que, en un potente jadeó se corrió en la boca que gustosa recibió su miel. Ese dulce del que tanto ansiaba beber.

"Enrédate en mi pelo, consúmeme en tu fuego y muérdeme los labios, no me tengas piedad"

Akane aún temblando se movió para cambiar de posición, dejando a Ranma con la espalda apoyada en el sillón; mientras ella liberaba a un prisionero de su prisión. Liberando a esa bestia que dormía en su interior. Tendō se inclinó y de un solo se enterró en el glande que goteando la recibió. Ranma gruñó, ya que su mujer lo conocía a la perfección, pues con sus dientes rozó desde la base hasta la punta de su hinchada erección. El aire se esfumó, ya que sin él se quedó cuando la cantante succionó el miembro que poseyó.

El trasero de Akane se movía sin pudor haciéndole una invitación a que introdujera sus dedos para aumentar el fuego que ardía en su interior.

Él como un niño obedeció y sin esperar autorización metió dos dedos que previamente lubricó con su saliva en la profundidad de su ser. En aquel diminuto espacio que se contrajo solo para él.

Akane ahogó un grito que murió en el glande que se comió, ya que lo devoró como más le gustó. Ranma enredó los dedos en sus cabellos para hundir su cabeza en su miembro. La escena erótica que ahí se vivió no tuvo comparación, pues los dos estaban sumergidos en un mundo de lujuria sin control.

Una explosión que quería surgir porque estaba próxima a ocurrir.

"Devórame esta noche con besos que me asombren y que mi propio nombre me hagan olvidar"

Fuego, calor, ardor y excitación era lo que sentían los dos; así que, era el momento de que llegaran a la cima de su amor. A la forma más pura que tenían para demostrarse su amor.

Akane se sentó a horcajadas encima del empresario. Montándose sobre el miembro de un solo tirón. Metiéndoselo hasta la profundidad de su interior. Sintiendo cómo su cuerpo lo recibió, pues sus paredes lo apretaron para que frenético le hiciera el amor. Ranma de la cintura la tomó cuando ella se arqueó dejando ante sus ojos una imagen perfecta de su cuerpo que aún más lo extasió.

El perfecto cuerpo de la cantante brincaba sin control y sus senos danzaban de arriba abajo siguiendo el compás. Siguiendo el ritmo que lo hizo explotar.

Tendō gritó a los cuatro vientos el nombre de quién la enamoró y la enredó en esa atmósfera de excitación. Jadeando con desesperación, mientras más se movía encima de su unión. Sus sexos se rozaban sin pudor, generando un sonido ardiente lleno de pasión. El aroma era un perfume que no tenía comparación, pues sus fosas nasales se perdieron en las notas que sus propios cuerpos expulsaron.

Todo ahí era un sueño. Un ardiente sueño que les llenó cada fibra de su ser.

Ranma pegó el cuerpo de Akane al de él, embistiéndola una y otra vez hasta hacerla desfallecer. Ella ardiente en deseo se corrió, pues ya no soportó el fuerte orgasmo que le provocó. Akane se aferró temblorosa a los hombros de su amado, mientras los espasmos la hacían estragos. Ella inconsciente apretó su interior haciendo que él llegase al límite que aguantó. A lo que soportó. Así que, más rápido la penetró hasta lograr su liberación.

Ranma con toda su fuerza la embistió hasta llenarla por completo con su calor. Él la llenó con el líquido que fue su perdición, ya que desde que lo probó le fascinó.

La pareja cansada cayó sobre el sofá, mientras se acariciaba con ternura y bondad.

—Desnúdame de a pocos y bésame a lo loco, inventame un momento que no tenga final —susurró la cantante en el oído de su amante. En el oído del dueño de su corazón.

—Te amo, te amo tanto que no te lo puedo explicar —confesó, acariciando muy despacio su cabello—. Te amo, Akane Tendō.

—Aprisióname en tus brazos y quiébrame en pedazos, arrójalos al viento. Ámame una vez más… —musitó, antes de depositar un pequeño beso en sus labios—. Te amo tanto, Ranma Saotome. Te amo, amor de mi vida.

—Mi Akane, mi preciosa cantante.

Ranma volvió a besar con pasión los labios de la mujer que sin permiso se adueñó de lo que un día juró no le entregaría a nadie, su alma.

Esa alma que solo vibró y palpitó en los brazos de quien con amor se entregó a él. De quien lo amó sin condición como tanto un día lo deseó.

La mujer perfecta para él, una humilde cantante que le robó el corazón.

Fin.


¡Hola!

¿Cómo están?

Bueno, bueno, hoy creo que si les traje algo bastante subidito de tono, pero es que el momento se dio y la actividad me inspiró.

Quiero agradecer a las chicas que integran el staff de la página FYFRL por invitarme un año más a su evento #Sextember5 el cual disfruté demasiado. Mil gracias.

Y gracias también a todos los que se toman un minuto de su tiempo para leerme, comentar, votar, seguir la historia y guardarla en favoritos. Mil gracias, para mí eso significa muchísimo.

Los quiero y nos leemos muy pronto.

Con amor.

GabyJaeger