Capítulo 3: Gato adoptado
Los días siguientes transcurrieron de manera inesperada para Hermione. Contra todo pronóstico, su relación con Draco Malfoy había comenzado a mejorar gradualmente. Ya no se escondía tanto, y en vez de escapar, se quedó más que nada porque primero debía curarse antes de pensar en salir y en este lugar era muy bien alimentada.
Inicialmente, Hermione se mantuvo cautelosa y distante, rehuyendo todo contacto innecesario con el Slytherin. Pero Draco, para su sorpresa, se mostraba paciente y respetuoso, sin forzar ninguna interacción, a excepción del baño que fue obligada y terminó oliendo a Draco Malfoy para su consternación.
Por otra parte, Draco quien se negaba a ser odiado por el gato, intentó ganarse su favor y al paso de los días, el chico creía que lo había logrado para su satisfacción, ya que el felino no huia con el simple hecho de escuchar sus pasos, y eso para él era un gran avance.
Y así era, poco a poco, el gato se fue relajando en presencia de Draco. Observaba con atención cómo él se comportaba, notando que, a pesar de su fachada fría y altiva, parecía genuinamente preocupado por su bienestar.
Un día, cuando él gato se encontraba acurrucado en su rincón favorito de la habitación, el cual consistía recostada en un sillón cerca de la ventana en la que daba la luz solar. Draco se acercó con cuidado y se sentó a su lado. Al principio, Hermione se tensó, lista para salir corriendo, pero Draco simplemente se quedó allí, sin intentar tocarla, consciente de las mordidas que había recibido. Y por parte del felino, este no volvió a rasguñarlo desde que el mago esperaba que lo vuelva a lamerlo luego de herirlo, ese comportamiento humillante fue solo de una vez. Y para nada quería que se malcostumbre.
—No eres muy cariñoso —alegó Draco, mirándolo fijamente—. De seguro no tienes dueño.
Hermione gruñó por su comentario tan petulante.
—Yo seré tu dueño —se ofreció Draco, sonriendo orgulloso—. ¿Qué te parece?
El gato quería vomitar una bola de pelos. Pero sabía que lo mejor era estar a su lado y aunque no había necesidad de ganarse su afecto, tampoco significaba obtener su odio si eso daba la posiblidad de que se le ocurra maltratarla o lanzarla a la calle, al menos eso ultimo hasta que termine de curarse. Tras unos segundos de silencio, se acercó a él y rozó suavemente su mano con su cabeza, en un gesto que esperaba transmitiera su conformidad.
—A veces creo que me entiendes —dijo Draco, sonriendo levemente mientras comenzaba a acariciar la cabeza de Hermione con cuidado.—Bueno, y ahora que eres de mi propiedad, necesitas un nombre... ¿Eres un gato macho o hembra?
Hermione sintió su pelaje arder de vergüenza. Definitivamente no quería que Draco indagara en eso. Y en cualquier cosa que fuera de índole personal. En eso, recordó esa humillante situación que ocurrió días anteriores.
Para el gato fue difícil olvidar ese momento Hermione se había escabullido al baño, buscando algo de privacidad. Después de todo, a pesar de haber sido transformada en un gato, algunas costumbres humanas aún persistían.
Mientras se ocupaba de sus asuntos, escuchó la puerta abrirse de repente. Hermione sintió que el corazón le daba un vuelco cuando vio a Draco Malfoy parado en el umbral, mirándola con una expresión de sorpresa.
Ya no sabía si le había cobrado por el hecho de que el gato lo vio cambiarse de ropa.
Hermione observaba con atención desde su rincón de la habitación, mientras Draco Malfoy se preparaba para la cena. Aún le costaba acostumbrarse a esta nueva dinámica, donde Draco parecía tratarla con una amabilidad inesperada.
Cuando Draco comenzó a desabotonarse la camisa, Hermione sintió que debería desviar la mirada, pero la curiosidad pudo más. Sus ojos felinos siguieron cada uno de los movimientos de Draco, observando cómo la prenda se deslizaba suavemente por sus hombros.
Hermione se sorprendió al notar la delicadeza y gracia con la que Draco se movía, en contraste con la imagen de arrogancia y rudeza que solía proyectar. Sus dedos se deslizaban con elegancia mientras se quitaba la camisa, revelando un torso pálido y...
Tapo sus ojos con sus patas cuando se dio cuenta que se estaba bajando el pantalón...
—Supongo que eres una gata, nunca vi tus... —Draco se interrumpió al ver la mirada de advertencia del gato, luego de que el gato volvió en si al dejar de vagar por sus pensamientos—. Bueno, ya que eres mi gata, ¿qué te parece Mía?
Hermione gruñó, le parecía una pésima idea.
—¿No te gusta? —preguntó Draco—. Tampoco es como si te llamara "bestia sucia".
El gato volvió a gruñir más fuerte.
—Será Mia entonces —dijo Draco, mostrándole el collar con el nombre escrito que saco de su bolsillo—. No puede ser de otro modo.
Hermione maulló desconcertada cuando Draco saco ese objeto y más cuando le colocó el collar marcandola como si fuera su propiedad.
...
A medida que los días pasaban, Hermione se sorprendía cada vez más de la amabilidad y la paciencia que Draco le mostraba. Y mucho más que no se aburria de ella. Pensó que "tener un gato" sería solo un capricho que duraría solo unos días. Esa atención recibida sería pronto olvidada, y sería desechada como un juguete olvidado.
Sin embargo no fue así, y lo que más le sorprendió al gato es que se fue acostumbrando a su presencia y, en ocasiones, incluso buscaba su compañía.
Una tarde, cuando Hermione se encontraba relajado sobre el sofa, Draco entró a la habitación cargando un pequeño paquete. Al ver al gato, se acercó a él y le mostró su contenido.
—Mira lo que te he traído —dijo Draco, sacando del paquete un par de pequeños juguetes para gatos—. Pensé que podrías divertirte con ellos.
Hermione miró los juguetes con curiosidad, sin poder creer que Draco Malfoy, de todas las personas, se estuviera preocupando por su entretenimiento. Con cautela, se acercó a Draco y olfateó los juguetes, para luego comenzar a jugar con ellos o fingir que lo hacia. Esa mirada fija y ansiosa que le enviaba el mago, le provocó que no pudiera ignorar su buena intención a pesar de lo humillante que pudiera parecer esto.
Así que después de un rato de ver cómo Malfoy intentaba una acción por su parte, después de un alarga frustración, quiso darle el gusto.
Draco observó al gato con una pequeña sonrisa en los labios, satisfecho de ver que su regalo había sido bien recibido.
—Me alegro de que te gusten —dijo orgulloso, acariciando suavemente el lomo del gato.
En ese momento, Hermione se sintió extrañamente confortable y segura. Y aunque no era algo que admitiría, le gustaba sus caricias, aunque odiaba el ronroneo que a veces emitía por sentirse bastante a gusto.
Una parte de Hermione se preguntaba mientras lo observaba con su mirada gatuna si tal vez, debajo de esa fachada fría y arrogante, existía una persona diferente. Después de todo, decían que la manera en que tratas a los animales refleja el tipo de persona que eres, y Malfoy la había tratado demasiado bien.
