El desayuno concluyó en silencio, tomó el elevador y después de un viaje silencioso por el elevador, abrió las puertas directo en el garaje subterráneo, el Señor quito la alarma del Aston Martin Valhalla, que aún no había salido al mercado, ayudo a la azabache. a subir al deportivo, como todo un caballero que era.
El rugido del motor del Aston Martin Valhalla resonaba en el garaje subterráneo mientras Kagome se acomodaba en el asiento de cuero, sintiendo la suavidad del material contra su piel. Bankotsu había sido un recuerdo fugaz en su mente, un eco de lo que había creído que era amor. Ahora, al lado del Señor, la confusión y la emoción la envolvían como una niebla densa.
El viaje hacia las oficinas Taisho fue silencioso, pero la tensión en el aire era palpable. Kagome miró por la ventana, observando cómo la ciudad se deslizaba rápidamente, los edificios altos reflejando los primeros rayos de sol. Pensaba en cómo su vida había cambiado en tan poco tiempo, atrapada entre el pasado y un futuro incierto.
Al llegar, el Señor apagó el motor y se volvió hacia ella, sus ojos dorados brillando con una intensidad que la hizo sentir expuesta.
––– ¿Lista? ––– preguntó, su voz profunda resonando en el pequeño espacio del automóvil.
Kagome se acercó, aunque su corazón latía desbocado. Al salir del coche, sintió el peso de las miradas de los empleados que pasaban, algunos admirando el lujoso vehículo, otros intercambiando murmullos sobre la presencia del Lord y su misterioso acompañante.
Las oficinas Taisho eran un espectáculo de modernidad y elegancia. Las paredes de cristal reflejan la luz, creando un ambiente luminoso y acogedor. A medida que avanzaban por el vestíbulo, Kagome no pudo evitar sentirse un poco abrumada por la grandeza del lugar, pero también emocionada por la oportunidad de ver cómo funcionaba el imperio que había construido el Señor.
––– Aquí es donde sucede la magia ––– dijo él, señalando las diversas áreas de trabajo donde los empleados estaban inmersos en sus tareas.
La familia Taisho se dedica a una variedad de negocios que abarcan diversas industrias, entre ellas, cuentan con una sección de tecnología, bienes raíces, cuentan con su propio despacho de abogados, fianzas y lo más importante las actividades filántropas en las que sus padres están incluidos.
Kagome se sintió fascinada por la energía del lugar, pero su mente seguía divagando hacia la noche anterior. La imagen de Bankotsu besándose con Kagura se repetía una y otra vez, como un eco que no podía silenciar. Sin embargo, la presencia del Señor a su lado la hacía sentir viva, como si estuviera despertando de un largo letargo.
Mientras caminaban, el Señor se detuvo frente a una gran sala de conferencias, donde se llevaría a cabo una reunión importante.
––– Te presento a mi equipo ––– dijo, abriendo la puerta con un gesto elegante.
Kagome entró, sintiéndose un poco fuera de lugar entre ejecutivos bien vestidos y profesionales serios. Sin embargo, la forma en que el Señor la presentó, con una mezcla de orgullo y posesión, le dio un impulso de confianza.
––– Esta es Kagome––– anunció, haciendo que todos volvieran la mirada hacia ella, el Señor, no dijo nada más.
Kagome sonri tímidamente, sintiendo una mezcla de nervios y emoción. Mientras el Señor comenzaba la reunión, ella se quedó al fondo, observando cómo él lideraba con aplomo, su voz resonando con autoridad y carisma. Era evidente que todos lo respetaban y algunos hasta parecían temerle.
A medida que la reunión avanzaba, Kagome se dio cuenta de que el Lord no solo era un hombre de negocios astuto, sino también un líder natural. Su presencia llenaba la sala, y ella se sentía afortunada de estar a su lado, incluso si su corazón aún estaba en conflicto.
Cuando la reunión concluyó, el Lord se acercó a ella y el tomo de la muñeca de Kagome con una firmeza sorprendente, su agarre era suave pero decidido. Sin decir una palabra, la conducida a través de los pasillos de la oficina, su presencia imponente y silenciosa atrajo la atención de los empleados, que se apartaban respetuosamente a su paso. Kagome, un poco desconcertada por la repentina intimidad del gesto, sintió una mezcla de emoción y nerviosismo.
Al llegar a la oficina del Lord, Kagome se sintió abrumada por la elegancia del lugar. Las paredes estaban adornadas con obras de arte contemporáneo, y grandes ventanales ofrecían una vista impresionante de la ciudad. El ambiente era una mezcla de modernidad y sofisticación, con muebles de diseño que hablaban del buen gusto y la riqueza de su ocupante. Sesshomaru la condujo hacia el interior, su presencia dominante llenando el espacio. Kagome notó cómo el aire se volvía más denso, como si cada objeto en la habitación estuviera impregnado de la autoridad del Señor.
Sesshomaru se acercó a Kagome pestañeo, cerrando la distancia entre ellos hasta que ella se encontró arrinconada contra la puerta de su oficina. Su mirada intensa, como un fuego que ardía en la oscuridad, la atrapó en su lugar, mientras él apoyaba una mano contra el marco, creando una barrera que la hacía sentir tanto vulnerable como electrificada. La respiración de Kagome se aceleró, y su corazón latía desbocado; la forma en que él la observaba, con una mezcla de desafío y deseo, la hizo sentir atrapada en una red de emociones contradictorias. Sesshomaru inclinó ligeramente la cabeza, una sonrisa juguetona en sus labios, como si supiera exactamente el efecto que tenía sobre ella.
––– ¿Te sientes incómoda, Kagome? ––– preguntó, su voz suave y provocativa, provocando que un escalofrío recorriera su espalda.
––– Exijo saber qué aviones tienes para mí ahora que me has "comprado" ––– Dijo la azabache mientras intentaba apartar al peli plateado sin éxito.
––– Comprado es una palabra fuerte, Kagome. Digamos que te he adquirido para un propósito más... interesante ––– Con esa sonrisa cínica que solo él podía poner
––– ¿Interesante? ¿Qué significa eso? No voy a ser tu juguete ni un simple objeto de entretenimiento ––– frunciendo el ceño
––– No, no eres un juguete. Eres mucho más que eso. Quiero que seas parte de mi mundo, pero en tus propios términos ––– acercándose un poco más
Kagome frunció el ceño, sintiendo la presión de su cuerpo contra la puerta. La mirada intensa de Sesshomaru la hacía dudar, pero su orgullo no le permitía ceder tan fácilmente.
––– ¿Parte de tu mundo? ¿Eso significa que debo renunciar a mis sueños y deseos solo porque tú lo dices?
––– No es así. Quiero que disfrutes de la vida, que seas feliz. Puedes salir con tus amigas, ir al gimnasio oa clases de pilates. Gasta mi dinero, diviértete, apoya a las beneficencias que desees. Te ofrezco todo lo que podrías haber deseado alguna vez, Pero…
––– ¿Pero qué? ––– Pregunto la azabache
––– El precio de todo lo que ofrezco es muy alto. Tu sangre.
Kagome se quedó helada, como era posible que este hombre le pidiera algo así, no comprendía a que exactamente se refería con su sangre.
––– ¿Estás hablando en serio? ¿Cómo puedes pedir eso? –– Kagome estaba empezando a sentirse extremadamente nerviosa en esa posición.
EL señor se encontraba muy divertido, podía sentir como las emociones se arremolinaban en la chica, se apartó, fue a su escritorio y tomo el teléfono.
––– Dile a Jaken que Kagome necesita ser llevada a casa––– La chica que no se había movido salió del pequeño trance.
––– ¡Oye! Yo no necesito que nadie me lleve a ningún lugar.
Kagome tomó valor y salió de la oficina del Lord, con paso rápido y decidió salir de la empresa. Ella no sabía, pero de haber querido el Señor la detendría en menos de un segundo. La azabache se encontraba caminando por la ciudad, un poco abrumada con todo lo que le estaba pasando últimamente.
No sabia a donde más ir, por lo que volvió al departamento donde ahora reside, el guardia la saludo como vieja amiga se tratare.
––– Señorita Kagome, que bueno que llego con bien ––– el guardia del edificio de aspecto peculiar, con una larga barba y cabello desgreñado. Kagome se siente débilmente al ver al guardia, sintiendo un leve alivio en medio de su confusión.
––– Creo que no tengo llaves para entrar ––– Dijo un poco avergonzada, en eso no había pensado.
––– No se preocupe, acompáñeme ––– El guardia guio a la chica al elevador ––– La clave para el departamento del Lord es 45896 y presione después el botón verde.
La chica siguió las indicaciones del guardia y la puerta del elevador se cerró, subiendo rápidamente al piso requerido. La puerta del elevador se abrió con un suave ding , y Kagome salió, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. El sol brillaba en todo lo alto atrás vez de las grandes ventanas con la hermosa vista de la ciudad.
Kagome se acercó a la ventana del departamento, sintiendo cómo la luz del sol, radiante y cálida, iluminaba el espacio. A las dos de la tarde, la ciudad se extendía ante ella como un vasto lienzo de vibrantes colores. Los edificios brillaban bajo el sol, y las calles estaban llenas de vida, con coches que se movían como hormigas en un hormiguero. Se perdió en la vista panorámica, sintiendo una mezcla de paz y asombro. El cielo, de un azul profundo, contrastaba con las nubes blancas que flotaban suavemente, y el aire fresco que entraba por la ventana le traía el aroma de la primavera. Aquel nuevo hogar, compartido con Sesshomaru, le ofrecía un refugio inesperado, y mientras contemplaba la belleza del mundo exterior.
Sus pensamientos eran una maraña de emociones, ella se había esforzado tanto tiempo por obtener un título universitario, ama trabajar y no le gustaba sentir que era el objeto de nadie, pero lo que más le atormentaba, era saber por que su sangre era tan importante. . Se preguntaba si con eso Sesshomaru le daba sentido que quería tener hijos. Se ruborizo al instante.
Un ruido a la entrada la bolsa de su ensueño. Su corazón comenzó a latir más rápido. No se dio cuenta que no era la única persona en el departamento, no se dio cuenta que era observada desde las sombras, por una presencia imponente y aunque no la conocía había algo que lo intrigaba de esa chica.
Mientras ella contemplaba la vista, Inuyasha, con su aguda percepción vampírica, se sintió atraído por el aroma embriagador que emanaba de ella. ¿Qué era esa fragancia? Era como si cada nota de su esencia lo llamara, llenando su mente de un deseo incontrolable.
Sin poder resistir la tentación, Inuyasha dio un paso adelante, sus instintos primarios tomando el control. El impulso de morderla, de reclamarla como suya, era abrumador. Sin pensarlo dos veces, se lanzó hacia Kagome, sus colmillos alzándose, listo para sacar su asiento.
Kagome, sintiendo el peligro inminente, se giró justo a tiempo para ver como un chico de cabellos plateados, con mechones desordenados, piel pálida, casi luminosa, ojos escarlata intensos y penetrantes, se abalanzaba sobre ella. Su corazón se detuvo por un instante, el miedo y la confusión inundando su mente. Un grito quedo extinto en su garganta, no podía gritar. Estaba perdida.
