Tomaron un taxi para volver a casa. Bob seguía emocional y por ser una ocasión especial, bebió bastante y en su borrachera mezclaba lamentos por su princesa, con amenazas a Derek. Miriam junto a él, en el asiento de atrás, lo consolaba. Helga iba en el asiento del copiloto en cierto modo tranquila de que su madre hubiera evitado una recaída. Era casi admirable.

El conductor tomó la ruta que pasaba por el parque Tina y se detuvieron en una luz roja en la cuadra siguiente.

–Me bajaré aquí–dijo Helga–. Quiero tomar aire. Caminaré a casa más tarde

–¿Estás segura hija?–dijo la mujer– ¿No te molestan los zapatos?

–Sí, estoy segura y no, no me molestan–Rodó los ojos.

–Bueno, no llegues tarde... ah y toma esto–La mujer le entregó un enorme pañuelo azul que servía de tapado.–Por si hace frío más tarde

–Gracias, mamá–dijo la chica, abriendo la puerta–. Nos vemos en casa

Caminó mirando el cielo, distraída, mientras el atardecer se apoderaba de la ciudad. Sus pies la llevaron a la banca de siempre sin que pusiera atención a la ruta. Reconoció a Brainy con un traje formal y un reproductor de música en sus manos, mucho más pequeño que el de ella, era para cintas. El chico la observó, acercándose.

–Luces hermosa–dijo antes de besarla.

–Esta es la Helga de ocasiones especiales, así que no te acostumbres–dijo.

–Lo sé. Mi favorita es la Helga de cada día

–Tú si sabes apreciar el arte moderno–Se burló con una risita.

El chico le ofreció uno de los audífonos, mientras se acomodaba el otro.

–¿Me concede esta pieza, señorita?

–Con gusto–contestó ella.

Brainy enganchó el reproductor de música en su cinturón, presionando los botones de memoria para reproducir la música. Un vals comenzó a sonar al tiempo que él la sujetaba por la cintura, guiándola en el baile. La chica le siguió el ritmo, encantada. Giraron varias veces, riendo divertidos.

Cuando la música acabo, Brainy la besó lentamente y ella le correspondió, abrazándolo.

–Me alegra que vinieras hoy–dijo él.

Helga lo miró. Lucía guapo, se había arreglado bastante solo para verla un momento. Un pantalón de color borgoña, camisa celeste y corbata dorada. Se sintió ligeramente culpable por no invitarlo. Pudo decir que era un amigo, aunque ¿podrían haber pasado toda la boda sin besarse? Se odiaba un poco por pensar así.

«Rayos»

Le gustaba el chico. Pero al mismo tiempo pensaba que si Lila y Arnold la hubieran visto con él, se habría puesto idiota y reaccionado mal. Y una cosa era ocultar su relación y otra negarla. Incluso para ella eso último parecía horrible.

–Te ves muy bien–dijo la rubia–. T-te queda bien esa ropa

–También es el Brainy de ocasiones especiales

–¿Y qué tiene de especial esta ocasión?

–Que viniste aquí a bailar conmigo

–Basta, me harás vomitar

Sonrieron.

Era absurdamente empalagoso y no le molestaba. Por primera vez sintió que se sonrojaba con él. ¿El estúpido fenómeno la estaba poniendo nerviosa?

«Contrólate, Helga»

Lo abrazó, apoyando su frente en el hombro de él. Olía a jabón, pero además a un perfume que no era el aroma de siempre.

«Demonios»

No lograba tranquilizarse y no quería sentirse así.

El viento agitó las hojas de los árboles y la sensación fría la regresó a la realidad. Se apartó del chico y acomodó el pañuelo que le había pasado Miriam, cubriendo sus brazos y hombros.

–Creo que iré temprano a casa–Bostezó.–. Estoy agotada

–Vamos–dijo el chico, ofreciéndole el brazo.

Helga lo aceptó con una sonrisa y caminaron así. Mientras ella le contaba sobre la ceremonia y la fiesta, en especial el ridículo que hicieron algunos invitados cuando varios vasos de alcohol -y suponía que también la hierba- hicieron lo suyo.

Cuando se acercaron a la calle de la residencia Pataki, Helga lo besó como despedida y corrió hasta su casa.

El chico se fue a casa contento. Seguía en el sueño que era al fin poder salir con la rubia de sus fantasías.


...~...


Helga se quitó el maquillaje como le aconsejó la asistente y luego tomó un baño para quitarse la sensación pegajosa de la laca en su cabello.

En su habitación, mientras ordenaba algunas cosas, comenzó a tararear el vals que bailó con Brainy y antes de darse cuenta estaba repitiendo los pasos.

«No... no... Helga»

«¿Qué importa? Ahora es tu novio»

«Solo estamos saliendo»

«¿Cuál es la diferencia?»

Se tiró sobre la cama, tomó sus audífonos y empezó a escuchar un disco de rock pesado, porque necesitaba ruido distinto en su cabeza antes de dormir.


...~...


El día siguiente Phoebe la invitó a casa y después de almorzar se recostaron en la cama escuchando música. Helga estaba echada con las piernas colgando a un costado y la cabeza hacia el muro, mientras Phoebe tenía los pies en el mismo muro y la cabeza hacia el costado. Ambas miraban el techo y se habían tomado las manos, jugando con sus dedos.

–Eso fue mucha comida... y aún no me recupero del banquete de ayer–dijo Helga, dando palmadas a su estómago hinchado–, pero estaba tan delicioso, que quería probar todo

–Me alegra que te haya gustado, la mitad de eso lo hice yo. Mamá intenta enseñarme a cocinar nuevas recetas–respondió su amiga con una risita.

–Como siempre, sobresaliendo en tus estudios

–Gracias, Helga

Ambas rieron y luego dejaron que la música matara el silencio. Phoebe estaba interesada en esas boy bands que estaban de moda, pero la rubia ya había aprendido aceptar sus gustos, en especial porque tras el fiasco con Ronnie, su amiga había aterrizado bastante y fuera de cierta admiración artística, ya no elevaba a los idiotas a un pedestal. La mayoría de las canciones eran de amor o quiebres o engaños, así que hasta cierto punto Helga se hartaba.

–Me hubiera gustado acompañarte ayer–dijo de pronto Phoebe cuando terminó la letra de uno de sus temas favoritos y solo quedaba el cierre instrumental.

–Ahora que lo mencionas, hubiera sido bueno tenerte ahí. ¿Puedes creer que Olga invitó a Lila como su "hermana"?–hizo comillas con sus dedos en el aire.

–¿En serio?

–Sí, aunque debí saberlo. Todos los veranos Olga la invitaba a pasar unos días de vacaciones juntas y siguen con esa interacción ridícula

–¿Entonces pasaste la tarde con Lila?

–¿Crees que estoy tan desesperada? ¡Claro que no, Pheebs! Además, la señorita perfecta invitó al estúpido cabeza de balón

–¿En serio invitó a Arnold?

–¡Sí!

–Lo lamento por ti

–¿Gerald no te comentó nada?

–No. A decir verdad, tampoco creo que lo supiera, probablemente le hubiera aconsejado no ir

–¿Qué? ¿Por qué?

–Por nada

–Escupe

–Para no incomodarte

–Ya no me incomoda

–¿Te molestó que estuviera con Lila?

–Me molestó enterarme en la fiesta que estaban invitados–Rodó, apoyando su codo en la cama para poner su cabeza en su mano.–. No me habría molestado de saberlo de antemano

–¿Estás segura?–Phoebe se sentó, cruzando las piernas.–¿Ya no te queda... ningún sentimiento por Arnold?

–Solo un enorme y absoluto desprecio

–¡Helga! Pensé que al menos intentarían ser amigos

La chica volvió a recostarse y cruzó sus brazos.

–Es difícil, Pheebs. No sé si algún día lograré sentirme tranquila alrededor de él. A veces está bien, otras veces recuerdo la sensación de ese día y lo odio

–¿Del día que ibas a declararte?

–Sí

–¿Qué pasó ese día?

–Ya te lo dije

–Pero nunca me dijiste... cómo fue que te encontró esa chica... ¿Valeria?

–Valentina... y sólo fue suerte, me buscó en un lugar que ella misma me mostró

–Entiendo

Otra vez se recostaron como antes y siguieron escuchando la música.

Phoebe tenía los discos más recientes de los artistas que le gustaban. Helga escuchaba las letras tratando de no burlarse o vomitar. Por suerte para ella cuando terminó ese tema, su amiga hablaba de la escuela, de los últimos exámenes que les quedaban, de los planes que tenía para las vacaciones de verano y lo emocionada que estaba por entrar a preparatoria.

A ratos añadía anécdotas sobre la inspiración que tuvieron sus artistas para tal o cual canción o de como parecía que hablaban de una cosa para hablar de otra y como expresaban los profundos conflictos humanos. En un punto la rubia rodó los ojos, pensando que se había equivocado sobre la lección que debió aprender su amiga con la decepción de Ronnie.

Comenzó a oscurecer y cuando lo notó, Helga se sentó tan rápido en la cama, que asustó a la otra chica.

–¿Qué hora es?

–Falta poco para las siete

–Tengo que irme–se levantó y tomó su chaqueta.

–Pero...

–Nos vemos en la escuela

–Adiós, Helga

La chica salió de la habitación y se despidió de los padres de su amiga antes de salir.

–Por favor que no sea tan tarde–murmuraba, mientras caminaba lo más rápido posible hacia el Parque Tina.

Cuando llegó ya había anochecido del todo, pero en el lugar de siempre, estaba el chico.

–Perdón por llegar tarde–dijo ella–. Estaba con Phoebe y el tiempo pasó volando

Brainy le sonrió y la invitó a sentarse junto a él. Ella le dio un beso en la comisura de los labios y aceptó la invitación.

Se dedicaron a ver las estrellas sin decir nada, tomados por el meñique, descansando sus manos en el asiento de la banca.

–Hay algo que debería contarte–dijo de pronto la chica, tras lo cual soltó un largo suspiro–. Olga–Continuó– invitó a Lila a la boda y ella llevó al cabeza de balón. No quiero mal entendidos si es que ellos llegan a mencionarlo en la escuela

–Comprendo

–Gracias

Después de un largo silencio, Brainy no soportó más.

–¿Te dijo que estabas guapa?

–Claro, él, los estúpidos amigos de Derek, las otras damas de honor, incluso Bob dijo que estaba guapa–Explicó Helga, nerviosa.

–¿Todavía piensas en Arnold?

Helga negó.

–No mientas

–No pienso en él de la misma forma que lo hacía antes

–¿Piensas en mí?

–Más de lo que me gusta admitir. Y si vuelves a preguntar eso, tu rostro recibirá una visita de la vieja Betsy–Concluyó, levantando su puño.

Esa era la Helga que todos conocían -y él amaba-, pero también disfrutaba poder ver a la chica la que los demás ignoraban, la Helga sensible, artística, lista; la que le hablaba abiertamente sobre los problemas en casa o la que podía quedarse por horas en silencio, pensativa; la que siempre estaba pendiente de su mejor amiga, tanto que vigiló a Gerald durante semanas solo para asegurarse que no estuviera jugando con Phoebe y hasta los espió en algunas de las primeras citas. Todo lo que conocía, el exterior y el interior, le encantaba.

De solo pensarlo, Brainy seguía sonriendo con ilusión cuando llegó a casa.


...~...


Esa semana Helga pudo olvidarse de su hermana, la ansiedad, el estrés y todo lo que pasó con los preparativos de la boda. Incluso creía que podía disfrutar de la nueva paz instalada en su casa. No era que las cosas cambiaran entre ella y sus padres, pero al menos ya no estaban lidiando con todo lo demás.

En la escuela pasaba los descansos con Phoebe. A veces se unían Gerald y, por supuesto, Arnold; pero por alguna razón Helga se sentía mucho menos hostil y no solo los toleraba, también podía disfrutar su compañía. Les reía uno que otro chiste y hasta a bromear con ellos, en lugar de tener su actitud de eterno desprecio. La clase de deportes competía con Harold y Stinky, a veces también con Rhonda, que últimamente intentaba bastante llevarle el ritmo y eso lo respetaba. Y los almuerzos y por las tardes seguía viendo a su novio.


...~...


Unas semanas después tuvo su consulta mensual con la doctora Bliss. Eligió jugar cartas. A Helga le gustaba poder hacer esas cosas en la terapia, la hacían sentir que la mujer era un poco más cercana a ella y menos una persona adulta intentando "repararla".

–¿Cómo estuvo la boda?–Preguntó de pronto la mujer.

–Estuvo bien–Respondió barajando el mazo–. Hubo mucha comida y pude humillar a un grupo de pedantes titulados

–¿Cómo fue eso?

La rubia le contó entre risas, mientras repartía las cartas.

–Veo que tu lado competitivo no desaparece

La doctora anotó algo rápido y luego cambió una carta de su mano.

–¿Y cómo van las cosas en la escuela?

–Mejor

–¿Me contarás cómo te lastimaste?

–No

–Helga

–No quiero hablar de eso, ¿sí?

–Sabes que estuve a punto de recomendarte para regresar al plan semanal

–No quiero venir cada semana otra vez. No se lo tome a mal, me agrada–Miró sus cartas y empujó una ficha–, pero tengo cosas que hacer

–¿Cómo qué?–La mujer hizo lo mismo con sus fichas.

–Como estudiar

–Te va bastante bien, no creo que cambiar una tarde de estudio por una de terapia baje tus calificaciones

–También ver a mis amigos

–Phoebe entenderá y por lo que me has dicho, solo están jugando baseball los fines de semana ¿no?

–Yo... emh...

–¿Pasó algo de lo que quieras hablar?

–No

–Está bien–La mujer bajó sus cartas: póker

–Sorprendente–dijo Helga–. Pero no lo suficiente–Le enseñó su mano: escalera de color, corazones.

–Impresionante–Reconoció con una sonrisa.

La terapeuta se levantó de su asiento y fue a su escritorio, abriendo su cajón.

–¿Prefieres una bebida o unas galletas?

–Ambas

–Está bien, ganaste limpiamente

Bliss volvió a sentarse frente a la adolescente y le entregó una botella y un paquete de galletas de chocolate.

–Y dime, Helga–Continuó, revisando sus notas–¿Cómo van las cosas con Arnold?

–Bueno...–Guardó su premio en la mochila y se sentó al borde del sillón, con las manos en los costados, jugando con la costura de la tela.–. Estamos hablando en la escuela, cuando estamos los cuatro, ya sabe, con Phoebe y Gerald

–Ya veo–La mujer volvió a tomar nota.– ¿Y cómo te sientes cuando están juntos?

–No es tan malo. Sé que él no quería hacerme sentir mal... siempre se esfuerza por ser bueno con todos–Añadió apartando su mirada.–. También intentó disculparse–Levantó su rostro con cierta preocupación.–. Y no puedo ignorarlo del todo

–Es muy maduro de tu parte darle una oportunidad, Helga

–Es que... sigue siendo él... digo... siempre será el mejor amigo de Gerald y mientras él y mi amiga sigan juntos, Arnold seguirá estando en mi vida. Además, seguimos en la misma clase... y no creo que eso cambie

–¿Entonces intentas llevarte bien con él por Phoebe?

–No solo por Phoebe. Incluso con todo el daño que le hice con mis tontas bromas y mi actitud, sé que puedo considerarlo un amigo. No es fácil, pero lo intento–Continuó con un tono triste

–Puedo entender que te estás esforzando

–Aunque a veces recuerdo... cómo me sentía antes y como me sentí ese día... y las cosas que dijo... y quiero que se aleje a otra galaxia ¿eso es... normal?

–Sí, Helga, fue algo doloroso. Incluso si logras perdonarlo, eso no significa que tengas que fingir que nada pasó. Es normal que intentes protegerte y quieras apartar a quienes te han lastimado. Es una de las razones por las que seguimos trabajando en esto

–¿Y cuándo terminará? ¿Cuántas sesiones de esto quedan?

–Helga, no puedes elegir cómo sentirte, ni puedes ponerle un límite de tiempo a tus emociones. Los sentimientos varían. Tendrás días buenos y malos, con o sin Arnold cerca. Lo importante es que sepas entender lo que sientes y aprendas a procesar esas emociones de manera sana

–Lo entiendo–Miró el suelo unos minutos.– ¿Cree que... el conservar mis diarios sea lo que me impide superarlo del todo?

–¿Todavía los tienes?

La chica asintió.

–Siguen en la caja bajo mi cama y por momentos hasta olvido que están ahí. Solo la abrí para guardar el regalo que Arnold me dio en mi cumpleaños. Yo no... no quería tenerlo a la vista... pero no podía botarlo y aunque en ese momento intenté romperlos... simplemente no puedo...

–Pusiste mucho de ti creando tanto por alguien, durante mucho tiempo. Es normal que sea difícil decidirte a deshacerte de todo eso. Si algún día realmente quieres arrojar todo a la basura, romperlo o destruirlo de alguna otra forma, lo harás, pero no te presiones. Puedes hacerlo cuando estés lista

–¿En serio?–Un brillo destructivo apareció en la mirada de la chica.

–Solo procura tomar precauciones para que sea seguro

–Yo no...

–Helga, sabes a lo que me refiero–Añadió Bliss cruzando los brazos, mirándola con una sonrisa suspicaz.

–Está bien–dijo Helga con una risita al notar que no le estaba prohibiendo ejecutar ninguno de los locos planes que en esos breves segundos consideraron las opciones de una trituradora, agua y fuego.

Se imaginó a sí misma riendo con malicia y locura, en un acto solemne y encendiendo una cerilla con indiferencia, respectivamente, pero sabía que ninguno de esos escenarios la convencía.

–¿Entonces es normal que algunas veces esté enfada o triste y que en otras ocasiones no me importe?

–Claro, Helga. Piensa que en cierto modo estás viviendo un duelo, no por Arnold, sino del amor que sentías por él...

–Oh... eso... tiene sentido–Cerró los ojos.–. Tal vez podría escribirle una elegía... como ¿un cierre?

–Es una buena idea ¿Cómo te hace sentir eso?

–Mejor

–Me alegra oírlo, Helga–Anotó algo más.–. Me parece que estás más animada que en la sesión anterior. ¿Ha habido algún cambio en tu vida?

–¿No es suficiente cambio que Olga al fin se fue de la casa para siempre?

Bliss asintió con comprensión.

–Si no tienes nada más que agregar, tal vez podamos dejar la sesión hasta aquí. ¿Estás de acuerdo?

Helga miró su bolso, dispuesta a ponerse de pie y marcharse de ahí, pero dudó un segundo.

–Bueno... –Añadió nerviosa–la razón por la que no quiero tener más sesiones, es porque estoy viendo a alguien

–¿Quieres hablar de esa persona?

–No ahora

–¿Te hace sentir bien?

–Sí

–¿Sabe lo que pasó con Arnold?

–Sabe que amaba a Arnold y no le importa

–¿Es alguien en quien puedes confiar?

Helga asintió.

–¿Es alguien de tu edad?

También asintió.

–Está bien, me basta con eso–Sonrió dejando a un lado sus notas.–. Bueno, se acabó nuestro tiempo. Espero verte el próximo mes

–Sí

–Y recuerda que puedes solicitar consultas fuera de lo programado si sientes que necesitas ayuda, ¿de acuerdo?

–De acuerdo

La chica rodó los ojos con su actitud arrogante de siempre, pero Bliss le sonreía y Helga de inmediato abandonó su acto y se despidió de la mujer con un abrazo.


...~...


NOTAS:
¿Qué piensan? ¿Helga realmente dejó de pensar en Arnold? ¿En verdad le gusta-gusta Brany?