El viernes siguiente Helga se encontraba con su novio en uno de sus encuentros en el auditorio, besándose tras las cortinas. A ratos él le hacía cosquillas y ella le sujetaba las manos, apartándolo, para luego volver a besarlo. Era un jugueteo habitual entre ellos.

A Brainy le encantaba escucharla reír casi tanto como que tomara sus manos, incluso si era forcejeando; y sabía detenerse antes que ella se enfadara en serio.

Un ruido metálico y un brillo repentino los congeló. Alguien había abierto la puerta principal y casi de inmediato reconocieron las voces de Eugene y Curly. Helga le cubrió la boca a Brainy con su mano y en un movimiento rápido, pero cuidadoso, lo empujó contra el muro, detrás de unas viejas escenografías. La chica cerró los ojos para enfocar su audición. Sabía que desde la entrada principal y bajando por las escaleras podrían verlos si iban a la salida de emergencia. Intentaba pensar en una forma de escapar.

–¿Entonces revisamos el guion?–Escucharon decir a Eugene.

–Preferiría comenzar con las coreografías–Respondió Curly.

–Pero aún no sabemos los diálogos

–Tenemos que explorar el escenario, conocer el espacio y entender como enfatizar con nuestros cuerpos las emociones de nuestros personajes–Continuó con dramatismo, dando saltos y giros mientras bajaba la escalera.–. Si lo hacemos bien, no importarán las palabras, podemos cambiarlas o incluso olvidarlas, pero nuestras actuaciones conmoverán a nuestro público

–En eso tienes razón–Reconoció Eugene con una risita.

«Rayos»

–No te muevas–susurró Helga, apartando su mano del chico–, tengo un plan, regresaré por ti

Brainy asintió. Ella le dio un beso en la comisura de los labios para luego arrastrarse pasando con cuidado bajo la cortina. Avanzó a gatas para luego encaramarse en unas butacas.

–¿Qué demonios?–dijo sentándose, haciendo bastante ruido al dejar que uno de los asientos volviera a su lugar de golpe –¿Qué hacen aquí?

–¿Helga?–dijeron los chicos.

–¿Qué haces tú aquí?–añadió Curly.

–Dormía, hasta que interrumpieron–Explicó la rubia, desperezándose mientras restregaba sus ojos y se estiraba, para luego mirarlos.– ¿Y ustedes?

–Estamos preparando una obra–Respondió el pelirrojo con entusiasmo.–. Haremos audiciones la próxima semana, ¿quieres participar?

–En tus sueños–Se puso de pie.–. Si van a hacer tanto ruido tendré que buscar otro lugar para mis siestas

–O puedes ayudarnos–Insistió Eugene con entusiasmo.

–No me interesa ser parte del circo

Helga salió del auditorio con actitud ofendida, mascullando maldiciones mientras subía los peldaños hasta la salida principal.

La puerta abriéndose.

El brillo.

La puerta cerrándose.

Brainy se sintió abandonado a su suerte. Jugaba con sus manos mientras buscaba una excusa para estar escondido. Incomodaría a los chicos si decía que estaba mirando a Helga. Casi toda la clase sabía que a él le gustaba, pero incluso así cualquiera le hubiera cuestionado que estuviera vigilándola cuando ella dijo que "dormía". Decir la verdad no era opción, primero, porque no iba a romper su palabra con ella y segundo, porque de todos modos nadie le hubiera creído. Intentaba pensar, nervioso, mientras los otros dos subían al escenario y daban vueltas, charlando entre risas y moviéndose con cierta gracia. Temía que en cualquier momento pudieran descubrirlo tras la cortina. Cerró los ojos y trató de mantener la calma. Si se alteraba demasiado su respiración ruidosa los alertaría.

Risas.

Respiración cortada.

Pasos hacia él.

Diálogos dramáticos.

Caídas.

Saltos alejándose.

Inhalar.

Una corta carrera hacia él.

Contener.

Pausa.

Una caída estrepitosa.

Exhalar.

–¡Estoy bien!–dijo Eugene.

Pasos.

–Intentémoslo otra vez, desde allá–dijo Curly.

Pasos.

Inhalar.

–cinco, seis, siete, ocho...

Saltos.

Contener.

Otra caída, más cerca.

Exhalar.

La alarma de incendios se escuchó, obligando a Eugene y Curly a abandonar el lugar. Brainy se quedó ahí, sin abrir los ojos. ¿Era un incendio real o una coincidencia? ¿Debía irse o esperar a Helga como ella dijo? Estaba preocupado. Su respiración se aceleró y se volvió ruidosa.

La puerta, pero no hubo un brillo, debía ser la de emergencias.

Pasos.

Silencio.

Unas manos conocidas sujetando las suyas.

Abrió los ojos.

–Lo lamento–dijo Helga, frente a él–. Fue lo mejor que se me ocurrió

El chico la abrazó por la cintura, besándola. Después de verla hacer locuras por Arnold durante años, le gustaba que hiciera planes locos por él, por más improvisado que fuera. Sin apartar sus labios la apretó contra su cuerpo, feliz de poder estar con ella. Helga le correspondió, empujándolo contra el muro. Ella de inmediato reaccionó, renegando de ese impulso.

–Debemos salir o van a regañarnos–dijo la chica–. Quizá yo ya esté en problemas por lo que hice–Admitió.–, es mejor que salgas antes. Ve

–Pero Helga

–Solo ve, en serio–Le sonrió.–. Buscaré otro lugar para reunirnos la próxima semana

El chico se resistió a soltarle la mano hasta que estuvo lejos y deslizó sus dedos entre los de ella, tratando de extender todo lo posible el contacto. Subió las escaleras hacia la salida principal y desapareció tras la puerta.

Helga se quedó ahí. En cuanto estuvo sola se abrazó a sí misma. Respiraba agitada, temblando. Cerró los ojos, ¿qué era esa sensación cuando lo empujó contra el muro? Eso... eso era algo que no esperaba sentir... y no era... desagradable... pero...

«No es el momento, Helga»

Tenía que gobernarse. Inspiró hondo unas cuantas veces, dejó caer sus brazos y apretó sus puños antes de abrir los ojos, mirando alrededor.

Era un buen escondite: cómodo, oscuro, amplio. Le costaría encontrar otro lugar así, pero lo haría. No estaba preparada para que la vieran con alguien, no solo Brainy, sin importar la persona, no hubiera estado cómoda siendo afectuosa o recibiendo afecto en público. Pero al mismo tiempo disfrutaba tener tiempo con él y poder verse en la escuela.

Cuando calculó dos minutos, salió por la salida de emergencia, que era por donde solía entrar desde que había descubierto como abrirla desde cualquier lado. No fue la última en salir de la escuela, pero sí la última de la clase.

Se reunió con su grupo de siempre en el patio.

–¿Dónde estabas?–Quiso saber Gerald.

–Durmiendo–dijo Helga, estirándose mientras bostezaba–¿Es un simulacro?

–No lo sabemos–dijo Arnold–. Los bomberos están revisando la escuela

–Debido a que no hubo fallas eléctricas, sumado a la ausencia de humo perceptible–dijo Phoebe–, deduzco que es una falsa alarma

–¿Otra vez Curly?–dijo Helga mirando alrededor.

Brainy estaba al fondo del grupo de su clase, junto a Sheena, que abrazaba a Eugene angustiada y a Curly, que se quejaba molesto por la interrupción.

Perdieron la siguiente hora de clases, hasta que el personal de bomberos aseguró el edificio. El director salió al patio y dijo que investigarían hasta hallar al responsable de esa broma, pero que la sanción sería menor si se entregaba en ese momento.

Helga miró el suelo con una sonrisa.

–Nadie estaría tan loco como para entregarse–murmuró.

Luego de unos minutos, se les permitió volver a sus salones, pero para los de octavo grado no valía la pena retomar las clases y los dejaron irse a casa. Helga esta vez tomó el autobús con sus amigos, para llegar temprano y avanzar los deberes antes de su "cita".


...~...


Mientras su amiga estudiaba, Phoebe compartía con Gerald. Sentados en la cama del chico, charlaban mientras él jugaba videojuegos.

La señora Johanssen adoraba sus visitas y no solía interrumpirlos, pero la regla era que debían mantener la puerta completamente abierta todo el tiempo que estuvieran en la habitación.

–Bebé, estoy preocupada por Helga–dijo Phoebe de pronto.

En cuanto el chico terminó un nivel, su novia puso una mano en su hombro y él soltó el mando, volteando para mirarla.

–¿Por qué?–Quiso saber Gerald, entendiendo que ella necesitaba de toda su atención.

–Está saliendo con alguien–La chica ajustó sus lentes.

–¿En serio? ¿Con quién?

–No lo sé, no me lo ha dicho. Lo cierto es que no me ha dicho nada al respecto.

–¿Entonces por qué estás tan segura?

–Cuando la llamo por las tardes nunca está en casa, pero si le pregunto qué hizo, me dice que estuvo estudiando en su habitación. Tampoco está almorzando en la cafetería, solo pide un emparedado y se va a caminar por ahí. Y de algún modo siempre que intento seguirla pierdo su rastro, así que creo que es alguien de la escuela

–¿Y qué es lo que te preocupa? Es Helga

–¿Qué quieres decir?

–No la imagino anunciando a los cuatro vientos que está con alguien... o siquiera que le gusta alguien

–¡Lo sé! ¿Pero por qué me lo ocultaría? Soy su mejor amiga

–Tal vez no está lista para hablar de eso

–Temo que se esté metiendo en problemas. Tal vez sale con algún maestro

–¿La crees capaz? Digo, no es algo que esperaría de ella

–No veo otra razón para que no me haya contado

–¿Y si se esconde porque está con una chica?

–No creo que Helga...

–Oh, yo creo que sí. Después de ver cómo se divirtió coqueteando en la montaña, porque incluso alguien tan despistado como Arnold pudo notar el desaire que le hizo al hermano, mientras que con la hermana...

–Hombres–Interrumpió rodando los ojos.

–¿Qué?

–Les encanta fantasear con esa clase de cosas

–Nadie dice que estoy fantaseando con Helga y esa chica–Tembló cerrando los ojos con un gesto de asco.– ¡Que miedo!

Phoebe de todos modos lucía molesta, así que después de un rato de bromear, Gerald tomó sus manos y comenzó a besar sus dedos con cariño.

–No te enfades, bebé–le dijo, luego se acercó para susurrar en su oído–. La única chica con la que fantaseo eres tú. Y no imaginas qué tan seguido lo hago

–¡Gerald!

Phoebe estaba sonrojada. El aliento y los labios del chico rosando su oído enviaron una sensación eléctrica por su cuerpo. Miraba asustada alrededor ¿Qué tal si alguien escuchaba?

Le gustaba mucho Gerald, le gustaba desde mucho antes que empezaran a salir, aunque jamás tuvo una obsesión con él como la de su amiga por Arnold. Recordaba como el moreno comenzó a acercarse y charlar. Ella aceptó sus atenciones y cumplidos, confirmando poco a poco que el interés era mutuo. Hasta que las salidas, el tiempo compartido y algunos besos a escondidas los llevó naturalmente a un noviazgo.

Estaban por cumplir un año juntos. Guau, un año... y últimamente Gerald tenía más confianza para mencionar esos temas. No era que la estuviera presionando, o al menos ella no lo sentía así, simplemente era honesto respecto a lo que quería y ella lo disfrutaba.

Gerald le sujetó el mentón y la besó suavemente, mientras su otra mano bajaba desde su cintura hacia su pierna, por sobre su falda. El cálido cosquilleo era agradable.

–Eres tan bella–dijo Gerald al dejar de besarla, sujetando su rostro con ambas manos.–. No cambiaría nada de ti

–Ni yo de ti–le sonrió.

Phoebe sentía su corazón agitado. La forma en que él la miraba cuando estaban a solas ya no era dulce, era distinta y provocaba una calidez suave en su interior que crecía a cada segundo. ¿Y qué podía tener de malo sentirse así? En un impulso apartó las manos del chico y se levantó para volver a besarlo, abrazándolo por el cuello.

Gerald la sujetó por la cintura, dejando que ella se acercara. Podía sentirla inclinándose sobre él y poco a poco se dejó caer en la cama. Sus dedos se crisparon en torno a su cuerpo. Ella dejó escapar una risita nerviosa, que él sintió ahogarse en su boca. Disfrutaba la ligera presión de su novia sobre él y al mismo tiempo temía llegar a incomodarla o, peor, asustarla, pero... era difícil resistirse. Deslizó sus manos lentamente por sus caderas y luego hacia sus piernas. Ella se apartó un segundo. Gerald estuvo a punto de disculparse, pero en encontró cierta decisión en la mirada de la chica. Fue solo un instante y ella lo volvió a besar. Entonces subió poco a poco sus manos por debajo su falda.

Rítmicas zancadas subiendo por la escalera los alertaron en ese momento y Phoebe se levantó abruptamente, sentándose en la esquina de la cama, arreglando su cabello y su falda, mirando el suelo. Gerald al mismo tiempo se apartó un poco y volvió a tomar el mando para quitarle la pausa al juego, rogando porque su madre no sospechara nada.

Los pasos se acercaron rápidamente y ambos vieron pasar a Timberly, dando brincos mientras tarareaba una canción de moda con distracción, camino a su propio cuarto.

La pareja intercambió una mirada y sonrojados soltaron una carcajada nerviosa. Phoebe volvió a acercarse, apoyándose en la espalda del chico, para abrazarlo por la cintura, mientras él retomaba su videojuego.

–Tendremos que ser más cuidadosos–Comentó él casualmente.

La chica asintió, apoyando su rostro en su espalda. Gerald sabía que seguía sonrojada.

–¿Te molestó de alguna forma?–Añadió despacio.

–Claro que no–murmuró ella–. Deberíamos repetirlo–Concluyó con una risita.

El chico sonrió. Jugaba distraído y su personaje recibió algo de daño, pero no le importaba. Minutos más tarde su madre los llamó para cenar.

Phoebe lo soltó y él volteó para mirarla. Parecía más tranquila. Le dio un beso en la frente, otro en la nariz y uno en los labios. Ella reía con dulzura.

–Por cierto–dijo ella antes que salieran de la habitación.–. No le cuentes a Arnold lo que te dije sobre Helga

–Yo creo que debería saber

–¿Por qué?

–Después de la boda se la pasó hablando de Pataki ¡Fue con Lila y solo podía hablar de Helga! ¡Está loco! Quería arrancarme los oídos

–¡Bebé!

La chica cerró los ojos y suspiró, frustrada

–Helga ha sido más amable los últimos días, al menos para sus estándares; y aunque no lo admita, sé que mi amigo volvió a ilusionarse

–Que desastre. Ahora que ella intenta olvidarlo, él se obsesiona con ella

–¿Qué puedo decir?–Se encogió de hombros.–. Siempre hay problemas cuando se habla de romance


...~...


Al día siguiente Gerald fue a ver a su amigo después de almorzar con su familia. Estuvieron buena parte de la tarde terminando un proyecto de la escuela y luego vieron una vieja película, compartiendo palomitas, patatas fritas y refresco. Cuando los créditos pasaron ambos se desperezaron.

Mientras Arnold elegía uno de sus discos para escuchar el resto de la tarde, Gerald miró distraído el muro tras el escritorio. Años atrás su amigo había encontrado el diario de su padre y tenía un mapa al final. Pasó todo quinto grado investigando sobre San Lorenzo, pero después de mucho discutir con sus abuelos, ellos le dijeron que era una locura ir a un lugar tan peligroso. Le entregaron toda la información que lograron recopilar tanto en el momento como durante esos años, pero no tenían muchas más pistas que él.

Arnold estuvo decaído un tiempo, lleno de preguntas, fantaseando frecuentemente con escapar y buscar a sus padres. Eventualmente llegó a la conclusión de que no llegaría muy lejos. Su nuevo plan era viajar cuando terminara la escuela. Conseguiría un trabajo de medio tiempo en preparatoria y ahorraría todo el dinero posible. Y aunque solo pudiera comprar el pasaje de ida, ya vería como se las arreglaría allá.

–¡Te va a encantar!– dijo Arnold con entusiasmo, sacando a su mejor amigo de sus recuerdos.

Recostados en el suelo, miraban a través de los cristales como el cielo se oscurecía y las estrellas comenzaban a brillar, distantes y débiles entre las luces de la ciudad.

Las notas del jazz con sus voces profundas llenaban la habitación. Era el nuevo disco de la colección del rubio.

De pronto escucharon que el abuelo Phill tocaba la puerta.

–¿Bajarán a cenar?–Comentó el hombre, abriendo con suavidad.

–En un momento, abuelo–dijo Arnold, levantándose.

–¿Puedo quedarme a dormir, viejo?–Preguntó Gerald.

–¿Aún tienes problemas con Jammie O?

Ahora que su hermano estaba a punto de irse de la casa, su madre estaba más melosa que nunca, intentaba que pasaran cada minuto juntos y al adolescente lo asfixiaba, en especial porque nunca se sintió cercano a su hermano, quien en general solía molestarlo.

–Sí. Y ahórrate la charla de que extrañaré a mi hermano cuando no esté

–Procura avisar. La última vez el abuelo tuvo que dar explicaciones y yo me llevé un regaño

–Está bien. Déjame usar el teléfono antes de cenar

–Claro


...~...


Esa noche, mientras Gerald dormía, Arnold seguía mirando el cielo. Cada vez que cerraba los ojos podía ver a Helga con su vestido de dama de honor. Le hubiera gustado tener la oportunidad de bailar con ella.

Pestañeó pesadamente.

«El color del vestido era perfecto para ella...»

Distinguió su habitación en penumbras.

«Su peinado la hacía ver delicada»

La oscuridad tras sus párpados.

«Sus ojos...»

Un ligero temblor.

«Debió pedirle un baile...»

Otra vez su habitación, borrosa, por apenas un segundo.

«Un solo baile...»

Oscuridad.


...~...


–Oye, cabeza de balón

–¿Helga?

–Muévete

–¿Qué?

El chico estaba frente a ella en un enorme salón. Ella lucía un hermoso vestido y él un traje. Alrededor, parejas anónimas bailaban un vals.

–¿Qué es esto?

–¿Ya lo olvidaste? Doi. Es la boda de Olga, zopenco

–¿La boda de tu hermana?

–Así es, así que ahora muévete

–Yo... yo... lo siento–Intentó hacerse a un lado para dejarla pasar.

–¿Qué haces, tarado?

–Yo...

Antes que lograra explicar algo, ella le tomó las manos, obligándolo a poner una en su cintura y estirándole el otro brazo, entrelazando sus dedos.

–Ahora muévete–Repitió ella.–. Dijiste que bailarías conmigo

–¿Qué? ¿Yo?

–¡Claro! ¡Por eso te pedí que vinieras! Estas cosas son aburridas, al menos esperaba divertirme

Giraban al ritmo de la música, al principio con pasos inseguros, pero en cuanto ella lo miró con enfado, Arnold decidió demostrarle cómo se movía. La sujetó fuerte y con el cambio de música, comenzó a guiarla casi con agresividad.

–¿Qué haces? ¡Ten cuidado!

–Descuida, mi bella amiga... estás en buenas manos

–¿Qué acabas de decir?

–Que estás en buenas manos

–No, eso no

–Dije que... eres bella

Arnold se sintió sonrojar, al tiempo que Helga se soltó, retrocediendo algunos pasos, creando distancia. El chico notó como todo a su alrededor parecía oscurecerse y los sonidos se apagaban.

–No... no lo soy... esta... esta no soy yo, cabeza de balón

–Claro que sí, así luces hermosa...

–Pero no luzco así y lo sabes...

–Pero podrías

–¡No! Yo no soy... no soy esa clase de chica... ¿por qué no lo puedes entender?

–Porque niegas que esta persona pueda existir... y a mí me agrada. Realmente me agradas...

–Pero...

–Y solo intentaba darte un cumplido y ser amable contigo ¿Qué tiene de malo?

Ella miraba el suelo, rascando su brazo.

–No tiene nada de malo que seas amable, cabeza de balón... pero yo... yo no merezco tus cumplidos

–¿De qué hablas, Helga?

–Tú... tú dijiste... que corrompo todo

–Helga, basta...

–Y que soy nociva

–¡Porque lo eres!

–Entonces aléjate de mí

–No puedo

–¿Por qué no?

–¡Porque eres mi amiga!

–Eso no es razón suficiente

–Eres adictiva, Helga. No me puedo imaginar la escuela sin ti... gritas, molestas y mandas a todos... y sin embargo cuando faltas en vez de obtener paz, solo puedo notar tu ausencia. Me volvía loco pensando que no querías saber nada de mí... y yo... yo... espera... ¿por qué me invitaste a la boda?

–Porque necesitaba un compañero de baile

–¡Claro que no!

–¡Claro que sí!

–¿Hay otro motivo?

–¿Acaso crees que es porque todavía siento algo por ti?

–¿Es así? ¿Todavía sientes... algo... por mí?

–Yo...


...~...


Lo despertó el golpe en la puerta y la voz de su abuelo del otro lado que preguntaba si irían a desayunar. Gerald seguía profundamente dormido en el sofá y Arnold apenas podía consigo mismo. Decidió fingir que seguía dormido. Así que cerró los ojos y esperó en silencio.

Su abuelo volvió a tocar y luego de unos minutos sin obtener respuesta, lo escuchó bajar la escalera.

El adolescente rodó en la cama para quedar boca abajo, escondiendo su rostro en la almohada.

¿Por qué de todas las personas de su clase tenía que volver a soñar con Helga? Y además en ese vestido.

Le hubiera gustado acompañarla a ella en lugar de a Lila. No es que estuviera enfadado con Lila, aunque podría estarlo. Su amiga no le dijo que era la boda de Olga Pataki hasta que llegaron, y solo se disculpó con una risita comentando que debió olvidarlo con todo el estrés. Pero bueno, era Lila y no podía enfadarse con ella, en especial porque parecía realmente nerviosa de asistir.

En cuanto vio a Helga deseó acompañarla, en especial después de notar como algunos padrinos la miraban. Sí, con el maquillaje parecía un poco mayor, pero ni de chiste pasaba siquiera por universitaria y ellos claramente estaban graduados o cerca de graduarse, así que no era agradable ver cómo la vigilaban. Parecían animales esperando su oportunidad de atrapar una presa. Lo único que le daba tranquilidad era saber que Helga distaba mucho de ser una avecilla indefensa, así que, si alguno tuvo la osadía de acercarse con segundas intenciones, definitivamente ella le dio pase directo al valle desaliento o al río de la humillación, según la suerte del pobre diablo y del ánimo de la reina del infierno.

Tuvo que aguantar su risita.

Volvió a pensar en su sueño.

No fue casualidad considerarla adictiva. Lo admitiera o no, pensar tanto en Helga le estaba haciendo mal, pero no encontraba la forma evitarlo y en cambio sentía cierta alegría cada vez que ella le daba cualquier muestra de atención.

–Viejo

La voz de su amigo de pronto estaba muy cerca.

–Buenos días, Gerald–dijo el rubio, sin moverse.

–¿Otro mal sueño?

–Algo así–dijo sin levantar su rostro.

–Adivino, Pataki otra vez

Arnold asintió.

–Bueno, amigo. No debería decirte esto, pero al parecer Helga está saliendo con alguien

El rubio se sentó en la cama y miró a su mejor amigo con temor y tristeza.

–¿Estás seguro? ¿Con quién? Digo… es Helga. Espera… si Phoebe te lo dijo… ¿Por qué no podrías decirme?

–Bueno, no sabemos. Al parecer se ve con alguien a la hora de almuerzo. Mi chica está preocupada y no quería que te contara, pero pienso que si está con alguien tal vez puedas superarla...

–Sabes que no intervendría si Helga sale con alguien–Reconoció con tristeza.–, pero no entiendo porque escondería algo así de Phoebe, es su mejor amiga

–Por eso está preocupada

–Tal vez debamos averiguar en qué está metida...

–Amigo, hablamos de Helga Geraldine Pataki

–Pero... ¿Qué tal si sale con alguien de preparatoria? ¿Qué tal si es un chico agresivo?

–Amigo, ella podría extorsionar a un cuarto de la escuela, golpear a otro cuarto y amenazar al resto. No creo que esté involucrada en algo que no pueda manejar

–¿Y si es algo más? ¿Si es alguien que sabe de ella algo que no quiere que se sepa? Helga es muy insegura cuando se trata de sus secretos. Tenemos que ayudarla

–Amigo, esto no va a terminar bien

–Si Phoebe está preocupada, debe ser por algo. Confiemos en su criterio

–Está bien–Gerald rodó los ojos.

–Dile que la ayudaré a investigar

–Hablaré con mi chica

Gerald suspiró, moviendo su cabeza de lado a lado, con las manos en la cintura.

–Vamos, viejo, no quiero perderme los wafles–Añadió.


...~...


NOTAS:

¿Les gusta como van las cosas entre Gerald y Phoebe?

¿Qué piensan que encontrarán los chicos investigando a Helga?

Prox. Capítulo: La chica del relicario de oro