El domingo Helga llamó temprano a Phoebe para decirle que no iría a estudiar con ella y los chicos porque estaba "enferma". Lo último que necesitaba era la preocupación de su amiga y la confusión en los ojos del cabeza de balón, o, siendo sincera, siquiera su presencia.
Cuando llegó el lunes a la escuela, se dio cuenta que los exámenes eran la excusa perfecta para estar de mal humor y no tener tiempo o ánimo para hablar con nadie. La mañana fue sencilla. Todos parecían zombis y durante el descanso la mayoría se quedó en el salón repasando de último minuto. Audífonos, música, cuadernos y libros frente a ella aseguraban que nadie la molestaría. Pero tenía que ser realista, vería al tonto al almuerzo, no podía evitarlo todo el día.
«A menos que...»
Decidió no aparecer en el auditorio, ni en la azotea. Sólo se escondió en uno de los baños, como había hecho en la boda, dejando que la música estridente en sus audífonos ahogara otra vez sus pensamientos.
Volvió al salón para el último examen del día, mirando su cuaderno con fingida concentración. Cuando entró el maestro guardó todas sus cosas y dejó a mano un lápiz.
Otro examen que respondió antes que la mayoría y el cual revisó varias veces, intentando matar el tiempo.
En cuanto vio que la señorita perfecta tomaba sus cosas y se levantaba de su puesto para entregarle la hoja de las respuestas al maestro, Helga la imitó y junto con ella se dirigió al gimnasio para el taller de boxeo.
Estaba segura de que el estrés le pasaría la cuenta, pero una vez que comenzó el entrenamiento notó lo maravilloso que era poder canalizar todo eso en el ejercicio. Boxeo era el momento de su semana donde podía concentrarse en su cuerpo, en el movimiento, la fuerza, la forma correcta, desconectando su cabeza de todas las ideas que daban vuelta y en esa ocasión lo necesitaba más que nunca.
...~...
Arnold no dejaba de pensar en Helga. Sabía que no estaba enferma como le había dicho a Phoebe. ¿Qué podía haber pasado? Parecía cansada y alerta a la vez.
–¡Despierta, Shortman!–Escuchó a un chico de último año gritando su nombre.
Miró alrededor y apenas reaccionó a tiempo para correr y atrapar la pelota que iba en su dirección.
La lanzó de regreso y mientras el partido continuaba sacudió su cabeza. Tenía que concentrarse.
El equipo de baseball de la escuela practicaba en el parque los lunes, miércoles y viernes después de clases y los sábados por la mañana. Al comienzo fue duro para los novatos, pero ya estaban más acostumbrados al ritmo.
Gerald destacaba y como resultado fue el único de primer año que formaba parte del plantel principal, mientras los demás estaban de reserva.
El entrenador no daba respiro y era exigente. Todos los chicos terminaban completamente agotados tras la jornada. Algunos se iban directo a casa, otros, como Gerald y Arnold, iban al centro comunitario para usar las duchas.
Los amigos volvieron juntos a la escuela y se despidieron en la escalera. El moreno fue al segundo piso a buscar a su novia al club de debate. Mientras el rubio fue a su casillero por un libro que necesitaba repasar para uno de los exámenes. El hambre lo golpeó en ese lapso. Pasó a la cafería para comprar dulces de una maquinita y terminó saliendo hacia el patio de juegos para caminar a casa.
La puerta del gimnasio estaba abierta. Echó un vistazo. Lila practicaba movimientos al ritmo que les indicaba la voz del instructor. Usaba ropa deportiva y su pelo atado en una coleta. No pudo evitar pensar lo bien que se veía.
La clase finalizó en ese momento. Helga se acercó a la pelirroja y le comentó algo, poniéndole una mano en el hombro. Lila asintió con entusiasmo y ambas se perdieron de su vista cuando se dirigieron a los camarines.
Arnold sonrió y decidió que era momento de ir a casa.
En el camino pensó que Helga podía aprender una o dos cosas de Lila. Siempre creyó que sería una buena influencia para ella. Durante el último verano fue testigo de cómo poco a poco se volvían más cercanas y la forma amistosa en que Helga la molestaba le dejaba en claro que le estaba tomando afecto.
Se alejó tranquilo, pensando también que la rubia parecía estar mejor de lo que él imaginó, tanto de salud como de ánimo.
Y aunque no quería darle vueltas al asunto, ese día vio que Brainy parecía desanimado, en especial después de almuerzo.
«¿Y si terminaron?»
«¿Fue por eso que Helga fingió estar enferma?»
Imaginar a Helga sobrellevando una ruptura era extraño.
No dejaba de darle vueltas a la idea de que Brainy pudo lastimarla de alguna forma y quería estar ahí para consolar y apoyar a su amiga. Aunque sabía que no podía preguntar y tenía que esperar a que fuera ella quien quisiera hablar del tema, lo cual perfectamente podía no ocurrir jamás.
Cayó en cuenta de su frustración mientras miraba las estrellas, recostado en su cama. Se preguntaba si Helga realmente lo consideraba un amigo y si algún día llegaría a confiar en él.
...~...
En su casa e incapaz de dormir, Helga leía sus apuntes sin lograr concentrarse.
«Un día menos, perfecto...»
«¿Qué piensas hacer? ¿Evitarlo el resto de la preparatoria?»
«Siempre puedo fingir mi muerte y escapar de la ciudad ¿no?»
«Suena factible, claro.»
«Rayos.»
...~...
El martes llegó justo para el inicio de la primera clase, pero la maestra no.
Con indiferencia se sentó en su puesto y solo se quitó los audífonos cuando la lección empezó, concentrada con obstinación en la pizarra delante de ella.
–Helga ¿estás bien? – dijo Phoebe, bajito.
–Claro que sí – mintió y su amiga lo supo al instante.
Phoebe escribió una nota:
»¿Es algo de lo que no quieres hablar?«
»Exacto«
«¿Tiene que ver con«
Se quedó pensando, no tenía un nombre clave, porque nunca lo necesitaron, no hablaban mucho al respecto salvo que estuvieran solas.
»¿Tiene que ver con él?«
»-No- Un poco... tiene que ver + conmigo.«
»¿Pasó algo?«
»Hablemos después de almuerzo«
»Tengo miedo.«
La chica de lentes abrió mucho sus ojos y luego tachó todo lo escrito hasta estar segura de que era ilegible.
Helga sabía que el fenómeno no tendría el valor de acercarse en la escuela, pero Phoebe era otro tema. Deseaba no haber respondido o haber mentido, pero confiaba en ella y estaba intentando no ser una idiota.
Bliss la hizo entender que todo lo que pasó con sus amigos antes de las vacaciones -cuando la siguieron en secreto- fue un problema que podía evitar repetir en el futuro y le ayudó a darle perspectiva. Si no ponía de su parte comunicando lo que le pasaba, volverían los malentendidos. Tenía que contar con Phoebe, aunque fuera con ella.
Esa clase fue aburridísima y se le hizo eterna. La maestra explicaba por última vez algunas cosas y trató de responder dudas. La siguiente tuvieron un examen de otra materia.
Helga miraba de reojo a su alrededor entre preguntas. Phoebe respondía rápido y con seguridad, Arnold se rascaba la cabeza de vez en cuando. Gerald daba golpecitos con sus pies, Lila jugaba con sus dedos sobre la mesa, Edith parecía mirar el vacío con indiferencia y Nadine mordisqueaba el lápiz.
Volvió a concentrarse en el papel frente a ella y revisó otro par de preguntas.
Sabía las respuestas, pero iba a alargarlo lo que hiciera falta. No saldría sola del salón. ¿Y si Brainy la seguía y trataba de hablar con ella? Eso descartaba salir con Gerald y/o Phoebe, porque podía pedirles amablemente que les dieran un minuto para hablar.
Así que solo quedaban -Arnold, no Arnold no- Nadine y Lila, de la gente que la soportaba y que ella soportaba lo suficiente para tener una excusa para hablar y con la que el fenómeno no se acercaría. Stinky, Sid y Harold eran aceptables para interactuar, pero tardarían eones en salir de ahí, eso suponiendo que lograran completar el examen a tiempo.
Finalmente, Nadine y Phoebe se levantaron de sus pupitres al mismo tiempo y Helga las imitó, saliendo con ellas.
Para la clase de literatura avanzada simplemente llegó después de la campana, entregó el ensayo de esa semana y pidió permiso para retirarse fingiendo un problema estomacal.
No fue a la enfermería, volvió a un baño y se quedó escondida hasta la hora de almuerzo. Luego buscó a sus amigos en la cafetería y pretendió que todo estaba bien. Pero no pudo ignorar la mirada triste de Brainy y notó que Phoebe tampoco, así que en cuanto terminaron de comer le pidió a su amiga que la acompañara.
Al salir de la cafetería, Helga se aseguró de que Brainy no las siguiera y luego aceleró el paso hasta el auditorio, subieron las escaleras hasta el segundo piso y finalmente se detuvieron frente a la escalera que daba a la azotea.
Volvió a mirar alrededor. Al final de un pasillo había un grupo de chicas charlando distraídas, pero no podrían verlas desaparecer.
–Voy a mostrarte algo que no te va a gustar y necesito que no hagas preguntas y guardes el secreto–dijo Helga.
–Entendido–Respondió su amiga, con entusiasmo infantil.
–Espera un segundo
Subió corriendo y abrió la puerta, haciéndole un gesto para que la siguiera. Tras cerrar, salieron a la azotea y se sentaron a un costado de la puerta, buscado la sombra.
–No haré preguntas, pero esto me parece que traspasa los límites–dijo Phoebe.
–Lo sé
Helga evitó mirarla un largo rato y mascullaba fragmentos de palabras como si no supiera por donde comenzar.
–¿Terminaste con Brainy?–Phoebe quiso saberlo sin rodeos.
–¿Qué?–Helga la miró sorprendida.– ¡No! ¡Claro que no! Espera... ¿por qué lo piensas?
–Estás actuando extraño y lo evitas. También noté que él te mira con tristeza
–Oh no, no he terminado con él. Y tampoco es que quiera eso. Demonios
Cerró los ojos y mordisqueó la segunda meninge de su índice derecho.
–Helga–Phoebe le apartó la mano.–. Por favor, respira y dime desde el principio qué fue lo que pasó
–El sábado fui a casa de Brainy
–Ajá... ya me habías dicho que ibas de vez en cuando
–Sus padres no estaban
–Oh...
–Estuvimos en su habitación
Phoebe se cubrió la boca, quería hacer preguntas, muchas, y, al mismo tiempo, sabía que debía dejar a Helga hablar a su ritmo, o en el mejor de los casos dejaría de hablar y en el peor se enfadaría. Suspiró tratando de armarse de paciencia, mientras miraba el suelo, intentando distraerse. Para su mala suerte, su amiga se quedó largo rato en silencio. Fue tanto que la más bajita no se contuvo.
–¿Pasó algo? ¿Hicieron algo?–dijo rápido, pero su mente fue a otro lugar– ¿Te hizo algo?–Concluyó con preocupación.
–No–Helga dejó escapar una especie de risita despectiva y triste a la vez.–, al menos no del tipo que piensas– Volteó a tiempo para notar como su amiga se sonrojaba.
–Yo no...
–Por favor, Phoebe
–Solo pensé que... tal vez... avanzaron algo...
–Bueno... algo así –Admitió, rascando su brazo.–. Brainy... dijo... –Tomó aire.– dijo que me ama
–Eso es muy lindo–Contestó con tono conmovido y una sonrisa.
–¡Claro que no! ¿Por qué lo haría? Siempre lo he tratado mal, lo golpeaba todo el tiempo, lo empujaba, lo metía en basureros... bueno, él se metía y cuando me asustaba yo lo regresaba. ¡Phoebe! ¿Qué hago?
–¿Qué sientes por él?
–No lo sé, pero no es lo mismo, no es así de intenso, ni es así de importante. Además, yo... lo-lo dejé plantado ayer
–Eso está mal, Helga
–Lo sé
–No puedes esconderte de Brainy como lo hiciste de...
–Ni se te ocurra mencionarlo–Se deslizó por el muro, hasta quedar recostada en el suelo.
Pensaba en cuando se le confesó a Arnold, cuando le dijo que lo amaba.
Incluso sabiendo desde hacía mucho que Brainy estaba interesado en ella, incluso saliendo con él, escucharlo decir algo así fue extraño.
Se dio cuenta que ella pasó años haciendo creer a Arnold que lo odiaba. Y de pronto, de la nada, le confesaba sus más profundos sentimientos.
¡Claro que lo había asustado!
¿Qué clase de persona loca y enferma hace algo así?
Cerró los ojos con fuerza. No era momento de pensar en Arnold.
Phoebe pasó algunos minutos reflexionando.
–Helga, ¿sientes algo por él?–dijo de pronto.
–¿Qué?–Contestó Helga, volviendo de golpe a la realidad.
–¿Qué si sientes algo por Brainy? No tienes porqué amarlo...
–Supongo que sí. Una retorcida atracción
–Por favor, Helga, cualquiera puede decir que el cambio de estilo le hizo un favor... y por lo que pude observar en las clases de deporte, está haciendo ejercicio
–No me lo recuerdes
–¿Qué?
–Nada
–Heeelgaaaa
–Sus brazos son fuertes–Admitió sonrojándose.
Y, maldición, no podía decirlo, pero si lo pensaba bien, en esa ocasión en el lago... había algo en él, algo que lo volvía ¿guapo?
–¿Te gusta que te abrace?–Preguntó Phoebe.
Helga asintió.
–Es un avance
Se quedaron largo rato en silencio, disfrutando la brisa de la tarde.
–Hui cuando dijo lo que sentía–Helga continuó de pronto.
Volvió a sentarse, doblando sus piernas y apoyando sus brazos en sus rodillas, escondiendo su rostro.
–Sé que no estuvo bien–Continuó, ahogando su voz.–. No sé qué decirle
–Solo discúlpate por plantarlo y dile que no te sientes bien con esa clase de muestras de afecto
La rubia volteó y la miró con una expresión neutra. Sonaba fácil. Era horriblemente imposible.
–¿Te importa?–Insistió Phoebe.
–Sí. Brainy es extraño, pero no es una mala persona... y no es un mal novio, al contrario
–Entonces no puedes dejar las cosas así, Helga. No hizo nada malo al decirte lo que siente
–Lo sé–Murmuró.
Estiró su espalda y comenzó a golpear su cabeza contra el muro con aire frustrado.
–Soy una idiota–dijo, deteniéndose.
–Solo a veces y así como yo lo sé, estoy segura que Brainy también lo sabe
Helga ahogó una risita con eso.
–Pheebs
–¿Sí?–Contestó su amiga sin moverse.
–¿Gerald te dice esa clase de cosas?
–¿Qué clase?
–Ya sabes, cursilerías
–Todo el tiempo Se le escapó una alegre risita nerviosa.
–¿Te ha dicho lo que siente por ti?
–Así es. Y yo se lo digo a él
–¿Y cómo se siente?
–¿Qué quieres decir?
Phoebe se apartó de Helga y la observó con preocupación.
–Creía que–Continuó Helga, sin mirarla.–escuchar a alguien que me gusta decir que le gusto... o algo más... debía sentirse bien. Pero cuando Brainy lo dijo, solamente quería golpearlo. ¿Entonces no me gusta? N-no estoy muy segura de lo que siento. Definitivamente no lo detesto, pero tampoco estoy segura si me gusta-gusta. Si salgo con él sin tener una respuesta ¿Eso me convierte en una mala persona?
Phoebe pestañeó varias veces y tomó una larga inhalación.
–Claro que no, Helga, no eres una mala persona, solamente... hay cosas que tienes que aprender
–Pero... ¿no estoy un poco enferma por esto?
Phoebe negó.
–No lo creo–Reafirmó la chica.
–¿Qué estoy haciendo mal?
–Ahora mismo, esconderte de alguien a quien le importas... y mucho
–No me lo recuerdes
Phoebe suspiró.
–¿Co-cómo debería sentirse algo así?–Insistió Helga.
–¿Algo como qué?
–Que alguien te diga algo así de importante
–No puedo decirte cómo debería sentirse–dijo Phoebe–, pero puedo decirte cómo fue para mí
Helga asintió, sin abrir los ojos.
–La primera vez que Gerald dijo algo así, también me puse nerviosa.
La rubia miró a su amiga
–Apenas murmuré una respuesta–Continuó Phoebe.–que él no escuchó y se acercó para que lo repitiera. Sentí que mi corazón iba a explotar. Pero recordé lo dulce y amable que siempre ha sido. El miedo se desvaneció y sentí una intensa alegría al saber que mis sentimientos eran correspondidos
Helga pestañeó atenta. Muy pocas veces había visto a su mejor amiga perdida en una fantasía y con sus ojos brillando por la emoción. Definitivamente fue algo importante y no quería interrumpir.
–Cuando Gerald dice lo que piensa de mí... –Añadió Phoebe.–no es muy diferente a cuando dice cosas buenas de mí, es más amistoso. En cambio, cuando dice lo que siente... es intenso. Como si las palabras fueran terciopelo y acariciaran mi corazón. Como si una ola de calidez me envolviera... es... lindo y me hace sentir bien–Miró el suelo.–. L-lo siento. No sé si esto te sirva de algo
–Sirve bastante, Pheebs–Helga suspiró.–. Gracias
Se sonrieron entre sí y luego cada una se distrajo en sus propios pensamientos. Helga miraba el suelo con un aire triste, mientras Phoebe observaba el cielo.
Podían escuchar el ruido de quienes jugaban en el patio y el murmullo ininteligible de quienes conversaban, colándose una que otra palabra dicha en voz alta y algunas carcajadas grupales. También el sonido de los autos en la calle y la puerta de uno de los autobuses que se detenía cerca.
–Helga–Murmuró Phoebe de pronto.–, tal vez si intentas explicarme lo que sientes por él, se vuelva más claro para ti
–¿Tú crees?
–Bueno, es como cuando estudio algo difícil, si puedo explicarles a ustedes, es porque yo misma lo entiendo
–Eso sirve para la escuela
–¿Tienes una idea mejor?
Helga cerró los ojos y negó.
–No sé por dónde empezar–Admitió.
–¿Por qué aceptaste salir con él?
–Brainy me agrada. De alguna forma–Helga suspiró y volvió a mirar el cielo.–llegué a verlo como un amigo durante el primer año de secundaria... no, espera... creo que ya lo veía un poco como amigo en primaria. Pero después de lo que pasó cuando fuimos a las montañas y quise alejarme de Arnold... también me alejé de ti... y pensé que estaría bien, aunque me sintiera sola, pero nunca me sentí así. Brainy... estaba ahí. Y de pronto se sentía extraño cuando no estaba. Al principio salir con él no cambió mucho nuestra interacción. Sigo sin acostumbrarme a muchas cosas y la mayoría del tiempo simplemente hago lo que quiero y él está ahí, pero se siente bien cuando toma mi mano o cuando me abraza y... es bueno besando...
Phoebe dejó escapar una risita mientras Helga estiraba sus piernas, apoyando sus manos al costado.
–Bueno–Continuó la rubia.–, aprendió a besar bien... o aprendimos a besar bien, no lo sé... ¿Cómo funciona eso?
–Supongo que si sales con alguien con más experiencia puede enseñarte cosas
–¿Sabes cómo suena eso?
–Afirmativo
Las dos dejaron escapar una carcajada.
Cuando se calmaron, la rubia jugo en la loza haciendo círculos con sus dedos. Unos segundos después se escuchó el timbre.
–Ve a clases, no quiero bajar. Puedes abrir sin las llaves
–Me quedaré contigo
Helga la miró.
–Gracias–dijo abrazándose a sí misma
Phoebe se acurrucó junto a ella, apoyando su cabeza en el brazo de su amiga. Se quedaron ahí, en silencio, contemplando las nubes que pasaban. El calor se hacía sentir todavía, aunque algunos árboles empezaban a insinuar el otoño.
...~...
Volvieron al salón poco después del final de la clase. Desde el pasillo las chicas escucharon voces.
–Espera aquí–dijo Phoebe–. Iré por nuestras cosas
–Gracias–Musitó Helga.
Odiaba depender de su amiga, pero en ese momento no quería ver a nadie y la voz de Arnold fue una de las que reconoció.
–¡Phoebe! ¿Qué pasó?–dijo Gerald–. Se perdieron la clase
–No pasó nada–Trató de sonreír mientras guardaba sus cosas.
–¿Helga está bien?–Preguntó Arnold.
La rubia afuera del salón rodó los ojos con desprecio.
–Sí–dijo Phoebe–. Y yo también, gracias por preguntar
–Lo siento–Se disculpó Arnold.
–Bebé, no seas mala–dijo Gerald.
–No lo soy, solo señalo lo evidente–Dio un largo suspiro.–. Nos vemos en la biblioteca en quince minutos–Concluyó Phoebe.
Salió corriendo del salón, para encontrarse con Helga, le pasó su mochila y caminaron rápido hasta uno de los baños de chicas.
–¿Seguía ahí?–Murmuró Helga.
–¿Quién?
–Ya sabes... él...
Su amiga negó.
–Gracias, Pheebs
–¿Entonces no te quedarás a estudiar?
–Creo que esta semana pasaré de eso. Prefiero evitar a Arnold
–¿Por qué?
–¡Por favor! Lo escuchaste. Si cree que me pasa algo, comenzará a hacer preguntas y a presionar. No necesito una discusión con el cabeza de balón
–¿Y qué harás con... ya sabes?
–Todavía no lo decido, pero fue bueno hablar contigo, gracias
–De nada. Sabes que cuentas conmigo
Phoebe la abrazó y Helga le devolvió el abrazo.
Después de despedirse, la rubia fue directo a su casa.
En el camino varias veces pasó por su mente la idea de ir al Parque Tina y aclarar las cosas con Brainy de inmediato, pero había dos problemas: el primero, que no estaba segura de qué le diría y el segundo que Phoebe había plantado una duda ¿Podía ser que él entendiera que estaba terminando con él?
Y si no era así... ¿Brainy terminaría con ella por lo que había hecho? Entró en pánico, escapó de su casa, lo dejó plantado... ahora dos citas seguidas... si podía llamarle citas... o semi-citas o simplemente tiempo juntos.
¿Y cómo se sentiría si Brainy la dejaba? Concluyó que la sola idea la estaba matando, aunque no podía decidir si era por orgullo o porque en verdad le dolía.
«Bueno, Helga... tendrás que enfrentar la realidad.»
«¡Pero el tonto fenómeno jamás me dejaría! Soy Helga G. Pataki.»
«Si estuvieras tan segura, ni siquiera te lo habrías planteado.»
Por la ventana notó que estaba amaneciendo.
Al menos podía pretender que habría pasado la noche estudiando si alguien preguntaba por sus ojeras.
...~...
Se convenció de hablar con Brainy al almuerzo, sea como fuera que resultaran las cosas. Tenía que aceptar que no iba a lograr adivinar sus pensamientos, pero también porque odiaba sentirse como una cobarde.
Durante la última clase de la mañana miraba el reloj, anhelando el timbre y sintiendo como su estómago se apretaba. Quedaban cinco minutos.
–Helga Pataki, diríjase a la oficina del director–Se escuchó por alto parlante.
El anuncio fue tan sorpresivo, que no reaccionó de inmediato.
–Repito, Helga Pataki, diríjase a la oficina del director
Tomó su mochila y movió su cabeza con un gesto negativo cuando Phoebe preguntó qué pasaba.
Hubo un murmullo general y algunas risitas mientras se dirigía a la puerta, pero ella los ignoró con aire altanero.
En el último segundo pudo ver de reojo que Brainy la observaba, pero no podía detenerse en sus ojos tristes.
Caminó rápido por los pasillos y leyó el cartel en el mismo instante en que sonaba el timbre y masas de estudiantes salían de sus salones para buscar algo que comer.
Otras dos chicas esperaban. Sabía que eran de segundo año.
–¿También las llamaron?–Quiso saber Helga.
–Sí–Respondió una de ellas.
–¿Les dijeron por qué?
Ambas negaron.
La puerta se abrió y salió un muchacho, esta vez de tercer año. Dijo un nombre y una de las chicas se levantó y entró al despacho, cerrando la puerta tras de sí.
Helga se sentó en la silla que se había desocupado, cruzándose de brazos. Los minutos pasaron lentamente y comenzaba a desesperarse. Sintió que había sido estúpido desperdiciar la oportunidad de hablar con Brainy el día anterior. Ahora estaba contra el tiempo. ¿Cómo podía tener tanta mala suerte?
La siguiente chica pasó y salió en menos de dos minutos.
–Supongo que tú eres Helga–dijo.
La rubia asintió y entró a la oficina, cerrando la puerta tras de sí.
–Señorita Pataki–La recibió el director.–, tome asiento
–¿Qué pasa, director Wartz?–dijo ella, cruzándose de brazos en una silla que ya conocía– ¿Qué hice ahora?
–¿Hizo algo que amerite que la llame?–dijo él, suspicaz.
–No, a menos que las reglas de la escuela hayan cambiado desde la última vez que estuve aquí
–No, la última revisión del consejo mantuvo las normas tal cual
–¿A qué debo el honor entonces?–Añadió con marcado sarcasmo.
–Señorita, tenemos que hablar sobre lo que hizo el último semestre
–No sé a qué se refiere
Estaba decidida a negarlo todo, fuera lo que fuera, porque había inundado un baño, tomó "prestadas" un par de llaves-cuyas copias estaban en su bolsillo en ese momento-, escribió "Wartz es un idiota" en un muro cuando perdió una apuesta con Stinky y, claro, el incidente de la alarma de incendios y eso era solo lo que podía recordar.
–Está bien–dijo el director–. Supongo que a estas alturas ya no le parece relevante
Con lentitud se dio la vuelta para buscar en un mueble metálico una carpeta con el nombre de la chica, regresó a su silla y ajustó sus lentes, para luego pasar varias hojas y sacar una con las calificaciones.
–Hemos revisado su expediente–Continuó–y su rendimiento fue sobresaliente. La recomendaron para varias actividades, pero notamos que no se inscribió en ninguno de los talleres
–No quise hacerlo, el boxeo está bien
–Creemos que es necesario que elija algo adicional. Tal vez el club de debate
–No
–El de matemáticas
–Paso
–El club de poesía
–¿En serio?–Alzó el lado izquierdo de su ceja.
–Durante años sus trabajos han recibido premios y elogios–dijo pasando por varias minutas de concursos de poesía de la escuela y algunos de la ciudad que Helga ganó, aunque fuera reconocida como "anónimo" en las ceremonias–. Es impresionante
–Supongo que estoy por sobre el resto, pero no por eso entraré a un estúpido club
–Si quiere ingresar a una buena universidad le recomiendo realizar más actividades, como hizo su hermana
–Tal vez no es lo que quiero–Se encogió de hombros.
–Lo dudo–Se sentó.–. Entiendo que puede estar pasando por una fase rebelde, yo también fui joven, ¿sabe?
«Sí, en el cretácico»
Helga lo miró con expresión neutra, esperando que continuara.
–Pero si no empieza a velar por su futuro, se arrepentirá
–Gracias por la preocupación, pero no necesito nada de eso ahora
Wartz ajustó sus anteojos y revisó otra vez la carpeta de Helga.
–El periódico escolar tiene un cupo. Se reúnen los viernes después de clases, puede ir a echarle un vistazo
–No podría... no tendría tiempo... los viernes veo a Bliss
–En su registro indica que ya no es todas las semanas
–Una vez al mes tendría que faltar a la reunión del periódico
–Podemos autorizar una excepción
Helga lo miró. ¿En serio era posible?
–Lo pensaré ¿Puedo irme?
–Esta es la última semana que tiene para decidirlo. Téngalo presente
–Lo haré
–Puede retirarse
Helga salió suspirando y vio el reloj en el pasillo: quedaban menos de quince minutos del almuerzo.
Pasó por la cafetería solo para confirmar que Brainy no estaba ahí, luego corrió hasta el auditorio y tras asegurarse de que nadie la vería, ingresó.
Se apoyó contra la puerta, recuperando el aliento. Le tomó unos segundos acostumbrarse a las penumbras, pero en cuanto lo hizo bajó las escaleras y notó que alguien estaba sentado en el borde del escenario, moviendo los pies y escuchando música. Al acercarse vio cómo se quitaba los audífonos y bajaba de un salto.
–Viniste–dijo Brainy con un tono que pasó de la alegría a la tristeza–. Creí que no querías verme
–Tenía algo que resolver–dijo Helga, sujetándose el brazo y evadiendo su mirada, nerviosa.
Brainy asintió con una sonrisa, le sujetó el mentón y le dio un beso en la frente.
–Me alegra que estés aquí–dijo él.
Helga lo miró con preocupación.
–¿Por qué no te enfadas conmigo?–Casi grito, apartándose de él.
–¿Por qué debería enfadarme?
–¿En verdad no lo sabes?
Brainy negó.
–¡Porque hice algo malo!
El chico todavía la miraba confundido.
–Criminal. No puedes dejar pasar todo lo que hago. Reaccioné mal y no te he hablado desde el sábado ¡Deberías estar furioso! Cristo ¡Enójate!
–Umh... bueno... –Intentó fruncir el ceño, pero su expresión era tan calmada como siempre.
–Eres un tonto–dijo Helga con una risa triste, a punto de llorar.
El chico intentó abrazarla y ella se volvió a apartar.
–Dame... un instante–Tomó aire.–. Brainy, escucha. Yo lo... lo siento... por escapar el sábado–Helga cerró los ojos intentando calmarse.–. No debí hacerlo y no debí evitarte estos días. Sé que eso estuvo mal, pero... no puedes volver a decir algo así
Parecía una amenaza, lo era en cierto modo, pero no quería hacerlo sentir mal ni alejarlo. Al abrir los ojos notó el temor en la mirada de Brainy.
–No tengo problema con gustarte–Continuó.–. Pero eso... lo que dijiste... lo que sientes por mí... es mucho y no sé cómo manejarlo. Entré en pánico... yo... estuve a punto de golpearte y por eso me fui–Trató de explicar.–. No quiero volver a agredirte, no lo mereces. Ya no me estás siguiendo por todos lados y apareciendo detrás de mí de la nada... y eres un buen novio... solo... solo... no estoy lista para algo así. Lo siento... quizá no es lo que esperabas...
El chico que la observaba en silencio, la abrazó en ese momento. Helga ya no sintió el impulso de escapar. Brainy la hacía sentir a salvo.
–Lo siento–dijo él.
–No hiciste nada malo–Murmuró ella.
–No quise asustarte
–Lo sé
Los brazos de Helga finalmente obedecieron. Lo apartó con suavidad, solo un poco, lo suficiente para levantar una de sus manos y limpiar sus ojos. Fue una idiota, claro que Brainy no la dejaría. ¿Y a qué vino todo ese miedo? ¿Realmente era tan importante que el fenómeno la dejara?
–Fuera de ese momento. Lo del sábado fue... interesante... y también... agradable. Todo. Incluso... –Se sonrojó.–incluso lo que ocurrió justo antes de que lo dijeras
Brainy sonrió y le tomó las manos para acariciarlas.
–¿Te gustaron mis poemas?–dijo.
–Me encantaron
–Quiero seguir escribiendo poemas sobre ti. Eres la razón por la que me gusta la poesía
Helga se sonrojó. ¿Cómo podía ser que ella fuera para él lo que Arnold -era- FUE para ella? ¿Eran tan similares? ¿Habría estado equivocada todo ese tiempo mirando en la dirección incorrecta?
–Eso es halagador, supongo–dijo la rubia.
Brainy la besó, acariciándole el rostro. Ella le correspondió el beso, apoyando sus manos en los hombros de él. Sintió como poco a poco ese abrazo se volvía más apretado. Y no pudo evitar pensar que Phoebe tenía razón, el estúpido fenómeno tenía que estar haciendo ejercicio.
Notas:
Próximo episodio: El orden de los factores
