Lamento la tardanza es que el trabajo me había dejado cansado, literalmente mi rutina es despertar trabajar llegar a las 11 dormir y despertar, logre encontrar un poco de tiempo para poder dedicar a esta historia.
Reviews:
Panzer693: En realidad son 7 letras, pero entiendo el meme XD
Maximum Rhapsody: Has sido mi lector más fiel y por eso no te voy a mentir, la razón por la que no te respondí fue… por pereza, lo se, es cínico de mi parte, pero mereces la verdad, pero bueno comenzando con tu review anterior conforme a tu pregunta, solo deje al aire los metales de Marvel mas no son canon, dejaremos en misterio de saber de qué está hecha la espada. La dragona tendrá su merecido eso no lo pongas en duda, lo único que diré será el propio destino quien se encargará de ello. Hablar de harem es muy pronto, pero el camino va por ahí, por ahora rechazara a todos sin excepción solo las vera como nakamas, nada más, a quien le interesa es a Mai. Dentro de mas adelante habrá ciertas circunstancias[lazh1] [12] que quizás le hagan reconsiderar tener un harem aunque es mas probable que aunque no lo quiera ya lo tendrá.
Gabrielgamer27: Para la próxima deberías darme una forma de contactarme, para ponernos al dia.
Chapter 16: Viaje entre reinos.
¿Qué es el Ginnungagap?
Para explicarlo detenidamente, imaginemos que es un estado donde todo lo posible existe, pero nada toma forma. Esa es la esencia del Ginnungagap: una vasta e inmensurable amalgama de potencial, un espacio donde el caos y el orden se entrelazan en una danza sin dirección ni propósito.
No es un vacío frío ni cálido; no es acogedor, pero tampoco hostil. Es un estado de espera infinita, una frontera donde el tiempo y el espacio pierden su significado. En este abismo primordial, todo lo que podría ser yace en un estado inerte, intocable incluso por las manos de los dioses.
No hay luz, pero tampoco una oscuridad completa. En su lugar, hay una penumbra etérea, una niebla de sombras grises que se mueve con lentitud, salpicada de destellos ocasionales de energía primigenia, como relámpagos silenciosos que iluminan brevemente lo indefinible.
Aquí no hay cielo que contemple ni tierra que sostenga, ni montañas que se alcen ni mares que fluyan. Solo una vastedad amorfa, donde cada rincón está impregnado de una vibración sutil, casi imperceptible, como el eco de una sinfonía que aún no ha comenzado.
Es un reino sin fronteras, un lienzo inmaculado donde la creación aún no ha dejado su huella. Y sin embargo, una presencia casi intangible permea el espacio: no es vida, pero tampoco ausencia de ella. Es pura energía potencial, un poder crudo que espera el momento adecuado para dar nacimiento a lo que será.
El Ginnungagap no es simplemente un lugar en la cosmología; es el crisol donde el universo mismo toma su primera respiración. Es la cuna de lo inevitable y el refugio de lo inalcanzable, un recordatorio de que incluso en el vacío, el potencial para todo siempre existe.
Odín suele venir aquí cuando necesitaba un refugio para estar en soledad o reflexionar sobre los asuntos más delicados que implican el ser la cabeza de todo un panteón. En este vasto vacío, lejos de las intrigas de Asgard y las responsabilidades de ser el padre de todo, encontraba algo que no podía hallar en ningún otro lugar: una paz inexplicable.
A veces se preguntaba si aquella paz provenía de los ecos de la creación que aún resonaban en ese lugar. Otras, pensaba que quizás era la ausencia total de cualquier expectativa o juicio lo que lo hacía tan reconfortante. Fuera cual fuera la razón, cuando Odín se sentaba al borde del Ginnungagap, mirando hacia su inmensidad insondable, siempre regresaba a Asgard con una mente más clara y una resolución más firme, listo para enfrentar las demandas de su facción y de su destino.
Sus dedos danzaban con habilidad sobre las cuerdas de un arpa que llenaba el aire con una melodía etérea. La serenidad del agua oscura y el eco de su música creaban una atmósfera casi intocable, un refugio perfecto para su introspección. Pero aquella calma se rompió de golpe cuando sintió una presencia abrumadora a sus espaldas, una energía tan inconfundible que no necesitó voltearse para identificarla.
—Que sorpresa verte antes de lo acordado… —Vocifero el padre de todo, sus dedos dejaron de tocar el instrumento, de manera inmediata como si la presencia de ese nuevo ser hubiese arruinado aquel momento de calma y su concentración —. Angrboða
Se trataba de una mujer de belleza inconmensurable, con un aura que irradiaba poder y peligro en igual medida. Su cabello era largo y de un cobrizo profundo que brillaba como bronce a la luz tenue del lago, caía en cascadas de ondas suaves que parecían acariciar la oscuridad misma. Sus ojos, de un verde fulgurante como las esmeraldas más puras, lo miraban con una intensidad capaz de perforar cualquier máscara que él pudiera usar. Esa mirada no era solo desafiante; era la de alguien que conocía los secretos más oscuros desde el inicio de la creación de todo.
—Tuve la sensación de que te encontraría aquí, perdiendo el tiempo en quien sabe que —Dijo Angrboða, con un tono que casi rayaba en la burla.
El Padre de Todo dejó escapar una escueta risilla
—Qué lindo de tu parte —respondió con sarcasmo—. No era necesario que viajaras tan lejos solo para cerciorarte de cómo me encuentro.
Hizo una pausa deliberada, girándose apenas lo suficiente para que su mirada se encontrara con la de ella. Sus ojos, insondables como el abismo del Ginnungagap, parecían estudiarla con la precisión de alguien que no dejaba escapar ni el más mínimo detalle.
—Y bien —añadió, con una voz que ahora se sentía más pesada, más inquisitiva—, ¿Podrías explicar a qué se debe el honor de tu visita?
Angrboða no respondió de inmediato. Su expresión permaneció imperturbable, una máscara perfecta de serenidad, pero un destello sutil en sus ojos verdes traicionaba una emoción más profunda, algo que no se apresuraba a revelar.
—Vine a ver cómo van los preparativos —respondió con una calma serena, casi perturbadora —. ¿Tu acercamiento fue exitoso?
Odín se tomó un momento antes de responder, dejando que el silencio entre ellos se extendiera como una cuerda tensa a punto de romperse. Por un momento su expresión se torno pesada, como si sintiera un poco de culpa, como si tuviera la conciencia intranquila y no le dejara dormir por las noches.
—Todo va conforme a lo establecido —respondió Odín observándola de manera penetrante —. A decir verdad… pensé que me iba a tomar más tiempo.
La mensajera del dolor (1) parecía estar satisfecha con la respuesta, su ligera sonrisa fue el indicativo de ello.
—Eso puedo verlo, en cierta forma hemos ahorrado mucho tiempo —respondió ella de manera enigmática —. Por lo que puedo intuir, parece que estas ocupado en otras cosas… Después de todo puedo sentir la presencia de la Maō Leviatán en tu territorio.
—La presencia de ella es importante. Por ahora, no es prudente ofrecer más detalles sin algo más seguro —fue lo único que respondió el padre de todo.
Angrboða asintió en silencio, sin apartar su escrutadora mirada del padre de todo.
—Supongo que necesitaras una mano para cuando mi esposo decida a hacer sus estupideces —Una tensión apenas perceptible se deslizó en sus palabras, como un hilo delgado y frágil que comenzaba a tensarse peligrosamente—. Siempre y cuando tus aliados no se inmiscuyan tanto, puedo dejarlo pasar sin problemas —su mirada se intensificó, cortante como una daga—. Aunque no lo creas, el inevitable final de mi impertinente esposo es una pieza clave para nuestra meta. Así que consigue toda la ayuda que necesites.
Se detuvo un momento, observando a Odín con una mirada que, aunque tranquila, llevaba el peso de una advertencia cuidadosamente velada.
—Aun así harás bien en recordar siempre, que no debes desviarte de nuestro objetivo, todo debe fluir como debe ser, no podemos darnos el lujo de retrasos.
Odín suspiró con pesadez, dejando entrever su descontento con lo que fuera que Angrboða estuviera planeando. Aunque sus palabras aún no lo confirmaban, su postura rígida y el brillo calculador en sus ojos hablaban por sí mismos. No era fácil para el tomar decisiones drásticas, y menos cuando involucraban a alguien como ella.
Angrboða no era simplemente una gigante. Era un ser primordial, una pieza clave en el intrincado tablero de poder dentro de la facción nórdica. Su importancia era innegable, incluso si eso significaba que sus caminos inevitablemente se cruzarían como aliados temporales o enemigos declarados.
Odín, no era ajeno al peso de esos augurios. Si las predicciones de los gigantes dictaban que un acuerdo pacífico entre él y Angrboða debia llevarse a cabo, entonces lo haría, incluso si eso significaba tragarse su orgullo y tener que cumplir a raja tabla lo que la mujer le pidiese. Cualquier alteración en el orden del presagio podría desatar algo mucho atroz, algo que ni siquiera el Padre de Todo estaría preparado para contener.
El Padre de Todo sabía que tratar con Angrboða era un juego peligroso, mucho más peligroso que lidiar con Loki, donde cualquier movimiento en falso podría ser aprovechado por ella para ganar ventaja. Sin embargo, también entendía que los presagios de los gigantes nunca debían tomarse a la ligera.
Esas visiones trascendían en importancia, superando incluso los caprichos de los dioses y las diferencias entre ellos.
—Si estás aquí, eso quiere decir que ya has contactado con el — Por un instante, el silencio entre ellos se volvió más pesado, como si el propio Ginnungagap aguardara con expectación.
Angrboða asintió, satisfecha con la mención del susodicho. Había sido meticulosa al elegirlo, asegurándose de que cumpliera con lo dictaminado por el presagio. Era consciente de que, si este augurio señalaba la necesidad de involucrar a una facción extranjera, significaba que lo que estaba en juego trascendía cualquier diferencia entre los reinos. Lo que sea que pudiera desatarse no era algo que pudiera tomarse a la ligera.
Él era perfecto para el papel. Su historial como el ángel de los sacrificios lo colocaba como alguien que entendía el valor de lo que se debía perder para alcanzar lo inalcanzable. Su sed insaciable de conocimiento, su capacidad para manipular con astucia las situaciones más complejas, y las tretas que utilizaba para ejecutar sus planes lo convertían en el candidato ideal. No solo era un aliado útil, sino también una pieza clave para su plan.
Y aunque no le gustaba la idea de aliarse con un ser de otro panteón, era menester asegurarse de que el presagio se cumpliera al pie de la letra pues este indicaba que era necesaria la ayuda de otros seres sobrenaturales de distintos panteones.
—Es correcto. Nuestro curioso cuervo ya está cumpliendo con su parte —respondió Angrboða, con un tono de voz calculador—. Dentro de poco, convocará a las otras dos facciones para formalizar el tratado de paz, lo que le dará acceso a entrar en el mundo demoniaco y angelical sin complicaciones.
Odín se mantenía en silencio, su mirada se desvió hacia el infinito horizonte, como si sopesara las implicaciones de cada palabra que ella decía.
—Asegúrate de que la reunión con la Maō Leviatán sea exitosa y que logren llegar a un acuerdo —continuó la gigante, enfatizando especialmente la última parte—. Esta alianza es crucial y debe llevarse a cabo sin fallos. Si todo marcha como debe, podremos avanzar con la siguiente fase del plan.
Odín suspiró con pesadez, incapaz de creer que debía involucrarse en ese maldito plan y seguir las indicaciones de la gigante en cuestión.
—Como muestra de mi buena voluntad por tu generosa cooperación, te informo que mi esposo planea hacer algo diferente para llevar a cabo el Ragnarök.
Angrboða llevo un dedo a una de sus sienes. De ahí extrajo un pequeño humo, recitando un hechizo de palabras ininteligibles. El humo se transformó en un extraño líquido que depositó en un pequeño frasco de cristal, el cual quedó en su mano, y luego se lo entregó a Odín
—Aquí tienes todos los detalles que necesitas saber para puedas ganar una pequeña ventaja táctica.
Odín tomó el frasco con mirada mordaz. Era evidente que no confiaba en ella.
—Sugiero que te hagas el desentendido. Deja que el inepto crea que tiene todo calculado. No hay nada más vulnerable para alguien que hacerle creer que tiene la victoria asegurada —dijo Angrboða con tono burlón, lo que logró irritar aún más al dios.
Odín miraba fijamente a la gigante.
—¿No hacer nada? —Dijo de manera incrédula —¿Me estas jodiendo verdad? —Hablo el dios de manera iracunda —¿Cómo sé que lo que dices es cierto y no es una treta tuya para aprovecharte del caos y salir beneficiada? Después de todo, tu meta es que desaparezca Asgard.
Angrboða lo observó con una curiosidad juguetona, como si estuviera siendo acusada de algo ridículo. Y era jodidamente gracioso para ella.
—Oh, me ofendes, Padre de Todo. ¿De verdad crees que soy una rastrera oportunista capaz de hacer lo más bajo para lograr mis objetivos? La manera de mi esposo, no es mi manera —Pretendía sonar ofendida, pero era todo lo contrario, el asunto le divertía demasiado —En fin, si eso piensas de mi, entonces haz lo que gustes.
Angrboða se dio la vuelta, y un portal se abrió ante ella, brillando con un resplandor sutil. Ese acto no solo demostraba su habilidad, sino también su estatus como uno de los seres primordiales. Podía viajar a donde quisiera sin la necesidad del Bifröst, ni tener que pasar bajo la jurisdicción de la ardilla guardiana del Yggdrasil.
— Yo ya cumplí con hacer mi buena acción del día y tengo limpia mi conciencia. —la gigante habló de nuevo, con ese enigmático tono calmado —. Antes de irme, debo informarte que, antes de que se lleve a cabo la reunión de las facciones bíblicas, Azazel hará contacto contigo. —Su sonrisa era casi imperceptible, pues pudo notar como Odín se tensaba al escuchar esa última declaración —. Esta será la última vez que mantengamos contacto hasta que pase lo que tenga que pasar. Cualquier novedad que surja, te la haré saber.
Angrboða se dio la vuelta, y un portal se abrió ante ella, brillando con un resplandor etereo. Este acto no solo mostraba su habilidad, sino también su estatus como uno de los seres primordiales. Podía viajar a donde quisiera sin la necesidad del Bifröst ni tener que pasar bajo la jurisdicción de la ardilla guardiana del Yggdrasil.
Cuando la gigante abandonó el lugar, Odín permaneció meditabundo, observando el frasco con el peculiar líquido en su interior. Un impulso le recorrió el cuerpo, tentado de destruirlo con sus propias manos, pero pronto desistió. Si lo que decía la gigante era cierto, y ella estaba más enfocada en seguir su propio plan, dejando el Ragnarök a un lado, Odín asumió que tal vez podría utilizar lo que le había dejado a su favor.
Solo no esperaba arrepentirse después.
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Serafall observaba a Trunks con una mirada llena de odio, como si su mera presencia frente a él fuera capaz de desatar la mayor de las repulsiones en su ser. Era evidente que lo único que deseaba era borrarlo de la faz de la existencia, por esa razón su poder mágico se acrecentaba a niveles alarmantes, sus oscuros deseos eran más primordiales que los deberes que tenía para con el inframundo. Quizás por esa razón no le importaba en lo más mínimo que esto pudiera generar una conmoción en Asgard, ni que comprometiera la futura alianza del inframundo con la facción nórdica.
Este comportamiento era curioso y atípico, pues a pesar de que Trunks había desaparecido de su vista durante varios días, el odio que sentía Serafall hacia él había alcanzado niveles completamente nuevos. Sirzechs le había informado que Trunks había decidido marcharse del mundo humano y del demoniaco, pues su amiga aún seguía débil y solo encontraría recuperación bajo los cuidados de otra facción, cuidados que la facción demoniaca no pudo proporcionarles.
Eso debería haber sido algo positivo, ¿Verdad? Trunks ya no estaba en el hospital de su padre, ni rondando por el territorio humano, mucho menos cerca de su adorada hermana. Serafall debería sentirse aliviada por su ausencia. En teoría, ese desgraciado simio extraterrestre habría salido de sus vidas y eso debería darle más tranquilidad, ¿Cierto?
Pero nada estaba más alejado de la realidad. Algo profundo, oscuro, e incomprensible para ella misma, comenzaba a hacer estragos en su interior. No podía identificar lo que era, pero su odio y su ira crecían con cada segundo, multiplicándose y alimentándose de una rabia que no lograba controlar.
Y esto lo ocasionó la ausencia del saiyajin.
¿Pero porque, porque ocurrió tal cosa?
Lo que Serafall experimentaba no era un fenómeno común ni fácil de entender. La ausencia de Trunks había provocado un efecto psicológico extraño y poco común, algo que no podía haber anticipado bajo ninguna circunstancia.
Este era lo que se conocía como la paradoja de la ausencia.
En términos psicológicos, este fenómeno era fascinante y, al mismo tiempo, desconcertante. Cuando el objeto o sujeto de repudio desaparece repentinamente de la vida de una persona, en lugar de disminuir el rencor o la aversión, algo en el interior de la persona provoca que estos sentimientos aumenten drásticamente. Por extraño que se escuche, la ausencia no aligera la hostilidad, sino que la intensifica. Este tipo de aversión no proviene de una acción directa del otro, sino de la mera posibilidad de su presencia, de la sensación de que jamás podría vivir en paz si no hace nada al respecto, como si la simple potencialidad de su ausencia fuera más perturbadora que su presencia misma.
Era como si la persona que padecía este síntoma deseara que el objeto o sujeto repulsivo estuviera presente, para poder descargar todas sus frustraciones sobre él. La ausencia de esa figura no traía consuelo, sino que creaba un vacío aún más profundo, alimentando una necesidad insana de buscarla y enfrentarse a ella una y otra vez. Era como si el único remedio para esa ira creciente fuera la constante confrontación con el ser que desataba.
Serafall no podía entender del todo lo que ocurría en su interior. Pero nada de eso importaba ahora, finalmente había encontrado al saiyajin, y no iba a dejarlo escapar.
—Me costaste mucho trabajo maldito bastardo —Respondió con un tono que ella jamás espero esbozar —, pero finalmente te he encontrado.
Trunks, al escucharla, dejó de lado su postura defensiva y se cruzó de brazos, observándola con poco menos que indiferencia.
—¡Wow! ¿Así que por eso te tomaste las molestias de venir aquí? —Esbozo el guerrero del futuro con sarcasmo—. Podría decir que me siento halagado, pero el hecho de que hayas invertido tanto tiempo buscando a una persona que detestas con toda tu alma... me parece algo enfermo y poco profesional para alguien que se supone es uno de los líderes de una facción. No me cabe en la cabeza como es que te eligieron para ser líder.
Las formalidades murieron. Trunks sintió que no valía la pena seguir dirigiéndose a ella con respeto. La situación era tan absurda para el que solo acrecentaba su desdén por ella.
—Te fuiste tan repentinamente que me sentí tan sola y quería volverte a ver —dijo ella mientras se acercaba hacia el saiyajin para después extender una palma hacia él, un círculo mágico se manifestó en la palma de su mano preparando una fuerte concentración de magia —No tuve tiempo para conocerte mas a fondo, pero descuida, eso ya no es un problema. ¡YA NOS PODREMOS PONER AL DIA!
La atmósfera se volvió más densa, como si el espacio mismo se comprimiera por el poder manifestado de la demonio. Su instinto asesino era palpable. La amenaza era real.
Pero tal cosa no causo mayor sorpresa en el saiyajin, todo lo contrario, solo lo hizo suspirar con desgano.
—Escucha ¿En lugar de perder el tiempo en esta estupidez, porque no te pones a hacer algo más productivo?
El comentario mordaz del guerrero del futuro hizo que una gruesa vena apareciera en la frente de Serafall, reflejando la furia que crecía dentro de ella. La esfera de energía en su mano se intensificó de forma alarmante, emanando un resplandor que ahora parecía tener un potencial destructivo suficiente para borrar a China diez veces.
—¿Que mierda dijiste? —Susurro Serafall de manera poco audible —¡UNA ESTUPIDEZ! —El poder mágico de la demonio comenzaba a hacer estragos al rededor —¡¿CREES QUE ESTO ES UNA ESTUUUUUUUPIDEEEEEEEZ?!
Fragmentos de escombros comenzaron a volar por la fuerza del poder de la Mao. Trunks entrecerró los ojos, evaluando la situación. Era evidente que Serafall no estaba completamente en sus cabales, lo que la volvía aún más peligrosa. El orbe de magia en su mano seguía creciendo y parecía dispuesta a lanzarlo en cualquier momento.
—¡No pienso pasar por alto esta ofensa! —gritó Serafall, temblando de rabia mientras el orbe de magia en su mano crecía, irradiando un brillo cegador—. ¡Soy Serafall Leviathan, la gran Maō del Infierno, y no voy a permitir que un gusano insignificante como tú se atreva a humillarme así!
Trunks se mantuvo impasible ante su rabieta, solo se limitaba a observarla con una mezcla de desinterés, logrando crispar aún más los ánimos de la yon dai Maō.
—¿Estás completamente segura de lo que quieres hacer? —preguntó Trunks, mientras abandonaba su postura de brazos cruzados. Los fragmentos de escombros que volaban hacia él se desintegraban al contacto con su cuerpo, como si su piel estuviera recubierta de un material más duro que cualquier metal conocido.
—No tienes idea de cuánto he esperado por esto —Respondió Serafall de forma gélida. El orbe de energía en su mano vibraba con una intensidad abrumadora, como si su sola existencia amenazara con desatar una catástrofe.
Trunks dejó escapar de resignación. Retrayó el puño hacia atrás con calma, pero la tensión en sus músculos traicionaba la fuerza que estaba a punto de liberar.
—Muy bien, como quieras —dijo con un tono neutro, casi indiferente—. No me haré responsable de lo que pase después.
Su plan era simple: terminar con aquello de un solo movimiento. No tenía intención de matarla, ni de infligir un daño irreparable. Un golpe contundente en el abdomen sería suficiente para dejarla en el hospital durante varias semanas, quizás esperaba que ese mensaje fuera suficientemente contundente para que la Maō reflexione mejor las cosas y lo deje en paz.
Pero, en el fondo, Trunks sabía que había algo diferente en Serafall. Su odio no era una emoción pasajera ni un impulso momentáneo. Era un sentimiento profundamente arraigado que la impulsaba más allá de cualquier límite. Aunque lograra detenerla ahora, estaba convencido de que, en cuanto se recuperara, volvería a buscarlo.
Para ella, no se trataba de una simple rivalidad o de una cuestión de orgullo. Su meta era destruirlo, sin importar cuántas veces tuviera que enfrentarlo ni cuántos obstáculos se interpusieran en su camino.
El sentimiento era conocido por el. Pues el sintió ese mismo odio hacia los androides.
La tensión era tan densa que podría cortarse con un cuchillo. Serafall y Trunks estaban a punto de desatar el caos y cuando estaban a punto de hacer el primer movimiento un sonido inesperado rompió la tensa escena como un rayo en un cielo despejado.
—¡Es Levi-tan! —exclamaron varias voces infantiles al unísono.
Ambos contendientes se congelaron, su atención completamente capturada por el grupo que acababa de llegar. A lo lejos, un grupo de niños nórdicos corría emocionado hacia la escena, señalando directamente a Serafall con fascinación. Frigg caminaba con elegancia detrás de ellos, esbozando una leve sonrisa, como si disfrutara del espectáculo.
—¿Levi-tan? —Pregunto Trunks claramente desconcertado, hasta que recordó que así se había presentado ella al momento en que la conoció.
—¡Oh, no, no, no! ¡No puede ser! ¡¿Y ahora que voy a hacer?! —Su expresión iracunda murió. Sudaba balas al verse rodeada por los pequeños que ahora la miraban como si fuera una heroína sacada directamente de sus sueños más felices.
Mala idea para llevar su atuendo de chica mágica, eh.
—Parece que las fuerzas del mal tienen un nuevo enemigo —Hablo Frigg con fingida sorpresa, claramente buscando incomodar aún más a Serafall—. Pero no teman, mis queridos niños. ¡Magical Levi-tan está aquí para salvarnos! ¿Pero quién será este misterioso villano? ¿Qué oscuros planes estará tramando? ¿Podrá nuestra valiente chica mágica, defensora del amor y la justicia, detenerlo?
Los ojos de Serafall se abrieron como platos mientras sudaba a mares. Los niños, completamente ajenos a lo que estaba a punto de ocurrir, rodearon a ambos claramente emocionados por saber que estaba a punto de pasar después.
Trunks observaba la escena con incredulidad. Lo que hacía unos segundos parecía una batalla destinada a desatar la destrucción se había convertido ahora en un espectáculo infantil.
Sin embargo, fue capaz de captar el mensaje. Hábilmente Frigg percibió que una catástrofe estaba a punto de desatarse, y no podía permitirlo bajo ninguna circunstancia, especialmente con niños inocentes involucrados. Se sintió idiota por haber ignorado ese detalle y al mismo tiempo estaba agradecido por la intervención de la diosa. Aun así, una gruesa gota de sudor resbaló por su nuca al darse cuenta de que él había quedado como el villano de turno.
—Ejem… —Murmuró con torpeza, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Los niños lo miraban con ojos expectantes, esperando que encarnara al malvado que Levi-tan estaba destinada a derrotar.
—Pues yo he venido a… —comenzó, rascándose la cabeza en busca de algo creíble—. He venido a robar… etto…
Se quedó en blanco, observando los rostros emocionados de los pequeños. Finalmente, una idea desesperada cruzó por su mente.
—¡He venido a robar todos los dulces de Asgard! —Exclamó, levantando los brazos de manera exagerada y de una pésima actuacion, mientras señalaba a Serafall con un dedo acusatorio. —¡Y lo hubiera logrado si no fuera por Levi-tan!
Los niños soltaron exclamaciones de asombro, y algunos incluso gritaron emocionados.
—¡Sabíamos que Levi-tan salvaría el día!
—Tú puedes Levi-tan no dejes que se salga con la suya
—Haz el ataque de las estrellas.
—No, ¡Mejor haz el ataque especial magical love!
Mientras tanto, Frigg esbozó una sonrisa traviesa, claramente disfrutando de la escena. Por su parte, Serafall, aún rodeada por los niños que la miraban como a una heroína, no sabía cómo actuar, la situación era vergonzosa pera ella pero debía mantenerse en su "papel" de chica mágica en aquel improvisado espectáculo. Sabia que su personaje era un icono entre los niños, no podía darse el lujo de mancillarlo y poner en riesgo todo por lo que ha luchado.
Estaba en una encrucijada y no ayudaba que ese simio malnacido pusiera de su parte en este absurdo teatro.
El guerrero del futuro se acercó lentamente hacia la paralizada Serafall quien luchaba por tratar de procesar lo que estaba ocurriendo, pero todo parecía tan surrealista que sus neuronas no lograban hacer la sinapsis necesaria para poder zafarse de esa situación ¿cómo podrías hacerlo teniendo todas esas miradas infantiles llenas de emoción sobre ti?
Por su parte Trunks parecía disfrutar de la situación. Como una pequeña venganza por todas las veces que Serafall lo había insultado y menospreciado, decidió desquitarse un poco, saco un caramelo esferico de su chaqueta y sin previo aviso, lo colocó directamente en la boca de Serafall con poco menos que brusquedad.
—Ganaste esta vez, Magical Levi-tan te devuelvo tu dulce legendario—dijo Trunks con una voz exageradamente dramática, mientras una sonrisa burlona se dibujaba en su rostro, sonrisa que Serafall captó demasiado bien. No pudo evitar sentirse aún más humillada por la evidente mofa en su tono—. Pero la próxima vez, me saldré con la mía. ¡Y no vas a poder evitarlo!
Serafall, completamente roja de vergüenza, se quedó inmóvil, incapaz de articular una sola palabra. La humillación a la que fue sometida fue demasiado para ella. El caramelo en su boca solo acentuaba la sensación de ser convertida en objeto de burla, y aunque intentaba aferrarse a su dignidad, sus esfuerzos resultaban inútiles. Pequeñas lágrimas amenazaban con brotar de sus ojos, infló sus mejillas en un esfuerzo sobrehumano para no dejarlas escapar.
—Nos volveremos a ver, a… HA… HA… HA… HA… HA... —Sentencio al final para terminar con una risa autómata y nada convincente casi rozando en lo patetico mientras se alejaba, disfrutando de la sensación de haber salido victorioso de la situación.
Mientras tanto, los niños, ajenos a la verdadera tensión del momento, vitoreaban emocionados rodeando a Serafall.
—¡Levi-tan es la mejor!
—¡Lo sabía, el hombre malo no se robó los dulces!
—¡El bien volvió a triunfar sobre el mal!
El sonido de los aplausos y las risas de los niños se escuchaban a lo lejos mientras Trunks se alejaba, aunque había escapado de la situación de manera algo absurda, su trabajo ya estaba hecho. Sin embargo, su alivio duró poco, apenas dio unos pasos más cuando un objeto golpear su cabeza.
—¡Ayy! —exclamó Trunks, llevándose las manos rápidamente a la zona adolorida de su cabeza. Miró hacia abajo y vio el objeto que le había golpeado. Era el cetro mágico de Serafall, el mismo que ella usaba cada vez que se vestía de esa manera.
Al instante, Trunks frunció el ceño sorprendido, pero también consciente de que Serafall no lo dejaría ir tan fácilmente.
Completamente roja por la vergüenza y tratando de no perder la compostura, miró a Trunks. Sus labios temblaban por el enfado, pero de inmediato hizo un esfuerzo sobrehumano para mantener su tono infantil y su actitud de chica mágica.
—¡Y no... no vuelvas a hacer tus... tus fechorías… o-otra vez! —Dijo con voz entrecortada, esforzándose por sonar juguetona y kawaii, a pesar de la rabia que sentía. Hacia mucho esfuerzo en no alterar en lo mas mínimo su tono de voz para que los niños no se dieran cuenta de lo molesta que estaba —. ¡O... o tendré que... tener que... darte tu merecido de nuevo, niño malo!
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Después de pasada la conmoción con Serafall, Trunks se encontraba solo, mirando el vasto paisaje que se extendía ante él, mirando el hermoso paisaje con una ligera sonrisa, las montañas y los valles cubiertos de nieve, los bosques, las praderas, era como si todos los biomas convergerán en un solo punto dando un aire místico. El sol se encontraba en su máximo resplandor, iluminando el horizonte con una intensidad cegadora. Los dorados rayos dorados del astro rey bañaban todo a su alrededor, haciendo que la nieve resplandeciera como si miles de diamantes estuvieran esparcidos por el suelo.
Aquella vista le daba paz. Era magnífica la forma en la que el cielo se extendía sin fin, como si fuera un vasto horizonte que se desvanecía en la distancia. Las nubes flotaban suavemente sobre él, dispersas como pinceladas de algodón que se deslizaban lentamente, algunas blancas y brillantes, otras teñidas de un suave gris, creando una sensación de calma en el ambiente. Trunks inhaló profundamente el aire fresco de Asgard, disfrutando de la serenidad que le ofrecía ese momento, alejado de todo el caos que lo rodeaba.
—Parece ser que hiciste un gran alboroto ¿Verdad? Ohohoho —dijo una voz suave, cargada de sabiduría, desde detrás de sus espaldas.
—¡Odín-sama! —dijo Trunks, girándose rápidamente, sorprendiendo al dios, para luego sonreír —.Parece ser que no se le escapa nada.
—Ya te lo dije muchacho, yo puedo verlo todo —respondió el dios con un toque de humor. — ¿Y que se supone que haces en estos momentos? ¿Disfrutando de la vista?
Suspiro de forma cancina.
—Supongo que si
El guerrero del futuro mantenía una mirada pensativa, como si estuviera evaluando la situación. Trunks, al ver su expresión, se volvió nuevamente hacia el horizonte, para volver a observar las nubes moviéndose lentamente por el cielo, como si las mismas pudieran comprender su frustración.
Odín se sentó a su lado y, sabiamente, le dio espacio hasta que el chico decidiera hablar.
—He estado pensando... —Trunks pareciera que no estaba hablando con Odín, sino consigo mismo—. No entiendo por qué Serafall me detesta tanto. Desde que la conocí, pude notar algo en sus sentimientos hacia mí, pero no recuerdo haberle hecho nada. No sé qué ocurrió para que reaccionara así.
Odín se quedó en silencio, observando a Trunks como si comprendiera lo que sentía. La mente de las personas era mucho más compleja de lo que parecía, y cuando se trataba de seres sobrenaturales, mucho más aún. En especial cuando se hablaba de alguien con el estatus de Serafall, que prácticamente había existido desde el inicio de los tiempos. Odín sabía que, a veces, no dependía de una respuesta verbal. Algunas cosas solo el tiempo podía desvelarlas.
Sin embargo, el joven tenía demasiadas dudas, y respuestas a él le sobraban. No por nada le llamaban el padre de todo. Trunks se quedó en silencio de nueva cuenta, procesando las palabras de Odín. Había algo en su voz que lo hacía sentir que, quizás, no estaba tan perdido como pensaba.
—¿Cómo puedo evitar que me afecte? —preguntó, mirando el horizonte con una ligera frustración. —. No entiendo por qué actúa así conmigo. Nunca le hice nada, ni he amenazado su integridad o la de sus semejantes, como para que me deteste de esa manera.
Odín se tomo el tiempo para meditar su respuesta, exhaló una nube de humo de su pipa, luego la sostuvo entre sus dedos mientras pensaba con calma.
—El odio, muchacho, no siempre tiene una raíz lógica. A veces proviene de algo mucho más profundo que no podemos ver de inmediato. Quizás hay algo que ella no ha podido superar, o algo que la ha marcado de una manera que tú no entiendes. —Trunks bajo la mirada y la anciana deidad volvió a hablar para dejar en claro su punto —. Eso no quiere decir que tengas la obligación de cargar con el odio o rencor de lo que otros sienten. El problema es de Serafall y solo de Serafall.
Trunks asintió lentamente, aunque seguía con dudas.
—Creo que lo entiendo, pero sé si pueda manejarlo debidamente —dijo, mirando las nubes que se deslizaban suavemente en el cielo. —. Créame cuando le digo que mi paciencia está agotándose.
Odín lo miró fijamente por un momento, evaluando las palabras de Trunks. El joven parecía sincero, pero también se notaba la frustración que cargaba consigo. Era comprensible, especialmente en alguien como él, que siempre había enfrentado situaciones donde las respuestas no eran claras.
—El control sobre ti mismo es lo que más te ayudará, Trunks —respondió con voz grave pero serena. —No se trata solo de paciencia, sino de cómo manejas lo que sientes. La frustración es natural, pero no puedes dejar que te gobierne. Si dejas que esas emociones negativas tomen las riendas, terminarás perdiendo el control sobre lo que realmente importa. Y eso, muchacho, es algo que no puedes permitirte.
Trunks se quedó pensativo ante las palabras de Odín. Miró las nubes nuevamente, como si buscara una respuesta en ellas, pero lo que veía solo le transmitía más confusión.
—Quizás algún día lo entienda —dijo el saiyajin suspirando —como bien dijo no tiene caso pensar en aquello.
El dios iba a decir algo hasta que de repente un círculo mágico se manifestó en el suelo, dicho circulo era de un color carmesí junto con varias runas confusas y en el centro de este yacía un emblema igual de extraño que dichas runas. Trunks estaba sorprendido nunca antes había presenciado un fenómeno como ese, y su sorpresa aumentó cuando, de aquel círculo, emergió una figura que le resultaba sumamente familiar: una joven de cabello rojo intenso y de voluptuosa figura.
—¿Rias-san? —mencionaba Trunks sorprendido por ver a la pelirroja nuevamente.
—Buenos dias —hablaba la joven a través del holograma mágico mientras hacía gala de los modales con la que su familia le había inculcado —, mi hermano, el Maō Lucifer me comento que estabas en Asgard y el motivo por el que llamo es para avisarte que tengo lista tu espada… tal y como te lo prometí.
Trunks no podía creer lo que escuchaba ¿Enserio pudieron reparar la complicada aleación de la espada que había construido su madre?, definitivamente estaba impresionado y un poco ansioso de ir por ella y comprobar la reparación que le hicieron a una de sus armas predilectas.
— ¡¿Lo dices enserio?!
—En efecto, está lista. Sería conveniente que la recogieras y probases el resultado por ti mismo —dijo ella, mostrando una imagen del arma restaurada, brillante y perfecta.
La visión de la espada iluminó los ojos de Trunks, quien no esperaba tal desenlace.
—¿Crees que podrías ir por ella hoy mismo? —preguntó ella, con una sonrisa sutil, como si ya supiera la respuesta.
—¡Sí, claro! —respondió Trunks, sin poder ocultar su entusiasmo—. ¿Dónde te encontraré exactamente?
La joven hizo un gesto, mostrando imágenes del jardín del Club de Investigación Oculta, un lugar donde Trunks había estado anteriormente.
—En el lugar de siempre —Explicó ella con calma—. Me asegurare de que uno de mis sirvientes, este aquí para recibirte.
Trunks frunció el ceño al escuchar esas palabras. No le gustaba la manera en que los demonios regían su vida, tomando como esclavos a otros. Por lo poco que había podido ver, Rias parecía ser genuinamente apreciada por sus sirvientes. Y eso le daba la impresión de que, así como existían demonios "buenos", también había quienes eran auténticas basuras. Estaba convencido de que muchos de ellos trataban a sus subordinados como simples herramientas o, incluso, como objetos desechables, y esa idea no le agradaba en absoluto.
Pero Trunks decidió no decir nada. Sabía que, en general, los líderes eran buenas personas y competentes, salvo una sorprendente excepción. Seguramente, ellos debían estar al tanto de esas dinámicas, respondiendo como es debido en el caso de que existiese un abuso.
Trunks se había perdido en sus pensamientos momentáneamente, pero la voz de Rias lo sacó de su ensimismamiento.
—¿Sucede algo? —Preguntó ella, observando con atención la expresión pensativa de Trunks.
—¿Eeh? —respondió el saiyajin de forma torpe —. No… no te preocupes, estaré pronto allí —dijo el mientras la imagen de la joven comenzaba a desvanecerse.
—Perfecto, estaremos esperándote.
Trunks observó el lugar donde el holograma había desaparecido, sumido en sus pensamientos. La emoción de recuperar su espada fue desplazada por una corriente de reflexiones que invadieron su mente.
—El mundo humano... —pensó, recordando las palabras y la imagen del jardín que Rias había mostrado. "He estado en su escuela, he visitado la casa de issei, pero aun no entiendo del todo cómo funciona esta sociedad."
Si se pensaba con detenimiento era cierto, no conocía mucho de este mundo ¿Cómo vivía esta sociedad? ¿Qué reglas las regían? ¿Cuáles eran sus costumbres? ¿Era la misma sociedad que había visto en la línea temporal que el cambio cuando viajo al pasado o era diferente? Más importante aún, ¿Cómo era que coexistían entre ellos, a pesar de sus diferencias tan evidentes? Podría usar esta visita para poder contemplarlo con sus propios ojos.
Sus pensamientos no pasaron desapercibidos para Odín, quien, con su pipa en la mano, lo observaba detenidamente como si hubiera visto algo dentro de él.
—Parece que una inmensa curiosidad ha comenzado a brotar en tu interior —comentó el dios, rompiendo el silencio con una calma deliberada.
Trunks levantó la mirada, algo desconcertado por la interrupción.
—¿A qué se refiere? —preguntó, aunque sabía que la pregunta era innecesaria. Odín era conocido por leer a las personas con una facilidad inquietante.
—Llegar a un nuevo mundo es un proceso difícil. Adaptarse, aprender a convivir... todo eso toma tiempo —,dijo Odín con voz tranquila, mientras la brisa del lugar hacía ondear su larga barba.
El joven saiyajin permanecía en silencio, reflexionando sobre las palabras. Había enfrentado batallas que desafiaban la lógica misma, pero el acto de comprender y aceptar las complejidades de un nuevo mundo se sentía como un desafío igual de imponente.
—Solo diré que estas comenzando a ver este mundo desde otra perspectiva.
Trunks, con los brazos descansando sobre sus rodillas, escuchaba atentamente. Había enfrentado innumerables desafíos en su vida, pero la idea de adaptarse a una realidad completamente nueva seguía siendo un terreno desconocido.
—Hay ocasiones —Continuó Odín, tomando su pipa y encendiéndola con un leve chasquido de sus dedos— en que las costumbres que consideras normales de dónde vienes pueden parecer extrañas, incluso incomprensibles.
El humo que exhaló se alzó en el aire antes de desvanecerse con el viento, como si sus palabras mismas se integraran al ambiente. Trunks observó al dios nórdico de reojo, tratando de captar la profundidad detrás de su afirmación.
—Cuestionar lo que ves es el primer paso para entenderlo —añadió Odín, llevando la mirada al horizonte, donde el cielo se teñía de rojo y púrpura—. Pero déjame advertirte algo.
Hizo una pausa, su rostro adopto una expresión seria, casi melancólica.
—Algunas respuestas no te gustarán. —Su voz era grave, como si estuviera recordando tiempos pasados, momentos de revelaciones dolorosas—. Y otras, tal vez nunca las encuentres o en caso de que lo hagas no las podrás entender.
El viento sopló con más fuerza, haciendo que las los cabellos de ellos danzaran con armonía, al compasa del son de la brisa. Trunks entrecerró los ojos y miró al horizonte, reflexionando sobre las palabras del dios. El paisaje, vasto y hermoso, le recordó que incluso en medio de lo desconocido, había espacio para crecer, para aprender.
—Este es un camino necesario que debes recorrer —Añadió Odín, rompiendo el silencio con un tono más suave —.Por ahora no te compliques la vida y ve al mundo humano, contempla lo que debas contemplar y pasa un rato de ocio —en eso se acercó al chico y le puso una mano en el hombro, su expresión había cambiado rápidamente —y cuando ya hayas comprendas más sobre este mundo—el padre de todos le pasaba un brazo por encima de sus hombros en muestra de camaradería —¡Iremos a un club de tetas a divertirnos!
—¿Club de tetas? —se preguntaba mentalmente Trunks al no saber que era, no le daba buena espina que el vapor saliera de las fosas nasales del viejo —¿Se trata de algo interesante?
Odín se quedó inmóvil por un instante. Su expresión pasó rápidamente a la sorpresa para después transfigurarse en profundo disgusto, como si lo que acabara de escuchar fuese la más ofensiva de las blasfemias.
—¡¿Qué cosas preguntas muchacho?! ¡Es lo mejor que existe! —Respondía el anciano frunciendo el ceño haciendo que Trunks bajara la vista cohibido—. ¡Es una cosa muy interesante y de suma importancia para todos los hombres!
Odín, como si quisiera enfatizar la grandeza de lo que estaba describiendo, comenzó a mover los dedos en el aire, como si estuviera tocando un piano invisible. El bizarro gesto, fue seguido por movimientos circulares de sus manos, como si estuviera moldeando algo esférico y enorme frente a él.
—Grandes, redondas, mullidas, suaves, duras, pequeñas grandes, enooooormes —dijo esbozando una sonrisa de pervertido mientras sus manos seguían delineando formas imposibles en el aire—. Y no te olvides de las curvas. guejejeje
Trunks no entendía ni mierda de lo que estaba hablando y no quería saberlo. Así que dejo al dios estar sumido en sus retorcidas fantasías y se volteo hacia el horizonte, tratando de ignorar el espectáculo que tenía frente a él.
A veces era mejor no preguntar demasiado.
—S-supongo que podría seguir su consejo... —respondió Trunks, un tanto nervioso, mientras observaba con preocupación como pequeños hilos de sangre salían de las fosas nasales de Odín —. No sé por qué, pero este señor... me recuerda al maestro Rōshi.
—Ejem... —dijo Odín, tranquilizándose un poco mientras se limpiaba la sangre de su nariz con su túnica, claramente sin notar lo extraño de la situación. Su mirada volvió a centrarse en Trunks, como si todo fuera completamente normal—. Bueno, creo que entiendes a qué quiero llegar, ¿no?
Trunks, aún algo confundido pero decidido a no adentrarse en ese terreno, asintió de manera vacilante.
—C-creo... —respondió, sin estar del todo seguro de lo que realmente había comprendido.
—¡Excelente! —exclamó Odín con una sonrisa de satisfacción, como si acabara de ganar una pequeña batalla—. Me alegra que hayas captado la idea.
Odín parecía genuinamente feliz, por tener a un compañero en sus "perversiones", aunque Trunks no podía evitar sentirse cada vez más desconcertado por la situación. Sin embargo, el viejo dios no se detuvo demasiado en eso, ya que tenía claro que el joven saiyajin tenía asuntos más importantes que atender.
—No te haré perder más tiempo —dijo Odín, su tono volvio a ser serio, con una mirada que denotaba tanto autoridad como comprensión—. Sé que tienes prisa por conseguir tu espada. Es un tesoro invaluable para ti, ¿no es así?
Trunks asintió lentamente, sintiendo una presión en el pecho al recordar la importancia de la espada. Miró al suelo, su expresión se tornó melancólica, reflejando la carga emocional que el objeto representaba para él.
—Sí... es un recuerdo muy valioso para mi —respondió en voz baja, con un suspiro que se perdió en la quietud del aire. La tristeza en sus palabras no pasó desapercibida para Odín.
Esperaría a que el guerrero del futuro tuviera más confianza con él y estuviera listo para abrirse con él.
—Perfecto, pero antes de que te vayas extiende tu mano, por favor —pidió Odín amablemente.
—¿De... acuerdo? —respondió Trunks, algo inseguro y confundido por el inusual pedido del anciano dios nórdico. ¿Qué iba a hacer?
Odín no respondió inmediatamente, en cambio, observó el brazo del joven con atención, como si estuviera buscando algo en particular. Después de unos segundos, una sonrisa se dibujó en su rostro al encontrar lo que buscaba.
—Lindo reloj, mocoso —halagó el anciano dios con una sonrisa que era, por alguna razón, algo inquietante.
—Gracias... supongo... —respondió Trunks, aún sin comprender por completo la razón detrás del elogio.
Con un gesto casi ceremonial, Odín empezó a recitar susurros de cánticos en un dialecto antiguo y desconocido para Trunks. El joven saiyajin observaba con creciente asombro, preguntándose qué estaba ocurriendo. Fue entonces cuando notó que el ojo artificial del dios nórdico comenzó a brillar con una luz leve pero intensa. Palabras y símbolos de un idioma completamente extraño empezaron a aparecer en el aire, flotando alrededor de la figura de Odín. Trunks no podía creer lo que veía: aquellas runas flotaban, girando en el aire hasta dirigirse hacia su reloj.
Las runas comenzaron a rodearlo, ganando velocidad y convirtiéndose en un aro de energía celeste, tan brillante que casi cegaba. El aro fue reduciendo su tamaño hasta fusionarse con el reloj, que comenzó a brillar con una luz dorada. Las runas quedaron grabadas en las correas del reloj, brillando con el mismo tono dorado, mientras la energía desaparecía por completo.
Trunks estaba completamente asombrado, y un poco confundido. Nunca había presenciado una magia tan poderosa, tan extraña y fascinante, algo que solo había visto antes con el difunto Supremo Kaioshin en su línea alternativa. Pero aún no entendía qué acababa de ocurrir.
—Eso, mi estimado nieto desconsiderado, es una llave —Explicó Odín con una calma sorprendente, como si nada de esto fuera de lo común para él.
—¿Una llave? —preguntó Trunks, aún más confundido, mirando el reloj con detenimiento—. Pero... ¿llave de qué?
—Me alegro que preguntes —Respondió Odín, sonriendo al ver la reacción de Trunks al acercarse más a las runas mágicas en el reloj. —. Esta llave sirve para abrir las puertas del Bifrost, con ella puedes viajar tanto al mundo humano como aquí.
—Pero... ¿por qué? —preguntó nervioso, aún sosteniendo el reloj, que ahora le parecía mucho más valioso de lo que había imaginado. Aunque no conocía en profundidad la mitología nórdica, comprendía el peso de tener algo tan importante en sus manos. —¿Por qué darle a un completo extraño algo de tal valor? No he hecho nada para merecerlo.
—Porque lo vas a necesitar —Dijo el dios, levantando los hombros de manera despreocupada, como si fuera lo más natural del mundo. —. Con esta llave podrás viajar entre el mundo humano y el nuestro, pero eso no es todo; Existen otros reinos en mi facción, más allá de Asgard.
Trunks frunció el ceño, con cada cosa aprendida surgían más dudas.
—¿Mas reinos? —Preguntó el saiyajin todavía intentando procesar la magnitud de lo que Odín le estaba diciendo. — ¿Y exactamente cuántos reinos hay?
—Nueve —respondió el padre de todo. — Nueve reinos, cada uno con su propia historia, sus propias reglas, sus propias costumbres y su propio propósito. Asgard es solo uno de ellos, pero si el destino y tu búsqueda del conocimiento y la verdad te lleva a explorar más allá, tendrás que aprender a acceder a esos reinos. El Bifrost te puede llevar a cualquiera de ellos, pero para ello deberás aprender las runas que lo controlan. Cada reino tiene su propio símbolo, su propia clave. Sin ellas, no podrás viajar más allá de Asgard.
Trunks miro su reloj con atención, sabia de antemano que lo que había recibido era un objeto sumamente valioso y que por ende no lo recibía cualquiera, ahora tenía la obligación de cuidar con recelo dicho objeto y poder. No podía dejarlo caer en las manos equivocada.
—Entonces, ¿Qué debo hacer para desbloquear dichas runas? —preguntó Trunks, ahora completamente intrigado por lo que acababa de escuchar. El saiyajin sentía una creciente curiosidad por conocer esos reinos de los que Odín hablaba, preguntándose qué secretos podrían albergar.
Odín lo miró con una sonrisa enigmática, como si disfrutara de la incertidumbre que sentía el joven guerrero.
—Eso ya dependerá de ti, mocoso —Respondió el dios nórdico, con una expresión que indicaba que no daría respuestas fáciles. Trunks alzó una ceja, esperando más detalles, pero Odín anticipó su reacción. — ¿Qué? No esperes que yo te resuelva la vida. Si quieres saber cómo desbloquear las runas, tendrás que buscarlas por ti mismo. Si no, tu proceso de aprendizaje será infructífero.
Trunks se quedó en silencio, reflexionando sobre las palabras del anciano. Sabía que no podía esperar que otros hicieran todo el trabajo por él; el autoaprendizaje era clave, algo que había aprendido de Gohan y de Shin. Si todo le fuera fácil, no crecería como guerrero, Vegeta se lo había dejado claro a punta de golpes. Además, Odín ya había hecho lo suyo al otorgarle un objeto de tal valor. Sería desconsiderado de su parte insistir más allá de eso.
—Tiene razón —respondió Trunks, esbozando una sonrisa idéntica a la de Vegeta. — Creo que no me impresionaría tan fácilmente si todo fuera demasiado fácil y tampoco sería emocionante.
—¡Ese es el espíritu, muchacho! —respondió Odín, complacido con la actitud del joven guerrero. Su mirada se suavizó, como si, por un momento, hubiera visto algo familiar en Trunks. — Buena suerte encontrándolas. No será un camino sencillo, pero será más valioso cuando lo logres por ti mismo.
El dios asintió y luego, con un movimiento deliberado, después de eso el dios señaló el reloj de Trunks.
—Muy bien, ahora te explicaré cómo usar la llave. Observa con atención —dijo Odín, con voz grave mientras extendía su mano hacia el reloj de Trunks.
De repente, la pantalla del dispositivo comenzó a brillar con una luz dorada. Las runas del Bifrost aparecieron sobre la superficie, y comenzaron a flotar como hologramas, iluminando el aire a su alrededor.
—Como puedes ver —continuó Odín, señalando las runas—, esas son las raíces del árbol Yggdrasil, el árbol que conecta todos los reinos. Lo que tienes frente a ti son las runas de cada uno de esos reinos.
Trunks observaba fascinado, notando que sobre la pantalla del reloj se desplegaban un total de nueve runas, cada una con un símbolo extraño y único. Dos de ellas brillaban intensamente con colores vivos, mientras que las demás permanecían apagadas, opacas, como si aún no estuvieran activadas.
—La runa de color cian —dijo Odín, señalando una de las runas brillantes—, Pertenece a Asgard, mi reino. Es el camino hacia aquí, hacia el reino de los dioses nórdicos.
Luego, señaló la otra runa brillante, de un color magenta profundo.
—Y esta otra —continuó, con tono serio—. es la runa de Midgard, el mundo de los humanos. Es el puente hacia la Tierra, el reino donde yacen los mortales.
Trunks miró las runas brillando sobre el reloj con atención. La energía de ambas parecía vibrar en el aire, invitándole a elegir. No sabía qué esperar, pero algo dentro de él sentía que este era un paso importante.
—¿Escoger una? —preguntó, un poco dudoso.
—Ahora el siguiente paso es crucial —respondió Odín, con mirada firme—. Elige la runa que sientas que te llama. Una vez que la elijas, concéntra tus pensamientos hacia una meta clara, hacia una dirección específica y luego, deja que la runa reaccione a tu voluntad.
Trunks, un poco escéptico pero decidido, extendió su mano hacia la runa magenta, la de Midgard, y cerró los ojos para concentrarse. Intentó visualizar lo que necesitaba: Japón, una prefectura en específico, la ciudad de Kuoh, la escuela de dicha ciudad, el club de ocultismo. Ya lo tenía claro.
De repente, las runas sobre su reloj comenzaron a brillar con intensidad. La runa magenta empezó a emitir una luz tan brillante que iluminó el área circundante, y Trunks sintió un suave tirón, como si algo estuviera abriendo un espacio en el aire frente a él.
Un sonido profundo y resonante se escuchó, y ante ellos apareció una puerta etérea, con un resplandor dorado que rodeaba su marco. El portal parecía estar formado por ramas que se entrelazaban, como un árbol ancestral, y un leve aroma a madera fresca y antigua llenó el aire.
Odín observó el evento con una sonrisa de satisfacción, satisfecho de que su invitado haya podido dominar la llave al primer intento.
—Eso es —dijo con tono profundo—. Ahora, entra y sigue las ramas del árbol. Cada paso que des te llevará más cerca de donde quieres llegar.
Trunks, todavía asombrado por lo que sucedía, dio un paso hacia el portal. La energía que emanaba de él era imponente, pero al mismo tiempo, algo dentro de él sentía que debía seguir adelante.
Antes de entrar, miró a Odín, que lo observaba desde fuera de la puerta con una sonrisa.
—Buena suerte con tu espada y no olvides lo que te dije.
Fue lo ultimo que escucho por parte del dios, antes de adentrarse en el portal.
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Mundo humano – Club de ocultismo.
Mientras tanto, en las instalaciones del Club de Ocultismo, un extraño fenómeno comenzó a ocurrir. Sin previo aviso, unas raíces misteriosas comenzaron a emerger del suelo, sorprendiendo a Rias y a los demás miembros del club. Las raíces se retorcían con una energía inusual, extendiéndose con rapidez por todo el suelo y formando una estructura arbórea que rápidamente comenzó a tomar forma.
—¿Qué es esto? —preguntó Rias, completamente desconcertada al ver cómo las raíces formaban un arco en el centro del salón.
De inmediato los demás se pudieron en posesión defensiva listos para proteger a su ama.
Las raíces continuaron creciendo, entrelazándose y abriéndose en un portal de energía que parecía sacado de una leyenda. Un resplandor cegador emergió del centro del arco, y un portal comenzó a materializarse frente a ellos. Cuando el portal se formó, alguien conocido por ellos salió de el.
—Eso fue... peculiar —comentó Trunks en voz baja, recordando la extraña sensación que experimentó durante su propio paso a través del Bifrost. Las ramas se desvanecieron al mismo tiempo que lo hicieron los daños colaterales.
—Ara ara, pero miren a quién tenemos aquí —Dijo Akeno con una sonrisa seductora, haciendo que Trunks se sintiera algo incómodo. Su mirada juguetona no pasó desapercibida y le recordó a cierta valquiria calenturienta, lo que hizo que Trunks desviara la vista rápidamente.
—Te doy la razón, esa fue una entrada bastante peculiar —Intervino Rias, aliviada al ver que la figura que emergió del portal no representaba una amenaza, los demás miembros del club también relajaron sus posturas, aliviados de que no se tratara de un enemigo.
—Sería adecuado que la próxima vez que pretendas llegar de esa manera me avises con anticipación —Agregó ella mientras se cruzaba de brazos. Su rostro mostraba una sonrisa irónica mientras los demás aún miraban expectantes—. Porque vaya que me sorprendiste.
El guerrero del futuro rio un poco.
—Lo siento —respondió Trunks, sonriendo de forma nerviosa mientras se rascaba la nuca. No podía evitar sentirse incómodo por la atmósfera tan relajada, pero, al mismo sentía que Rias estaba reprimiéndole —. Odín-sama no me dijo que el viaje entre reinos podría crear tanto alboroto... No volverá a pasar.
—Cambiando de tema, me da gusto ver que estás bien —Educado como siempre, Trunks realizo una ligera reverencia.
—Muchas gracias, lo mismo digo —respondió Rias con una sonrisa cálida, por la muestra de respeto por parte de alguien poderoso como el —. Bueno, lo prometido es deuda.
Con un movimiento fluido, Rias Gremory invocó un círculo mágico que iluminó la habitación con un resplandor rojo, llamando la atención de Trunks. Era un hechizo como los que había visto antes, aunque este parecía más elaborado. Según lo explicado por Sirzech y Odín, la magia nórdica y la demoníaca compartían más en común de lo que pensaba.
A medida que el círculo se desvanecía en pequeñas motas de luz, apareció un cofre de plata, donde, se suponía, descansaba la espada.
¡Groooow!
Para sorpresa de Trunks, un sonido extraño resonó en el aire, similar al rugido de una bestia. El guerrero del futuro frunció el ceño, preguntándose si realmente había oído aquello o si simplemente era producto de su imaginación.
—Ara, tan salvaje como siempre —Comentó Akeno con una media sonrisa, mientras se llevaba una mano a la mejilla. Un tono rojizo comenzó a adornar sus mejillas, y sus labios se relamieron en una muestra de evidente excitación. —Eso me gusta.
Trunks tragó en seco, sintiendo un escalofrío recorrer su espina dorsal. Todos sus sentidos le gritaban que, si no tenía cuidado con esa chica, era capaz de arrancarle su hombría sin pensarlo dos veces. Menos mal que no estaba Xenovia cerca. Seguramente estaría ocupada con algún contrato demoníaco o alguna otra tarea. Si la caballero estuviera presente, la situación sería aún más incómoda, especialmente porque aún recordaba con claridad que la chica prácticamente le había insinuado que la desvirgara y la dejara embarazada.
Asia, que se encontraba junto a Trunks, retrocedió un paso, visiblemente asustada. Sus ojos reflejaban el temor por lo que acababa de escuchar, dándole la sensación de que aquello no era producto de su imaginación.
—¿Puedo abrirla? —Preguntó Trunks, señalando el cofre con cautela.
—Adelante —respondió Rias con un gesto solemne —. Es tu espada después de todo.
—Ten cuidado —advirtió Asia, mirando preocupada a Trunks. —Es una espada muy peligrosa.
Trunks no entendía a qué se refería con "espada peligrosa". Era un regalo de su madre, una espada hecha por ella misma, no tenía nada de especial. A pesar de eso, las palabras de Asia seguían resonando en su mente mientras se agachaba para observar el cofre con sospecha.
Al abrirlo, su confusión se disipó al instante. Aunque no era un cambio radical, notó un leve cambio en el color del metal. No había duda alguna de que era su espada. La reconoció inmediatamente por la compleja aleación de la que estaba hecha, una que solo él sabía manejar. Sin embargo, al tomarla en sus manos, algo extraño ocurrió.
La espada comenzó a emitir un aura viva, como si fuera un ser con voluntad propia. Trunks frunció el ceño, algo desconcertado, pero inmediatamente supo lo que estaba sucediendo. Esa sensación tan familiar, esa feroz necesidad de lucha que emanaba del arma, lo descolocó por un momento. Pero él, un guerrero experimentado, sabía cómo lidiar con esa clase de situaciones. La espada tenía la esencia de un dragón, y no sería fácil domarla.
Sin perder tiempo, Trunks empuñó la espada con una sola mano, decidido a calmarla. Pero lo que sucedió después lo sorprendió más de lo que esperaba.
—¡Giiiih! —la espada comenzó a vibrar con fuerza, como si estuviera tratando de liberarse de su agarre, luchando como un animal salvaje que intentaba escapar.
Trunks apretó los dientes y aferró la espada con más firmeza, pero la fuerza que esta ejercía sobre él era palpable. Le causó algunos ligeros cortes en las manos, pero él apenas se inmutó. Sin embargo, la situación lo desconcertó. El poder que emanaba de la espada era más de lo que había anticipado.
—¡Haaaaa! — Con un gruñido, Trunks liberó todo su poder, desatando una onda de energía descomunal. Su ki estalló con tal fuerza que todo el entorno se vio sacudido.
El grupo Gremory fue empujado hacia atrás por la onda de choque. El poder de Trunks era tan inmenso que todos se quedaron sin aliento, con los ojos abiertos de par en par. Era la primera vez que veían al guerrero del futuro liberar todo su poder, y la magnitud de su energía era impresionante, incluso superando a algunos dioses poderosos.
El dragón de la Boosted Gear también sintió el peso del poder, abrumado por la presión que emanaba de Trunks. A pesar de no saberlo con certeza, parecía que su energía se acercaba a la de Ophis, aunque eso era solo una impresión. Lo cierto era que ese poder era aterrador.
Lo que nadie sabía era que lo que estaban viendo era solo una fracción muy, pero muy minúscula de su verdadero poder.
Trunks canalizó todo su ki en la espada, inmovilizándola al instante. La espada dejó de moverse, su aura descontrolada se calmó por completo bajo la presión del poder de Trunks. Los demonios presentes desplegaron sus alas para protegerse de las ráfagas de viento que habían comenzado a soplar por la habitación.
Finalmente, la calma volvió. La espada quedó inmóvil en las manos de Trunks, que aún la sostenía con firmeza.
—S-sugoi… —Pensaba el castaño, tragando grueso por la sorpresa y los nervios.
[Y que lo digas], pensó el dragón dentro de su mente, también sorprendido y algo nervioso. [El poder de este chico es absurdo. Te recomiendo que no lo confrontes innecesariamente, tal y como lo hizo el idiota portador de Albión].
—No puedo entender porque quiere enfrentarse a el —El castaño se mostro confuso por los deseos de quien se supone, es su rival destinado. Era ridículo de solo pensarlo.
[Porque es alguien al que le parece muy divertido liarse a golpes con cualquier ser fuerte que se cruce en su camino] respondía el dragón de Gales [incluso Albión le advirtió que eso no le traerá nada bueno, pero no le hace caso]
—Uff Eso fue un poco intenso —Suspiro Trunks, aliviado, mientras apoyaba su espada al suelo. Había algo en la manera en que la empuñaba, como si fuera una extensión más de su propio cuerpo, algo con lo que no podía separarse fácilmente.
De repente, Asia se acercó tímidamente, con una expresión preocupada.
—¿Estás bien Trunks-san? —Preguntó la monja al notar los cortes en la piel del guerrero del futuro. Sus ojos se llenaron de preocupación al ver las heridas.
—Ehh… —dijo Trunks, sorprendido por la pregunta. Luego se dio cuenta de la razón detrás de su preocupación. — ¿Hablas de esto? —preguntó, señalando los pequeños cortes no eran tan superficiales, ni se notaban, parecían pequeños rasguños. Ni siquiera los sentía —. No te preocupes, apenas se notan.
Pero Asia no parecía convencida.
—Pero estás muy lastimado, Trunks-san —Con dulzura y delicadeza, ex monja tomó el brazo de Trunks, notando la cantidad de cortes que tenía. — Por favor, déjame curarte —insistió, mostrando una profunda preocupación por él.
Trunks, que no estaba acostumbrado a ser tratado de esa manera, se sintió un poco incómodo, pero al mismo tiempo, agradecido por la amabilidad de Asia. Sin embargo, no estaba seguro de cómo responder.
—No hace falta, enserio —dijo, intentado restarle importancia a la situación, aunque no pudo evitar sonrojarse un poco al ver la preocupación de la alfil de Rias.
—Ves, te lo dije, no era necesario —dijo Trunks con una media sonrisa mientras acariciaba la cabeza de Asia, notando cómo su expresión se suavizaba aún más.
Asia, sonrojada por la caricia, miró a Trunks con una mezcla de gratitud y timidez. No estaba acostumbrada a recibir muestras de afecto de esa manera, y el gesto de Trunks la hizo sentir una cálida sensación en el pecho.
Trunks, por su parte, sentía algo más profundo al observarla. Su aura era tan gentil y pura, algo que rara vez encontraba, personas como Asia eran una rareza, una luz en medio de la oscuridad. Si alguna vez algo malo llegase a suceder, no dudaba en que él, de ser necesario, entregaría su vida para proteger a personas como ella.
Pero aquel momento fue interrumpido cuando dos pelinegras con anteojos (una voluptuosa y otra no) abrían la puerta del club en forma agreste y visiblemente alteradas, probablemente por haber sentido el poder que el peliazul había expulsado en esos momentos.
—¿Qué pasó aquí? —preguntó Sona con voz firme, pero al mismo tiempo reflejando una creciente inquietud.
—¿Sona?
Rías se giró sorprendida al ver a su amiga, la presidenta del consejo estudiantil, entrar en el club tan alterada. Apenas hubo tiempo para que la pelirroja pudiera reaccionar antes de que Sona volviera a demandar una respuesta.
—¿¡Qué pasó aquí!? —Sona repetía con más energía, exigiendo respuestas a la brevedad —. Al momento de llegar a la escuela pude sentir un inmenso poder que me estremeció hasta la médula.
Las palabras de Sona hicieron que todos en la sala miraran al guerrero del futuro, que ahora, con la cabeza agachada y una expresión algo avergonzada, no tenía dudas de que su poder había sido el causante de la conmoción. La misma presencia tan intensa que había invadido la sala hacía pensar que algo más estaba ocurriendo, tal vez algo mucho más grande que un simple enfrentamiento.
La otra demonio que acompañaba a Sona, observó detenidamente al joven peliazul. Incapaz de creer que alguien así pudiera manifestar esa cantidad irreal de poder.
—Tú eres ese joven de aquella vez —dijo Tsubaki, un tanto sorprendida por ver al chico nuevamente, pero también recordando el incidente en el que les había ayudado a derrotar a Kokabiel.
Al escuchar a Tsubaki, Sona se quedó en silencio por un momento. Luego, sus ojos se entrecerraron al darse cuenta de que, efectivamente, el joven que tenían frente a ellos era el mismo que había causado todo este alboroto.
—¡Momento! ¡¿Significa que tú ocasionaste esto?! —exclamó Sona, su tono ahora lleno de incredulidad.
Trunks, consciente de que debía dar una explicación, asintió lentamente, casi con aprensión. No sabía por qué, pero sentía que la hija menor del doctor Abbader era una persona demasiado estricta e inflexible, alguien que dejaba claro a leguas que no toleraba ningún error ni desliz. La mirada incisiva de Sona le transmitía una inquietante certeza: sentía que, en cualquier momento, podría recibir un sermón monumental.
Por increíble que pareciera, Trunks le tenia mas miedo a Sona que a Serafall.
—Relájate un poco, Sona —intervino Rías, defendiendo al joven peliazul—. Te aseguro que hay una explicación razonable para todo esto. No tienes por qué alarmarte tanto.
Sona no parecía convencida, y frunció el ceño al escuchar el tono despreocupado de su amiga.
—¡¿Estás hablando enserio Rias?! —Pregunto de forma incrédula — Por un momento sentí que algo grave había sucedido. Pensé que alguien muy problemático había llegado nuevamente para causar caos en la ciudad —murmuró Sona, acomodándose los lentes con gesto molesto—. ¡¿Y me dices que me tranquilice?! ¡¿Que lo ignore?!
—Puedo explicarlo si tú me lo permites.
Sona, al principio, dudó, pero antes de que pudiera responder, Issei, saltó en defensa de Trunks.
—¡Así es, por favor, déjenlo hablar, Kaichō! —exclamó Issei, mirando a Sona con algo de nerviosismo.
Al sentir la mirada de los presentes, Sona no tuvo más remedio que ceder. Aunque el peliazul había causado una gran conmoción, comprendió que debía dejar que se disculpara por lo sucedido, o al menos que diera su versión de los hechos.
Tras una breve charla, Sona llegó a la conclusión de que el asunto en sí rozaba lo ridículo. No podía creer que una espada mágica, que aparentemente no tenía conciencia ni ninguna otra característica especial, hubiera obligado al joven a liberar tanto poder solo para "domarla". Parecía que el guerrero del futuro carecía por completo de sentido común, o simplemente no comprendía la palabra "discreción". Después de todo, un despliegue tan brutal de poder podría haber causado una alarma general entre los humanos ajenos al mundo sobrenatural.
—Entiendo que, tal vez en tu mundo, las cosas se hagan de manera diferente o que tengas costumbres distintas —dijo Sona, con la voz ahora más tranquila, pero aún manteniendo ese tono neutro y serio que siempre la caracterizaba—. Pero como podrás notar aquí, existen reglamentos y protocolos que debemos seguir para coexistir con los seres humanos.
Su mirada se desvió hacia Rias, quien había estado observando la escena con indiferencia. Los ojos de Sona se estrecharon en una mirada de ligera suspicacia.
—Y, por cierto, Rias, debiste haberle explicado todo esto desde un principio.
Rias no pareció inmutarse mucho por la reprimenda de su amiga. Después de todo, ella sentía que a veces Sona exageraba con esas cuestiones de normas y procedimientos. Para ella, lo más importante era la relación que construían entre ellos, no las estrictas reglas.
—Pero la culpa fue completamente mía. Así que te ofrezco mis más sinceras disculpas —respondió Trunks, inclinándose hacia adelante en una reverencia de respeto. Al hacerlo, se dio cuenta de que sería un gran reto acoplarse a la manera de vivir de este lugar. —Te aseguro que no volverá a suceder.
Sona parpadeó, claramente sorprendida. No comprendía cómo alguien de ese nivel de poder pudiera inclinarse así ante ella. A pesar de su vasta experiencia, aquello la desconcertaba. No entendía cómo un ser tan formidable pudiera mostrar tal humildad ante alguien miles de veces más débil e inferior como lo era ella. Sin embargo, sus pensamientos fueron rápidamente interrumpidos por una sensación que le causó una ligera incomodidad: la presencia de Trunks no solo le causaba sentimientos diversos, sino que estaba llena de una sinceridad palpable que la descolocaba aún más.
Algo parecido ocurría con Tsubaki. No era la primera vez que Trunks mostraba una actitud respetuosa, pero ver a alguien de su calibre comportarse así parecía tan... irreal. Su poder podría haberlo colocado fácilmente en una posición en la que todo a su alrededor fuera digno de su desprecio, que tuviera una actitud repugnantemente narcisista que le diera el lujo de exceder los límites, sin embargo, Trunks no solo era educado; era genuinamente humilde. Aquello no solo la desconcertaba, sino que desbordaba sus expectativas. En el fondo, la idea de que alguien con ese poder tuviera la capacidad de ser tan respetuoso y sincero le causaba una sensación de congoja y fascinación a la vez.
—B-bueno… M-mientras lo entiendas, es más que s-suficiente —respondió Sona tratando de mantener la calma, pero lo cierto es que estaba hecha un manojo de nervios. Sus lentes empañados la delataban.
—¿Kaicho? —Murmuro Tsubaki preocupada por el estado de su ama.
—Me retiro— dijo la heredera del clan Sitri ignorando a su reina y acomodándose los lentes para aparentar profesionalidad —, por favor no hagan más cosas indebidas.
—Bueno, en vista de que no ha pasado nada novedoso, me retiro. Por favor, no hagan más cosas indebidas.
En cuanto se retiró, los presentes soltaron un suspiro colectivo, aliviados porque la situación no paso a mayores. Trunks, comprendió que Sona era alguien importante no solo dentro de la escuela, sino también en el inframundo pues era la heredera de su clan y dada la capacidad de mantener el orden con mano dura tenia cualidades de líder, mucho más que su hermana. Aunque le parecía alguien muy rígido y estricto.
—No le tomes importancia, a Sona le gusta seguir las reglas a rajatabla, pero así es su carácter —comentó Rias, tocando el hombro de Trunks con una sonrisa amistosa. —Confío en que te será muy fácil sobrellevarla.
Trunks asintió con una ligera sonrisa, sintiéndose algo aliviado por las palabras de Rias. La intensidad de Sona era algo que aún debía aprender a manejar.
—Y bien, ¿Te gustó cómo quedó tu espada? —preguntó la pelirroja con una sonrisa expectante.
El guerrero del futuro se tomo el tiempo para responder.
—Es magnífica, más de lo que me imaginaba —respondió el joven, su rostro mostrando una genuina gratitud mientras se inclinaba en una reverencia respetuosa. —. Muchas gracias.
—Vamos, no necesitas ser tan cordial, después de todo es un gesto que hice de buena fe —decía Rias mientras se señalaba con el dedo pulgar, mostrando una sonrisa orgullosa por la proeza de su clan.
—Y lo aprecio bastante —respondió Trunks, nuevamente agradeciendo el gesto de reparar su espada—. Estaré un rato en Midgard, o al menos así es como Odín-sama llama al mundo humano. Creo que los otros panteones lo llaman de otras formas. En fin, no es algo relevante. Si necesitan algo en lo que pueda ayudarles, no duden en llamarme.
Tras decir eso, el guerrero del futuro se despedía realizando un saludo militar, pues de cierta manera quería satisfacer la curiosidad que le carcomía por dentro desde que tuvo esa charla con Odín, quería saber más, quería aprender más, quería ver todo desde una perspectiva distinta. Anhelaba expandir sus horizontes
—Espera, Aniki —dijo Issei, haciendo que Trunks volteara con una mirada extrañada por haber sido llamado de esa manera—. Quiero pedirte un favor.
—Bueno —respondió Trunks, rascándose la mejilla, un poco dubitativo—. Si está en mis posibilidades, con gusto lo haré.
Issei tragó en seco, nervioso sobre cómo dirigirse de la manera más respetuosa. Finalmente, tomó valor para decir lo que quería pedirle al guerrero del futuro, recordando el enorme poder que Trunks había demostrado al derrotar a Kokabiel y eliminar al Hakuryuukō de un solo golpe.
—¡POR FAVOR, ENTRÉNAME! —Pidió Issei con energía, realizando una exagerada reverencia—. Aún soy muy débil y quiero ser un hombre que valga la pena para Rias-Buchō y poder proteger a todos mis amigos. Así que por favor te lo pido: ¡CONVIÉRTEME EN TU DISCÍPULO!
Rias, al escuchar esto, se quedó sin palabras, una sonrisa de felicidad ilumino su rostro. La idea de que su amado castaño quisiera volverse más fuerte para ser un excelente sirviente la llenó de alegría, en el fondo esperaba que Trunks aceptara entrenar a su peón.
Trunks meditó sobre la proposición. Por lo que entendía, era el portador de un arma capaz de matar dioses, cuya alma sellada era de Ddraig, un ser cuyo poder era inmenso. Sin embargo, a pesar de la vasta fuerza que Issei podía llegar a poseer, Trunks no podía noto que el joven aún carecía de la experiencia necesaria para aprovechar completamente tal poder. A simple vista, parecía que aún le faltaba mucho por aprender y entrenar, pero algo en su actitud y determinación le decía que el chico tenía un potencial latente que, si se pulía adecuadamente, Issei se convertiría en uno de los seres mas poderosos de este mundo.
Sin embargo, la duda comenzó a formarse en su mente. Había tenido muchos fracasos, ciertamente se sentía indigno de ser maestro de alguien…
—Yo… no estoy muy seguro —respondió Trunks, rascándose la nuca, haciendo que Issei tragara saliva—. Nunca había entrenado a alguien antes, no sabría qué enseñarte. —Al ver cómo la expresión de Issei cambiaba a decepción, añadió—: Pero quizás puedas buscar a alguien más capacitado que yo en tu estilo de lucha.
Issei sintió la decepción al escuchar esas palabras, pero no se rendiría. Mantuvo su posición, sin levantar la cabeza, sin perder la reverencia. Si fuera necesario, se postraría en el suelo.
—POR FAVOR, TE LO SUPLICO —insistió Issei, y Trunks pudo percibir la desesperación en su voz—. Usted es alguien muy fuerte y completamente capaz de enseñarme muchas cosas útiles. Lo sé, todos presenciamos cómo nos salvó de Kokabiel y cómo despachó de un golpe al portador del otro dragón celestial.
—B-Bueno, es que yo…
—¡POR FAVOR, ANIKI, TE LO RUEGO! —De repente, el castaño se arrodilló con rapidez y, con un gesto de completa sumisión, se inclinó hacia adelante para realizar un gesto de dogeza (2)
—¡ESPERA, ESPERA! —Trunks, alarmado, lo tomó del hombro para evitar que se inclinara completamente—. No debes inclinarte de esa manera tan fácilmente, chico. Entiendo tu desesperación, pero debes guardar esa generosa muestra de respeto para alguien que realmente lo merezca.
Rias y los demás observaban con asombro y sorpresa cómo Trunks aceptaba finalmente la petición de Issei. La humildad del guerrero del futuro era algo inaudito, considerando su poder descomunal. Si alguien con su nivel de fuerza fuera otra persona, su ego llegaría hasta la luna, sin embargo, Trunks había demostrado una modestia y un sentido del deber que contrastaban completamente con las expectativas. Por esa razón Issei anhelaba ser su discípulo.
—Si eso significa hacer que cambies de opinión, lo haré las veces que sea necesario —insistió el castaño.
Trunks se sintió un poco abrumado por la intensidad de la situación. Era evidente que la humildad de Issei y su deseo genuino de mejorar tocaban algo dentro de él, pues el recordó cómo le pidió a Gohan que lo entrenase debido a que él quería ser fuerte para derrotar a los androides.
Sin embargo, a pesar de lo admirable que era la determinación de Issei, Trunks no podía evitar pensar en lo complicado que se estaba volviendo todo. Primero, una diosa dragona egoísta se autoproclamaba su alma gemela; luego, un brabucón impulsivo que quería matarlo autoproclamándose como su mayor rival y ahora el portador del dragón de Gales quería ser su discípulo. Lo peor de todo es que esos tres seres son dragones.
¿Con cuántos dragones más tendría que lidiar?
Suspiró profundamente, rascándose la nuca, sintiendo una mezcla de incomodidad y resignación. Aunque no lo decía, sabía que, en su corazón, no podía rechazar la petición de Issei. Algo en su mirada, en su convicción, lo había convencido.
—Está bien —dijo finalmente, con una leve sonrisa resignada en su rostro—. Supongo que es parte de la vida de un artista marcial enseñar todo lo que sepa para dejar su legado en el mundo...
La respuesta de Trunks, hizo que el rostro de Issei se iluminara al instante. La emoción brilló en sus ojos mientras escuchaba las palabras del guerrero del futuro.
—¡¿De veras lo harás?! —Exclamó el castaño casi sin creerlo. La felicidad se reflejaba en cada palabra, y su expresión pasó de la duda a la total euforia.
Trunks asintió, ya consciente de que se estaba metiendo en un terreno más complicado de lo que imaginaba, pero al mismo tiempo, su corazón sentía una extraña satisfacción al ver el entusiasmo de su nuevo discípulo.
—Aunque será muy complicado, tanto para mí como para ti —Advirtió, con un tono serio, pero también con una leve sonrisa.
Sabía que no sería fácil para ninguno de los dos, pero también estaba seguro de que, si lograba enseñarle algo valioso a Issei, eso valdría la pena, además de que estaría trasmitiendo las enseñanzas de su fallecido maestro a una nueva generación.
El legado de Gohan seguiría vivo.
Con una última mirada al clan Gremory y un breve gesto de despedida, Trunks se dirigió hacia la puerta. Feliz y agradecido, Issei observó cómo el guerrero del futuro se alejaba. Su corazón latía con fuerza. Después de todo, no solo estaba tratando de mejorar para ser más fuerte, sino que también debía superar su propia inseguridad y aprender a manejar su poder de la mejor manera posible. Pero su voluntad de volverse más fuerte, de estar a la altura de lo que los demás esperaban de él, no tenía límites.
Fin del capítulo.
Aclaraciones
1.- Angrboða es conocida como la Mensajera del Dolor debido a su papel como madre de tres de los seres más temidos en la mitología: Fenrir, el lobo que devorará a Odín durante el Ragnarök; Jörmungandr, la serpiente que rodea el mundo y que envenenará a Thor en la batalla final; y Hel, la diosa del inframundo que gobierna sobre los muertos. Estos hijos, concebidos con Loki, están directamente asociados con el caos, la destrucción y el sufrimiento que acompañarán el fin del mundo.
Su título está relacionado a su papel en el destino trágico que se cierne sobre los dioses y el mundo durante el Ragnarök.
2.- La dogeza es una forma de mostrar sumisión extrema o pedir disculpas de manera muy profunda, generalmente utilizada en situaciones de gran respeto, arrepentimiento o humillación. Es una postura de total respeto y humildad, donde la persona se arrodilla, se inclina hacia adelante y toca el suelo con la frente.
