Buenas, estamos en víspera de navidad y hoy he decidido darles un pequeño regalo, me siento feliz que las pocas personas que leen decidan dejarme sus comentarios. Por ahora no responderé reviews, lo hare en el siguiente capitulo, por favor no me lo tomen a mal.
Especial de navidad: Noche buena en Kuoh
Trunks caminaba por las calles del centro de la ciudad, con la mirada fija en los imponentes rascacielos que se alzaban ante él. La modernidad y el esmero con el que se cuidaban los edificios lo dejaban impresionado. Observaba, fascinado, cómo la ciudad se llenaba de colores vibrantes y cómo la gente parecía estar llena de energía. Algunos pasaban sin prestarle atención, mientras que otros le sonreían amablemente. Sin embargo, Trunks no pudo evitar notar que aquellos que lo saludaban con una sonrisa lo hacían desde los puestos de negocios, tiendas de conveniencia, o incluso algunas chicas jóvenes promocionando las ofertas del bar o restaurante en el que trabajaban. Una regla básica del comercio: ser amable para atraer clientes.
Pero aun así agradecía el gesto.
No se dio cuenta del paso del tiempo. El sol había comenzado a ocultarse, y las luces de la ciudad empezaban a brillar con más intensidad, envolviendo las calles en un resplandor cálido. El joven guerrero seguía caminando, completamente absorto en su entorno, sin notar cómo el día se desvanecía a su alrededor.
Desde que era niño, nunca pudo darse el lujo de contemplar esas maravillas. En su lugar, desde temprana edad, fue testigo de la funesta visión de unas ruinas desmoronadas, vestigios de una civilización que estaba destinada a grandes logros. Escombros, devorados por el caos y la destrucción perpetrados por seres venidos del averno, que arrasaron con todo lo que alguna vez fue prometedor.
El guerrero del futuro se detuvo frente a una tienda decorada con una gran variedad de adornos coloridos. En el escaparate brillaban figuras de renos, luces parpadeantes que daban la sensación de un cielo estrellado, y muñecos de nieve que parecían cobrar vida con el suave resplandor de las luces. Algo que fue demasiado ajeno a sus costumbres, pero no por ello era menos fascinante.
Pero entre todos esos objetos, hubo uno que le llamó especialmente la atención.
En el centro de la vitrina yacía un hombre regordete, con una inmensa barba blanca, con un traje completamente rojo al igual que su gorro que llevaba un enorme costal a su espalda. Estaba subido en un trineo volador, siendo arrastrado por un grupo de renos. Pero lo que más le llamó la atención fue uno de los renos en particular, su nariz brillaba con un resplandor rojo, como si lo usara como una lámpara para iluminar el camino en la oscuridad.
—¿Y este quién es? —Pensó Trunks, frunciendo el ceño mientras observaba detenidamente la figura, dándose cuenta de que formaba parte de los adornos en los edificios cercanos—. ¿Será algún tipo de héroe o alguien importante en esta ciudad?
Los transeúntes que pasaban se le quedaban mirando como si se hubiera vuelto loco, pero como era de esperarse, Trunks estaba absorto mirando aquella figura que se mantenía ajeno a dichas miradas. De repente, sintió un pequeño tirón en su chaqueta. Al voltearse, encontró a una niña de cabellos rubios, con ojos brillantes y una sonrisa que irradiaba inocencia y dulzura. Ella le ofrecía un bastón de caramelo, con los característicos bordados blancos y rojos que se enroscaban en espiral, todo dispuesto con esmero en una pequeña canasta que llevaba colgada del brazo.
—¿Para mí? —preguntó Trunks, algo sorprendido, mirando el dulce que ella le ofrecía. La niña asintió con una sonrisa gentil, y él, un poco sonrojado por la amabilidad inesperada, aceptó —: G-gracias.
La niña hizo una pequeña reverencia antes de seguir su camino con paso ligero. Trunks la observó marcharse, notando cómo una figura adulta la esperaba a lo lejos. Miró el bastón de caramelo en su mano, y una cálida sensación comenzó a invadir su pecho, como si un pequeño rayo de luz hubiera tocado su corazón, dejándole una sensación de paz y alegría inesperada.
A lo lejos, Trunks notó un alboroto en una de las calles cercanas. Un grupo de personas se aglomeraba, avanzando rápidamente hacia esa dirección, y la curiosidad lo impulsó a seguirlos. Genuinamente interesado en descubrir qué estaba sucediendo, decidió unirse al tumulto. Observó cómo la multitud se formaba con rapidez, eso fue suficiente para que su interés se intensificara.
Con el deseo de no perderse nada, aceleró el paso, antes de que viniera más gente y ver más de cerca el origen de aquel bullicio. Sin embargo, distraído por la creciente multitud, no se dio cuenta de que había chocado con alguien.
Se detuvo por un momento, conocía a esta persona en particular.
Cuando sus ojos se encontraron, Trunks notó que era Sona, la presidenta del consejo estudiantil. Un leve sonrojo apareció en su rostro al darse cuenta de que la había golpeado sin querer.
—Lo siento mucho, no te vi —dijo apenado, extendiendo una mano para ayudarla a levantarse. Al mismo tiempo, le devolvió sus lentes—. No pensé que había más callejones y…
La hija del doctor Abbader no mostró signos de molestia. Sabía que, en lugares tan concurridos, era común que las personas fueran descuidadas, así que no valía la pena enfadarse por algo tan trivial. Sin embargo, cuando pudo identificar la voz, se ajustó los lentes para obtener una mejor visión. Al verlo claramente, no pudo evitar sorprenderse por el inesperado encuentro.
Era ese sujeto de nuevo. ¿Qué hacía en un lugar como este? Sin pensarlo mucho, Sona se dio cuenta de que era una oportunidad de oro para descubrir más sobre él, y no pensaba dejarla escapar.
—No ha sido grave, estoy bien —respondió Sona con calma, mientras se arreglaba el uniforme escolar—. Así que, te volví a ver. Vaya casualidad. —Un toque de sarcasmo se coló en su voz.
—Para mí también es sorprendente —mencionó Trunks—. Creí que estabas en la escuela…
Trunks notó que algo no cuadraba, y al fijarse más detenidamente, se dio cuenta de que el sol ya se había ocultado. La noche estaba a punto de hacer su aparición, tiñendo el cielo de tonos oscuros.
—Parece que eres algo despistado —Comentó la hija menor del doctor Abbader, con una leve sonrisa en el rostro —. Por cierto no pude evitar ver que estabas un poco interesado en mi territorio —dijo la joven heredera con suspicacia.
Trunks se tomo el tiempo para responderle
—En realidad, Odin-sama me sugirió que observara el mundo humano por mi cuenta. Dijo que tenía muchas cosas que aprender y que lo hiciera aquí —Dijo Trunks con completa sinceridad, pero genuinamente interesado en observar la majestuosa ciudad. —Dijo que el autoaprendizaje era esencial para mi, y que si estaba interesado era un camino que debia recurrir por mi cuenta.
La palabra "mundo" llamó la atención de la joven heredera, además de que se había enterado de que conocía la facción nórdica. Sonrió para sus adentros, estaba teniendo información valiosa y no tuvo que esforzarse mucho, Trunks, al parecer, era el tipo de persona que se abría fácilmente cuando estaba con quienes sentía confianza, y ella había notado que la relación entre ellos, aunque breve, muy, pero muy breve ya tenía algo de familiaridad.
Estaba ante una oportunidad de oro. Esta vez, podría descubrir más sobre la verdadera identidad de Trunks, algo que se había propuesto en averiguar desde aquel día (1). Cada palabra que él pronunciaba parecía ofrecerle una pista más, una pieza que podría desenmarañar mas su identidad y de donde podía provenir.
—Ya veo, supongo entonces que pretendes aprender de nuestras costumbres y estilo de vida —comentó Sona, acomodándose los lentes con una leve sonrisa. —Aunque me parece que ir de aquí para allá sin un plan no es lo más inteligente.
—Ciertamente no pensé en eso —admitió Trunks, algo avergonzado, rascándose la nuca—. Estaba a punto de pedirle a Rías que me mostrara la ciudad, pero al parecer tenía cosas que hacer.
Al mencionar a Rías, Sona levantó una ceja con suspicacia, gesto que no pasó desapercibido por el guerrero del futuro, más, sin embargo, decidió no comentar nada al respecto. En lugar de eso, su mirada se desvió hacia los adornos navideños que adornaban las calles.
El brillo de las luces, los renos que decoraban las vitrinas, y los árboles perfectamente adornados con esmero captaron la atención de Trunks. La escena era hermosa, pero él no podía evitar sentirse algo perdido en medio de todo eso.
—He visto este tipo de adornos antes, pero no sé qué se celebra —dijo Trunks, mirando con curiosidad las decoraciones. —¿Se trata de un día extraordinario o algo así?
Sona lo miro con seriedad, esperaba escuchar cualquier tontería, pero no algo como esto. El joven saiyajin seguía sorprendiéndola a estas alturas. Se tomo su tiempo para responderle.
—Esto es extraño, parece ser que no conoce la navidad —Pensó la hija del doctor Abbader, mientras lo observaba detenidamente. Una ligera expresión de sorpresa cruzó su rostro, pero rápidamente se vio envuelta en sus pensamientos. —. Suena como alguien que ha venido de otra dimensión o de otro plano diferente, ¿Será que provendrá de aquella zona? no… sería muy descabellado, inverosímil, pero…
No tenía sentido darle más vueltas al asunto por el momento. La brecha dimensional aún era un terreno poco explorado, y se decía que aquellos que habían intentado adentrarse en ella habían muerto irremediablemente. Aun así, la posibilidad de que este joven proviniera de allí comenzó a calar en su ser, era algo que no podía ignorar de buenas a primeras.
—¿Que tanto sabes del cristianismo? —Pregunto Sona queriendo evaluar la reacción y la respuesta que el guerrero del futuro daría —. Supongo que mi padre o Sirzechs-sama debieron explicarte algo al respecto.
Trunks frunció el ceño, un tanto confundido por la pregunta. No era algo que hubiera tenido en cuenta antes, además de que tanto Sirzechs como el doctor Abbader no dieron muchos detalles al respecto, supuso era, porque no formaba parte de sus costumbres.
—La verdad es que no sé mucho sobre eso —Respondió, pensativo, mientras trataba de recordar lo poco que le habían explicado—. Tu padre me dijo que era una religión con muchos seguidores en el mundo. Pero no entiendo qué tiene que ver eso.
—Eso lo explica —Pensaba la Sitri con detenimiento mientras se tomaba el mentón en un gesto pensativo —, he terminado mis cosas pendientes, supongo que me puedo tomar el tiempo para ponerte al día.
Jamás había esperado hacer tal cosa. Sona era alguien increíblemente ocupada, un demonio de su clase que se dedicaba por completo a su rol y responsabilidades. Su vida giraba en torno a la superación personal, siempre buscando ser mejor cada día, ya fuera en sus estudios, en sus habilidades o en su posición dentro de la jerarquía demoníaca. Para ella, el tiempo libre era algo casi inexistente, un lujo que no podía permitirse, bajo ninguna circunstancia. La idea de usar ese tiempo para algo tan trivial como el ocio le parecía casi inverosímil. Pasar el rato con amigos, y mucho menos con chicos, le resultaba completamente banal, una pérdida de tiempo, una distracción que no aportaba nada a sus metas ni a su crecimiento. En su mente, esas actividades eran inútiles y poco productivas, solo cosas que desviaban la atención de lo verdaderamente importante…
Su deber, sus ambiciones, su progreso y el reconocimiento de su clan.
Pero esta situación era atípica. Una oportunidad única.
El joven frente a ella no era alguien corriente, ni mucho menos común. Trunks ya tenía una conexión profunda con el inframundo, algo que había quedado claro cuando fue a salvarlos de Kokabiel por petición de su padre, derroto a ese cadre con una facilidad abrumadora, y eso no era algo que cualquiera pudiera hacer. Además, parecía tener una estrecha relación con los Maōs o esa fue la impresión que tuvo cuando interactuó con Sirzechs y su hermana. Y lo más sorprendente, tiene el privilegio de haberse ganado el favor de una de las facciones más renombradas e importantes, lo que solo aumentaba el misterio que lo rodeaba. Todo esto hacía que Sona no pudiera evitar sentirse intrigada, y saber quién demonios era este tipo, aunque no dejara que eso afectara su juicio.
En cierta manera a podría darse el lujo de tener una ¿cita? Tan pronto esa ida vino en mente Sona sacudió la cabeza con fuerza, eso no era una cita, era un… era un… intercambio cultural, ¡Si eso era! no había nada de raro en eso ¿O sí?
—¿Te encuentras bien? —dijo el guerrero del futuro llamando la atención de la Sitri —. Vi que tu rostro se puso rojo y me…
—¡No le tomes importancia! —Respondió la heredera de manera atropellada mientras sus lentes se empañaban y movía sus manos de manera frenética.
Se los quito rápidamente y los limpio con movimientos un poco torpes y taimados para después volvérselos a poner.
—Ejem, como te decía —Explicaba ella tratando de aparentar el porte y la seriedad que tanto le caracterizaba —. Tengo algo de tiempo libre, puedo darte mas detalles para aclarar tus dudas.
Verle actuar así hizo que una gruesa gota de sudor resbalara por su nuca, se vio tentado a preguntarle porque actuó así, pero algo le decía que era mejor no hacerlo, en su opinión la chica era rara, pero su compañía era agradable, a diferencia de su hermana.
—Ok…
Sona suspiró con alivio, inocentemente creyó que gracias al carácter descuidado de Trunks, no había notado el leve desliz en su comportamiento. Sin embargo, una sensación de incomodidad comenzó a crecer en su interior. Se estaba planteando seriamente la idea de marcharse de allí, ya que Trunks parecía tener la extraña habilidad de hacerla trastabillar, de una manera que no solo afectaba su concentración, sino que también la hacía cometer errores tan básicos que jamás hubiera imaginado cometer. Era como si su sola presencia desestabilizara su control. A pesar de todo, su curiosidad seguía siendo grande. Algo en él la intrigaba profundamente, y no podía dejar pasar la oportunidad de averiguar más.
—Muy bien, entonces escucha con atención —Dijo Sona, mirando al saiyajin seriamente —. No me gusta repetir las cosas, y detesto que no me presten la debida atención que me merezco. La tolerancia tiene sus límites, y yo ciertamente, tengo los míos.
Trunks trago en seco, en verdad le temía mas a ella que a Serafall.
—H-hai.
Mientras caminaban entre los puestos y el bullicio de la multitud, Sona comenzó a explicar los orígenes del cristianismo. Le explicó a Trunks que, en este mundo, el calendario grecorromano se utiliza para medir el paso del tiempo, contando los años y siglos, dicho sistema de datación fue implementado bajo el gobierno de Julio César en el año 46 a.C., con la implementación del calendario juliano.
Sona notaba que Trunks se confundía por eso así que decidió ir al punto de la celebración, de los orígenes del cristianismo. Dejo lo innecesario de lado y fue al meollo del asunto, le dijo que dicha religión se creó a partir del siglo I. en la región de Judea, dicha región estaba bajo el dominio del Imperio Romano, y la región era un crisol de diferentes influencias culturales y religiosas. En este contexto, el judaísmo era la religión predominante, con una fuerte expectativa mesiánica, es decir, la esperanza de la llegada de un salvador (el Mesías) que liberaría al pueblo judío de la opresión romana.
—¿Es el dios que Asia menciono? —Pregunto Trunks con curiosidad. Para este punto ambos degustaban de una crepa cortesía de parte de la heredera del clan.
Sona asintió con la cabeza mientras tomaba un pequeño bocado de su crepa, antes de responder con seriedad.
—Sí, ese es el mismo dios. El cristianismo tiene sus raíces en la figura de Jesucristo, quien nació en esa misma región de Judea, alrededor del año 4 a.C. aproximadamente. Se dice que el nacimiento de ese mesías traería la salvación de los judíos.
Trunks volvía a comer de su crepa, mientras pensaba en la explicación de la heredera.
—¿De la opresión romana dices verdad? —Preguntó el guerrero del futuro muy interesado en la conversación, recibió un asentimiento por parte de ella —. Ya veo, ¿Y ese mesías logro salvar a los judíos de los romanos?
La heredera carraspeo un poco.
—En realidad no, Jesucristo no liberó a los judíos de la opresión romana de la manera en que muchos esperaban. El pueblo judío esperaba que el Mesías fuera un ser sobrenatural, con habilidades únicas y poderes especiales que fueran capaces de liberarlos del dominio romano, pero lo que ofreció fue algo diferente. En lugar de una guerra, él predicó sobre la liberación espiritual, enseñando que el Reino de Dios no era un lugar terrenal, sino algo que se alcanzaba a través de la fe, el arrepentimiento y el amor hacia los demás.
—No le encuentro sentido a eso —Respondió Trunks poco a poco comenzó a agravar la voz, la frustración empezaba a florecer en su ser —. Un tirano no caerá por buenas enseñanzas. No importa si recurres a la amabilidad, la buena fe o apelas a los sentimientos. Esos malditos harán lo que les plazca, ¡Y SEGUIRÁN CAUSANDO SUFRIMIENTO A LOS DEMÁS HASTA QUE TODO ESTE DESTRUIDO Y HECHO PEDAZOS!
Sona arqueó una ceja, intrigada. Había encontrado algo interesante. La reacción de Trunks no pasó desapercibido para ella. Observó cómo su rostro se endurecía, cómo fruncía el ceño con intensidad. La mandíbula de Trunks se apretaba con fuerza, y sus puños se cerraban de manera tan tajante que las venas se asomaban en su frente y brazos, delatando la tensión interna que estaba experimentando. Sona se dio cuenta que el saiyajin no estaba dando una simple opinión, sino que al parecer había revivido recuerdos dolorosos.
La gente que estaba ahí comenzó a mirarlos de manera nerviosa, otros con miedo, claramente incómodos por la tensión que se había generado en el ambiente.
En un instante, sus ímpetus se relajaron, y su postura se suavizó. Se disculpó rápidamente, notando que su reacción había sido demasiado intensa y fuera de lugar. decidió alejarse de allí e ir donde no hubiera tanta gente, buscando evitar más miradas incómodas.
Sona observo todo en silencio, no tardó en seguirlo de cerca. Se mantuvo impasible y no mostro reacción alguna, pero no podía dejar de observar de reojo cómo Trunks intentaba recuperar su compostura.
La gente los miraba de reojo, pero pronto se dispersaron, volviendo a sus propios asuntos, mientras Trunks y Sona se adentraban en la multitud.
—Disculpa me deje llevar —dijo Trunks mientras poco a poco sus facciones se relajaban, — no sé qué me sucedió, pero no volverá a pasar… en fin… ¿Me decías?
Sona alzaba una ceja con suspicacia.
—Realmente no se si sea prudente continuar.
Sona lo observó un momento en silencio, evaluando sus palabras de manera meticulosa. Aunque su tono había cambiado y su postura se había relajado, algo en la intensidad de su reacción le decía que había tocado un tema delicado. Sin embargo, quería saber mas de eso, quería mas información, estaba segura de que había desenmarañado en gran parte el misterio que rodeaba a este chico, pero al mismo tiempo sentía que faltaba mucho por descubrir.
—De verdad lo siento, ¡Te juro que es la primera vez que me pasa eso! —Dijo apresuradamente tratando de no causar una mala impresión —. No volverá a suceder, Te lo prometo
—Entiendo —Dijo Sona, sin perder su compostura, aunque su voz había adquirido una ligera suavidad. — bajo otras circunstancias, habría finalizado la conversación. Tómalo como una forma de agradecimiento por habernos salvado de Kokabiel.
Continúo explicándole la función de los orígenes y como esa religión se fue expandiendo cuando el hijo de dios fue crucificado parea traer la salvación a la gente, de cómo dicha religión fue ganando seguidores por todo el mundo, de la relevancia que tuvo alguien como Abraham (2) tuvo una descendencia que trascendió hasta estos tiempos llamados los israelitas que se establecieron en la región de Canaán, que más tarde se conocería como el Reino de Israel.
De como los israelitas vivieron bajo diferentes formas de gobierno, incluyendo períodos de esclavitud en Egipto, hasta que, bajo el liderazgo de Moisés, lograron la liberación y la travesía por el desierto hacia la Tierra Prometida, como el Reino de Israel alcanzó su apogeo bajo los reinados de David y su hijo Salomón, pero tras la muerte de Salomón, el reino se dividió en dos partes: el Reino de Israel en el norte y el Reino de Judá en el sur. Ambos reinos enfrentaron invasiones y exilios, siendo el más significativo el exilio babilónico, donde muchos judíos fueron llevados cautivos a Babilonia. Sin embargo, con el tiempo, los judíos regresaron a su tierra y reconstruyeron el Templo de Jerusalén.
Y entonces Trunks supo cómo se conmemoraba la navidad que, según la tradición cristiana, marca el advenimiento del Mesías prometido, el salvador que traería la redención no solo al pueblo judío, sino a toda la humanidad.
—Es muy interesante —dijo Trunks, pensativo—. La gente aún sigue esperando a ese Mesías, pero al parecer no saben que ya murió.
Sona lo miró con una ligera sorpresa, pero luego asintió, comprendiendo el punto de Trunks.
—En realidad, eso es algo que ya no tiene mucha relevancia en nuestro mundo —respondió ella, con un tono serio—. La ignorancia a veces puede ser una bendición.
La inesperada "cita" fue observada desde las sombras por una figura que se mantenía oculta. Ophis había hecho acto de presencia, pero de forma discreta. Había notado que su amado poseía una capacidad única para percibir su poder, algo que no muchos podían hacer. Por eso, para no llamar la atención, se había camuflado cuidadosamente, asegurándose de que su presencia no interfiriera con el curso de los acontecimientos. Su intención no era otra que observar y entender mejor ese carácter tan complejo y a la vez tan simplista del joven del futuro.
Y así hacerlo suyo y solo suyo.
La diosa dragona se limitó a observar en silencio, sin hacer ningún movimiento que pudiera delatar su presencia. Cada gesto, cada palabra de Trunks y Sona, era anotada en su mente, ya que quería comprender cómo se desenvolvía él en situaciones tan cotidianas, lejos de las batallas y conflictos que normalmente definían su vida.
Después de un rato, Trunks y Sona llegaron a un puesto de comida. Aunque la demonio insistió en invitarle, Trunks, consciente de las ingentes cantidades de comida que los saiyajin necesitaban para sentirse satisfechos, prefirió no excederse. Sabía que, si se dejaba llevar por su apetito, terminaría desfalcar a la joven, algo que no quería hacer. Así que, con una sonrisa tímida, aceptó una porción pequeña, lo justo para calmar su hambre sin causar un gasto innecesario.
Mientras estaban en los puestos del muelle mientras el bullicio se hacia presente y la noche por fin se hacia presente se escuchaba la melodía de Mariah Carey - All I Want For Christmas Is You
Sona, al principio, no comprendió por qué Trunks se limitaba a comer tan poco, especialmente cuando él parecía tener hambre. Sin embargo, no dijo nada, guardando sus pensamientos para sí misma. En su mente, no dejaba de preguntarse si había algo más en Trunks de lo que él mismo dejaba ver.
El joven guerrero quedó con hambre, como era de esperarse. Pero para su buena fortuna, mientras caminaban, notó un puesto de concurso de comida que llamó su atención. El letrero prometía un premio peculiar: un enorme oso de felpa para quien lograra consumir más alimentos que el actual campeón. La idea le resultó tentadora, no solo porque necesitaba saciar su apetito, sino también porque parecía una oportunidad divertida.
Sin pensarlo mucho, Trunks decidió participar. Para sorpresa de todos los presentes, no solo ganó el concurso, sino que consumió cuatro veces más de lo que el campeón anterior había logrado. La multitud observaba atónita cómo el joven comía a una velocidad y cantidad que parecían imposibles para un ser humano.
Al terminar, el dueño del puesto le entregó el gigantesco oso de felpa como premio. Trunks, satisfecho por haber llenado finalmente su estómago, miró el peluche con una sonrisa y luego se dirigió hacia Sona, quien lo observaba con una mezcla de incredulidad y curiosidad.
—Toma —dijo Trunks, extendiéndole el oso gigante.
Sona, aún impresionada por el espectáculo que acababa de presenciar, alzó una ceja, claramente desconcertada.
—¿Disculpa? —preguntó, sin poder creer lo que el guerrero del futuro le estaba ofreciendo.
—Bueno, no sé a ciencia cierta —respondió Trunks, rascándose la nuca con algo de timidez—, pero tengo entendido que, a las mujeres, o al menos a la mayoría, les gustan estas cosas. —Sonrió con genuinidad y agregó —. Además, es lo menos que puedo hacer por alguien que tuvo la gentileza de invitarme a comer.
—Bueno, entonces considéralo un regalo de Navidad —dijo Trunks, todavía sonriendo mientras sostenía el enorme peluche—. Dijiste que en estas fechas los seres queridos y amigos...
Sona lo interrumpió, levantando una ceja con una mirada inquisitiva, aunque no del todo seria.
—¿Es tu manera de decir que somos amigos?
Trunks se rascó la nuca, claramente incómodo y algo avergonzado por la pregunta inesperada.
—C-creí que lo éramos —respondió con sinceridad, su tono de voz reflejo timidez.
Ella dejó escapar un leve suspiro, pero no pudo evitar que una pequeña sonrisa se plasmara en su rostro.
—Para este punto, la idea no me parece tan mala —respondió mientras ajustaba sus lentes por enésima vez, un gesto que parecía hacer cuando quería distraerse de algo incómodo—. Pero para la próxima podrías optar por un regalo menos ostentoso, porque podrías dar a entender otra cosa.
Trunks alzó una ceja, visiblemente confundido.
—¿Otra cosa?
Sona se detuvo un momento, mirándolo de reojo. Había un brillo peculiar en sus ojos, una mezcla de diversión y algo más que él no lograba descifrar del todo.
—Podrías hacer pensar a alguien que tienes... —hizo una pausa deliberada, dejando a Trunks en suspenso —, intenciones más serias.
Trunks parpadeó, completamente desconcertado.
—¿Intenciones más serias? —Pregunto confuso —¿A qué te refieres con eso?
Sona giró los ojos en señal de fastidio, como si no pudiera creer que tuviera que explicar algo tan obvio.
—Regalar algo tan grande y llamativo puede interpretarse como un gesto romántico. Especialmente si lo haces en Navidad, una época asociada con el amor.
Los ojos del saiyajin se abrieron de par en par, y un rubor evidente comenzó a teñir sus mejillas.
—¡N-no era mi intención que pareciera algo así! Solo pensé que te gustaría.
Sona dejó escapar una pequeña risa, algo raro en ella, pero no pudo evitarlo ante la genuina confusión y torpeza del guerrero del futuro.
—Lo sé, pero no todos lo verían de la misma manera.
Trunks asintió lentamente, tratando de procesar sus palabras, aunque aún parecía un poco perdido por lo complejo que parecía el asunto.
—Entonces... ¿Debería devolverlo?
Sona negó con la cabeza, retomando su característico paso elegante mientras el enorme peluche descansaba cómodamente bajo su brazo.
—No, no lo hagas. Es un buen regalo —dijo con un tono más suave, casi afectuoso.
El joven saiyajin la observó, aún con las mejillas ligeramente sonrojadas por lo que acababa de escuchar, él le había dado ese obsequio de buena fe sin intenciones ocultas sin tomar en cuenta que su gesto pudiera ser interpretado de manera diferente a como lo había planeado. No entendía completamente lo que Sona quería decir, pero la idea de que ella pudiera haber pensado que había algo más en su regalo lo hizo sentirse un poco incómodo.
A pesar de todo, no podía evitar una extraña sensación de satisfacción al ver que ella no rechazaba el peluche.
La brisa nocturna comenzaba a enfriarse, y el ambiente tranquilo del muelle se llenaba del suave sonido de las olas. Sona miró su reloj y luego a Trunks, quien aún parecía inmerso en sus pensamientos.
—Ya es tarde —dijo ella, ajustándose las gafas—. Será mejor que regresemos.
Trunks asintió, dejando que un pequeño suspiro escapara de sus labios.
—Tienes razón, es hora de volver.
Ambos comenzaron a caminar hacia la salida del muelle, sumidos en un cómodo silencio. Sin embargo, al llegar a la calle principal, el ambiente cambió drásticamente. Estridentes explosiones de fuegos artificiales iluminaron el cielo en una cascada de colores. Una multitud emocionada corría como una avalancha descontrolada, gritando y riendo mientras se dirigían en una misma dirección.
Trunks reaccionó instintivamente. Sin pensarlo dos veces, rodeó a Sona con sus brazos, atrayéndola hacia su pecho para protegerla del alboroto.
—¿Qué está pasando? —preguntó, mirando la estampida estupefacto.
Sona, atrapada entre sus brazos, sintió un calor subiendo a sus mejillas. Aunque intentó mantener su habitual compostura, su tono traicionaba un leve nerviosismo.
—Trunks-dono, agradezco tu preocupación —Dijo la heredera con seriedad, pero su voz tenía un matiz de incomodidad—, pero… ¿podrías soltarme ya?
—Oh, claro. Lo siento —dijo Trunks, soltándola rápidamente.
Sona se ajustó las gafas, un tic nervioso que la delataba, y observó con atención el caos a su alrededor, sin embargo, una melodía bastante conocida se encargo de devolverla a tierra firme.
Puriti Kyu・Kyu・Kyu・Kyua (Yes!)
Eburibadi Yes, faito! (Yes!)
Dokidoki pātto waratte sumairu go go!
—¿Pero qué demonios? —Pregunto Sona al escuchar la canción proveniente del edificio, además de conocer la voz que en contaba dicha canción infantil —, esta presencia es de… hay no…
Trunks alzó la ceja un poco confundido al notar el semblante de Sona hasta que rápidamente sintió una presencia familiar… y muy desagradable para él.
¡¿Otra vez ella?! ¿Qué no se suponía que estaba en Asgard? O mejor dicho ¡¿Es que esa mujer tenía que seguirlo a todos lados?!
Sona observó el bullicio que rodeaba el café, sabía que su hermana estaba ahí y cuando su hermana llega al mundo humano… digamos que la cosa no pinta nada bien. Debía entrar forzosamente.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, notando la expresión tensa en su rostro.
—¿De verdad es necesario entrar? —preguntó él, mirando hacia el interior del café con una expresión sombría
Sona lo observó con atención, notando que su rostro se oscurecía a medida que miraba el lugar. Algo no estaba bien, y ella no iba a dejarlo pasar.
—¿Hay algo que yo no sepa? —Pregunto ella con tono autoritario, como si estuviera exigiendo una explicación.
—Etto — Trunks sudo la gota gorda, sin saber que responder, así que se le ocurrió la solución más lógica posible —, no nada, si quieres entrar, entremos
Sona lo miró con desconfianza, pero no dijo nada. Había algo en su actitud que no le convencía, pero decidió no presionarlo más por el momento. Sin decir una palabra, le dio la espalda y se dirigió hacia la entrada del café. Trunks suspiró pesadamente, resignado a seguirla, aunque no entendía bien por qué. Tal vez fuera la simple cortesía o la sensación de que, de alguna manera, tenía que acompañarla.
Cuando entraron al local, Sona comprobó de nueva cuenta que su hermana estaba cantando en el escenario, vestida de chica mágica mientras los comensales le aplaudían, , disfrutando del espectáculo. En una esquina, la dueña del local observaba la escena con una sonrisa de satisfacción, pero lo que realmente llamaba la atención eran sus ojos, que habían sido reemplazados por símbolos de dólares, mientras contaba con prisa un generoso fajo de billetes. Sona, sin poder evitarlo, suspiró profundamente. ¿Realmente su hermana tenía que ser tan excéntrica en todo momento?
Cuando terminó la canción, Serafall vio a su pequeña hermana menor entre la multitud, lo que la llenó de una inmensa felicidad. Sin pensarlo, bajó rápidamente de la tarima y se dirigió hacia ella, pero a mitad de camino, su expresión de alegría se desvaneció al notar que el guerrero del futuro estaba a su lado.
Como buena hermana mayor que es, observó con atención que su pequeña hermanita llevaba un enorme oso de peluche, y al mirar más de cerca, vio al bastardo simio extraterrestre junto a ella. En cuestión de segundos, las piezas del rompecabezas encajaron en su mente, y su rostro se transformó, dejando claro que ya había comprendido la situación.
¡Ese desgraciado hijo de puta! ¡Estaba teniendo una cita con su hermana! Su rabia creció aún más al recordar la humillación sufrida en Asgard. Esta vez, pensó, lo iba a matar. Lo iba a despellejar vivo.
Sin embargo, la presencia de la gente la hizo frenar. De nuevo, debía contenerse. No podía dejar que su destructivo poder se descontrolara en público, aunque su enojo casi la consumía.
—¡Sou-taaaan! ¡Volvemos a vernos! ¡Onee-chan está feliz! —Exclamó Serafall, casi saltando hacia ellos con una sonrisa radiante. Pero en cuanto sus ojos se posaron en Trunks, su expresión cambió radicalmente—. Brief... Truuunks… —dijo, arrastrando las palabras, como si la simple mención del nombre del guerrero del futuro le causara un enorme asco.
—Serafall… leviatán… —Respondió el con la misma animosidad.
Sona observó la escena con desconcierto. Conocía bien a su hermana y sabía que no perdía los estribos fácilmente, pero ahora podría asegurar que estaba demasiado enojada y lo que más la sorprendió fue la animosidad que parecía existir entre ellos. Sin embargo, al ver la clara tensión y el desdén en la actitud de Serafall, comenzó a preguntarse si había algo en el pasado que desconocía.
—Asumía que estabas en Asgard —dijo Serafall, con una sonrisa desafiante —. ¿Los dioses nórdicos te están usando de mandadero? Porque es la única explicación que se me ocurre.
Trunks rodo los ojos en señal de fastidio.
—Curioso, yo también pensaba que estabas en Asgard —Respondió sin ánimos —. Creí que te quedarías más tiempo ¿O acaso Odin-sama te corrió de allí?
La respuesta de Trunks parecía desafiante, y Sona frunció el ceño al escuchar la referencia a los dioses nórdicos. No entendía la magnitud de lo que estaba sucediendo, pero estaba claro que había algo más entre ellos, algo que no podía ver de inmediato.
—Si serás hijo de… —Serafall empezó a decir, pero se detuvo al notar que el ambiente entre ellos se volvía aún más tenso y su poder comenzaba a manifestarse.
Sona, al notar que la tensión aumentaba y que la conversación se estaba tornando más incómoda, no pudo quedarse callada. Se adelantó un paso, colocando una mano en el hombro de Serafall con una firmeza que rara vez mostraba.
—¡Onee-sama! —dijo con un tono que no dejaba lugar a discusión—. Ya basta, estás siendo demasiado grosera con Brief-dono. Además, olvidas que estamos rodeados de gente. ¡¿Cómo se te ocurre manifestar tu poder en público?!
Serafall, sorprendida, no podía creer lo que escuchaba. La joven demonio parecía haber tomado el control de la situación de una manera que nunca antes había hecho. La mirada de Serafall se tornó incrédula, y por un momento, se preguntó si ese "perverso monstruo" había manipulado la mente de su hermana para ponerla en su contra. A pesar de la confusión, decidió rápidamente retomar su actitud juguetona, como si nada hubiera sucedido.
—Tienes razón, Sou-tan —dijo ella con su característica dulzura, haciendo una pequeña mueca como si estuviera disculpándose—. Es que ver a mi querida imouto-chan saliendo con alguien hizo que mi corazón se apretujara. No quiero compartir a mi linda imouto con nadie más. —Dijo la Maō acercándose rápidamente y pegando su mejilla contra la de Sona, lo que hizo que esta se sonrojara al instante, sintiendo una oleada de vergüenza.
—¡¿Qué?! ¡No digas tonterías! —Exclamó Sona, quitándose de encima a su hermana de forma brusca, completamente sonrojada, incapaz de ocultar la incomodidad. —¡Yo no estoy saliendo con él! —gritó, señalando a Trunks, quien, al ver la situación, se señaló a sí mismo con un gesto confundido. —. Solo me lo encontré por casualidad y esto… esto es… y-yo lo gané en un concurso. Trunks no tuvo nada que ver.
—Mmm —dijo ella posando su dedo pulgar en sus labios en pose pensativo —, ¡Esta bien! ¡Levi-tan te creerá esta vez! Vamos ven conmigo, acompáñame
De súbito la tomo de la mano para llevarla donde estaba el bullicio dejando a Trunks de lado sin saber cómo reaccionar.
El ambiente era sorprendentemente agradable. El local, con su peculiar estilo de celebración, ofrecía algo diferente a lo común, algo que sin duda había llamado la atención de los asistentes. En esta ocasión, el cumpleaños era de un invitado muy especial: el prospecto de peón de la Maō Leviatán. No es que destacara por ser alguien extraordinario, pero su devoción por las maho shojo era motivo suficiente para que la Maō quisiera que formase parte de su nobleza (2)
Sí, estamos hablando de Miru-tan.
El musculoso hombre, cuyo gusto por vestirse como chica mágica no pasaba desapercibido, celebraba su cumpleaños de una manera algo peculiar. Al verlo, Trunks sintió un malestar en el estómago, casi vomitando todo lo que había comido. El aspecto de ese travesti le perturbaba profundamente. De repente, las luces del local comenzaron a atenuarse, y fue entonces cuando Sona se dio cuenta de que su hermana había desaparecido sin que ella se percatara.
La dueña del negocio, con una sonrisa en el rostro, anunció el cumpleaños del travesti musculoso. Unas luces brillantes iluminaron la mesa donde él se encontraba, mientras una canción de cumpleaños comenzaba a sonar en el bar. En ese preciso momento, Serafall entró con un pastel de cumpleaños en las manos, lo colocó sobre la mesa y le dio un pequeño empujón al festejado para que mordiera el pastel.
—¡Feliz cumpleaños, Miru-tan! —Exclamó la Maou con una alegría desbordante.
Aquel gesto, aparentemente sencillo, logró conmover al guerrero del futuro. Sin importar que la protagonista de eso fuese Serafall. Por un momento, Trunks se detuvo a pensar en algo que nunca había experimentado: un cumpleaños celebrado por sus seres queridos. Se imaginó a sí mismo en el lugar de Miru, sentado en esa mesa, rodeado de sus amigos que ya no estaban. En su mente, Mai sería quien le trajera el pastel, le prendería las velas y lo animaría a soplarlas para dar inicio a la celebración.
Su madre sirviendo una deliciosa cena y presumiendo de lo hermosa, genio y ama de casa que es mientras los tres reían animosamente.
La escena fue tan emotiva que, por un momento, Trunks sintió como si las lágrimas estuvieran a punto de salir.
Sona, observando la expresión de Trunks, notó inmediatamente el cambio en su rostro. Aunque no estaba muy cómoda de estar en este lugar pudo conocer más la faceta del joven guerrero, que por cierto dejo una fuerte impresión en ella. El festejo continuó, pero para él, fue más que un simple evento. Fue un recordatorio de lo que había perdido y de lo que nunca pudo experimentar.
Cuando las luces volvieron a su intensidad normal, el festejo había terminado. Los clientes retomaron sus conversaciones y actividades, como si nada hubiera pasado. No obstante, fue un milagro que los dos nuevos visitantes pudieran disfrutar del pastel. Sona, por su parte, deseaba que la tierra la tragara al ver a su hermana hacer esas poses tan vergonzosas, tan inapropiadas para alguien que se suponía era una de las figuras más importantes del inframundo.
Una vez que estuvieron solas, Serafall tenía planeada una pequeña sorpresa para su hermana. Tenía la intención de rentar un cuarto solo para ellas dos, con motivo de una noche de karaoke. Aunque, en el fondo, esperaba que, con un poco de suerte, la noche incluyera algunas escenas románticas chica-chica.
—¿Ahora comprendes mejor el honor de ser una chica mágica que salva al universo de los malos? —preguntó, haciendo por enésima vez su pose de idol, mientras sostenía con orgullo la nueva varita de Milky-chan, una edición limitada.
Sona, sin embargo, negó con la cabeza, claramente poco impresionada por el espectáculo.
—Hacer eso fue innecesario —Respondió ella con una ligera molestia en su tono —. Lo diré las veces que sean necesarias. ¡Tu conducta y tu vestimenta son inaceptables!
Serafall, visiblemente ofendida por las palabras de su hermana, se preparó para replicar. Lo que siguió fue una típica discusión infantil de hermanas. Serafall defendía con fervor que ser una chica mágica era lo mejor, mientras que Sona apelaba al orden y el debido comportamiento en la sociedad, una postura más seria y responsable. Ambas se enzarzaron en una pequeña batalla verbal, cada una convencida de que su punto de vista era el correcto.
Trunks observaba la escena con una gota de sudor resbalándose por su nuca, aun así encontraba entretenida la dinámica entre las hermanas. La discusión, aunque algo tonta, le resultaba interesante, pues reflejaba la relación tan cercana que compartían. Sin embargo, su atención se desvió cuando notó algo extraño en el rincón del local: una de las estanterías estaba a punto de caer. El peso acumulado sobre el clavo parecía haberlo debilitado, y la estructura comenzaba a tambalear peligrosamente.
Sin pensarlo dos veces, Trunks se apresuró hacia la estantería. Aunque Serafall no le agradaba en lo absoluto, algo en su interior le impulsó a intervenir. Quizás no fuera por simpatía, sino puro altruismo. No podía dejar que una situación tan trivial como esa terminara mal.
Que equivocado estaba.
Sin que Trunks lo deseara, las cosas se iban a torcer de manera brutal. Cuando menos lo esperaba, Serafall se encontró frente a él, su mirada se llenó de pánico mientras veía la mano de Trunks acercándose a ella. Él solo intentaba ayudarla para que el estante no cayera encima de ella, pero para la Maō, la escena se distorsionó en su mente. La imagen del guerrero del futuro se transfiguro por la de un sujeto hiper musculado de cabello verde, cubierto de sangre, mirada ausente y con una expresión llena de crueldad.
A sus ojos, ya no estaba la imagen del guerrero del futuro, sino el asesino despiadado que había destruido todo lo que amaba. La confusión y el miedo la invadieron por completo, haciendo que su cuerpo temblara con fuerza.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOO! ¡ALEJATE DE MI! ¡NO ME HAGAS DAÑO! —gritó Serafall, completamente aterrorizada. En un impulso, abofeteó la mano de Trunks con fuerza y retrocedió rápidamente. Cubriéndose su cuerpo, mientras las lágrimas amenazaban con salir de sus ojos.
El ambiente en el local se detuvo por completo. La música cesó de inmediato, y todos los presentes, que hasta hacía un momento estaban disfrutando del ambiente festivo, se quedaron en silencio, observando la escena que se desarrollaba frente a ellos. Algunos, igual de asustados que Serafall, miraban a Trunks con ojos llenos de pavor, mientras otros lo observaban con repulsión y desprecio.
El sonido de la figura de porcelana que yacía en el estante paso a segundo plano
Paralizado por la reacción de la Maō, Trunks miraba a su alrededor, sintiendo el peso de las miradas ajenas sobre él. No entendía qué había sucedido. ¿Qué había hecho él para provocar semejante reacción? ¿Por qué Serafall lo veía así, como si fuera un monstruo abominable sacado de sus peores pesadillas?
—¡¿P-por qué m-me miran así?! —La voz de Trunks temblaba mientras comenzaba a hiperventilar, su mente completamente desbordada por la confusión y el miedo. No podía entender cómo un ambiente tan agradable se había transformado en su peor pesadilla. El entorno, que minutos antes era festivo y lleno de risas, ahora estaba plagado de miradas de pavor y odio.
Los presentes creían que Trunks le había hecho algo a esa joven tan linda y amable, no podían dejarlo pasar.
—Y-yo… yo… —Intentó hablar, pero las palabras se atoraron en su garganta, incapaces de salir. El aire a su alrededor se volvió denso, pesado, como si toda la atmósfera se estuviera aplastando sobre él. La fuerza de su voz desapareció por completo, y lo único que pudo hacer fue balbucear—. L-lo s-siento…
La disculpa se sintió vacía, inútil. Antes de que pudiera hacer algo más, dio media vuelta y salió rápidamente del lugar, sin escuchar el grito de Sona llamándolo, pidiéndole que se calmara. No quería saber nada en ese momento. La imagen de Serafall retrocediendo de él, con los ojos llenos de pánico y terror, quedó grabada en su mente, como una marca imborrable.
Bifrost, asgard
Odín había observado la escena con detenimiento, sabía que tarde o temprano las cosas se iban a descontrolar. Lo supo cuando la vio actuar de forma tan enérgica y alegre en la reunión, toda una falsa fachada. Sus milenios de sabiduría acumulada, le enseñaron a notar a las falsas sonrisas y personalidades.
Sin mencionar también que la Maō estuvo a punto de crear una hecatombe en su castillo.
Ahora no tenía dudas. Serafall aún tenía recuerdos tormentosos ¡no! Genocidio unilateral, por parte de ese monstruo salido del averno.
Pero no podía ver cómo era que podía confundir a Trunks con esa bestia, no eran nada similares.
El trauma de la Maō debía ser profundo, ahora entendía porque lo trataba de esa manera tan déspota, casi rozando la humillación, ella no lo veía a él sino al monstruo que había diezmado a todas las facciones en la era del mito. Ambos podían ser similares, pero al mismo tiempo diferentes. Uno era un ser cruel y despiadado, mientras que el otro era un protector, un ser de justicia que luchaba por lo correcto.
¿De dónde saco que ambos son iguales?
—Pobre chico —pensó Odín, observando al joven mientras luchaba por recuperar el aliento, mientras corría sin rumbo fijo. —¡Heimdall!
—Si señor —El guardián del bifrost hizo acto de presencia
—Trae al muchacho de vuelta.
Fin del capítulo.
Aclaraciones:
1.- Sona se refería al día que Trunks lo salvo de Kokabiel, de como saco ese refrigerador extraño cuyos refrescos no pertenecían a la tierra ni al inframundo, ni al mundo sobre natural, pero sobre todo al verle meditar de esa manera al punto de hablar con Ddraig.
2.- Si tal y como lo leen, en el canon Serafall quiere reencarnar a ese travesti musculoso como su peón. Sin importarle si le beneficia o no, pues le gusta que dicho personaje muestre mucha devoción hacia el género de maho shojo.
Bueno quise hacer este especial de navidad para que lo disfruten, lo tenia planeado e hice algunos borradores digamos que me había quedado sin ideas y no tenía pensada actualizar, pero vi los borradores y pensé, ¿porque no hacer un especial de navidad?
A partir de aquí las cosas se van a volver mas serias, digamos que en el siguiente capitulo la bomba va a estallar, estoy ansioso de llegar a esa parte y ver sus comentarios. Sin nada mas que agregar les deseo una feliz navidad y un próspero año nuevo.
Como una muestra de buena fe me gustaría añadir una escena posto créditos
¡Nos veremos de nuevo en el 2025!
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El local estaba vacío, una extraña quietud llenaba el espacio. No había rastro de nadie, ni siquiera los dueños, lo cual era aún más desconcertante. Probablemente Serafall utilizo algún hechizo para asegurar la privacidad, ahuyentando a todos a su alrededor. Se acercó a una de las paredes decoradas con el tema de Milky-chan, apoyó su espalda contra ella y, lentamente, se dejó caer al suelo, sentándose en silencio recordando lo que su hermana le había dicho momentos atrás.}
Flashback
—A veces no sé qué te pasa... —Dijo Sona con evidente frustración —. ¡Siempre me pides que confiemos más la una en la otra, pero luego me ocultas cosas! He intentado entenderte, pero no hay manera de hallar una explicación lógica.
Serafall no respondió, su silencio solo aumentaba la irritación de su hermana menor. Sona respiró hondo, intentando calmarse, pero la imagen de Trunks y su reacción ante él seguía rondando en su mente.
—¡¿QUÉ RAYOS SE SUPONE QUE FUE ESO?! —Exclamó con dureza la joven heredera, la ira estaba reflejada en su rostro.
Serafall, aún en silencio, no pudo dar una respuesta. Su hermana esperaba algo más, una explicación, una justificación, pero no hubo palabras. La Maō se mantenía allí, sumida en sus propios pensamientos, mientras Sona sentía cómo la frustración la invadía más y más.
—No lo entenderías.
La heredera apretó fuertemente sus puños de rabia, no pudiendo evitar que su hermana menos le estaba tomando el pelo.
—¡¿ENTENDER?! ¡¿QUE SE SUPONE QUE TENGO QUE ENTENDER?!
La falta de respuesta de Serafall solo aumentó su enojo. No entendía por qué su hermana había reaccionado de esa manera, especialmente después de todo lo que Trunks había hecho por ellas. No comprendía por qué había tenido miedo de él, por qué lo había tratado como si fuera una amenaza. Todo parecía absurdo.
—Sabes, por más que lo pienso, esto es una locura —Dijo Sona, ajustándose los lentes con una mano, mientras con la otra se dirigía hacia la salida—. No sé por qué me molesto. Es inútil.
La puerta se cerró con un suave golpe, dejando a Serafall sola en el local vacío.
Ella lo sabía mejor que nadie. Trunks no hizo nada malo, pero solo con su mera presencia le recordaba de todas las formas a ese desquiciado; Su risa, su voz, su aspecto, de cómo inicio de forma arbitraria su brutal réquiem de muerte, miseria y desolación.
Sabía que su alma era pura y era un ser bondadoso, tanto así que se moría por poseerlo, ser dueña de él, pero aun así no podía evitar asociarlo con el monstruo que había destruido su mundo. Cada vez que lo veía, sentía que, en cualquier momento, su lado oscuro se manifestaría y mataría a todos sin piedad.
Sou-tan jamás la entendería. Por eso, Serafall se esforzaba al máximo para que su hermana no tuviera que enfrentar lo que ella había vivido en su juventud. Porque era horrible, vivir con ese peso en el corazón, sabiendo que el recuerdo del dolor podía atacarte en cualquier momento. No había paz. No había descanso. ¿Por qué tuvo que aparecer ese joven? ¿Por qué él? Por su culpa, su vida se había desmoronado una vez más. Por su culpa, no podía controlar sus emociones, ni el temblor que recorría su cuerpo. Por su culpa, se sentía tan vulnerable, tan expuesta.
Pero al menos, en ese momento, estaba sola. Nadie la observaba. Nadie la juzgaba. Y por primera vez en mucho tiempo, podía permitirse el lujo de desahogarse en silencio. Lentamente, Serafall apoyó su cabeza en sus rodillas y comenzó a llorar de manera silenciosa.
