Saludos amigos, otra vez varios días sin actualizar lamento mucho eso, pero tuve humedad en mi casa y gracias al producto del moho, me enferme de una gripa intensa que duro semanas, ahora entendí porque también había enfermado de los ojos, asi que este tiempo lo use para deshacerme del moho y recuperarme de la enfermedad, nacer con asma es una mierda y no se la deseo a nadie, pues incluso una leve gripa te puede afectar demasiado. sin nada mas que agregar vayamos a la seccion de respuestas a reviews.


"Lo más doloroso de una traición es que nunca viene de un enemigo."

-Roberto Martínez Guzmán

Chapter 15: Uroboros Ophis

Se había levantado temprano, demasiado temprano, aun cuando todo seguía oscuro y el astro rey no hacia acto de presencia. No pudo dormir en lo absoluto, pues esa maldita escena seguía carcomiéndole por dentro. Decidió salir a caminar para despejar sus pensamientos. ¿Hacia dónde? No importaba. Solo quería alejarse, lejos de las miradas ajenas, del bullicio de la gente, de la presencia de los que le permitieron alojarse, lejos de todo. Solo deseaba estar sola, con el silencio como único acompañante y como único testigo de sus silenciosas lágrimas. Cerró los ojos, intentando olvidar todo, aunque sabía que era inútil. Ese recuerdo, doloroso y cruel, volvía a ella con la fuerza de un rayo, veloz y despiadado, recordándole lo que había sucedido la noche anterior. Era como una herida recién cicatrizada que, al más leve roce, se volvía a abrir.

La traición puede ser representada en muchas maneras; una analogía dolorosa, un chiste de mal gusto si se le quiere llamar. Es difícil comprender cómo alguien en quien confiaste tanto, al punto de desnudarte el alma y de confiarle tus miedos y anhelos puede clavarte el puñal por la espalda. A esa persona a la que apoyaste incondicionalmente, acompañaste en sus peores momentos y ayudaste a levantar cuando tocó fondo, termina pagando tu lealtad de la forma más despiadada. La traición no es solo un acto; es una herida profunda y cruel, una verdad desgarradora que te recuerda que ese ser al que dedicaste tanto tiempo y esfuerzo no valoró lo más mínimo lo que hiciste por él.

Ese golpe no solo rompe la confianza, sino que destroza la esencia de lo compartido, revelando que, para esa persona, tus sacrificios nunca significaron nada.

Pero había aquí un gran dilema. Trunks no eligió, no fue su voluntad. Todo fue el resultado de la manipulación de una deidad demente y caprichosa, que de buenas a primeras, se sentía con el derecho de reclamar como propio algo que no le pertenecía.

No hubo traición de cierta manera.

Ellos no eran nada más que compañeros, personas que se habían preocupado por la seguridad del otro y compartido un objetivo común. Con el tiempo, se hicieron cercanos, pero Trunks había dejado en claro ante su padre que su relación no era de ese tipo. Aunque su vínculo era fuerte, al final del día, no eran más que dos almas solitarias que habían encontrado un refugio temporal en la compañía del otro.

—Pero duele… duele mucho.

Las lágrimas brotaron de sus ojos y resbalaban libremente de sus mejillas ¿Acaso no había sido un vínculo fuerte el que habían compartido? Se lo había preguntado innumerables veces, hasta convencerse de que así era. A partir de ese momento, la rabia comenzó a germinar en su interior, una rabia que ni siquiera deseaba sentir, pero que estaba ahí, alojada en su corazón y entrelazada con un profundo sentimiento de tristeza y decepción.

—¿Por qué? —se preguntó ella tocándose fuertemente el pecho como si este doliera

No fue su culpa. Mai lo sabía, muy, muy en el fondo lo sabía.

Pero verlo tan entregado, tan dispuesto, tan hipnotizado, besando a esa maldita impostora con tanta pasión y devoción, fue algo que Mai no pudo asimilar. Era algo que escapaba de su comprensión, a pesar de saber lo que realmente había sucedido. Contemplar el brillo en sus ojos cuando tenía a Ophis frente a él, como si fuera el ser más hermoso y especial que hubiera visto en toda su vida, fue igual de doloroso que recibir un puñal directo al corazón. No pudo evitar sentirse invadida por una oleada de emociones contradictorias. Sabía que no había sido Trunks quien actuó por voluntad propia, pero su cuerpo respondía por sí solo, como si su ser entero hubiera reaccionado ante la presencia de alguien que no era ella...

Como si se tratara de alguien muy especial.

Mai cerró los ojos, apretando los puños con fuerza. ¿Cómo podía él no ver la diferencia? ¿Acaso todo lo que compartieron no fue real? El dolor, la pena, pero también esos momentos felices que habían vivido juntos... ¿no significaban nada? ¿O acaso la presencia de esa mujer fue tan poderosa que eclipsó todo lo que habían compartido, como si no fuera gran cosa? ¿Fue eso lo que hizo que Trunks no pudiera distinguir entre ella y una impostora?

Estaba a punto de creer que sí, pero de repente, más recuerdos llegaron a su mente. Recordó cómo Trunks se había mostrado genuinamente preocupado por ella, cómo le importaba más que una simple amiga o colega. Pensó que había sido un sueño cuando sintió los labios de su amado sellando el primer beso de ambos para que ella pudiera comer la semilla del ermitaño. Aunque su primer beso no era como lo había idealizado, ese momento había sido significativo para ella, atesorándolo con mucho cariño y guardándolo en lo más profundo de su corazón. Recordó también cómo él se esforzó por protegerla de aquel vórtice superando sus límites y dejándolo al borde de la muerte con tal de que ella no sufriera daño alguno.

Esos recuerdos habían disipado un poco sus tormentosos pasatiempos.

—Pero lo habrías hecho por cualquiera —susurró con voz quebrada, mirando al suelo temblando de impotencia.

Tal vez no era tan especial como ella había creído, se sentía tan estúpida.

El viento helado que rozaba su rostro parecía no importarle, pues lo único que sentía era la presión de su pecho, como si un peso invisible la aplastara desde adentro. Sabía que Trunks no era un hombre cruel, ni egoísta. Él había sido amable, protector, incluso en los momentos más oscuros y funestos pero esa visión de él, tan entregado a Ophis, la estaba destrozando por dentro. ¿Acaso no era suficiente para él?

La lucha interna era feroz. Mai quería creer en él. Quería aferrarse a esos momentos que había guardado en su corazón, esos gestos pequeños que, para ella, valían más que mil palabras. Pero… ¿Por qué no podía olvidar lo que vio? ¿Por qué esa imagen de él besando a Ophis no dejaba de atormentarla?

Las dudas la asfixiaban. Mai no sabía si podría volver a mirarlo sin sentir ese agujero en su interior, ese vacío que se expandía con cada pensamiento, con cada recuerdo de esa escena tan cruel. Lo peor no era solo el acto en sí, sino cómo él parecía no distinguir entre ella y Ophis. ¿Realmente su amor era tan frágil, tan superficial, que el primer destello de una mujer que lo cautivara lo arrastrara de esa manera?

Un par de lágrimas recorrieron sus mejillas, pero esta vez no las limpió. Ya no quería seguir fingiendo que estaba bien. Estaba harta de pretender tener entereza, harta de ser esa líder estoica y confiable que inspiraba valentía y seguridad en sus camaradas. Después de todo, este era un mundo diferente, uno en el que podía empezar de nuevo. Podía intentar cosas que jamás habría hecho en su mundo anterior. ¿Y por qué no? ¿Por qué no actuar de manera egoísta también? No era un robot, ni una deidad, ni mucho menos un ser perfecto como muchos de sus camaradas pensaban. Mai también era humana, con defectos y con la capacidad de cometer errores.

Pero pese a ser un ser humano con muchos defectos, también era mujer; y una mujer anhela sentirse especial, anhela sentirse amada por sobre todas las cosas, anhela que su alma gemela, su pareja destinada, sea capaz de discernir entre lo real y lo falso, entre una ilusión y ella misma.

Lamentablemente, con Trunks no fue así.

A pesar de saber tantas cosas, Mai no podía encontrar una solución para lidiar con todo esto. No sabía cómo hacerlo, y, honestamente, tampoco quería. Trunks había sido su amigo, su confidente, incluso algo más. Pero para él, ese vínculo no había sido tan especial, para él, ella solo era una camarada más, ni más ni menos. Si él había entregado por completo su ser ante una impostora, ¿Qué significaba eso? ¿Ellos que eran realmente?

Nada.

Mai cerró los ojos, tratando de respirar profundamente. Era demasiado doloroso. Pero sabía que debía seguir adelante, aunque aún no supiera cómo. Tal vez, en el futuro, podría entender por qué lo había hecho, o tal vez nunca lo hiciera. Pero, por ahora, lo único que tenía claro era que necesitaba espacio para sanar, para entender qué hacer con esos recuerdos y ese dolor que la consumían.

Todo lo que sabia es que, de ahora en adelante, ya nada sería igual.

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Despierta….

Ya es hora….

Abre tus ojos Trunks…

Alguien lo llamaba.

Estaba despertando… o al menos esa era la sensación que daban sus párpados al abrirse lentamente.

Nunca había descansado tan bien en su vida, y por un momento se planteó la idea de quedarse allí. Sin embargo, su reloj biológico estaba programado para despertarse a una hora precisa, con solo unos pocos minutos de diferencia. Con un suspiro de pesadez, se levantó más por obligación que por deseo.

Cuando por fin se sintió libre de los brazos de Morfeo, pudo notar el ambiente cálido y agradable que lo rodeaba. La increíblemente cómoda y muy amplia cama lo hacía dudar de querer levantarse, pero era extraño. El cuarto que Odín les había asignado no era de por sí lujoso, más bien sencillo, sin embargo, la habitación en la que se encontraba ahora parecía pertenecer a otro nivel. Era sorprendentemente más grande, mucho más espaciosa, y parecía ocupar casi una cuarta parte del tamaño total del palacio de Odín. El contraste con las austeras habitaciones del dios nórdico era desconcertante, como si la habitación misma estuviera diseñada para algo o alguien de importancia mucho mayor.

No podía ignorar la ostentosa habitación donde la fusión de tecnología avanzada y elegancia extraterrestre se combina en una obra maestra.

Tampoco podía sacarse de la cabeza ese maravilloso sueño que había tenido, era la primera vez en días que no tenia una pesadilla, y ese sueño que había tenido fue simplemente maravilloso se había tan vívido, tan real, que parecía haberlo vivido más que soñado.

En su sueño el estaba contemplando la vivida luna llena, ajeno al escándalo del Valhalla pues había decidido que el alboroto era demasiado para el y necesitaba un momento a solas. La luz plateada de la luna entraba suavemente por la ventana, bañando la habitación en su resplandor etéreo, creando una atmósfera tan serena que parecía envolverlo todo en una calma absoluta. En ese instante, todo lo demás parecía desvanecerse, como si el tiempo mismo se hubiera detenido para regalarle esa paz.

Su presencia era tan impactante, tan deslumbrante, que todo lo demás desapareció por un momento. La luz de la luna parecía abrazarla, resaltando cada uno de sus rasgos, haciendo que su belleza se volviera aún más irreal, como si fuera un ser celestial.

Trunks, en ese instante, no sintió la necesidad de preguntarle qué era lo que se le ofrecía. No le importaba. La urgencia de saber se desvaneció cuando sus ojos se encontraron con los de ella. Solo quería quedarse en ese momento, deleitarse con su radiante presencia y admirar su belleza bajo el resplandor suave de la luna. Todo lo demás, todo lo que no fuera ella, parecía insignificante.

—Te amo —Le escucho decir, casi en un susurro, como si sus palabras fueran una confesión cargada de años de sentimientos reprimidos. —. Y no creo poder concebir una vida sin ti.

Trunks sintió que el corazón le daba un vuelco. No pudo reaccionar de inmediato, como si las palabras hubieran alcanzado la parte más profunda de su ser. Mai no lo miró con duda ni con miedo. Le miraba con ternura y solo con eso Trunks se dio cuenta de que no era una mentira, no había dudas, no había engaño, sus palabras las sintió como verdaderas, porque el también sentía lo mismo.

—Mai... yo… —fue todo lo que pudo decir, las palabras no salían por la emoción que recorría cada fibra de su ser, sin saber cómo responder a lo que acababa de escuchar. —Yo también te amo…

Se habían tomado de las manos mientras se miraban con deseo y anhelo, fue en ese instante cuando Mai lo besó. Trunks, sin pensarlo, correspondió a su beso, entregándose por completo sin importar todo lo demás. El beso comenzó suave, casto, inocente, hasta intensificarse; como si sus corazones latieran al unísono, guiados por una fuerza más allá de ellos. La pasión los envolvía, y sin que él lo notara, la llevó hasta aquella pequeña cama, tratándola con el cariño y respeto que solo un rey podría brindar a su reina. Allí, finalmente, se unieron en un acto de amor, fundiéndose el uno al otro.

Trunks se sintió avergonzado por la dirección que había tomado su sueño, no pensaba que su mente pudiera pensar tales cosas y eso comenzaba a asustarle demasiado, pero si estaba con la persona que amaba con locura ¿acaso eso importaba mucho?, una sensación de dicha invadió su ser. No podía evitarlo; en ese momento, la felicidad que sentía era tan palpable que ni el sueño más extraño o la más cruenta de las pesadillas podría deshacerla.

Trato de levantarse de la cama y noto que había alguien más, una cabellera negra que se extendía y cubría una de las almohadas mientras una delgada y blanca sabana cubría parcialmente su desnudez. Sabia de quien se trataba y eso significaba una cosa

—No fue un sueño…

Trunks se quedó quieto, sus ojos estaban fijos en la figura que yacía junto a él. El corazón le dio un salto en su pecho al darse cuenta de que la mujer que estaba allí, en la misma cama, no era una ilusión ni un vestigio de su mente confundida. No había duda de que era ella.

El sentimiento de incredulidad se mezcló con una oleada de emoción que lo hizo respirar con dificultad. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Cómo era posible que en la realidad estuviera justo al lado de ella, cuando todo había comenzado como un sueño tan vívido y hermoso?

Se llevó una mano a la cabeza, sintiendo la confusión invadirlo. Pero en el fondo de su ser, una chispa de felicidad seguía brillando con fuerza. No importaba cómo había llegado hasta ese punto, ni las preguntas sin respuesta. Lo único que importaba era que estaba con ella, con la persona a la que había llegado a amar con toda su alma.

Sacudió la cabeza y cerró fuertemente los ojos. No podía creer que algo tan maravilloso fuese real. La duda lo invadió otra vez y se convenció de que solo estaba soñando, que al abrir los ojos se encontraría nuevamente en aquella rústica habitación, con los débiles rayos del sol filtrándose por la ventana. Un sueño efímero que desaparecería tan pronto como despertara, dejándolo con la amargura de saber que nunca había sido más que un anhelo no cumplido.

Pero en lugar de vez esa rustica habitación, de forma inexplicable se hallaba sentado en un gran trono, en una sala enorme que parecía pertenecer a un palacio real. No entendía qué estaba pasando. ¡Hasta que se dio cuenta de los atuendos que llevaba puestos!

Estaba vestido con la indumentaria saiyajin, pero con varios aditamentos adicionales. Aunque nunca las había visto en persona, sabía de ellas gracias a las réplicas que su madre había creado en el pasado, basándose en las especificaciones que le había dado Vegeta. Lo más sorprendente fue observar el emblema de la familia real en su pectoral izquierdo, junto con una larga capa azul.

No entendía qué diablos estaba pasando en ese momento. De repente, una melodía suave comenzó a resonar por todo el palacio. Era la "Minuetto" de Luigi Boccherini (1) una pieza delicada y elegante, tocada por un grupo de músicos que parecía dominarla a la perfección. La melodía tenía algo especial, un aire solemne que parecía anunciar que algo importante estaba a punto de suceder. Esa fue la impresión inmediata que Trunks tuvo al escucharla y la conocía muy bien gracias a Sirzechs, pese a ser demonios, ellos llevaban un estilo de vida elegante, muy superior a lo que sucedía en Asgard en su humilde opinión.

La gente que antes estaba conviviendo y brindando, ahora se había detenido. Todos, en un gesto sincronizado, dirigieron su mirada hacia él, observándolo con una mezcla de respeto. La escena era desconcertante. La mayoría de esas personas, vestidas con armaduras saiyajin, aunque más simples que las de él, lo miraban como si fuera el centro de toda su atención, como si fuera su líder, su rey.

—Con ustedes, hace acto de presencia: ¡Su majestad real Brief Trunks! —anunció un hombre de edad avanzada, cuya voz resonó con autoridad, como si interpretara el papel de paje real ante la multitud reunida.

Trunks no podía creer lo que escuchaba.

—EEEEEHHH —Trunks se sentía nervioso por las miradas que recibía dirigió una mirada suplicante a aquel hombre que hacia de papel como paje real como buscando una desesperada respuesta de su parte.

En respuesta el paje solo le sonrió y con un gesto de su mano le invito a que se acercara al balcón para dirigirse a sus súbditos.

—Pues, e-etto —Para este punto. gruesas gotas de sudor resbalaban por su nuca y rosto —¿Q-que tal el ambiente?

Pregunta de mierda. De haber estado en otra situación, los presentes le habían tildado de estúpido, por haber hecho semejante pregunta. Pero no era el caso, tal comentario paso desapercibido, pues un silencio expectante llenó la sala por un instante antes de que las respuestas comenzaran a llegar, como si lo que no hubiese dicho fuera una completa idiotez, sino una declaración de su autoridad.

—¡El ambiente es más que excelente ahora que nos honra con su presencia! —exclamó un hombre corpulento muy, muy parecido a Grorman levantando su copa en señal de respeto.

—Así es, su majestad —dijo una mujer de cabello largo y rubio, que también era muy parecida a la valquiria con quien había pulsado el día anterior. —Esperábamos fervientemente su regreso, mi señor.

Trunks parpadeó confundido ante las respuestas entusiastas de la multitud. El ambiente que había esperado fuera frío o distante, cargado de solemne formalidad, era todo lo contrario. Los soldados, los nobles, y los sirvientes que llenaban la sala respondieron con sonrisas y palabras agradables, mostrando un nivel de aprecio hacia él que lo dejaba sin palabras.

— E-etto, ¿mi regreso? — murmura Trunks, intentando encontrar una respuesta adecuada, pero las palabras le salían torpes y desordenadas. No comprendía cómo o por qué lo consideraban tan importante. El ambiente que lo rodeaba, la música solemne, los ojos atentos de todos los presentes… todo eso lo hacía sentir como si estuviera atrapado en un sueño extraño, una especie de fantasía de la cual no podía despertar.

Una risa suave se escuchó desde la multitud. Trunks levantó la vista, siguiendo el sonido, y vio a una mujer rubia que sonreía cálidamente hacia él. Cuando volvió a mirar al paje real, algo lo hizo sentir una presencia detrás de él.

— No deberías sentirte indigno de recibir tales alabanzas — dijo una voz femenina desde atrás, con una autoridad que hacía eco en cada palabra. — Así es como un ser superior merece ser tratado.

¡Esa voz! ¡¿Cómo pudo olvidarse de ella?! Su mente se disparó al instante, recordando el extraño sueño de minutos atrás. Trunks se giró rápidamente, su corazón latio más rápido al ver la figura que se encontraba detrás de él.

— ¿Mai? — Pensó por un momento, pero al observarla bien, se dio cuenta de que era alguien completamente distinto, una mujer que nunca había visto en su vida—. No, tu no eres ella.

—Por supuesto que no... soy alguien mejor.

La atmósfera cambió drásticamente. La fiesta que antes se desarrollaba con risas y brindis se había detenido por completo. Todos los presentes estaban inmóviles, como si hubieran quedado atrapados en un trance por la presencia de la mujer. La música ya no se oía, el bullicio había cesado, y un silencio denso envolvía el lugar. Incluso el aire parecía haberse quedado suspendido, lo cual resultó ser, en muchos aspectos, aún más inquietante para Trunks.

Pero lo más desconcertante era la sensación de que la conocía. ¿Por qué soñaba con una persona que jamás había visto antes?

La mujer era alta, de piel pálida y cabello largo como la noche misma, negro azabache que caía en ondas suaves sobre sus hombros. Si bien Trunks no estaba muy pendiente de esos detalles, no podía dejar de notar lo imponente de su belleza. Lo más inquietante eran sus ojos, unos ojos lila nublosos que destilaban un aire de misterio e intriga. Era como si, a pesar de no reconocerla, su presencia le resultara familiar. Un sentimiento extraño y perturbador se instaló en su pecho, como si hubiera visto a esa mujer en algún otro lugar, en algún otro tiempo. Pero ¿Dónde? ¿Quién era?

Su incomodidad aumentó al notar que la mujer llevaba una indumentaria real saiyajin, adornada con ornamentas y detalles que solo se veían en figuras de autoridad. La vestimenta, rica en detalles dorados y bordados intrincados, dejaba claro que esta mujer no era una figura común entre la multitud.

Lo más desconcertante, sin embargo, no era solo su apariencia, sino la manera en que los demás reaccionaban ante ella. Los presentes, que antes habían estado en conversaciones animadas y celebrando, ahora se encontraban inmóviles, mirando a la mujer con una intensidad vacía, como si fueran meras marionetas bajo su control.

Un leve temblor recorrió a Trunks, y no pudo evitar cuestionar lo que veía. Su mente comenzó a llenar de posibles explicaciones, pero ninguna parecía encajar.

— ¿Quién es usted? — Preguntó cauteloso, aún sin saber qué hacer. Esa mujer no solo estaba en sus sueños, sino que no podía sentir su energía. Algo no cuadraba, y eso lo puso aún más alerta.

La mujer lo miró con una fascinación evidente, una sonrisa en sus labios que reflejaba una confianza tranquila, casi segura de sí misma.

— Soy quien puede hacer tus deseos realidad — respondió, como si aquellas palabras fueran una promesa de algo mucho más grande. Mientras hablaba, flotó hasta estar justo frente a él, acariciando su mejilla con uno de sus manos. Sus ojos se clavaron en los de él con una intensidad que lo hizo sentir vulnerable, casi expuesto.

Trunks se sintió incomodo por la cercanía y la familiaridad del gesto. La extraña mujer parecía conocerlo de una manera que él no comprendía, y la sensación de desconcierto lo invadió por completo.

— D-Discúlpeme, pero no entiendo lo que está diciendo… — Tartamudeó, retrocediendo levemente ante la presencia tan intensa de la mujer. — ¿Qué está pasando aquí?

La mujer no apartó sus manos de su rostro, sus ojos nunca perdiendo el brillo que parecía envolverlo todo. En su mirada había un enigma, una promesa de algo que Trunks aún no comprendía, pero que sentía que, en algún lugar profundo, debía temer.

Ophis no prestaba atención a las preguntas de Trunks, solo seguía acariciando suavemente su mejilla con un gesto de fascinación evidente en su rostro. Ese joven poseía era una hermosura inconmensurable. La perfección que representaba él no tenía comparación; no existía ninguna criatura, ni dios, que pudiera igualarlo. Esa belleza, ese poder inconmensurable capaz de doblegar al universo mismo, no debía estar disponible para los seres inferiores, los cuales solo se ocupaban de asuntos triviales y carentes de importancia. Ophis pensaba en ello con tanta convicción que ya había dejado en claro, con sus comportamientos y actitudes, que destruiría a cualquier dios, bestia o mortal que osara pensar siquiera en apoderarse de su alma gemela que había llegado desde otro universo alterno.

Aquella espada abrió ampliamente sus horizontes y su perspectiva. Trunks era mucho más que un dios, mucho más que una simple figura de poder. Era un ser trascendental, un ser que representaba la perfección misma. Ningún diccionario de todos los mundos podría describir con precisión lo magnífico que era. No había palabras suficientes para capturar lo que él significaba, lo que representaba.

Ophis había formado la Chaos Brigade con el propósito de cumplir sus propios objetivos y deseos, viendo a sus integrantes como meras herramientas útiles solo para ese fin. Para ella, los seres inferiores no tenían otra utilidad. Sin embargo, ahora, con Trunks a su lado, no necesitaba a nadie más. Ya no habría lugar para guerreros inútiles ni dioses menores como sirvientes. Juntos, serían los soberanos, los más omnipotentes del universo. Nadie se atrevería a enfrentarlos, a desafiar su poder o su conexión. Ni siquiera los dragones del apocalipsis como Trihexa o ese maldito usurpador, el Gran Rojo, se atreverían a desafiar su autoridad.

Trunks era su destinado, su otra mitad, el complemento que siempre había estado esperando.

—Siempre supe que eres especial, desde el momento que llegaste aquí —murmuró ella con una devoción que hacía que sus ojos brillaran con pasión y lujuria. Hizo un esfuerzo sobrehumano por no robarle un beso en ese instante—. Pero contemplarte por mí misma es una experiencia tan impactante.

Pese a lo bizarro de la situación Trunks no pudo sentir más que vergüenza debido a la cercanía de aquella mujer. Su rostro se tiñó de rojo al darse cuenta de lo cerca que estaba, cómo sus brazos rodeaban su cuello, cómo sus ojos penetraban en él con una intensidad abrasadora. Trunks podía sentir su aliento en su rostro, cálido y tentador, algo que hizo que su corazón latiera más rápido. Pero más allá de esa sensación, había algo extraño en él, algo que lo perturbaba. Su mente, normalmente clara y enfocada, comenzaba a nublarse. La cercanía de Ophis, su olor dulce y su suave tacto comenzaban a nublar su juicio. Estaba perdiendo el control de sí mismo, y eso lo aterraba.

—Entiendo, ya veo —respondió Trunks, tratando de mantener la calma y tratándose de alejar de aquella mujer —. Diría que me siento halagado, pero el ambiente no es el más apropiado. — Señaló hacia los miembros de la corte real y los invitados, que ahora se encontraban completamente inmóviles, mirándolos con ojos vacíos, como si no tuvieran alma.

La entidad rio de manera melodiosa.

—Tienes toda la razón mi amado destinado, este momento debe ser solo para nosotros dos.

Con una sonrisa enigmática, Ophis levantó una mano y chasqueó los dedos. En un instante, el aire a su alrededor se distorsionó, y la realidad misma pareció desmoronarse. Trunks, apenas reaccionando a la rapidez de la acción, sintió un tirón en su pecho, como si todo su ser estuviera siendo arrastrado a otro lugar. El mundo a su alrededor se desvaneció en una explosión de sombras, y la sensación de gravedad cambió por completo.

Cuando la distorsión cesó, se encontró en un espacio completamente diferente. La luz estaba ausente. La oscuridad envolvía todo a su alrededor, como una manta espesa y opresiva que casi podía tocarse. El aire era frío y denso, y no importaba cuánto mirara, no podía distinguir nada en el horizonte. Era como si estuviera atrapado en un vacío absoluto, sin ningún punto de referencia.

—Tal y como pediste te he llevado a una dimensión de bolsillo que esta bajo mi completo control —dijo ella con un tono de voz inquietante—. Aquí no hay escape. Este es un lugar fuera del tiempo y el espacio, donde tus deseos y pensamientos no tienen cabida. Solo existe lo que yo decida y quiera.

El joven Saiyajin observó alrededor, la atmósfera era pesada, densa, y sus instintos le decían que debía estar alerta. Este lugar, esta dimensión, era ajena a todo lo que conocía, y más aún, el poder de Ophis aquí parecía absoluto.

—Ciertamente puedo confirmar tus habilidades son magnificas y que tu nivel de poder es absurdo, en base a eso, es probable que creas que me tienes bajo tu merced —dijo Trunks, observando detenidamente a la mujer.

Ciertamente su poder era imponente, superando con creces a todas las criaturas que había conocido hasta ahora. Si tuviera que compararla con Sirzechs, Serafall y Odin las personas que mostraron tener un poder muy elevado diría que ellos no eran más que simples hormigas, mientras que ella era un enorme dinosaurio. Sin embargo, para su desgracia, Trunks le superaba por demasiado.

—Pero al parecer cometiste un grave error —continuó él con un tono desafiante preparándose para pelear —. Si realmente intentas hacer algo en mi contra, déjame decirte que no representas...

Ophis estalló en carcajadas perturbadoras. Había leído sus pensamientos, y lo que había llegado a su mente le pareció sumamente gracioso.

—¡Espera un segundo! —Exclamó, casi con burla—. ¡¿Crees que yo quiero matarte?! ¡Qué idea tan absurda! Deberías saber que soy yo quien está completamente indefensa aquí —Hizo una pausa, su tono cambiando a uno más suave, pero con una intensidad palpable—. Además, no busco tu destrucción, ¿Como podría pensar en hacerte daño si tú eres mi otra mitad, mi complemento? —una sonrisa torcida se dibujó en su rostro—, ahora mismo me atrevería a decir… ¡QUE NO PODRÍA VIVIR SIN TI!

Trunks la observó como si se hubiera vuelto completamente loca. No solo por lo que decía, sino por la enfermiza determinación con la que lo hacía, una convicción que lo perturbaba más que cualquier amenaza.

Además, no pasó por alto la última frase; era la misma que Mai le había dicho en su sueño. Poco a poco, Trunks comenzó a convencerse de que ese sueño no había sido más que una manipulación de esa mujer.

—Lo único que busco es cumplir todos y cada uno de tus deseos para verte feliz —respondió Ophis, de manera directa, buscando captar la atención del joven que aún se masajeaba las sienes, cabizbajo—. Porque soy la diosa del infinito, puedo hacer eso y mucho más.

Con un chasquido de sus dedos, el ambiente oscuro y tétrico desapareció repentinamente, revelando la parte de la ostentosa habitación donde Trunks había despertado. Una montaña de oro resplandecía ante él, y en una ventana cercana se podía observar un vasto reino que abarcaba un inmenso territorio. Las banderas de la insignia real de la familia saiyajin ondeaban al viento, y en lo que parecía ser una cama de dimensiones más grandes que una king size, se encontraba un harem de mujeres hermosas, semi desnudas, dispuestas a satisfacer los deseos más bajos del chico. O, en este caso, del "rey".

Lo último avergonzó bastante a Trunks. Pero quitando la vergonzosa y vulgar escena del medio, todo esto era demasiado bueno para ser verdad. ¡No se iba a tragar ese cuento barato!

—¿Qué ganarías tu con todo esto? —preguntó el mirándola seriamente.

Ophis no respondió de inmediato, pero su expresión se suavizó ligeramente. Era como si su intención no fuera la de confrontarlo, sino más bien de intentar ganarse su confianza. Sin embargo, la sonrisa en sus labios tenía un matiz tan extraño, tan ambiguo, que hizo que Trunks no pudiera bajar la guardia.

—Ganar… —susurró Ophis, acercándose a él lentamente, como si las palabras fueran un susurro destinado a penetrar en su mente—. Mi existencia es infinita, no tengo necesidades terrenales ni ambiciones absurdas y estúpidas como los mortales.

Trunks apretó fuertemente los puños al escuchar lo ultimo

—Pero lo que si te puedo decir es que estoy buscando algo, tengo un deseo anhelado… Busco la compañía, la conexión con alguien que comprenda lo que soy, Y tú, querido, eres la única persona que tiene el poder suficiente para comprenderme. Para ser mi complemento. Mi… otra mitad.

Trunks, que por un momento se había sentido desconcertado, se tensó de nuevo. Aquella mujer hablaba de una forma tan peculiar, tan encantadora, que sus palabras podrían haber parecido sinceras, pero algo en su voz le decía que no todo era tan simple. Ophis, de nuevo, se acercó peligrosamente a su espacio personal.

—¿Por qué dices que soy tu otra mitad? —preguntó Trunks, con un tono más cauteloso que antes, pero sin dejar de observarla con firmeza. No era tonto; la sola presencia de Ophis era razón suficiente para no bajar la guardia y prepararse para aniquilarla si pretendía hacer algo.

Al escuchar su respuesta, Ophis pareció casi complacida, y sus ojos brillaron con un anhelo y devoción que inquietaron aún más al joven saiyajin.

—Porque finalmente, tanto tú como yo podemos llenar ese vacío que tenemos dentro —dijo ella con un dulce susurro—. Sé que vives infeliz, que te preguntas por qué sigues vivo, cuál es tu propósito. Lo mismo pasa conmigo —se dio la vuelta, chasqueó los dedos y la habitación repleta de mujeres hermosas se distorsionó, dando paso a un jardín real, dentro de aquel supuesto y falso reino.

—¿Por qué existimos? ¿Cuál es nuestra función? ¿Nuestro papel? —Divagaba ella mientras observaba el horizonte, como si estuviera hablando consigo misma—. Esas son las preguntas que tanto tú como yo nos hemos hecho a menudo.

—Tsk —respondió Trunks, visiblemente irritado. En el fondo, Ophis había dado en el clavo, y eso lo molestó mucho—. Crees que, por ostentar el título de diosa te crees que puedes invadir la privacidad de los demás y afirmar saber todo sobre mi...

—Pero al final tengo razón, tu reacción iracunda me lo confirma —respondió Ophis, con una sonrisa enigmática, como si hubiera tocado un punto sensible.

Trunks apretó los puños, su cuerpo se tensó, y su mirada se volvió aún más seria. Ophis no solo estaba jugando con su mente, sino que parecía disfrutar del impacto que causaba en él. Cada palabra que pronunciaba lograba desestabilizarlo un poco más, tocando puntos profundos que había preferido mantener ocultos. O esa era la impresión que nel guerrero del futuro tenia en estos momentos

—No tienes idea de lo que hablas —replicó Trunks empleando un tono de voz frio que jamás creyó que saldría de sus labios, pues le enardecía la idea de que ella haya hurgado en sus más tortuosos momentos como si nada —¡¿Como te atreve a afirmar que eres capaz de comprenderme?! ¡¿QUE TU Y YO SOMOS IGUALES?!

—Porque es la verdad —Aunque el tono de su voz se suavizó, la mirada en sus ojos se volvía más penetrante—. El vacío que sientes, esa soledad, esa sensación de que no perteneces ningún lugar es parte de lo que somos. Dos seres incompletos que buscan algo más. Algo que ninguno de los dos puede encontrar en su mundo actual. Pero ahora el destino nos reunió.

Ophis se acercó con una suavidad calculada y, sin previo aviso, envolvió a Trunks en un abrazo. Sus largos cabellos, como hilos de seda negra, cayeron sobre él, cubriéndolo por completo, creando una sensación de enigma y profundidad. Bajo su toque, Trunks se sintió como si estuviera siendo envuelto por una sombra densa y abrumadora, pero al mismo tiempo, había algo innegablemente cautivador en ese contacto. El calor de su cuerpo, la suavidad de su piel, incluso el perfume en su aliento, parecían desbordar la sensación de incomodidad que dominaba su mente, arrastrándolo hacia una extraña calma.

Desde la perspectiva de Ophis, el abrazo no era solo físico; era una unión de almas, una fusión perfecta. Ella lo veía como si ambos fueran finalmente uno solo, completándose el uno al otro. Sin embargo, Trunks, a pesar de la confusión que sentía, no podía dejar de notar cómo, en lo más profundo de su ser, una pequeña parte de él disfrutaba de la cercanía. La sensación de estar completamente envuelto por la mujer que afirmaba ser su otra mitad, lo desconcertaba.

—Mi deseo es que tú y yo estemos juntos. Poder encontrar lo que buscamos, porque somos iguales. —Su voz era casi un susurro, pero Trunks podía sentir la fuerza de sus palabras, como si estuvieran incrustándose en su mente —.Es es lo que pretendo, pues no pienso desaprovechar este gran regalo que el destino me trajo.

En ese momento, Trunks no pudo soportarlo más. Se apartó lentamente de la diosa dragona, separando sus manos con cuidado, como si un impulso interno le ordenara crear distancia. Algo en la intensidad de la mirada de Ophis lo desbordaba, deshaciendo sus pensamientos y dejándolo vulnerable, más de lo que deseaba admitir. Por un segundo, su mente pareció flaquear, y la necesidad de alejarse se intensificó.

—Si hay algo que he aprendido acerca del destino, es que no puedes darle un significado cósmico o complejo a lo que simplemente es un evento terrenal —dijo el más calmado, aunque el desafío en sus palabras aún era claro. La mirada fija de Ophis lo observaba, y él pudo notar que había llamado su atención. —.Todo lo que sucedió hasta ahora... fue una simple coincidencia. Solo eso.

Ophis, por otro lado, permaneció serena ante la respuesta rotunda de Trunks. No parecía sorprendida por su rechazo, como si lo hubiera anticipado. Su rostro no mostraba ni enfado ni frustración, solo una calma inquietante, como si supiera que la resistencia de él solo era una fase en el proceso.

—Ahora lo tengo claro —continuo el guerrero del futuro manteniendo su mirada fija en Ophis —Nada fue producto del destino, tan solo fue solo una coincidencia incluso aquel sueño maravilloso que tuve, cuando desperté a lado de Mai, no fue más que una simple coincidencia provocada por nuestro desconcertante encuentro y por tu forma torcida de crear un acercamiento. Viéndolo por ese lado… me dejaste las cosas claras y abriste un panorama nuevo ante mis ojos. Y por eso te estoy agradecido.

Ophis sintió como si algo en su interior se retorciera ante esas palabras. Aunque intentaba mantener la calma, no podía evitar una sensación de incomodidad creciente. Pues el tema de esa despreciable mortal volvía en su mente, nunca había anticipado que Trunks se mostrara interesado en ella, no sabia porque y eso le enloquecía.

—¿Agradecido por un nuevo panorama? —La palabra salió de sus labios con un tono que denotaba incredulidad, como si esa simple palabra fuera una afrenta hacia su generosa oferta —. ¿Y ese panorama es mejor que lo que yo te estoy ofreciendo?

Se detuvo un momento, observando a Trunks con un brillo peligroso en los ojos, pero también una extraña mezcla de celos y confusión. La mención de Mai, esa mortal que, según Ophis, no merecía la atención de un ser como él, provocó una fisura en la perfección de su calma.

—No sabes lo que es ser parte de algo más grande, Trunks. —Las palabras de Ophis se hicieron más sombrías, como si estuviera intentando poner en palabras la desesperación que sentía—.Estas confundido ahora, créeme se mas del destino que lo que tú crees. Todo lo que dices no son más que palabras vacías.

Trunks, que había estado observando cada cambio sutil en su rostro, no bajó la guardia. Aunque había sentido por un momento una extraña empatía por la diosa, la tentación de sucumbir a su abrazo y las palabras persuasivas que le ofrecía, la realidad de lo que realmente implicaba aceptar su propuesta le mantenía firme en su postura.

— ¿Y esa generosa oferta significa estar atado a tus pies como un simple títere, sin voluntad propia? —Dijo con un tono lleno de desdén, sus palabras fueron claras y firmes, como el desafío lanzado directamente hacia ella—. Todo lo que me ofreces es demasiado bueno para ser verdad.

Ophis permaneció en silencio por un momento, sus ojos estaban fijos en él, como si estuviera evaluando cada palabra, cada gesto que Trunks hacía. La ira contenida se reflejaba en su rostro cuando, lentamente, apretó los puños. La energía que emanaba de ella parecía volverse más densa.

—Me lo habían advertido con anterioridad... que esto no sería fácil —Trunks levanto una de sus cejas al escuchar esa frase, ¿con quien se encontró ella exactamente? —. ¿Pero sabes? Ambos estamos buscando algo. Un propósito, algo que nos haga sentir completos. Y aunque puedas intentar refutarlo de mil y una maneras, al final, todo se reduce a esto: tú tienes tu forma de ver las cosas, y yo tengo la mía. Pero ¿acaso no estás cansado de esa búsqueda interminable? ¿No te has dado cuenta de lo que ahora te ofrezco, pueda ser tu verdadero destino?

Trunks no flaquearía, por más tentadoras que fueran las ofertas que aquella diosa le ofrecía él ya había elegido su propio camino y, aunque incierto, prefería encontrar la paz y su propósito por sí mismo, sin ataduras ni destinos impuestos o vinculados a terceros.

—Mi camino no tiene nada que ver con lo que tú llamas destino. —Replicó Trunks—. No quiero ser parte de una historia que no he elegido. Mi propósito es mío, y no tiene nada que ver con el tuyo, ni con nadie más.

Creyendo que los puntos estaba mas que claros y que no había motivos para continuar esta absurda conversación se encargó de finalizar su encuentro infortunado con una última y lapidaria frase.

—Si no tienes nada más que decirme, agradecería que me llevaras de vuelta al mundo real. Por favor.

El silencio se hizo entre ellos. Trunks se quedó inmóvil, observándola con calma, decidido a no dejarse arrastrar por la oferta de una vida preestablecida, mientras esperaba que sus palabras fueran escuchadas.

Ophis lo observó en silencio, sus ojos permanecían inmutables, pero el brillo que había mostrado antes se tornó en algo distinto, casi frío, como si en lugar de insistir en convencerle, simplemente lo evaluara. Unas palabras de respuesta parecieron formarse en sus labios, pero las contuvo, como si comprendiera que cualquier intento de persuadirlo sería inútil.

Finalmente, su expresión se suavizó, y una sonrisa pequeña, apenas perceptible, cruzó su rostro. Trunks pudo notar un dejo de resignación en su mirada, y quizá, una pizca de respeto.

—Es magnifico, más de lo que me hubiera imaginado, Has demostrado que tu voluntad es fuerte como ninguna otra—Su tono era casi amable, sin rastro de resentimiento—, pero lamento informarte que no tengo intenciones de rendirme, ahora estoy mas convencida que nosotros debemos estar juntos.

Ophis levantó una mano, y con un simple gesto, el jardín irreal comenzó a desvanecerse, como si nunca hubiera existido. Los colores, las formas, y la misma presencia etérea de Ophis se disiparon lentamente en el aire, llevándolo de vuelta al mundo real. Sin embargo, antes de desvanecerse por completo, sus últimas palabras resonaron en su mente.

—Recuerda, Trunks. El destino es caprichoso, y aunque creas que has elegido tu camino, él siempre encontrará una forma de intervenir.

Trunks se quedó en silencio, dejando que el eco de su encuentro con Ophis reverberara en su mente. Era evidente para él que no había sido un capricho del destino, sino el resultado de decisiones y circunstancias impredecibles que se entrelazaron en el tiempo y el espacio. Sin embargo, no toda coincidencia resultaba ser afortunada; a veces, las personas simplemente estaban en el lugar y momento equivocados, y eso podía transformar cualquier evento en una desgracia.

Lo que Trunks ignoraba era que este momento no solo afectaría su propio camino, sino también el de alguien que nunca imaginó ver involucrada en este encuentro, pues Mai sería el ejemplo fehaciente de lo mencionado anteriormente. Ophis había planeado esto con antelación. La semilla de la discordia había sido plantada y era cuestión de tiempo para que las cosas se tuerzan de forma brutal, para que así Ophis pueda reclamar lo que cree que es suyo por derecho.

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Serafall Leviatán tenía una responsabilidad crucial como una de las cuatro regentes del inframundo: construir alianzas y establecer lazos con otros panteones mitológicos para fortalecer la posición del inframundo en el vasto cosmos. A pesar de su conocida actitud infantil y su estilo de vida despreocupado, en los últimos días había sorprendido a todos al asumir su papel con una seriedad inusual. Sirzechs y Ajuka, quienes seguían sus movimientos con incredulidad, no pudieron ocultar su asombro cuando Serafall, con un tono firme y sin aceptar objeciones, anunció que partiría de inmediato hacia el mundo de las hadas. Había recibido noticias de una facción lejana que podía convertirse en una aliada potencial y, sin la posibilidad de postergar su viaje o tomar un breve descanso, dejó el castillo decidida a cumplir con su misión.

Lo que sus colegas ignoraban es que Serafall había sido acosada por pesadillas de un pasado doloroso, evocadas por la llegada de ese desgraciado simio alienígena que tanto despreciaba. La noticia de que el saiyajin había abandonado el inframundo le trajo un enorme alivio, pues ya no estaba cerca de su hermana y eso le quito un enorme peso de los hombros. Sin embargo, la inquietud seguía latente; saber que ese "monstruo" aún andaba libre no le daba paz, pues representaba una amenaza para todo lo que ella protegía y valoraba.

Por eso había emprendido su viaje y buscar entre todas las posibles facciones para encontrarlo, los viajes diplomáticos en pos al beneficio del inframundo, era la excusa perfecta para ella.

No podía perder el puto rastro al saiyajin, una vez que tenga en la mira de todos y cada uno de sus movimientos ella hallaría la manera de ponerle fin a su maldita existencia de una vez por todas.

Tenía que encontrarlo, no, era su deber encontrarlo, fallar no era una opción.

Lastimosamente el saiyajin no estaba ahí, pero eso no le impidió establecer lazos diplomáticos con su líder, la regente de las hadas. En unas semanas, Serafall tenía planes de guiarla en un recorrido por el inframundo, con el objetivo de explorar posibles relaciones comerciales que beneficiaran tanto a las hadas como a los habitantes del inframundo. Como gesto de buena fe Titania le había obsequiado un frasco de néctar extraído de una planta mágica endémica del Bosque Central de las Hadas, cuyas propiedades curativas se decía que rivalizaban con el poder de la curación Twilight en su máxima potencia.

Resulto hilarante que Serafall y Titania tuvieran la misma afición por el anime y el manga, especialmente por el género Mahou Shoujo. Ambas se comprometieron a asistir juntas a la próxima convención en Akihabara. Este vínculo inesperado hizo que, por un instante, Serafall olvidara de momento cuál era su verdadera misión.

Fueron momentos de gozo, pero no podía permitirse a perder más el tiempo. Titania le dijo que podía quedarse el tiempo que ella, pero Serafall declino su oferta, argumentando que tenia una agenda apretada y debía presentar su informe sobre esta alianza a los demás reyes del inframundo.

La siguiente misión de Serafall la llevaría hasta el reino de Asgard, donde debía reunirse con Odín, el padre de todos, en persona. Sin embargo, lo que realmente le preocupaba eran los rumores recientes sobre Loki. Algunos murmuraban que Loki estaba actuando de manera extraña, como si estuviera tramando algo que podría traer calamidades a los mundos. Con esa información Serafall, decidió que lo mejor sería observar de cerca la situación, sabiendo que su rol diplomático no solo le daba el derecho, sino también la responsabilidad de asegurarse de que todo estuviera bajo control. Si Loki realmente representaba una amenaza para Odín, ella misma ofrecería su ayuda como muestra de buena voluntad del inframundo, reforzando así los lazos entre los reinos.

A pesar de esta nueva misión, la mente de Serafall seguía centrada en su verdadero objetivo: el saiyajin. El rastro de ese ser maldito aún la atormentaba, y aunque su diplomacia con Asgard era esencial, no podía permitir que su búsqueda se desvaneciera en el horizonte. Sabía que, al regresar, presentaría un informe a sus colegas del inframundo y que, con la información recabada, podrían idear un plan de contención más efectivo. Pero hasta entonces, todo debía parecer como parte de sus deberes como regente del inframundo.

Realizar viajes diplomáticos para generar alianzas era la excusa perfecta, para rastrear discretamente al saiyajin.

Sin embargo, el hecho de que Serafall estuviera tan meticulosamente enfocada en su misión no pasó desapercibido para Sirzechs. Conociéndola bien, sabía que no era común que se mostrara tan abnegada en sus responsabilidades. Serafall era muy conocida por ser una holgazana que rara vez se tomaba sus deberes tan en serio y siempre que podía se aprovechaba de sus colegas para que hicieran los deberes por ella. Esto despertó las sospechas de Sirzechs, quien comenzó a preguntarse si algo más estaba ocurriendo. Fue sabio de su parte haberle dicho que el saiyajin no estaría mas en el inframundo pero tampoco revelando a donde fue a parar, con eso en mente Sirzechs pensó que ella estaba buscándolo.

Serafall sabia que su amigo sospechaba de ella, así que ideó un plan.

Una noche de copas, en uno de los barrios más discretos y alejados de las miradas curiosas, sería suficiente para suavizar cualquier intento de Sirzechs para arruinar sus planes. A sabiendas de que él caería fácilmente en sus encantos y que, bajo los efectos del alcohol, sería mucho más complaciente con cualquier solicitud de su parte, Serafall se preparó para actuar. Sabía que Sirzechs era manipulable en ese estado, y eso le permitiría obtener la información que necesitaba sin que él hiciera preguntas incómodas o desconfíe de sus movimientos.

Con esa estrategia en mente, Serafall se sintió más confiada. Mientras los vientos del destino seguían soplando en su contra, ella estaba decidida a salir adelante con su misión, ocultando sus verdaderos pensamientos tras una fachada de diplomacia y cumplimiento de deber.

—¡Vaya! Así que este lugar es Asgard... ¡Se ve impresionante! — los ojos de Serafall brillaban con emoción—. ¡Es más hermoso de lo que imaginé!

No era para menos. Asgard era un paraíso para cualquier ser, incluso para criaturas oscuras como los demonios. De hecho, a ella no le importaría grabar algunas escenas de su programa allí, si tuviera la oportunidad.

Estaba sentada en un enorme y elegante sofá negro, esperando ser recibida. Hoy hablaría con el padre de todos, para afianzar los últimos detalles de la alianza en un evento que el inframundo tenía para sellar dicho pacto. Serafall sabía que, de concretarse, sería una excelente noticia para el inframundo.

Giraba su nueva adquisición de milky-chan para matar el tiempo, haciéndolo girar en sus manos con destreza, cambiando las velocidades y tarareando Levan Polka de Miku Hatsune. Aunque se había acostumbrado a su nueva y ajetreada jornada laboral, ese día se sentía un poco aburrida. Después de todo, las responsabilidades diplomáticas podían ser agotadoras, y la carga de trabajo que conllevaba ser una de las regentes del inframundo le robaba más tiempo del que quisiera.

Tack… tack… tack…

—¡Ay, no! — se quejó cuando el bastón salió volando fuera de su control, deslizándose a una distancia mayor de lo previsto. Un suspiro escapó de sus labios. A veces, ser tan entusiasta tenía sus consecuencias.

Sin dudarlo, se levantó y se acercó para recogerlo. No quería perder el bastón. Aunque, en realidad, la idea de hacer algunas otras "escenas especiales" con Grayfia le cruzó la mente. Cualquier excusa era buena para obtener algo que consideraba valioso. ¡Todo por su "poderoso e importante" cetro!

Pero al extender la mano para tomarlo, un toque más grande y tosco interceptó el suyo.

Cuando ella observo a la persona que había decidido ayudarle, su actitud infantil murió y sus piernas perdieron fuerzas para sostenerla. Ahí estaba ese monstruo, al fin lo había encontrado.

Cuando sus miradas se cruzaron, el ambiente a su alrededor pareció desvanecerse, como si el espacio mismo se hubiera comprimido entre ellos. Serafall lo observó con una furia, una furia tan intensa que sus pupilas se achicaron, reflejando un odio tan profundo que era casi tangible. Cada fibra de su ser emanaba rencor, y parecía que luchaba consigo misma para no lanzarse encima y despedazarlo con sus manos. Su respiración era pesada, entrecortada, pues la furia que sentía amenazaba con desbordarse en cualquier momento.

La sensación que invadió a Trunks fue ligeramente diferente, observaba a la demonio con poco menos que repulsión. Su mirada hacia ella era penetrante, pero no tan intensa como la de Serafall.

No pudo evitar sentirse frustrado. ¿Por qué estaba ella aquí? ¿Qué demonios quería esta vez? Había aceptado la invitación de Odín no solo para ayudar a Mai, sino también con la esperanza de poder irse de allí, darle espacio a Serafall y finalmente dejar de recibir sus constantes insultos y agresiones. Lo que más deseaba era que la paz mental de ambos no se viera afectada.

Y aunque sabía que los demonios realizaban tareas diplomáticas, no podía evitar preguntarse: ¿Por qué, de todos los emisarios disponibles en el inframundo, debían enviarla específicamente a ella?

El poder de Serafall, comenzó a desbordarse. Los músculos de sus manos se tensaron con tal fuerza que sus dedos se volvieron rígidos, a punto de hacerle sangrar las palmas. Había pasado tanto tiempo acumulando odio, frustración y rencor hacia Trunks, y ahora estaba lista para liberar todo eso.

Por fin te encontré… TrUuNnNNnKkkKS BrRRrIEeeEEFF

Trunks sintió de inmediato los instintos asesinos de Serafall. Su cuerpo reaccionó al instante, saltando fuera de su alcance habitual y poniéndose en posición de combate. No quería llegar a esto, no deseaba que la confrontación terminara en tragedia, pero la hostilidad y sus intenciones eran clara. La furia que irradiaba parecía capaz de destruirlo todo.

Justo cuando pensó que su ausencia habría sido suficiente para dejarla tranquila, se dio cuenta de que estaba equivocado. Sentía ese odio más intenso que en ocasiones anteriores, como si su ausencia hubiese sido el detonante...

Si, las coincidencias, no son siempre buenas.

Fin del capitulo


Aclaraciones:

1.- Luigi Boccherini (1743-1805) fue un destacado compositor y violonchelista italiano del período clásico, conocido por su sensibilidad melódica y su habilidad para componer piezas de cámara. Nació en Lucca, Italia, y desde joven mostró gran talento musical, especialmente en el violonchelo, un instrumento que aún era relativamente nuevo en ese tiempo. Boccherini se trasladó a España, donde pasó gran parte de su vida trabajando bajo el patrocinio de la nobleza, lo que le permitió desarrollar una carrera prolífica.

Las obras de Luigi Boccherini que siguen siendo populares hoy en día, especialmente en el repertorio de música clásica, he aquí sus piezas más importantes.

1.-Minueto en Mi mayor (la que use en este capítulo): Esta es, sin duda, su obra más conocida. Este minueto es famoso por su melodía encantadora y elegante, y se ha convertido en un símbolo de la música clásica del período clásico. Se ha usado en películas, programas de televisión y comerciales.

2.-Quinteto de cuerda en Do mayor, Op. 30, No. 6 ("La Musica Notturna delle Strade di Madrid"): Esta obra evoca el ambiente nocturno de Madrid en el siglo XVIII, con secciones que imitan sonidos de la calle y toques de campanas. Es particularmente famosa la sección llamada "Passacalle", que captura una atmósfera alegre y festiva.

3.-Concierto para violonchelo en Si bemol mayor, G. 482: Boccherini, siendo un virtuoso del violonchelo, compuso varios conciertos para este instrumento. Este concierto en particular destaca por su lirismo y su brillante uso del violonchelo, y es interpretado con frecuencia por violonchelistas en conciertos.