Me sorprendes mirando a la nada, a través del gran ventanal de mi cuarto.
Ven, dices.
Me tumbo en la cama y no me das tiempo a procesar dónde tenía la cabeza,
ya que has empezado a lamer mis pezones
e introduces dos dedos en mi humedad, creciente y latente.
Esto no va a durar mucho y lo sabes.
Tengo tantas ganas de ti...
pero bajas, voraz, desperdigando besos
hasta llegar a mí,
lamiendo, succionando, penetrando.
Me comes entera y plenamente, de la misma forma que yo me entrego al placer.
Más, necesito más
y vuelves a la carga, una, y otra vez,
hasta que deje mi sexo de latir
y mi orgasmo y mis sentimientos, fluir.
