CAPÍTULO 26
Lentamente se fue despabilando de lo adormilada que seguía. Había mucha luz así que intuía que era un poco tarde. Debía llegar a la escuela antes de que bajara el sol. Estiró su mano al mueble junto a su cama para tomar su teléfono, palpó por toda la superficie, pero no pudo encontrarlo.
"No recuerdo haber vuelto a casa. Me está matando la cabeza, tengo mucha resaca. Y ese estúpido sueño…"
Uta se extendió como si fuera una estrella de mar en toda su cama, pensó en lo que estaba haciendo anoche en el club: bailó con sus amigas, bebió cerveza y cócteles, recordó al tipo lindo con el que coqueteaba. Volvió a casa de alguna manera.
Sentada al borde de la cama, reparó en el sonido que venía de la sala, escuchaba la televisión encendida. Bufó con molestia al imaginar que la había dejado así cuando llegó anoche. No recordaba siquiera haberse desvestido para dormir. Desganada, salió de su habitación para empezar el día.
Dos pasos fuera del corredor y el mundo se le vino encima. No había sido un sueño, lo de anoche pasó de verdad.
Gojo estaba sentado al lado del kotatsu de la sala, mirando un programa de comedia en la televisión. Su amplia espalda y sus hombros relajados le recordaron como le encajaba las uñas, incapaz de contener su deseo.
Él, al percatarse que Utahime ya se había despertado y notarla atónita ante su presencia, solo sonrió con calidez.
—Buenos días —dijo Satoru con un tono bastante natural. Como si fuera otro día más en el calendario.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Utahime sonando bastante descolocada, tenía la esperanza de que le dijera que acababa de llegar. Por su mente desfilaban todas las imágenes de su encuentro íntimo con el albino la noche anterior.
—Estoy viendo la televisión —respondió como si fuera algo obvio.
—Ya sé que estás viendo la tele —Gojo era como un fantasma y ella la más escéptica del universo. El color se le había ido de las mejillas—. Me refiero a…
—¿Quieres ir a desayunar?
Estaba tratando todo con tanta naturalidad, como si, otra vez, nada hubiera pasado entre ambos. Utahime era consciente de lo que había dicho y como se había comportado, pero él permanecía cándido preguntando por el desayuno de esa mañana.
—Ve y cámbiate —le animó muy jovial—. Cuando estés lista nos vamos.
—Gojo… —pronunció con aflicción. Debía explicarle lo que sucedió anoche, independientemente de cómo había llegado él a su departamento.
—Estuve investigando —la interrumpió antes de que dijera algo más— y hay un sitio al que me gustaría ir, no queda muy lejos de aquí.
Respiró profundo y aceptó la propuesta. Primero debía tranquilizarse y organizar sus pensamientos. Si atacaba sin un plan, Gojo la haría pedazos.
—Está bien… Voy a cambiarme.
Veinte minutos después los dos salieron al susodicho lugar. Utahime miraba a Gojo quien iba dos pasos más adelante, estaba sumamente abrumada por su presencia. No tenía el coraje de encararlo. Era cansado y agotador mentalmente que terminaran en situaciones de esa índole y ni uno ni el otro dijera nada. Sin embargo, lo de anoche no era algo que simplemente pudiera pasar por alto y fingir demencia.
La indiferencia de Gojo le hizo actuar como estúpida esos días, y no era culpa de él, sino suya por creer cosas que nadie le afirmó. Pero su corazón albergaba con emoción la idea de un cambio en los sentimientos de Gojo, encontrar el labial y el vino era una desilusión, que no la buscara era como echarle un balde de agua al fuego que emanaba de ella.
No lo había visto desde la final del béisbol y en ese tiempo ninguno había buscado al otro, ni siquiera un mensaje de Gojo para al menos decirle que la misión había resultado sin ningún problema. Aun así, apareció la noche anterior para escabullirse en su cama, todo para que a la mañana siguiente no la cuestionara en lo absoluto, aunque fuera para burlarse ¿en qué estaba pensando?
Gojo se detuvo en un pequeño café, muy discreto en la fachada, pero con un acogedor ambiente dentro. Solamente había cuatro mesas en el primer piso, una más grande que las otras. Al parecer el lugar era atendido por una pareja de adultos mayores, quienes los recibieron con una sonrisa agradable. El sitio estaba junto al río takase, toda la pared que colindaba con el mismo resultaban ser unas tres puertas plegables con marco de madera y vidrio, que estaban abiertas hacia afuera para disfrutar el ambiente exterior.
Gojo decidió sentarse justo al lado de las puertas para sentir el aire fresco, la humedad y la calidez del sol de otoño. Junto a su mesa, en la parte del piso que funcionaba como un pequeño balcón sin baranda al plegar las puertas, había tres maceteros con flores de distintos colores. Si fueran a sentarse ahí, podrían fácilmente meter los pies al río. Del otro lado del río se encontraban dos árboles de cerezo, aunque por la estación no tenían ninguna flor.
El anciano les ofreció el menú, Utahime estaba muda, Satoru por otro lado parecía animado por su elección, habló con el dueño y preguntó por algunos platillos, obviamente su desayuno sería algo dulce. Utahime pidió algo más tradicional y té.
Observó a Gojo detenidamente: no traía las gafas como era usual, también notó la marca roja con tonalidades verdes y lilas que se asomaba en su cuello, Utahime se ruborizó al recordar como lo había mordido. Si él hubiera querido podría haberse quitado la marca con el ritual inverso.
—Y… —dijo vacilante, Utahime—. ¿Qué haces en Kioto?
—Acudí a un llamado de emergencia.
—¿Pasó algo? —dijo con preocupación. Supuso de inmediato que hablaban de cosas del trabajo.
—Evitamos que sucediera algo desagradable —Gojo golpeteó la mesa con su dedo índice, impaciente.
—Oh, me alegro.
Aunque eso, claro, no explicaba cómo había terminado en su casa.
—¿Sabías qué Shoko me envió a Kagoshima? —dijo en tono de reproche. Quería tomar el hilo de la conversión, antes de que Utahime lo hiciera.
—No ¿por qué te envió tan lejos?
—Se molestó conmigo.
—No hagas enojar a Shoko —le increpó de manera desganada.
—Creo que es la primera vez que discutimos de esa manera.
—¿Tan malo fue? —Uta alzó las cejas, nunca había escuchado sobre ellos teniendo una riña fuera de broma.
—Aunque debo admitir que ella estaba un poco en lo correcto.
—¿Te disculpaste? —dijo a modo de regaño.
—Entregué mi reporte a tiempo ¿eso no vale como disculpa?
—Ese es tu trabajo…
—Mi trabajo no es hacer papeleo, ¿por qué no lo hace Ijichi?
—Él no es tu secretario personal.
—Haré que renuncie a la escuela y trabaje solo para mí.
—No seas egoísta… —volvió a regañarlo.
—Velo de esta manera, estoy reconociendo el valor de Ijichi.
—Nunca aceptaría algo como eso, mucho menos tratándose de ti.
—Le daría un buen sueldo y así no tendría a Shoko como jefa.
—No creo que tenerte a ti de jefe sea precisamente el mejor de los cambios.
—¿Por qué no? —frunció el ceño.
—Eres muy molesto.
—Te invité a desayunar…
—Un resquicio de bondad no te hace menos fastidioso.
Gojo chasqueó la lengua y rodó los ojos. Ijichi no dejaría a Shoko por nada del mundo, así que tendría que seguir siendo explotado de ambos bandos.
De pronto, revoloteando sobre el río, una garza decidió que era buena idea descansar en el balcón del restaurante. Gojo sonrió felizmente al ver al animal, que también le devolvió la mirada. Utahime se sintió extrañada por la cercanía del ave, juraba que ahora la estaba observando a ella, con un detenimiento inusual. El dueño se acercó a la mesa para dejar los platos que habían solicitado. Gojo asomó un poco la cabeza hacía el exterior, parecía que buscaba algo.
—Es de buena suerte. De vez en cuando viene, pero no se acerca con todos. Traen buena fortuna y bendiciones —les dijo el anciano.
Utahime siguió mirando curiosa a la garza, que estaba casi sobre el borde agarrada con sus dos patas flacas, el pico de color amarillo estaba a un estirón de robarle la comida.
—Para una pareja joven como ustedes, debe traerles armonía y felicidad conyugal —dijo la anciana desde la recepción.
—No somos esposos —le corrigió Utahime, tratando de no sonar nerviosa por el señalamiento.
—¿No? Mis disculpas por la imprudencia. Suele acercarse mucho a las parejas.
—En el budismo la garza representa la pureza, equivalente al loto. Se dice que trae buena suerte debido a su pronunciación del chino: lu, que es igual tanto para garza como para buena suerte. Además, se asocia a la longevidad y guardián del mundo espiritual.
—Correcto —asintió el señor con la cátedra de Gojo.
—¿Por qué me sigue viendo tan insistente?
—¿Qué tal que quiere poseerte para convertirte en una Sagi Musume? —dijo Satoru con aire fúnebre.
Había historias sobre el espíritu de una garza poseyendo el cuerpo de una mujer debido a un amor no correspondido, expresando estos sentimientos a través de la danza. Otra versión muy similar decía que la mujer poseída era traicionada. Existían también algunas historias donde vivía feliz con un hombre durante cierto tiempo hasta que este traiciona la promesa de no verla tejer y termina abandonándolo.
—Solo son cuentos.
—¿Tiene usted un amor no correspondido? —inquirió el dueño. Hombre, que era muy entrometido.
—Sí, Utahime ¿tienes un amor no correspondido?
—¿El melodrama es parte del menú? —dijo con mala cara. Que ganas de haberle gritado en la cara "sí, contigo".
—Lo lamento —dijo el viejo.
—No, yo lo lamento, no quería ofenderlo —se disculpó también Utahime con mucha pena.
—Espero que reciba la buena fortuna —sonrió el señor, sirviendo el té para ella.
—Gracias. Yo también.
Mientras ellos hablaban, sigilosamente la garza había llevado su largo pico a uno de los platos de Utahime, para cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde, el ave había volado con el pescado de la pelinegra. Gojo no podía parar de reír por lo sucedido, Utahime estaba bastante molesta, Satoru trató de convencerla que era el precio que debía pagar por la fortuna. El dueño se ofreció a darle otro pescado, pero Utahime le pidió que lo dejara así. El resto del desayuno pasó entre el ojiazul tratando de hacer que Uta probara sus dulces y una plática banal.
—Ahora iremos a Saori. En realidad, es ahí a donde quería ir en primer lugar. Pero desayunar pastel de castañas no creo que te hubiera encantado.
—¿Seguirás comiendo cosas dulces? —se quejó Utahime. Caminaban hombro a hombro rumbo al otro lado del río.
—Es el postre ¿ya has probado el montblanc?
—Sí, hace como un año lo probé porque Ana me invitó.
—¿Y qué tal? Es bastante famoso. Visita obligada en Kioto —puntualizó animado.
—Normal, supongo…
—Tú no eres un referente confiable —se quejó poniendo una cara larga.
—¡Entonces no me preguntes!
Saori estaba a unas cuantas cuadras más adelante, no les llevó mucho tiempo llegar hasta el lugar. Era un sitio también pequeño, con un aspecto muy gourmet. Gojo estaba como pez en el agua, no vio el menú porque ya sabía perfectamente que iba a pedir. Estuvo entretenido observando todo el proceso de preparación del postre. Tarareaba contento, un poco ansioso por ya tener la comida en sus manos. Cuando al fin la montaña de merengue crujiente y crema de castañas estuvo lista, tomó felizmente una fotografía y salieron del local.
—Caminemos por el río, es un día agradable —sugirió Gojo, llevándose una cucharada de su postre a la boca.
¿En qué estaba pensando? ¿No tenía algo mejor que hacer? ¿Hasta cuándo se iba a quedar? Estaba actuando tan despreocupado que Utahime prefirió de momento seguirle la corriente para no atiborrarse la cabeza con pensamientos para los que no encontraba respuesta, además, no era lugar para hablar de lo que había pasado.
Tenía razón, el clima era muy agradable esa mañana. No hacía mucho frío, el viento soplaba ameno. El cielo estaba completamente despejado permitiendo que los rayos del sol se sintieran muy cálidos sobre la piel.
Gojo no paraba de parlotear, hablaba sobre cualquier cosa que pudiera. Desde los lugares de Kioto que estaban en su lista por visitar, hasta las referencias históricas del río kamo, por el que iban. Comentó más de Kagoshima, incluso preguntó acerca de la misión en Aomori. Sobre los alumnos y como estaban adquiriendo experiencia. Preguntó por Kei y si había seguido usando el ritual sin límites. Volvió a burlarse por lo de la garza, Utahime le contó sobre el sagi mai: la danza que tiene como símbolo a la garza y que viene originada de un ritual exorcista de antes del año 1500. Ella también le contó sobre otros bailes similares, algunos los conocía en práctica y otros solo en teoría —como el sagi mai, bailado usualmente por hombres—, mucho dependía de la región, obviamente estaba más familiarizada con los de Kanto.
—¿No crees que ya caminamos demasiado? —preguntó Utahime, al darse cuenta de que ya habían llegado hasta la altura del museo Koryo.
—Sí, eso parece —Gojo miró hacia atrás, obvio no se veía dónde habían empezado. Llevaban poco más de hora y media de camino—. ¿Vamos al santuario Kamigamo? Serían diez minutos más.
—¿En serio quieres toparte con los Kamo? —dijo con sorpresa ante la sugerencia.
—¿Tiene algo de malo?
—No, pero…
—Si agradecemos la bendición de la garza en Kamigamo ¿crees qué eso la convierta en un Zapdos? —inquirió de manera singular.
—¿En un qué?
—Zapdos… —repitió como si fuera una obviedad su señalamiento.
—¿Estás hablando de Pokémon?
—¡Correcto!
—Eres un niño —sopesó ante su aberrante opinión.
La conjetura de Gojo era que, si agradecías al señor del trueno, eso tendría que convertir al animal en un ave eléctrica. Obviamente Satoru sabía que las cosas no funcionaban así, pero le gustaba lanzar ideas muy bizarras.
—Estaba pensando que deberíamos preparar sukiyaki nabe para comer ¿qué te parece?
—¿Preparar sukiyaki? ¿Te refieres en mi casa?
—Sí.
En serio, ¿cuándo pensaba irse?
—Pero no tengo una olla para hacerlo.
—Compraremos una de vuelta. ¿Sabes prepararlo?
—No creo que sea difícil…
—Busquemos un blog de recetas.
Algo estaba muy, muy raro en él.
Kioto estaba dividido entre dos grandes familias: los Ze'nin y los Kamo. Los Ze'nin habían perdido mucho poder a consecuencia de las batallas del pasado. Los Kamo, por otro lado, habían mantenido a Noritoshi como su líder. Yuuji se negó a recibir el nombramiento, aun si pudiera utilizar la manipulación sanguínea, técnica hereditaria de la familia. El chico pelirosa estaba feliz manteniendo el apellido Itadori.
Los Gojo (en Tokio) se mantuvieron prácticamente igual a como estaban, solo que, Satoru pasó a ser una persona con buenas relaciones entre los cabecillas de ambos clanes. Por supuesto que había quienes lo seguían repudiando por su forma de hacer las cosas, confabulando en secreto, sin embargo, debían callarse y obedecer el mandato de no enemistades.
En cuanto llegaron a la capilla de adoración, donde estaban los tatezuna —montículos de tierra en forma de pirámide cónica—, uno de los monjes se acercó de inmediato a Gojo y le ofreció una respetuosa reverencia. Como era de esperarse, Satoru no respondió, el hombre inclinó la cabeza para Utahime, la conocía debido a que había sido profesora de Noritoshi.
—Que no nos molesten —ordenó Satoru con voz firme y autoritaria. No era el tono de juego que había estado empleando con ella desde que salieron de Saori.
Gojo dio un paso y anunció su abrumadora presencia en la montaña con su enorme energía que parecía aplastar hasta un gigante. Utahime tuvo una emoción incómoda en su pecho. Era el mismo Gojo, que minutos atrás, estaba hablando de Pokémon. Al llegar al templo Hashimoto, antes de cruzar el puente, él volvió a manifestar su aura relajada.
Sin duda, la visita de Gojo llegaría hasta los oídos de Noritoshi, y por supuesto que antes de preguntarle al peliblanco, él cuestionaría a Utahime de sus motivos para estar ahí. ¿Qué le iba a decir para que no sonara ridículo? Solo iban, porque al parecer no tenía nada mejor que hacer y quería agradecer la buena fortuna de un ave. ¿Qué hacía con él? ¿Por qué iba de civil? En primer lugar ¿tenía que excusarse del motivo de estarlo acompañando?
Ni siquiera sabía si Kamo le preguntaría o se interesaría, así que no tenía caso sacar conclusiones.
—Me recuerda a la última vez que fui a la villa del clan Gojo —se quejó Satoru haciendo un puchero de disgusto.
Siguieron avanzando hasta llegar al temizuya para hacer el ritual de purificación. Utahime lo hizo primero, con bastante gracia y maestría, se notaba que era una práctica común para ella. Gojo continuó, menos prolijo y más arrabalero.
Pasaron al Haiden, donde ofrecerían sus plegarias. Había una fila de unas seis personas delante de ellos. Utahime reparó en las doncellas que veían fijamente a Satoru en la distancia.
—Pareces desanimada ¿qué te pasa?
—Estoy cansada, tengo resaca…
—Pide por un cuerpo más resistente.
—Solo a ti se te ocurre caminar por dos horas.
—Es culpa de la garza.
—Deja de hablar de esa estúpida garza.
—No te enojes solo porque te robó el desayuno.
—¡No estoy enojada! —alzó la voz. La gente de alrededor volteó a verla. Uta se disculpó por gritar.
—No se convertirá en un Zapdos si sigues así.
—Nunca dije que quería…
Ambos oraron por aproximadamente un minuto, Utahime más que Gojo. Había mucho que agradecer y mucho que pedir. Satoru terminó sonriente y ella más calmada, le gustaba el ambiente que los santuarios le transmitían, de haber estado sola se hubiera podido relajar más.
Al bajar por las escaleras del Haiden, Iori escuchó su celular dentro de su bolso: era el director Gakuganji quien le llamaba. Terminó de bajar deprisa y atendió el teléfono de inmediato, Gojo se quedó detrás ella bastante atento.
—Buenas tardes, director.
"Utahime, ¿no estás en la escuela todavía? Estaba tratando de localizarte".
—Lo lamento mucho, debía estar ahí, pero… Tuve un inconveniente.
Gojo arqueó una ceja ¿se refería a él como el inconveniente?
"Quiero pedirte un favor. ¿Podrías reunirte con Ichinose Raku? Él ya está esperando".
—¿Ahora mismo? Sí, claro —respondió sin mucho ánimo—. ¿Podría darme la dirección donde veré a Ichinose–san? La anotaré. Dígale que voy en ca…
Gojo no le había permitido terminar la llamada con Gakuganji, el ojiazul le arrebató el teléfono, Utahime intentó quitárselo en vano, pero era imposible tomarlo.
—Es importante —le susurró para que no se diera cuenta el director.
Nada de eso le interesaba. Puso la mano en el rostro de Utahime, para evitar que se acercara.
—Viejo, manda a alguien más de tu recadero. Utahime está ocupada.
Justo lo que no quería que pasara, que él dijera que estaban juntos. Intentó nuevamente quitarle el teléfono, pero Gojo solo la apartó más.
"¿Gojo? ¿Qué haces en Kioto?".
—¿Qué? ¿No puedo venir? Como sea, Utahime estará ocupada conmigo, así que no puede ir.
"¿Sucedió algo?".
—Intentaremos cocinar sukiyaki. Si tienes alguna receta deberías compartirla.
"Gojo, esto no es un juego, Ichinose…".
—Yo tampoco estoy jugando. Consíguete a alguien más a menos de que quieras que yo vea a Raku.
"Eres muy insolente, muchacho".
—Cuídate, anciano. Adiós.
Gojo terminó la llamada y solo entonces liberó a Utahime, aunque no le devolvió el teléfono.
—¿Cómo te atreves? Vas a meterme en problemas.
—Te libré de una muy fastidiosa diplomacia. Raku es un viejito problemático.
—Ichinose–san es alguien venerable.
—No fue la impresión que me dio cuando me reuní con él la última vez.
—¡Ah! Debí pedir también por mayor paciencia.
—Hora de ir al supermercado por los ingredientes. ¿Tendrán ollas ahí?
¿Cómo podía explicarle a la Utahime de hace una semana, que pensaba lo peor de Gojo Satoru, que ahora estaba eligiendo verduras para preparar juntos sukiyaki? Era inaudito.
Aunque en la inverosimilitud de la situación, encontraba muy agradable sumergirse en la cotidianidad de una vida completamente común y corriente. Nadie, en la sección de verduras, pensaría que el hombre más fuerte del mundo estaba eligiendo puerros para un caldo.
—¿Quieres hacer el dashi desde cero o prefieres la versión instantánea? —le preguntó Utahime. En una mano tenía el polvo saborizante y en la otra las algas konbu.
—Tomémonos el tiempo y preparemos todo nosotros mismos.
—Konbu será —echó el paquete de algas al cesto—. Iré por el katsuobushi.
—¿Tienes sake?
—¿Por quién me tomas? —dijo con un orgullo que no debería presumir, Gojo sonrió.
—No olvides el tofu.
Una vez reunidos los ingredientes, buscaron juntos la olla, que sin ella nada de lo que habían conseguido tendría sentido. Afortunadamente encontraron una de buen tamaño en el mismo supermercado. Hubo una parada más para la carne de res, que Satoru insistió en que fuera wagyu, y con eso ya estaban de vuelta en el departamento de Utahime.
—¿No es perfecto el sukiyaki para los dos? —advirtió Satoru.
—¿Por?
—Tenemos gustos totalmente diferentes, pero mezcla bien las cosas que nos gustan: sake, katsuobushi, dulce y carne.
—Aunque el resultado sigue siendo algo dulce.
—Sí, es verdad…
Utahime preparaba el caldo dashi mientras que Satoru se encargaba de lavar y cortar la verdura. La cocina era pequeña, así que de vez en cuando era inevitable terminar chocando, con mayor razón si tenías a un hombre de casi dos metros como compañero. Más de una vez los dedos de Gojo se encajaron en su cintura para moverla a un lado, no podía evitar recordar las caricias de la noche anterior. El corazón le latía con fuerza, como si quisiera salir de su pecho y correr sin detenerse.
Era la primera vez que estaban tanto tiempo juntos sin discutir demasiado. El día había sido extraño, sobre todo porque era reconfortante. Cuando lo vio esa mañana tan quitado de la pena juraría que todo se iría al carajo nuevamente, pero estaba pasando todo lo contrario. Gojo era increíblemente resiliente, no lo notaba inquieto, incómodo o molesto, simplemente estaba siendo él, solo que ahora en un ámbito más… hogareño. Estaba segura de que ella transmitía absolutamente todo lo opuesto.
El set para la comida quedó en perfecta disposición sobre el kotatsu de la sala. En la olla agregaron el dashi, sake, azúcar y salsa de soja. Utahime le advirtió que no usara demasiada azúcar, Gojo la molestó haciendo parecer que le echaría un montón, luego de ver su cara de asco se burló de ella y comenzó un debate de que tanta utilizar. Una vez hervido el caldo, Gojo comenzó a poner las verduras partiendo de los puerros y las cebolletas. Al cabo de un momento incluyeron el tofu y los hongos. Utahime trajo dos tazones con arroz, solo faltaba la carne para terminar el platillo.
—Definitivamente debo comprar un kotatsu —afirmó Gojo antes de tomar un champiñón y comerlo—. Está delicioso.
Utahime probó un poco de las verduras bañadas en huevo.
—Pues sí, quedó bastante bien —afirmó con sorpresa.
—¿Y si agregamos más azúcar?
—¡No vamos a ponerle más azúcar!
—Cielos, si fuera sake no te quejarías.
—La comida, como todo, debe tener un balance para que esté en armonía.
—¿De pronto serás filosófica respecto a la comida? —se rio.
—De alguna manera debo defenderla de tus abominaciones.
—Me ofende que digas eso ya que la preparé muy bien.
—Entonces no la arruines.
—La espontaneidad ¿recuerdas? No seas aprensiva y deja que tu paladar…—los ojos de Gojo se desviaron al azúcar— explore nuevos —tomó el contenedor— …Sabores.
Utahime puso las manos sobre la olla para evitar que Gojo fuera a verter el azúcar sobre el caldo, sin embargo, todo había sido un teatro, ya que él nunca permitió que la tapa se abriera para vaciar el contenido. Cuando el vapor hizo efecto en el dorso de Uta, quitó las manos, las agitó en el aire, se había quemado un poco.
—Defendiste el sukiyaki sin importar nada. Utahime, te tomas las cosas muy en serio.
—¡No puedo creer que me engañaras!
—Eres imprudente contigo misma cuando se trata de proteger a otros, pero eres demasiado cauta cuando se trata de ti ¿sabías eso? —Gojo puso la carne en la olla.
—Es una aseveración interesante.
—Observación de campo ¿recuerdas?
—Eres horrible…
—Poco honesta, además…
La caminata y las compras habían abierto el apetito de ambos, y por si fuera poco la comida había quedado bastante buena. No les llevó mucho tiempo terminarse todo, concordaron en que no haber traído udon para el final fue un error pensando que quedarían llenos sólo con el tofu, la verdura, el arroz y la carne.
Eran poco más de las cuatro de la tarde para cuando terminaron de comer. Utahime se preguntaba a qué hora pensaba Gojo irse, no estaban haciendo nada importante y mientras más pasaba el tiempo, más intranquila se sentía por el hecho de que no comentara absolutamente nada de lo vivido anoche.
Los platos y utensilios se acumularon sobre el fregadero, pero no tenía ganas de ponerse a lavar, miró la pila de forma desganada y suspiró. Gojo terminó de colocar los últimos tazones.
—¿Quieres que los lave? —preguntó Gojo ante el mutismo de Iori.
—No, así déjalo, lo haré mañana. No tengo ánimos.
—¿Segura?
—Gojo… —era exasperante tanta indiferencia al tema principal—. Sobre lo que pasó a…
—Veamos una película —le interrumpió de inmediato.
—¿Qué?
—Yuuji me recomendó una, dijo que estaba bastante bien. Aún es temprano.
Dicho esto, salió de la cocina y encendió la televisión.
Definitivamente no quería tocar ese tema. ¿Era por ella? ¿Era por él? No estaba molesto, eso era evidente, entonces, ¿qué lo detenía? Además, anoche había deseado su cuerpo tanto como ella se lo hizo saber, ¿por qué? ¿Por qué no quería aclarar las cosas? ¿Porque era solo un juego? ¿Se divertía viéndola ser así de miserable? ¿Estaba vengándose por tantos años que ella lo había rechazado? ¿Qué le costaba admitir que era un juego con el que solo se divertía? ¿Le confesaría que tenía una o más amantes? ¿Quería que ella se convirtiera en otra?
Ni idea de que había tratado la película, escuchaba que Gojo se reía de vez en cuando. Lejos, en la distancia, las voces de los actores se mezclaban con sus pensamientos. Sentía ganas de llorar, una parte de ella odiaba que Gojo fuera así de evasivo y por otro lado entendía que probablemente solo estaba respetando su promesa de "hacer como que nada pasa".
Si no hubiera sucedido lo de anoche, ese día habría sido un día para recordar alegremente.
—Bueno, ya me voy.
Gojo se puso de pie una vez que hubo apagado la tv terminando la película. El comentario tomó por sorpresa a Utahime, quien lo siguió hasta el genkan como si se tratase de un espectro. Iba a irse, así, sin más. Satoru se sentó al borde del corredor para ponerse los zapatos.
—¿En serio no hablaremos de lo que pasó anoche? De lo que ha pasado últimamente…
Ya no podía aguantarlo, sentía que iba a explotar por tragarse todas esas emociones que no encontraban salida. No podía creer que, otra vez, fueran a dejar los castillos en el aire.
—¿Podemos hablarlo en otro momento? —le pidió con una seriedad en su voz que parecía más ruego afligido.
—¿Por qué? ¿Por qué seguimos haciendo como si nada pasara?
—Porque no es una decisión fácil, por eso fingir es solo lo que sabemos hacer.
Obviamente al poner las cartas nuevamente sobre la mesa, lo que decidieran sería la tajada final a la relación que tenían actualmente, su juego de "más que amigos y menos que amantes" llegaría a su fin y dadas las circunstancias no estaban seguros si acabarían bien o mal.
—¿No sabes qué significo para tí?
—¿Y tú lo sabes? —le encaró enfadado tras su cuestionamiento—. Hace apenas unos meses me dijiste que no pasaría nada, que me mantuviera a raya y anoche prácticamente tuvimos sexo —reclamó aún más molesto.
—Si la idea te pareció tan horrible, entonces ¿por qué te aprovechaste? —Utahime estaba también a punto de perder los estribos.
—¿Es esa la impresión que te doy? Después de todo lo que hemos pasado: que soy un aprovechado —Gojo se levantó y miró a Utahime a los ojos.
Podría haber decidido irse anoche y dejar todo al aire, pero se había quedado ¿eso no significaba nada para ella?
—¿Por qué no lo pensaría? —dijo con ironía—. Aun con todo lo que ha ocurrido estás acostándote con otra mujer. ¡¿Acaso solo me usas para divertirte entre tiempos?! ¡¿En lo que encuentras una buena esposa que te dé al hijo que necesitas?!
El reclamo salió de su garganta con vehemencia, lo estaba diciendo así porque estaba convencida de que era la verdad.
—Estoy cansada de ti, de esto —al fin su voz se quebró.
Tal vez mucho de lo dicho no debería haberlo expresado de esa manera, pero es que… Ya no podía más.
Gojo no se esperaba que le reclamara sobre otra mujer, ¿se habría enterado que se vio con Yuri? ¿Por eso estaba tan molesta?, sin embargo ¿con que cara le estaba reclamando si la noche anterior estaba coqueteando con otro hombre?
Satoru encaró a Utahime, con las manos dentro de los bolsillos del pantalón y el semblante reflejando su total pena sobre el sentir de Utahime.
—¿Te uso para perder el tiempo? —chistó con decepción, dolía como una lanza en su corazón que ella, entre todos, pensara eso— ¿Qué hay de ti? ¿Me pediste que te hiciera el amor porque no pudiste acostarte con otro?
No era lo que quería decir para nada. Estaba molesto, triste, decepcionado. No de ella, no de él, de ambos.
Era cierto que no quería hablar del tema en ese momento, aunque sabía cuáles eran sus sentimientos, lo que le dijo a Shoko de que cada uno siguiera con su vida, ahora lo sentía más como una mentira que intentaba arduamente hacerse creer.
Quería pensarlo tranquilamente, si estaba dispuesto a entregarse junto a sus debilidades y suplicarle que no se fuera, aun si eso iba en contra de sus principios. También sabía que ella buscaba algo que él aún no estaba seguro de querer y no podía impedirle buscar esa felicidad.
Además, era obvio que Utahime ocupaba igualmente pensar en lo que quería, es decir, seguía quejándose de la cercanía, aun así, se le había insinuado una noche y luego la encontraba coqueteando con otro para después pedirle a él que le hiciera el amor. ¿Qué debía pensar al respecto?
La mano de Utahime se estampó contra su mejilla, un golpe seco y sonoro que ardía hasta el alma. Las lágrimas de la pelinegra rodaron fuera de sus ojos ante la impotencia de refutar lo dicho por él.
Todo iba a peor.
Satoru apretó la mandíbula y le dedicó la mirada más gélida que podía ofrecerle a alguien como ella.
—La próxima vez que nos veamos, aclararemos esto. Quiero que pienses detenidamente lo que me dirás y lo que quieres hacer, porque cualquiera que sea esa decisión... Será la última que tomaremos.
Explotar ahora no parecía mala opción luego de escuchar las frías y duras palabras de Gojo.
NOTAS:
Sinceramente escribir fluff no es lo mío, siento que se me da fatal, pero le eché muchas ganas a este capítulo, ojalá les haya gustado esos momentos lindos entre los dos.
Sobre el restaurante donde fueron a desayunar, lo descubrí en abril (sí desde abril está escrito este capítulo), siempre me inspiro en sitios de la vida real ya que JJK tiene muchos elementos del mundo donde vivimos. Siendo así, estaba yo paseándome con el Google Maps por Kyoto buscando un restaurante y di con este café llamado Hitokoe, las imágenes son del sitio real, si pueden échenle un vistazo ¡ES HERMOSO!
Encontrar este lugar me ayudó también a concluir un elemento dentro del fic que aun tenía pendiente, lo sentí como predestinado.
Waguri Senmon Saori es un local que también existe y sí está como a dos cuadras de Hitoke, en youtube pueden encontrar videos de como preparan el montblanc!
Según la historia de Japón, el templo Kamigamo le pertenece al clan Kamo, el santuario está dedicado a la veneración de Kamo Wake-ikazuchi, el kami de los truenos. Cuando escribí este capítulo mencionaba que Choso se había unido a los Kamo, pero luego de que Gege lo hizo cenizas yo… tuve que sacarlo de la historia, o sea, Choso no era relevante en el fic (ni siquiera había aparecido) pero era algo que mencionaba cuando hablaba del clan Kamo, pero pues el gato decidió que nuestro hermoso onii-chan fuera a visitar a San Pedro, no tuve opción.
¡No tienen idea de lo que sufrí haciendo la maldita discusión entre estos dos!
Tuvo varias ediciones porque era super difícil, es uno de esos momentos donde tus personajes quieren hacer algo y tú como autor necesitas que hagan otra cosa y entonces debes de pelear con ellos para que te obedezcan. Así que tuve que llegar a un punto medio en esta pelea, en el borrador original era mucho más fuerte, sin embargo, estoy satisfecha con el resultado final.
Muchas gracias por todo su apoyo, espero hayan disfrutado del capítulo!
