CAPÍTULO 35
—Deberías usar el traje que te regalé en tu cumpleaños.
Sugirió Utahime mientras veía a Gojo detenerse frente a su mundo de prendas de su closet.
—¿Tú crees? Pensaba ir más informal.
—La visita es para reafirmar tu postura como líder del clan. Lucir presentable es parte de la actuación.
—¿Es eso o solo quieres verme vestido con ropa tradicional? —replicó con sorna.
—Un poco de ambas…
—Lo sabía… —sonrió—. Está bien, me vestiré para la ocasión.
—Te mentiría si te dijera que no tengo un poco de nervios de enfrentarlos.
—Se pondrán pesados, eso es un hecho —Gojo salió del closet con la ropa que sugirió Utahime.
—¿Les dijiste que iríamos juntos?
—Les dije que les llevaría una sorpresa.
—Seguro que sí…
—¿Y tú qué te vas a poner? —preguntó mientras se desvestía.
Utahime solo sonrió despreocupadamente.
El clan Gojo, uno de los tres grandes clanes de la hechicería, descendientes del extinto clan Sugawara. Llevaban cientos de años en la cima del mundo de los hechiceros, con imponente poder y riquezas. En la actualidad, debido a los acontecimientos surgidos a raíz de Kenjaku y Sukuna, la familia Gojo era la más poderosa actualmente de entre las tres grandes familias. Sin mencionar, el pequeño detalle de que su actual líder se había coronado como el hombre más poderoso de todos los tiempos.
El aviso de la visita de Satoru puso en revolución toda la villa. La servidumbre se dispuso a estar el triple de atenta, así como cada guardia. Los primos de Satoru, que eran varios, no encontraban particularmente agradable sus visitas, exceptuando a sus sobrinos segundos —niños pequeños— que se emocionaban por saludar al todopoderoso líder del clan.
Más que la presencia de Satoru, era la mujer que caminaba a su lado, el principal foco de atención. Iba hermosamente vestida con un furisode en distintas tonalidades de azul, desde el más oscuro hasta el casi blanco, la parte inferior mostraba una variedad de flores en varios tonos. Un obi blanco con flores, también armado en su parte trasera con un moño bastante elegante. Los adornos en su cabello recogido eran discretos, solo pequeñas flores blancas. Era el tipo de vestimenta ceremonial que usarías en un evento importante o si quisieras presumir de tu alto estatus.
Los murmullos se acrecentaban aún más conforme entraban al recinto. Tanto él como ella avanzaron en silencio hasta donde serían recibidos por los padres del peliblanco. Estaban siendo guiados por una mujer mayor, que Satoru ya conocía de su niñez.
Entraron al haiden, no había nada, al menos no como la última vez que lo habían recibido con un banquete. Gojo tomó lugar al centro de la habitación, al frente del tokonoma que tenía un bonito arreglo floral, el kakemono a su espalda mostraba una pintura de varios crisantemos, la flor insignia de la familia Gojo.
Satoru le indicó a Utahime que tomara asiento a su lado, no más atrás, como usualmente sería costumbre. Ella acató su petición y tomó la postura seiza de forma perfecta. El peliblanco por otro lado se cruzó de piernas y brazos.
—Se van a molestar —dijo Utahime cuando vio la postura informal y relajada de Gojo.
—¿Lo dice quien sugirió venir a confrontarlos?
—Dije que dejáramos en claro nuestra postura, no hacerlos enojar.
—Es lo mismo… —chistó con fastidio.
—Bueno, no es precisamente una bienvenida agradable…
La habitación se sentía muy fría. No se molestaron en poner una mesa para el té o alguien que se ofreciera para la ceremonia. Satoru era el jefe del clan, pero por lo visto sus padres tenían mucho control dentro de la villa.
Una doncella abrió la puerta corrediza y desde el pasillo entró el padre de Satoru, seguido de su madre. No parecieron sorprendidos de la presencia de Utahime en el salón, obvio habían sido informados en cuanto ellos habían llegado al territorio del clan. La doncella preparó los cojines para los señores y una vez que ellos tomaron asiento frente a los dos más jóvenes, la muchacha salió cerrando la puerta dejándolos en privado.
Utahime se inclinó como saludo, de forma correcta y elegante. Gojo no hizo ningún movimiento. Los padres de Satoru se inclinaron solo lo suficiente.
Comenzaba la batalla.
—Deberías sentarte apropiadamente —dijo su padre para Satoru como llamada de atención.
—Me gusta más así.
—Entonces ¿esa es tu decisión? —comentó su madre con descontento.
Obviamente, no estaba conforme, como predijo Utahime. Era claro que se refería a ella como "decisión".
—Eres del clan Iori ¿cierto? —preguntó el hombre para Utahime.
—Así es, señor —respondió Utahime con mucha educación.
—Sacerdotisas. Han prestado sus servicios al clan por varias generaciones —dijo la madre de Satoru con tono que no precisaba propiamente un halago.
—Nuestras familias han trabajado juntas desde…
—No te confundas —le corrigió de inmediato la madre de Satoru—, tu clan ha apoyado al clan Gojo, pero no somos iguales.
Satoru estaba a nada de saltar para intervenir, pero su padre alzó la mano velozmente para callar a su esposa. Sabía que era mejor hacerlo él a que lo hiciera su hijo. La mujer guardó silencio.
—Te escucho —dijo el hombre para su hijo.
—Quiero que dejen de hacer lo que han estado haciendo. Lo dejé pasar porque me daba igual, pero ahora es distinto —Satoru miró a su madre—. Utahime es mi mujer, así que no voy a tolerar ninguna falta de respeto hacia ella.
Utahime sintió un hueco en el estómago, es decir, esperaba que dijera algo, pero no de forma tan directa. Le había dicho que atacaran primero, pero nunca consideró que Satoru fuera a ser tan honesto al respecto.
—Es razonable —concedió su padre pacientemente—. Eres profesora de la escuela de hechicería ¿cierto?
—Correcto. Pertenezco a la sede de Kioto.
—¿Cuándo será la boda? —preguntó su madre, en tono molesto.
—No vamos a casarnos —respondió Utahime.
—No aun —añadió Gojo.
—¿Eso será? ¿Una concubina? ¿A qué has venido entonces? —espetó su madre.
Satoru frunció el entrecejo, evidentemente molesto. Utahime apretó la falda del furisode, quería responderle, pero estaba tan enojada que sus palabras no saldrían con el respeto que debía, aunque no se lo mereciera.
—Te advertí que un bastardo no tiene garantías dentro del clan.
—Señor —intervino Utahime—. Satoru aún está pensando sí está interesado en tener un hijo.
—¿Para qué traes una mujer con la cual no piensas casarte ni tampoco tener hijos? Satoru… ¿Solo lo haces para molestarnos?
—Para que nos dejen en paz —alzó la voz duramente—. Vinimos aquí para decirles que decidiremos por cuenta propia que hacer con nuestras vidas. Así que no se metan.
—¿Tú estás de acuerdo? —el papá de Satoru volvió a dirigirse a Utahime.
—Así es, señor. Satoru y yo hablamos al respecto sobre estos temas.
—Bueno, es más de lo que nos ofreciste en el verano —suspiró su padre—. ¿Podrías darme un momento a solas con mi hijo?
—Lo que me tengas que decir dímelo aquí —se quejó el ojiazul.
Utahime le tocó el hombro y él volteó a verla, miró su sonrisa tranquila y entendió lo que estaba tratando de decir. Se conocían tan bien. Gojo no quería dejarla en manos de su madre, pero ella tenía la confianza para manejar la situación. Él asintió y Utahime se puso de pie.
—Acompáñame —le dijo la madre de Satoru.
—Señor —dijo Utahime, ofreciéndole una reverencia.
El padre de Satoru inclinó la cabeza y ambas mujeres salieron del salón.
—El clan Iori ha prestado a sus mujeres a grandes clanes desde que se creó. Nació como una rama de un buen clan, pero decidieron volverse independientes hasta lograr separarse. Nunca pudieron recuperar su renombre, es de los muy pocos clanes donde las mujeres son valoradas, claro esto es debido a que solo ellas heredan el ritual familiar. No es útil por sí mismo, están acostumbradas a servir a otros.
—Sabes mucho sobre el clan Iori.
—Conozco sobre todos los clanes que sirven a la familia Gojo, así como a sus enemigos. No te hagas el sorprendido, todo eso ya lo sabías.
—Para ser un ritual de soporte, Utahime lo ha hecho bien desde joven. No es alguien que puedas menospreciar.
—¿Eso te dices para justificarte? Sabes que es un ritual que no está a la altura de los Gojo.
Satoru apretó los puños. Cuando otros lo decían no se sentía bien.
—No, no lo está a un nivel ofensivo.
—¿La amas? —preguntó muy curioso—, porque si no es así te aconsejo que la conserves como amante y busques a alguien más.
—Preferiría arrancarme los ojos antes de hacer eso.
La mirada de Satoru ardió de coraje ante la sugerencia de su padre. Podría decirlo de cualquier persona, pero no de ella.
—No pensé que encontrarías a alguien a quien tomar en serio. Es mejor compartir tu vida por amor que por deber, eso es un hecho.
—No lo estoy haciendo por el clan.
—Aunque no lo hagas. Tus hijos seguirán llevando nuestra sangre ¿sabes qué significa eso para ellos? ¿Sabes qué implica para ella?
—Lo sé… —gruñó.
—Y mejor que nadie. Tuviste precio sobre tu cabeza antes de que siquiera pudieras decir tu nombre.
—No sé si quieres alentarme o hacer que me retracte. ¿Tú crees que no he pensado en eso?
—Haz lo que quieras, Satoru, pero confía en el clan. Por el bien de ambos —recalcó con paciencia.
—¿Por qué defiendes tanto a un clan que no te valoraba hasta que yo nací?
—Por lo mismo que sigues llevando el apellido Gojo a pesar de no cumplir con tus deberes como jefe, salvo cuando te conviene.
—Si no hubieras engendrado a un hijo con este poder, viviría de manera miserable en este lugar. Así que gracias por darme la libertad de poder escapar de ustedes.
—Queríamos que tuvieras a alguien fuerte a tu lado para que te ayudara a proteger a la familia. Si ya tomaste la decisión está bien, solo te advierto de las consecuencias.
—No creo que mi madre sea tan indulgente como tú… —Satoru se puso de pie. Ya no quería hablar del tema.
El padre de Satoru permaneció en el piso, con su porte intachable. Gojo le dio la espalda.
—Ellas cargan con pesos distintos al de nosotros. Sus exigencias son otras, pero comparten gran responsabilidad. Tu madre siempre supo cuál era su deber.
—¿Tú la amas?
—Por supuesto. Uno no hace sacrificios por quién no ama. Tú entregaste tu vida por el futuro de tus alumnos ¿no es eso amor también?
Gojo se quedó en silencio.
¿Quién de los dos terminaría sacrificándose por el otro?
—Te veré luego, padre.
Los pasos de la señora de la casa se sentían como plumas meciéndose al viento. Era tan elegante y refinada, que Utahime pudiera notarlo, aun cuando sus modales también eran finos, era seña de la alta educación que esa mujer había recibido. Caminaba delante suyo, con el porte digno, el mentón arriba lleno de orgullo y la postura de un noble.
—Aunque seas su mujer, apreciaría que caminaras dos pasos detrás de él.
—¿Disculpe?
—Es el líder del clan, debes mostrarle respeto —al fin se detuvo, en uno de los pasillos. La había llevado a un lugar donde pudieran hablar a solas.
—Creo que está confundida en la dinámica que Satoru y yo manejamos.
¿Creía que estaban en el periodo Edo o qué? Los clanes, sobre todo los de mayor estatus, seguían arrastrando costumbres bastante antiguas. El clan Gojo tenía sus orígenes desde el periodo Yayoi, cuando los primeros ujinokami comenzaron a formar el primer sistema de clanes. El Clan Haji se dividió en tres casas y de ahí nació el poderoso Clan Sugawara por el periodo Heian, quien abrió paso a lo que actualmente era el Clan Gojo. Por supuesto que iban a tener creencias muy arraigadas.
—Hagan lo que deseen fuera de aquí, pero les pido que se comporten dentro de la villa.
—¿Eso era de lo que quería hablar en privado?
—No. Quiero que hablemos sobre los hijos que le darás a Satoru.
Ella hubiera querido que fuera otra mujer, pero que Satoru la llevara a presentarla ante ellos y se pavoneara delante de todos indicaba, sin duda alguna, que Utahime Iori era especial para él.
—Usted, ¿escuchó algo de lo que le dijo su hijo?
—Satoru dice muchas estupideces —espetó con hastío—. Querida, el tiempo para una mujer es muy precioso, los hombres no pueden entenderlo. Tú sabes que vas a contrarreloj.
Cierto, Utahime lo sabía bien, ella tenía ya casi treinta y cuatro años y mientras más tiempo dejara pasar, conseguir un embarazo sería más difícil y de hacerlo podría causarle problemas. Gojo aún no sabía si quería tener los hijos de los que su madre hablaba con tanta seguridad, por eso mismo le había dado solo el límite de dos años. Pero Utahime jamás le diría eso a la madre de Satoru, sería ponerse una soga al cuello.
—Si eres tan inteligente como creo que eres, no te debería costar mucho tiempo lograrlo —volteó a verla de manera despectiva, con un semblante que rozaba la lastima. Acarició el rostro de Utahime, específicamente su cicatriz— Pese a todo, eres bonita, lo reconozco, usa eso a tu favor.
—¿Me está sugiriendo embarazarme sin el consentimiento de Satoru? —expresó incrédula. Es que los niveles de cinismo de esa mujer estaban en otro nivel. Realmente querían asegurar esa descendencia por cualquier medio.
—Sí concibes un varón, no tienes de que preocuparte, el clan se encargará de educarlo adecuadamente —dijo la madre de Satoru, tan quitada de la pena, como si insinuar que le entregara a su hijo no fuera nada.
—¿De qué habla?
—No le faltará nada y no tienes por qué hacerte cargo, ni tú ni Satoru. Al menos hasta que dejes de darle pecho. Aunque se le podría permitir a Satoru su educación, no creo que sea un buen tutor para sus primeros años.
Utahime no cabía en la incredulidad de lo que sus oídos estaban escuchando. Primero le sugería buscar un embarazo a espaldas de Satoru y encima de eso, prácticamente, entregarle ese bebé al clan.
—Por otro lado, si es una niña…, también podrías dejarla a cargo de los Gojo, aunque también llevarla con tu familia no sería malo, el ritual hereditario de los Iori es fuerte, probablemente nazca con el. Deberías entonces educarla desde pequeña en los oficios de las sacerdotisas. Claro que no dejará de ser una Gojo, así que tampoco te preocupes demasiado, tendrá nuestra entera protección, te lo prometo.
Era indignante y repulsivo lo que estaba diciéndole. ¿Cómo se atrevía a suponer y categorizar así a la familia que ni siquiera tenía? Ahora entendía a Satoru, porque estaba tan cerrado a la idea. Los grandes clanes eran crueles y despiadados, no tenía ya la menor duda, sobre todo siendo mujer. Satoru había pasado por todo eso siendo niño y encontraba increíble que la idea no le molestara a su propia madre, que al parecer había pasado por exactamente eso.
—De ninguna manera dejaría a mis hijos en manos de otras personas que no sean las mías o las de su padre —habló Utahime con dureza tanto en voz como en mirada—. Tiene una idea un poco aberrante sobre los roles que tanto mi familia como la suya dispone para la crianza de sus desentiendes.
—No es para que te molestes, solamente quiero lo mejor para ustedes, para mis nietos y el clan, por supuesto. Siendo inteligente deberías saber que te conviene tener al clan de tu lado.
—Primero tendría que arrancarme los brazos y el pecho antes de poner una mano encima a mis hijos —gruñó con rabia ante toda la sarta de estupideces que resultaba los planes de la familia Gojo.
—Bueno, sería una lástima. Aunque aún podemos encontrar a alguien más… Adecuado para mi hijo.
—Busque lo que quiera…
—Espero que comprendas, querida, la posición en la que te estás metiendo. Satoru y tú no van a romper siglos de tradiciones por ser unos caprichosos egoístas.
—¿Nosotros somos los egoístas? —respingó asombrada.
—¿Te parece poco el futuro del clan Gojo?
—¿Le parece poco lo que Satoru desea de verdad? —le reclamó con molestia.
—Te estoy ofreciendo seguridad ¿acaso crees que serás capaz de proteger a tus hijos tú sola?
—No pienso sacrificar a mi familia por el clan.
—Todos tenemos que hacer sacrificios por un bien mayor.
—Bien, porque Satoru ya pagó su cuota desde hace mucho…
—Vienes aquí, vistiendo ese furisode como si fueras alguien que no eres —la señaló, furiosa— y encima hablas tan desinteresadamente de la familia a la cual quieres pertenecer. Creía que eras más sensata que esto, pero ya veo que Satoru puede manipular perfectamente a una mujer como tú para que haga lo que él quiere.
—Él no me está manipulando —respondió demasiado enojada como para seguir pretendiendo ser educada—. No amo a Satoru por lo que representa, lo amo por quien es, aún sin el apellido Gojo en su nombre. No me interesa su clan.
—Pues debería…
—Utahime…
Y así era él: imprudente.
"Diría que soy más ingenioso que estupido" eso había dicho, pero era un poco de las dos.
Su madre inmediatamente los vio desaprobando y repudiando las acciones de su hijo. Había hablado con soberbia delante de Utahime, sin embargo, era la primera vez que su hijo llevaba una mujer ante ellos y eso significaba más de lo que a ella le gustaría.
Satoru se echó a Utahime al hombro, como si estuviera huyendo, lo cual no era estrictamente una mentira, la mayor parte del tiempo detestaba la villa con todas y cada una de sus reglas, lo hacía desde joven y eso no había cambiado en su adultez.
Utahime no entendía por qué la había cargado de esa manera, era vergonzoso, solo había llegado de sorpresa para levantarla y echársela encima.
No había escuchado toda la conversación, pero si lo indispensable: las palabras de amor de Utahime. Eso lo hizo feliz.
Dos pasos hacia adelante y medio segundo después estaban en casa. Pasaron quince minutos abrazados intentando cada uno lidiar con la frustración. Del lado de Utahime de que algo tan hermoso como lo era la familia, algo que debía nacer por amor, era relegado a una responsabilidad como objeto de uso. Satoru, por pintar escenarios pesimistas en su mente ante las palabras de su padre.
Se supone que fueron con la idea de atacar, pero los años no pasaban en vano y la experiencia ganó esta vez por sobre la tozudez de ambos.
Utahime sollozó tristemente contra el pecho de Satoru hasta quedar dormida. Lloraba por los hijos que todavía ni siquiera habían decidido tener.
La mañana siguiente despertó sola y con una nota en la mesa de noche.
"Tengo trabajo, lo lamento".
¿Quién podría soportar una vida así? Ya había pensado en eso antes.
NOTAS:
Tal vez muchos de ustedes estaban esperando un capítulo sobre navidad o año nuevo más al estilo slice of life, sin embargo, decidí no hacerlo ya que preferí invertir capítulos significativos para la trama. Debía elegir entre el cumpelaños de Gojo o estas fechas, aunque hubiera sido importante analizar el estado de Gojo referente a lo acontecido el 24 de diciembre, creo que ya exploramos eso durante el 31 de octubre.
Referente a lo mencionado sobre los orígenes del clan Gojo, esto está basado 100% en la historia de Japón. Ciertamente los Sugawara provienen del clan Haji, en la era Yayoi se iniciaron por primera vez el sistema de clanes. Por la era Heian el clan Haji se dividió y el clan de mayor importancia fue el clan Sugawara, tiempo después el clan Sugawara se dividió en 6 clanes! (Coincidencia con los 6 ojos?), entre ellos los Gojo (que en nuestro mundo real no son muy importantes como lo manejan en Jujutsu). Resalto, que el fundador del clan Haji fue el segundo hijo de la diosa Amaterasu, entonces digamos, que los Gojo, que provienen del clan Haji, serian como "primos" del emperador de Japón.
Más adelante habrá más información sobre los Fujiwara y otros clanes, entre ellos el de Utahime. Toda esta historia de los clanes está super interesante!!!
Que tengan lindo día, ojalá hayan disfrutado mucho este capítulo. Bueno, "disfrutado", porque el clan Gojo fue bastante rudo.
