CAPÍTULO 41
No estaba segura si Gojo estaba contento o no con su decisión. Sus ojos escrutaron cada rincón de aquel lugar, en su boca había una mueca, que viajaba de un lado a otro conforme caminaba.
Midió con sus largos brazos el ancho del corto pasillo del genkan, como si eso fuera una medida válida en el mundo, caminó por cada habitación, que tampoco eran tantas, abrió todas las puertas, las inspeccionó detalladamente: tanto las que eran de bisagra como las corredizas. Tomó asiento sobre el piso: el de la estancia, que era tatami, no como el de las habitaciones que eran de baldosas brillantes marmoleadas en color blanco y beige.
Incluso se metió al cuarto de baño, donde estuvo alrededor de dos minutos. Para ese punto, tanto Utahime como la agente de bienes raíces, estaban super seguras que a Satoru no le pareció un piso muy agradable.
Después de examinar la cocina, se asomó por el balcón junto a la sala, caminó a lo largo —que serían, a lo mucho, dos metros y casi un metro de ancho—. Se quedó viendo a la calle. El departamento, ubicado en el tercer piso, tenía una sombra agradable proveniente de los altos árboles de la acera.
—Su novio es muy exigente —dijo la mujer que estaba junto a Utahime. Tenía una cara nerviosa. Uta había manifestado su agrado por el lugar de inmediato, pero Gojo estaba siendo... Gojo.
—Solo deme un momento para hablar con él —se disculpó Utahime.
—Por supuesto.
Iori fue hasta el balcón, el peliblanco estaba entretenido viendo la campana de viento que estaba colgada. La campana redondeada era de cristal, tenía pintado un sol en color rojo y naranja. Pendía sobre la cuerda un badajo, al final del cordel el tansatsu blanco (veleta de papel). No tenía nada escrito, solo en la parte inferior tres libélulas.
—¿Crees que la incluyan en la casa? —preguntó sumamente curioso.
—Estás agotando mi paciencia. Solo dime si te gustó o no el sitio —refunfuñó Utahime.
—Nunca pensé que me hablarías para verlo juntos. Supuse que simplemente llegaría al lugar que decidieras.
—¿Es un fastidio elegir un departamento para... Los dos?
—La tienda de dulces en el edificio de al lado no tiene nada que ver para influenciar mi decisión de este lugar ¿verdad?
—Para nada —le sonrió con cinismo. La verdad es que cuando vio el local lo primero en que pensó fue en que a Satoru le agradaría.
—La fachada es muy occidental, pero incluso hay un tatami adentro. Es curioso.
—Sí, tal vez sea un poco raro.
—Me gusta mucho. Incluido el restaurante de anguila de la esquina.
—¿Te acomoda la ducha?
—Me sobran cinco cómodos centímetros. Hice cálculos y creo que sí podemos bañarnos juntos.
—Excelente aliciente.
—Voy a pedirle que deje la campanilla —respondió bastante animado.
—Sí te gustó desde un inicio debiste simplemente decirlo —suspiró aliviada.
—Solo... estaba un poco entusiasmado, no quería hacerlo obvio.
—¿Por qué?
—Nunca había hecho algo así, aunque prácticamente tú elegiste el lugar. No sé... es emocionante —alzó los hombros.
—Es lo mismo que cuando compraste tu departamento, tuviste que verlo antes de comprarlo ¿no?
—Sí —dijo vacilante—, pero este sitio está pensado para ambos y eso... — "me hace feliz" pensó para sí mismo.
—Es bueno que puedas tener un lugar al cual llamar hogar. No solo quiero que sea para mí, sino también tuyo.
—¿Mi ropa ya no estará en el último cajón?
—Bueno, eso ya lo veremos.
Había sido un día bastante divertido, debía admitir. El desayuno fue en un local donde la especialidad era los pancakes, había gran variedad y Gojo no pudo evitar pedir de todo un poco. Utahime fue, obviamente, más discreta en su elección. Luego pasaron a ver el departamento nuevo, que estaba por la zona. Utahime había elegido un vecindario algo concurrido pero lindo. Era un distrito grande, que abarcaba hasta el río Kamo e incluía el gran castillo Nijo a tan solo cinco minutos andando. Hacía el noreste, aproximadamente a un kilómetro y medio, estaba el Palacio Imperial Sento y los gigantescos jardines con diversos santuarios, todo el compendio se denomina como "El Jardín Nacional de Kioto", bastante popular para pasear dada su belleza natural. Había un par de escuelas cerca, así que, no era raro ver a estudiantes por la zona.
El contrato fue firmado en ese momento, según los acuerdos con el agente de bienes raíces el departamento estaría listo para mudarse en dos semanas luego de terminar algunas cuestiones de mantenimiento. Le venía perfecto, terminarían poco antes de abril, justo como lo había planeado.
...
El sonido vibrante del metal emocionó a Satoru, era divertido verla sacar el estrés agitando el bat y clavando las pelotas al fondo del jardín, que se proyectaba delante de ella sobre la lona. Gojo la observaba desde atrás, cómodamente sentado en el sillón, junto a la pantalla de comandos de la jaula de bateo.
En la mesa tenía refresco, papas a la francesa, dos pedazos de pastel de diferente sabor y una gran copa de helado. Mientras Utahime estaba al bat, él disfrutaba de sus dulces. Cada uno tenía su peculiar forma de festejar el contrato de su nuevo hogar.
No se le iba ninguna bola, Iori podía batear todo tipo de tiro. Gojo había programado la máquina para una dificultad relativamente alta y ella atajaba cada lanzamiento.
—Le quitaras el trabajo a Tonozaki —dijo Gojo, al verla acertar el cuarto home run.
—Preferiría dirigir —le respondió mientras hacía un swing.
—Manager Utahime, es usted una mandona.
—¿Te vas a quejar ahora?
—Aún sigue la oferta del juego del rol...
—Lo voy a considerar —Uta salió de la caja de bateo. Miró a Gojo con una sonrisa cínica.
—Compraré un buen traje...
—Dije que lo iba a considerar...
—Y las esposas.
—Me pregunto si te mereces mis atenciones... —farfulló, tomando asiento a su lado.
—¿Por qué no?
—Estoy un poco molesta contigo. No te lo había dicho.
—¿Qué hice? —preguntó inocentemente confundido.
—Yuri Yamazaki —lanzó el nombre.
—¿Es lo que te tenía mal? —dijo sin más, tomándole cero relevancia al nombre que acaba de salir de la boca de su novia. Sabía que si se ponía muy a la defensiva lo haría ver más culpable.
—¿Eso es lo único que tienes para decirme?
—Éramos amantes y ya no lo somos. No veo cual es el problema.
—Se vieron, después de que estuve en tu departamento el día de la final.
—Sí, salimos luego de que volví de Kagoshima.
—Dijiste que no te...
—No me acosté con ella —aclaró de inmediato.
—Pero hubo algo, aun cuando tú y yo...
—¿Necesitas saberlo? ¿A lujo de detalle? No significó nada —dijo, como insinuando la nimiedad del acto. Tomó una cucharada de helado y se la llevó a la boca.
—Debiste decírmelo —lo señaló molesta—. ¿Crees que es muy agradable que me echen en cara tus amoríos?
—Estás siendo exagerada —dijo, en su mente, el darle importancia era equivalente a implicar que significaba algo, lo cual, no era el caso.
—¿Disculpa? —replicó ofendida.
—Me he portado con bastante juicio desde que somos pareja.
—Y no estoy diciendo lo contrario. Pero si alguien viene de pronto a decirme que se enrolló contigo...Yo...
—¿Esto es una escena de celos? —dijo con una alegría que no debería estar presente. Hizo a un lado el pastel y miró atento a Utahime.
—¿Crees qué estoy celosa? —se jactó Utahime con una mueca de disgusto. Tal vez sí, un poco, antes muerta que admitirlo.
—Bastante —sonrió con suficiencia.
—Estoy molesta, no celosa —Utahime le devolvió el gesto, solo que con mucha ironía.
—Acabas de firmar el contrato de un piso, que vamos a compartir como dos melosos enamorados. ¿Cómo puedes hacerme esta clase de reclamos?
—No te estaría reclamando de haberlo dicho en su momento.
—Te hubieras puesto aún más pesada.
—¿Pesada? —chistó, doblando un poquito el mango del bat—. Encima me reclamaste sobre el sujeto del club cuando ni siquiera tenías derecho.
—Y sí alguien vuelve a ponerte una mano encima retorceré su cuerpo sin piedad.
—No digas tonterías. Estamos discutiendo seriamente.
—Utahime —le llamó con más seriedad. Estiró su mano y enrollo su dedo índice con el cabello negro—. Lo que pasó entre Yuri y yo quedó en el pasado. Tu eres mi mujer, la única que es capaz de afirmarlo. Ninguna otra que pueda venir a ti a fanfarronear puede decir eso. Nadie es tan especial como tú.
—Eres tan injusto...
—Es que estoy "perdidamente enamorado de ti" ¿Lo recuerdas? —dijo muy coqueto, ladeando su cabeza, con una gran sonrisa que solamente era para ella.
—Cállate. No digas esas cosas en voz alta —Uta estaba colorada, cubriéndose el rostro con las manos.
—¿No puedo decirte que te amo con locura?, pero ¿Tú sí puedes hacerme reclamos públicamente?
—Basta.
—Es tierno verte sentir celos. Tus expresiones son lindas...
Uta asomó su mirada entre los dedos, con el ceño fruncido. Miró directamente a Gojo.
—Sí me entero de que te volviste a ver con una de tus examantes, las siguientes bolas que batearé serán las tuyas.
—Me pongo romántico y me gano una amenaza —dijo, para luego volver a comer su pastel.
—Te lo advierto.
Utahime se echó el bat al hombro e ingresó de nuevo a la caja de bateo.
—Qué aterradoras son las mujeres —farfulló Satoru con la boca llena.
...
Hubo una parada en Yojiya de higashiyama, una tienda de cosméticos. Gojo pudo reconocer que del otro lado del río estaba Saori, la tienda de los montblac. Utahime le explicó que Yojiya era su marca favorita de cosméticos y necesitaba comprar algunas cosas, había elegido la tienda de higashiyama ya que, curiosamente, también tenían una línea de cafetería en ese local. Dejó a Gojo viendo los dulces en lo que ella se concentró en sus productos de skin care. Satoru miró unas cuantas cosas, pero no compró nada pese a que las dependientas alabaron su perfecta piel e hicieron un sinfín de recomendaciones. Utahime resintió como una flecha atravesando su pecho, el que Gojo no necesitara nada para lucir espléndido y radiante mientras ella compraba no sé cuántas cosas para mantener su piel en buen estado.
Fue un día pesado, todo lo que deseaba Utahime era llegar a casa, ponerse ropa más cómoda, prepararse un té y sentarse junto a Gojo en el kotatsu a ver las noticias deportivas de la tarde. No faltaba mucho para que la temporada de béisbol diera inicio.
Al cruzar la puerta el cansancio de las vueltas pareció caer sobre ella, dejó las bolsas a un lado y se quitó los zapatos deprisa. No obstante, antes de poner un pie sobre el corredor, Gojo la hizo girar hacia su dirección tomándola por los hombros. Lo miró confundida, por la acción del peliblanco.
—Dejaremos este departamento y nunca tuve mi revancha en el corredor. Aun me debes eso —siguió sujetándola mientras le hablaba de forma divertida.
—¿Te refieres a la noche que me obligaste a llevarte al bar?
—Perdiste en un juego muy justo —le aclaró.
—No sé qué tan justo fue realmente.
—¿Recuerdas qué pasó?
—Te destrocé en el karaoke.
—Cuando llegamos aquí —farfulló. Apretó su cintura, solo para darle una idea.
—Te permití ser muy íntimo esa vez. Más de lo que debería —Uta descansó sus brazos sobre los hombros de Satoru. Lo miró de forma coqueta, moviendo su cabeza para permitir que su cabello cayera con gracia hacia adelante—. Además, estoy bastante sobria. Y algo enojada.
Gojo se rio por su comentario. Estaba completamente seguro de que Utahime cumpliría su promesa de golpearlo. Debía atacar y bajar ese mal humor.
—Te recuerdo gimiendo, casi inaudible —se acercó a su cuello, no para besarla, sino para que sintiera su aliento tibio golpeando contra su pie mientras hablaba—. Resistiéndote a mí, tímida. Mi lengua sobre tus piernas, mis manos apretando tu hermoso trasero. Siempre has sido experta en provocarme.
—¿Quieres intentarlo de nuevo?
Utahime se retorció ante la seducción de su hombre. Con un demonio, era bueno.
—Ya te quitaste los zapatos.
—Me los puedo volver a poner.
Gojo besó su cuello, un simple beso que erizó la piel de Utahime poro a poro. Podrían haber ya hecho el amor innumerables veces, pero cada experiencia era como sentirse deseada por primera vez.
Utahime buscó los labios de su novio, Gojo se encorvó un poco para responder al amor que le estaban ofreciendo. Sus lenguas se entrelazaron, húmedas y salvajes. Era fácil perder el control ante el otro, porque sus cuerpos se amaban al borde de la locura.
No se percató del instante en que Gojo le desabrochó el pantalón, lo notó cuando sintió que le estorbaba sobre las rodillas. Movió las piernas ágilmente para quitárselo y patearlo lejos, en ningún instante dejó de comerle la boca a Satoru.
—¿Te has puesto esa lencería para mí?
Gojo acarició su trasero desnudo, llevaba puesta una tanga muy sexy, de bonitos cordeles blancos que salían de los costados y se unían por la parte de atrás en una única y fina línea que se perdía en su cuerpo pocos centímetros hacia abajo. Los dedos de Gojo estaban fríos y se sentían como clavos encajados sobre la calidez de la piel de la pelinegra. Estaba tan cansada que había olvidado lo que llevaba puesto y por supuesto, su finalidad.
—¿Para quién más? —le devolvió la pregunta.
Satoru sonrió complacido. Bajó hasta poner una rodilla en el piso. Tomó el tobillo izquierdo de Utahime y comenzó a besar el empeine de su pie. Iori se plantó firmemente para no perder el equilibrio, apoyándose también sobre el hombro del peliblanco.
La boca de Gojo siguió ascendiendo sobre la pierna, pausado y gentil. A la altura de la pantorrilla Utahime sintió más presión, incluso el raspar de los dientes, como si estuviera tentado a darle un buen mordisco. La otra mano de Satoru sostenía el muslo de Uta, fuerte y firme.
Cuando llegó a la rodilla alzó la vista hacia ella, quería saber que tan atenta estaba a sus movimientos.
—Esta vez, pienso llegar al final del camino ¿alguna objeción? —dijo, para inmediatamente besarle la rodilla.
—Ninguna...
Su lengua salió de entre sus labios y recorrió la piel desnuda de sus muslos, los dedos de Gojo se encajaron más intensamente. Utahime gimió sin reparo al sentir la succión de la boca de Satoru en su pierna. Iba a dejarle un gran chupetón en la cara interna del muslo. Menos mal no usaba faldas cortas tan seguido que pudieran evidenciarlo.
—Sabes, por si fuera poco, eres la única persona que existe en este mundo que puede decir que ha tenido a Gojo Satoru de rodillas dos veces.
—Afortunada...
—Es para presumir —afirmó con su cinismo característico.
Se sentía tan placentero el poder hacer aquello con total libertad, sin que alguno sintiera que hacía algo prohibido. Estaba amando a Utahime de la forma que desde hace muchísimos años quería amarla.
Utahime le puso la pierna sobre el hombro con mucho cuidado, justo como lo había pensado hacer la vez anterior. Satoru se acomodó a una altura más favorable para lo que quería hacer. Volvió a acariciarle el trasero, extasiado en recordar que aún tenía una vista posterior por disfrutar.
La punta de su lengua presionó sobre la ropa interior. Saboreó la humedad ajena en los labios. Mordió gentilmente lo que podía. Las manos de Utahime le acariciaron el cabello y el cuello. Sintió el empuje que dieron sus caderas, deseosas de sentir en carne viva aquellos labios.
Uta trató de quitarse la ropa interior, pero Gojo la detuvo al instante, él tenía otros planes en mente. Continuó estimulándola, sin tocarla directamente en su intimidad.
—Satoru...
No había más placer que su nombre entre gemidos.
La llevó frente a la pared, para que pudiera darle la espalda a él. Gojo se relamió los labios al ver el cordel adentrarse en los hermosos glúteos de Utahime. Le hizo el cabello a un lado y le lamió el cuello. Las caderas de Uta tiraron en dirección a su amante ante el estímulo, él dejó que sus cuerpos se frotaran entre ellos, para provocarse.
No pensó en su blusa, solo estaba concentrado en la preciosa imagen que representaba su mujer en esas minúsculas ropas. Volvió a poner la rodilla en el piso y besó sus glúteos más gentil y dulce de lo que ella hubiera esperado, lo hizo con uno y después pasó al otro.
Utahime tenía la frente contra la pared, mordiéndose los labios para no hacer ruido. Sin embargo, cuando sintió el tirón de Gojo sobre sus caderas y la lengua de este enredarse en el cordel de la tanga, fue imposible sofocar el gemido de placer. Gojo bajó siguiendo la línea de la ropa interior hasta encontrarse con el sexo empapado de su mujer. Nuevamente la acomodó para poder saborear todo lo que quería. Utahime jadeaba sin descanso y eso motivaba todavía más al peliblanco a insistir con su lengua.
—No puedo creer que seas tan sexy.
Hubo un sonido, que ella interpretó como el cinturón del pantalón de Gojo, chocar con el piso.
—¿Lo haremos aquí? —quiso saber la pelinegra. Su respiración chocó con la pared.
Satoru no respondió, le tomó el rostro de forma delicada, pero usó sus dedos para apretar sus mejillas y arrugarle la boca, le mordió el labio inferior. Agarró las manos de la pelinegra y le puso las palmas contra la pared, a la altura de sus ojos marrones.
Acomodó a su amante a una posición que fuera más cómoda para él. Metió su miembro entre sus piernas y frotó su hombría entre la tanga y los muslos que se apretaban alrededor suyo. Uta hizo la cadera hacia atrás para darle aún mayor comodidad, se puso de puntitas, claro que también buscando su placer. Gojo movió a un lado la ropa interior de Utahime sin quitársela, quería disfrutarla a su manera.
Lentamente la penetró.
No lo había pensado, porque él era muy cuidadoso con ello, pero al sentir el sexo de Gojo entrar en su intimidad, se dio cuenta que lo había hecho sin protección. Su corazón se aceleró de manera estrepitosa, no sólo producto de la excitación, sino de las consecuencias implícitas que podría implicar ese desliz.
—Satoru... tú...
Quería protestar, no entendía que lo había hecho tomar esa decisión impulsiva, ¿Tan provocador lo había encontrado que no podía resistirse? ¿Era todavía que no se recuperaba de esa larga abstinencia de su viaje?
Cerró los ojos, soportando el peso de las embestidas de Satoru. Lo escuchó gemir más desinhibido que nunca, todo indicaba que lo estaba gozando. Se dejó poseer ante los gimoteos del peliblanco y no dudó en acompañarlo con los propios. El calor abrasador de sus sexos se sentía más intenso que nunca. Era tan placentero que permitió pasar por alto el detalle de la protección, no importando las consecuencias que podría traer.
La misma satisfacción les hizo jugar de forma irresponsable y más salvaje. Gojo estaba haciéndola suya de manera dura, el golpeteo de sus cuerpos chocando no dejaba mentir en la fuerza que estaba usando. No estaba segura si los dedos que Gojo encajaba en su cadera dejarían moretones, estaban anclados firmemente a ella para moverla a su antojo.
Era una diferencia abismal entre encontrarse la carne al desnudo a llevar siempre ese molesto intermediario.
Fueron largos minutos en los que no paró de embestirla contra la pared. Ambos jadeaban, cansados del frenético ritmo de su encuentro. Gojo tiró del cabello de Uta, para pegarla más a él, la pelinegra se quejó gruñendo, sin embargo, aguantó su brusquedad y hasta la encontró excitante, todo por culpa de la adrenalina.
Solo le dio la vuelta cuando estaba listo para experimentar el orgasmo de ella, porque quería verla mientras llegaba al éxtasis. Le tomó una pierna para levantarla a la altura de su cadera, encajó su hombría centímetro a centímetro, asegurándose que ella pudiera tomarlo todo.
Los movimientos siguientes fueron más conscientes, tenían más el objetivo de hacerla disfrutar a ella que a él mismo. En un rincón de su cerebro, Gojo, esperaba que Utahime le pidiera que se detuviera, que fuera consciente de lo que hacían, que aquello iba en contra total de los deseos que había expresado delante suyo. Sabía lo que hacía y sabía que era descabellado.
Ninguno dijo nada.
Sin nadie para oponerse al acto, continuó, dejando a un lado ese pensamiento, absorto en las expresiones de su mujer que le indicaban absoluta plenitud.
Solo con ver sus labios jadeantes, la mirada llorosa y las mejillas rosadas, podía saber que tanto lo disfrutaba. Fue hasta ese momento que pensó que debía haberle quitado también la blusa para ver sus pechos moverse al ritmo de sus embistes. Ya era muy tarde.
Sintió vivamente las contracciones de la intimidad de Utahime y la melodía sugerente en su boca que indicaba el éxtasis de su cuerpo. Él bramó de forma ronca en su liberación, la más plena y sincera que nunca hubiera tenido. El semen se escurrió desde los adentros de Utahime, manchando sus piernas.
Ambos se miraron, apenados, cómplices del "delito" que habían cometido.
Utahime se pegó al pecho sudoroso de su amante, tomando grandes bocanadas de aire para tranquilizarse. Satoru le beso la cabeza y le regaló un abrazo afectuoso por encima del hombro.
—Lo siento. No pude controlarme... Fue totalmente mi culpa —dijo Satoru con preocupación.
—También es mi culpa, sabía lo que estabas haciendo.
—Mierda, no debí hacerlo —refunfuñó ahora molesto—. Fue irresponsable. Ni siquiera te pregunté.
—Si no lo hubiera querido, te habrías detenido. Fuimos ambos.
—Debí parar, pero no quería...
—Lo note —dijo con burla. Sentía todavía los dedos de Gojo en su cadera. Sí iban a dejar moretones.
—Puedes... ¿puedes tomar algo para...?
Utahime sintió el abrazo de Satoru más tenso. No protector, más bien con angustia. Sabía a qué se estaba refiriendo.
—Mañana temprano tomaré una píldora de emergencia. No te preocupes.
—Lamento que tengas que hacerlo.
No sería la primera vez que hiciera uso de ese recurso, uno que no le agradaba dado los efectos secundarios que provocaba. La última vez que la requirió había sido con su ex prometido, siempre había estado cuidándose con preservativo en todos sus posteriores encuentros con otros hombres.
No quería pensar en las palabras de la madre de Gojo, en cómo le había sugerido engatusarlo con sus encantos para conseguir el embarazo. Esa noche había quedado claro que era perfectamente capaz de conseguirlo si se lo proponía.
—Tenemos que ser más responsables si vamos a seguir así, no puede estar pasando. Hoy fue una excepción —dijo Gojo a modo de autoregaño.
—Sí, pienso igual.
—Utahime... —le llamó muy serio, las facciones de su rostro se endurecieron. Eso asustó a la pelinegra.
—¿Qué pasa?
Silencio. Gojo suspiró.
—Se siente demasiado bien hacerlo sin nada... —confesó frustrado ante la idea de tener que volver a usar condón luego de experimentar la delicia de poseerla al desnudo.
—Pero no podemos...
—Lo sé, un embarazo sería...
No sabía que sentir, por un lado, ella tampoco lo quería por no darle el gusto al clan Gojo, por otro lado, sentía un poco de tristeza por recordar la posición de Satoru y no saber si algún día cambiaría de parecer. Prefirió no decir nada, porque eso había prometido, ser resiliente los siguientes dos años.
—Iré a bañarme —dijo Utahime, por último. Era mejor hablar de métodos anticonceptivos después. Más fríos y con la ropa en su lugar.
—Si tu baño no fuera para gnomos te acompañaría...
—Vete a tu casa, entonces —lo regañó, recogió su ropa del piso y le aventó con el pantalón.
—Eres una gruñona...
NOTAS:
Muchas gracias por un año maravilloso dentro del fandom de JJK y GJHM!
Tengan un feliz cierre de año ¡Mis mejores vibras para todos!
¡Nos vemos de vuelta el 15 de enero 2025!
