CAPÍTULO 42
Quedaban ya pocas cajas para empacar todo lo que se llevaría al nuevo departamento. Satoru había insistido que era mejor comprar cosas nuevas y dejar otras cosas ahí. Lo último que decidió guardar fue la ropa.
Ese día en particular, Satoru había ido a echarle una mano. Las cosas en el trabajo estaban un poco ocupadas y tras varios movimientos pudo hacerse de un tiempo libre para ir a Kioto.
—Preguntaría dónde conseguiste esto, pero es más que obvio—dijo Gojo.
Levantó una caja muy bonita de madera, con perfectos patrones tallados muy característicos de la región norte de Japón. No dejó de hacer esa mueca disgustada todo el rato que observó la caja y su contenido.
—Fue un presente de agradecimiento por haber ido a Sapporo —Utahime le quitó la caja y la guardó donde correspondía.
—¿Sigues en contacto con Oki?
—De vez en cuando intercambiamos mensajes.
—No sé qué tendría que decir de interesante alguien tan aburrido como Oki Kano —se quejó el albino. Oki estaba en su lista negra.
—Hablamos del clima —se burló Utahime a propósito.
—Él sabe sobre nosotros ¿verdad?
—Dudo que a estas alturas alguien no esté enterado —dijo, irónica.
—Que le quede bien claro.
—Hasta envió felicitaciones. Parecía sincero.
—¿Sí? Lo dudo —Gojo rodó los ojos.
Utahime negó con la cabeza ante la desconfianza de su novio. Gojo era más celoso de lo que alguna vez considero que podría ser. Era hora de dar por terminada la plática sobre Oki antes de que se quejara todavía más.
Con ayuda de un banquito, Utahime estaba hurgando en lo alto del closet. Desde la cama, Gojo la miraba ponerse de puntitas para llegar más al fondo.
—¿Te ayudo?
—No. Yo puedo hacerlo —dijo, negándose entre quejidos. Era muy orgullosa como para aceptar ayuda en algo tan básico.
Cuando al fin alcanzó lo que estaba buscando, dejó caer varias cosas al piso, pero bajó del banco con unas prendas negras en la mano. Tenía una sonrisa serena en el rostro.
—¿Qué es eso? —preguntó Gojo, muy curioso.
—Es el uniforme de la preparatoria —dijo entre risas—. No recordaba haberlo guardado.
Extendió las tres prendas una por una para que Gojo pudiera apreciarlas. Una falda corta, tenía cuatro pliegues por delante y cuatro por detrás, lo cual la hacía menos ajustada de lo normal. La camisa blanca de manga larga a cinco botones, solapas redondeadas, bastante femenina. El blazer era corto, con cuello grande, estaba cerrado con dos grandes botones grabados con el símbolo de la escuela.
—Ni siquiera sé porque lo tengo —suspiró—. Voy a ponerlo en las cosas para tirar.
—¿Qué? —replicó de inmediato—. No. Espera.
—¿Qué pasa?
—¿Lo vas a tirar? —preguntó bastante decepcionado.
—Eso dije…
—Oye…
Ese uniforme. Claro que recordaba a su adorable e irascible senpai vistiendo el uniforme negro, que nada tenía que ver ahora con las prendas que usaba para trabajar. Utahime se veía preciosa, el modelo de su uniforme parecía el de alguna academia de prestigio para chicas. Gojo se deleitó observándole las piernas más veces de las que su mente podía contar.
—¿Puedo sugerir algo? —Gojo levantó la mano, como pidiendo permiso para hablar.
—Ya sé lo que vas a decir —rezongó Utahime—. No.
—Vamos, sería un total desperdicio —Gojo puso su mejor cara de cachorro. Sus hermosos ojos ayudaban bastante.
—Ni siquiera me queda. Además, huele a guardado.
—A mí no me importa.
—Gojo…
—Por favor… S–e–n–p–a–i.
Estaba condenada. Ni siquiera tenía que decir "por favor".
...
—Debo estar demente… —se regañó Utahime mientras se veía en el espejo del baño.
Gojo seguía en la habitación, sonriente y esperando de lo más feliz a poder ver a su preciosa novia. Utahime asomó la cabeza por el marco de la puerta.
—No creo que esto funcione —dijo apenada.
—Déjame verte, sal de ahí —le animó con ansias.
Se veía mejor de lo que recordaba.
Ella ni siquiera pudo sostenerle la vista, sentía mucha vergüenza. Utahime se acercó hasta él con pasos tímidos. Satoru sentado al borde de la cama se quedó mudo, analizando cada detalle de la hermosa mujer que estaba delante de él.
Nada le quedaba.
La falda estaba a unos cuatro dedos de cerrarle. Estaba más corta de lo usual, con el trasero casi a la vista. La camiseta abierta, evidenciando que sus senos eran ahora más protuberantes, era más lo que se veía que lo que cubría la prenda. No se diga del saco, totalmente abierto, no iba a cerrar por nada del mundo. Traía calcetas en color negro también, que le llegaban a la mitad de los muslos.
—Tienes suerte que tuviera quince cuando te vestías así —dijo Gojo, seco y bastante serio. Se cubrió la boca con la mano y siguió viendo a Utahime. Estaba anonadado.
—¿Ya puedo quitarme esto?
Uta trató de taparse con el blazer, pero no logró cubrirse del todo.
—Esto es más erótico de lo que imaginé —realmente se escuchaba sorprendido de su propia excitación.
—Eres un pervertido, espero que no tengas fetiches con los uniformes escolares.
—Que lastima, me deshice de mi uniforme apenas terminé la prepa.
—Eso debí hacer yo —suspiró molesta.
—Hagamos nuestro juego de rol así.
Gojo le acarició la pierna con la yema de los dedos, delicado como seda. Le apartó las manos del blazer para poder apreciar la vista de sus pechos.
Si algún día tuviera la oportunidad de regresar en el tiempo y darle una bofetada a su yo joven, sin duda, lo haría. Menudo cobarde por no haber enfrentado sus sentimientos de joven enamorado. Claro que, habría que ver, que tan paralizado se hubiera quedado cuando le hubiera metido la mano debajo de la falda por primera vez.
Una cosa era manosearse con alguien que le gustaba y otra manosearse con alguien de quien estaba enamorado.
—Hagamos una bonita historia hasta nuestra primera vez.
—¿Una historia? ¿No íbamos simplemente a hacerlo y ya?
—Hay que hacerlo divertido. Yo me encargo.
Utahime sonrió ante lo animado que parecía Gojo, podía vislumbrar la emoción por el tema. No les haría mal, hacer algo así.
—Cuéntame una buena historia —dijo Uta, mientras le acariciaba la mejilla—. ¿Cómo harás que me acueste contigo?
—Senpai, para el final del curso te haré mía.
No debería sentir esas cosas cuando Gojo la llamaba así, pero no podía evitar que su piel se erizara y el calor corriera por sus venas.
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No era de extrañarse que alzara la voz tan temprano por la mañana. Era una clase de rutina de bienvenida. Corrigiendo a todos, haciendo que vistieran correctamente el uniforme, no dejando que corrieran por los pasillos o se quedaran más de la cuenta en los casilleros cuando las clases estaban por iniciar.
Ella era la vicepresidenta del consejo estudiantil y portaba orgullosa la banda en su brazo derecho. Fruncía el entrecejo cuando los regañaba, pero también tenía la capacidad de sonreír amablemente cuando alguien necesitaba ayuda.
Utahime era super popular tanto con los chicos como con las chicas. Era hermosa y educada, pero también podía ser una desalmada regente. La ambivalencia de un rostro que no rompe ni un plato y el carácter fiero de un guerrero. Esa era la estricta vicepresidenta.
Claro que todo general necesita un rival. Este había llegado en la primavera, con el nuevo curso, acompañado de otro igual —aunque menos peor—. Su némesis, el dolor de cabeza más grande que había tenido en sus años de preparatoria.
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—Gojo, la preparatoria normal dura tres años. Entonces no nos habríamos conocido —le corrigió Utahime. Interrumpiendo su lúcida imaginación.
—Pues que sea una escuela técnica profesional, ahí son cinco años.
—Las escuelas Kosen no usan uniformes.
—Pues en esta sí —dijo malhumorado. hombre, que era todo un cuento, no había que apegarse a la realidad.
—Okey.
Utahime se rio por haberlo molestado. Se subió en él, tan cómodamente como si se tratase de algo natural estar sobre su regazo. Lo abrazó por la espalda con las piernas para sujetarse. Acarició su cabello tan suave que se resbalaba entre sus dedos como una cascada de agua.
—Cuéntame más —le susurró mientras besaba su largo cuello.
Gojo la abrazó mientras que con un suave vaivén le acariciaba la espalda.
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Táctica de cortejo número 16 en el inventario de Gojo Satoru.
La verdad era que Gojo era insistente, sus amigos tenían que darle créditos por jamás perder la esperanza. Tal vez se debía a que no comprendía que el mal genio de Utahime no era en realidad una respuesta favorable a sus estúpidos intentos por hacerle ver que se interesaba por ella.
Satoru… Satoru era de esos chicos que se habían quedado con la idea del preescolar de que si molestabas a alguien era porque, evidentemente, te gustaba. Él creía con divina ingenuidad que desafiar a Utahime siendo un rebelde haría que ella volteara a verlo para caer rendida a sus pies.
Era su intento número 67, según los cálculos de su muy querido amigo Suguru, en intentar algo con Utahime.
La táctica 16 consistía en dejar dulces en su casillero. Él sabía perfectamente que a ella no le gustaban para nada, pero el muy cabrón se acercaba convenientemente a tiempo cuando Utahime estaba por sacarlos del casillero. Lo hacía una vez por semana y siempre dejaba algo diferente.
—¿Quién sigue poniendo estos dulces aquí? En serio, estoy harta —se quejó la pelinegra. El suspiro de cansancio revoloteó las hojas de sus cuadernos.
—¡Utahime! —Gritó Satoru, saliendo de un rincón de la fila de al lado.
—¡Iori senpai! —le corrigió en automático—. ¡Tú no tienes la menor consideración por tus superiores!
—¿De nuevo tienes dulces? —preguntó muy curioso. Como si él no los hubiera puesto ahí—. Está vez son chocolates con relleno de cereza.
—¿Viste a alguien ponerlos ahí? —preguntó con sospecha, no había tardado nada en adivinar que eran esta vez.
Gojo negó, agitando la cabeza, como un perrito sacudiéndose. Debía tener más cuidado.
—Acabo de llegar.
—Cómo sea —Uta cerró el casillero con fuerza—. Te los regalo, ten.
Utahime le dio toda la caja a Gojo, porque sabía que a él sí le gustaban esa clase de dulces. No le parecía raro que todos sus presentes terminasen en manos de Satoru.
—Utahime ¿Tampoco te gustan los chocolates? Vaya... —silbó Gojo.
—Pueden ser chocolates negros o amargos —dijo, tras pensarlo un momento.
—Horribles gustos.
—¡No preguntes si vas a criticarme!
—¿No te parece cruel regalar algo que alguien dejó para tí con mucho amor?
—Es evidente que esa persona no me conoce en lo más mínimo. Seguramente es un idiota que cree que puede ganarme con detalles que no se ajustan para nada a mis gustos.
—No seas gruñona, está haciendo su mejor esfuerzo. Valora que alguien se fije en tu ceño fruncido y voz chillona.
—¿Me estás llamando amargada y gritona? —dijo, furiosa.
Las palmas de las manos de Utahime sonaron estrepitosamente sobre los casilleros, a ambos lados del cuerpo de Satoru. Cómo era mucho más bajita que él, en realidad, era algo gracioso que ella lo "acorralara" de esa forma. Si transportase la escena a un manga shoujo, debería ser Satoru quien tuviera sus brazos por su cabeza, impidiéndole que escapara. Pero Utahime era imponente, debía ser así para mantener su respeto como superior y miembro del consejo estudiantil.
Gojo pasó saliva, Utahime lo miraba con gran recelo en su mirada, sin embargo, no era eso lo que le conmocionaba al peliblanco, sino más bien, sentirla así de cerca.
—Senpai, no debería acosar así a su querido kouhai si no quiere asumir las consecuencias —replicó Gojo, sumamente coqueto.
—No…no estoy… No estoy haciendo eso —dijo totalmente apenada al ver su posición. No era el ejemplo de la vicepresidenta.
—No me importaría.
—¡Cállate!
—¿Estás libre? ¿Quieres ir a comer okonomiyaki? —preguntó Satoru, metiéndose dos chocolates en la boca.
—Sí, estoy libre. No, no quiero ir a comer contigo.
Dicho esto, Uta se puso los zapatos y salió del edificio corriendo, algo que sabia no debía hacer, pero era imperioso salir de las garras del peliblanco. Gojo se quedó en los casilleros, comiéndose los chocolates.
Nunca fallaba: Ponía un dulce que sabía que no le gustaba, él llegaba fingiendo demencia, Utahime se los regalaba, él aprovechaba para investigar algo sobre ella, la invitaba a salir y Uta siempre decía que no.
Era una bonita rutina.
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Utahime no pudo evitar reírse con ganas, se supone que debían estar haciendo el amor, pero él estaba inventando escenarios bastante bobos, muy acorde a su personalidad adolescente ficticia.
Ambos estaban tirados en la cama, viéndose frente a frente. De vez en cuando Gojo le acariciaba, con la yema de los dedos, los pechos a Utahime, pues su blusa del uniforme lo invitaba a tocarla.
—Que insoportable —terminó de reírse Utahime— ¿En serio piensas que eso funcionaría?
—Bueno, es un ganar–ganar. Yo recupero mis dulces a cambio de un poco de interacción.
—Tus formas de coquetear son bastante peculiares. ¿Por qué no intentas ser alguien responsable que no me dé problemas?
—Eso sería aburrido. Lo que te gusta de mí es mi rebeldía. Aunque lo niegues.
—¿Y en qué me beneficia que seas un rebelde?
—Te protegería de todo sin importar lo que me cueste.
—¿Este es el arco donde la escuela enemiga viene a desafiarte? ¿no es eso muy cliché?
—Y encima, te secuestran —agregó emocionado.
—Lees demasiado manga.
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El aire seco del ambiente revoloteaba alrededor, ardiendo contra la piel sudorosa de los hombres que se batían a duelo. Cada golpe era arremetido con rabia. Sin importar cuantos enviaran por él, uno tras otro iban cayendo al ritmo de sus puños.
Gojo no era un delincuente juvenil, sin embargo, se había ganado su fama a pulso. Mucha de ella por culpa de mujeres, el chico era popular inclusive con estudiantes femeninas de otras escuelas, eso no le era del agrado para otros hombres. Confiados en que era solo una cara bonita y un hablador elocuente, creyeron que podían darle una paliza: Estaban totalmente equivocados.
Pelear no era complicado para Gojo, es más, era algo que le gustaba, aunque sabía que preocupaba a Utahime cuando lo hacía, ella ocultaba esa preocupación con regaños incesantes, aunque al final del día era —junto a Shoko— quien terminaba limpiandole las heridas a él y Geto.
Esta vez, las cosas se habían salido de control. Era un acto que no podía tolerar ni perdonar. Se habían atrevido a ponerle la mano a lo más preciado para él: a su adorada senpai. Al recibir la carta de duelo, no dudó ni un segundo en ir tras ella, aun si debía enfrentar un ejército completo.
Y así lo hizo.
Peleó incesantemente hasta someter a todos y cada uno de sus enemigos, hasta poder llegar a Utahime y verla a salvo, fuera de todo peligro. Su respiración agitada no dejaba mentir en cuánto esfuerzo invirtió en su rescate. Estaba maltratado de pies a cabeza, aunque no en demasía.
—¿Estás llorando?
—¡Para empezar esto es tu culpa! —Utahime derramaba lágrimas de alegría al verlo llegar.
—Tienes razón. Lo siento mucho —concedió con sobriedad. Todos esos golpes valían la pena si ella estaba bien.
—Qué te disculpes es novedad…
—Ah, estoy tan aliviado de que no te hayan hecho nada.
Dijo como un suspiro final, toda la adrenalina que lo mantenía en pie se esfumó de una, cuando supo que Utahime estaba en buenas condiciones. Gojo tomó asiento en el piso sucio.
—Yo soy la que está aliviada que hayas salido en una pieza de esto. Eran demasiados.
Utahime se arrodilló delante de él y usando las mangas de su blazer, limpio la poca sangre que había en el rostro del peliblanco.
—Puedo ser el peor, con tal de protegerte —dijo Satoru, con un ligero rubor en sus mejillas, mismo que afortunadamente se confundía con los golpes.
—En serio, no te entiendo. Te comportas como un idiota conmigo, pero luego, tú… Haces estas cosas.
Ambos se sostuvieron la mirada, lo cual provocó más sonrojo en Gojo. Quería decirle honestamente sus sentimientos, pero no parecía el mejor sitio para confesarse. Notó las marcas rojas en los ojos de Utahime, producto de su previo llanto.
Quería abrazarla y no soltarla jamás.
—Es que eres muy fácil de molestar.
Dijo sin pensarlo. No conectaba el cerebro con la boca. O sea, sí, ese era un motivo por lo cual lo hacía, pero él más importante era debido a que era un idiota que no sabía cómo dar a entender sus propios sentimientos.
¿Qué tan difícil era simplemente decir "me gustas"? Dios, Gojo era un tonto.
—¡Espero que la próxima vez te den una paliza! —dijo Utahime, poniendo una cara bastante disgustada.
—¡La próxima vez no vendré a ayudarte!
—¡Nadie pidió tu ayuda!
Siguieron discutiendo, inclusive si salieron del lugar apoyándose uno al lado del otro. Gojo tenía la maldita habilidad de hacerla salir de sus cabales en un santiamén. Siguieron discutiendo incluso cuando Shoko, con su cara de póker, lo curaba. Discutieron todo el camino de regreso a casa de Utahime, porque Gojo podría ser un sinvergüenza, pero no estaría a gusto hasta dejarla en la puerta de su hogar y verla entrar. Siguieron discutiendo, pese a aquel abrazo lleno de alivio, afecto y gratitud antes de despedirse.
Discutieron para no gritarse la verdad.
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Cuánto adoraba el cuerpo de Utahime, cada centímetro de ella era gozo y deleite. Sentirla cerca de él era la viva sensación de adicción. Era inevitable la respuesta biológica de su cuerpo ante lo que sus sentidos captaban, menos sí podía echar a volar la imaginación tan plácidamente.
Su excitación estaba notoriamente abultada en su entrepierna, había crecido conforme se iban besando y la pelvis de su novia se pegaba a él. Meterle la mano debajo de la falda para acariciarle el trasero era muy motivante. Hizo que le subiera la pierna encima para que sus sexos pudieran tener más contacto. Gojo la apretó fuerte mientras su beso ahondaba más en profundidad. Reclamó con su lengua el dominio por la batalla del control de ese beso contra la pelinegra.
Él quería todavía más sin llegar al evento principal. Estaba sediento de lujuria y sabía que Utahime por igual. Deslizó su mano más abajo y aprovechándose de la postura, escabulló sus dedos inquietos entre la ropa interior.
Estaba mojada, lista para ser consumada. Gojo siempre sentía mucho placer cuando la descubría empapada debido a él. Introdujo su dedo índice con mucho cuidado, captando muy de cerca los gestos de éxtasis de su mujer. Estuvo agradecido de tener brazos largos que pudiera ajustarse a todo lo que quisiera hacer. Entró profundo y empezó a jugar con el ritmo en que entraba y salía. Sentía como ella quería apretar las piernas, pero le era imposible hacerlo del todo ya que su rodilla estaba sobre la cadera de Satoru.
Comenzó a gemir, justo como a él le gustaba escucharla: sin reparo ni pena. Utahime se removió en su lugar y Gojo aprovechó para hacerle un chupetón en el busto. Introdujo otro dedo mientras buscaba, como una cría hambrienta, el pezón de Utahime para mamarlo.
Dejó que ella se colocará en una posición más cómoda, quedando completamente boca arriba, las piernas abiertas y los senos al aire. Gojo siguió en su tarea, masturbándola mientras succionaba su pecho. Otro dedo más y las piernas de Utahime de apretaron fuertemente contra su mano, arqueando la espalda. Satoru mordió su pecho, desesperado por hacerla sentir aún más. Los gemidos fueron más constantes, ajustados al ritmo en que los dedos de su novio ahondaban en su cuerpo.
—Imagina la cantidad de cosas pervertidas que pudimos haber hecho con este uniforme —dijo Satoru mientras pasaba la punta de su lengua para lamerle el pezón.
—No creo que… —le costaba hablar cuando Gojo seguía masturbándola—... Hubiera podido.
—Eras muy tímida.
—Gojo… —le suplicó.
—Dime —respondió de forma juguetona. Sus labios chuparon el lóbulo de su oreja.
—Hazme el amor, por favor.
Gojo se rio discretamente, besó la mejilla de Utahime.
—Ni siquiera hemos tenido una cita —respondió con su humor retorcido. Veía a su mujer apretar los ojos y morderse los labios—. Sigamos usando la imaginación.
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Mentiría vilmente si dijera que no estaba inquieto o nervioso. Pero era lo que las parejas hacían un día como ese, pasear en vísperas de navidad mientras veían las luces de la calle y comían en algún restaurante lindo.
Tenía preparado un regalo para ella, lo había comprado con ayuda de Shoko y Geto, no porque dudara en sus gustos, más bien porque sus amigos no confiaban en su juicio. Se aseguraron de que no fuera nada extraño o estúpido. Ciertamente Gojo se lo estaba tomando muy en serio. Cuando llegó el día de ir a comprarlo ya tenía una idea de lo que quería y esperaba que los otros dos estuvieran de acuerdo en su decisión. Shoko y Geto quedaron anonadados ante los gustos de Gojo. Obvio, se trataba de su bella princesa y nada era demasiado para ella.
Usó sus mejores prendas, las que sabían que le favorecía tanto en color como en corte. Era normal que acaparara las miradas de los transeúntes y que las mujeres tuvieran sonrojos al verlo. La juventud era un regalo preciado, el aderezo perfecto a su buen porte y galantería.
Miró la hora en su reloj de la mano izquierda, todavía faltaban quince minutos para la hora acordada. Geto había sido muy, pero muy, insistente en que llegara a la hora prometida. Ambos ya venían lidiando con el carácter de Utahime en la escuela cada vez que llegaban tarde. Que lo hiciera en una cita tan importante sería imperdonable.
Olfateó sus muñecas, porque sentía las manos sudadas, quería cerciorarse de que aún olieran a la colonia que se había puesto. Se acomodó el fleco, aparentando ser natural. Dios, estaba muerto de nervios pese a que esa no era la primera vez que tenían una cita. No debió haberle hecho caso a Geto y en su lugar hubiera sido mejor llegar justo a la hora, eso tampoco sería tan malo.
Ajustó su saco, sacudiéndolo un par de veces. Sintió en el pecho el golpear de la caja que guardaba en la bolsa interior de su abrigo. Volvió a ver la hora, solo habían pasado dos minutos. Que tortura. Golpeteó impaciente el asfalto con el pie.
—Hola…
Automáticamente su cuerpo entró en modo de alerta. Detuvo el movimiento del pie y se giró a su espalda para poder encarar a la dueña de esa melodiosa voz: su novia.
—Tenía que haberme esforzado más —susurró Gojo al ver lo increíblemente bella que lucía Utahime.
Llevaba una falda larga, hasta la pantorrilla, de cuadros rosa palo, lavanda y beige, botas de tacón grueso rosas en el mismo tono de la falda, le llegaban a los tobillos. Traía un suéter color claro de cuello alto, hecho de lana con un patrón de tejido sencillo y bonito. Su cabello estaba sujeto completamente salvo unos mechones delante de sus orejas, iba, además, adornado con un moño rosa.
—¿Qué pasa? —preguntó Utahime al no recibir saludo.
—No te vi llegar.
—Tuve que tomar otro camino.
—Hay mucha gente ¿cierto? —dijo Gojo, en un intento por guardar las apariencias. No quería que notara que su belleza lo había puesto tímido.
—Sí, creo que sí. Nunca había venido, así que…
—¿Nunca viniste con otro novio? —a Gojo le pareció sorprendente que no lo hubiera hecho.
—Nunca tuve un novio en estas fechas…
—Me alegro —sonrió complacido—. Tú primera vez será conmigo.
Notó el rubor en Utahime y luego él volvió a sentir las manos sudorosas. La cara poco a poco comenzó a arder desde los pómulos hasta las orejas.
—¡Me refiero a pasear en navidad, las luces y eso! —gritó con pena.
Utahime comenzó a reírse, absolutamente divertida por la evidente timidez de Gojo. Nunca hubiera pensado que alguien tan osado como él pudiera volverse alguien tan lindo y torpe. Ese era un lado que nadie conocía de Gojo, ni siquiera él mismo. Era algo nuevo que apenas iba descubriendo al lado de Utahime.
—Vayamos a ver las luces.
Tomó su mano, una mano grande y varonil, pero muy cálida. Esa mano que a veces era usada para darle una lección a los demás bravucones, así como para secar las lágrimas de una senpai descompuesta. Gojo era un dolor de cabeza, pero también un sueño.
Toda la belleza escondida en la rebeldía de Gojo parecía brillar esa noche en particular. Sonreía desde el corazón y sus ojos tan hermosos parecían resplandecer cien veces más con las luces blancas de los árboles. Fue feliz. Tan feliz como si la víspera de navidad hubiera sido hecha para que él la gozara muy plenamente. Ese día, el 24 de diciembre, estaba siendo un día que jamás olvidaría por el resto de su vida. El caminar de la mano junto a la chica de sus sueños, lleno de paz y felicidad. Solo pensando en lo hermosa que Utahime se vería usando el collar que había elegido para ella.
Una noche para recordar con alegría, sin importar que, en algún otro universo, esa noche fuera la última para otro Gojo Satoru. Ese día, esa noche, en esa vida, estaba disfrutando del amor juvenil en todo su esplendor.
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—Este año iremos a pasear en nochebuena ¿Te parece bien? Compraremos un pastel de fresas, uno grande.
Utahime preguntó con su voz un poco melancólica. Sentía un nudo en la garganta pues no dimensionaba por completo lo que implicaban las palabras de Satoru. Podría ser un tonto juego, pero… había algo que la hacía sentir triste.
—Estamos haciendo planes para fin de año, eso quiere decir que todavía planeas estar conmigo —dijo con sorpresa.
—¿No debería?
—Entra en el tiempo del acuerdo.
—Lamento que no hubiéramos hecho nada el año pasado.
—Fue lo mejor. No… no estaba muy de ánimo.
—Llevemos flores para Geto también, ahora que está en la escuela.
Gojo abrió los ojos, sorprendido por la propuesta de Utahime. No muchos veían bien a Suguru, porque fue alguien que les hizo mucho daño. Era mal visto que tuvieran compasión por un asesino. Claro que, Utahime, sabía cuán importante era ese hombre para Satoru, sin importar lo que haya sido. Después de todo, fue él mismo quien acabó con la vida de su mejor amigo. Si llevar flores y llorarle contribuía a la salud mental y emocional del hombre al que amaba, estaba dispuesta a hacerlo, aunque ella personalmente no perdonara las acciones de Geto en vida.
—Lo apreciaría —susurró Satoru.
El ojiazul cerró los ojos, como para tomarse un pequeño descanso mental y así poder reanudar sus fantasías.
—Por cosas como estas es que te entregué mi virginidad —dijo Gojo, abrazando a Utahime de forma afectuosa.
—No creo que hayas sido virgen hasta los treinta.
—En nuestra fantasía —le aclaró, usando una voz suave. Transportándose nuevamente a ese mundo.
—¿Y será la mía también? —Utahime lo abrazo igualmente, cálida y protectora.
—Solo si tú quieres.
—Me encantaría.
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—Senpai, por favor, cuida de mí.
Gojo hizo una reverencia ante una Utahime bastante apenada. Sabía que ella valoraba mucho el respeto, entonces, él consideró apropiado hacerle saber que lo que habían planeado no era solo la calentura de un adolescente.
Idearon todo meticulosamente, porque deseaban que fuera especial y, sobre todo, hecho de forma responsable, no en un arranque presos del deseo. En otros momentos, ambos, habían dado indicios de querer llevar su acercamiento al siguiente nivel, así que decidieron hablarlo para organizar un momento adecuado. Tal vez era un poco anticlimático, pero Utahime lo prefería así.
A base de mentiras pudieron darse una escapada a un sitio decente, donde podrían pasar la noche sin levantar sospechas.
Ambos estaban nerviosos, porque sabían a lo que irían y que saldrían de ahí habiendo dado un paso a la adultez y un mayor compromiso como novios. Era la primera vez de ambos y estaban muertos de los nervios.
No empezaron inmediatamente, primero inspeccionaron la habitación e intercambiaron comentarios, hablaron de cosas triviales y de cómo habían conseguido salir sin levantar sospechas, Utahime al ser un poco más mayor no tuvo tantos problemas, Gojo era rebelde, así que no fue extraño para sus padres que pasara la noche fuera.
La conversación se fue tornando más íntima, sobre ellos, lo que querían, lo que buscaban de la vida, sobre sus sentimientos, de cómo se sentían el uno con el otro, del agradecimiento y el apoyo en momentos difíciles.
Un beso tierno fue llevando a otro.
Y ahí, en la intimidad de esa habitación, sin ningún otro ser que pudiera decirles "no lo hagan, aún son muy jóvenes", su amor tuvo rienda suelta.
Si algo estuvo presente fue la torpeza. más eso no impidió que se entregaran con devoción. Las manos temblorosas de Gojo, esas qué por lo general eran firmes y sólidas rocas en las peleas, temblaron mientras desnudaba el bello cuerpo de su novia. Incluso con solo bajar un tirante de su blusa, pensaba que era tan abrumador como darse de golpes de lleno contra un jefe final.
Notó también los nervios de Utahime sobre su piel, la timidez con la que sus manos acariciaba su cuerpo, evitando zonas más comprometedoras. Cuando ella le quitó la camisa y expuso su torso desnudo, tuvo que tomar aire profundamente para calmar sus nervios. Los dedos finos de Iori le acariciaron la piel y él no pudo más que entregarse al deleite del sentido del tacto, en cómo cada poro de su cuerpo hacía que la piel se le pusiera de gallina. El corazón le latía a mil por hora.
No fue distinto cuando ella estuvo sobre la cama, desnuda y jadeante. Él tuvo que quitarse el resto de la ropa, porque ella no se atrevía a ser la que lo exhibiera sin nada puesto.
Cuando se colocó encima de ella, se vieron directamente a los ojos, ambos ruborizados llenos de vergüenza, pero sintiendo en sus corazones la entrega y el amor que el otro expresaba.
Utahime tomó con sus dos manos el rostro de Gojo y lo acercó a ella para poder besarlo. Sus piernas dieron el permiso para que él pudiera consumar esa inexperta muestra de amor.
Fue torpe, claro que sí, también doloroso. Quien haya dicho que la primera vez era todo un sueño, era un mentiroso. Aun así, ambos eran dichosos en su mutua inexperiencia.
Gojo fue sumamente cuidadoso y dulce, siempre asegurándose que lo que sea que fuera a hacer, no la lastimara o la incomodara. Dolió más al principio, pero luego de un rato las sensaciones fueron mejores, más placenteras.
No fue un encuentro de horas, habían sido minutos, pero que se sintieron eternos en la entrega de la inocencia y el descubrimiento de la sensualidad de sus cuerpos.
Había sido torpe y dolorosa, pero también paciente y llena de amor, que era lo único que importaba.
Ambos se habían sentido amados y correspondidos, un acto que nacía de la lujuria, pero que se guiaba por el respeto, la entrega y el amor.
Pese a todo, había sido perfecto, solo por el simple hecho de haberlo realizado con la persona que más amaba.
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Al igual que en su fantasía, solo que, con mucha más experiencia, Gojo estaba haciéndole el amor. Tal cual advirtió, le habían dejado puesto el uniforme, solo le había quitado la ropa interior, a diferencia de él, quien se había desvestido.
Quiso hacerlo de la misma manera tierna y dulce que su ficticio e inocente Gojo estaría experimentando al hacerlo por vez primera. No era para nada la rutina extenuante que solían tener. Esas batallas por el dominio o la impetuosa necesidad de entregarse locamente.
Solo estaba el pequeño detalle de que ahora podía hacerlo sin preservativo, Utahime había empezado a tomar píldoras, y él estaba agradecido que le permitiera explorar el calor de sus adentros de manera natural.
Ya la conocía perfectamente, sabía cómo le gustaba a ella que él se moviera para hacerla explotar, sin embargo, tendría que aguantarse y seguir el ritmo de "su primera vez".
Gojo agregó unos cuantos besos de más sobre el cuello de Utahime, haciéndola buscar presurosa el roce de sus cuerpos.
—Senpai, no seas ansiosa —dijo Gojo, de manera juguetona.
—Eres un fastidio…
—Tal vez —le sonrió con sorna—. Y aun así aquí estás.
—¿Así hubiera sido? Nuestra primera vez.
—No, hubiera sido un desastre seguramente.
—Sí —se rio.
Fue una manifestación de amor inusual entre los dos, no por ello menos significativa. Fue el sexo más inocente que hubieran tenido, con caricias suaves y tranquilas. Con embistes pausados y cuidadosos. A Gojo le hubiera gustado que su primera vez hubiera sido así de linda, así de especial. Siempre pensó que, si hubiera tenido un encuentro sexual con Utahime en aquellos años, más que erótico, hubiera sido tierno.
—¿Te hubiera gustado experimentar una vida normal? —le preguntó Utahime.
Gojo estaba entre sus senos, descansando cual bebé. Su vista se perdió en un mundo que no era su realidad.
—Supongo que hay un Gojo Satoru, en otro universo, que vive una vida tranquila, siendo mantenido por una mujer con dinero, que le cumple sus caprichos.
—¿Esa es tu forma ideal de vivir?
—Es una de las posibilidades. Tú eres la mujer con dinero ¿Ok? Asegúrate que otras versiones tuyas sean ricas.
—Nunca te hubiera hecho caso en la prepa, por cierto.
—Vamos, sabes que sí.
—Yo tengo una versión diferente de cómo sería.
—Cuéntame, así tendremos otra primera vez.
—Hasta que termines la preparatoria.
—Senpai, ¿al menos me dejará meterle la mano debajo de la falda?
—¡Claro que no!
NOTAS:
¡VOLVÍ!
Luego de poco más de un mes estoy de vuelta. Espero hayan tenido un lindo fin de año y buen inicio de este.
Cuando estaba haciendo este capítulo estaba entre hacerlo todo en presente y que Gojo narrara (en dialogo) lo que pensaba que podría suceder en su juego de rol o hacerlo todo a modo de un capítulo totalmente enfocado solo en la fantasía de Gojo. Pero me dije: "Oye ¿no sería genial hacerlo tipo *dramatización* así com en los shows que recrean los hechos?" Entonces empecé a jugar con este formato y me pareció bastante divertido. Amé hacerlo, ojalá hubiera podido incluir muchos más momentos.
Continuaré con las actualizaciones los días 5, 15 y 25 del mes!
Como predije, estas vacaciones fueron poco productivas para el fic, solo escribí dos capítulos y medio, pero avance en todo el cronograma de aquí al final. Si todo va como está planeado, terminaremos el fic alrededor del capítulo 60.
¡Gracias por su paciencia y por las 12mil visitas al fic!
