Capítulo 29. El comedor de gala.
Eran las seis y media de la tarde de aquel décimo tercer día de abril, durante las vacaciones escolares de Pascua cuando Scorpius y Rose llegaron en un discreto traslador a Wiltshire, apareciéndose frente a la imponente gran verja de hierro forjado que daba entrada a la mansión Malfoy.
Ambos tenían una cena importante en la casa solariega de los Malfoy, ya que Scorpius iba a presentar formalmente a Rose a sus padres y a su abuela, y aunque la familia del chico no había puesto objeciones a su relación (con alguna pequeña excepción ya superada), ambos estaban nerviosos, como era normal en una situación así. Rose iba elegantemente vestida con un vestido midi azul con vuelos y tirantes, cubiertos por una chaquetilla blanca de manga larga. Se había atrevido a ponerse unos tacones blancos que elevaban su altura unos centímetros, con un bolso a juego también. Su pelo lucía suelto, cayendo sus bucles castaños sobre sus hombros. Scorpius vestía un traje negro de corte mágico, bastante sobrio pero elegante, acorde a la ocasión.
Conocer a los Malfoy hacía que Rose sintiera un nudo en el estómago. No es que nunca hubiera tratado con Astoria y con Draco, ya habían cruzado algunas palabras otras veces, breves y cordiales, pero hasta ahí. Sentarse a la mesa con ellos era algo que le ponía muy nerviosa. No por los prejuicios que los Malfoy pudieran tener, sino porque sabía por su novio que en su casa los modales y la etiqueta eran muy importantes a la hora de comer y cenar, y temía errar frente a la familia de su novio y quedar en ridículo. Scorpius detectó inmediatamente los sentimientos de su novia y, antes de pasar a los terrenos florecidos de la mansión, se giró hacia su chica.
- Tranquila Rose, estaré a tu lado en todo momento – dijo tiernamente el rubio dándole un beso en los labios.
- Gracias, Scor – agradeció la castaña – no quiero decepcionar a tus padres.
- Eso no pasará – dijo él con seguridad – eres la chica mas impresionante que jamás conocerán.
Ambos se abrazaron un momento antes de que el rubio se separase a abrir la verja. Con un siempre roce de su mano, las puertas se abrieron de par en par. Scorpius tendió la mano a Rose y ambos entraron caminando por el sendero. Rose se quedó fascinada con la belleza de la construcción. No era la tétrica y oscura mansión que su padre le había contado, sino un hermoso palacio rodeado de uno de los más bonitos jardines que había visto. Se sorprendió de ver a los pavos reales albinos caminando libremente por el jardín, ululando al sol de la tarde.
Uno de los elfos doméstico de la mansión los recibió en el vestíbulo y los condujo hasta el salón verde, donde les esperaban los padres y la abuela de Scorpius. Scorpius había descrito muchas veces algunas de las estancias de su gran casa, dichas descripciones se quedaban cortas en opinión de Rose. Por un momento se imaginó a su novio de pequeño, corriendo por aquellos pasillos y jugando entre tantas obras de arte, y eso le hizo sacar una tímida sonrisa que amainó su nerviosismo.
Siguieron al elfo hasta llegar hasta una gran puerta de roble de dos hojas y les indicó que esperaran. Tal y como mandaba el protocolo, el elfo llamó a la puerta y entró, seguido de Scorpius y Rose, anunciando la visita.
- El amo Scorpius y la señorita Weasley, nobles amos – anunció con voz firme el elfo con una reverencia, y se marchó cerrando las puertas.
En el centro del salón, enfrente de ellos, estaba el matrimonio Malfoy y la abuela de Scorpius, Narcisa, de pie, como si estuvieran posando para un cuadro. Draco estaba hierático, con su pelo prolíficamente peinado y vestía una sobria pero elegante túnica de terciopelo negro con botones y pequeñas bordaduras plateadas, un pantalón negro y unos elegantes zapatos de vestir negros. Astoria, con una postura más natural y sonriendo, llevaba su pelo en un elegante recogido detrás del cuello y vestía un bonito vestido blanco con falda hasta los tobillos y un chal de seda le cubría los hombros. Llevaba un costoso conjunto de collar y pendientes de oro blanco y brillantes. Narcisa permanecía seria y altiva vestía un vestido de manga larga y encajes verde botella, y su pelo rubio canoso lo llevaba recogido en un elegante moño. Lucía un lujoso collar de esmeraldas con unos pendientes a juego. No parecía muy contenta y Rose sabía por qué.
Caminaron hasta acercarse a la familia y tras un pequeño e incómodo momento de silencio, Scorpius tomó la iniciativa y presentó a Rose a su familia.
- Padre, madre, abuela, aunque ya la conocéis, me gustaría presentaros oficialmente a Rose Weasley – dijo el joven rubio con valentía – mi novia.
- Bienvenida a nuestro hogar, Rose – dijo Astoria sonriéndoles – Draco y yo estábamos deseando conocerte en persona.
- Para mí también Señora Malfoy – dijo Rose – es un placer estar aquí.
- Por favor, llámame Astoria – dijo la madre de Scorpius – en este salón hay dos señoras Malfoy, evitaremos confusiones innecesarias – bromeó la mujer.
- Reitero lo dicho por mi esposa – expresó Draco arrastrando sus palabras y dijo con solemnidad – la hospitalidad de la mansión es tuya.
- Gracias, señor Malfoy, es un palacio magnífico – dijo Rose – seguro que lleno de historia y arte.
- Es un placer conocerla señora Malfoy – dijo Rose algo nerviosa dirigiéndose hacia la abuela de Scorpius quien la miraba con algo de desdén.
- Así que tú eres la chica que ha engatusado a mi nieto – dijo Narcisa con aires de superioridad, tensando la atmosfera – espero que seas digna este alto honor.
- Lo es, abuela – dijo Scorpius con firmeza enfrentando a su abuela.
Antes de que la tensión siguiera subiendo, un elfo domestico entró en la sala y anunció que la cena estaba lista en el Comedor. Scorpius sabía que eso era cosa de su abuela. Estaba seguro de que estaba poniendo a prueba a su novia, esperando a que cometiera el más mínimo fallo para espantarla y que eligiera a alguien más digno (según ella, claro).
Su abuela encabezó la marcha hacia el gran comedor por los pasillos. Astoria se cogió del brazo a Rose y empezaron una agradable conversación seguidos de padre e hijo.
- ¿De qué crees que hablarán? – pensó Draco en voz alta haciendo sonreír a su hijo – al menos se ha ganado una aliada en la mesa.
- ¿El comedor de gala? – preguntó Scorpius algo molesto – solo somos cinco, ¿no estaríamos más cómodos en el de diario?
- Cosa de tu abuela – dijo Draco – puso como condición para asistir organizar ella la cena.
- Lo suponía – dijo el joven algo resignado – bueno, al menos está aquí conociéndola.
- Estoy seguro de que superará con creces las pruebas que tu abuela le ponga – dijo Draco optimista – solo espero que los genes Weasley aparezcan lo menos posible esta noche.
- Papá, es su familia – dijo Scorpius a modo de reproche.
- Por desgracia, hijo, por desgracia – dijo Draco dándole unas palmaditas en la espalda.
Cuando Rose entró en el magnífico comedor, no pudo ocultar su fascinación. El comedor de gala era una de las estancias más grandes y de las más ricamente decoradas de la mansión, situada en un lugar preeminente en el centro de la mansión, con vistas al jardín trasero a través de los grandes ventanales.
A través de una puerta de doble hoja se accede a una estancia rectangular, cuyas blancas paredes con molduras y columnas adosadas están decoradas por tapices rococós representando escenas de "fêtes galantes" muy de moda en el rococó. Los ventanales están rematados por molduras con volutas doradas, de los que parten los verdes cortinajes, cogidos a los lados con cordones con borlas doradas para dejar pasar la luz a través de los visillos. El techo está decorado con estucos que enmarcan un gran fresco pintado por Giandomenico Tiepolo, representando una alegoría de los cuatro continentes conocidos rodeando un gran sol, del que parte una gran lámpara de cristales.
Junto a las paredes, se encuentran algunas cómodas, mesas y sillas auxiliares de estilo imperio, así como unos grandes jarrones de porcelana decorados con motivos chinescos, obsequio de la familia Leroy a la familia Malfoy, en un intento de congraciarse ellos en el siglo XIX. En ambos extremos de la sala, se encuentran dos discretas chimeneas, y sobre ellas, dos grandes reposteros con las armas de Septimus y las de su esposa Leonor.
En el centro, una inmensa mesa para al menos 30 comensales, con sillas de estilo Luis XV de madera dorada tapizadas de verde. En las grandes ocasiones, la mesa está cubierta por grandes manteles blancos con puntilla y bordados con escudos, unidos con alfileres invisibles, grandes centros de mesa de plata labrada decorados con flores y candelabros también de plata. Las copas y vasos de cristal están gravados con el escudo de la familia, así como la vajilla de porcelana y la cubertería de plata.
El comedor de gala se proyectó en tiempos de Augustus Malfoy, con el deseo de mostrar la opulencia y el poder de la familia a quienes allí comieran. Sin embargo, no pudo verlo terminado ya que falleció apenas unos meses antes de que las obras concluyeran. Fue Septimus, su hijo primogénito, quien lo inauguró con un gran banquete en honor del ministro de magia francés, el duque de la Rochefoucauld y otros notables entre los que acudió el ministro de magia británico, altos funcionarios del ministerio, así como notables miembros de la aristocracia británica. Son muchas las grandes personalidades que han probado allí los mas ricos manjares. Al menos una docena de ministros de magia han sido asiduos invitados de los Malfoy en sus grandes banquetes en ese salón.
En el momento en que entraron, Draco sabía que empezaban aquellas pruebas que Narcisa se había empeñado en colocarle a Rose. Pudo observar el oculto nerviosismo de la chica cuando entró en el comedor y se encontró frente a aquella mesa, montada como si fuera a recibir al mismismo rey y, sin embargo, solo una pequeña parte de la cabecera de la mesa estaba preparada para ellos. Y aunque todo aquello le parecía excesivo, una parte de él deseaba ver cómo se desenvolvería la hija de la comadreja.
A pesar del nerviosismo inicial, Rose se llenó de valor y "comenzó a jugar". Se había estado preparando para ese momento. Había leído varios libros de protocolo y había intentado memorizar las normas de etiqueta y protocolo. Scorpius le había ayudado mucho también con las copas y cubiertos en Hogwarts.
Draco se dispuso a sentarse en su silla a la cabecera de la mesa e invitó con un gesto a la chica para que tomara su sitio a la derecha, el lugar reservado al invitado de honor. Scorpius se sentó a su lado, y las dos mujeres, enfrente. Los elfos les ayudaron a acomodarse apartando y acercándoles las sillas para que se sentaran. Rose se acomodó con seguridad elegantemente, como si fuera natural. Draco le dedicó una media sonrisa de aprobación mientras que Narcisa fruncía el ceño. Seguidamente cogió su servilleta y la puso en su regazo, al igual que el resto. La gracia y naturalidad con la que lo hacían, como si les fuera un acto natural le pareció curiosa. Los elfos llenaron las copas de agua para todos y comenzaron a ofrecer el vino, cerveza de mantequilla y otros refrescos a los comensales. Seguidamente empezaron a desfilar los elfos con bandejas repletas de deliciosos manjares como mariscos, canapés, quesos y embutidos, ensaladas y pasteles salados, todos ellos con una presentación impecable.
Empezaron a comer en un silencio solo interrumpido por el ruido de los cubiertos moviéndose. Astoria observó a Rose tener algunos problemas al manejarse con los cubiertos y el marisco, y con un gesto le indicó que podía usar las manos. Narcisa puso los ojos en blanco pero antes de que dijera nada, Astoria, hábilmente, decidió empezar con un tema de conversación conocido para la chica, y empezó a preguntarle por la escuela
- ¿Qué tal en Hogwarts, Rose? – preguntó Astoria con amabilidad – Scorpius siempre nos cuenta que lo superas en todas las asignaturas.
- Bueno, intento esforzarme al máximo – dijo con modestia.
- Es demasiado modesta, madre – dijo Scorpius – este año seguro que haces un pleno de excelentes.
- Eso es maravilloso – dijo Astoria.
- Espero que estudiar no sea lo único que sepas hacer – dijo Narcisa entrando en la conversación bordemente – ¿qué otras aficiones tienes?
- Bueno, me gusta leer y también el quidditch – dijo Rose – me gusta jugar al quidditch, me encanta volar.
- Interesante – dijo Draco sorprendido – aquí también somos bastante aficionados, sobre todo Scorpius y yo.
- No es una actividad para una dama – dijo Narcisa altiva.
- Sinceramente nunca he entendido esa posición – enfrentó Rose educadamente a Narcisa sorprendiendo a todos – creo que las brujas podemos hacer todo igual que los magos.
- Bien dicho, querida – alabó Astoria alzando su copa.
- Abuela, el mundo ya no es como antes – dijo Scorpius – las añejas costumbres del pasado están por extinguirse.
- Por desgracia, Scorpius – dijo resignada Narcisa – es la degradación de nuestra sociedad.
Trajeron los elfos unos cuencos con agua y limón para que se limpiaran las manos y unas servilletas nuevas. Rose se extrañó un poco cuando vio a todos meter las manos en el agua, pero decidió imitarles. Entonces Scorpius se lo explicó en voz baja.
- Es para que no se te quede el olor ni restos en las manos – dijo Scorpius.
Siguieron conversando ya algo más tranquilos de algunas anécdotas del curso hasta que fueron interrumpidos por los elfos, que trajeron el segundo plato cuando Draco terminó su comida. Rose apenas había terminado y a Scorpius todavía le quedaba comida cuando se lo retiraron. Después trajeron el primer plato consistente en salmón al horno a la miel y mostaza con verduras. A pesar de que no le gustaba mucho el pescado, Rose empezó a comer y terminó por gustarle. El segundo plato era un redondo de carne rellena con una salsa y patatas de guarnición. Rose no pudo sino expresar lo delicioso que estaba todo.
- Está todo delicioso – alabó Rose.
- Kolis, nuestro elfo cocinero se esfuerza mucho en satisfacer nuestras necesidades culinarias – dijo Draco.
- ¿Puedo hacerle una pregunta, señor Malfoy? – preguntó Rose.
- Por supuesto.
- Los elfos que tienen aquí – empezó – ¿son esclavos?
Aquella pregunta sorprendió a todos por la forma tan directa en la que la formuló. Narcisa puso una mueca de desagrado por la insolencia de la pregunta, pero decidió no decir nada.
- Te supongo defensora de los derechos de los elfos domésticos, como tu madre – dijo Draco a modo de pregunta.
- Así es, señor – dijo orgullosa – creo que la esclavitud de los elfos es una lacra de nuestra sociedad mágica.
Draco permaneció en silencio un momento a propósito y Rose se dio cuenta de que posiblemente haya metido la pata y miró a Scorpius. Pero este le sonrió dejándola algo contrariada.
- No podría estar más de acuerdo contigo – dijo Draco – cuando me convertí en jefe de la familia, opté por liberar a los elfos, permitiéndoles quedarse al servicio de la familia.
- Es por eso por lo que llevan uniformes – dijo Scorpius.
- Mi marido odiaba verlos vestidos con harapos – dijo Astoria – a mí también la verdad.
- Los elfos domésticos nacieron para servir, esclavos o libertos – dijo Narcisa – personalmente, los prefiero libertos, no me gusta la esclavitud.
- Mi madre ha presentado varias veces al Wizengamot iniciativas para mejorar la vida de los elfos domésticos – dijo Rose – pero los más conservadores siempre tumban sus propuestas.
- Las grandes familias no quieren perder el privilegio de someterlos – dijo Narcisa – es algo que lleva arraigado muchos siglos, así como el maltratarlos.
- Algo despreciable – dijo Rose – mi tío Harry nos contaba historias sobre un elfo amigo suyo, Dobby, que murió salvándoles.
- Era un elfo al nuestro servicio, Draco y yo le teníamos mucho aprecio – dijo Narcisa con sinceridad – pero Lucius solía ser muy rudo con él.
Tuvieron una animada charla sobre los derechos de los elfos que sorprendió bastante a Rose. No se imaginaba que, hasta Narcisa, eran partidarios de la abolición de la esclavitud de los elfos domésticos. Trajeron los elfos el postre, una deliciosa trata de merengue. Así como cuencos con frutas y otros dulces. Trataron otros temas de política actual, como las ayudas que proponía el ministerio para la mejorar el sistema sanitario y las celebraciones por el 25 aniversario de la batalla de Hogwarts.
- Mi madre me ha contado que se están preparando una serie de actos conmemorativos – comentó Rose – algunos serán en Hogwarts.
- Creo que habrá varios homenajes y el baile de la Victoria se hará allí este año – dijo Astoria – una de mis amigas comentó que pronto enviarían las invitaciones.
- También habrá un concierto especial – dijo Draco mirando a Astoria – ¿No es así?
- Si, así es – dijo Astoria – estoy preparando composiciones nuevas – a beneficio del Hospital de San Mungo
- Eso es fascinante – dijo Rose – me encanta cuando Scorpius toca alguna de sus composiciones con el violín.
- Scorpius es bastante bueno – dijo su abuela – si quisiera podría entrar en el conservatorio de Viena o el de París.
- Ha heredado el talento musical de mi esposa – dijo Draco alabando a ambos.
- Me gusta la música, pero no creo querer dedicarme a ella profesionalmente – dijo Scorpius.
Una vez acabados los postres, los elfos retiraron los platos de la mesa y retiraron las copas mientras que otro elfo dejó unas copas de champan para todos los comensales. Descorcharon unas botellas presumiblemente muy caras y sirvieron las copas con gracia a todos los presentes. Scorpius suponía que su padre diría unas palabras, como era la costumbre, durante el brindis. Solo esperaba que no fuera demasiado embarazoso.
- Me gustaría decir unas palabras – dijo Draco poniéndose de pie cogiendo su copa – como anfitrión de esta velada, me gustaría, en primer lugar agradecer ami madre por la fantástica cena que has organizado y también, agradecerte Rose tu presencia esta noche con nosotros y espero, que hayas disfrutado tanto como nosotros y espero, que, de aquí en adelante, Scorpius, hagas el favor de invitarle más.
Rose y Scorpius se pusieron un poco colorados por las palabras de su padre. La verdad es que Rose no se esperaba la aceptación tan fácilmente de la familia de su novio (con alguna excepción) era algo que no se esperaba. Ni siquiera Scorpius se esperaba aquella intervención de su padre.
- Propongo un brindis por nuestra invitada – propuso Draco - ¡Salud!
Todos respondieron alzando sus copas y bebiendo el espumoso que rebosaba sus copas. Scorpius estaba muy contento La cena había salido a pedir de boca, tranquila y sin incidentes. Sus padres se veían encantados con Rose e incluso la abuela se había relajado y había dejado de provocar a la chica. Pasaron a otro salón más pequeño para tomar algo y seguir charlando más cómodamente hasta que llegara la hora de marcharse a su casa.
Eran pasadas las 10 de la noche cuando Scorpius anunció que Rose tenía que volver a su casa antes de que sus padres se preocuparan. Se despidió amistosamente de la familia de la familia y Scorpius y ella se marcharon a uno de los salones cuya chimenea estaba conectada con la Red Flu. Cuando los chicos se hubieron marchado, los tres adultos se vieron libres para comentar sus impresiones libremente
- Una chica estupenda – reconoció Draco a su esposa mientras se recostaba en el sillón – Scorpius ha heredado mi suerte.
- Es encantadora – dijo Astoria – y le hace tan feliz.
- No es una advenediza cazafortunas – dijo Narcisa – eso es un punto a su favor.
- Se nota que se quieren mucho – dijo Astoria algo romántica – esas miradas, esos discretos gestos, me recuerdan a nuestra época de novios.
- Eran los mismos que nos hacíamos tú y yo cuando cenábamos con tus padres – le dijo Draco a Astoria entre pequeñas risas.
- Pese a sus antecedentes familiares – dijo Narcisa con una media sonrisa – con un poco de aprendizaje y disciplina podría ser una digna señora Malfoy.
- ¡Me alegra que hayas cambiado de opinión! – le dijo Draco a su madre – Scorpius se pondrá muy contento.
- ¡Y yo también! – dijo Astoria con sinceridad – podríamos invitarla a pasar unos días con nosotros este verano, si Scorpius está de acuerdo.
- ¡Eso sería estupendo! – exclamó Scorpius contento.
Scorpius escuchó atentamente las buenas impresiones que la chica les había causado y esperaban que su relación fuera duradera. Scorpius no podía ser más feliz en ese momento, con su familia aceptando completamente a su novia. Solo esperaba que cuando le tocara el turno de ir a cenar con los padres de Rose, fuera tan solo la mitad de bien. Algo difícil conociendo al padre de Rose, pero en ese momento, prefirió mantenerse positivo. Prefirió disfrutar de la felicidad del momento, ya tendría tiempo de preocuparse.
