Disclaimer: los personajes de Naruto y Naruto Shippuden son propiedad de Masashi Kishimoto. Este fanfic está hecho con el únicofin de entretener.
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Unbreakable
CAPITULO XX
Una Vida Rota
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¿Cuánto tiempo había pasado?
Su cabello había crecido llegando casi por debajo de sus hombros, y no solo el suyo, el de Sasuke con el tiempo había comenzado a perder esas crespas características. Su cabello era una de sus preocupaciones constantes con tal de no pensar en Itachi, pero nunca era suficiente, cualquier cosa le recordaba a él, el crepitar de la madera de las paredes, el canto de las aves en las mañanas, la corriente de agua del arrollo cerca de los cultivos…
Quizá si saliera más seguido al pueblo podría ayudarle, pero no era posible, las reglas eran estrictas para ella y no podía salir de la casa a menos que fuera por una emergencia o una necesidad del médico que visitaban periódicamente. Sasuke parecía a veces preocupado por su salud, pero otras veces parecía ser precavido con no darle demasiada libertad, quizá por miedo a que escapara una vez más.
El equipo Hebi con el tiempo había empezado a tener contacto con ella, poco a poco había comenzado a tener conversaciones más largas con Karin, quien era su cuidadora, o quizá vigilante, de tiempo completo, esto cuando no tenían que salir los cuatro a alguna misión donde se le requiriera, y Sakura siempre miraba de reojo los mordiscos brutos y sin intención de ocultar que ella tenia después de alguna batalla. Teniendo su propia teoría, le preguntó a Karin directamente la razón de sus marcas.
—¿Qué habilidad tienes para que tu chakra sea consumible? —la curiosidad por el control de chakra y sus derivados era algo natural en Sakura, dado que había estudiado durante años la manera de almacenar, acumular y darle un uso práctico a su chakra.
—Impresionante, ¿no es así? Mi madre también era capaz de hacerlo, así que supongo que es algo genético… —la respuesta fue algo vaga, pero el semblante de Karin pasó a uno más felino y con otras intensiones—, me imagino que ya sabes quién hace uso de mi habilidad.
Los hombros de Sakura se tensaron por la insinuación, por su puesto que lo sabía, Sasuke no era precisamente un hombre honorable que juraba lealtad a una sola mujer, y aunque Sasuke ya le había demostrado bruscamente que pretendía mantenerla a su lado, eso no significaba que fuera a cumplir el papel de una pareja fiel.
—¿Quieres saber algo más?, cómo es en la cama, cómo se… —la expresión de la pelirroja ya era bastante obscena cuando la puerta se abrió con un azote, por el frío semblante de Sasuke parecía haber escuchado parte de la conversación.
Su mirada pasó de la cara sonrojada de Karin por la excitación a la de Sakura, quien siempre bajaba la mirada entre temerosa y recia a verlo a la cara.
—Fuera de aquí. —Fue lo único que dijo, y entre quejidos de la otra chica sobre si prefería estar con una insípida mujer o ella salió de la habitación refunfuñando tontería y media.
—¿Cómo te sientes?
Preguntarle sobre su estado se había convertido en una rutina, siempre a primera hora de la mañana, cuando ella apenas abría los ojos y se alistaba para vivir otro día encerrada en aquella jaula, este entraba cuando almorzaba, se daba un baño o simplemente se encontraba estudiando los complejos libros de medicina que con el tiempo Sasuke había accedido a conseguírselos.
—Bien, nada nuevo por ahora.
—¿Ya has comido algo?
—Estaba comer algo con Karin…
—Entonces ven conmigo —le dijo acercándose a ella—, comeremos en la residencia del señor feudal de estas tierras el día de hoy, le diré a Karin que te preparé un kimono.
Él siempre la observaba de pies a cabeza, buscando algo fuera de lugar, incluso parecía que estaba atento a la respiración de Sakura cuando ninguno de los dos profería alguna palabra. Sakura nunca imaginó que Sasuke fuera así de calculador, pero si tenía en cuenta el poco tacto de este y lo impulsivo que podía ser a pesar de su actitud calculadora y apacible. Lo curioso es que solo era impulsivo cuando se trataba de ella, y eso le ponía los cabellos de punta.
—"Karin prepárale un baño, Karin péinala, Karin esto, Karin aquello…" ¡¿Es que acaso no puedes hacer nada tú sola?! —espetó cuando se encontraban solas otra vez—, ya de por sí eres una molestia por tener que estar al tanto de ti cuando estamos descanso y siempre tener que regresar a esta pocilga, ahora también tengo que ser tu sirvienta.
—Lo siento —se limitó a decirle con un hilo de voz apenas audible, Karin estaba tan ensimismada en sus quejas que igualmente no la habría escuchado, pero lo decía en serio, lo último que quería era ser un paciente enfermo del que todos tenían que estar al pendiente.
Quizá así se había sentido Itachi con ella.
Y tan fácil como mirar sus propias manos eran suficiente para recordarlo. Podía sentir la yema de sus dedos sobre su piel, siempre tan cuidadosos cuando surcaba por su nariz y mandíbula, acariciando su cuello para bajar a su clavícula y repasar las prominencias de sus huesos. Nunca la tocaba con malicia, ni siquiera con lujuria, sino que la tocaba como un tesoro extremadamente frágil.
Sus pupilas de repente se humedecieron y dio una profunda bocanada de aire, tragándose la pena y el desesperado deseo de ver a Itachi donde quiera que ahora estaba. Seguramente recostado en una débil cama acariciando las paredes de su habitación, reconociendo el material y a la vez socializando con el entorno con sus otros sentidos.
—¡Listo!, podrás decir lo que quieras, pero no hay manera de que mis habilidades te hagan ver más fea de lo que ya eres.
Y ciertamente tenía razón, Sakura lucía un precioso y caro kimono con capas blancas y rojas, similares a los colores que la familia Haruno usa en su ropaje. No era algo que pudieras comprar en una tienda casual, Sasuke seguramente tenía que ver con el diseño de su vestuario.
Como si lo hubiera invocado, Sasuke entró en la habitación con un hakama negro. No había otra cosa adornándolo ni tampoco parecía ostentoso como el de ella, Sasuke parecía ser muy sobrio en sus gustos con la moda, pero entonces, ¿por qué nunca escatimaba cuando se trataba de ella?
Con una simple mirada Karin pareció entender que había hecho un buen trabajo y se retiró con un resoplido triunfal. Sakura observaba como Suigetsu le hacia un comentario fuera de lugar para provocarla cuando Sasuke se puso frente a ella tapando la posible pelea.
—Vamos —le extendió su mano y ella, ya acostumbrada a ser cargada en su espalda, le miró extrañada— Iremos en palanquín.
—¿Q-qué? —de repente se puso más nerviosa—, ¿es necesaria tanta formalidad para unos ninjas?
—Protejo esta aldea a cambio de los mejores servicios —dijo él sin importancia— la casa, comida e incluso las consultas médicas son cubiertas por el señor feudal.
Sakura pensaba que la fortuna ilegal del equipo Hebi había sido la que cubría toda esa clase de lujos con los que estaban viviendo, pero en realidad era por el apoyo gubernamental del pueblo a cambio de sus servicios como guardaespaldas. Si lo veía de esa forma tenía sentido que por ello no tuvieran mayor problema para esconderse de la gente de la aldea, un acuerdo ilícito entre el feudo para no acusarlos con las autoridades de Konoha era suficiente para que pudieran estar tranquilos.
E incluso si los traicionaba, Sasuke primero le arrancaría los ojos antes de dejarlo salirse con la suya.
Ambos subieron al palanquín que ya estaba esperándolos afuera, el resto del equipo iba de escolta por seguridad. Era esta clase de ocasiones en las que Sakura no podía entender a Sasuke, el trato despampanante, como si ella fuera una princesa, o la ropa cara que solo le quedaban a su cuerpo. Tantos detalles y a la vez la seguía tratando con tanta frialdad…
O quizá era algo más.
Las últimas veces que Sasuke e Itachi interactuaron frente a ella existía cierto recelo entre ambos. A la vez que Sasuke siempre había expresado de alguna manera su disconformidad con que Sakura cuidara tan atentamente a su hermano. Sakura temía lo que fuera a pasar si este descubría lo intima que ahora era su relación, pero probablemente ya lo estaba sospechando y el ceño fruncido cada que la encontraba mirando a la nada era prueba de ello.
Sasuke no soltó su mano en ningún momento, ni siquiera cuando llegaron a la residencia del señor feudal y este los recibió con mil y un lujos más, la comida, la música y el alcohol atiborraba al equipo Hebi quienes no tenían pena de aceptarlas con gozo, a excepción de su líder a quien parecía no importarle otra cosa que no fuera aferrarse a la chica que tenía a su lado.
—¡Señor, no tenía idea de que tuviera una encantadora mujer! —ya con el rostro rojo de ebriedad, el feudal no tuvo pena en alabar la belleza de Sakura de la forma menos grata, sino pasando su felina mirada por la vestimenta y el cuidoso maquillaje de ella—, ¡Es sin duda una merecedora pareja para alguien tan poderoso como usted!
Inconscientemente Sakura apretó la tela de su kimono, incomoda por ser vista como el trofeo de un bárbaro. Sasuke fue consiente de ese gesto, a la vez que también se dio cuenta de que apenas y había tocado la comida del banquete, con una vista cansada miró al patético feudo que no ocultaba lo admirado que estaba por la apariencia de Sakura.
Chasqueó la lengua con disgusto.
Cuando el banquete terminó, el equipo Hebi se retiró primero con las mejillas sonrosadas y dando carcajadas por las bobadas que habían hecho durante la celebración. Sakura iba detrás de ello con esa caminata silenciosa, como un muñeco que solo seguía las ordenes de los demás, y cuando él estaba por irse, el señor feudal le detuvo con el fétido aroma del alcohol, molestándolo aún más.
—¡No dude en venir otra vez, señor, estaremos honrados de darles el mismo trato a su gente y a su preciosa mujer una vez más! —una vez más, no tuvo ni siquiera el disimulo a la hora de mirar la espalda de Sakura alejándose.
Y eso fue suficiente para él.
Con un simple agarre en su garganta, los sirvientes del feudo comenzaron a gritar llenos de preocupación por lo qué estaba a punto de ocurrirle a su amo. El rostro regordete de este ni siquiera pudo procesar a tiempo lo que estaba pasando cuando ya estaba perdiendo el aliento por la fuerza de su mano en su garganta. Solo un apretón sería suficiente para matarlo.
Pero eso no pasó, porque una delicada, delgada y blanca mano se aferró al brazo con el que estaba estrangulando al feudo.
—¡Es suficiente! —dijo con determinación, ella, quien no era capaz de pelear, le estaba retando sin ninguna clase de temor—, ¡No puedes hacerle esto al señor que nos esta acogiendo en el pueblo!
Ella tenía razón, pero poco le importaba a Sasuke eso, bien podía matarlo e irse a otra aldea y solicitar asilo, incluso si estos no quisieran, Sasuke siempre conseguía por las buenas o malas que lo acogieran de la mejor manera.
Pero decidió hacer caso al razonamiento de su acompañante, y antes de que el feudo se desmayara por la falta de aire lo soltó y este comenzó a toser desesperadamente recuperando el color en sus mejillas, lo bueno de esto es que parecía que la ebriedad se había desvanecido en su semblante.
—Cuida tus palabras la próxima vez —le dio una advertencia antes de tomar a Sakura entre sus brazos sin avisarle—, y no te atrevas a mirarla con esa asquerosa expresión otra vez.
Y con un salto a los cielos desaparecieron de la vista del feudo asustado y confundido.
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Sakura, sorprendida por el impulsivo acto de Sasuke, no pudo protestar de ser llevada sobre los aires hasta la habitación donde ambos dormían. Ni siquiera el resto de su equipo se percató hasta después de que su jefe se les había adelantado, de hecho, ni siquiera habían hecho caso al alboroto que había hecho Sasuke amenazando al señor feudal que los estaba atendiendo.
No era que se sintiera mal por el feudo, no había manera de que sintiera empatía por un hombre con sucias intenciones contratando a una banda de delincuentes como guardaespaldas y protectores de su aldea, así como durante el banquete no había dudado en gozar de la atención de las meseras y bailarinas cuya expresión era de una sumisión incomoda y desolada.
Sakura se había limitado a ver el banquete como una escena donde ella no formaba parte, una absurda obra de teatro donde lo único que ella podía hacer era permanecer sentada a un lado del hombre que la cuidaba con la mirada. Sasuke tampoco se había movido de su asiento en ningún momento, pero eso era algo esperado de él, el imperturbable Sasuke Uchiha.
—¡¿Por qué hiciste eso, era necesario causar esa clase de altercado?! —le recriminó cuando ya la había bajado, no sabía ni siquiera porque estaba tan molesta.
—No es de tu incumbencia lo que acaba de pasar.
—¿No lo es? ¿Entonces la amenaza que le hiciste fue por nada? —Sasuke le evitó la mirada en ese momento, dando en el clavo en su mentira—, ¿Por qué te tomas estas molestias conmigo?
Con una seguridad que no había sentido en años, dio un paso para encarar a Sasuke.
—¿Por qué el kimono, el trato, incluso esa falsa preocupación que tienes hacía mí?
Cuando Sakura estaba a solo unos centímetros de él, solo le quedó levantar la mirada para encontrarse con esos ojos azabache. Profundos y misteriosos.
—¿Qué soy para ti para que hayas decidido curar a esta pobre inválida?
Entonces Sasuke la tomó por los brazos, y Sakura por la impresión retrocedió haciendo que ambos tropezaran sobre las gruesas colchas del futón. Él encima de ella apoyando sus manos en las de ella, con el hakama entreabierto luciendo los pectorales firmes de su entrenamiento.
—¿Hay algún problema con lo que hago por ti? —apretó su agarre en sus brazos, y ella soltó un ligero quejido—, ¿No es obvio cuidar lo que te pertenece?
—Hablas de pertenencia como si fuera un maldito mueble…
—Tú sabes que estabas destinada a estar conmigo, siempre corriendo a mi alrededor sin despegarte —espetó ignorando sus palabras—, cuando obtuviera mi venganza, juré restablecer el apellido de mi clan, y tú eras a la que yo había escogido.
—No digas tonterías —Sakura no dudo en soltar un resoplido hilarante—, ¿entonces debo apegarme a tu plan y fingir que no pasó nada en el bosque?
—Lo hice para atarte a mí —y acercando su nariz a su escote susurro contra su piel—, te hice mía para asegurarme que nadie más te arrebatara de mi lado.
Con una mano le desató el kimono, descubriendo su pecho ante la oscuridad de la habitación. Sakura pataleó para apartarlo, pero la fuerza de Sasuke era demasiado comparada con el de ella, a la vez que el peso de este la aprisionaba sin posibilidad de salir por su cuenta.
—¡Sasuke, no lo hagas! —no le quedaba más que suplicar—, ¡Por favor…!
La suplica de la chica lo molestaba, estaba haciendo todo lo posible para consolarla por lo que había pasado entre ellos, incluso le prometió conseguir los pergaminos que la ayudarían a recuperar su habilidad como kunoichi, ¿entonces por qué?
Sin pensarlo demasiado acarició las piernas desnudas que el kimono poco a poco iba mostrando, y después solo hizo falta separar los dobleces de las telas para encontrarse nuevamente con las olas blancas de sus caderas y sus muslos. Aquella vez había sido igual, se había dejado embriagar por ese toque sedoso, solo que ahora podía apreciar el ligero perfume de flores que parecía ser su esencia natural.
Pero el cuerpo de Sakura se mantenía firme ante su toque, no reaccionaba, y su expresión era de un terror descontrolado donde no podía hacer más que cerrar los ojos con fuerza y morderse los labios, soportando.
—No volveré a hacerte daño —le susurró en un vago intento de tranquilizarla, pero ella ni siquiera parecía escucharlo—, solo relájate y deja que yo me haga cargo.
Pero cuando estaba por meter su mano entre sus muslos escuchó el sollozo desconsolado de la pelirrosa. Y de como apartaba la vista ante la atrocidad que estaba por repetirse.
En ese momento solo podía tener la imagen de Itachi abrazándola en los campos de flores donde solían recostarse para que toda la situación fuera más llevadera.
«Itachi»
Y como una reacción, Sasuke se detuvo. Sakura temiendo lo peor lo miró sin entender el porqué de su repentina acción.
¿Acaso lo había dicho en voz alta?
—¿Creías que no sabría lo que había entre ustedes? —la calma con la que siempre hablaba ya no estaba ahí, Sakura percibió cierta amenaza entre sus palabras— ¿Qué no me daría cuenta de sus estúpidas miradas y roces?
Le sujeto el mentón con fuerza, para encarar la temerosa expresión de Sakura frente a la ferocidad de los esos ojos llenos de celos.
—¿Estabas con él porque te recordaba a mí? —Sasuke apretó uno de sus pezones sin avisar, y Sakura en reacción gimió de sorpresa—, ¿Acaso corriste a su regazo cuando yo ya no estaba contigo?
Sasuke le besó el cuello con fiereza, dejando marcas de chupetones en el rastro hasta su pecho y posteriormente a su pecho. Sakura, sensible ante el toque, solamente podía retorcerse a la vez que luchaba por alejarlo sin tener resultados. Las lágrimas no tardaron en salir, y sin esperar a que sus lagrimas lo detuvieran le separó las piernas presagiando lo que estaba por ocurrir.
—Sasuke… —sollozó con un hilo de voz débil—, te lo suplico…
Las puertas corredizas de la planta baja hicieron que Sasuke se detuviera, era el equipo Hebi quienes apenas iban llegando a la residencia. Chasqueó la lengua como siempre lo hacía, y tomó el kimono arrugado de Sakura para cubrirla como si nada hubiera pasado hace unos momentos.
—Olvídate de Itachi Uchiha. —fue lo único que dijo antes de salir de la habitación—, él ya no está aquí.
Y se fue sin decir más, dejando a Sakura limpiando con vergüenza y asco de sí misma las lágrimas de su rostro.
—Itachi… ¿Dónde estás?
Estaba aterrada de vivir otro día más en esa casa.
