Disclaimer: Los personajes de Naruto, Naruto Shippuden y relacionados son propiedad y autoria de Masashi Kishimoto. Este fanfic está hecho con el único fin de entretener.


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Unbreakable

CAPÍTULO XXI

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«Él ya no está aquí.»

Sakura se preguntó qué era lo que Sasuke había hecho con su hermano, su sangre, su familia, el único miembro que tenía después de la masacre Uchiha. Ella conocía la inocencia de Itachi, y Sasuke debería saberlo a estas alturas también, no había nada que no supiera o se enterara relacionado a su apellido. Danzo estaba muerto, Sasuke se había vengado, y por si no fuera poco resultaba que Itachi no había muerto, eso debería quitarle el peso de encima a Sasuke por casi matar a su querido hermano, ¿no es cierto?

Las cortinas dentro de su habitación no permitían la entrada de la luz exterior y, por tanto, no podía saber ni siquiera la hora, solo podía quedarse en esa fría casa, pensando en cómo Itachi y ella habían logrado llenar de amor incluso un puñado de paredes agrietadas. Los lujos que rodeaban a Sakura no se sentían ni la mitad de placenteros como una manta sucia y vieja con la que se cubría con Itachi las frías noches de lluvia, cuando el viento entraba por las ventanas sin cristal y ambos solo podían contar con el otro para reconfortarse. Las manos de Itachi eran finas y delgadas, pero aun así era mucho más cálidas que los dedos gruesos y ásperos de su hermano.

La mañana siguiente de eso, Karin explotó de ira cuando Sasuke le ordenó ayudar a Sakura a darse un baño, y todo el mundo sabía el porqué de sus gritos durante toda la mañana, y eran las destacadas marcas en el cuello y pecho de Sakura. Mientras Karin llenaba la tina de agua diciéndole las mil y una maneras en las que ellos ya habían compartido la noche, Sakura se miró por el espejo petrificada por lo que estaba viendo. Los chupetones violáceos estaban ahí, y resaltaban más por la palidez de su piel, pero además de eso había moretones más agresivos, recordando como este la había tomado de los brazos y piernas sin ningún esfuerzo dejando marcas sobre ella. Si un día Sasuke estuviera realmente enojado con ella y ya no tuviera intenciones de mantenerla a su lado, ¿qué sería de ella?

Odiaba ser tan frágil al punto que el más mínimo esfuerzo de Sasuke la pudiera romper.

Mientras Karin le tallaba la espalda con el ceño fruncido, Sakura miraba ensimismada el reflejo de su rostro en el agua enjabonada.

—Karin… ¿qué es lo que te gusta de él?

—¿Eh? ¡Pero qué pregunta tan tonta, no hay nada que no me guste de Sasuke! —Karin se acomodó los anteojos con tal orgullo que Sakura pudo haberle parecido gracioso.

—¿Nunca ha habido nada que te haya desagradado? —Karin negó orgullosa de su respuesta— ¿De verdad, nunca?

Sakura miró su reflejó en las aguas turbulentas, y habló tan bajo que apenas pudo ser escuchada.

—Entonces… ¿cómo te das cuenta de que todo eso que admiras vale la pena como para seguirlo por todo el país?

Años atrás, Sakura habría estado dispuesta a hacer lo mismo que Karin hacía por Sasuke. Una adolescente con una mentalidad torpe y romántica, ingenua de los peligros del exterior, Sakura corría por la aldea buscando cómo llamar la atención de su primer amor, cuidando su cabello como un tesoro y manteniendo cualquier detalle de su aspecto y habilidades perfecto para que él lo notara. Su diario estaba lleno de pensamientos sobre él, cómo le gustaba su forma de actuar, su silencio intimidante en las aulas, su cabello, su rostro, la curva de su nariz cuando algo no le agradaba y las pequeñas arrugas entre sus cejas cuando estaba enojado. Todo aquello ahora lo veía en el mismo hombre y ya no se sentía igual a cómo lo describía la pequeña Sakura.

Si antes creía saber la respuesta a esa pregunta, ¿por qué ahora dudaba tanto al punto de callar?

Karin frunció la seño a la vez que apretaba la esponja de baño con fuerza.

—¡Si no estas dispuesta a darlo todo por él entonces no vale la pena que te haya elegido! —Karin recogió los jabones y le dirigió una mirada de desprecio—, ¿Sabes a cuántas personas he matado solo porque me lo ha pedido, las personas a las que he engañado, traicionado y apuñalado para caminar a su lado?

Sakura fijó la mirada en el semblante arrogante de la pelirroja, y no pudo contener por más tiempo todo aquello que se había guardado desde que había conocido a Karin.

—¡¿Qué diablos vio Sasuke en ti en primer lugar?!

Sakura se levantó de la bañera cubierta de espuma y frustración.

—¡Cómo puedes estar orgullosa de ser una marioneta, en todo el tiempo que he estado aquí nunca he visto que Sasuke te trate siquiera como un ser humano! —las gotas de agua se sacudían por todo el cuarto de baño mientras Sakura levantaba la voz, quería que sus palabras entraran en esa cabeza hueca y se quedaran ahí para siempre— ¡Sasuke no es capaz de amar a nadie más que a sí mismo y su apellido!

Cuando terminó, solo pudo ver como la sonrisa orgullosa de Karin se había borrado, con los labios apretados y los ojos vidriosos, la miró con una emoción que Sakura nunca había visto antes en ella.

Frustración.

—Tú no sabes nada.

Y se fue, sin gritar, sin que sus pasos se escucharan por la sala ni los corredores, se había escabullido de la casa de tal manera que parecía haber desaparecido. Cuando Sakura salió del baño vio un yukata listo para que ella lo usara, sin saber si había sido Karin o Sasuke quien lo hubiera puesto ahí, pero de haber sido él, entonces significaba que había escuchado todo.

El yukata era simple y su tela ligera, y era lo que Sakura usualmente usaba dentro de casa, esto porque Sasuke también los utilizaba y compraba ropas a juego para los dos. Cuando levantó la tela para extenderla dentro había una pequeña caja negra con un listón rojo atado.

Cuando lo abrió, Sakura cayó de rodillas al suelo sin palabras, con la vista clavada en lo que Sasuke había traído como regalo.

Un ojo de iris negro.

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Itachi yacía en las frías sabanas de una camilla de hospital, aun si no estuviera en uno. No le bastó darse cuenta de que el lugar donde estaba era una clínica clandestina donde convictos y personas con la economía insuficiente pedía servicios médicos. Los trabajadores de la clínica eran groseros, el servicio era pésimo y la práctica era casi igual de riesgosa que no tratar la enfermedad debido a la higiene y poca preparación de los doctores. Su oído, su parte más desarrollada desde que había perdido la vista, podía escuchar las conversaciones de los doctores y enfermeros que tenían fuera de su habitación, y a veces estos brindaban más información que el estado de una madre soltera con poca probabilidad de vida.

La situación en Suna desde el escape en Konoha había cambiado como era de esperar, el Kazekage parecía saber de la búsqueda de Itachi y Sakura, y por ende la policía había incrementado en cantidad y número de patrullajes por las calles cubiertas de arena. No podía resentir a Tsunade, la actual Hokage, de esto, debido a que su puesto político la obligaba a dar aviso de un asunto de tanta importancia como el escape de un convicto de máxima prioridad, pero sí le preocupaba que esto pudiera afectar a la recuperación que Sakura estuviera teniendo en donde sea que ella se encontrara.

Y el solo pensar en ella bastaba para que su cuerpo pesara incluso el doble de lo habitual. Le hacia doler el pecho, le pesaban las manos y estas siempre presionaban su pecho buscando que calmaran esa agonía en su corazón. Ni siquiera era el pensamiento de Sakura lo que lo lastimaba de esa manera, sino el hecho de que estuvieran tan lejos, ignorantes de la situación del otro más que el hecho de que seguían con vida y ambos en tratamiento.

Y hablando de eso, justamente el doctor que lo trataba y una persona extra entraron a la habitación.

—Parece que hoy te encuentras mejor que otros días —el doctor revisaba sus signos vitales, y hoy Itachi estaba un poco más ansioso porque sabía que lo venía—, pronto será el día de tu cirugía, ¿está usted preparado para esto, Itachi Uchiha?

—Sí, estaré a su cuidado como siempre.

Desde que Itachi había ingresado a la clínica la única persona con la que interactuaba era con el doctor en cargo, y este no era un miembro más de la clínica como muchos pensarían, Sasuke había hablado con él el día que llegaron, y con un poco de animosidad le explicó que, a pesar de todo, este a un quería su sana recuperación.

—Me he encargado de que nadie se entere de que estés aquí, tu doctor es uno lo suficientemente capaz como para tratarte y no tendrás contacto con nadie, ni siquiera aun cuando diga que yo se lo ordené, ¿entiendes?

—¿Qué sentido tiene que me mandes a curar si no pretendes liberarme después?

—Nunca dije que no te dejaría ir —Sasuke se acercó a él hasta el punto que Itachi pudo escuchar la ligera respiración de su hermano cerca de su oído—, lo que quiero es que desaparezcas de la vida de Sakura.

Itachi no tembló en ningún momento al responder con total seguridad.

—No puedes alejarnos sabiendo que hay algo entre nosotros.

—Desde el momento en que decidí que ella restauraría el clan conmigo decidí deshacerme de todo aquello que la mantuviera lejos de mí —su imperturbable voz era igual o lo más parecido a lo que Itachi recordaba de sus compañeros de Akatsuki, así que no hacía falta saber que iba en serio.

—Nos curaras, nos alejaras y después harás como si nada entre Sakura y yo hubiera pasado, ¿eso suena coherente para ti?

Sasuke no dijo nada, quizá porque pensó que la dirección de la discusión no iba a ningún lado favorable para él.

—Aún cuando nos haces esto, pareces aún sentir agrado por mí, o quizá sea lástima, ¿eso no es suficiente para dejarnos ser felices?

—Pueden ser felices de esta manera también, nunca te habías interesado por ella antes, así que, ¿no crees que no te tomará mucho tiempo rehacer tu vida con alguien más?

¿Cómo podía su hermano, alguien tan racional, decir esa clase de barbaridades?

—He escogido a Sakura por sus habilidades, su origen y su afinidad a mí, mires por donde lo mires, ella tiene lo adecuado para cargar con el puesto de la mujer del líder del clan, su inteligencia y sus habilidades médicas serán un legado que heredará a nuestros descendientes y aumentará el valor del apellido Uchiha, trayendo un nuevo renacer del clan con fuerza y poder, no solo por el sharingan.

—¡Ella no es el animal de mejor calidad de tu ganado!

Sasuke ya estaba de camino a la salida cuando Itachi reprochó.

—Si no tienes otra cosa que decir, nos volveremos a ver cuándo recuperes tu vista.

Y se fue, pudo escuchar los pasos alejándose tranquilamente mientras Itachi le llamaba una y otra vez. Era estúpido, era cruel y hasta loco escuchar cómo Sasuke planeaba traer a la vida al clan como si intentara criar una granja de animales. No podía, no quería que Sakura cargara con el peso de los Uchiha, Itachi detestaba el poder y la codicia que ese apellido generaba, además del peligro exterior que podía asecharla.

Sasuke no la amaba, no parecía siquiera pensar en ella como un ser humano, pensaba que la amabilidad que mostraba por ella podría significar una clase de sentimiento romántico, pero ahora entendía que había algo muy oscuro detrás de toda esa atención. Sakura no conocía sus planes, pero conociéndola, seguramente era consciente de que este no la mantenía a su lado solo porque este le dijera palabras dulces al oído, y este, al no tener esa capacidad para entender los sentimientos de otra persona, solamente se enfocaría en complacerla de la manera más superficial.

Cuando Itachi entendió lo que pasaría con Sakura su cuerpo se estremeció.

Tenía que hacer algo, tenía que recuperarse si quería salvarla, debía ser más fuerte que Sasuke, más astuto y, sobre todo, más rápido para poder salvar a Sakura a tiempo. Si cuando este tuviera la fuerza para ayudarla y ella ya estuviera en cinta solo significaría….

Sacudió su cabeza tratando de alejar el aterrador pensamiento de ella siendo agredida de tal manera.

Después de eso, Itachi no habló más allá de lo necesario, pero cuando su consulta rutinaria tenia fin este fortalecía su cuerpo de la única manera que le era posible, entrenando. Itachi se había debilitado tanto que el día que decidió hacer una de sus rutinas del pasado descubrió que su resistencia era casi nula, a la vez que sus músculos se habían vuelto más flácidos y sus piernas apenas podían soportar su propio peso.

Sasuke no había mentido con que él iba a recibir el mejor trato posible, y eso se reflejaba con la comida que recibía, que nutricionalmente era mejor que en un hospital promedio. El mismo doctor había hecho el comentario que probablemente era el único paciente en la clínica que recibía alimentos y cuidados de primera calidad en el edificio, y poco tiempo después entendió que la gente que trabajaba aquí lo último que buscaba era la recuperación de sus pacientes.

El equipo médico, el inmueble, los medicamentos e incluso el mismo doctor provenían del dinero de su hermano, y al parecer el doctor era un ciudadano originario Amegakure, mismo donde Konan y Pain provenían. Itachi no tuvo que indagar mucho con el mismo doctor para saber que ambos ahora estaban muertos, y con ello Itachi confirmó lo que por mucho tiempo venia esperando. Akatsuki había llegado a su fin.

El doctor no parecía ser alguien amigable, pero parecía que no tampoco tenía con quien hablar en la clínica, sus habilidades, vestimenta y su versado lenguaje médico intimidaba a los trabajadores de la clínica y estos, sabiendo que él realmente era una persona preparada, lo evadían para no ser juzgados en sus crímenes. El mismo contó que llegó a tener su propia clínica en la Aldea de la Lluvia, pero después de la muerte de Konan la ciudad estaba pasando por una situación difícil sin un líder definitivo, y su negocio no tardó demasiado en quedar en la quiebra como muchos otros. De no haber sido porque uno de los mensajeros de Sasuke le había ofrecido el dinero para abrir otra clínica en donde quisiera, jamás se habría atrevido a pisar un hospital ilegal como este.

Su cirugía había sido decidía luego de que el doctor diera el visto bueno de que su cuerpo podría superar la operación, así como las posibilidades de recuperar la vista fueran favorables, lo que Itachi no sabía cuando se le dio la fecha decidida, lo dejó con un balde de agua fría ya que fue su mismo hermano quien fue a darle la noticia.

—Se te hará un trasplante de ojos la próxima semana, de tal manera que dejarás de ser un Uchiha si no mueres a media cirugía.

—¿El asesino del clan aun formaba parte del árbol familiar? Es gracioso escuchar eso —fue lo único que dijo Itachi, queriendo verse relajado ante la situación, pero la realidad era otra.

Perder sus ojos no solo significaba perder el uso de los genjutsu de manera permanente, también conlleva a que el control de su chakra a los vasos sanguíneos oculares fuera obsoleto y por tanto ya no tuviera ninguna habilidad de pelea en genjutsu. Siendo el fuerte de sus habilidades, sería un ninja promedio que le costaría llevar a cabo su plan de escape una vez estuviera fuera.

—El tiempo de recuperación se planea que sea de tres semanas si no existen complicaciones, después de eso solo se procurará por no exponer la vista a las luces de manera directa, al año el trasplante habrá sanado por completo.

El doctor hablaba sobre las especificaciones de la operación al menor de los Uchiha mientras este escuchaba sin prestar mucha atención, Itachi solamente se mantenía quieto en su asiento, asimilando lo que pasaría cuando este recuperara la vista, incluso si sabía que las posibilidades eran nulas en ese momento, él deseo que al abrir los ojos su primera imagen fuera la rosada cabellera de Sakura acariciándole la frente, como siempre solía despertar.

Como si lo hubiera manifestado, el olor de las flores recién cortadas entró en la habitación, y escuchó la voz de uno de los lacayos de Sasuke con cansancio y queja.

—¿Cuántos malditos ramos de flores son necesarios? ¡Ella ni quiera las huele!

Itachi levantó su cabeza quizá demasiado rápido para disimular que no había escuchado esa voz afuera de la habitación, pero también entendió que eso era lo que Sasuke exactamente quería, si pudiera ver su expresión en ese momento, seguramente estaría ansioso por ver como se estaba llevando a Sakura de sus brazos.

— Ve y llévaselos tan rápido como puedas, y dile a Jugo que compre pieles para hacer abrigos.

—¿Abrigos? ¡Apenas acaba de terminar la primavera!

No escuchó más quejas del hombre, posiblemente porque Sasuke no necesitó de palabras para callarlo, estaba satisfecho que con solo esas frases Itachi pudiera entender el mensaje, o advertencia, que le dirigía.

Ni siquiera se despidió del doctor cuando este terminó de informar el estado de salud de su hermano, pero no importaba porque su objetivo al ir no era precisamente saber cuándo seria su cirugía, sino que supiera que estando a su lado, a Sakura lo último que le faltaría serían los lujos.

El doctor no dijo nada cuando estuvo a punto de retirarse de la sala, salió con total tranquilidad quitándose su bata médica y tomando su maletín directo a la taberna más cercana a las posadas donde residía.

Estando allí, fue cuando, hablando con el barman, expresó lo que había ocurrido ese día.

—Disculpe.

La enrojecida cara del doctor apenas y puso atención a la persona que lo llamó, así que cuando se volteó la persona no dudó en sentarse a su lado.

—¿Podría contarme más sobre eso? No pude evitar escucharlo.

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Las noches eran difíciles, casi insoportables. La habitación era fría y la fina sabana no lograba darle ese calor al que estaba acostumbrado. Pero sabía que su escalofrío no podía ser amainado con una manta caliente o una mejor cama, en su mano se encontraba aquel tesoro que lo mantenía con vida junto con la memoria de su último adiós.

Un listón de cabello, fino, que con el pasar de los días pudo darse cuenta que iba perdiendo hebras y se descocía lentamente. Si tan solo pudiera ver para poder arreglarlo…

Sakura siempre mantenía el listo unido a su placa como ninja de la Aldea de la Hoja, un listo tan simple y de color rojo cuya única función para ella todo este tiempo había sido sostener su cabellera al final se convirtió en aquello que mantenía cuerdo a Itachi cuando no podía más, cuando en sus sueños más aterradores y perversos sentía el dolor de ver morir a todos aquellos a los que alguna vez lo amaron. Nunca había tenido esa clase de pesares en Akatsuki, tampoco cuando espía de Danzo, pero sabía que era porque se había encargado de enterrar esa clase de emociones que lo debilitaran en lo más profundo de su corazón, que al conocer a Sakura no pudieron evitar salir a flote.

El listón lo mantenía en su bolsillo izquierdo de su bata de hospital, justo donde su corazón palpitaba. Sakura se lo dio con total seguridad, tiró su placa y le dijo que esto los mantendría juntos sin importar la distancia y el tiempo que estuvieran separados, un hilo rojo que los mantendría atados por la eternidad…

Y tenía razón, cuando Itachi acariciaba la textura de la tela, cuando olía y se pasaba la cinta por su mejilla era casi como si ella estuviera ahí, abrazándolo, diciéndole que ya pronto comenzaría a llover y que por tanto deberían ya irse a la cama para descansar. A Sakura le dolía la herida en su espalda cuando el clima era más frío de lo habitual. Sentía su piel blanca contra la suya incluso sin tenerla ahí, y el olor a flores se impregnaba en toda la habitación cuando susurraba su nombre en esas frías paredes.

—Muy pronto…

Ya casi.

Si el trasplante salía como lo tenía planeado…

Si podía recuperar la vista…

Ya no tendría que imaginarse la imagen de un hada en los campos de flores en primavera.

—Solo espérame, Sakura.

La tendría a su lado, juntos en ese campo.

Sin importar qué.