Nota de la traductora: vayan por un paquete de pañuelos, yo se lo que les digo!

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No necesitaba preguntar a quién se refería.

Así que solo asintió y comenzó a caminar hacia las puertas principales.

Su brazo a través del de él.

Ya no intentaban ocultar su cercanía, ¿qué sentido tenía?

La mayoría de los estudiantes mayores sospechaban que eran amigos cercanos de todos modos, y los estudiantes más jóvenes la veían como una más del personal, así que realmente no verían nada malo en que los dos caminaran juntos, ¿por qué no deberían hacerlo?

La mayoría de ellos estaban bastante dispuestos a aceptar su cercanía con él, ya que lo hacía feliz, y un Snape feliz era... bueno, todavía aterrador, pero mucho menos.

Y en lo que respecta a Severus, él quería que lo vieran con ella.

Que el cretino me vea con ella.

Que se enoje y se descubra.

Que entre en pánico y huya cuando vea que ella es mía, solo hará obvio quién es él.

Y no podrá esconderse de mí por mucho tiempo.

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Sería la primera vez que se encontraría con los centauros, desde que Magorian había dejado el castillo con el cuerpo de la bebé en sus brazos.

Magorian los recibió en el lindero del bosque, y Severus se sorprendió momentáneamente de que en lugar de la habitual partida de caza con Bane y Ronan, estaba solo con su yegua Lucrecia, y otra yegua que Severus estaba bastante seguro de que era la compañera de Bane, Lagertha.

La chica en sus brazos estaba tranquila, pero no soltó su mano.

Severus saludó a Magorian entrelazando sus manos y se inclinó ante las dos yeguas, que inclinaron la cabeza en respuesta.

Magorian se acercó a Hermione, y Severus se sorprendió una vez más cuando el hombre se arrodilló en el suelo hasta que estuvo casi a su altura y la atrajo hacia un abrazo muy humano.

Hermione sollozó y abrazó a Magorian.

"Lo siento", lloriqueó.

"No lo sientas". Él respondió.

Severus sabía que ella se estaba disculpando por no haberle hablado, por no responder a su llamado.

"Sabíamos que vendrías cuando estuvieras lista, Mikrofotia, te habríamos esperado el tiempo necesario", le respondió, con la voz más suave que Severus le había oído usar.

Cuando se puso de pie, dio un paso atrás y las dos yeguas la flanquearon.

Cada una puso una mano tranquilizadora sobre su hombro, pero fue Lucrecia en quien ella se apoyó.

Severus quería acercarse, pero comprendía que ella las necesitaba.

Podía dolerse con ella, llorar con ella y simpatizar con ella. Pero solo las mujeres, madres ambas, serían verdaderamente capaces de comprender su pérdida, de una manera que él nunca podría entender.

Ella se giró y lo miró por encima del hombro y él inclinó la cabeza, haciéndole saber que la seguiría, mientras los cinco comenzaban a atravesar el bosque.

Un graznido desde arriba llamó su atención, y vio que Odín los estaba siguiendo.

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Severus caminó con Magorian, y las yeguas caminaron al frente con Hermione.

Cuando llegaron al claro, él iba a seguirla, pero Magorian lo detuvo.

"Es su elección", le dijo suavemente. "Perder un potrillo es la carga de una yegua. Ya sea que ella quiera que veas a su potrillo ahora, más tarde o nunca, respetarás sus deseos".

Así que esperó y cuando Hermione se volvió para buscarlo, él fue hacia ella.

Magorian se quedó atrás, y Lucrecia y Lagertha los siguieron hasta el claro, pero Lagertha se quedó al borde como una centinela, y Lucrecia fue a presentar sus respetos a otro lugar.

Severus y Hermione caminaron hacia el centro del claro, cerca del agua que corría.

No necesitaban que les dijeran a dónde ir, los centauros habían entretejido su magia y hermosas flores crecían en grupo alrededor de una pequeña piedra.

Los centauros no tenían lápidas ni monumentos, en su lugar usaban piedras o árboles normales, y en lugar de grabar palabras o incluso runas... tallaban estrellas.

Tampoco mantenían las tumbas quitando las plantas, dejaban que la naturaleza siguiera su curso y las reclamara una vez más mientras las plantas y los árboles se entrelazaban alrededor de las piedras y las tallas.

La piedra que se encontraba junto al río había sido tallada hermosamente, era una especie de ágata. Entonces, cuando la piedra gris opaca fue tallada, expuso el hermoso interior parecido a una gema, por lo que la constelación en la roca centelleaba y brillaba a la luz.

Realmente era hermosa, y Severus tenía la sensación de que nunca se desgastaría. Nunca se empañaría ni se desvanecería. Había algo en la magia inherente de los centauros, tan ligados a la tierra... no sabía cómo, solo lo sabía.

Ella se desplomó de rodillas cuando llegó allí y él se arrodilló a su lado, y por un rato estuvieron en silencio, escuchando el sonido de las aguas que fluían suavemente y de los pájaros.

Después de un rato, ella colocó su mano sobre la pequeña piedra, e incluso su pequeña mano casi la cubrió, y luego comenzó a sollozar y su corazón se rompió por ella cuando la rodeó con un brazo para apoyarla.

"Harry... por favor, cuídala... por favor... no quiero que esté sola."

Era la primera vez que le hablaba en voz alta, aunque Severus sabía que ella le "hablaba" mentalmente desde antes, ella se había dicho.

Su corazón se rompió una vez más por ella, mientras ella se hacía añicos frente a él.

"Por favor... por favor Harry... por favor encuéntrala... Los Padres y Madres de las estrellas te ayudarán, por favor... por favor."

Su cuerpo temblaba con sollozos y se sintió perdido y sin saber cómo consolarla.

Cuando de repente ella se congeló y él también. Un escalofrío le recorrió la espalda al ver lo que vio.

Ella levantó la cabeza y él también lo hizo al ver a los centauros que estaban a apenas 15 pies de distancia al otro lado del agua. Ninguno de ellos le resultaba familiar.

Y de pie, orgulloso, en el medio, estaba el gran ciervo al que rodeaban, como si lo hubieran guiado hasta allí.

Era una visión etérea.

Cuando el ciervo se quedaba quieto, parecía sólido, real. Su pelaje era oscuro e increíblemente despeinado. Con ojos verde esmeralda.

Pero cuando se movía, su cuerpo se estremecía y ondulaba y se volvía como humo... menos corpóreo, casi como un patronus.

Inclinó la cabeza como para beber del agua que tenía frente a él, pero cuando resopló y levantó la cabeza, Hermione contuvo un sollozo.

Encaramada en su cabeza, entre sus grandes astas, había una cría de nutria increíblemente pequeña e increíblemente peluda que chillaba juguetonamente.

Cuanto más los miraban, más insustanciales se volvían, desvaneciéndose cada vez más como lo haría un patronus, como el humo, hasta que desaparecieron en el viento.

Habría pensado que era una alucinación, si hubiera sido él solo, pero estaba claro por el rostro de Hermione que ella también lo había visto.

Y después de un momento, cuatro palabras resonaron en el claro, como un susurro en el viento que agitaba las flores a su alrededor, en una voz que ninguno de los dos pensó que volvería a escuchar.

"Ella está conmigo, Mione."

Nota de la traductora: Lloremos!