Weeey originalmente yo pensé que iba a ser un oneshot máximo threeshot, ya vamos en el 7 X'D

Capítulo VII

Con más lentitud de la usual, Viktor llegó a su hogar, casi en una ensoñación. Aun no podía creer todo lo que le había ocurrido desde la tarde anterior, aunque la prueba estaba en su mismo cuerpo. Junto a su puerta, vio una carta esperándolo en el buzón y la tomó sin realmente leerla. Asumió que debían ser solo facturas.

Abrió la puerta y entró con un paso lánguido, arrojó la carta sobre la mesa, para ir directo a la regadera. Estaba más que cansado. Sus músculos dolían, pero, aún quedaban rastros de la previa excitación en su cuerpo. Cosquilleos por ahí y por allá, con sensaciones curiosas de algo que antes había estado en su cuerpo y ahora no estaba. Rozaduras dolorosas y el anhelo de manos que ya no estaban recorriendo su cuerpo.

Se desnudó con la parsimonia que su ritual le obligaba, deshacerse de cada prenda, de la faja, la férula. Todo lo hacía irremediablemente lento. A veces, se desesperaba él mismo con ello, su cerebro iba tan rápido, y su cuerpo no podía seguirle el ritmo. Ocasionalmente se preguntaba por qué le habría tocado un cuerpo tan incompetente y sensible, junto con emociones tan intensas que eran distractoras. En su opinión, era algo muy fuera de lugar para un científico como él.

Suspiró.

Cuando finalmente terminó, templó el agua. Y mientras esperaba, volteó a verse en el espejo del baño. La imagen lo impactó a sobremanera al grado en que tuvo un sobresalto: Todo su cuerpo estaba lleno de marcas de besos. Las marcas que dejó Jayce.

Estaba seguro de que esas marcas estaban incluso en sitios que él no alcanzaba a ver. Por inercia se volteó por un lado y por el otro, tratando de divisar la mayor cantidad de ellas. Había demasiadas para contarlas.

Observó su cuello, y no pudo evitar pasar sus dedos por aquella zona. Ahí tenía las marcas más severas, creadas con el único objetivo de que no pudiera ocultarlas.

Por otra parte, supuso que, al hacerlas, Jayce deseaba dos cosas al dejarle marcas tan intensas: una era que los demás las vieran, dejando expuesto ese lado posesivo que no había reconocido. Bufó. Y de pronto recordó algo ¿Qué podía esperar de un hombre que firmaba todas y cada una de las páginas de sus investigaciones? Básicamente había "firmado" todo su cuerpo con esas marcas.

Respecto al segundo deseo de Jayce, probablemente era que no cuestionara la veracidad de su unión física. De no ser por las marcas, tal vez sí se convencería a sí mismo que todo había sucedido en su imaginación.

Cuando el agua estuvo lo suficientemente tibia, dejó que la cortina de agua cubriera cada rincón de su cuerpo, dándole el confort de la calidez que ahora extrañaba. Luego, enjabonó su cuerpo, sintiendo una estela de sensaciones reminiscentes del tacto de Jayce. Ese hombre le había hecho algo a su cuerpo, ahora reaccionaba anormalmente al tacto. Trató de olvidarlo, permitiéndose masajear su pierna a la que le había cargado mucho de la actividad de esa tarde.

No obstante, aun bajo el chorro de agua tibia, pudo sentir su rostro enrojecer. Su cuerpo temblaba aun y su miembro se había activado.

¿Qué pasaba con él? Esas sensaciones nunca habían sido tan…fuertes. Masajeó aquella otra longitud y mientras lo hacía, echó un vistazo a las marcas en sus muslos.

— Firmó cada extremidad — murmuró, sintiéndose aun más excitado. Esto era culpa de Jayce…ambos Jayce. Su cuerpo se había vuelto extraño.

Pasó de ser un verdugo cruel que encarcelaba su mente, a ser un centro sensitivo y placentero que no encontraba como apagar.

Luego de darse un poco más de amor a sí mismo, siguió lavándose y limpiando ahora su interior con algo de dolor. Aunque había aseado una pequeña parte mientras estuvo en el laboratorio, aun sentía una pegajosa humedad dentro y fuera de sí.

En su mente surgió otra idea. El sentirse en medio del cuerpo de ambos Jayce, le hizo desear algo que no habían hecho y que él mismo desconocía si era o no posible. Quería a ambos al mismo tiempo. Los anhelaba en su interior.

Golpeó su pierna.

— Ni debería dejar que vuelvan a tocarme si van a distraer así mi cuerpo y mi mente —dijo un poco molesto, pero no lo suficiente para cumplir dicha auto amenaza.

Al cabo de veinte minutos, terminó. Enredó una toalla en su cintura y fue a buscar su ropa. Con la misma ritualista lentitud, se vistió y se recostó por fin en su cama, pensando.

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Ambos Jayce iban caminando uno al lado del otro, a una distancia prudente. No querían llamar demasiado la atención, pero era difícil que el concejal no robara miradas y más aún, en compañía de otro hombre que lucía idéntico a él, aunque con una barba que le daba un aspecto más maduro y esa aura salvaje tenía su atractivo. Por supuesto, lo que probablemente estaba observando la gente era el martillo gigante que cargaba el viajero.

Por si cualquier situación, ambos Jayce habían acordado aparentar ser primos en caso de que alguien preguntara al respecto. Pero mientras nadie lo hiciera, simplemente irían a casa.

— Por cierto, modifiqué la faja y la férula de Viktor.

El Jayce de ese mundo frunció el ceño con disgusto.

— Lo sé, pude notarlo — en su voz era palpable el desagrado.

— En mi mundo, el no hacerle esas modificaciones, generaron algunas lesiones en la piel de Viktor, era mejor evitárselas. Fue doloroso para él.

— Gracias.

El joven aceptó la intervención. Siempre preferiría todo lo que fuera mejor para Viktor, no obstante, no dejaba de sentirse incomodo. Deseaba haber sido él quien hubiera hecho un aparato que ayudara a Viktor sin lastimarlo, pero ya estaba hecho. Así como deseaba haber sido él quien experimentara con el cuerpo de Viktor sin la compañía de su otro yo.

— Te dejé notas de qué hice y por qué — agregó.

— Escucha, aunque agradezco lo que hiciste para que los aparatos no lastimaran a Viktor, te agradecería que dejaras de intervenir en lo que refiere a Viktor y yo.

— Igual que tú, quiero evitar el sufrimiento de Viktor. Así que debes madurar. Solo te di un empujón en esa dirección.

— ¿Empujón? ¡Esa fue una patada! Literalmente acabo de terminar con Mel anoche y hace unas horas…con Viktor…simplemente siento que no estoy haciendo las cosas bien. ¿Cómo puedo demostrarle que soy confiable si mis acciones no me respaldan?

— ¿Te arrepientes de estar con él? — inquirió el de la barba con sorpresa.

— ¡NO! ¡No, claro que no! Es solo que no quiero que Viktor malinterprete las cosas. Dije algo que no debía…

— Si dejas de hacer las cosas a medias, no lo hará. En cuanto a tus palabras, en eso no puedo ayudarte.

— Siento que todo fue…muy rápido…

— Esa ultima parte, fue decisión tuya. Yo solo te dije que hablaras con él, no que dieras ese salto si aún no llegabas ahí.

— Claro, sugeriste eso mientras te acostabas con él.

— ¿Y qué? Yo estaba en un momento privado con Viktor que tú interrumpiste. Aun cuando no son nada, principalmente porque tú estabas con Mel hasta donde él sabía. Fuiste tú quien decidió involucrarse por celos y una débil resolución. ¡Deja de tomar decisiones impetuosasQ

Guardaron silencio, uno bastante incomodo por algunos minutos. El menor sabía que el viajero tenía razón, pero eso no volvía la situación justa.

— No es justo.

— ¿Para quién? ¿Para Viktor? ¿Para ti?

— Tú tuviste tu oportunidad en tu mundo y tal vez hiciste las cosas muy tarde, pero tuviste tu propio tiempo para aprender. En cambio, yo…

El humor del mayor se ensombreció. Su otro yo había pisado una mina en su interior. Ciertamente, él se había tomado su tiempo para aprender y solo necesitó sufrir el abandono de Viktor, un viaje interdimensional, una pierna rota, un apocalipsis y varias noches de reflexionar en sus errores.

— Quiero ahorrarte todo lo que me costó aprenderlo.

Silencio.

Durante el resto de su silenciosa caminata, el más joven miró a su otro yo de reojo de manera insistente. En realidad, lo hizo tanto y tan seguido, que, olvidó pretender que no lo observaba, tal era su insistencia que el otro rompió el silencio con algo de exasperación.

— ¿Qué? — susurró, intentando no gritar.

Tosió el más joven.

— Entonces… ¿tú y Viktor?

Al inicio, el mayor se quedó en silencio, esperando que especificara más su pregunta. El más joven, carraspeó la garganta para aclararla e intentó de nuevo:

— En tu mundo.

Jayce negó con la cabeza.

— ¿Qué?

— Como les dije, Viktor murió — su mirada se ensombreció.

Debía volver, estaba por desatarse una guerra. Y aunque admitía que se había distraído teniendo finalmente a Viktor entre sus brazos, estaba consciente que tenía que volver para salvar a SU Viktor. Por supuesto, él amaba a Viktor en todas las realidades y en todas sus formas. Aun no podía con su consciencia, con lo que le hizo en la comuna y con lo que sabía que Viktor haría al mundo. Todo era su culpa, culpa de la hextech y de su indecisión.

— Es decir que nunca…

Jayce volvió a negar y apretó los labios. Seguía molesto consigo mismo por no haber notado sus sentimientos por Viktor. Hizo tantas cosas mal, que eso había sido lo que exterminó toda posibilidad de arreglar las cosas con él antes de que llegaran al punto en el que estaban.

— Nunca. Fue…muy tarde cuando lo noté.

— Y así me críticas.

— Precisamente por eso es por lo que te critico. No debes cometer el mismo error.

— Sí, pero…me conozco y Viktor también me conoce bien.

— Permíteme diferir, tú no te conoces, por eso nos metemos en los problemas que nos metemos — rebatió el mayor.

— Bien, acepto eso. Pero, aun así, ambos, Viktor y yo, sabemos que aun ocultas algo.

— No sé qué tanto deba decir, parece que todo lo que toco se corrompe.

— Y aun así, no tuviste reparo en tocar a MI Viktor — reclamó el más joven.

Jayce apretó los ojos. Su otro yo tenía un buen punto, así que se apuró a decir

— No lo dije literalmente— luego lo meditó — Creo.

— ¿Crees? — el más joven arqueó una ceja — ¿Debo preocuparme?

— Te lo contaré, pero aquí no, hasta llegar a casa te diré algunas cosas, lo que sí, es que, no importa lo que suceda, no permitas que Viktor siga desarrollando el Hexcore…

— ¿Por qué?

— Solo no lo hagan…eso matará a Viktor.

— Dijiste que fue un…

El mayor le hizo señal para que se callara, siendo concejal, que la palabra "misil" y "zaun" salieran de su boca, podría alterar a la población.

— Sé lo que dije y es verdad.

— ¿Cómo pueden ser ambas cosas verdad?

— Como te dije antes, lo discutiremos en casa.

Ambos, más que inconformes guardaron silencio y caminaron con apuro a la casa de Jayce. De repente, el mayor preguntó:

— ¿Has sabido algo de Caitlyn?

— ¿Caitlyn? Sigue bajo arresto domiciliario.

— ¿Arresto? ¿No vino a pedirte ayuda con una chica de Zaun?

El más joven estaba confundido con las preguntas de su yo de otro mundo.

— No creo que haya ido alguna vez a Zaun, dudo que conozca a alguien de allá además de Viktor.

— Entonces… ¿No firmaste ninguna orden para que sacara a una prisionera sin cargos ni condena de Stillwater?

— No — negó con una mueca en su rostro— ¿Tú sí?

— Espera, entonces ¿por qué está bajo arresto domiciliario?

— Luego del robo que sufrimos, Caitlyn salió herida. Su madre la quiere segura en casa.

— Entonces ¿nunca fue a Stillwater?

— Fue, aunque no encontró nada que valiera la pena. El único prisionero que podría haber dicho algo fue asesinado. Cassandra recibió una llamada de la comisaría y por eso la mandó a arrestar.

— Entonces ¿Ni tú ni ella, conocen a ninguna chica llamada Vi?

Jayce negó con la cabeza.

— ¿Debería?

— ¿Qué hay de la fábrica de Silco?

— Sabemos que él es el que trafica el brillo, pero no hemos encontrado algo que pueda probarlo.

— ¿Qué? — eso era de locura.

— ¿Qué pasa?

— Esto, todo, es diferente.

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El tiempo que estuvo en su cama, le fue suficiente para reflexionar sobre la petición de Jayce sobre no terminar sus experimentos con el hexcore. Desde su perspectiva, el núcleo hex podría salvar vidas. No obstante, aún no encontraba como estabilizarlo y que sus efectos no terminaran matando a los sujetos de prueba.

Por supuesto, no desechó las palabras de Jayce. No muy seguido aparecían viajeros interdimensionales para advertirte que no cometas un grave error. Así que, algo de verdad debía haber. No obstante, si fue el desarrollo del núcleo hex lo que, supuso, había generado las condiciones para que Jayce pudiera moverse entre dimensiones, entonces, tendría que considerar diferentes caminos para replicar la anomalía.

No solo deseaba ayudar a Jayce con aquello que callaba, sino también, estaba seguro de que ahí se encontraba una pista maravillosa para tal vez poder sanarse y ayudar a las personas de Zaun.

Además, había algo que le inquietaba: en ese mundo se encontraban coexistiendo dos Jayce al mismo tiempo ¿qué pasaría si su estadía se alargara demasiado?

Teóricamente, y en vista de las circunstancias había variadas posibilidades respecto a un viaje dimensional:

1. La situación actual, dos individuos, básicamente, replicas, viviendo en el mismo espacio sin consecuencias aparentes.

2. O bien, que lo que podría haber viajado era la consciencia de Jayce y permanecer en el cuerpo del Jayce que conoce, aunque obviamente esa no sucedió.

3. Otra que no ocurrió, pero no estaba exenta de ocurrir, que la presencia de dos individuos idénticos pudiera generar una distorsión mayor que provocara un cataclismo.

Suspiró.

Cualquiera de los casos podría darse dependiendo del tipo de anomalía que se generara. Pero al desconocer la naturaleza de la misma, el riesgo era muy alto. Necesitaba evitar que sus emociones y deseos respecto a Jayce lo dominaran. Así que estaba decidido a hablar seriamente con él durante la cena. Con los dos tenía una conversación pendiente.

Debían arreglar esas anomalías, era un hecho. El resultado podría modificar seriamente lo que se avecinaba en el futuro próximo.

La pesadez de su cuerpo lo fue mareando y sus parpados le fueron pesados. Debió haberse quedado dormido, pues despertó con un sobresalto gracias a unos golpeteos que había en su puerta. Tomo su bastón y se dirigió a abrir.

— ¿Puedo ayudarlo? — dijo Viktor observando al gigantesco hombre en su puerta.

— He venido a recogerlo por orden de la general Ambessa.

— ¿Disculpe?

— Si revisó su buzón, sabrá que le fue enviada una invitación por parte de la casa Medarda a una asamblea con la general.

Viktor recordó la carta que había abandonado en la mesa. Ni siquiera se había tomado el tiempo de abrirla. Su mente estaba saturada de todo asunto que tuviera que ver con Jayce.

— Me temo que no la he abierto — admitió, sabiendo que, con ese sujeto, era mejor no mentir ante situaciones obvias.

— La general espera.

El hombre dio un paso al frente, amenazante, dándole a entender que no era una opción el negarse a aceptar dicha "invitación".

— ¿Podría darme unos minutos? Necesito hacer una llamada, tenía un compromiso previo.

El noxiano no reparó en ello, sujetó a Viktor del hombro imprimiendo la fuerza suficiente para hacerle entender la negativa.

— Es mejor no hacer esperar más a la general

Viktor suspiró cansinamente. Las personas así eran un fastidio de tratar. Después de todo, Jayce tuvo razón en preocuparse.

Movió su hombro para arrebatarlo del agarre del gigante. No quería que lo tocaran innecesariamente. En general no le agradaba tanto el contacto físico, aunque estaba consciente de que con Jayce era diferente, no solo no le molestaba, sino que hasta lo deseaba. Finalmente, tomó sus llaves y salió acompañado de aquel escolta.

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La general noxiana se encontraba observando hacia afuera. Sabía que no podía presionar más a Mel, al menos no por ahora. Así que simplemente esperó a que su escolta regresara con su invitado especial.

De antemano, sabía que no podría simplemente amenazar a Viktor con matarlo, con solo haberlo visto a los ojos la tarde anterior, supo que él no era presa fácil. Ni cedería ante simples amenazas como la muerte o la tortura, parecía que su cuerpo ya lo hacía pasar por la suficiente tortura como para que eso no fuera siquiera considerada amenaza.

Pero ella sabía bien que todo hombre tenía su precio. Solo debía encontrar el incentivo adecuado.

Para algunos era la riqueza, otros evitar la muerte, otros más el poder, otros era múltiples parejas, otros, mero territorio. Opciones había muchas. Pero los hombres orgullosos, de principios nobles y mentes brillantes, solían ser más difíciles de doblegar. Característica que le gustaba en realidad.

Lo más efectivo, era buscar algo que empatara con sus ideales y fuera lo suficientemente flexible para doblar sus principios o bien, encontrar aquello que no sacrificarían jamás.

Cuando finalmente llegó, Viktor permaneció observándola desde la puerta.

— Bienvenido, cariño, toma asiento.

Viktor se acercó a su ritmo. No muy veloz, no muy lento. Estaba consciente de que, con esa mujer, no podía darse el lujo de parecer mínimamente nervioso. De lo contrario, estaría a su merced.

Sucedió lo mismo cuando iba a salir de Zaun. Con grandes sacrificios, sus padres habían ahorrado mucho para conseguirle un uniforme de la academia y poder así, migrar hacia Piltover, esperando que la persona correcta lo notara. En ese entonces, tuvo que pedirle permiso a Silco, el padrino de Zaun, para moverse.

Por el contrario de lo que Jayce probablemente pensaba, Silco ya había notado su existencia desde mucho antes. No obstante, contrario a lo que la mayoría pensaba, Silco estaba a favor del progreso, al grado en que, para obtener su permiso, le había hecho una promesa. Sus reminiscencias fueron tan vívidas que antes de darse cuenta, el recuerdo pasaba frente a sus ojos.

En aquella oficina solo se escuchaba el rechinido del ventilador y pronto, la voz ronca y profunda de Silco.

— La fuga de talentos es un mal común en naciones que se encuentran en vías de desarrollo.

Dijo el hombre con un puro en la mano.

— Si no hay donde el talento pueda desarrollarse, con el tiempo se marchita y muere. Se vuelve…un desperdicio — comentó Viktor conun movimiento de ceja, sin dejar de confrontar la mirada del mafioso.

Sabía que si había algo que Silco no toleraba era el desperdicio. Y para acentuar su argumento, agregó:

— Con el límite que hay aquí, no puedo ayudar a nadie.

— Veo que eres apasionado e incluso te llamaría patriota, Viktor. No creas que no he notado cómo merodeas por los rincones. Siempre en solitario con algún objeto inusual — dijo ladeando su vaso con vino, haciendo que el contenido diera vueltas — Me extraña que Vander no te haya puesto bajo su protección. En cambio, estás bajo mi ala.

Con una expresión apática, Viktor preguntó:

— ¿Tengo su permiso para pasar por el puente las veces que lo necesite?

— Por lo general y como tú mismo supones, te reclutaría para desarrollar la involución y estancamiento en los carriles. Pero yo mismo sé distinguir a alguien cuyo cuerpo no resistirá. Trabajé demasiado tiempo en las minas para reconocer que, un cerebro tan talentoso y con un cuerpo tan frágil, no durará mucho aquí. Como bien dijiste, sería un desperdicio.

— ¿Me concede su permiso?

— Adelante, no detendría jamás el progreso. Sin embargo, solo te pediré a cambio un par de cosas.

Ambos hombres no dejaban de ver la reacción del otro. Silco buscaba atestiguar si la resolución del muchacho sería o no suficiente. En cambio, Viktor buscaba darle a Silco la seguridad que buscaba ver.

— ¿De qué se trata?

— Una vez que pongas un pie en Piltover, serás visto como un forastero — en su voz se reflejó genuino rencor y alcanzó a apretar la copa en sus manos dando la impresión de que la rompería— Los de arriba no te reconocerán, aunque estén sorprendidos con tu talento.

— Lo sé — dijo casi en automático. Si bien, no lo dijo nunca en voz alta, en el fondo, sabía que eso sería lo que ocurriría.

— Así que, ¿estás listo para recibir todas esas miradas por encima del hombro y techos de cristal?

— Lo estoy.

Silco dio un trago a su vaso.

— La primera es que, sin importar las dificultades, no te rendirás y con tu nombre pondrás en alto a la nación de Zaun. Necesitamos que alguien de Zaun pueda demostrar en el territorio de esos piltillos — dijo eso ultimo con desprecio— De qué estamos hechos.

— ¿Y la segunda?

— No comas ansias, joven Viktor, veo que estás decidido. Esta lección te serviría aprenderla antes de que pongas un pie allá arriba: escucha antes de aceptar cualquier precio, de otro modo, tu impaciencia te hará perder oportunidades.

Viktor asintió en silencio. No olvidaría esa lección.

— Quiero que entiendas, que ese "puente" que une Piltover y Zaun, fue construido con la sangre y huesos de nuestra gente — le dio otra calada a su puro— Así que, algún día, cuando hayas logrado poner tu nombre en alto, volverás a Zaun a rendir tributo a esos huesos que usaste para cruzar. Zaun busca escalar una montaña que no para de crecer, y para poder hacerlo, necesitamos asegurar una garra que pueda facilitar su ascenso. ¿Entiendes?

Viktor asintió sin dudarlo, sintiéndose presa de aquel ojo de esclerótica negra.

De pronto, sus recuerdos se vieron interrumpidos cuando volvió a escuchar la voz de la general.

— Quedé sumamente intrigada por lo que mencionó el concejal en la fábrica, Viktor.

No se había dado cuenta en qué momento la general se había acercado, pero de nuevo le acarició el cabello y la barbilla.

Viktor no pudo evitar sentirse incomodo.

— Si fue algo que mencionó Jayce, lo mejor sería consultarlo a él directamente, yo no tengo injerencia en las decisiones del consejo — desvió Viktor.

— Descuida, no tiene que ver con el consejo. Más bien con hextech en sí. Él mencionó que buscaban maneras de sanar a quienes lo necesiten. Imagino, eso te incluye a ti, cariño.

— Eso es correcto, general — nuevamente intentó poner distancia profesional.

— ¿Qué ha detenido su progreso hasta ahora? — la mirada de Ambessa brillaba con codicia y lujuria.

Esa mujer, sin duda, era el tipo de persona que tomaba todo lo que deseaba sin pedir permiso.

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Cuando llegaron a casa de Jayce, el viajero y el local, se ducharon por turnos, respetando el espacio del otro. Ya había sido bastante extraño para ambos compartir el mismo rostro, no se diga de compartir la cama y la pareja. Necesitaban, aunque sea unos minutos a solas cada uno.

— Me bañaré primero. Estás…en tu casa, toma lo que necesites — dijo el anfitrión con ironía. Definitivamente, ese era el día más extraño que había tenido hasta ahora.

Luego de desnudarse, se metió bajo el chorro de agua y comenzó a asearse. Lo hizo con velocidad, solo quería recostarse en su cama y pensar en todo lo que estaba viviendo, poner todo en orden en su cabeza. El haber terminado su relación con Mel lo hacía sentirse triste, no solo por que implicaba que estaba perdiendo en cierta medida a Mel, sino porque la había lastimado. Por el otro lado, aun no terminaba de aceptarse a sí mismo como bisexual y no porque tuviera algún prejuicio, más bien, era que apenas estaba terminando de digerir sus sentimientos y su deseo por Viktor y sin perder tiempo, se acostó con él. Tenía que dejar de ser tan impulsivo, eso simplemente volvía las cosas complicadas para todos.

Se envolvió en una toalla y salió. Y así como él salió, el viajero ingresó al baño.

El mayor tenía toda clase de imágenes superpuestas en su cabeza, pasando a tal velocidad que se sentía abrumado. Su mano, por supuesto, en su entrepierna para aliviar la tensión que seguía, mientras todos esos recuerdos pasaban por su cabeza.

Tenía imágenes de sí mismo hablando con el mago, anhelando su sonrisa, añorando el haberle dicho más, el haberle al menos prodigado un abrazo. Estaba, seguro de que ese Viktor no había tocado a nadie en años, solo en ese mundo de soledad sin sueños.

Su mano subía y bajaba con parsimonia, imaginando su tacto.

Imágenes de él mismo disparándole aquel rayo a Viktor en la comuna, su cuerpo agonizando, su mirada triste y asustada. Le pesaba, le pesaba tanto el no haber dado media vuelta para sostener su cuerpo y acunarlo, si debía dejarlo ir, debió haberlo hecho de forma tal que ninguno de los dos se arrepintiese.

La velocidad en su mano aumentó, haciendo algunos jugueteos con sus dedos.

Hubo imágenes de aquel automata sujetándolo con sensualidad, y la voz de Viktor invitándolo, tentándolo a unirse.

La sensualidad de su memoria hizo que las sensaciones en su miembro se acentuaran a una velocidad lenta de nuevo, y así intercaló.

Las imágenes de él penetrando a Viktor, los sonidos húmedos, la expresión de éxtasis en su rostro, el interior de Viktor apretando su miembro y ciñéndose a él. La velocidad en su mano volvió a aumentar hasta que se derramó en su mano.

Escuchó unos golpes en la puerta, provocándole un sobresalto. Era su otro yo, interrumpiéndolo.

— Apúrate, tengo aun muchas preguntas.

Negó con la cabeza y se masajeó el entrecejo. Salió y se secó, se medio vistió y salió del baño. Mientras se alistaban para volver a reunirse con Viktor, el viajero se animó a hablar. Como si se confesara con algún sacerdote.

Tenía la mirada perdida en algún punto desconocido, su mano empuñaba el martillo que ahora descansaba en una orilla de una silla.

— Mientras estuve en ese otro mundo, tuve mucho tiempo para reflexionar. Me di cuenta de mis sentimientos. Me di cuenta de todo. En mis puntos más bajos me hallé masturbándome, pensando en Mel…y de repente, un día, más pronto que tarde, estaba haciéndolo, pensando en Viktor. Lloré. Me sentí sucio por desearlo así. Recordé sus palabras cuando me dejó…y por un tiempo todo lo que pude recordar fue a Viktor. Su sonrisa, su cuerpo al tomarle medidas para la faja y la férula.

Aunque su yo más joven no estaba seguro de poder seguirle el hilo, no estaba seguro de a qué "otro mundo" se refería, ni por qué no retomaba la conversación a las preguntas que hizo. Pero aun así se escuchó. Estaba seguro de que su otro yo estaba tan confundido, que apenas y era capaz de darle orden a los hechos.

— Todo lo que había pasado, todo lo que había hecho, solo para conseguir estar más tiempo con él y terminé desperdiciando tiempo y alejándolo.

Hiló Jayce con su mente hecha un caos. Nuevamente pasando de un lado a otro en la conversación, de forma tan desordenada que el más joven tomó una libreta para anotar las cosas que su otro yo decía. Esperando, ordenar así la información y lograr entender las diferencias que había en sus mundos. Si lo hacían, podrían prevenir el misil y quizá hacer las preguntas correctas.

— Y luego de meses de recuperación — continuó narrando— Luego de meses de apenas caminar con la pierna mal desde los carriles hasta nuestra compañía… en un mundo vacío, donde nadie más existía, lo que alguna vez fueron humanos eran autómatas estilizados y terroríficos que me guiaron a él. Lo volví a encontrar. Encontré al mago.

El más joven se sorprendió. Esa versión suya ¿había encontrado al mago que los salvó cuando eran apenas unos niños? Tenía aun más preguntas, pero lo dejó continuar. No quiso interrumpir, no fuera a evitar que dijera algo importante.

— Cuando ese mago me salvó, creí que moriría, mi madre estaba por morir. Vi frente a mí el límite de la vida y de las capacidades humanas. Pero, no era así. En medio de todo ese caos, justo en el límite de todo, llegó. Él me dio una identidad, me dio un sueño, hizo que todos los límites que creía que había, se rompieran. Me hizo sentir que todo era posible con la magia. Fue un sentimiento muy hermoso. Anhelé volver a acercarme a él. Quise desde el fondo de mi corazón volver a encontrar a ese mago, quería agradecerle, quería aprender de él, quería… — apretó los ojos con resignación— Lo deseaba tanto — volvió a abrir sus ojos — Y de repente, sentí eso mismo con Viktor. Cuando estaba a punto de saltar, él llegó como un superhéroe, igual que ese mago. Él no usó las runas, pero me entregó de vuelta la mía, mi sueño, mi identidad, él se quedó conmigo. Él me salvó. Y sentí de nuevo que todo era posible estando con él. El problema fue que, al mismo tiempo, conocí a Mel. Ella es una mujer hermosa, es inteligente, es atractiva, es amable…Ingenuamente, atribuí que lo que sentía era la atracción que sentí por ella. Pero mi ingenuidad no fue por ella, fue porque yo quise pretender ser ingenuo. Yo quise dejarme manipular, yo mismo fui cómplice para poder hacer lo que necesitaba para abrirme paso junto a Viktor. Mel no tuvo la culpa. Fue algo que los dos forjamos y al final del día, no tuve el valor para admitir que todo era porque siempre busqué a Viktor en ella. Aun así, empujé toda la culpa a ella. Y luego, cuando llegué a la cima de aquel lugar, me di cuenta de que todo este tiempo, ese mago, siempre había sido Viktor.

— ¡¿Ese mago es Viktor?! — no pudo evitar interrumpir. Esa revelación había sido algo que definitivamente no esperó.

— Sí. Es de otro mundo, uno en el que sucedió, absolutamente todo lo que debemos evitar. Cuando lo vi, noté que siempre lo deseé, él siempre hizo todo fuera posible. Le hice una promesa que debo cumplir. Y de estar en mi lugar, tú también lo harías. Él lo dijo y confío en él: en todas las líneas de tiempo, en todas las posibilidades, solo tú puedes hacer que él lo entienda. Debemos evitar esa catástrofe — dijo con resolución en su mirada.