Yoh virtió el líquido desinfectante sobre una gasa. Se acercó a Anna que estaba recostada en el futón. Levantó la playera blanca manchada de sangre descubriendo el abdomen y vió la herida. Un corte vertical en el lado izquierdo que iba desde las costillas a la altura del ombligo. Un corte limpio y profundo. De una espada. Su espada.

Limpió la herida con cuidado. Ella ni se sobresaltó, estaba acostumbrada al dolor de las heridas y los chamanes recibían muchas.

El castaño usó más gasas para presionar la herida, no dejaba de salir sangre.

—Dijiste que en el Ultra senjiryakketsu se describen técnicas de sanación. Deberíamos pedirle a Hao que ayude con la herida. Es profunda.

—Prefiero lo que sea antes de llamar a Hao.

—Voy a tener que suturar—habló seriamente mientras sacaba del botiquín lo necesario.

—Esta bien—confirmó ella suavemente poniendo su mano en la de Yoh.

—Te lastimé mucho.

—Me salvaste. Esos demonios me hubieran destruído.

—Lo sé pero…

—Hubiera muerto, Yoh. Tomaste la decisión correcta—lo interrumpió.

Él volteó a verla. La mirada de Yoh se fue relajando y besó la mano que le había puesto.

—Ahora vamos a mi parte favorita—dijo ella volteando a ver otra botella en el botiquín. Yoh río mientras se la pasaba. Era sake. Del fuerte.

—¿Estás segura que prefieres las suturas a hablarle a Hao?

—Completamente.

Él se encogió de hombros. Ella le dio un largo trago antes de que Yoh empezara a suturar. De vez en cuando daba más tragos pero nunca se movió. La herida dolía pero ella era ruda.

Cuando el chamán terminó la curación, ella se entregó al sueño.

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Abrió poco a poco los ojos. Se movió y sintió una punzada fuerte en su abdomen que la regresó a la realidad. Hizo repaso mental: su poder se salió de control de nuevo. Invocó a una cantidad estúpida de demonios y maldiciones que la querían poseer y la matarían en el proceso porque no los iba a poder controlar. Básicamente le había enviado material porno de ambos a Hao y luego Yoh la había apuñalado.

«Genial» , pensó mientras intentaba sentarse.

Inmediatamente llegó su prometido a ayudarla.

—¿Cómo te sientes?

—Hambrienta—Yoh sonrió y le puso enfrente una bandeja llena de platillos, todo se veía delicioso. Su prometido sabía cocinar muy bien. Había lo que parecía desayuno y comida y vio a través de la ventana la luz de la avanzada tarde

— ¿Cuánto tiempo dormí? —preguntó devorando un pancake esponjoso cubierto de chocolate y moras.

—Casi trece horas. Estabas muy cansada y tomaste mucho sake—le contestó divertido sentándose atrás de ella atrayéndola con cuidado a su torso y rodeándola con sus piernas.

—¿Hao?

—No está. Vendrá más tarde.

—No has dormido, ¿verdad? —preguntó ella.

—Te estoy cuidando—contestó él hundiendo su cabeza en el cuello de su prometida.

—También necesito que te cuides. El torneo es en menos de un mes—la rubia sintió como él la abrazaba más y ella se apretó hacia él.

La sacerdotisa siguió comiendo hasta que notó que la fatiga y el hambre se habían ido. Se sentía bien por primera vez en días. Se sentía… caliente otra vez.

«Mierda», pensó ella. Pero ya no quería darse placer ella misma. Lo necesitaba a él.

Sin pensarlo giró y levantó un poco su cabeza para besarlo. Nada de escenas indeseadas llenaron su mente.

«Excelente», solo eran él y ella.

Yoh respondió y ella pronto subió la intensidad del beso.

—Anna las suturas—le recordó Yoh con voz ronca entre besos.

—A la mierda—masculló ella poniendo una mano en la nuca del castaño y la otra en uno de sus pechos. Una de las manos de Yoh la siguió y juntos apretaron sus senos por encima de la playera. La otra mano la usó para acariciar suavemente la pierna de ella.

Yoh dejó la pierna y se deslizó debajo del short de la pijama de su prometida. Estaba húmeda.

Sin preámbulos, introdujo un dedo. Ella gimió delicioso haciendo que su miembro palpitara. Necesitaba entrar en ella. Como si lo hubiera pedido, la rubia se empezó a bajar las prendas. Él la ayudó. Sentían la urgencia en el otro y eso les excitó más.

Con gran agilidad como si no estuviera herida, la itako se montó sobre su prometido. Yoh sacó su miembro de los pantalones. Él la tomó por las caderas, la detuvo al ver la herida vendada y preguntó con la mirada si quería seguir.

Ella puso sus manos sobre las de Yoh. Él entendió que debía aflojar el agarre. Ella se fue sentando lentamente en el miembro. Yoh soltó un gemido grave cuando llegó al fondo. La rubia empezó a moverse de arriba abajo, recorriendo ese gran y grueso miembro en toda su extensión. Sus gemidos eran casi gritos. Yoh estaba en el puto paraíso. Quería moverse también pero este no era el momento, era mejor que lo hiciera ella a su ritmo para cuidar la herida.

Él atrapó un seno con su boca, algo rosado por las caricias. Sus manos seguían en la cadera de la rubia.

Anna tenía sus manos hundidas en la cabellera de su amante. Sentía la lengua en su pezón y el grueso miembro que entraba y salía de ella a placer. Yoh llegó al orgasmo, gruñendo subiendo involuntariamente su pelvis perdiendo el equilibrio yéndose de espaldas y llevando con él a la rubia que cayó en su torso. Ella sintió el líquido caliente llenándola y el orgasmo llegó como un rayo. Fue largo y delicioso.

—¿Todo bien? —preguntó entrecortadamente Yoh acariciando la espalda de Anna.

—Sí—contestó ella.

Ambos jadeaban. Se quedaron un tiempo así. Disfrutando el momento. Esperando a que su respiración se calmara.

—Yoh—llamó Anna en un susurro.

— ¿Sí?

—Necesito decirte algo.

Él notó el nerviosismo en su voz. Eso no era bueno.

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—¿Yoh, estás bien? —preguntó Anna.

Él había permanecido en silencio desde que comenzó a contarle todo.

Estaban ahora en la cocina. Estaba apunto de anochecer. El castaño servía agua en un vaso lleno de hielos.

Justo después que Anna mencionara recuerdos sexuales y Hao en la misma oración, Yoh sintió la necesidad de refrescarse de alguna forma. Algo en su pecho le ardía y se estaba extendiendo.

—¿Yoh?

Nada, no contestó.

Justo en ese momento, en el jardín aparecieron el espiritu de Fuego y Hao que estuvo en la puerta de la cocina en un instante.

—Tengo noticias—anunció apresurado antes de notar el ambiente pesado. Se quedó callado. No necesitó leer la mente de su hermano para entender que la rubia le había contado.

Yoh dejó brúscamente el vaso en la mesa y se dirigió a grandes zancadas hacia Hao.

El mayor de los Asakura se movió para dejar la puerta libre.

Yoh se detuvo al lado de Hao para dedicarle una mirada asesina, todo su cuerpo expedía agresividad.

—Una pelea sin poderes para que sea justa—dijo Hao seriamente.

—No actúen como machos estúpidos, idiotas— dijo Anna molestísima.

Yoh salió de la cocina apretando su puño antes de actuar como un macho estúpido.

Hao nunca había visto así a su hermano menor pero no era para menos. Lo entendía perfectamente, si fuera él en su lugar, ya hubiera cometido uno o diez asesinatos para sacar su enojo. Pero Yoh ni siquiera lo golpeó y esperaba mínimo eso solo por haber visto esas escenas en las que ni participó.

—Puedo curar esa herida— ofreció el chamán.

—Gracias pero no, gracias.

Hao miró a Anna con deseo. Ella con enfado.

—Entiendo. Dime algo, ¿cómo logramos leernos las mentes? —preguntó él con voz ronca.

—Ni idea y no quiero que vuelva a pasar.

—He disfrutado demasiado esos recuerdos y estoy seguro que tú también. Si ya están en nuestras mentes, ¿por qué no los traemos a la realidad? —sonreía seductoramente.

—¿Por qué mejor no dejas de ser un gran imbécil, Hao Asakura?—dijo la rubia arrastrando las palabras con desprecio saliendo de la cocina.

—Que te puedo decir, ser imbécil es parte de mi esencia. Pero no respondiste, Anna.

La itako le enseñó los dedos medios de ambas manos por detrás de su cabeza sin dejar de alejarse por el pasillo. Esa era su respuesta.

«Demonios», pensó Hao y rió divertido y excitado.

Su cuerpo había reaccionado de nuevo.

Definitivamente Yoh era más maduro que él.

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Yoh entró en la habitación seguido de su prometida que solo quería estar cerca de él y lejos de Hao.

La rubia empezó a buscar algo en el botiquín. El chamán notó sangre en su playera. Inmediatamente fue hacia ella.

—Se soltó un punto—dijo Yoh entre dientes.

—Valió la pena—confirmó ella recordando el sexo.

El castaño se relajó un poco y comenzó la curación.

—Lo del otro día, cuando estábamos teniendo sexo y lo de tu periodo…

—El periodo fue una excusa.

—Mierda. Entonces son recuerdos pero no suyos.

—No pueden serlo, Yoh. No hay manera.

—¿Y se enteró cuando se leyeron las mentes?

—Sí.

—¿Y ahora regresó tu poder de leer mentes?

—No. Fue solo en ese momento. No sé por que pasó—se notaba la angustia en su voz, era la insertidumbre de no saber que era todo aquello.

—Y ¿cómo es eso de leer mentes? ¿Es como leer un libro, se ven las palabras o…

—Es como ver una película. Es gráfico y tiene sonido.

—Maldición—masculló el chamán—. Y al decir que son recuerdos, ¿quiere decir que también se puede sentir?

—Sí.

—Mierda.

—Sí. Es una mierda. Todo lo que esta pasando lo es—dijo preocupada dándo otro trago a la bebida.

—Por eso no quisiste su ayuda para curar la herida. ¿Habrá más recuerdos?

—Francamente no quiero averiguarlo.

El chamán pidió con un gesto la botella y dio un largo trago.

—Soy tranquilo pero no estoy excento de los celos al saber que otro vio esas escenas contigo y más sin tu permiso. Dicho eso; en cuanto cierre la herida voy a grabar tantos nuevos recuerdos que ni recordarás los otros—dijo él.

—Estoy de acuerdo—dijo ella agradada con las palabras del chamán.

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Normalmente la itako era la celosa. Conoció los celos desde el instituto educativo cuando veía como las chicas de la escuela hacían de todo por lograr la atención de su prometido, ya fuera que alguna le rogara por pasantías privadas después de clases o alguna entablara una conversación de un tema banal demasiado cerca de él y con bastantes botones abiertos de la blusa del uniforme o cómo olvidar a la más ofrecida que en clase de gimnasia utilizó sus dotes de actriz para tropezar y caer casualmente encima de él.

Pobres idiotas todas ellas.

Anna sabía que Yoh las notaba, no es tan tonto, pero las evitaba y rechazaba porque la realidad era que él no quería hacer nada con ellas y sí todo con Anna, como le confesaría él años después.

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El chamán se disponía a vendar la herida ya suturada cuando se escucharon unos estruendos alarmantes: una explosión tras otra.

Salieron corriendo. Yoh llegó con Amidamaru en Harusame y mantuvo detrás de él a Anna.

—Llegaron antes de lo planeado—dijo Yoh en voz baja a su prometido cuando llegaron al jardín.

—Esto es un lío—masculló la itako.


Amaranta: Ya se irá descubriendo porqué es un recuerdo.
Gracias por apreciar cuando Yoh le dió una orden. Siempre he fantaseado con que en la intimidad Yoh es firme y autoritario.
Saludos!

Assai: Gracias por el comentario tan padre! Espero los demás capítulos te sigan llamando la atención.