Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a fanficsR4nerds, yo solo la traduzco.
ALONG THE WAY
Epílogo
25 de diciembre
Mercer Island, Washington
Un año después
―¿Estás lista, cariño?
Bella sacudió la cabeza, rebuscando en su bolso. Yo suspiré, sonriendo mientras esperaba impaciente. Movió cosas de un lado a otro y quise sugerirle que sacara algo, pero iba a volver a escuchar esa puta charla. Así que me mantuve en silencio, divertido, mientras ella se molestaba cada vez más consigo misma.
―Pero si la tarjeta estaba justo aquí ―gruñó, sacando un par de bolsas del bolso. De nuevo, mantuve la puta boca cerrada. Levanté la mirada hacia la casa, observando que mi madre había decorado cada una de las ventanas y toda ella parecía una postal de Navidad. Volví a mirar a Bella, que gritó triunfal al sacar la tarjeta para mis padres de las profundidades de su bolso. Le sonreí con indulgencia y ella me la dio mientras volvía a guardar todas sus mierdas.
―¿Tienes el vino? ―me preguntó, leyendo distraídamente un ticket que había encontrado en el bolso. Asentí, pero no me estaba mirando, así que respondí en voz alta.
―Sí, lo tengo. ―Quise señalar que no lo necesitábamos listo hasta esa noche, pero me mordí la lengua. No importaría para cuándo lo necesitáramos; Bella se estresaría igualmente. Ella me miró―. ¿Podemos entrar ya?
Bella asintió y se desabrochó el cinturón de seguridad. Estiré el brazo hacia el asiento de atrás, cogiendo la botella de vino para mis padres antes de seguirla fuera del coche. La vi mirar ansiosa hacia la casa y estiré el brazo, tomando su mano en la mía.
―Oye ¿qué pasa? ―pregunté suavemente. Ella me miró.
―Estoy muy nerviosa ―admitió. Fruncí el ceño.
―¿Por qué?
Bella resopló y rodó los ojos.
―Porque voy a conocer a tu familia.
Fruncí el ceño.
―Cariño, les conociste el año pasado ―señalé de forma redundante. Ella me dio un ligero golpecito en el hombro.
―Sí, pero solo era una chica que venía contigo. Ahora las cosas son diferentes.
Mis dedos encontraron el anillo de compromiso que había en su mano izquierda y sonreí ampliamente, incapaz de esconder mi felicidad. Bella pilló mi sonrisa y su cara se iluminó. No pude contenerme y me incliné, dejando un ardiente beso en sus labios. Ella gimió y sus dedos abandonaron los míos para acercarme a ella tirando del cuello de mi abrigo. Se me escapó una risita y mis brazos la rodearon mientras sacudía la cabeza.
―Deberíamos entrar ―dije, rompiendo el beso. Bella suspiró. Le había pedido matrimonio la noche anterior y, aunque los dos habíamos querido llamar a la familia para contárselo, habíamos decidido que, ya que íbamos a verlos a todos al día siguiente, esperaríamos y se lo diríamos en persona. En su lugar, habíamos pasado la noche envueltos en el otro.
Había sido mucho mejor que hablar por teléfono.
Volví a cogerle la mano a Bella y tiré de ella suavemente hacia la casa. Tal vez no viéramos a mi familia desde la Navidad del año anterior, pero Bella hablaba con mi madre casi más a menudo que yo y siempre estaba haciendo videollamadas con Alice. Toda mi familia adoraba a Bella. No tenía nada de qué preocuparse.
Llegamos a la puerta principal y estiré la mano, abriéndola. Entramos al vestíbulo y pude escuchar a Alice y mi madre hablando en la cocina. Miré a Bella y sonreí. Ese año habíamos llegado antes, queriendo pasar también la mañana de Navidad con la familia. Sabía que llegaría más gente esa noche, pero de momento solo estaban mis padres con Alice y Jasper junto a su hijo de nueve meses, Tyler. Yo había cogido un vuelo cuando Tyler nació, pero Bella había estado a mitad del semestre y solo pudo hacerle una videollamada a Alice para darle la enhorabuena.
Llevé a Bella hacia la cocina. Mi madre estaba al fuego, removiendo algo que olía increíble mientras Alice entretenía a Tyler en su trona. Estaba enorme. Me costaba creer que había pasado tanto tiempo.
―Feliz Navidad ―dije, entrando en la habitación. Mi madre levantó la mirada del fuego y sonrió ampliamente antes de soltar la espátula para venir a abrazarme. Le sonreí y le devolví el abrazo antes de que prácticamente me empujara a un lado para ir con Bella. Solté una risita mientras mi madre le daba a Bella un fuerte abrazo.
―Bella, me alegro mucho de verte, cariño ―dijo mi madre con entusiasmo. Me volví hacia Alice, cruzando la cocina para darle un abrazo. Ella me lo devolvió con fuerza.
―Feliz Navidad ―dijo cálidamente. Le sonreí y le devolví la felicitación. Miré a Tyler y sonreí. Era una monada, con el pelo negro de Alice y los ojos azules de sus padres.
―No me puedo creer lo grande que está ―dije, sacudiendo la cabeza. Alice sonrió ampliamente, mirando a su hijo con adoración.
―Cambia a diario ―dijo, mirándome. Yo sonreí.
―¿Puedo cogerle? ―No parecía que estuviera comiendo y Alice asintió, ayudándome a abrir la trona. Le cogí con cuidado mientras Alice se acercaba a saludar a Bella. Tyler me sonrió ampliamente, sin rastro alguno de timidez.
No pude evitar sonreírle.
―Hola, amigo ―susurré, acunándole contra mi pecho―. Soy el tío Edward.
Me hizo unos gorgoritos y yo sonreí.
La puerta trasera se abrió y levanté la mirada al tiempo que mi padre y Jasper entraban. Nos sonrieron y Bella fue a abrazarles a los dos. Tyler empezó a hacer ruiditos en cuanto vio a su padre y Jasper rio, acercándose para acariciarle la cabeza.
―Hola, Edward ―dijo, mirándome―. Feliz Navidad.
Sonreí.
―Feliz Navidad ―dije, volviendo a mirar a Tyler―. Ha crecido mucho ―dije, sacudiendo la cabeza. Jasper asintió de acuerdo―. ¿Quieres ir con papá? ―le pregunté a Tyler. Él dio patadas contra mi tripa y se lo pasé a Jasper. Jasper sonrió ampliamente y le cogió mientras Tyler estiraba las manos para tirarle del pelo. Sonreí satisfecho mientras se liberaba del agarre de su hijo.
―El desayuno está listo ―dijo mi madre. Volví mi atención hacia ella, relamiéndome. Cogimos platos y nos turnamos para llenarlos de comida. Mi madre había hecho huevos, bacon, ensalada de fruta y gofres. Todo olía genial.
Cogimos platos y los llevamos a la mesa. Jasper volvió a poner a Tyler en la trona y le puso algo de comida delante. Bella tomó asiento a la mesa y la miré mientras dejaba mi plato junto al suyo.
―¿Café, cariño?
Ella me miró y sacudió la cabeza.
―¿Zumo?
Pestañeé. Bella casi nunca se saltaba el café. Todavía se removía un poco ansiosa y pude ver cómo se frotaba las manos bajo la mesa. Me di cuenta de que seguiría nerviosa por darle la noticia a la familia. Solía hacer una de dos cosas cuando estaba nerviosa: no tomar café o tomar solo café. Cuando estuvo terminando su último trabajo del doctorado, admitió que llevaba casi dos días sin comer y había vivido a base de café y donuts. Le había hecho la cena en cuanto llegué a New Haven esa noche.
Nos puse algo de para beber antes de volver a la mesa. Los seis y Tyler tomamos asiento y mi madre nos sonrió a todos.
―Me llena de amor tener hoy aquí a toda mi familia. ―Suspiró, sacudiendo la cabeza. Miré a Bella, a quien se le habían llenado los ojos de lágrimas. Estiré el brazo y le froté la espalda, y ella tomó aire temblorosa. Me miró a los ojos y ahuequé la mano en su cara, limpiándole una lágrima que se había escapado. Le pregunté en silencio si quería anunciar ya nuestro compromiso o esperar y pude ver la indecisión en su mirada antes de que asintiera. Sonreí y me giré hacia mi familia, que ya había empezado a comer.
Me aclaré la garganta y todos me miraron.
―Bella y yo tenemos algo que compartir ―dije suavemente―. Anoche le pedí a Bella que se casara conmigo y ella dijo que sí.
Mi madre soltó un grito ahogado y saltó de su silla, corriendo hasta estar detrás de nosotros para darnos un fuerte abrazo. Bella rio y empezó a llorar con mi madre mientras esta le prestaba toda su atención. Alice sonreía ampliamente al otro lado de la mesa, con los ojos brillantes mientras intentaba hacer varias cosas a la vez y alimentar a su hijo. Mi padre estiró el brazo y me dio una palmada en el hombro con una gran sonrisa.
―Enhorabuena ―dijo cálidamente.
Solté un pequeño suspiro. Mi divorcio con Rose había ido relativamente bien y después de un par de meses de idas y venidas legales, habíamos dado fin a nuestro matrimonio en marzo. Me mudé de nuestro apartamento cuando Bella y yo volvimos a la Costa Este y, mientras me divorciaba, Bella y yo pasamos los fines de semana viajando para vernos. Ella seguía en New Haven, intentando acabar su doctorado, y había habido unos cuantos fines de semana en que había ido solo para pasar el rato en su pequeño apartamento mientras ella trabajaba. Pero no importaba. Vivía para pasar tiempo con ella y había sido una tortura esperar a que terminara sus estudios. Hablamos mucho del tema y al final llegamos al acuerdo de que ella iría a Nueva York y se mudaría conmigo cuando terminase. Sabía que seguramente deberíamos tomarnos más tiempo o lo que fuera, sobre todo porque yo todavía no había terminado de divorciarme, pero no podía frenar. Solo necesité diez minutos al volver a Nueva York después de Navidad para darme cuenta de que no quería estar separado de Bella. Quería una vida con ella y podía esperar a empezarla.
Bella consiguió terminar su doctorado en mayo y, el mismo día que entregó el último trabajo, yo fui a New Haven para ayudarla a hacer las maletas. Llevábamos viviendo juntos desde entonces.
La única razón por la que había estado un poco nervioso por contarle a mi familia lo del compromiso era por lo reciente que estaba mi divorcio. Sabía que Bella y yo estábamos yendo al ritmo adecuado para nosotros, y Dios sabía que habíamos hablado de ello a menudo, pero me preocupaba cómo se lo tomaría mi familia.
Al parecer, no tenían problema ninguno. Ver aquello me dio una enorme paz.
Mi madre se apartó de Bella, limpiándose las mejillas. Les sonreí a mi madre y mi prometida, estirando el brazo para rodear con él a Bella. Mi madre sonrió ampliamente y me besó en la cabeza antes de sentarse, secándose las mejillas.
―¿Cuándo vais a casaros? ¿Dónde? ―preguntó mi madre, olvidándose completamente de su comida. Yo sacudí la cabeza.
―Mamá, todavía no hemos hablado de eso ―le dije. Ella se mordió el labio y pareció que quería presionar más. Mi padre puso la mano sobre la suya y ella le miró con una dulce sonrisa. Miré a Bella y la vi limpiarse también las mejillas. Me incliné hacia ella, dejando un beso en su sien, y ella suspiró.
Ahora que habíamos hecho el anunció, por fin pude centrarme en mi comida. Me moría de hambre.
* . *
Después de desayunar salí al coche para recoger los regalos que les habíamos traído a todos. Nos sentamos en la sala de estar y nos los repartimos. Ese año mi madre tenía un regalo que había comprado específicamente para Bella, aunque tampoco era que no le hubiera gustado la bufanda que mi madre le había dado el año anterior.
Además de la botella de vino que Bella había elegido para que mis padres sirvieran esa noche, le habíamos cogido a mi madre una envasadora para que pudiera empezar a hacer mermelada con el excedente de fruta que crecía en su jardín cada verano y a mi padre un set de escritorio de Xezo Maestro para su oficina. Le dimos a Alice un jersey de cashmere que Bella le había comprado en Nueva York y a Jasper un bonito ajedrez de alabastro. Bella y yo habíamos ido juntos a comprarle algo a Tyler, y yo me había venido arriba y había querido comprarle media tienda. Bella se había metido conmigo y me había convencido de coger solo unos cuantos juguetes. Había cedido, principalmente porque sabía que tendríamos que llevarlo todo en el avión.
Aun así, le habíamos comprado ropa y juguetes, y Bella había encontrado un montón de libros tanto para Tyler como para Alice y Jasper. Era obvio el amor que Bella sentía por mi familia y, sinceramente, al verles con ella me di cuenta de que el sentimiento era correspondido. A mi familia le había gustado Rose y no habían tenido problema con ella hasta que les di detalles de su aventura, pero al verles acoger a Bella tan de corazón me pregunté cuánto les había importado Rose. Nunca habían sido tan cálidos con ella, tan abiertos y acogedores, y no lo había visto hasta ese momento.
Bella era como una pieza de nuestro puzzle familiar que nadie había sabido que faltaba.
Después de darnos los regalos, fuimos a relajarnos hasta la noche. Mi madre quiso matar el tiempo en la cocina, aunque la mayor parte del trabajo para esa noche ya estaba hecha. Alice y Jasper se fueron un rato a casa, esperando que Tyler durmiera un poco. Y Bella y yo fuimos a dar un paseo por la isla.
Había un pequeño camino cercano a la costa junto a la casa de mis padres y lo recorrimos, cogidos de la mano mientras caminábamos tranquilamente. En cuanto nos acercamos al mar, Bella tomó aire profundamente con un pequeño suspiro. La miré.
―Siempre me olvido de lo mucho que extraño Washington hasta que estoy de vuelta ―dijo suavemente.
Ese último año con Bella había sido fácilmente el más feliz de mi vida. Estar con ella me había cambiado profundamente y me sentía muy agradecido por ello. Me había relajado un poco con el trabajo, eligiendo pasar más tiempo con Bella los fines de semana. Parte de mí se sentía culpable, pero en general me pareció que hacía lo correcto. No quería que mi trabajo arruinara mi relación con Bella de la misma forma que la había arruinado con Rose.
Bajé la mirada a Bella, dándole vueltas a la cabeza.
―¿Querrías volver?
Bella se detuvo de golpe, mirándome en un silencio inducido por el asombro.
―¿Qué?
La miré fijamente, con las ideas todavía dando vueltas mientras intentaba pensar y hablar al mismo tiempo.
―Sé que mi trabajo está en Nueva York, pero puedo encontrar otro. Podríamos vivir en la isla o en Seattle. Joder, podríamos hasta mudarnos a Forks si quieres. ―Seguramente podría encontrar un trabajo. Tal vez tuviera que viajar bastante entre Forks y Seattle, pero estaba seguro de que podría negociar algo que nos funcionase.
Bella me miró con la boca abierta.
―Estás hablando en serio ―dijo en voz baja. La miré fijamente, encogiéndome de un hombro.
―Washington es mi hogar. Yo también me olvido hasta que estoy de vuelta. Aquí hay buenas oportunidades de trabajo y está más cerca de la familia. Podríamos verles a todos con frecuencia sin que tenga que pasar un año entre cada visita. ―Hice una pausa y la miré―. Y es un buen sitio para formar una familia.
Al oír eso, Bella se mordió el labio mientras la esperanza iluminaba su mirada.
―¿En serio? ¿De verdad quieres mudarte aquí?
Asentí.
―Sí, hagámoslo.
Bella frunció el ceño.
―Y ¿qué haría yo?
Me encogí de hombros.
―Lo que tú quieras. No cogiste ese trabajo en Columbia. La UW no tiene el mismo prestigio, pero estoy seguro de que estarían felices de darte trabajo si lo quisieras. ―La miré―. O podríamos abrir nuestro propio despacho. ―Me detuve, esperando a ver cómo se lo tomaba. Ella pestañeó. Estaba claro que la había pillado por sorpresa.
―Yo no sé nada de derecho mercantil ―dijo lentamente.
―Entonces abriremos un despacho de práctica general. Podemos cubrir un buen rango de especialidades.
Bella entrecerró los ojos y, por suerte, la conocía lo suficientemente bien como para saber que no estaba enfadada conmigo, sino que solo estaba pensando en lo que le había propuesto. Arrugó un poco la nariz y sacudió la cabeza.
―No sé ―dijo lentamente―. Tengo que pensarlo.
Quise recordarle que no tenía necesidad de trabajar, que yo podía encargarme de los dos, pero habíamos tenido esa misma conversación una vez y me había estallado en la cara. No había vuelto a mencionar el tema.
―Cariño, lo que quiero decir es que puedes hacer lo que tú quieras. Te apoyaré completamente, ya lo sabes.
Bella pestañeó, sonriéndome. La miré en silencio mientras ella procesaba lo que le proponía. Cuanto más pensaba en ello, más me gustaba la idea. Extrañaba Washington y la idea de estar más cerca de mi familia era atractiva. Les había echado de menos y no habíamos pasado juntos el tiempo suficiente en la última década. Bella y yo podríamos comprar una casa allí. Habíamos hablado sobre tener hijos y los dos estábamos de acuerdo en que queríamos empezar a intentarlo pronto en cuanto nos casáramos, lo que significaba que pronto necesitaríamos espacio. No me llamaba mucho la idea de criar hijos en Nueva York, aunque sabía que mucha gente se criaba allí. Pero quería que mis hijos conocieran el bosque, el campo. Quería que tuvieran la infancia que yo había tenido la suerte de tener.
Miré a Bella, que se mordisqueaba el labio inferior mientras me miraba.
―¿Qué piensas? ―le pregunté suavemente. Bella soltó un suspiro.
―Está bien ―dijo suavemente. Sentí cómo se formaba una sonrisa en mi cara.
―¿Sí? ―pregunté. Bella sonrió ampliamente y me soltó la mano, rodeando mi cuello con sus brazos.
―Sí. Hagámoslo.
Sonreí y me incliné, besándola profundamente.
―Empezaré a buscar trabajo por aquí a no ser que también estés aceptando que abramos nuestro propio despacho. ―Bella me dio un golpecito en el pecho y yo solté una risita, besándole la frente―. Lo dejaremos como opción por ahora. ―Hablaba en serio sobre que abriéramos nuestro propio despacho. Bella era listísima y ya la había visto trabajar. Era una gran abogada y no podía ni empezar a imaginar a cuánta gente podríamos ayudar entre los dos. Sacudí la cabeza en un intento de aclarármela y centrarme―. ¿Quieres vivir en el centro? ―le pregunté, apartándome un poco de ella.
Bella se mordió el labio y sacudió la cabeza.
―Sé que esta isla es cara, pero si pudiéramos encontrar algo cerca... ―Dejó el resto de la frase en el aire y yo sonreí.
―¿Quieres vivir aquí?
Bella se encogió de hombros.
―Es muy bonito y parece que estamos lejos de la ciudad, aunque realmente no estamos tan apartados. Sé que tal vez el viaje al trabajo te cueste y, si quieres vivir más cerca del centro, no pasa nada, es solo que...
La corté volviendo a besarla. Ella sonrió contra mis labios y yo apoyé mi frente contra la suya.
―Me encanta. Buscaremos por aquí.
Bella me miraba con esos enormes ojos y, honestamente, cuando me miraba así, podría darle cualquier cosa ―cualquier puta cosa― que pudiera pedir.
―¿Cuándo crees que podremos mudarnos? ―me preguntó Bella con voz suave pero llena de emoción.
―Empezaré a buscar trabajo ya. Creo que también puedo hablar con Marcus de ello. Tiene contactos por todo el mundo y estoy seguro de que no le sorprenderá enterarse de que queremos volver a casa. ―Bella sonrió por la palabra y yo le devolví la sonrisa―. Si quieres, podemos empezar ya a buscar casa. Estaría bien que nos hubiéramos mudado e instalado antes de casarnos. ―La noche anterior habíamos acordado que ambos queríamos casarnos en Washington, aunque no habíamos decidido nada más que eso. Bella se mordió el labio y asintió de acuerdo.
―Definitivamente quiero estar instalada aquí antes de que nazca el bebé ―murmuró. Yo asentí. Definitivamente, deberíamos estar instalados antes. No podía ni imaginarme el estrés de una mudanza además de tener un bebé. Con ese límite temporal...
Mi corazón se aceleró al mirarla.
―Espera. ¿Qué has dicho? ―solté con voz ahogada. Bella me miraba fijamente, mordiéndose el labio. Sus ojos estaban muy abiertos y un poco vidriosos.
―Um... Estoy embarazada ―susurró. Sentí que me faltaba el aire y respiré profundo.
―¿En serio? ―No podía estar tomándome el pelo. No creo que fuera capaz de sobrevivir si fuera así. Bella sonrió un poco y apartó los brazos de mi cuello, llevándose una mano al estómago.
―Me hice la prueba ayer. No he ido al médico ni nada, pero... ―Volvió a morderse el labio y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo mientras la atraía contra mí. Me sentía a punto de desmayarme por todas las emociones que me recorrían.
―¿Un bebé? ―repetí ahogado. Bella asintió contra mi pecho.
―Sí, un bebé.
Me aparté de ella y me puse de rodillas, colocando mi cara contra su estómago. Apenas podía notar la forma de su cuerpo bajo el jersey y el abrigo, pero no me importó. La rodeé con mis brazos, con los ojos llenándoseme de lágrimas que se derramaron más rápido de lo que podía pestañear. Bella me rodeó la cabeza con los brazos, abrazándome mientras yo dejaba un beso en su estómago. Ahí, en alguna parte, una vida estaba comenzando.
Bella enredó los dedos en mi pelo y la miré, incapaz de recuperar el aliento. Ella sonrió entre lágrimas y estiró los brazos para limpiar las mías de mis mejillas.
―Te quiero mucho, Bella ―susurré. Ella sonrió y se inclinó, ahuecando las manos en mi cara tiernamente y besándome.
―Te quiero mucho, Edward.
Espero que os haya gustado.
Este domingo no voy a poder actualizar, así que subiré el primer outtake lo subiré el jueves y el martes pondré un adelanto en el grupo Élite Fanfiction de Facebook. Mientras, contadme qué os ha parecido este capítulo.
Gracias por leer y comentar!
-Bells
