Hola hermosas, muy buenas tardes, espero que estén muy bien todas y cada una de ustedes. Les recuerdo que los personajes no son de mi propiedad, pero la historia es completamente de mi autoría, NO es para menores de edad, ni para personas sensibles al tema adulto.

GRACIAS POR SU COMPRENSIÓN.

DESTINO

CAPÍTULO 46

Los días iban transcurriendo rápidamente, la boda de Tom y Elisa estaba a la vuelta de la esquina. Candy y Anthony continuaban cuidando a la vieja Elroy, quien con la llegada de Albert y Alexander había tomado nuevas fuerzas para volver a ponerse de pie, aunque de vez en cuando Candy debía ponerle suero por las noches, para hidratarla correctamente.

-¿En qué piensas? – Preguntó Anthony a su mujer una vez que se quedaron solos en su habitación.

-En la tía abuela. – Respondió la rubia, quien ahora la llamaba así a petición de la matriarca. Anthony no puso mucha atención a su respuesta ya que comenzaba a darle cortos besos por su cuello. – Creo que le ha sentado muy bien que Albert y Alexander estén con ella, al igual que los niños de Stear, es como si la compañía de ellos la hubiese recuperado. – Dijo mientras cerraba los ojos y comenzaba a disfrutar de los besos de su hombre.

-Sí… - Decía Anthony despegando sus labios de su piel solo para decir esa corta frase, para después continuar con sus caricias.

Anthony tenía que aprovechar el momento en el que su hijo estaba ocupado para poder estar íntimamente con la pecosa, ya que el pequeño ciclón de Alexander, demandaba mucho la presencia de su padre, sobre todo a la hora de dormir, no le gustaba dormirse sin que su padre le contara un cuento, porque jamás había dormido solo en una habitación y debía acostumbrarse.

-¿Ya se durmió Alexander? – Preguntó Candy con deseo, mientras su mente volaba a las caricias que recibía de Anthony.

-Completamente… - Dijo Anthony girándola de frente hacía él, tenía un par de horas antes de que la rubia fuera a darle el medicamento a la tía abuela.

-Anthony… - Gimió Candy cuando sintió que el rubio se puso de rodillas y se metió debajo del largo camisón de seda que llevaba en esos momentos, sintió como sus manos se deshacían de su ropa interior y cómo estas separaban sus pliegues para después comenzar a succionar con ansiedad aquella zona ya húmeda, que pedía atención inmediata.

Las manos de Candy se dirigieron hacia la cabeza de Anthony, quien seguía debajo de su camisón, acariciándola sobre la tela mientras el rubio comenzaba a aumentar sus succiones. Candy era libre ahora de gemir todo lo que quisiera, la privacidad que por el momento gozaba era un alivio que había percibido la primera noche que hicieron el amor en la mansión de Chicago.

Candy subió su camisón para tener la libertad de darle más espacio a su amante, que en esos momentos utilizaba su lengua para penetrar su centro. Anthony sonrió sobre su centro y arremetió con mayor ímpetu contra ella, aferrándose a sus caderas mientras la rubia levantaba su pierna y la sostenía en algún mueble cercano.

Anthony despejaba aún más su zona, buscando un contacto más directo, buscando con sus dientes aquel pequeño botón que aumentando su tamaño y enrojecido, se le ofrecía cual manjar delicioso y envolvente frente a él. Lo rodeó con su lengua y el gemido de Candy sonó como música celestial para el joven rubio, quien con ánimo de continuar con su faena buscó apoyo para la pecosa y así poder levantar su otra pierna y tenerla completamente dispuesta para él.

Candy se dejaba llevar por las posiciones en las que Anthony la colocaba, sabía que aquello le aseguraba un placer que estaba deseosa de saborear, mientras la cabeza de su amante continuaba entre sus piernas, alargando las embestidas que su lengua le proporcionaba. Anthony se había convertido en un amante experto en sus brazos y podía llevarla al clímax en cuestión de segundos, o retrasar su culminación alargando el maravilloso momento, esta vez no pudo soportar tantas caricias tan directas sobre su sexo y se dejó llevar de inmediato por ellas, estallando intensamente en los labios de su amante, que frenéticos recibían la ola de placer que proporcionaba su cuerpo, devorando con ansiedad cada pequeño residuo que llegaba hasta su boca.

Anthony se separó por unos momentos y la observó con deseo y picardía. Candy respiraba mirándolo fijamente mientras continuaba expuesta ante él, sabía que no había terminado, sabía que su boca pedía más y Dios sabía que ella lo deseaba. Sus ojos se miraron cómplices y un nuevo asalto se llevó a cabo, uno en el que Anthony invadía una y otra vez y por momentos se detenía para detener su próximo orgasmo.

-Anthony… - Gimió Candy esta vez con fuerza, suplicando que por favor detuviera su martirio y la llevara a la cima misma del placer, sin embargo el rubio quería alargar el proceso, quería disfrutar del sabor y del aroma que ella le brindaba, quería disfrutar de su cuerpo antes de sentir el abrasante calor que lo envolvía cuando estaba en su interior.

-Quiero verte pecosa… - Le dijo en un pequeño descanso, uno que hizo que pusiera sus ojos en ella, quien ansiosa se removía esperando zambullirse en esa ola de placer que la estaba consumiendo.

Candy respiraba agitada, su pecho subía y bajaba con rapidez, su boca buscaba el aire que se había alejado de sus pulmones y su cuerpo comenzaba a moverse de manera errática y sensual. Anthony no quitaba su vista de ella y cuando estuvo seguro que un nuevo diluvio venía hacia él hundió sus dedos dentro de ella, logrando que la rubia gimiera fuertemente y se dejara llevar por aquel diluvio que lo atrapó en medio de su salida, tragando todo lo que Candy liberaba mientras sus gemidos salían despavoridos uno tras otro de su boca.

Anthony sonrió complacido y totalmente excitado por el maravilloso espectáculo que había resultado para él ver a su pecosa en ese punto tan íntimo y sensual. Besó una vez más entre sus labios y la miró desde abajo, ella seguía perdida en ese placer proporcionado. La bajó del mueble al que habían recurrido en el último momento y la beso en su boca apasionadamente, buscando regresarle el aire que le había robado al momento de hacerla estallar de placer.

-Te amo Anthony… - Dijo Candy con una sonrisa lacia, una sonrisa que advertía a Anthony que había hecho nuevamente un gran trabajo. Él la besó con lentitud, orgulloso por lograr satisfacerla, por saber complacerla una vez más.

-Y yo a ti pecosa… - Le dijo Anthony besando sus labios lentamente, profundamente, incluyendo en su caricia una vez más a aquella lengua que la había llevado al paraíso segundos antes.

Candy atrapó su boca con desesperación buscando una vez más sentir aquella pasión dentro de ella, encendiendo el cuerpo de su amado, pidiéndole entre líneas que la tomara y la hiciera gozar una vez más. Anthony sintió cómo las manos de Candy se dirigieron hasta el seguro de su pantalón, ahora era más segura, más desinhibida, había aprendido a desvestirlo con éxito y en ese momento sus manos traviesas se colaban entre sus cuerpos para liberarlo de la prisión que estaba segura quedaba chica para su amado.

-¿Lista? – Preguntó Anthony con una voz y una mirada cargada de deseo, mientras Candy asentía sin dejar de besarlo, sin dejar que sus manos dejaran de desvestirlo, necesitaba de él, necesitaba saciar esa pasión qué él mismo le había encendido en su piel y que cada día crecía más y más en su interior, se sentía tan necesitada de él que quería sentirlo, quería liberar su cuerpo una vez más y sentir cómo su calor corría dentro de ella.

Anthony entró de un solo movimiento en ella y la sorpresa de Candy fue infinitamente grata que soltó un gemido de placer incontrolado, y al momento de sentirse repleta de él sonrió extasiada y totalmente complacida. Anthony le sonrió de lado con malicia, complacido de proporcionar aquel nivel de placer en ella cuando la penetraba. Besó su cuello lentamente y se llenó de su aroma, aquel aroma a rosas que lo embriagaba y volvía loco de placer. La besó con fuerza, mordiendo sus labios que estaban entreabiertos ofreciéndose necesitados, mientras su cadera comenzó a introducirse una y otra vez dentro de ella, moviéndola de manera lenta, tortuosa, mientras Candy se removía solicitando que aumentara su ritmo.

-Tranquila pecosa… - Le rugió con sensualidad, con esa sensualidad que brotaba naturalmente de su boca cuando estaban a solas, una sensualidad que Candy apreciaba y la contagiaba, mirándolo provocativamente, aquella mirada encendía más la necesidad del rubio, quien comenzó a invadirla más rápidamente para después frenar su frenesí y evitar terminar con su faena, no… él quería disfrutarla, quería disfrutar su cuerpo, quería amarla lenta y largamente, quería satisfacerla hasta el día siguiente que tuvieran la oportunidad de un nuevo encuentro y esas eran muchas horas para la pasión que aún albergaba oculta en su cuerpo por las ganas soportadas. La amaba, la deseaba, pero sobre todo la necesitaba.

La llevó contra un muro de la habitación y sosteniéndola con su pelvis detuvo sus brazos en lo alto atándola con sus propias manos. Le miró con esa mirada profunda que él poseía y le sonrió con seguridad. Candy contuvo su aliento, sabía lo que seguía y se preparaba para gemir de placer. El cuerpo de Anthony comenzó sus invasiones una y otra vez sin cansancio, aumentando el ritmo por segundos y desacelerándolo cuando estaba a punto de terminar, retrasando con ello su liberación. Candy estaba soportando cada vez más sus embistes mientras su cuerpo quería ser transportado nuevamente a la cumbre máxima del placer. Segundos más tarde la rubia consiguió su deseo y se dejó llevar por el placer que era asaltada, mientras Anthony seguía sosteniéndola con sus manos en alto y sus labios saboreando sus areolas de manera incontrolada, su cadera continuaba entrando y saliendo de ella hasta que sintió cómo el cuerpo de su pecosa se rendía ante sus intromisiones. La calidez lo llenó esta vez alrededor de su miembro, quien erecto se mantenía hasta el fondo de su posición, vigoroso, esperando llenar aquel recinto que lo acunaba celosamente en su interior.

-¡Maravillosa mi amor! – Le dijo continuando con sus movimientos hasta alcanzar él mismo el pináculo de su entrega.

El rugido de su garganta se dejó escuchar una vez que le fue imposible seguir aguantando su liberación, estaba vencido ante los encantos y el candor de su amante que se había vencido a su pasión una vez más, derramando dentro de ella todo el calor contenido desde la noche anterior.

La respiración de sus cuerpos comenzó a ser más rítmica, poco a poco volvían a su estado original y mientras Anthony continuaba sosteniéndola entre sus brazos, besó varias veces su pecho en señal de agradecimiento.

-Gracias amor… - Le dijo Anthony con una sonrisa boba, una sonrisa tierna en la que volvía a ser el chico tierno y dulce que ella había conocido años atrás. Candy sonrió con la misma ternura, atrás había quedado la mujer sensual en la que se transformaba entre sus brazos, para pasar a ser la linda enfermera que lo mimaba y cuidaba diario. – Me tienes loco princesa… - Le decía mientras la bajaba y la besaba en la boca una vez más.

-Te amo, Anthony… - Gimió Candy dejándose llevar por aquel sentimiento tan fuerte que los unía. El rostro de Candy se encendió al ver a su hombre desnudo frente a ella, definitivamente Anthony había sido creado a conciencia.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony con travesura, no podía pasar desapercibidas aquellas miradas tan candentes que le dirigía específicamente a su zona.

-Nada es solo que… - Dijo Candy mordiéndose sus labios como si estuviera conteniendo un antojo. Los ojos de Anthony se encendieron con total algarabía al tener una imagen de aquella mirada. La rubia negó con pena y se acercó a él para esconder su rostro, el recuerdo de los comentarios subidos de tono de sus compañeras llegaron a su mente. – Me hicieron un comentario en el hospital y bueno… - Decía Candy siendo la chica tímida que él conocía una vez más.

-¿Solo qué princesa? – Preguntó Anthony ahora intrigado porque no comprendía su repentina timidez.

-Después te digo… - Dijo sin dejar de sonrojarse, pero la hora de tomar el medicamento de Elroy había llegado y debía ser puntual.

-Te espero. – Dijo Anthony con un beso en sus labios para después ayudarla a vestirse.

Candy salió de la habitación y él decidió darse un baño, realmente lo necesitaba porque a pesar de la gran noche que había tenido con Candy su cuerpo aún le pedía más de ella. Fue al cuarto de Alexander a cerciorarse que continuara dormido y que sus ruidos no lo hubieran despertado, aunque tenía que reconocer que sería difícil que lo hiciera con la distancia y el grosor de las paredes.

Candy regresó hasta su habitación después de haberse quedado un momento con la matriarca y asearla, para darse cuenta que Anthony estaba completamente dormido. Sonrió feliz observándolo dormir, era tan guapo, tan maravilloso y apasionado que la rubia no podía creer que fuera tan feliz una vez más, se obligó a desechar una vez más los malos pensamientos, no quería repetir la historia de su vida. Se dio rápidamente una ducha y volvió al lado de su príncipe, quien al sentir el calor se su cuerpo junto a él la atrajo entre sueños para mantenerla ahí a su lado.


Archie había salido de la mansión a pasear por el centro de la ciudad, tenía días sintiéndose inquieto por Annie, no podía sacarla de su mente, mucho menos cuando recordaba quien era su novio en esos momentos, además de reprocharse que en el pasado no hubiese aclarado la relación que creyó tenía con el que ahora sabía era el prometido de Elisa. Detuvo sus pasos de pronto, su paseo lo había llevado "casualmente" frente al negocio de la mujer que lo mantenía en vela últimamente. Se quedó de pie por unos minutos, observando la elegancia y el estilo de aquella casa de modas, muy diferente a la de Nueva York, esta parecía tener más prestigio que aquella.

-Annie Britter. – Leyó en lo alto del pequeño edificio, el nombre de la pequeña tímida estaba escrito en cursiva, con letras doradas en un fondo azul como sus hermosos ojos. – Diseñadora y alta costura. – Leyó una vez más en la parte inferior. – Eres famosa Annie… - Se dijo orgulloso de lo que había logrado, ya que la fama de Annie se había extendido por algunas ciudades del país, de donde la buscaban para fuera ella la encargada de diseñar su vestuario.

Los ojos de Archie se achicaron de pronto al ver que del establecimiento de la joven diseñadora, salía la silueta de Wilberth, aquel descubrimiento lo hizo sentir molesto, miró su reloj y advirtió que ya era tarde.

-¿Archie? – Preguntó Wilberth de pronto sorprendido. Archie se sorprendió de la misma manera porque por estarlo observando y pensando en Annie no se dio cuenta de lo rápido que había avanzado y ya estaba frente a él. - ¿Qué estás haciendo aquí? – Preguntó el chico realmente sorprendido.

-¿Wilberth? – No le quedó otra a Archie, más que hacerse el sorprendido igual que él. - ¿Cómo estás? – Evadió la pregunta con otra pregunta.

-Bien… aquí simplemente… - Dijo Wilberth mirando hacia en dirección del negocio de su novia.

-¿Vienes de tomarte medidas? – Preguntó Archie con travesura, intentando ser ese amigo que había quedado en el pasado.

-¿Lo dices porque vengo de la casa de modas? – Archie asintió en lo obvio de su pregunta. -¡No, para nada! – Dijo cayendo en cuenta en el comentario burlón de su amigo. – Lo que sucede… - Dijo pensando si decir o no lo que quería decir. – Ven, te invito un trago. – Dijo señalando un pequeño y exclusivo bar que estaba a unos cuantos locales de ahí.

Archie aceptó no muy convencido, mirando la hora una y otra vez, pensando que ya era demasiado tarde para que Annie estuviera en la casa de modas, cuando las personas dejaban de circular por el centro de la ciudad y se quedaba a solas.

Llegaron al bar y Wilberth levantó su mano para pedir dos tragos, parecía que era un cliente muy frecuente de ese lugar, lo que llevó a Archie a pensar que tal vez ahí era donde se detenía a esperar a Annie cuando esta trabajaba horas extra.

-¿Y bien? – Preguntó Archie para saber lo que había quedado en el aire minutos atrás. Wilberth lo miró por un segundo confundido. – Me ibas a decir que hacías en la casa de modas. – Dijo Archie intentando sonar despreocupado.

-¡Ah! – Dijo Wilberth tomando de golpe su trago. – Lo siento, lo necesitaba. – Dijo disculpándose por su ansiedad. – Lo que pasa que acabo de tener un disgusto. – Dijo mientras hacía el ademán de que le llenaran su copa.

-¿Una mujer? – Preguntó Archie con cierto placer en su voz, sabía quién estaba dentro de esa casa de moda. Wilberth asintió bebiendo nuevamente por completo su bebida.

-Tranquilo. – Le dijo Archie previniéndolo de que no se embriagara.

-Es que esa mujer me desespera… - Dijo Wilberth ya sin poder más. Miró a todos lados y se acercó más a Archie. - ¿Puedo confiarte algo? – Preguntó con cierta discreción. Archie asintió acercándose al ver que lo que diría era privado. – Lo que sucede es que ando en conquista con Annie Britter… - Dijo con más orgullo que amor. Archie se tensó al escuchar aquel asentamiento en la boca de su antiguo amigo.

-Felicidades. – Le dijo Archie con dificultad, sin embargo sabía bien que su amigo se había llevado una gran mujer, una mujer que él tontamente había perdido y que ahora lamentaba más que nunca.

-Gracias, pero no es nada formal. – Dijo para sorpresa de Archie, quien dejó la copa a medio tomar al escuchar las palabras de Wilberth.

-¿Cómo así? Es hija de una familia muy importante. – Dijo Archie mirando a Wilberth extrañado, no pudiendo comprender qué pero podría poner él a una joven con sus recursos.

-Lo sé… pero ya sabes cómo es mamá… - Dijo sin ahondar mucho en ello, la verdad era que Archie no conocía bien a la dama. – Ella no sabe que salgo con Annie, porque nada más es un pasatiempo. – Dijo con cierto orgullo en su voz, aquel comentario hizo encender a Archie, quien se aguantó las ganas de golpear su rostro con fuerza.

-¿Y ella lo sabe? – Preguntó apretando su copa como si quisiera reventarla.

-¿Saberlo? ¡Para nada! Me mata… - Dijo ante la sonrisa complacida de Archie. – Tengo tres años convenciéndola de que me de la prueba de amor… - Dijo tomando de nuevo su copa y pidiendo otra, llevaba tres en un solo momento. En su voz había satisfacción, orgullo de sus actos.

-¿Y no lo has conseguido? – Preguntó Archie sin saber que tanto más podría contenerse. Wilberth negó.

-Quiere matrimonio, si no, no… - Dijo Wilberth ofendido. – Sé que puedo conseguirla, pero no quiero forzarla, no me gustaría llegar a ello…

-¡Wilberth por favor! – Dijo Archie ofendido al escuchar lo que había dicho el joven. Wilberth sonrió de lado.

-Tranquilo Archie, sigues tan mojigato como siempre... – Dijo palmeando su hombro en señal que debía irse. Miró su reloj y checó la hora.

-La señorita Britter es una dama. – Dijo Archie con molestia plantándose frente a él para dar la cara por Annie.

-Lo sé… pero me gusta demasiado para dejarla ir… - Dijo Wilberth cínicamente. – Nos vemos… - Dijo sin siquiera pagar la cuenta. Archie se tomó su copa de golpe y pagó los tragos de él y de Wilberth para salir detrás de él, quería partirle la cara al escuchar la manera tan indecente que hablaba de Annie.

Cuando Archie salió del pequeño bar, pudo ver la figura de Wilberth subirse a un coche que estaba estacionado no muy lejos de ahí. Iba solo y él se sentía preocupado porque podía ver que en el negocio de Annie aún había luz, lo que significaba que ella seguía trabajando. Dudó un poco y caminó hasta el negocio de Annie, ya era tarde, miró su reloj una vez más y se dio cuenta que realmente lo era.

Annie en el interior de la casa de modas trabajaba sin parar, tenía poco tiempo y casi terminaba los diseños para la boda. Sonrió una vez que vio el vestido de Elisa terminado y suspiró recordando aquel vestido que ella tontamente había comenzado con la falsa ilusión de que lo usaría al lado de Archie. Vistió al maniquí frente a ella para tener listo el vestido para la prueba de mañana.

-Listo. – Dijo Marie quien salía del taller con el rostro visiblemente cansado. Annie le sonrió con agradecimiento.

-Listo. – Le dijo tomando su mano con fuerza. – Gracias por ayudarme. – Le dijo emocionada, habían terminado con varios días de anticipación a la fecha límite y todo era gracias a la dedicación que Marie había demostrado junto a ella.

-¡Oye! ¡Para eso somos amigas! – Le dijo con una gran sonrisa. Annie la abrazó con fuerza. - ¿Nos vamos? – Preguntó Marie segura de que la estarían esperando. Annie asintió y con ayuda de Marie apagaron todas las luces del lugar menos la del anuncio luminoso de afuera, ese que mantenía su nombre iluminado.

-Llegaron por ti. – Dijo Annie observando que un chico llegaba por Marie, un chico que tenía tiempo frecuentándola y que la había hecho ilusionarse de nuevo.

-¿Quieres que te llevemos? – Preguntó Marie segura de llevar a Annie hasta el Magnolia.

-Gracias pero tomaré un taxi. – Dijo Annie no queriendo interrumpir la noche de amor de amiga.

-¿Segura? – Preguntó Marie y Annie asintió feliz.

-Tómate el día de mañana. – Dijo antes de que la chica se subiera al coche.

-¿En verdad? – Preguntó con emoción, en verdad necesitaba un descanso. Annie subió los hombros con una sonrisa segura.

-Solo tengo la cita de la señorita Leagan a las diez así que… - Dijo con el placer de que dormiría tarde ese día. Marie corrió hasta Annie y le besó la mejilla para después despedirse con un fuerte grito de "adiós" y subirse al vehículo.

Annie observó cómo Marie se alejaba junto a su nuevo novio, el cual habiendo escuchado la conversación le agradeció también con una sonrisa. La ojiazul frotó sus brazos para mitigar el frío y observó a su alrededor, una vez más estaba sola, así que debía caminar hasta encontrar un auto de sitio que la llevara hasta su hogar.

Archie se había quedado de pie frente al bar, observando desde ahí el local de Annie, el cual después de un par de horas apagaba las luces por fin, desde ahí podía ver la silueta de dos mujeres, una de ellas se subía a un auto y otra quedaba en medio de la noche como esperando a alguien. Archie reconoció la figura de Annie, era inconfundible ver cómo ella se abrazaba a sí misma, esa era su costumbre cuando estaban juntos y él no la abrazaba, se reprochó una vez más su descuido. La observó caminar entre los locales a paso pronto, podía ver en sus pasos que estaba nerviosa, de seguro iría hasta busca de auto de sitio, pero el más cercano estaba algo retirado. La siguió con la mirada hasta ver que detrás de ella la figura de un extraño caminaba de prisa.

Annie giró el rostro y se dio cuenta que alguien la seguía, eso aceleró el pulso de la joven quien sabía que todavía tenía que caminar por un buen rato antes de llegar hasta donde se dirigía. El paso acelerado del hombre detrás de ella la hizo arrepentirse de no haber aceptado el viaje de Marie y su novio.

Archie caminó hasta ella al darse cuenta que corría peligro, las intenciones de aquel hombre podrían ser las menos peligrosas un asalto o hasta las más graves y eso sería atentar en contra de la virtud de la joven. Annie aceleró su paso mientras sostenía su bolso con miedo, podía sentir la cercanía de aquel hombre que la seguía y la acechaba.

-¡Annie! – Gritó Archie cuando ya estaba cerca de ella, tomando su brazo por el lado de la acera, mientras la joven se sorprendía por la voz que escuchaba, pero al mismo tiempo veía que el hombre que la seguía de cerca se descontrolaba, y la pasaba de largo mirándola fijamente. Annie sintió el brazo de Archie acercarla hacia él, y en ese preciso momento sintió que una descarga de alivio recorrió su pecho sintiéndose segura y protegida. – No digas nada solo camina. – Le dijo Archie deteniéndose con ella, algo le decía que las cosas no estaban bien y la giró a la dirección de donde él venía. Annie no comprendió de momento su acción.

-¿Pero qué sucede? – Preguntó intentando deshacerse de su agarre, sin embargo la fuerza y la seguridad con la que Archie la sostenía era mayor a la que ella podía poner para liberarse.

-Tranquila, me parece que el tipo no está solo. – Dijo Archie girando su rostro para cerciorarse si lo que sospechaba era cierto. Annie miró también detrás de ella y pudo captar igual que Archie que el tipo que la seguía se reunía más adelante con otros dos más.

-¡Archie! – Dijo Annie con miedo, tensándose al mismo tiempo que se aferraba a él.

-Tranquila… - Le dijo intentando mantenerla a salvo, así que se dirigió de inmediato hasta donde tenía su auto. – Ven conmigo. – Le dijo a sabiendas que ella lo seguiría con tal de estar a salvo.

Annie caminó junto a Archie y poco a poco comenzaron a acelerar sus pasos, más cuando observaban que los tres tipos salían de su escondite para ver hacia dónde se dirigían, no pasó mucho tiempo que los vieron caminar hacia su misma dirección.

-Corre. – Le dijo Archie a Annie, era verdad que él tal vez podría con uno o dos, pero tres eran demasiados, además si le sumaba que podría poner en peligro a la joven lo volvía loco de la preocupación.

Annie obedeció a la orden del chico y tomando por instinto la mano de Archie, se sujetó de su mano con fuerza y solo el sonido de sus tacones y los pasos de Archie se podían escuchar. Los hombres detrás de ellos comenzaron a correr y eso incrementó la adrenalina de la diseñadora y el elegante. Ante su carrera Annie y Archie no podían dejar de sentir en su interior una especie de emoción y alegría, lejos del peligro en el que se encontraban los hacía tener una especie de extraña ilusión simplemente por la persona con la que compartían ese momento.

Archie abrió la puerta de su vehículo y acomodó a Annie para después brincar por encima del cofre en un impulso tomado por la misma carrera y adrenalina que su cuerpo irrigaba. Annie lo observó sorprendida y al mismo tiempo, maravillada. Abrió la puerta y de inmediato echó el auto a andar, agradeciendo que no fuera como el automóvil de su hermano que aún necesitaba de una manivela para arrancar el motor.

El auto encendió y pronto salió de su estacionamiento, para después observar los dos jóvenes que los individuos que los perseguían se quedaban detrás de ellos frustrados. Un grito de emoción salió de la boca de Archie, quien impulsado por la adrenalina se enorgullecía de su gran escape. Annie lo miró de pronto y ambos comenzaron a reír víctimas de los nervios y al mismo tiempo el miedo que pasaron.

-¿Estás bien? – Preguntó Archie una vez que las risas terminaron y dieron paso a la timidez y nerviosismo de Annie, quien de un momento a otro tenía la expresión en su rostro como si se preguntara qué estaba haciendo ahí.

-Sí… - Dijo Annie con el corazón aún acelerado. – Gracias… - Dijo una vez más la joven, desviando su mirada hacia el camino, tenía miedo de mirarlo y quedarse embobada en la hermosa sonrisa y mirada de preocupación que le dirigía. Archie sonrió reconociendo esa timidez que ella siempre le había mostrado, iluminando un vestigio de ilusión en su pecho, una ilusión que había muerto el día que la había pensado al lado de aquel vaquero. – No sé qué querían esos hombres. – Dijo la joven sin saber qué más decir.

-Era obvio damita. – La llamó con esa familiaridad de antaño con la que él la llamaba. Annie sintió un vuelco en su estómago al escuchar aquellas palabras de su boca, pero se obligó mantenerse firme. – Te estaban esperando. – Agregó con seguridad, era evidente que aquellos individuos sabían el recorrido de la diseñadora.

-Jamás los había visto. – Dijo Annie segura que nunca había tenido algún problema antes.

-Dime algo… - Le dijo Archie mirándola por unos segundos. Annie espero que continuara. - ¿Has salido otras ocasiones a la misma hora? – Preguntó directo. Annie guardó silencio por unos momentos, recordando que no era la primera vez que salía a tan altas horas de la noche en busca de un carro de sitio.

-Sí, he tenido que trabajar mucho últimamente, pero había procurado que no fuera todos los días. – Se apresuró a decir para advertir a Archie que no ponía su vida en riesgo.

-Tal vez por ello no habían atacado antes. – Dijo Archie analizando la situación. Annie lo observó por unos segundos sin comprender lo que decía. – Sí… - Dijo Archie seguro. – Pienso que al no ser una rutina diaria, tardaron en estudiar tus movimientos y se decidieron a hacerlo precisamente hoy. – Dijo agradecido porque las ganas de verla aunque sea de lejos, lo hubieran hecho que fuera precisamente ese día en el que pudiera ayudarla, porque el flamante novio había huido con unas copas de más. Además tenía qué agradecer que por el ataque de esos hombres Annie en esos momentos descansaba segura junto a él, de lo contrario sabía que la joven no hubiera aceptado ayuda de él o tal vez todo se debía a la sorpresa con la cual la había tomado y no le había dado tiempo de razonar su decisión.

-Tal vez… - Dijo una vez más Annie un tanto incómoda.

-¿A dónde te llevo? – Preguntó Archie seguro de dejarla hasta la puerta de su departamento.

Annie indicó la dirección que debía tomar para llegar hasta el Magnolia y Archie con una sonrisa en sus labios se dirigió hacía ahí. Ambos iban en silencio, Annie sentía que no tenía nada que decir y Archie simplemente se conformaba con tenerla ahí junto a él, en silencio, disfrutando de su delicado y dulce aroma y de su maravillosa presencia. ¡Cuánto la había extrañado y no se había percatado de ello!

-Aquí es. – Dijo Annie una vez que Archie llegaba frente al Magnolia. Estacionó su auto y bajó de inmediato hasta el lado de ella para abrirle caballerosamente. Annie se sonrojó una vez más y su pecho se detuvo por espacio de varios segundos. - ¡Tranquila Annie! – Se retó de inmediato al intentar calmar el nerviosismo que le producía que Archie estuviera tan cerca de ella.

Archie caminó detrás de ella y entró sin ser invitado. Annie no comprendía el motivo por el cual la llevaba hasta el interior de su departamento si ni siquiera Wilberth, que era su novio, la había acompañado ni una sola vez hasta el interior.

-Archie… - Dijo Annie con nerviosismo. Archie la observó atento. - ¿Qué estabas haciendo cerca de la casa de moda? – Preguntó impaciente antes de entrar al interior de su hogar. Archie le sonrió y ella sintió derretirse al verlo, sin embargo aparentó una tranquilidad que estaba lejos de sentir.

-¿La verdad? – Preguntó Archie pensando por un segundo no descubrirse. Annie asintió, ella siempre buscaría la verdad después de que él la hubiera engañado años atrás. – Bueno… - Dijo un tanto nervioso, no sabía si decirle lo que Wilberth le había confesado, creía que tal vez lo tacharía de mentiroso. – Salí a caminar por el centro de la ciudad, y sin querer di con la casa de moda, tu nombre con letras luminosas me hizo sentirme orgulloso por ti. – Dijo con sinceridad. Annie sintió que su corazón se volvía loco de dicha, pero en ese mismo instante lo detuvo con fuerza.

-Es muy tarde para un paseo. – Dijo Annie aparentando indiferencia, mientras giraba la llave de su casa para dejar sus cosas y despedirse de él. Archie se quedó en la puerta impidiendo que la cerrara. Annie lo miró fijamente sin la intención de invitarlo a pasar. Aquel chico representaba verdadero peligro para ella y no quería arriesgarse, mucho menos porque tenía novio y no quería faltarle al respeto ni siquiera con el pensamiento.

-Lo sé, pero me encontré un viejo amigo en el bar de enfrente, bebimos un par de copas y cuando iba saliendo te vi caminar por la calle. – Mintió vagamente acortando la historia, no le reveló que el amigo era Wilberth... su novio, no le reveló que había estado cerca de una hora o más parado afuera del bar esperando a que saliera porque se había dado cuenta de la hora. Annie respiró más tranquila y se retó por haber tenido la más mínima esperanza de creer que había ido a buscarla.

-Te lo agradezco mucho. – Dijo Annie entrecerrando la puerta, estaba cansada y quería descansar.

-Lo siento. – Dijo Archie saliendo del marco de la puerta para que Annie pudiera cerrarla. – Annie… - Dijo con suavidad. Annie detuvo la puerta mirando fijamente sus lindos ojos. – Gracias por permitirme traerte sana y salva a casa… - Dijo con una sonrisa cómplice por el momento compartido y por las risas tan espontáneas que habían compartido esos momentos. Annie sonrió recordando el momento.

-Gracias por salvarme. – Le dijo cerrando la puerta sin un hasta luego, sin un buenas noches, ¿Qué caso tenía hacerlo si no volverían a verse? – Se preguntaba Annie, quien al cerrar la puerta del departamento se recargó en ella buscando el control de su corazón, el cual comenzaba a latir sacudiendo las cenizas que habían quedado de aquel ferviente amor que había tenido por él.

-Buenas noches Annie… - Dijo Archie con una sonrisa melancólica, tenía pensado decirle lo que Wilberth le había dicho, sin embargo no se atrevió, ella jamás le creería, para ella, él era un mentiroso que se había burlado de su amor.


En la mansión de los Ardlay una pareja de rubios despertaba antes del amanecer. El calor del cuerpo de su mujer lo había despertado, podía sentir que emanaba de ella llamándolo, invitándolo a amarla una vez más.

-Buenos días… - Le dijo Anthony incapaz de esperar hasta la noche para volver a hacerla suya.

-Buenos días… - Respondió Candy en un susurro al encontrarse con esa mirada salvaje que él le dedicaba. Sus ojos expresaban el deseo y la necesidad de tomarla. Candy lo miró de la misma forma, sus esmeraldas dilatadas lo deseaban.

Candy se levantó descubriéndose de las sábanas, sin pregunta previa se despojó del camisón de seda que la cubría esa mañana. Anthony la miró expectante, estudiando sus movimientos, movimientos sensuales que lo seducían una vez más. Ella quedó desnuda y a su merced ante él. Anthony sonrió complacido, intentando levantarse, pero Candy fue más rápida y lo recostó de nuevo colocándose a horcajadas encima de él. Anthony se removió gustoso, sus pupilas se expandieron y la miraron excitado. Candy sonrió con picardía tomando el control de la situación, se sentía poderosa, se sentía deseada y deseosa, atrevida, capaz de llevar a cabo el consejo de su compañera que rondaba su mente desde que se lo había confesado.

-No te muevas… - Le dijo ordenándole con una sonrisa y un intenso rubor en su rostro. Anthony sonrió con perspicacia y se recostó sobre sus dos brazos, expectante, esperando el próximo movimiento que haría su mujer.

-Tus deseos son órdenes. – Dijo Anthony excitado, sintiendo que su virilidad se erguía con orgullo bajo se pantalón, el cual desaparecía en segundos junto con su ropa interior, dejándolo expuesto ante la rubia que por un segundo lo admiraba con precaución, pareciéndole que la saludaba rígido, duro, deseable.

Candy se dio ella misma el valor que requería para tocarlo, para después con un rápido movimiento atraparlo con su boca. Anthony gimió desprevenido y se levantó de golpe, no esperando esa acción de la rubia, quien con algo de torpeza comenzaba a devorarlo.

-Candy… - Gimió Anthony con desesperación, aquella emoción despertada en su vigor lo hacía sentirse más duro.

-¿No te gustó? – Preguntó Candy mirándolo a los ojos. Anthony no pudo evitar poner su mirada en aquel inocente rostro, se veía más sensual que nunca, su pequeña boca deseando saborear su cuerpo, aquella imagen hizo que por un segundo pensara en correrse.

-Sí… - Respondió Anthony como en un trance, volviendo a colocarse en la misma posición que ella le había señalado, cerrando los ojos al sentir nuevamente que su pecosa comenzaba a succionar su virilidad magra y erecta. Los gemidos de Anthony comenzaron a abandonar su boca, cada vez más intensos, cada vez más fuertes, logrando que Candy comenzara a actuar con mayor confianza, usando su lengua en la coronilla y su mano en la base. – Candy… - Gimió sin poder abrir los ojos, estaba cerca de terminar. – Espera… - Dijo con dificultad.

Candy supo identificar lo que venía, podía sentirlo vibrar en su mano, en el interior de su boca, las venas de aquella extremidad se marcaban con fuerza y el color rojo se apoderaba de él. Estaba listo para ella, pero él no quería correrse en su boca. Candy aceleró sus movimientos deseaba complacerlo, deseaba regresar el placer que él mismo le había regalado cada noche, quería demostrarle que ella también lo amaba y lo deseaba y quería hacerlo vibrar de la misma manera con la que ella vibraba. No lo dejó contenerse y lo obligó a explotar en su boca, atrapando todo lo que él dejaba salir de su cuerpo, saboreando hasta la última gota.

Candy se separó de su hombre una vez que lo hubo satisfecho, sintiendo en ese momento que ella también estaba excitada y necesitaba atención, pero verlo frente a ella lacio y flácido la hizo ver que no sería una tarea fácil.

Anthony se incorporó una vez que había regresado de su viaje y tomándola por sorpresa la recostó bajo su cuerpo. Candy soltó un pequeño grito de sorpresa al ver que Anthony la acorralaba contra la cama.

-Pequeña traviesa… - Le dijo gimiendo en su oído. Candy se estremeció al escucharlo para ofrecer su sensual boca, que entreabierta lo invitaba a devorarla. Anthony la besó apasionadamente y pronto aquel soldado volvía a ponerse en pie para enfrentar una nueva batalla. – Ahora lo pagarás… - Dijo con una sonrisa provocativa, una sonrisa que más que amenaza hacía escuchar sus palabras como una promesa. Candy sonrió y cerró sus ojos dispuesta a abandonarse a sus brazos.

Anthony se desnudó por completo y giró a la rubia boca abajo. Candy se estremeció y sintió cómo el rubio comenzó a besar su oreja, su cuello, su nuca y fue descendiendo poco a poco hasta llegar a sus glúteos, para cuando él llegó hasta ese punto Candy ya estaba completamente mojada, deseando sentirlo vibrar dentro de ella.

-Anthony… - Gimió ansiosa, necesitada.

-Aún no… - Le dijo en su oído de manera sensual. Candy casi estalla al escucharlo hablar de esa manera y él continuó con su exploración en aquella zona tan voluminosa que ella poseía.

Anthony besó su centro en aquella posición y Candy levantó sus caderas para que tuviera libre acceso, su lengua volvió a invadirla y Candy se removió con fuerza al sentir el clímax acechando su entrada, fue cuestión de segundos que ella se liberó en su boca y él bebió ansioso de su candente elixir de amor.

-Por favor… - Suplicó la rubia al sentir cómo Anthony jugueteaba con su virilidad sobre sus glúteos, tentándola, antojándola, desesperándola por sentirlo dentro. Anthony sonrió con malicia abrazándola por la cintura gimiendo en su oído de manera sensual, introduciendo su lengua en este provocando que ella se retorciera impaciente bajo se cuerpo. Candy se quedó en una sola pieza al sentir como tremendo armamento entraba de un solo movimiento una vez más. Un fuerte gemido de placer y de alivio se escuchó de Candy, quien feliz recibía aquella invasión.

La mano de Anthony se coló entre sus pliegues, buscando a ciegas aquel pequeño botón hinchado y palpitante que lo esperaba dispuesto a ser acariciado.

-Anthony… - Gimió Candy impaciente de placer, al sentir el doble estímulo en su cuerpo, mientras Anthony entraba y salía de ella de manera acelerada su mano se encargaba de estimular su punto débil.

-Eso te pasa por traviesa mi amor… - Le dijo al oído al sentir que el cuerpo de su mujer se descomponía loco de placer.

Candy se aferró a las sábanas con fuerza, mientras sentía que su amante la tomaba con loca pasión, mientras en su interior ella pedía más y más a gritos. Pronto llegó otro enorme clímax que la obligó a gemir nuevamente, mientras Anthony continuaba buscando la manera de volverla a llevar junto a él al paraíso. Pronto la sintió convulsionarse, pero esta vez él también estaba a punto de terminar, sintió como lo asfixiaba por dentro y se apropiaba de su voluntad, arrastrándolo consigo en un intenso orgasmo, sus cuerpos convulsionaban al mismo tiempo, recreando una danza al unísono mientras sus corazones latían al mismo ritmo, amándose sin un poco de control.

Sus cuerpos extasiados terminaban cansados, ella boca abajo, él dentro de ella, besando su espalda con ternura, regresando a ser el chico dulce y amable que ella lo invitaba a ser cada mañana. Candy lo miró con una gran sonrisa y esa mañana comprobó que efectivamente aquel consejo que un día la había cohibido, realmente le había encantado a su hombre.

Continuará…


Hola hermosas, espero que les haya gustado este candente capítulo, los rubios se ponen al día con sus muestras de amor y Archie por fin ha dado un movimiento con Annie, ya era hora, ¿Será que estará dispuesto a defenderla?


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

TeamColombia:

Hola hermosas, espero que estén muy bien y que les haya gustado el capítulo de hoy. Les mando como siempre un fuerte abrazo.

Saludos!

ViriG:

Hola hermosa! que bueno que no perdiste el celular! están muy caros el día de hoy, además que ahí guardamos fotos valiosas además de información. Me alegra que solo haya sido un susto.

Espero que te haya gustado el capítulo, pronto se acerca el que estás esperando, sé que se debe sentir lento, ojalá que valga la espera.

Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Saludos!

Rose1404:

Hola hermosa! Me alegra como siempre saber que te encuentras bien, al igual que tus pequeños retoños.

Espero que te haya gustado el capítulo de hoy, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Cla1969:

Ciao bella, come stai? È stato un piacere leggerti ancora una volta, ci mancavi già.

In effetti Wilberth vuole solo una cosa, speriamo che Archie glielo impedisca.

Spero che il capitolo vi sia piaciuto, bellissimo, vi mando un grande abbraccio.

Saluti!

Julie-Andley-00:

Hola hermosa! Espero que estés muy bien, creo que fue en esa época que comenzaron a despuntar los hombres con falta de honor y compromiso y Wilberth es uno de ellos. Hermosa, espero que te haya gustado este capítulo. Te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

gidae2016:

Hola hermosa, como siempre un placer leerte, espero que estés muy bien y que hayas disfrutado el capítulo, Archie parece que se está poniendo las pilas?

Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Saludos!

Mayely León:

Hola hermosa! No te preocupes, alcanzas en los agradecimientos, aunque hoy estoy con prisa, no quiero que se haga más tarde en la actualización. Espero que te haya gustado el capítulo, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!

Usagi de Andromeda:

Hola hermosa! Mil y un gracias por tus lindas palabras, en verdad que alimentas mucho mis ganas de continuar escribiendo. Gracias por leer "Nuestro cielo", en verdad es un minific que me encanta, es el primero que surgió en mi mente pero que me resistí un poco en publicar porque no creía que gustaría, sin embargo he tenido muy buenas críticas acerca de él. Gracias por leerlo.

Hermosa, te mando un fuerte abrazo.

Saludos!


Muchas gracias a todas las lectoras silenciosas que no se pierden las actualizaciones. Les mando un fuerte abrazo a cada una de ustedes.


GeoMtzR

30/01/2025.