—…estoy completamente seguro de que Remus y Sirius están saliendo.
El laboratorio se encontraba en silencio hasta entonces, excepto por el sonido que hacía el cuchillo al golpear la tabla de cortar tras separar cada trozo de la raíz de mandrágora y el burbujeo del líquido en el caldero.
Severus soltó un resoplido y sacudió la cabeza sin apartar la mirada de la poción que tenía hirviendo y que debía mezclar en el sentido de las agujas del reloj durante los próximos tres minutos y medio sin pausa.
—Les tienes mucha fe.
—Arreglaron su problema —señaló Regulus, que tampoco despegaba la mirada de la mandrágora que estaba picando— y llevan casi un mes soltando risitas y sonriendo de forma tonta. Más tonta de lo normal, digo. Sonríen como Cissy cuando habla de su prometido.
—Eso no significa que estén saliendo, sólo que son dos tontos enamorados —argumentó Severus—, Remus es incapaz de preguntar si tendrán algo formalmente y Sirius…
Él dejó el final de la oración en el aire porque era demasiado obvio para que tuviese que malgastar energía diciéndolo.
—Sigue siendo mejor que los avances de tu lado —alegó Regulus, un poco a la defensiva, e incluso hizo una pausa para inclinarse sobre la sección de la mesa que separaba sus áreas de trabajo y burlarse con una sonrisita:—. ¿O cómo dices que va el enamoramiento de James?
Severus rodó los ojos.
—No actúes como si hubieses hecho de Cupido de tu hermano. Y corta bien esa mandrágora.
Regulus se encogió de hombros y siguió con su tarea.
—Tal vez la amiga Gryffindor de Sirius se me acercó para buscar algunas confirmaciones y tal vez yo le dije de una cosa o dos que había notado sin que Sirius lo supiese…
Severus apagó el fuego en cuanto terminó el periodo de tiempo que necesitaba hervir y mezclar. Lo apuntó con la varilla mezcladora.
—Eso fue…—Hizo una pausa—. Muy inteligente de tu parte.
Regulus sonrió.
—Gracias.
—Ahora perdiste a tu hermano en el pozo del amor y el sentimentalismo —Severus agitó una mano—, pero algo es algo. Al menos estará contento por un tiempo.
Severus colocó la tapa sobre el caldero para dejar la poción reposar y tachó una línea de una lista que tenía. Regulus le pasó la mandrágora ya cortada y lo vio preparar otro caldero para hacer una segunda poción. Esta vez era uno de los calderos de varios litros que Slughorn guardaba en su armario, usualmente no aptos para estudiantes.
A menos que el estudiante en cuestión estuviese preparando las pociones pimentónicas que irían para la enfermería y que eran deber del profesor de Pociones, claro.
Severus no necesitaba preocuparse por la deuda escolar de este año desde que terminó la receta y recibió el pago del "Señor", pero todavía tenía que usar el laboratorio y la única forma de conservar la llave que el profesor le dio era seguir haciendo las pociones que formaban parte del contrato de Slughorn.
Eran alrededor de las diez de la mañana. Severus se había levantado a las cinco. Regulus lo alcanzó en el laboratorio apenas se estaba sirviendo el desayuno.
Sirius debía estar con Remus y James estaría persiguiendo a Lily por alguna parte. Peter estaría con la Ravenclaw. No había ninguna razón para que se acercaran al laboratorio un sábado a esa hora.
La poción que había comenzado su hora de reposo era un paralizante que le encargó el "Señor". Antes de eso, hizo algunas dosis de pociones trampas: pociones para inducir fiebre y faltar a clases, pociones para escribir más rápido los ensayos, para memorizar más rápido para un examen e incluso algo para que las escobas voladoras repelieran las bludgers. Encargos menores con pagos que irían para sus ahorros.
Como tenía una lista de pociones por hacer y poco tiempo antes de la reunión, le había pedido ayuda a Regulus. A cambio de su mañana de sábado, Severus le prestaría el libro que utilizó en sus clases de Pociones de cuarto, lleno de notas al pie, entre líneas y en los bordes.
—Tal vez Sirius esté feliz —Regulus tomó asiento en el banco en el lado opuesto de la mesa, apoyó el codo en el borde de esta y la barbilla sobre la palma, dedicándose a mirarlo trabajar. Probablemente intentaba memorizar el truco de Severus para extraer la esencia en el cuerno de bicornio—, yo estoy viendo venir otro problema con nuestra madre. No le va a gustar la elección de Sirius…
—¿Hay algo que le guste a esa vieja bruja? —masculló Severus.
—Cabezas de elfos cortadas y joyería. Nada más, creo.
Severus emitió un sonido de disgusto. No necesitaba recordar la descripción que Regulus le dio de las cabezas de elfo de decoración.
—También es verdad que sería muy díficil que apruebe a alguien —siguió Regulus. Su tono era plano, sin molestia, como si estuviese resignado—. Ya se enteró de que una de mis primas tuvo una hija con un mago nacido de muggles y ahora todas sus cartas advierten sobre lo que nos va a pasar a Sirius y a mí si se nos ocurre fijarnos en una persona que no sea de la familia más antigua entre los linajes sangrepuras. Antes de eso había pensado en mentir y decirle que Sirius tenía una relación con James.
—¿Un Potter no es suficiente para ella?
Regulus sólo suspiró.
—Se suponía que era suficiente. Últimamente parece que tiene que ser alguien de la lista de los Sagrados o nada. Y cree que si Sirius no sale con alguien sangrepura del tipo que tiene su aprobación, yo voy a delatarlo con ella.
Severus soltó un resoplido de risa y Regulus asintió susurrando un "sí, lo sé".
Regulus enterró el rostro a medias entre las manos y se masajeó las sienes mientras Severus apagaba otro fuego y pasaba a revisar cómo iba la poción en reposo durante los minutos de enfriamiento de la pimentónica.
—A veces me da envidia cuando recuerdo que puedes volver este verano y no encontrarlo a él —murmuró Regulus.
Era bastante claro a quién se refería por "él".
—Soy afortunado —aceptó Severus, que después de haber comprobado que todo iba bien con la poción, regresó a la pimentónica y empezó a separarla en frascos de la dosis usada en la enfermería.
—¿De verdad no hiciste algo para provocarlo?
Severus le frunció el ceño y respondió sin verlo.
—Se enfermó mientras yo estaba en clases.
—¿Pero nada que lo empeorase o…?
—No, Regulus. Si me estás preguntando si maté a mi papá, la respuesta es que no lo hice —La voz de Severus fue muy fría al comienzo, pero luego regresó a la calma—. No hubiese podido.
—¿Se daría cuenta? —Regulus sonó curioso. No sabía de muggles que notasen pociones en la comida o ciertos hechizos.
Severus negó.
—Yo no hubiese podido. Creo…no hubiese dejado de pensar en eso por el resto de mi vida. Una poción para que tenga problemas es una cosa, matarlo es otra muy diferente —Severus hizo una pausa y comprobó que la dosis que estaba usando era la correcta y suficiente para tratar los resfriados—. Estas semanas aparece en mis pesadillas muerto, viéndose cómo se veía cuando lo enterraron. No quiero pensar en cómo sería si yo lo hubiese hecho.
Regulus se tardó alrededor de un minuto en darle cualquier tipo de respuesta.
—Eres un blando. Mucho más de lo que parece. Seguramente lloraste cuando él murió, aunque lo odiaras…
—Regulus —La voz de Severus se convirtió en una clara advertencia.
Regulus alzó las manos en señal de rendición y volvió a inclinarse hacia adelante.
—Digamos que si hubieses querido darle algo entonces…
Severus dejó de empacar pimentónica para darle una de las miradas más serias de su repertorio.
—¿Tú sí eres capaz de hacerlo?
Regulus evadió la pregunta mirando las pociones ya empacadas con aparente desinterés.
—Responde mi pregunta, Regulus.
Después de un momento, Regulus se fijó en él de nuevo.
—¿Me estás preguntando si mataría a mi madre, Severus?
—Sí, eso estoy preguntando. Respóndeme.
—Acabo de cumplir quince años —Regulus soltó esa risita sin humor que le servía de escudo cuando le recordaba a alguien mayor su edad como si le preguntase a Severus un "¿por qué crees que alguien de mi edad pensaría en algo tan feo?".
—Responde. La. Pregunta.
Las palabras fueron pronunciadas muy lento y Regulus borró el intento de sonrisa-escudo.
—Si eso hace que Sirius pueda estar tranquilo, yo diría que sí. Lo haría por él. Tú no tienes hermanos así que no espero que lo entiendas, pero cualquier cosa que yo pueda hacer para que Sirius esté tranquilo...
—Voy a fingir que no escuché eso antes de que te metas en problemas —decidió Severus después de unos segundos en silencio.
—Perfecto —Regulus repitió eso de poner los codos sobre la mesa y la barbilla en la palma—. Pero si tú hubieses hecho algo…
—No sería algo mortal —objetó Severus, muy serio.
—Entonces digamos que hiciste algo no letal —Regulus se encogió de hombros—. ¿Qué sería?
Severus soltó un suspiro pesado y se sentó en otro banco.
—Termina de empacar la pimentónica y hablaremos mientras lo haces.
Regulus no dudó en sacar la varita y comenzar a levitar frascos, copiando la técnica mágica que le había visto a Slughorn para empacar las pociones. Luego cada una tendría una revisión manual para comprobar la cantidad.
—Si hubiese hecho algo, definitivamente no hubiese sido matarlo —insistió Severus—, pero hay muchas otras cosas que se pueden hacer con la suficiente planificación. Y la ventaja de las pociones en este caso es que puedes llevártelas. No puedes usar magia fuera de Hogwarts con quince años, pero sí una poción.
—¿Qué poción usarías? —Regulus habló en voz baja sin quitarle la vista de encima a los frascos porque sabía que él no lo perdonaría si empacaba uno solo mal—. Si, digamos, estoy pensando en asustarla tanto que prefiera abrir una bóveda de Gringotts a nombre de Sirius y mío que tenernos más tiempo en su familia.
—Para asustarla…—Severus se lo pensó mientras supervisaba que estuviese realizando su tarea de forma correcta—. Una poción de sueños tranquilos alterada por pelo de thestral para volverla una poción de pesadillas…podría agregar un poco de la poción anestésica que usan en San Mungo para que sus sentidos no funcionen correctamente…la poción sugestiva sería el toque perfecto para que esté aterrada de ti o de Sirius, pero es una poción ilegal.
—¿Ilegal fácil de hacer o ilegal difícil de hacer?
—Imposible de hacer —Severus sacudió la cabeza—. Ni uno solo de los ingredientes está aquí, para la mayoría necesitas un justificativo de por qué los compras y qué harás con eso y es algo que obtienes a través del Ministerio solamente. Es una poción muy delicada porque juega con la mente de la persona.
Regulus terminó de empacar la pimentónica antes de responder.
—Entonces el Señor de Malfoy podría ayudar a encontrar los ingredientes, ¿no? Y si tú tienes los ingredientes, ¿podrías hacerla?
—Supongo que sí…
Regulus le entregó los frascos de pimentónica e incluso tachó la tarea del pergamino de Severus.
—Veamos si he aprendido algo de tantas charlas con sangrepuras.
Ya casi empezaba la reunión.
Malfoy seguía encargado de su grupo. El punto de encuentro, la forma de entrada y la hora eran las mismas. Todavía había sonrisas hipócritas, decoración exagerada de mal gusto y una charla que hacía que Severus quisiera saltar por la ventana, pero desde que cumplió con el primer encargo, al menos no había sangrepuras mirándolo por encima del hombro.
Incluso recibía algunos pedidos durante las reuniones. Sobre todo de las que él llamaba "pociones trampa".
Esa tarde, Severus se distrajo escuchando la conversación entre Caspar Crouch y Lucius Malfoy sobre un asunto del Ministerio, ignorando a un Barty que ya no aguantaba la espera y a Regulus dándole jalones para intentar que se comportase.
Cuando al fin llegó el momento de utilizar la caja, Severus le entregó a Lucius el último pedido y recibió un sobre con su regalo en forma de galeones. Hubo algunas entregas más y un par de peticiones.
Regulus se aseguró de esperar para acercarse a Lucius con la actitud más suave y tranquila posible. Primero le contó de algo que su prima le dijo a través de una carta, tema que capturó la atención de Lucius.
Severus, un poco más allá, aguantó las ganas de rodar los ojos o burlarse. No había forma de que se tomase en serio a Lucius Malfoy si perdía su aire intimidante cada vez que alguien mencionaba a Narcissa.
Regulus le dio la lista de ingredientes y Lucius sólo le echó un vistazo. Frunció el ceño, pero envió la lista por la abertura de la caja de todos modos.
La respuesta fue inmediata. Un simple "estamos hablando de ingredientes costosos, de difícil acceso y todavía más difícil manejo. No puedo dárselos a un niño de cuarto año. Sería irresponsable de mi parte".
Regulus miró hacia Severus, vacilando, y él suspiró resignado y caminó hacia ellos.
—¿Qué tal a mí? —preguntó con los ojos puestos en la caja—. Yo me haré responsable y seré yo quien los maneje.
Esa vez la respuesta tardó un poco más.
El sobre que salió despedido de la caja contenía una fecha y lugar y Lucius los observó con los ojos muy abiertos.
El Señor iba a entregárselos en persona.
Un detrás de escenas de la conversación de Regulus y Florence:
Florence: tú eres el hermanito de Sirius, ¿verdad? Es que he notado-
Regulus: sí, yo también creo que Sirius está enamorado de Remus.
Florence: LO SABÍA.
