Fleamont Potter le había enviado otra felicitación por la poción mejorada que Severus le presentó y esa carta casi se pierde entre sus cosas mientras buscaba su mejor capa.

Severus hizo una pausa y se sentó en el suelo para leerla.

Al final de la carta, antes de su elegante firma digna de un pocionista sangrepura, decía que le veía futuro en ese campo.

Se preguntó si lo que estaba a punto de hacer lo decepcionaría. Nunca había tenido que preocuparse por decepcionar a su padre cuando estaba vivo, que Severus existiese ya era una "decepción" para él, por lo que tuvo una sensación rara cuando pensó en eso y prefirió arrojar la carta al fondo del baúl.

Escuchó un toque a la puerta y dijo que podía pasar sin levantarse del suelo.

Regulus se asomó. Ya estaba listo. Su capa tenía un intrincado diseño que debía estar asociado a la familia Black y la parte del broche que la cerraba era el escudo familiar en plata: una estrella rodeada por un halo y algunos lirios.

Severus resopló y se pasó las manos por el rostro.

—Mi mejor capa es la del colegio —masculló—. ¿Crees que Malfoy monte un escándalo por eso?

Lucius les había dicho que por nada del mundo podían ir con ropa casual a encontrarse al Señor. También sería la primera vez que él lo vería y quería que los tres diesen una buena impresión.

Regulus lo pensó durante unos segundos y le hizo un gesto para pedirle que esperase. Regresó deprisa al poco tiempo con una capa que le tendió a Severus. Debía ser otra de las suyas porque algunos diseños se parecían, pero mientras la que usaba Regulus era negra con diseños plateados, la que le estaba dando era negra con el patrón del mismo color, apenas resaltando en la textura.

Tras una leve vacilación, Severus aceptó la capa y se puso de pie. Se la colocó y Regulus lo ayudó a acomodar el broche para cerrarla. Estaba usando un broche con el mismo escudo que él tenía y Severus frunció el ceño, dándole un toque.

—¿Qué significa? Sé que todas estas cosas suyas significan algo.

—Este es el Black —Regulus apuntó a uno de los broches que sostenían ambos lados de la capa—, este no es el familiar, no hay tiempo para buscarte uno Prince. Normalmente cuando se usan juntos así es porque no eres de la familia por relación sanguínea pero sí estás…¿bajo su protección?

Severus soltó un bufido de risa.

—Quisiera oír lo que Walburga Black opina de eso…

—Ella no necesita saberlo. Ese "Señor" tampoco tiene que saber que no tienes permiso de usar algo Black. Es mejor que crea que sí —Regulus hizo una pausa—. ¿Te presto un cepillo?

—Estoy peinado.

—Eh…—Regulus arrugó la nariz.

Severus se recogió el cabello hacia atrás sin cuidado y Regulus arrugó todavía más la nariz.

Un elfo de Malfoy apareció en el cuarto para decirles que su amo los estaba esperando en Hogsmeade con el traslador y comenzaba a impacientarse y se encontró con un Regulus Black cepillando el cabello de Severus hasta que no hubo ningún mechón fuera de su sitio porque el otro claramente no sabía peinarse de la manera perfecta sangrepura.

Severus casi suspiró de alivio cuando al fin lo dejó ir. No le importaba si su cabello se veía mejor o no, tener a alguien a su espalda y el contacto en la cabeza era muy incómodo.

Pensaban tomar un atajo por el castillo pero el elfo los sacó directamente Apareciéndose mientras sostenía a uno con cada brazo. Un segundo estaban en un dormitorio de Slytherin y al siguiente se encontraban a las afueras de Hogsmeade a unos pasos de un Lucius Malfoy que no dejaba de caminar en círculos, haciendo que su elegante capa plateada oscilase.

Lucius tenía el traslador que el Señor mandó. Era una moneda muggle, algo que llamó la atención de Severus, pero no pudo preguntar nada antes de que el mago los agarrara y los preparara para Aparecerse.

El viaje fue brusco y le revolvió el estómago a Severus, que hizo lo mejor que podía por mantener una expresión tranquila.

Regulus ya estaba examinando el sitio al que llegaron, manteniéndose de forma estratégica un poco por detrás del mago mayor pero más cerca de Severus en caso de tener que huir sin Lucius.

El lugar se veía como el recibidor de una vieja mansión. Los pisos de madera crujían y no había elfos para recibirlos. Se notaba que había pertenecido a una familia adinerada, pero por alguna razón, ahora era silencioso y sombrío. En el aire flotaba una esencia mágica que causaba un leve escalofrío.

Lucius los llevó por unas escaleras en espiral según las instrucciones que recibió antes. En el siguiente piso, no encontraron una persona, sino una gran serpiente que les siseó.

Regulus volvió a colocarse detrás de Lucius y le hizo un gesto a Severus para que no se moviese. La serpiente alzó la cabeza y la movió de un lado al otro, y después de un momento que pasó demasiado lento para su gusto, decidió dejar de asustar a los tres magos y se deslizó por el suelo hasta una habitación cuya puerta se acababa de abrir.

Lucius les dio un vistazo por encima del hombro. Estaba más pálido de lo normal.

—Mi padre me había mencionado que el Señor era acompañado por una serpiente.

—Alguien debió avisarnos a nosotros también —musitó Regulus. Y era bastante obvio quién era ese "alguien".

Lucius continuó avanzando adelante hasta la habitación. Dentro había una larga alfombra que conectaba la puerta con una silla enorme y acolchada, y a ambos lados, personas en capas negras y con máscaras plateadas, tan inmóviles que parecían estatuas. Por las varitas que los apuntaron de forma disimulada, no lo eran.

Severus notó que Lucius extendía el brazo hacia ellos. No tenía la varita a la vista pero era obvio que incluso él tenía algunas dudas sobre esto y recordaba que era el único de los tres que podía usar magia fuera del castillo.

—No hace falta estar tan tensos.

Las personas a ambos lados de la alfombra guardaron las varitas de inmediato y relajaron las posturas. Lucius no.

La persona sentada en la silla al fondo tenía ropa negra y un hechizo de sombras lo cubrió hasta que agitó una mano para retirarlo.

Era un hombre. Piel pálida, cabello y ojos oscuros. Severus había asumido que sería tan viejo como el padre de Lucius al menos, pero aparentaba estar en sus cuarentas y la postura cruzada de piernas le daba un aire más relajado. El único relajado en esa habitación de momento.

—Lucius —Escucharon un siseo que venía de alguna parte en la fila de gente a los lados.

Lucius debió reconocer la voz porque se volvió a poner pálido y se arrodilló enseguida, saludando a ese hombre como el "Señor".

Los otros dos no se movieron. Los ojos del hombre pasaron sobre Lucius con aburrimiento y se fijaron en los adolescentes.

—Mi madre dice que ningún Black se arrodilla desde que hubo una persona mágica en el trono de Inglaterra —La voz de Regulus fue serena y sonó sin problemas por toda la habitación.

El hombre debió encontrarlo divertido. Su cuerpo se movió como si se riera, aunque no escucharon el sonido. La serpiente de antes se había arrastrado hasta la silla y comenzaba a envolver los hombros del Señor. Eso no lo tensaba en lo más mínimo así que debía estar acostumbrado.

—¿Un Prince tampoco se arrodilla? —preguntó con suavidad. Arrastraba las palabras de forma casi encantadora al hablar.

—No, gracias —Severus encontró algo dentro de sí que le permitió responder con calma—, se ensucia la capa.

Regulus le dio un codazo como si aquello fuese más irrespetuoso que su respuesta pero el Señor sólo volvió a tener esa leve sacudida que podían asumir que era una risita silenciosa.

—Levántate, Malfoy. Puedes pararte junto a tu padre.

Severus no creía que eso fuese una buena noticia para él. Toda la seguridad y tranquilidad en Lucius estaba desaparecida mientras iba hacia uno de los magos escondidos bajo una capucha y máscara. Ni siquiera levantaba la cabeza. Se veía incluso más frágil que los dos adolescentes a los que acompañó.

El Señor luego les hizo un gesto para que se acercaran. Regulus caminó adelante y Severus lo siguió. La serpiente siseó un poco más y el hombre le contestó en una lengua suave y extraña, frotando el índice contra la parte inferior de su cabeza.

—¿Saben qué estamos haciendo aquí? —le preguntó a los dos adolescentes.

—Resguardar el mundo mágico —Regulus repitió lo que había escuchado en las reuniones de los Caballeros—, combatir la mugglificación de los espacios mágicos. Cuidar a las familias antiguas y sus linajes.

El Señor observó a Severus al no oír nada de su parte.

—No le gusta la gente muggle.

Regulus repitió eso de darle un codazo pero el hombre le hizo un gesto para que lo dejara en paz.

—No tengo nada en contra de las personas muggles —Había algo en su voz que era cautivador como un hechizo para generar interés y hacer que quisieran escucharlo por horas—. Pero eso no significa que tengan derecho a volver el mundo mágico una copia del mundo muggle. Especialmente no después de que el mundo mágico sea diferente al muggle por la persecución constante de la gente muggle sobre quienes tienen magia.

Hubo algunos sonidos de acuerdo en las filas a ambos lados de la habitación y el Señor respondió con un aburrido "estoy hablando con los niños" que instauró un silencio inmediato y sepulcral.

—Él no quiso decirlo de esa manera —Regulus intentó excusarlo.

El hombre meneó la cabeza. Su sonrisa se inclinaba un poco más hacia un lado que al otro.

—Los comentarios de los niños son más sinceros e interesantes que los de las personas adultas —El hombre no sonaba enojado. Recargó la cabeza en el respaldar del asiento y dejó que la serpiente siguiese enroscándose en su cuerpo—. ¿Qué te hace pensar que esto gira en torno a la gente muggle, niño Prince?

Severus tragó en seco. Tenía una sensación incómoda en la cabeza y los párpados le pesaban un poco.

—Sólo contacta con sangrepuras y familias viejas —susurró—. Dicen mucho "sangresucia" en esas reuniones. Suena un poco…personal. Y no tanto defensivo.

El Señor asintió lentamente como si lo estuviese considerando.

—Es un curioso malentendido. Hay mucho uso del término sangresucia, eso no lo discuto. Tal vez el término ha sonado ofensivo para tus oídos en lugar de sonar a una realidad, un hecho. Pero la sangre sucia se puede limpiar. Mantén todo entre las mismas personas con magia como ha sido durante los últimos siglos y no habrá sangre sucia ni riesgo de intrusiones muggles.

Severus movió un poco la cabeza. Era como si tuviese la mente más y más algodonada. Todo iba más lento.

Volvió a ver al mago. Tenía una sonrisa rara y se inclinaba hacia adelante, más hacia ellos. La serpiente también los estaba viendo.

—Apoyar fielmente nuestra causa puede llevarte a conocer formas extraordinarias de la magia —le dijo a Severus. Entonces vio a Regulus— y cuidar de tu familia también. No soy un amo cruel —La forma en que lo decía sonaba como si tuviese una broma privada consigo mismo al respecto—, sólo exigente.

Cuando chasqueó los dedos, la sensación en su cabeza desapareció. Severus parpadeó un par de veces y notó que la postura de Regulus se tensaba.

Una de las personas escondidas bajo capa y capucha se acercó con un pequeño baúl que puso en la mano del Señor. Y este se lo ofreció a Severus, que lo sujetó enseguida.

—Tus ingredientes —indicó el hombre—. No necesito saber qué harán con ellos.

Severus asintió y Regulus le agradeció por los dos. Él estaba ocupado viendo las manos del Señor. No lo había notado con la mente trabajando tan lento, pero las puntas de los dedos de una de sus manos estaban grises.

—¿Lo reconoces? —El Señor extendió esa mano hacia Severus al notar su mirada fija.

Al final de la zona grisácea había una delgada línea negra, casi invisible.

—¿Problemas con la magia negra? —Severus arrugó el entrecejo.

—Las Artes Oscuras me apasionan, pero algunas…pasan factura. ¿Tienes idea de cómo resolverlo? Sé que hay pociones que podrían ayudar.

Él quería decirle que cualquier cosa que pudiese ayudarlo estaba fuera del temario de quinto año en Hogwarts, pero después de pensarlo un poco, se dio cuenta de que algunas mezclas medicinales con una receta de las pociones estéticas del señor Potter podría hacer algo.

—¿Tal vez? Sería mejor ir a San Mungo.

—Eso interrumpiría mis actividades —lamentó el hombre, recargándose de nuevo en su asiento. Volvió a frotar la cabeza de la serpiente y susurrarle algo en esa lengua rara—. ¿Cuánto le podemos ofrecer si hace algo que me sirva?

Esa pregunta no era para ellos.

Le hablaba a las personas enmascaradas.

—Seiscientos galeones.

—Mil galeones.

Severus sacó una cuenta mental de un aproximado de lo que necesitaría para el verano y el próximo año. Con mil galeones y sus ahorros, creía que podía cubrir hasta el final del séptimo año.

—Puedo intentar —murmuró.

El Señor asintió. Luego se fijó en Regulus, que seguía tenso desde el chasquido de dedos.

—He oído que hay libros interesantes en la oficina de tu padre…

—¿Cuál le gustaría tomar prestado? —Fue la única respuesta de Regulus, que intentó sonreírle.

El Señor le dio un título. Y después de otra mirada a ambos, pareció decidir que era suficiente intimidación por un día porque sacudió la mano y Lucius se apresuró a acercarse para sacarlos de ahí.

No hablaron en todo el trayecto hasta estar fuera de la casa. El agarre de Lucius en sus brazos era muy fuerte, Regulus miraba a la nada y la serpiente los seguía de cerca. No la veían, pero la escuchaban sisear.

En cuanto estuvieron en el bosque nevado que rodeaba la casa, Regulus le dio un empujón a Lucius. El mago estaba tan sorprendido que trastabilló unos pasos.

—No dijiste nada de que se metía a las cabezas de las personas —masculló Regulus.

—Mi padre dijo-

—¿Alguna vez piensas por tu cuenta o todo te lo tiene que decir tu padre, Malfoy?

Cuando lo interrumpió, la nieve alrededor de Regulus comenzó a evaporarse a una gran velocidad hasta que estuvo rodeado por un área vacía.

Severus se metió en medio de los dos y puso un brazo frente a Regulus.

—Suficiente —susurró—. Mira lo que estás haciendo.

Regulus bajó la cabeza y observó el área sin nieve como si no entendiese cómo ocurrió.

—Yo tampoco esperaba que lo hiciera —La voz de Lucius tembló un poco.

—Pues parece que la información de tu padre no está tan completa —replicó Regulus, retrocediendo sólo bajo la presión de las manos de Severus—. Tal vez deberías empezar a cuestionar todo lo que te dice y ordena…

—Suficiente, Regulus-

—No me obligues a dejarlos aquí, Black —siseó Lucius.

—Cissy vendrá a buscarme si se lo pido…

—Dije suficiente —Severus frunció el ceño y pasó la mirada de uno al otro—. Malfoy, eres el adulto aquí, regrésanos a Hogwarts para que no le causemos problemas al Señor o a tu padre.

Lucius lo aceptó de mala gana porque de verdad no tenían otra forma de regresar y se encontraban en alguna parte desconocida de Reino Unido. El traslador los regresó a las afueras de Hogsmeade y el mago mayor desapareció en cuanto Severus le dijo que podían colarse al castillo por su cuenta.

Severus suspiró apenas se quedaron solos en medio de la nieve de finales de marzo.

—Pensé que los accidentes mágicos sólo le pasaban a Sirius…

—No lo menciones —Regulus seguía hablando entre dientes. Ahora tenía la cabeza agachada y los ojos fijos en un pedazo de suelo cubierto de nieve.

—Yo sólo me sentí como si estuviese en un trance y no pudiese mentirle ni dejar de mirarlo. ¿Acaso tú…?

—Cállate.

Las palabras apenas fueron entendibles por la tensión de la mandíbula de Regulus y la forma en que apretaba los dientes.

Severus agarró el cuello de su capa y le dio un jalón. Esto lo hizo reaccionar. Regulus parpadeó un par de veces, intentando no trastabillar frente a él.

—No me hables como si fuese un elfo doméstico, Black.

Regulus apretó los párpados durante un instante y tomó una respiración profunda.

—Tuve un mal momento —reconoció Regulus, su voz de nuevo lenta y tranquila—. Cuando se metió a mi cabeza…

—Ya no me interesa —Severus lo soltó y empezó a caminar hacia la Casa de los Gritos—. Regresa al castillo tú solo, sangrepura.

Severus aceleró el paso y se fue sin esperar respuesta, dejándolo solo en medio de la nieve.


Un detrás de escenas en el futuro:

Severus adulto de repente: oye, cuando tenías quince años, ¿no me pusiste uno de los broches Black que se le dan a las parejas formales en tu familia?

Regulus: ...

Severus: qué clase de coqueteo sangrepura era ese, Reg, por Merlín, yo no entendí nada en ese momento.

Regulus: hice lo mejor que pude :c