Remus abrió los ojos cuando sintió el movimiento en la cama.
Sirius se había convertido en un perro y se echó en su pecho para distraerlo. Remus tenía los dolores típicos de la luna menguante y se quedó dormido acariciando el pelaje de su cabeza.
Ahora era de madrugada. El dosel se quedó abierto como tantas otras veces en que Sirius como perro se subía a una cama, sus amigos no debieron verlo diferente de esas ocasiones, y ahora los únicos sonidos en el cuarto eran los ronquidos de Peter y la caldera. James dormía en silencio con su propio dosel cerrado.
Sirius se sentó en la cama de nuevo en la forma humana y miró por la ventana más cercana durante un rato. Remus lo veía a él sin querer interrumpir lo que fuese que le pasase.
Sólo habló cuando notó que Sirius empezaba a buscar sus zapatos y agarraba una capa.
—¿Qué vas a hacer a esta hora, padfoot? —Remus mantuvo la voz baja aunque no creía que nada pudiese despertar a James o a Peter.
Sirius miró hacia atrás y sonrió al notar que Remus no sólo estaba despierto también, sino que se acababa de sentar en la cama. Él arrastró sus zapatos más cerca y se sentó también para ponérselos.
—¿El dolor?
—¿Mejor? —Remus estaba demasiado adormecido para hacer un escaneo mental de su cuerpo, pero si podía sentarse así sin quejarse seguramente había mejorado.
Sirius terminó de colocarse los zapatos y se enderezó para verlo.
—Voy con Reg —explicó en un susurro.
—¿Le pasó algo? —Remus se alarmó.
Él sólo sacudió la cabeza.
—Casi termina mayo. Nos juntamos por esta fecha en la madrugada…
—¿A qué?
Sirius se encogió de hombros.
—Normalmente a ver el lago, pensar en el verano, en…nuestra familia —Sirius hizo una pausa y se ajustó la capa sin mucho cuidado—. Lo hacemos cada año desde que entró a Hogwarts.
—No sabía…
Él sonrió, divertido.
—Nadie sabe. Bueno, ahora tú sí sabes —Sirius extendió el brazo y tocó una de las mejillas de Remus, en parte como cariño, en parte para comprobar una herida que ya casi sanaba del todo que iba hacia su oreja—. No le digas que te dije, es uno de los pocos momentos en que vuelve a abrazarme por voluntad propia y no porque yo lo esté jalando.
Remus asintió y prometió no decir nada. Sirius se levantó y trasteó un poco de un lado al otro del cuarto como si buscase algo.
—¿Esta fecha tiene algo de especial para ustedes? —preguntó Remus, flexionando las piernas contra su pecho—. No está cerca de tu cumpleaños ni del suyo…
Sirius se había quedado muy quieto en un extremo de la habitación. Sostenía un par de espejos, y después de un momento de tenso silencio, empezó a envolverlos con una tela suave y se los metió en un bolsillo de la capa.
—¿Supongo que sí? —Sirius lo miró con una sonrisa que mostraba todos sus dientes y estaba por completo fuera de lugar junto a lo que le siguió—. ¿Una de las veces que creímos que nuestra madre nos iba a matar sería algo especial, Remus?
Él se dio cuenta de inmediato de que Remus adoptó una expresión preocupada y quitó esa sonrisa rara de su cara, suspirando.
—Sólo es algo nuestro. Mientras más crece Reggie, más lejos está —Sirius caminó hacia la cama—. A veces parece que no lo conozco y es muy tonto porque recuerdo cómo se veía en su cuna, obviamente lo conozco. Quiero…¿sentarme con él en silencio en la noche si lo necesita? Le llevo un regalo hoy y debería volver antes de que prongs despierte...
Remus volvió a asentir. Sirius se inclinó hacia él con una expresión que había identificado como la que ponía cuando pedía un beso: la cabeza un poco ladeada hacia la derecha y algo similar a un puchero.
Él sostuvo su rostro y le dio un beso. Lo sintió sonreír contra sus labios.
—Sigue descansado —le indicó Sirius antes de alejarse—. Tienes algo para el dolor en el baúl, tírale un zapato a prongs a la cabeza si necesitas algo más.
Remus lo vio sonreír ante la idea de que James se despertase siendo atacado por un zapato y desaparecer en la oscuridad.
No volvió a dormir y Sirius regresó antes de que sus compañeros despertaran como le dijo que lo haría.
Remus se dio una pequeña tarea para los últimos dos meses del año:
Acercarse a Regulus Black.
Sirius y él no tenían una relación hablando en términos más formales, pero quizás sí podía decir que tenían un "algo". Y Remus creía que su hermano era la persona más importante para él, así que le sonaba razonable.
No lo había decidido sólo porque vio a Florence afuera del comedor contándole algo a Regulus con muchos gestos y una sonrisa emocionada y él parecía muy interesado. Para nada.
Remus no estaba celoso. Ni preocupado. Florence había saltado sobre él apenas lo vio junto a Sirius y su actitud fue tan parecida a la de Sirius que era imposible para Remus enojarse o quitársela de encima. Sirius había estado rechazando a las chicas que lo seguían y sólo pasaba tiempo con ella, y aunque Florence seguía saltando sobre él o se tiraba sobre su regazo, una vez incluso miró a Remus y le preguntó si quería que ella se quitase de ahí.
Así que no era por eso.
Mayormente.
Casi nada.
Sólo era lógico, se repetía Remus mientras entraba a la biblioteca. Sirius tenía conversaciones más largas con el señor Lupin que Remus con Regulus. Era verdad que los dos eran muy callados, por lo que tampoco era raro, pero…
Remus se detuvo de camino a la mesa de siempre cuando escuchó la voz de Regulus.
—…dijo que todavía no. No lo hagas ir más rápido.
Regulus estaba cruzado de brazos en un pasillo. Hablaba con dos Slytherin.
Cuando notaron a Remus, la conversación se pausó y Regulus lo saludó con un cabeceo, más que dispuesto a continuar con lo que fuese que hacía antes de la interrupción.
Remus titubeó.
—Regulus- Sirius y yo vamos a Honeydukes hoy en la tarde, ¿quieres…?
Regulus arrugó la nariz.
—No, no me gusta ser la tercera rueda, Remus.
Los Slytherin que estaban con él se rieron y Regulus les frunció el ceño para que se callaran.
Remus sentía que todo el rostro le estaba ardiendo.
—Después vamos a comer algo…con James también- y Peter- y-
—Voy a estar con Severus toda la visita a Hogsmeade, lo siento.
El mayor de los Slytherin le pasó un brazo sobre los hombros a Regulus, sonriendo.
—Vamos a salir juntos los cuatro. Salida de Sly. Sin Gryffindors.
Regulus resopló y lo ignoró.
—¿Otro día? —propuso Remus, vacilante.
—Claro —Regulus le respondió en un tono perfectamente educado que le hizo pensar que era un "no creo".
Remus se resignó por ese día y decidió que no quería pensar demasiado en lo que sabía Regulus sobre él y Sirius.
A pesar de su resolución, Regulus no era la persona más accesible en Hogwarts. Cuando volvían a comer en un salón abandonado, Remus decidía sentarse cerca de él, pero sus conversaciones no llegaban más allá de algunas frases antes de que Sirius se metiese en medio. Era él hablando sin parar quien dirigía toda la conversación entre los tres.
Después de que le dijo que no a otro almuerzo en Hogsmeade, Florence, que estaba caminando con Sirius, Lily y con él, le susurró:
—Es mejor hablar con Reggie cuando está solo o con Severus. Cuando está con otros Slytherin te presta menos atención.
Remus la miró con cierta confusión y ella solamente le guiñó y siguió caminando agarrando un brazo de Lily y uno de Sirius mientras cantaba algo que hablaba de gente enamorada.
Remus lo intentó más veces con resultados más o menos iguales. Hubo un día en que el mismo Regulus le hizo un gesto para que se detuviese y puso una expresión muy divertida.
—No necesitas hacerte mi mejor amigo para salir con mi hermano, Remus. Ya me agradas. Y eres bueno con Sirius.
Remus volvió a tener esa sensación de que el rostro entero le ardía.
—¿Muy obvio? —murmuró, encogiéndose y apretando el bastón como si esto pudiese ocultarlo al menos un poco.
—Bastante —Regulus asintió y soltó una risita—. Aprecio la intención pero estamos bien así.
—¿No te molesta o…?
Regulus negó.
—Es divertido ver a Sirius portarse como un tonto —A pesar del intento de burla, su voz y su expresión fueron cada vez más suaves al hablar de su hermano mayor—. Mientras no le hagas ningún daño, yo no tendré ningún problema contigo. Espero siga así.
Después de que Regulus se fue, Remus seguía preguntándose si acababa de ser sutilmente amenazado. O no tan sutilmente.
No volvió a intentarlo de forma excesiva, se limitó a las breves pláticas durante la comida o cuando caminaban por ahí, cuando se reían juntos de alguna tontería de Sirius y a los ratos en que por casualidad se encontraban en la biblioteca al mismo tiempo.
Un día a comienzos de junio, James estaba practicando para el último partido del torneo de ese año. Peter se mantenía pegado a la zona que separaba el campo del público, había arrastrado a su amiga Ravenclaw a verlo y no dejaba de alabar a James de tantas maneras que ella comenzaba a darle una mirada extrañada. Un poco más allá, Remus se había sentado en una parte de las gradas y Sirius se tendió en una posición en que podía poner la cabeza en su regazo y también ver a James volando por ahí.
Sirius se estaba riendo mientras le informaba que Regulus le contó sobre sus intentos de, en palabras de Regulus, ser un "buen cuñado". Él lo encontraba divertidísimo y Remus se moría de la vergüenza.
—Hace unos días Reggie me detuvo y me dijo "qué bueno que ya andas con Remus porque parecías un idiota saliendo con un montón de chicas y ya yo iba a comenzar a decir que no te conocía" —Sirius se carcajeaba al contárselo—. ¡Me sentí como si estuviese frente a un señor de sesenta años diciéndome promiscuo! ¿Puedes creerlo? Hasta me miró de arriba a abajo.
—¿Eso significa que está feliz por lo nuestro?
Sirius arqueó las cejas y sonrió.
—¿Tenemos algo "nuestro"?
Remus movió un poco las piernas como protesta y miró hacia otro lado, fingiendo prestarle atención a James y su práctica.
—Sí está feliz —Sirius le siguió hablando en tono muy divertido—. De verdad no te tienes que preocupar por él. Aunque fue muy lindo que te preocuparas por eso…
Remus ya no podía con que los dos Black estuviesen divirtiéndose a costa de él y le dio un golpe sin fuerza con el bastón en la cabeza. Mientras Sirius se sentaba, quejándose, él volvió a ver hacia otro lado.
Más allá del campo, por las áreas de césped que llevaban a los invernaderos, vio a Regulus. Caminaba deprisa detrás de Severus, cargando una pequeña caja, y le estaba hablando. Severus tenía esa actitud de cuando se está quejando de algo, pero después de un momento, Regulus lo alcanzaba y seguían caminando juntos hacia el castillo probablemente. Los dos crups jugaban entre ellos, quedándose un poco atrás.
Remus volvió a fijarse en Sirius cuando notó que este se acomodaba en su posición anterior con la cabeza en el regazo de él después del "ataque".
Comprobó cómo iba la práctica de James (preguntándole a Peter cuántos puntos llevaba), se fijó en el área por la que Regulus y Severus estaban desapareciendo y luego regresó a Sirius.
—Regulus anda mucho con Severus últimamente, ¿no?
Sirius hizo una pausa como si tuviese algo que considerar y se cruzó de brazos.
—Snivellus está practicando con él.
—¿Qué practican?
—Artes de la mente —Sirius lo dijo agitando una mano en una vaga imitación de uno de esos gestos pretenciosos tan característicos de sangrepuras—. Reggie quiere aprender oclumancia y legeremancia. Me dijo que practicase con él pero resulta que soy terrible para eso…
—¿Terrible para disimular tus emociones y que lo que piensas no sea obvio? —Remus sonó divertido.
Sirius, sin embargo, asintió muy ceñudo como si no fuese algo obvio.
—Le dije que si quería aprender algo de transformaciones, encantamientos, magia híbrida en aparatos muggles…pero él se interesó por el único tipo de magia para el que soy terrible —Sirius suspiró—. Y a Severus se le da bien. Reg me dijo que estaba siendo imposible asomarse en su cabeza si él no lo permite.
—Tenía que haber algo mágico que el gran Sirius Black no pudiese hacer —razonó Remus, encogiéndose de hombros—. No estaba siendo justo que tus notas fuesen tan altas cuando normalmente tus visitas a la biblioteca son para molestarme…
—Sí, pero cuando eres el hermano mayor se supone que lo puedes hacer todo, no que tu hermanito deba pedirle ayuda a alguien más porque a ti no te sale —refunfuñó Sirius.
Remus sintió ternura viéndolo enojarse consigo mismo por no poder ayudar a Regulus con algo que le interesaba y no pudo evitar bajar la cabeza y darle un beso. Sirius lo sujetó para prolongarlo un poco más.
Y en el campo de Quidditch, James gritó y casi se cayó de la escoba.
James todavía parecía un poco confundido sobre la idea de Remus y Sirius besándose y Sirius le dijo que iría a jugar Quidditch con James porque aparentemente lanzándose quaffles se podían entender. Remus no quiso preguntar cómo funcionaba eso porque sabía que no lo iba a comprender de todos modos.
Él utilizó su fin de semana para preparar material de estudio para los TIMOs. Faltaba muy poco y no había visto a James, Sirius o Peter agarrar un solo libro en semanas. Se apropió de una gran mesa, desplegó rollos de pergamino y encantó plumas para que copiasen lo mismo en cada uno. Sólo algunos apuntes para estar seguro de que recordaban los temas que iban para los exámenes, aunque James y Sirius a veces se presentaban sin saber qué parte del temario tocaba e igual salían bien.
Remus quería sentirse preparado para sus propios TIMOs, así que mientras acomodaba apuntes extras, también tuvo que levantarse varias veces y cojear hacia los estantes por más libros. En uno estaba mejor resumido, otro tenía los nombres y fechas que necesitaba, uno era más claro pero había otro que era más específico. Valía la pena leer un poco demás y estar seguro de que tenía la información necesaria.
En una de esas búsquedas, escuchó susurros.
—…tres gotas. No más. ¿Me oíste, Regulus?
—Sí, sí, tres gotas…
—Presta atención. Tres son suficiente. Es una poción muy fuerte. Cuatro gotas causará un daño mayor y eso no te servirá para que haga nada. Cinco gotas puede matarla.
Silencio. Remus estaba seguro de que la otra voz era la de Severus y sólo se quedó inmóvil con el libro que acababa de recoger, sin entender lo que estaba oyendo.
—¿Sólo cinco la mataría?
La forma de preguntarlo se le hizo muy extraña. Vacía de toda preocupación. Remus supuso que hablaban de un ejercicio de una poción avanzada y la teoría de su funcionamiento o no tendría sentido que Regulus hablase con tanto desinterés.
—Sí, con cinco basta. Pero luego nos meteremos en un problema mayor…
—Señor Lupin, ¿necesita ayuda?
Remus dio un brinco, apoyó mal el bastón y el libro se le cayó al suelo. El profesor Grindelwald lo recogió con un hechizo y se lo tendió.
Los susurros ya no estaban y Remus creía haber oído mal por la interrupción del profesor. Asumió que los sonidos y palabras se mezclaron y por eso no entendió bien.
—No esté asustado —La voz de Grindelwald fue muy suave—. Los TIMOs no son tan malos.
—Tengo cinco libros de una misma materia —Remus no pudo evitar sonar un poco quejumbroso— sólo para estar seguro de que dicen lo mismo.
El profesor soltó una risita y sacudió la cabeza.
—No hay que preocuparse por quinto año. Sólo por sexto —Grindelwald eligió un libro de un estante alto y se lo tendió también. Era una pequeña guía antigua para contrarrestar pociones—. Sexto año es decisivo. Yo le recomiendo este libro.
Remus lo recibió y le agradeció aunque no recordaba que en el temario de Slughorn fuesen a ver contrarrestar pociones. Pero si un profesor se lo estaba entregando podía saber algo que él no y Remus no pensaba correr el riesgo de ignorar la recomendación.
Grindelwald se fue a hablar con la bibliotecaria después de esto y Remus regresó cojeando y cargado a su mesa.
Se encontró con que Severus estaba leyendo uno de los pergaminos de apuntes extras y Regulus miraba por la ventana hacia el campo de Quidditch.
Remus dejó sus libros sobre la mesa y se sentó, mirando de uno al otro.
—¿Me puedo quedar a estudiar aquí? —Severus arrojó un libro sobre la mesa antes de que Remus asintiese—. ¿Tienes apuntes de estos de historia? No es mi mejor materia…
—Puede recordar cientos de ingredientes, indicaciones y contraindicaciones, pero no sabe si una revolución fue en 1812 o 1821 —Regulus sonaba divertido.
—El que no tiene exámenes decidiendo qué materias puede continuar el próximo año no opina —le gruñó Severus.
—Yo también tendría que estar estudiando…
—Pues con mi libro de pociones no será. Búscate uno del pasillo de pociones…
Le está enseñando pociones más avanzadas, se dijo Remus. Y empezó a intercambiar apuntes con Severus, convenciéndose de que escuchó mal antes.
No tenía idea de que sería peor de lo que sonaba. Y no la tendría hasta después de que el año (y sus exámenes) hubiesen finalizado.
Fin del libro 5
