Hasta estrellarse contra una puerta, Peter volvió a aparecer en un punto de luz.Era como si se materializara de la nada, un espectro implacable que no daba tregua.Bernardo, intentando defenderse, lanzó un golpe hacia la cara de su hermano. Sin embargo, Peter esquivó con facilidad y sus golpes volvieron a caer sobre el cuerpo maltratado de Bernardo.

—¿Creías que podrías detenerme? —se burló Peter, disfrutando de cada segundo—. Eres más débil de lo que pensé.Las palabras eran dagas afiladas que se hundían en el corazón de Bernardo, cada sílaba impregnada de desprecio.

Bernardo gruñó, su cuerpo dolido por los golpes, pero la rabia crecía en su interior, alimentada por las palabras de su hermano."No eres el único que puede aprender a adaptarse."Los dientes de Bernardo crujieron mientras su energía comenzaba a hervir, una nueva fuerza surgiendo de las profundidades de su ser, un poder que estaba más allá de lo que cualquier de ellos había anticipado.

"¡No te subestimes, Peter!"gritó, mientras su cuerpo brillaba con una luz oscura y feroz que eclipsaba el entorno. Su mana fluía como un torrente de energía salvaje, rompiendo las leyes de la naturaleza mientras su pie se estrellaba contra el suelo, creando grietas que resonaron como un trueno.

El aire alrededor de Bernardo se distorsionó. Su figura se alzó, más imponente que nunca."No soy el débil que crees."La energía que emanaba de él empezó a formar una armadura oscura, una que parecía absorber la luz misma, dejando atrás un aura de poder absoluto. Mientras la armadura se consolidaba, la intensidad de la batalla aumentó.

Peter, sorprendido por el cambio, reculó un paso."¿Qué diablos es esto?"murmuró, mirando la espesa capa de oscuridad que cubría el cuerpo de su hermano. Pero no era tiempo para dudas. Aceleró, lanzándose con una rapidez letal, su luz brillando intensamente como un rayo a punto de golpear.

Los golpes de Peter eran rápidos, pero Bernardo los esquivaba con una agilidad que hacía que su armadura negra se moviera como si fuera una extensión de su propio cuerpo. La batalla había dado un giro, y ahora, los papeles se habían invertido. Cada ataque de Bernardo era más preciso, más mortal.

La tierra tembló bajo sus pies mientras Bernardo lanzaba un puño hacia el estómago de Peter. La armadura de luz de su hermano comenzó a crujir, una grieta apareciendo en su superficie."No soy el hermano que conocías."

Pero Peter no retrocedió. Con una sonrisa cargada de desafío, apretó sus puños."Esto recién empieza, hermano."

—Pero eres igual de insignificante, es tal y como lo dijo mi abuelo y mi madre —respondió Bernardo con una voz temblorosa pero desafiante.

La angustia comenzó a apoderarse de Bernardo mientras sentía cómo cada golpe lo debilitaba más.Era una lucha titánica contra la inercia del dolor; cada impacto era un recordatorio brutal de su fragilidad.Sin embargo, una chispa de resistencia aún ardía en su interior.

El sudor le recorría la frente mientras Bernardo se forzaba a mantenerse en pie. Cada golpe que recibía parecía deshacerlo un poco más, las costillas rotas, los músculos desgarrados, pero la chispa de su voluntad no se extinguía."No... no soy insignificante."Murmuró para sí mismo, casi como un mantra, luchando por controlar el caos interno que su cuerpo le exigía.

Peter, viendo la lucha interna de su hermano, intensificó su ataque."No importa lo que digas, Bernardo, nada cambiará el hecho de que siempre estarás a mis pies."Sus palabras eran como látigos, cargadas de desprecio y certeza, pero algo en los ojos de Bernardo se encendió.

"¿A tus pies?"Bernardo dejó escapar una risa amarga."Siempre pensaste que eso era lo único que importaba, ¿verdad?"Las palabras salieron de su garganta como una explosión, mientras se levantaba con la furia de alguien que ya no tiene nada que perder."Creías que todo esto era sobre el poder, sobre ser el más fuerte."

El dolor era insoportable, pero ya no sentía el mismo miedo. Cada golpe de Peter era una ráfaga de fuego que forjaba su resistencia. Algo dentro de él se quebró, pero en esa quiebra encontró una fuerza que nunca imaginó."Este cuerpo puede caerse, puede desmoronarse... pero no me rendiré."

Bernardo giró sobre sus talones, su brazo se extendió hacia el suelo, y con una ráfaga de luz oscura, lanzó un ataque de energía pura. La energía brillaba como un relámpago negro, surcando el aire hacia Peter, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar."Si eres el futuro, hermano... yo seré la resistencia."

La explosión de poder destrozó parte del paisaje a su alrededor, dejando una nube de polvo y escombros. Peter, aunque herido, no estaba derrotado. Su armadura de luz brilló con más intensidad, su mirada fija en su hermano.

El aire se cortó con el rugido de la furia de Bernardo, su cuerpo al borde del colapso, pero su alma ardía como una llama inextinguible."¡Jodete, maldito mocoso!"Su voz retumbó en el espacio, un grito que no solo desafiaba a su hermano, sino a todo lo que lo había reducido a un ser al que solo el dolor parecía pertenecer. En su mente, la imagen de su madre, su abuelo, todas las veces que fue ignorado o subestimado, resurgieron con fuerza, alimentando su rabia.

Con una rapidez que desmentía su agotamiento, lanzó un puñetazo con lo que quedaba de su fuerza. Los músculos le crujieron al moverse, pero la furia eclipsaba el dolor. El golpe fue salvaje, descontrolado, pero Peter, como siempre, lo esquivó con una agilidad sobrehumana. La risa de Peter resonó como un eco cruel en el aire.

"¿De verdad creíste que podrías darme siquiera un rasguño?"Peter se burló, mientras sus golpes volvieron a destrozar el cuerpo de Bernardo. La brutalidad de sus ataques era insoportable; un golpe aquí, un puñetazo allá, cada impacto como una condena. Pero algo dentro de Bernardo seguía luchando, su cuerpo sangrante, su mente nublada por el dolor, pero la chispa de su voluntad aún brillaba.

Cada golpe de Peter parecía estar deshaciéndolo, su cuerpo se desmoronaba, pero Bernardo no se rendiría."No... no me rendiré. ¡No voy a dejar que me destruyas!"Su respiración era rasposa, sus ojos inyectados en sangre, pero las palabras salían con fuerza. Cada intento de resistir, aunque fútil, le daba un propósito, una razón para seguir peleando.

Los impactos eran como látigos de fuego, destrozando su piel, sus músculos, pero Bernardo, malherido, buscaba en su interior lo que quedaba de su humanidad."Soy más que tu juguete, Peter... soy más que la sombra que quieres borrar."Aunque cada palabra era un desafío que le costaba pronunciar, él lo decía con una determinación que no podía ser destruida.

Peter, viendo la resistencia de su hermano, pareció detenerse un instante, observando la expresión de desdén y dolor que cruzaba el rostro de Bernardo. No era el final aún, pero algo dentro de él comenzó a cambiar."Sigues siendo un estorbo."

Labrutalidaddel momento era abrumadora; cada golpe resonaba en el aire como un eco delsufrimientoacumulado a lo largo de los años. El sonido seco de los puños chocando contra la carne se mezclaba con el gemido del viento, llevando consigo elfragorde una lucha que parecía no tener fin. La sangre, oscura y espesa, manaba de las heridas abiertas, cada gota cayendo con una lentitud que reflejaba laagoníade un cuerpo al límite de su resistencia. Se esparcía por el suelo,mezclándose con el polvo del callejóny formando un rastro oscuro que simbolizaba su lucha incansable, suresistenciaante la adversidad.

Bernardo, cada vez másdeteriorado, se mantenía erguido a duras penas, como un árbol que lucha por seguir de pie pese a las ráfagas más violentas. Los golpes seguían lloviendo sobre él, pero algo dentro de su ser senegaba a ceder. Sucuerpo sangriento, a pesar de los huesos fracturados, las contusiones y las cicatrices que ya contaban su historia, se mantenía de pie, como un desafío al destino que había intentado arrastrarlo al abismo.

Peter observaba, su rostro una máscara fría desuperioridad, mientras su hermano se mantenía erguido ante él, a pesar de ladevastaciónque había sufrido. Las palabras de desprecio se acumulaban en su boca, peroalgoen el aire lo hacía vacilar, aunque solo fuera un instante. En ese instante,Bernardono solo peleaba por su vida, sino por cada momento que le fue arrebatado, por cada injusticia, por cada error que había cometido en su pasado. Cadagolpe, cadabrutalidadsufrida, solo añadía más peso a la carga, pero también más fuerza a su determinación.No cedería.

No... me rendiré... no te lo voy a permitir—murmuró con dificultad, su voz un susurro entrecortado por el dolor, pero aúnrepleta de una rabia indomable.

Peter, por primera vez,vaciló, la oscuridad de sus ojos brillando con una sombra que nunca antes había mostrado. Pero no se detuvo, no podía. Laluchano era solo contra su hermano, era contra todo lo que él mismo había llegado a representar, contra lassombrasde su propio pasado.

Bernardosintió cómo ladesesperanzacomenzaba a cernirse sobre él, como una sombra amenazante que lo envolvía lentamente, arrastrando consigo el peso de cada fracaso, cada golpe, cada palabra cruel. Pero en el fondo de su ser, algoinalterableresistía, una llamadiminuta, peroardiente, que se negaba a extinguirse. Era esa chispa interna lo que lo mantenía en pie, un instinto primordial que lo impulsaba a seguir,desafiandola lógica de su cuerpo destrozado, de su mente quebrada. Sabía que debía luchar, no solo por sí mismo, sino portodo lo que representaba su existencia: por el honor perdido, por los recuerdos de aquellos que ya no estaban, por cada injusticia que había tenido que tragar, por cada sacrificio que había sido invisibilizado.

Peter, sin perder un segundo, se lanzó hacia él, su figura tan implacable como siempre. Con una velocidad brutal,pateó la parte posterior de la cabeza de Bernardo, el impacto resonó como un trueno. El sonido del golpe hizo eco en sus huesos, como si el cráneo de Bernardo fuera aestropearsebajo la fuerza. Eldolorse disparó como una flecha envenenada, atravesando cada rincón de su ser. La herida en su cuenca ocularsangró más profusamente, la sangre caliente escurría por su rostro, y por un instante, la oscuridad pareció tragárselo. Cadalatido de su corazónera ahora un recordatorio insoportable de sufragilidad; el dolor no solo era físico, sino unrecordatorio de la vulnerabilidadque nunca había querido aceptar.

Sin embargo, mientras la oscuridad intentaba abrazarlo, esa pequeña chispa dentro de él seguía resistiendo. Uninstinto animalse apoderó de su ser, un rugido interno que le ordenabano rendirse, no dejarse consumir por la desesperación.No podía morir así, no podía caer sin dejar una marca en este mundo, sin que su existencia fuera reconocida, aunque fuera por su sufrimiento. Cada grano de sangre derramado, cada golpe, cada momento de dolor, alimentaba esa chispa.Se negaba a apagarse.

La imagen de su hermano, implacable y cruel, se distorsionaba ante sus ojos sangrientos.Peterpodía estar cerca deromperlo, peroBernardoaún tenía algo más que ofrecer. Algo más que lo mantenía en pie, algo más que su cuerpo roto y su alma desgarrada. Y aunque su visión comenzaba a nublarse, lafuerzade su voluntad seguía encendiendo un fuego imposible de apagar.

Vamos, hermano, no te alejes —se burlóPeter, dejando escapar una risa cruel que cortó el aire como unadaga afilada. Sudesdénera palpable, una mezcla desatisfacciónmorbosa por el dolor de Bernardo, como si cada grito de su hermano fuera una victoria personal. La risa de Peterresonabaen el callejón, un eco que se entrelazaba con elmurmullo del vientoy elgoteo lentode lasangreque caía al suelo. Era como si todo estuviera conspirando para recordarle a Bernardo suinevitablederrota.

Peterno se detuvo. Con unafuerza brutal, tomó lapierna izquierdade Bernardo, sujetándola con una mano como si fuera nada más que unabarrera en su camino. Sin previo aviso,lo arrojó contra la paredcon la furia de una tormenta. Elimpactofuedesgarrador. El sonido que resonó en el callejón fue como elgolpe seco de un martillosobre metal, un estruendo sordo que hizo que elsuelo vibrarabajo sus pies. Fue como si todo el universo se detuviera por un segundo.

Bernardo sintió su cuerpo desmoronarseal instante, cadahuesoymúsculogritando enagonia. Laparedlo recibió como un monstruo hambriento, absorbiendo su cuerpo con unruido espantoso. El dolorexplotóen su interior, viajando por cada fibra de su ser, haciendo que elmundoa su alrededor se desvaneciera en un manto oscuro. Sentía cada golpe como unaimplosión interna, como si su propio cuerpo estuvierareventandodesde dentro.Nadaparecía poder detener esa marea de dolor que arrasaba con su resistencia.

Pero aún así, en algún rincón de su mente, lachispase mantenía, esa llama débil que no terminaba de apagarse.Bernardocerró los ojos, y aunque el dolor se apoderaba de él, algo dentro le susurraba que aún no era el final. No, no mientras aún pudierarespirar, no mientras su alma estuviera dispuesta adesafiarla tiranía de su hermano.

Eres débil, hermano mayor—continuóPeter, su voz teñida dedesdén. Sus palabras caían como una lluvia dedagas afiladas, cada unahundidaen lacarnedeBernardo, dejando unaheridamás profunda que la anterior. La arrogancia en su tono era casi palpable, como si cada palabra fuera unaafrentaque lo humillaba aún más. —Es casi humillanteque mis hermanos y yo compartamos casi el mismolinajecontigo.

Las palabras dePetereranveneno, impregnadas de undesprecio absoluto.Bernardopodía sentir cómo sucorazón se hundíacon cada sílaba, cómo larabiase mezclaba con el dolor. Pero no iba acedertan fácilmente. Sumenteaúnardíacon la chispa de la resistencia, aunque elcuerpono pudiera seguir el ritmo.

Eres y siempre serás una basura, hermano mayor—la vozinfantildePeterseburla, como si su hermano fueranada másque un objeto para su placer. El tonosarcásticoy lleno dedesprecioparecíacondenarlo, reduciéndolo a algoirrelevanteypatético. Mientras pronunciaba esas palabras, extendió la mano, y en un parpadeo, laluzse concentróalrededor de él, como unaaurora cruelque oscurecía todo a su alrededor.

El aire secargóde tensión, la atmósfera pesada con unapresencia tangiblede poder.Peterlanzó sugolpe, no físico, sinoluminoso, casi como si la misma esencia deluzse volviera contraBernardo. Laexplosiónde energía lo alcanzó con lafuerzade un rayo,impactandoen su cuerpo con la brutalidad de unafuerza imparable. Elgolpelodesprendiódelsuelo, y, como una marioneta rota,Bernardocomenzó a caer, su cuerpo arrastrado por laviolenciade la luz.

A medida que su cuerpose desmoronabahacia el vacío,el dolorde su caída parecía no tener fin, como si suexistenciamisma estuviera siendoreducida a nada. Y mientrascaíadel edificio, la sensación defutilidadcomenzaba a apoderarse de su alma. Sin embargo, algo en su interior seguíagritandoque aún había más.

MientrasBernardoluchaba por mantenerse en pie, su cuerpodócilante el dolor, sus ojos comenzaron a recorrer lapenumbradelcallejón, buscando unasalidaque no lograba encontrar. Losguardiasque solían rodear el lugar ya no estaban, obedeciendo laordende suhermano menor, un recordatorio cruel de lasuperioridaddePeter. La atmósfera estaba cargada con unatensión palpable, como si el aire mismopresionaracontra supecho, haciéndole más difícil respirar.

Lassombrasque danzaban en lasesquinasparecían moverse con vida propia,acechandocada rincón con unaintensidadque hacía que elcallejónse volviera un lugar hostil y peligroso. Cada suspiro del viento, cada crujido en el suelo, era como unaamenaza latente, un recordatorio de que lamuerteo laderrotapodían ser alcanzadas en unparpadeo.

De repente, unsusurrorasgó la quietud de la oscuridad. La palabra fue como unecoaterrador que recorrió la mente deBernardo, susurrándole al oído con unafuerzaque parecía provenir de lo más profundo de su alma.Débil... La palabra le atravesó el corazón, como una daga afilada que rasgaba sudignidad. Era unmantraque se repetía, como unfantasmaque se negaba a irse, acechando sus pensamientos,aterrándolecon su mera presencia. En ese instante,Bernardono pudo distinguir si lavozprovenía de uno de los presentes o si era solo su mente,quebradapor la tortura. Pero lo que no sabía era que ese susurro no era suyo ni dePeter. Algo mucho más oscuro se estabacercando.

Mientras sumentese debatía entre larealidady eldelirio, lasombraen las esquinas parecíacrecer, como si alguien estuviera observando, esperando el momento adecuado para hacer su jugada. Pero, en sufatiga,Bernardono podía identificarlo, atrapado entre su dolor físico y lasdudasque lo consumían.

Ladesesperaciónse cernía sobreBernardocomo unasombraasfixiante, unaneblinaque envolvía su mente, haciéndole cuestionar hasta el último pedazo de su ser. Laspalabrasde su hermano flotaban en el aire como unvenenoinvisible, infectando cada rincón de sualma. Cada golpe que recibía no solo perforaba sucuerpo, sino quedesgarrabasuespíritucon una brutalidad aún más implacable. Lahumillaciónera un peso que aplastaba suorgullo, un recordatorio constante de lodébilque se sentía en ese momento. Cadagolpeera un recordatorio de sufracaso, de todo lo que habíaperdidoa lo largo de los años.

Pero, como una llama a punto de extinguirse, algoinsignificante pero indestructiblecomenzó a arder en su interior. Una chispa deresistencia. Era lavoluntadde no rendirse, deseguir luchando, aunque sucuerpoestuviera al borde de laquiebra. No era solo un deseo desobrevivir, era algo mucho más profundo, algo que provenía de lo másprofundode su ser, de unreflejo de su verdadero yoque se negaba a seraplastado.

Bernardoentendió que estaluchano era solofísica; labatallaque libraba era mucho más compleja. Era unaguerra interna, una lucha porredescubrirquién erarealmentefrente a lassombrasde su pasado. Frente a losdemoniosque habíaacarreadodurante años, contra lasmentirasque su mente le había obligado a aceptar comoverdades. Cada golpe, cadadolor, le empujaba aenfrentaresa realidad, areclamarsuidentidad, aunque todo lo que conocía parecía estardesmoronándosea su alrededor.

Bernardosabía que subatallano era solo contraPeter, ni contra losgolpeso laviolencia. Era unareivindicaciónde sí mismo, una últimaoportunidadde encontrarse y mostrarle al mundo queélseguía allí, a pesar de todo.

ElcuerpodeBernardoera un amasijo dedolor, una masa decarne maltrataday huesosadoloridosque apenas respondían a su voluntad.Cada golpelo empujaba más cerca de laoscuridad, como si su propiaexistenciase desmoronara en pedazos, arrastrándolo hacia un abismo del que no habría retorno.El mundoa su alrededor se desvanecía en una bruma desangre y agonía, los sonidos del callejón se volvíanlejanos, como si su conciencia estuviera al borde de romperse.

Pero allí, en la más profunda de lastinieblas, algo se aferraba con desesperación. Unachispa, unecode lo que alguna vez fue, se negaba amorir. Un fuegotenue, casiimperceptible, peroinquebrantable.

Con unesfuerzo titánico,Bernardoalzó lavista. Sus ojos, empañados dedolor, se fijaron enPeter, en la silueta de su hermano menor que se alzabatriunfante, regodeándose en susufrimiento. Pero aunque su cuerpo estuvieraroto, aunque su sangre manara enríososcuros sobre el pavimento, su espíritu aúnluchaba.

—No... no soydébil—murmuró, su voztemblorosa, pero con un filo de desafío.

Y entonces, unrugidosurgió desde lo más profundo de su ser.

—¡No me subestimes!

Laspalabrasestallaron de su boca como ungrito de guerra, atravesando laoscuridad, rompiendo laopresiónque lo aprisionaba. No era solo un desafío paraPeter, era un grito dirigido almundo, aldestino, a cada malditasombraque había intentado aplastarlo.No caería sin luchar.

Sucuerpopodía estaral borde del colapso, susangrepodía teñir las calles, peroBernardono estabaacabado. No aún.No mientras su llama siguiera ardiendo.

LamiradadePeterse tornó aún másfría, su rostro esculpido en unamueca burlonaque destilaba purodesprecio. Susojos brillaban, reflejando una mezcla dediversión sádicay una impaciencia apenas contenida. Cada segundo delsufrimientodeBernardoera un espectáculo que disfrutaba sin remordimiento.

—¿De verdad crees que puedescambiar esto? —su voz era unsusurro afilado, una daga que se deslizaba entre lahumillacióny lainevitabilidad.

Peterse preparó paraatacar de nuevo, susmúsculos tensándosecomo los de undepredadora punto de lanzarse sobre supresa. Sus pasos fueron lentos, deliberados, disfrutando de latorturade su hermano mayor.

Pero entonces, la vozvolvió.

—¿Terendiráscon esto?

Elsusurro,ajeno a la escena, resonó en la mente deBernardocomo un eco sutil, unacorriente gélidaque serpenteó por sumente cansada. Suprimer instintofue ignorarlo, pensar que era solo un delirio producto deldolor, pero esta vez... esta vez intentó encontrar suorigen.

Miró alrededor, los guardias se mantenían en sus posiciones,inmóviles, cumpliendo laorden de Peterde no intervenir.No había nadie más allí.

Y sin embargo, lavozestaba.

No era unpensamiento suyo. No era unaalucinación.

Era algomás.

Unapresencia, unaalternativaa la desesperación, uncamino que aún no había tomado.

Lavozno pertenecía a losguardias, aquellos testigossilenciososque lo observaban con laimpasibilidad de meros espectadores. No... eraalguien más.

Laconfusiónse enredaba con laagonía, una espiral dedesconcierto y sufrimientomientras susojos debilitadosexploraban lapenumbra, tratando dediscernirquién oqué le hablaba.

Su respiración erapesada, cada latido en su pecho unaexplosión de dolorque amenazaba con derribarlo de una vez por todas. Perono cayó.

Se puso de pie una vez más.

Su manotemblorosase cerró alrededor delmango de la espada, aquella hoja quese desprendió de su cuerpo, como si formara parte de él, unfragmento de su propio ser. La sangregoteabade su filo, unamezcla de su esencia y su sacrificio, cada gotabañando la tierra con la prueba de su resistencia.

Elmetal fríoera unrecordatorio tangiblede sudolor, pero también unsímbolode algo más.

De sudeterminación.

De queno iba a caer sin luchar.

Con unaúltima inhalación, ignorando losgritos de su cuerpo desgarrado,Bernardofijó su mirada enPetery se lanzó sobre él con unaferocidad que no parecía humana.

Los golpes no cesaban.

Cada impacto era unlatigazo ardiente, una sentencia grabada a fuego en su carne maltratada. Pero mientras sucuerpo sufría, sumente viajaba lejosde aquel callejón, lejos de la brutalidad de Peter.Recuerdosirrumpían en su conciencia, una sucesión de imágenes que lo envolvían en un torbellino de emociones.

Sushermanos menores... Susrisasresonaban en su memoria, puras e inocentes, contrastando con la realidad cruel que ahora lo ahogaba.Momentos felices. Momentos tristes.

Lasnoches en familia, cuandosolo eran ellos, unidos, inseparables.Aquellos tiempos...

Pero los recuerdos no solo traían consuelo; traían unrecordatorio.

"Este es un adiós, madre."

Bernardo alzó la vista, su ojo sangrante dirigiéndose alcielo ennegrecido. Las estrellas parecíandifusas, casi inalcanzables.

"Lo voy a conseguir... esa fue nuestra promesa."

Nunca hubo opciones.

No podíarendirse.No ahora. No nunca.

Cada golpe que recibía lo acercaba más a la muerte, perotambién lo empujaba a la verdad:no tenía la fuerza suficiente para retroceder.

"No fallaré otra vez."

"No puedo dejar que mi madre sea mancillada y humillada por mi debilidad."

Diez años...Diez años de fracaso, de sufrimiento, de lucha constante.

Lasangregoteaba de su cuerpo, pero algo más ardía en su interior.

No podía dejarlo pasar.

No moriría aquí.

No dejaría que lamemoria de su madre fuera pisoteada.No permitiría que su legado se convirtiera en una burla.

Su aliento eraentrecortado, pero en medio del dolor, encontró la fuerza paramirar a Peter, su hermano menor, el monstruo que había decidido acabar con él.

—Peter... ¿sabes por qué somos tan diferentes? —preguntó de repente, su voz rasgada pero firme.

Peter frunció el ceño,desconcertado. No esperaba que su hermanohablara en ese estado.

—No —gruñó—.Y no me interesa saberlo.

Su expresión se torció en una sonrisa despectiva.

—Toda tu vida... ya seapasado, presente o futuro... No significa nada.

Peter soltó unacarcajada seca, llena deburla y arrogancia.

—Toda tu vida tendrásbuena comida, buen alcohol, mujeres, dinero, estatus y gloria... todosolo por tu apellidoy por lo que quiero arrebatarte. —Se inclinó levemente hacia su hermano, con una sonrisa torcida—. ¿Y qué, Bernardo? ¿Estáscelosode que no tengas lo que yo tengo?

Bernardo, a pesar deldolor punzante en cada fibra de su cuerpo,rió.

Rió con desdén.

Rió con una furia contenida que se entrelazaba con su desprecio.

—Lo quetienes en este mundo, Peter... —sus ojos destellaban con un brillo inquebrantable—.Es demasiado fácil de obtener.

Peter frunció el ceño, su diversión inicial comenzando a resquebrajarse.

Bernardo escupiósangreal suelo y continuó:

—Al ser unlisiado, comprendí muchas cosas. ¿Para qué centrarme en cosastan banales? Descubrí quesolo se necesita una cosa.

Sus músculos temblaban por el esfuerzo, pero su voz no flaqueó.

—Y es la denunca dejar de mejorar.

Cada palabra era unpilar de su convicción.

—Desde que descubrílo que realmente soy, jamás dejé depracticar y entrenar. Me rompí,me reconstruí, y lo hice una y otra vez, simplemente paravolverme el más fuerteysalir de este estigmaque recayó sobre mí.A cambio del dolor más atroz.

Su respiración era entrecortada, pero su determinaciónera inquebrantable.

—Todas mis actividades biológicas fuerondedicadas a adquirir fuerza.Es lo único en lo que me esfuerzo.

Peter sonrió de lado, pero había algo en sus ojos... algodiferente.

—Entonces dime,¿por qué fingiste ser débil durante tanto tiempo?

Bernardo limpió la sangre de su rostro yvolvió a reír.

—Oh... —levantó la mirada hacia Peter con una expresióndesafiante—.Porque quería que me percibieran como lo que creían que era.Unlisiado.

Las palabras cayeroncomo un martilloen el silencio del callejón.

—Solo por esoaguantéyme esforcé.

Bernardodio un paso al frente, su sombra proyectándoseamenazantesobre Peter.

Sic Parvis Magna.

Peter alzó una ceja y soltó otra carcajada burlona.

—No me vengas con frases vacías...

Bernardo inclinó la cabeza levemente, su voz firme como una sentencia:

Ex Favilla, Nos Resurgemus.

Peterse tensó. Algo en el airecambió.

—Si quieres ser dramático, hermano...yo también puedo serlo.

Bernardolevantó su espada.

—Bien. En todo caso, prepárate, Peter.

Un viento helado recorrió el callejón mientras sumirada ardía con una resolución insondable.

Te mostraré que por encima de mí...

Ni siquiera las estrellas de este universo son lo suficientemente altas.

Peterabrió los ojos ligeramenteal notar el cambio en su hermano.

Yano eralapatética versión sumisa y calladaque solía ser.
Tampoco era ellunático desquiciadoque había emergido hace poco.

Este Bernardo...era diferente.

Si ese es mi hermano...—murmuró Peter para sí mismo, con una mezcla de sorpresa y desagrado.

Bernardo sonrió con una expresióncasi relajada, como si el caos de la batallano lo afectara en absoluto.

—¿Qué te puedo decir, Peter? —alzó los brazos levemente, como si se burlara de su propio destino—.Mi esencia no se explica... solo se vive y se disfruta.

Los dientes de Peterrechinaron con furia.

—¡Basta de esto, Bernardo!—su voz resonó como un trueno, su paciencia evaporándose—.Pelea.

Bernardo inclinó la cabeza, su sonrisadesafiante.

—No medigas qué hacer. Mejorobserva cómo lo hago mejor que tú,niño idiota.

Las palabras fueronveneno hirviendoen los oídos de Peter.

Con undestello blanco, Peterdesapareció de su lugary reapareció frente a su hermano.
Supuñosurcó el aire con una velocidadcegadorayse estrelló contra el rostro de Bernardocon un impactoatroz.

La sangresalpicó en el aire.

Pero antes de que pudiera caer al suelo...

Retrocedió.

Los ojos de Peter seensancharonal ver cómocada gota roja se deslizó de vuelta a la piel de Bernardo, absorbiéndose en élcomo si el daño jamás hubiera ocurrido.

—¿Sabes, Peter...? —la voz de Bernardo sonócalma, incluso divertidamientras giraba el rostro lentamente hacia su hermano.

Unasonrisa cruelse formó en sus labios.

Todo aquel que intente superarme... conocerá su límite.

Los músculos de Peter setensaron.

El aire alrededor de Bernardotembló.

—Dime... —su voz descendió a unsusurro burlónmientras daba unpaso al frente—.

¿Cuánto te queda... para llegar a tu límite?

Bernardo sintió cómocada gota de sangre derramadacomenzaba aretroceder, arrastrándose de vuelta a su cuerpo como siel tiempo mismo estuviera dando marcha atrás.

Las heridascomenzaron a cerrarsede maneraimposible, la carne desgarradase reconstruía, los huesos fracturadosvolvían a su estado original, como si nunca hubieran sufrido daño.

Pero había un detalle.

Las heridas queaún mantenían objetos incrustados—fragmentos de armas, astillas, metal retorcido—no se cerraban.
El dolor aún permanecía en esas zonas.

Bernardo lonotó por un instante, pero luegolo ignoró.

Esto...esto no era obra de un milagro.
Erasu propio poderen acción.

Era la segunda habilidad innata de Bernardo.

—"VITA CARNIS."

Una habilidad de rango S +, que superaba incluso el poder de su habilidad ocular.

Naturalezas: Vida, Sangre y Tiempo.

Ladescripción era simple...pero su efecto, aterrador.

—El cuerpo del portadorserá el mejor.
—Sanación.
—Regeneración.
—Fuerza.
—Agilidad.
—Resistencia.
—Cada aspecto de su existenciase mantendrá en condiciones óptimas.

No importaba cuántas veceslo hirieran, cuántas veceslo golpearan, cuántas veceslo atravesaran.
Mientrasno estuviera muerto, su cuerpose restauraríahasta su mejor estado posible.

La perfecciónencarnada en carne y hueso.

Bernardocerró su puñomientras sentía la fuerzafluir nuevamente a través de él.
Su cuerpono solo sanaba...se volvía aún mejorcon cada regeneración.

Peterfrunció el ceño, sintiendo por primera vezuna punzada de inquietud.

Este no era el hermanodébil e insignificanteque había despreciado toda su vida.

No.

Este...era un monstruo.

Esta era la habilidad central.

La verdadera razón por la queBernardo sanaba tan rápido, la esencia de su poder, el secreto detrás de su inquebrantable resistencia.

La carnecerrándoseen cuestión de segundos, los músculosrestaurándose, la sangrevolviendo a su cauce como un río al revés.

Bernardosonrió.

Ahora lo entiendo, Peter.

Su voz resonó conburla y certeza, perforando la arrogancia de su hermano como una daga invisible.

Entiendo por qué me envidias.

Su mirada era una mezcla deconocimiento y crueldad contenida.

—Soy todo lo que deseas ser... Pero nunca podrás.

Peterse tensó.

Esa afirmación golpeó más fuerte que cualquier ataque físico.

Incluso siendo un lisiado...—Bernardo alzó la barbilla con altanería, disfrutando del momento—soy mucho mejor que tú, hermanito.

El rostro de Peterse crispóde furia. Sus manostemblaronde rabia pura.

Era la primera vez en su vida quese sentía inferior.

En ese momento, un grupo de guardias en las sombras murmuró entre ellos:

—¿Crees que podrá levantarse? —preguntó uno, con voz temblorosa.

—Es solo cuestión de tiempo antes de que Peter lo termine —respondió otro con desdén—. No hay forma de que ese débil resista.

No tantos giros retorcidos de parte de Bernardo hace que el destino de esta lucha sea casi imposible de definir. otro guardia dijo.

Las palabras resonaban en el aire como un eco cruel; cada comentario era un recordatorio del abismo al que se enfrentaba Bernardo. Pero él no podía permitirse escuchar esas voces; debía concentrarse en la batalla frente a él.

Bernardo se irguió con lentitud, cada movimiento suyo desafiando las palabras de los guardias, desmoronando su incredulidad poco a poco.

El miedo en sus miradas era palpable.No era normal.Nadie debería poder levantarse después de semejante brutalidad, y sin embargo, ahí estaba.De pie. Sonriendo.

Peter lo observó con el ceño fruncido. Por primera vez,su confianza se tambaleaba.

¿Qué demonios eres, Bernardo?

Bernardo soltó una carcajada baja, cargada de desprecio.

¿No lo ves, Peter? Soy la prueba viviente de que todo lo que crees inquebrantable... es solo una ilusión.

El murmullo entre los guardiasse convirtió en un silencio sepulcral.

Peter apretó los dientes.Ya no se trataba de demostrar su superioridad.Ahora...tenía que aplastar a Bernardo antes de que esa idea se propagara.

Con cada paso hacia adelante, Bernardo sentía cómo la adrenalina corría por sus venas; era un torrente que lo impulsaba a seguir luchando, desafiando las expectativas y el dolor.La espada brilló en su mano, y aunque estaba empapada en su propia sangre, representaba su última oportunidad para cambiar el rumbo de esta lucha.

Bernardo balanceó el arma y cortó la mitad del cuerpo de Peter; sin embargo, en lugar de sangrar, este se volvió transparente.La sorpresa inicial de Bernardo se transformó rápidamente en confusión, mientras su mente trataba de procesar lo que estaba sucediendo.

El sonido del metal cortando la carne fue ensordecedor, pero la sensación de triunfo de Bernardo duró apenas un segundo. La figura de Peter se desvaneció, como si su cuerpo fuera hecho de niebla. Bernardo dio un paso atrás, su respiración entrecortada, el sudor resbalando por su frente mientras intentaba comprender la extraña transformación ante sus ojos.

—¿Qué demonios...?

Peter no estaba herido. No sangraba, no caía. Simplemente desaparecía, solo para reconstruirse de nuevo, como si su existencia fuera una ilusión, una forma tangible pero efímera que cambiaba con cada golpe que recibía. La confusión se mezcló con la creciente desesperación de Bernardo. Cada golpe que había dado parecía inútil. No importaba cuánto se esforzara, algo no encajaba.

—Esto no puede ser real... —murmuró, intentando contener el miedo que comenzaba a apoderarse de él.

A su alrededor, las sombras del campo de batalla se alargaban como testigos silenciosos de su frustración. La arena bajo sus pies se sentía más densa, como si el mismo mundo estuviera resistiéndose a su avance. Y en medio de esa duda, la voz de Peter, ahora distorsionada y fría, volvió a resonar en el aire.

—Tienes que entenderlo, Bernardo. Todo esto... todo lo que has hecho, no es suficiente. Nunca lo fue.

Bernardo no podía apartar los ojos de la figura cambiante de su hermano. Cada palabra que pronunciaba Peter era una condena a su esfuerzo, un recordatorio cruel de lo insignificante que parecía ser su lucha frente a esa existencia que se deslizaba entre las sombras.

—No, esto no... no va a terminar así —dijo Bernardo, aferrándose a la espada con más fuerza, como si eso pudiera darle la respuesta que tanto necesitaba.

Una explosión de energía recorrió su cuerpo, una sensación de calor que comenzó a sanar sus heridas más profundas. La habilidad que había aprendido a dominar, su poder para regenerar su cuerpo, era su última carta. Pero el miedo seguía presente, invisible, agazapado en el rincón de su mente. ¿Sería suficiente esta vez?

Con los dientes apretados, Bernardo cerró los ojos un momento. Recordó su madre, sus hermanos, todos los sacrificios. Todo lo que había perdido, y todo lo que aún quedaba por ganar. Su lucha no solo era por él, sino por la memoria de su familia. No podía permitir que el ciclo de dolor y derrota continuara. Tenía que ser más. Tenía que ser lo que nunca creyeron que sería.

—Si esta es la última batalla, entonces... —su voz tembló con el peso de la determinación—. No voy a rendirme.

Con un rugido, Bernardo dio un paso hacia adelante, el sonido de su espada al cortar el aire tan agudo como la amenaza que había en su corazón. La arena que lo rodeaba parecía temblar con el mismo impulso, como si todo estuviera alineado en ese instante, esperando el desenlace de una lucha más grande que ambos.

Al principio, Peter se mostró sorprendido por las acciones de su hermano, pero rápidamente su diversión regresó.

—Muy lento, hermano mayor —dijo Peter con desdén.Su voz era un eco burlón que resonaba en el aire, intensificando la sensación de impotencia que invadía a Bernardo.Volvió a extender su mano y una esfera de luz golpeó a Bernardo con fuerza.

La esfera de luz fue como un relámpago atrapado en una esfera de cristal. Se desplazó con una rapidez mortal, iluminando el campo de batalla en una explosión cegadora. Bernardo intentó esquivar, pero la onda de choque lo alcanzó de lleno, lanzándolo varios metros atrás. El impacto fue brutal, un golpe que lo dejó sin aliento, su cuerpo tambaleando como si el suelo mismo intentara tragárselo.

El calor en su pecho se intensificó, y por un momento, la oscuridad lo rodeó, como si la vida se le estuviera escapando. Pero Bernardo se negó a caer. A pesar del dolor que lo recorrió desde la cabeza hasta los pies, algo en su interior seguía ardiendo. La fuerza de su voluntad no se quebrantaba, y la voz de Peter, llena de desprecio, era solo otro recordatorio de lo que estaba en juego.

—¿Eso fue todo? —Peter rió, una risa fría, vacía de emoción, como si estuviera disfrutando del espectáculo de su hermano desmoronándose. A medida que las últimas ondas de luz se disipaban, su figura se alzó, imponente y tan distante como siempre.

Bernardo respiró con dificultad, pero sus ojos brillaron con una determinación renovada. El calor de su regeneración seguía fluyendo por su cuerpo, reparando los daños mientras su mente luchaba por centrarse. No podía seguir cediendo. No podía seguir siendo el hermano insignificante, el que siempre estaba un paso atrás.

—Tienes razón —dijo Bernardo, su voz cargada de ira y concentración. Se incorporó con dificultad, los músculos doloridos, pero el fuego dentro de él ardía con fuerza. Sus ojos se fijaron en Peter, y esta vez, no vaciló. El tiempo parecía detenerse por un segundo, una quietud inquietante, antes de que la espada en sus manos brillara con un destello mortal.

—Esto no ha terminado.

El peso de su palabra resonó en el aire, y Bernardo, con un impulso inesperado, volvió a avanzar. Con cada paso, su cuerpo ganaba fuerza, la luz de su regeneración dándole una resistencia sobrehumana. No le importaba el dolor. No le importaba que todo estuviera en su contra. La batalla no era solo por él; era por todo lo que había perdido y todo lo que aún tenía que ganar.

Peter, al ver la renovada determinación de su hermano, frunció el ceño. Un destello de sorpresa pasó por sus ojos, pero rápidamente se disipó, sustituyéndose por una expresión de arrogancia.

—¿Crees que un poco de coraje y dolor te harán ganarme? Eres el mismo. Siempre lo fuiste, Bernardo.

Pero Bernardo no respondió. Sabía lo que su hermano pensaba. Sabía lo que siempre había pensado. Y esa era la última mentira que tendría que derribar. La espada de Bernardo cortó el aire una vez más, con la fuerza de todos sus años de sufrimiento y dolor acumulado. El ruido del impacto contra la energía de Peter fue ensordecedor, como si el choque de dos mundos estuviera por ocurrir. Pero esta vez, Bernardo no dejaría que su hermano tuviera la última palabra.

—Para ser un hijo amado del mundo, eres muy decepcionante, mocoso —la voz desconocida susurró nuevamente en los oídos de Bernardo.

—Eso es todo lo que puedes hacer. Has vivido tanto tiempo y aun así no has logrado nada, hermano. Es esto todo lo que eres. Ya veo por qué padre te ofreció como sacrificio.

La incomodidad se apoderó de Bernardo mientras esas palabras resonaban en su mente como un eco cruel.Sin embargo, en medio de la incomodidad , algo dentro de él comenzó a retorcerse. tal vez era su sanidad mental o su flujo de mana podía ser cualquier cosa.

Las palabras de esa voz desconocida seguían retumbando en su cabeza, cada sílaba una daga que perforaba su alma, y aún cuando Bernardo intentaba ignorarlas, el eco persistía, más fuerte con cada respiración. La mención de su padre como si fuera un sacrificio lo hizo estremecer. Un sudor frío recorrió su frente, y por un momento, su visión se nubló. La furia y la desesperación se enredaban dentro de él como una tormenta imparable, amenazando con arrastrarlo.

"¿Sacrificio? ¿Es eso lo que soy para él? ¿Un error que debe ser arrancado para que otros sobrevivan?"

Era como si la esencia misma de su existencia estuviera siendo arrancada a la fuerza, y la rabia crecía dentro de él con una ferocidad que no podía controlar. Pero no era solo rabia. Era algo mucho más profundo, algo mucho más antiguo, que había estado durmiendo en su interior hasta ahora.

El flujo de su mana comenzó a cambiar, no por voluntad propia, sino por una necesidad desesperada, como si su propio cuerpo estuviera buscando una salida. El poder que había estado reprimiendo durante tanto tiempo se elevó como una ola imparable, su energía vital y su ira fusionándose en una explosión caótica de fuerza bruta.

Los ojos de Bernardo brillaron con un resplandor nuevo, una luz cruda que parecía romper las cadenas invisibles que lo mantenían cautivo. Su cuerpo, aún drenado por la batalla, comenzó a recuperar fuerza, y su mente, aunque atormentada, se centró con una claridad aterradora. El mana fluía a través de él con una intensidad que no había experimentado antes, una energía tan pura que parecía estar rompiendo las leyes mismas de la naturaleza.

"Ya basta..." susurró Bernardo entre dientes, las palabras saliendo con una calma peligrosa. El suelo bajo sus pies tembló levemente, como si el mundo entero estuviera reconociendo el despertar de una nueva fuerza.

No podía permitirse ser la víctima otra vez. No podía seguir siendo el hermano insignificante, el objeto de burla. Todo lo que había sufrido, todas las humillaciones, todas las promesas rotas... todo eso ahora se convertía en combustible para su venganza.

Con un rugido interno, la energía acumulada dentro de él explotó en un destello cegador. La espiral de luz comenzó a girar a su alrededor, como si todo lo que había contenido finalmente se liberara. Bernardo no lo comprendía completamente, pero la sensación era indescriptible, un poder abrumador que comenzaba a desafiar las leyes de la física, de la lógica misma. En ese momento, el tiempo pareció detenerse, y la voz cruel que lo había acosado se desvaneció, como si el propio destino comenzara a retroceder ante la magnitud de su transformación.

"Soy todo lo que siempre quise ser", pensó, con una sonrisa que mostraba algo más que determinación. Era la certeza de que este era el momento, el punto de inflexión que lo cambiaría todo.

Con un solo paso, avanzó hacia Peter, la oscuridad del pasado y la luz del futuro fusionándose en su ser. La batalla no era solo por la supervivencia, sino por algo mucho más grande: su derecho a existir, su derecho a reclamar lo que le pertenecía. Y este era su momento de reclamarlo todo.

Las palabras de los guardias flotaban en el aire, llenas de desprecio y escepticismo. Cada comentario era una piedra más arrojada a la carga emocional de Bernardo, pero en lugar de derribarlo, lo alimentaba. La rabia se acumulaba, su pulso acelerado como un tambor de guerra, mientras su mirada se mantenía fija en Peter, quien lo observaba con una mezcla de diversión y superioridad.

No me jodas, bastardo—repitió Bernardo, sus palabras más fuertes, más firmes, como si el dolor y la humillación de todos esos años se estuvieran destilando en un solo grito de resistencia. Su voz, aunque rasgada, estaba llena de una determinación inquebrantable. El chico débil que todos habían conocido ya no existía. En su lugar, había un hombre que estaba dispuesto a luchar, aunque la vida misma lo desbordara.

Peter soltó una risa arrogante, pero algo en su mirada cambió. La sorpresa comenzaba a dibujarse en sus ojos, una pequeña grieta en su fachada de confianza. Quizás no esperaba que su hermano se levantara una vez más.

¿Ese lisiado sigue en pie?—la voz de uno de los guardias resonó desde las sombras, como si la cruel indiferencia del comentario se volviera tangible, pero para Bernardo, esas palabras no eran nada más que gasolina para el fuego.

Con un giro violento, Bernardo extendió la mano, y con ella, el poder que había comenzado a desbordarse se concentró en la punta de sus dedos, una esfera de energía oscura que vibraba con fuerza.

Es solo un espectáculo—dijo otro guardia, riendo con cinismo, pero su tono vaciló ante el cambio de ambiente. Algo no estaba bien, y el aire alrededor de Bernardo parecía cargado, electrificado. No había vuelta atrás.

Bernardo cerró los ojos por un segundo, concentrándose en el poder que fluía a través de él. No había marcha atrás. No podía rendirse. El destino de la batalla ya no dependía de las fuerzas externas, sino de él. Y ese poder oscuro que lo envolvía, ese poder que sus enemigos no comprendían, era su última carta.

Peter se adelantó un paso, pero esta vez no lo hizo con la arrogancia habitual. Su rostro mostraba una nueva expresión, más cautelosa, más alerta. Como si ya no estuviera tan seguro de que Bernardo fuera solo una sombra del pasado.

Con un gruñido, Bernardo levantó la mano, y la esfera de energía negra se disparó hacia Peter. En ese momento, el tiempo pareció ralentizarse, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración, esperando el desenlace de lo que sería la última confrontación entre ellos.

Las sombras de los guardias se agazapaban, expectantes, pero algo en sus rostros mostraba dudas.¿Qué haría Bernardo?El chico que alguna vez había sido considerado un lisiado, el hermano insignificante... ahora se estaba transformando en algo mucho más peligroso.

La voz de Peter resonaba en el aire como un cuchillo que rasgaba la piel de Bernardo. Cada palabra parecía diseñada para desgarrar las últimas fibras de su resistencia, pero en lugar de hundirse en la desesperación, algo en su interior comenzó a arder con una intensidad desconocida.

—¡Vamos, hermano! Levántate, pelea!—Peter gritaba con una mezcla de burla y desafío, su risa se deslizaba como veneno en el aire, intentando que el antiguo Bernardo, el que había sido su hermano mayor, volviera a ser su rival.—Muestrame a mi antiguo hermano; ¿adónde se fue tu confianza? ¿A dónde fue mi hermano mayor al que vi como el más fuerte?

Las palabras caían como golpes directos a la identidad de Bernardo, cada una destapando una herida profunda en su alma. Su cabeza bajó lentamente, como si el peso de los recuerdos y las expectativas lo aplastaran, y por un momento, la sombra de su antigua debilidad pareció envolverlo.¿Cuántas veces había sido derrotado antes? ¿Cuántas veces había sido ignorado, ridiculizado?Esas palabras de Peter, como dagas afiladas, golpeaban con una precisión mortal, rememorando todos esos fracasos que habían marcado su vida.

Pero no era el final. No lo era.

En el fondo de su ser, algo comenzó a revolverse, como si su cuerpo mismo estuviera reclamando algo que había sido enterrado. Su respiración se volvió más pesada, no por el cansancio, sino por la rabia que comenzaba a acumularse en su pecho. Los ojos de Bernardo brillaron con una mezcla de furia y determinación, y alzó la cabeza, observando a Peter con una expresión que no era de rendición, sino de desafío.

"No soy un sacrificio. No soy lo que tú piensas."

Los recuerdos, las palabras, las humillaciones del pasado, se mezclaron en su mente, pero no se convirtieron en cadenas. En lugar de eso, formaron el combustible de una furia contenida. No más. No sería el hermano débil.No volvería a serlo.

¿Confianza?—murmuró Bernardo, apenas audible, pero con una firmeza que desbordaba la sala. Su voz no tembló. —Te has equivocado, Peter. Yo nunca he perdido mi confianza. Solo que, antes, me guardaba todo esto para este momento.

Un destello de energía comenzó a rodear su cuerpo, un vórtice oscuro que reflejaba su lucha interna, su lucha por sobrevivir, por reescribir la historia.Peter había desestimado a su hermano, pero pronto descubriría que ese Bernardo que creía derrotado era mucho más peligroso de lo que había imaginado.

La espada que aún llevaba en la mano parecía cobrar vida, como si respondiera a la renovada determinación de su portador.Ya no importaba lo que Peter pensara de él. Ya no importaba lo que los demás esperaran de él. Lo que importaba ahora era lo que él mismo podía hacer.

Las palabras de Peter seguían resonando en el aire, como ecos crueles que se burlaban de la situación de Bernardo."Haz algo útil en tu insultante existencia..."La voz de Peter era un veneno envenenado con desprecio, disfrutando de cada momento, cada segundo, viendo a su hermano como una marioneta, luchando en vano.

Bernardo, sin embargo, no escuchaba esas palabras como antes. Sí, sabía lo que representaba para el mundo.Era un lisiado, un ser marcado por la debilidad, un hombre cuyo único propósito parecía ser ser pisoteado, una sombra de lo que había sido. Pero ahora... algo cambiaba dentro de él.Una chispa de esperanza comenzó a arder, pequeña al principio, casi imperceptible.

Mientras las risas de Peter se desvanecían, la mente de Bernardo se hacía más nítida, más clara. No era solo un intento de luchar, no era solo una cuestión de ganar o perder.Era una batalla interna, una lucha por redescubrir quién era realmente. Los recuerdos de los momentos oscuros de su vida se disolvían ante esta nueva comprensión:no importaba cuán bajo cayera, siempre había una razón para levantarse.

El cuerpo de Bernardo, aunque agotado, se mantenía firme, desafiando la gravedad, la fatiga y el dolor.Cada golpe recibidono lo empujaba hacia el abismo, sino hacia algo más profundo, más primordial:su voluntad de ser algo más que un recuerdo.Algo dentro de él, algo que había estado dormido durante tanto tiempo,se despertaba con furia.

La lucha no solo era física, como la guerra entre ellos dos, sino algo mucho más intenso y desgarrador:era un combate con las sombras de su pasado, con sus propios demonios.Cada golpe que Peter le daba se sentía como una herida de antaño, pero con cada herida, Bernardo crecía más fuerte, como si el dolor mismo lo estuviera alimentando.

"¿Cuánto tiempo más vas a seguir sufriendo?"pensó Bernardo, mientras veía las sombras de su pasado alzarse frente a él, burlándose de su sufrimiento. Pero algo lo detuvo."No soy lo que tú piensas. No soy lo que crees que soy."La batalla ya no solo era contra su hermano, sino contra el hombre que había sido: un ser que había sido definido por sus limitaciones, por su fracaso.

A medida que su cuerpo se llenaba de energía, sus heridas comenzaban a sanar, pero más importante aún, su mente se renovaba. Bernardo ya no era ese hombre derrotado.Ya no era la sombra de su hermano.

Con una mirada decidida,la chispa de esperanzaen su pecho se convirtió en una llamarada que lo envolvía por completo.Era hora de dejar de ser un sacrificio.

La furia de Bernardo se desató en ese grito,"¡Dice que solo soy un sacrificio! ¡Pero aun no me derrotas!"Las palabras resonaron con una fuerza casi sobrenatural, como si la misma tierra temiera el desafío que acababa de lanzar al aire.La rabia se transformó en una oleada que lo envolvía, alimentando su cuerpo, despejando sus pensamientos. No era solo una lucha por sobrevivir, sino porrecuperar lo que había perdido, lo que se le había arrebatado con tanto desdén.

Las sombras se movían entre los guardias como serpientes, deslizándose con sigilo mientras las voces de los hombres llenaban el aire."¿Qué está haciendo? ¿Acaso se atreve a desafiarlo?"La incredulidad en sus voces estaba teñida de un asombro palpable, como si aún no pudieran comprender el alcance de la fuerza que comenzaba a emanar de Bernardo.

Un murmullo recorrió las filas, algunas miradas de duda se cruzaron mientras otros se mantenían firmes, sin saber qué esperar de aquel ser que había sido considerado un simple sacrificio.

"Es una locura... pero quizás eso es lo que necesita para despertar su verdadero potencial."La afirmación de uno de los guardias flotó en el aire, como una semilla plantada en la mente de los demás.Potencial.Esa palabra, con su peso abrumador, comenzó a tomar fuerza, incluso entre aquellos que se habían burlado. La duda empezaba a calar en ellos, un hilo de incertidumbre que se tejía entre los murmullos.

En el fondo,Thomas, un hombre cercano a su abuelo, observaba con una sonrisa macabra en su rostro."¿Potencial? Un lisiado no tiene nada de potencial..."pensó, la burla evidente en sus ojos. Sin embargo, ignoraba lo que no estaba a la vista, no comprendía que,mientras él se regodeaba en la creencia de que su linaje y poder lo hacían invencible, su propio padre ya era un lisiado.Un hombre que había dejado de ser una amenaza para el mundo, y sin embargo, la guerra se estaba librando en lugares que él nunca vería venir.

El destino, como siempre, se movía en silencio, como la sombra de un pasado olvidado, que pronto iría a chocar con la arrogancia de quienes no sabían que,mientras todo parecía caer, algo mucho más oscuro y más fuerte comenzaba a despertar. La batalla de Bernardo no solo era contra su hermano, sino contra el peso de una vida llena de sacrificios, burlas y momentos rotos. Y al final de todo eso, lo que quedaba frente a ellos era la verdad:a veces el sacrificio no es el final, sino el comienzo.

El potencial de Bernardono estaba en sus poderes o habilidades, sino en su voluntad indomable dedesafiar el destino que los demás habían decidido para él.Y mientras Thomas seguía sonriendo,Bernardo estaba a punto de hacerle comprender que la verdadera fuerza no se mide por lo que se ve, sino por lo que un hombre es capaz de soportar antes de sucumbir.

La determinaciónde Bernardo ardía con una intensidad desmesurada en su pecho, mientras la sangre continuaba fluyendo desde sus heridas, mezclándose con el sudor y el polvo que cubría su cuerpo. Cada gota de su sangre parecía alimentarse de su ira, como si fuera el combustible que le daba fuerza para continuar enfrentando lo imposible.Este no era solo un combate físico; era una batalla por su alma, por la supervivencia de la esencia que se había mantenido intacta, a pesar de todo lo que había sufrido.

Con una respiración agitada pero firme,Bernardose preparó para lo que sabía sería el último enfrentamiento. No era solo una cuestión de ganar o perder; era una lucha para redescubrir su ser más profundo, una confrontación contra el peso de sus fracasos pasados, contra la sombra de su propio destino.Cada movimiento, cada corte, cada golpe estaba cargado de una desesperación que lo impulsaba a seguir, a pesar de las probabilidades en su contra.

Tomó unaarma empapada en su propia sangre, y, con una determinación inquebrantable, la balanceó hacia su objetivo.El metal brilló con un fulgor rojo, reflejando la luz de un mundo que se desmoronaba.Sin embargo, cuando su espada cortó la mitad del cuerpo de Peter, este se desvaneció de nuevo, como si nada hubiera ocurrido.La imagen de su hermano desapareció, volviendo a transformarse en una ilusión, en un espectro intangible.

"No... no puede ser..."pensó Bernardo, la frustración invadiendo su mente mientras observaba la figura ilusoria de Peter disolverse ante él, como si nunca hubiera existido en primer lugar. Larealidadde su situación se le impuso de golpe:no había nada, ningún daño, ningún impacto que pudiera hacerle a su hermano.Peter estaba más allá de su alcance, invulnerable a su agresión, como si el universo mismo lo hubiera protegido con una barrera invisible, una que Bernardo no podía atravesar.

Elvacío de la impotenciacomenzó a llenar su pecho, como una ola oscura arrastrando su esperanza. No importaba cuán fuerte se volviera, cuántos golpes pudiera asestar; siempre sería un paso atrás.Nada podía detener a Peter. Nada podía hacerle daño.

Pero algo, en lo más profundo de su ser, comenzó a retumbar.La desesperación no era su final, era su impulso.En este momento de absoluta impotencia,Bernardose dio cuenta de la verdad: el poder no estaba en la espada, ni en la fuerza bruta.El verdadero poder residía en su resistencia, en su capacidad para continuar, a pesar de todo lo que le decían que era imposible.

No iba a rendirse.

Con los dientes apretados y una ferozdeterminación en sus ojos,Bernardodio un paso adelante, desafiando la ilusión y la cruel realidad que lo rodeaba. Aun cuando su hermano parecía invulnerable,él sabía que aún quedaba una última carta por jugar.

Quizá no podía dañarlo de la manera en que había imaginado, pero aún podía desafiarlo, aún podíaluchar por lo que era, por lo que podía ser, más allá de las sombras que lo intentaban devorar.

Peterobservó a su hermano con una sonrisa cargada de burla, pero, bajo esa capa de desdén, había una pequeña chispa de algo más. Algo que, aunque difícil de reconocer, se entrelazaba con la nostalgia."Hacerlo interesante, ¿eh?"pensó para sí mismo, mientras sus ojos no dejaban de seguir cada uno de los movimientos de Bernardo. Aunque despreciaba profundamente a ese hombre frente a él, lo que realmente quería, lo que realmente esperaba, era que su hermano hiciera algoimportante, algo que lo hiciera memorable.

Porque, en el fondo,Peter quería preservar al hermano que alguna vez admiró, ese hombre que, en su niñez, había sido su protector, el que lo defendió de su hermana mayor cuando ella intentó desmembrarlos en uno de sus arranques de locura.Era un hermano fuerte, imponente, alguien en quien Peter veía una figura de poder, aunque ahora todo eso se desvaneciera ante la crudeza de la situación presente. El tiempo había cambiado todo entre ellos, pero esa imagen de su hermano mayoraún vivía en su memoria, como un fósil preservado en las sombras de su mente.

"Si vas a morir, al menos hazlo de una forma que no me haga olvidarte",pensó, mientras su sonrisa se alargaba un poco más, pero con un toque más amargo.Quizás la única manera de conservar a ese hermano era dejar que peleara de la manera más feroz que pudiera.¿Por qué?Porque, en su retorcida forma de pensar, solo con una última lucha memorablepodría preservar esa imagen del hermano que una vez fue, antes de que se disolviera en nada, convertido en una sombra de sí mismo.

Peter sabía que su hermano nunca alcanzaría su nivel de poder, pero esperaba que, al menos, pudiera ofrecerle una batalla que valiera la pena.Una batalla que, aunque destinada a perderse, podría dar algo de gloria al recuerdo de su hermano perdido, al hombre que lo protegió, al hermano que alguna vez lo hizo sentir algo cercano al amor.

Aunque las palabras crueles y la violencia fluían de él como una corriente natural,Peter no era tan insensible como pretendía ser. Su forma de recordar lo que fue su hermano, aunque distorsionada por el odio y la frustración, era su forma torpe de aferrarse a algo que, aunque no podía cambiar, aún deseaba mantener vivo.Así que mientras Bernardo se alzaba, una chispa de esperanza que parecía irreal y vacía al mismo tiempo, Peter no pudo evitar desear que su hermano hiciera algo... algo digno de recordarse.

Para Peter, la única forma de preservar ese fragmento del pasado era permitir que su hermano luchara por él, incluso si era un último suspiro.

Las palabras dePeterseguían retumbando en la mente deBernardo, cada una como una lanza afilada clavándose en su ser."Nunca ganarás por el simple e indiscutible hecho de que eres común y débil..."La burla de su hermano resonaba en su interior,despertando todos esos miedos y dudasque durante tanto tiempo había reprimido. Se veía a sí mismo como unlisiado, un ser insignificante que jamás podría alcanzar la grandeza de Peter, la fuerza que su hermano ostentaba con esa arrogancia.

Sin embargo, algo dentro de él comenzó a cambiar.Esa chispa de desesperación, de impotencia, se convertía lentamente en fuego.La rabia se mezclaba con el dolor, y cada palabra venenosa de Peter lo empujaba hacia adelante, hacia algo más grande, más feroz. No iba a ceder, no iba a ser un simple sacrificio en el teatro macabro que su hermano había planeado.

"Haz que esta entidad entienda que la decisión del autor al ponerte de protagonista es interesante..."La frase se coló en su mente como un eco cruel, pero algo se encendió en su pecho, como si las palabras de Peter fueran el empujón final para lo que estaba a punto de suceder. Bernardo ya no era elhermano insignificante, el débil al que todos habían mirado con desdén. Esadecisión del autorpara ponerlo en esta historia, para ser el protagonista de su propio destino, tenía un significado más profundo ahora.

El calor en su pecho aumentómientras un flujo de poder corría por sus venas, como si todo lo que había sufrido, todo lo que había sido reprimido, estuviera a punto de estallar. Su mente dejaba de tambalear, y por primera vez en mucho tiempo,Bernardo se sintió completamente consciente de sí mismo, de lo que realmente significaba estar vivo, estar aquí, ahora.

Las sombras a su alrededor parecían vacilar, como si la misma oscuridad se inclinara ante su despertar.Un rugido de fuerza, de determinación, retumbó en su interior.Con cada paso, con cada respiración, Bernardo sentía cómo su cuerpo, su alma, se renovaba. No era solo el hijo débil, el sacrificio de un imperio, el hermano menor. No. Él era elprotagonistade esta historia, y en ese momento,las reglas cambiaban.

Con ungiro de muñeca, Bernardo alzó su espada, esta vez con un propósito, con una fuerza desconocida.El brillo de su acero, cubierto en sangre, reflejaba la nueva determinación que ardía en su interior.¡Él no iba a ser olvidado!No iba a ser simplemente el personaje secundario, el que solo existía para ser derrotado.Era hora de que el autor, el destino, entendiera que su historia iba a ser diferente.

"Si crees que soy débil,"murmuró Bernardo con voz grave,"prepárate para ver lo que realmente puedo hacer."Y con ese grito silenciado en su pecho,lanzó su cuerpo hacia Peter,dispuesto a cambiar no solo su destino, sino también la historia que lo había condenado a ser un simple sacrificio.

El aire se cargó de una tensión palpable, como si el mismo mundo estuviera conteniendo la respiración, esperando lo que estaba por suceder.Bernardose plantó firme, su cuerpo agotado, marcado por las heridas, perosu espíritu estaba más vivo que nunca. El eco de la voz desconocida se mezclaba con el desafío dePeter, creando una sinfonía de caos que vibraba en cada rincón de su ser. Cada fibra de su ser resonaba con el llamado a la batalla, no solo contra su hermano, sino contratodo lo que lo había condenado a ser menos.

Las heridas ardían,pero ya no importaba. Cada uno de esos dolores, cada rasguño y golpe, le recordaba lo que estaba dispuesto a perder.Bernardo ya no veía la batalla solo como una lucha externa; se trataba de enfrentarse a sus propios demonios internos: la duda, la debilidad, la sensación de ser siempre el perdedor."Muéstrame lo que puedes hacer", la voz retumbó una vez más, como un mandato.

Eldesafíono era solo para él, sino para todo lo que había sido hasta ahora. ¿Podría levantarse de sus propias cenizas y convertir su destino en algo diferente? ¿Podría finalmente romper con las expectativas, con las sombras de su hermano, y redefinir su existencia?

"Que así sea..."murmuró con una determinación que hizo que el aire mismo pareciera vibrar. Sus ojos brillaron con una furia renovada mientrassu cuerpo se llenaba de energía. Ya no era un hombre derrotado, un sacrificio en manos de fuerzas más grandes. No.Era Bernardo, el hermano mayor, el que ya había sido dado por muerto tantas veces, y ahora, en su interior, nacía un fuego que no podría ser apagado.

Con un rugido sordo,Bernardo levantó su espada, ya no solo un arma, sino un símbolo de su resistencia, de su rechazo a ser nada.La magia en sus venas, el poder que tanto había temido, fluía ahora sin restricciones.Su espada brilló con una intensidad sobrenatural, como si laoscuridad mismalo estuviera aclamando. No era solo una espada, erasu voluntad manifestada.

"Esto es lo que puedo hacer,"gritó, su voz llena de una rabia contenida durante años."Y no te va a gustar."

En ese instante,el suelo bajo sus pies tembló, y el aire a su alrededor pareció volverse denso, cargado con la energía que Bernardo liberaba. Losguardias, que hasta ese momento se habían mantenido distantes, observando con desdén, ahora retrocedían inconscientemente. Algo en la atmósfera había cambiado.El hermano menor ya no era el sacrificio; era el portador de una fuerza que podría destrozar todo a su paso.

Peterobservó en silencio, una sonrisa astuta curvando sus labios. Algo le decía que este no sería el final que había imaginado. Tal vez, solo tal vez, su hermano tenía algo más que ofrecer en esta lucha que parecía destinada a la derrota.El juego había cambiado.

La furia ardía en los ojos de Bernardo, cada músculo de su cuerpo tenso, cada paso hacia adelante marcado por la furia y la determinación.La sangre que brotaba de sus heridasno solo era un recordatorio del sufrimiento que había atravesado, sino que se convirtió en unallama encendida, alimentando su ira, su deseo de venganza.Cada gota de sangre era como un gritoque resonaba en su interior, exigiendo ser escuchado,exigiendo que su hermano viera lo que aún quedaba en él.

¡No soy solo un sacrificio!—gritóBernardocon toda la rabia contenida en su voz, la cual retumbó en el aire como un trueno, un desafío directo a las palabras crueles de Peter.

Peter observó, un brillo divertido en sus ojos, pero había algo en su expresión que comenzaba a cambiar. Aquel hermano que había visto siempre como una sombra, un ser destinado a caer ante él, estabaluchando con una ferocidadque no esperaba. A pesar de su desdén, algo en su interior comenzó a preguntarse siBernardorealmente podía hacer algo digno de recordar.

La espada de Bernardo brilló, cortando el aire con la rapidez de un rayo, el peso de su cuerpo y de su voluntad transmitiéndose a través de cada movimiento. No pensaba, no dudaba.Era pura acción,puro instinto. Cada músculo se movía con la precisión de una máquina de guerra, cada latido de su corazón resonando como una declaración de su nueva fuerza.

Peter, con su risa burlona, intentó retroceder, peroBernardo lo alcanzó.El choque fue brutal: la espada deBernardoencontró la defensa de Peter, un destello de luz y energía explotando cuando ambos impactos se encontraron. La energía que emanaba de la espada dePeterintentó disolver el ataque de Bernardo, pero este no se detuvo,no permitió que el miedo lo venciera. Había algo nuevo en su ser, unavoluntad ferozque se había encendido con fuerza.

¿Así que no te rendirás?—preguntó Peter, su voz ahora teñida de algo más que burla, algo cercano aldesconcierto.

No, hermano.—Bernardo respondió, conlos dientes apretadosy los ojos brillando con una mezcla de rabia y resolución."Aún no he caído, y no lo haré."

Las sombras en el callejónse estiraron como si el mundo entero estuviera observandoel desenlace.El aire estaba cargado de electricidad, y el tiempo parecía detenerse mientras los dos hermanos se enfrentaban, uno con su poder innato y otro con unavoluntad recién forjada.

En ese momento,Bernardono era un sacrificio.Era un hombre que había elegido luchar por su vida, por su honor, por la verdad que había permanecido oculta en las profundidades de su ser.Este no era el final, sino el comienzode algo mucho más grande.

El aire se espesó con una tensión palpable, como si el mismo tiempo se hubiera detenido para observar el desenlace de ese duelo fraternal.Cada golpede Bernardo no solo representaba un esfuerzo físico, sinouna manifestación de su alma destrozadaque se negaba a ceder ante la imagen de su hermano que había arrastrado su vida por los suelos.Cada movimiento era un grito sordo, un desafíoque surcaba el aire como un vendaval de furia contenida.

Peterretrocedió un paso, sus ojos llenos de incredulidad al ver la resistencia inesperada deBernardo.Esa chispa de fuego en su hermanolo sorprendió, pero al mismo tiempo, lo enfureció más.No era posibleque un ser tan débil, tan insignificante, tuviera el valor de desafiarlo.¿Qué esperaba realmente Bernardo?

¿De verdad crees que puedes cambiar esto?Peterse burló, su voz retumbando en el aire como una burla cruel, una risa vacía que llenaba el callejón."Es inútil, hermano. Este es el final. Solo un sacrificio más en la larga historia de tus fracasos."

La risa de Peterse apagó por un instante, mientras se preparaba para el contraataque.El aire se cargó de energíacuando una esfera de luz comenzó a formarse en sus manos, su poder desbordando todo límite. Sin embargo,Bernardo no vaciló. Su cuerpo sangraba, sus fuerzas estaban al límite, pero algo había cambiado.Algo dentro de él lo impulsaba, un instinto salvaje, una necesidad de demostrarle a su hermano y a él mismo que aún no estaba derrotado.

La espada de Bernardo, bañada en su propia sangre, brilló como un reflejo de su determinación.Los gritos del pasadoresonaban en su mente, pero ya no eran cadenas;eran llamas que lo empujaban a levantarse.El sacrificio, la humillación, la burla... todo eso quedaba atrás.Lo único que quedaba era la lucha.

No lo creo.—respondió Bernardo, su voz baja, pero firme."Este no es el final."

El viento soplaba más fuertemientras ambos hermanos se preparaban para la siguiente acometida. Los ojos deBernardoardían con el deseo de acabar con esta pesadilla, de romper el ciclo de humillación y dolor.Peter, por su parte, se reía con arrogancia, seguro de que su hermano nunca podría alcanzarlo,pero una chispa de duda comenzó a crecer en su interior.

La escena parecía desmoronarse a su alrededor, como si el mismo tiempo se hubiera detenido para observar ladecisión finaldeBernardo.Su corazóngolpeaba con fuerza contra su pecho,luchando por mantenerse en pie.La sangreque brotaba de sus heridas teñía su cuerpo, pero no importaba.El dolorya no era nada más que una extensión de sí mismo, una marca que dejaba en su paso, un recordatorio de cuán lejos había llegado.

Escupió sangre, pero no permitió que eso lo frenara.Con determinación, sumano sanase alzó, golpeando su pechoen un intento de mantener el ritmode su corazón, que comenzaba a desgarrarse debido a la calcificación que lo había estado consumiendo durante meses.La presión aumentaba, el costo de esta última jugada que estaba a punto de hacer.

"Que así sea", murmuró nuevamente, casi como una plegaria,un susurro de despedidaa su humanidad.La habilidadque había heredado, el poder ancestral de serhijo del maná y la naturaleza, no solo representaba su conexión con las fuerzas más antiguas del mundo, sino también susentencia de muerte.

"A cambio de mi vida restante, tendré una fuerza mayor..."La frase resonó en su mente como un eco, un recordatorio del precio que debía pagar. Su alma estaba al borde del abismo, su cuerpo ya no era más que un vehículo en el que suenergía vitalse disipaba.Pero mientras su vida se escapaba, una fuerza sobrehumana lo invadió, arrancando las últimas reservas de su ser.

El aire vibróa su alrededor mientras una energía abrumadora comenzaba a emanar de su cuerpo, envolviéndolo en una brillante aura demaná. Loscuerpos de los guardiasa su alrededor temblaron, sintiendo la creciente presión de un poder que ya no pertenecía al dominio de los mortales.Peter, al ver el cambio en su hermano, levantó una ceja, sorprendida y un tanto alarmado.

¿Qué demonios...?—murmuró Peter, sintiendo quealgo estaba cambiando. La arrogancia que solía dominarlo vaciló por un segundo, mientras su hermanocambiaba ante sus ojos.

Bernardono sentía miedo, solo furia.Las sombras del pasadose disolvían mientras lascorrientes de manárecorrían su cuerpo, atravesando cada fibra de su ser.Era su última oportunidad, y sabía queno duraría más de un minuto, pero en ese tiempo,sería suficiente para demostrarle a Peterque aún tenía algo que ofrecer al mundo.

Con un rugido gutural, el maná desbordó su cuerpo, ysu espadabrilló con una intensidad cegadora. No era solo un arma; ahora era una extensión de su propia voluntad.La fuerza que había deseado toda su vidalo atravesaba, arrastrándolo hacia adelante como un torrente imparable.

¡Esto no es el fin!—gritó Bernardo, sus ojos ardientes de furia y determinación.La lucha por su dignidad, por su vida, había comenzado de nuevo.

Elmanálo rodeó, y Bernardolanzó su ataque, dispuesto a mostrarle aPeter, y al mundo entero, que aún podía sermás de lo que esperaban.

El murmullo entre los guardias se disipó rápidamente, pero el aire seguía cargado de tensión. La incertidumbre flotaba en cada rincón del callejón.El guardia, al darse cuenta de la magnitud de lo que estaba sucediendo,murmuró casi para sí mismo:

¿Algo en el lisiado está mal?

La respuesta deThomasfue inmediata, llena de desdén, como si las preguntas de esos hombres fueran una pérdida de tiempo.

En serio, ¿recién te das cuenta, estúpido?—dijo con una sonrisa fría,su tono lleno de superioridad.

Uno de losguardiasvaciló por un momento,mirando a su alrededor, pero el silencio en el ambiente lo hizo reflexionar.Thomasle lanzó una mirada fulminante, y rápidamente guardó silencio, entendiendo que cualquier otra palabra podría traer consecuencias indeseadas.

Es solo un espectáculo—respondió otro guardia, con voz cargada de desdén, como si lo que ocurría frente a sus ojos fuera solo una muestra más de lainmensa diferencia de poderentre los hermanos.Petersiempre había sido el más fuerte, yBernardonunca había sido una amenaza.

Pero dentro deBernardo, algo estaba cambiando.El flujo de energíaque recorría su cuerpo no era solo una descarga de poder, era lamanifestación de su voluntad.Cada golpe recibido, cada palabra cruel dePeter, le proporcionabamás fuerza.Ya no era solo un hombre debilitado, era alguien que había decidido redimir sus propios demonios.

La luchaque enfrentaba no era solo contra su hermano, contra su cuerpo, o contra el poder de Peter. Eracontra todo lo que lo había destrozado internamentea lo largo de su vida. Cada vez que pensaba que había tocado fondo,algo dentro de éllo impulsaba a seguir adelante, a desafiar las expectativas de aquellos que solo lo veían comoun fracasado, un sacrificio.

Los murmullos de los guardiasse desvanecían ante la intensidad de lo que estaba a punto de suceder.Bernardoya no se sentía como unsacrificioo unlisiado; se sentía como un hombrerenacido, dispuesto a desafiar lo imposible, a desafiar aPeteren un último acto de resistencia.

La atmósfera se cargó de un aire pesado mientrasBernardosentía la última chispa de su vida vital desbordando su cuerpo, unadecisión irreversibleque dejaría huella. Sabía lo que significaba, conocía las implicaciones de usar ese poder prohibido, pero no había vuelta atrás.Las heridasque adornaban su cuerpo ya no eran más que marcas insignificantes comparadas con la tormenta interna que estaba por desatarse.El sacrificio de sangresería su última jugada.

Conla vista fija en Peter, quien parecía disfrutar de cada momento de su sufrimiento, Bernardo levantó su mano y, en un gesto tan decisivo como mortal,inició el ritual. Laenergía comenzó a elevarseen su interior, un poder oscuro, ancestral, que se alimentaba de su propia vitalidad.La sangre fluía aún más intensamentede sus heridas,tejiendo una conexióncon algo más grande, más antiguo.

HABILIDAD RANGO S: Blood Sacrifice...—murmuró Bernardo, la voz grave y llena de un eco ominoso. Las palabras parecían resonar no solo en sus oídos, sino también en los de su hermano, como un presagio de lo que estaba por ocurrir.

El aire comenzó a agitarse con un poder palpable.La naturaleza de la habilidad era clara:Sangre y tiempo.El sacrificio de su propia sangre, mientras sutiempo vital se desvanecía, abría un portal entre lo que era y lo que podía llegar a ser.Bernardo sabía que ya no quedaba tiempo, que su vida se desvanecería en un instante, pero con ello traería una últimatormenta de podercapaz de cambiar el curso de la batalla.

No tienes idea de lo que has desatado, hermano—dijo Peter, su tono ya no tan arrogante, una chispa dedudacruzando su rostro. Por primera vez,el hermano menorparecía sentir que algorealmente peligrosoestaba ocurriendo.

Lasangre de Bernardocomenzó a brillar con un resplandor rojo intenso, como si lavitalidadmisma del hombre estuviera siendo convertida en energía pura.Los guardiasobservaban, incrédulos, mientras larealidad mismaparecía distorsionarse. El tiempo comenzó a ralentizarse a su alrededor,el espacio se comprimíay lasangre de Bernardotomaba una forma casi líquida,como si el tiempo estuviera siendo consumido.

El sacrificio estaba completo.La habilidad había alcanzado su máximo poder, pero lo que se venía ahora era tanto sudestrucción como su salvación.

Lahabilidadque Bernardo estaba a punto de desatar no era solo un poder físico; era lamanifestación misma del sacrificio, un grito desesperado de resistencia contra el destino que lo había condenado desde su nacimiento.Blood Sacrificeera conocida entre los pocos que la entendían como unainvocación peligrosa y prohibida, capaz de cambiar el curso de cualquier batalla, pero con el precio más alto que un ser humano pudiera imaginar: su vida misma.

Elpoder ancestralcontenía una fuerza incontrolable que podía moldear el destino de aquellos lo suficientemente valientes, o estúpidos, para invocarlo.Bernardo, al ser el elegido para este último acto, sentía cómo cada latido de su corazón se tornaba más débil, como si una parte de él mismo se estuviera desvaneciendo en el aire.El tiempocomenzaba acorroer su existenciamientras susangreparecía ser absorbida por algo mucho más grande y oscuro, algo que rozaba los límites de lo divino y lo terrenal.

Con cada segundo que pasaba, latensiónen el aire se volvía palpable, y losguardiasobservaban, estupefactos, sabiendo que lo que estaba sucediendo en ese instante podría cambiar todo, para bien o para mal.

Peterno pudo evitar una sonrisa, aunque esta era más una mueca de incertidumbre que de victoria. Su hermano estabaperdiendo la vida, pero esarabiadesbordante que sentía por parte de Bernardo lo mantenía intrínsecamente cautivado, como si todo esto fuera el preludio de algo mucho más grande. Algo que ni él mismo podría prever.

Esto es... esto es demasiado—dijo, apenas audible, mientrasuna vibraciónrecorría el suelo, como si el mismocampo de batallaestuviera siendo moldeado por fuerzas más allá de su control.

Lasangre de Bernardobrillaba intensamente,el tiempo comenzaba a desmoronarse. Los segundos parecían eternos, pero la realidad estaba siendo alterada, distorsionada por elpoder de la naturaleza, el cual ya no solo fluía a través de él, sino que sefusionabacon su ser.

Y entonces, con un rugido sordo,el sacrificio alcanzó su ápice, yBernardose encontró suspendido en una realidad que no era la suya, dondeel tiempo y el espacio se diluían.El puente entre lo terrenal y lo divinocomenzaba aformarseante sus ojos, y con ello, laverdadera batallade su vida, una que no solo definiría su futuro, sino también el destino de aquellos a su alrededor.

Al activarse elBlood Sacrifice, la transformación en Bernardo fue inmediata y brutal. La sangre, que antes solo representaba sus heridas, comenzó acircular con fuerzaa través de su cuerpo, como si su misma esencia estuviera tomando vida propia. Cada gota que caía al suelono solo representaba la pérdidade su humanidad, sino también el despertar de un poder ancestral que latía en las profundidades de su ser. Las heridas abiertas en su piel seexpandieron y se multiplicaron, pero no de una manera dolorosa, sino comocanalesque conectaban a Bernardo con unafuerza primordialque alteraba la misma realidad a su alrededor.

El aire comenzó a vibrar, como si estuviera siendo distorsionado por una fuerza más allá de lo comprendido, uneco profundoresonó, envolviendo el callejón en una atmósfera pesada y cargada.El entorno mismo parecía temblarbajo la presión de su poder recién desatado. Las sombras comenzaron a moverse con voluntad propia,el suelo se agrietabaligeramente bajo sus pies, como si la tierra misma se estuvieradesmoronando ante la magnitud de su sacrificio.

La energía vitalde Bernardo, esa fuerza que lo había mantenido con vida hasta ahora,se entrelazabacon el flujo de lanaturalezay eltiempo. Cada gota de sangre derramadase convirtió en un conductohacia lo divino y lo arcano. No solo su cuerpo se veía transformado; el mismoespacioalrededor de él parecía volversemóvil y maleable, como si el tiempo dejara de ser lineal ycomenzara a distorsionarsea su alrededor. Lasleyes de la naturalezaestaban siendo quebradas por su sacrificio,una conexión ancestral se desatabaa través de sus heridas.

En ese momento, elrío de energíacomenzó a amplificarse, no solo nutriendo sucuerposino también modificando sumente y alma. Cada golpe recibido, cada palabra hiriente pronunciada por Peter, era ahorarevestido de poder. Bernardo sentía que ya no solo luchaba con la voluntad humana; era como si su ser estuviera siendo impulsado por lasfuerzas del mundo mismo, cada átomo de su ser irradiando con la energía detodo lo vivo,todo lo muerto, y lo que estaba más allá.

Peter, al ver lacambiada expresiónen los ojos de su hermano,retrocedió un paso, sintiendo un hormigueo en el aire, una presión que nunca había experimentado. No era miedo, pero sí unacertezade que algo más grande que ellos estabaa punto de suceder. Su sonrisa, arrogante e irónica,se desvaneció lentamente, dando paso a unasombra de incertidumbre. ¿Qué podría hacer él contrauna fuerza ancestralque ahora residía en su hermano?

Laluz de la esencia de la vidade Bernardo lo envolvía por completo, transformando su dolor y sufrimiento en un poder quedesbordabalos límites de lo posible.Cada heridase convertía en unapuertaque lo conectaba con unafuerza primordial, una que era capaz dedestruir y reconstruirel mundo mismo a su alrededor.

Pero, a pesar de este poder,Bernardosabía lo que estaba en juego. Este sacrificio no solo le otorgabafuerza; le exigíala entrega totalde su vida. Cada segundo que pasabaen este estado de transformaciónlo acercaba más a su final, pero élno se detendría. La batallano era solo contra Peter, sino contra todo lo que lo habíadebilitadoyderrotadodurante años. El destino lo había marcado como un sacrificio, pero ahoraél era el que decidíacómo sería recordado,siendo más que solo un sacrificio.

¡Ahora, hermano!—gritó Bernardo con una voz que resonaba comoel rugido de una tormenta. Sus palabras no solo retumbaban en el aire, sino que tambiénmovían el tiempoa su alrededor, alterando la percepción misma de la realidad.

Peter, inmóvil, observaba a su hermano. Este no era el mismo hombre que había conocido. Elpoder de la sangreno solo lo transformaba físicamente, sino que tambiéndespertaba algo dentro de él, unafuerza más allá de lo humanoque desafiabatodo lo que había conocido.

Los efectos de Blood Sacrifice son inmediatos y devastadores.A medida que el poder se acumula, la naturaleza responde con fervor: los árboles parecen inclinarse hacia él, las hojas susurran secretos antiguos y el viento lleva consigo ecos de aquellos que han caído antes.El sacrificio personal se entrelaza con el tejido del mundo, creando una sinfonía de energía que resuena con cada latido del corazón del invocador.

Sin embargo, este poder viene a un alto precio.El uso de Blood Sacrifice consume la vida del portador a un ritmo acelerado; cada momento de gloria está acompañado por la sombra inminente de la muerte.Es una habilidad que otorga fuerza descomunal por un breve periodo, pero también sella el destino del invocador en un camino oscuro y solitario.

Con cada segundo que pasaba, la transformación de Bernardo se intensificaba.La naturaleza misma respondía a su sacrificio, como si reconociera el poder ancestral que él desataba.Los árboles cercanos crujían, sus ramas se doblaban hacia él como si quisieran ofrecerle su propio poder, pero al mismo tiempo, sus hojas se desintegraban, cayendo al suelo como si fueran cenizas. Elvientoque antes soplaba de manera normal ahora parecía agitarse con unaintensidad ominosa, llevando consigoecos de voces olvidadas, susurrando historias de aquellos que, en su desesperación, habían hecho sacrificios similares.

La tierra tembló ligeramente, como si el propio planeta estuviera reconociendo elpactoque Bernardo había hecho con su vida y su destino.La sangreque fluía de sus heridasiluminaba el aire, transformándose en líneas luminosas que recorrían su cuerpo y el entorno, formando una red de energía que conectaba al hombre con lo divino y lo ancestral. Su dolor se disolvió en poder, cadalatido de su corazónresonaba con lafuerza de la tierra, cada uno de sus músculos parecíainflarse con energía primitiva.

Sin embargo, mientras esta energía desbordaba dentro de él, unasombraseguía a cada paso.El precio de la habilidadera claro: cada segundo de poder lo acercaba más a su fin. Su respiración se volvía más pesada, su corazón palpitaba desbocado, como si la vida misma estuviera siendo arrancada de su cuerpo en el mismo instante en que laenergía primordialtomaba su lugar.

Cada momento de gloria, cada grito de desafío hacia su hermano, era tambiénun paso más hacia la muerte. La habilidadBlood Sacrificeno sololo fortalecía, sino que también loconsumíalentamente. Las sombras de la muertese alzaban sobre él, y Bernardo sabía que el tiempo se deslizaba comoarena entre sus dedos. La pregunta no era si ganaría esta batalla, sinocuánto tiempo podría resistirantes de que su cuerpo colapsara completamente.

Peter, que hasta entonces había sido elagresor imparable, comenzó a dar pasos hacia atrás. Su expresión, antes llena de arrogancia y desdén, ahora mostraba unamezcla de sorpresa y respeto. Bernardo, al estar tan profundamente sumido en su sacrificio, ya no era elhermano débilque una vez conoció; habíadespertado algo más, unafuerza puraque parecía capaz de trastocar las leyes mismas de la naturaleza.

Laluz que emanaba de Bernardose intensificó hasta casi cegar, y con ungrito gutural, se lanzó hacia Peter, quien apenas tuvo tiempo de reaccionar.El impacto fue brutal: la energía contenida en cada parte de su cuerpo estalló en una ola de poderdesbordante, chocando contra su hermano con la fuerza de un huracán.El aire mismo se rompióbajo el peso de la magia ancestral que ahora rodeaba a Bernardo.

Pero, incluso mientras su hermano caía de rodillas, Bernardo sabía queno quedaba mucho tiempo. El sacrificio de su sangre estaba empezando a reclamar lo que quedaba de él, y lafuerza que lo había transformadotambién lodestruía desde dentro. Su cuerpo, aunqueimpulsado por la furia de la naturaleza, ya comenzaba acederante los efectos del precio que había pagado.

Con cada respiración que tomaba,su vida se desvanecía, y aunque estaba dispuesto adarlo todopor esta última oportunidad, Bernardosabíaque su sacrificio, por grande que fuera, no salvaría su alma de la condena que ya había comenzado a abrazarlo.

Con cada gota de sangre que caía al suelo, la conexión de Bernardo con la naturaleza se intensificaba.Su corazón latía más rápido, cada pulsación era un recordatorio de lo que estaba dispuesto a sacrificar. La sangre, como untributoa las fuerzas ancestrales, fluía no solo de sus heridas, sino tambiéna través de su alma, alimentando el poder que lo rodeaba.

La rabiaque sentía no solo era el impulso de luchar por su vida, sino undeseo profundo de trascender. Había sido unhombre comúnpor tanto tiempo, aplastado por la sombra de su hermano, pero en este preciso momento, en este último respiro de poder, setransformaba. La energíaancestralque había invocado le otorgaba la fuerza demil hombres, pero a costa de suvida, y lo sabía. Cada segundo que pasaba, suexistencia se deshilachaba.

El aire a su alrededor se tornó más denso, cargado de energía. Los árboles cercanos comenzaron ainclinarse hacia élcomo si se alimentaran de su sacrificio. Latierra misma respondía, abriendo grietas y enviando pequeñas raíces que parecíanadherirse a sus pies, como si la naturaleza reconociera su dolor y su lucha.Los vientos aullaban, trayendo consigo un rugido ancestral, un eco de todos aquellos que habían pagado el mismo precio.

Peter, observando la metamorfosis de su hermano, retrocedió por un instante, elresplandorde la transformación iluminando su rostro.Nunca había visto a Bernardo tan imparable, tanferoz, como si las sombras de la muerte no pudieran ya alcanzarlo. Sin embargo,Bernardo sabía la verdad: su cuerpo ya estaba agotado, suvidaya estabacasi consumidapor el poder que había desatado. Cada músculo le ardía, su visión se volvía borrosa, pero su voluntad era clara.

Es el último acto de mi vida, pensó Bernardo, mientras su respiración se volvía más errática.Esto es lo que soy,lo que siempre quise ser.¡Todo por una última oportunidad!

Con un grito lleno de dolor yfuria pura, Bernardo levantó sumano sangrientaal cielo, invocando la última oleada de poder de laBlood Sacrifice.El suelo bajo sus pies tembló, y una energía brutal surgió desde lo más profundo de su ser, enviando ondas dedestrucciónhacia su hermano. Lassombras y la luzse entrelazaban en una batalla interna, mientras lafuerza de la naturaleza misma lo consumía.

Peter, aún de pie pero tambaleándose, levantó la mirada hacia su hermano. Lasonrisa arrogantede antes había desaparecido, reemplazada por una mezcla deasombroyrespeto, y quizás, por primera vez en mucho tiempo, una pizca detemor.

Bernardo no necesitaba más que ese instante.Sabíaque no importaba lo que sucediera después.Había dado todo por esta lucha, y si debía caer, lo haría sabiendo que, por fin, había sidoalgo másque un simple sacrificio.

El suelo bajo sus pies crujió, como si la tierra misma estuviera reaccionando a la furia que brotaba de su interior. Las raíces se retorcían, buscando unirse a la fuerza que emanaba de Bernardo, y el aire, cargado de electricidad, se llenó con unatensión palpable, como si el mundo entero estuviera conteniendo la respiración.

Las voces del pasadoresonaron con fuerza en su mente, mezclándose con laenergía crecientedentro de él.Recordaba su vida pasada, los años de sufrimiento, las cicatrices, la humillación, y ahora todo eso se transformaba enfuerza. Era como si todo lo que había vivido hasta ahora, cada momento de dolor, lo hubiera llevado hasta este punto, estadecisión final.

La voz desconocida, esapresencia que lo había guiadoa lo largo de su tormento, volvió a hablar.No era solo un susurro. Era unrugido, una orden ancestral:

Hazlo, Bernardo... demuestra tu valía.

Entretén a esta omnipotente entidad.

Y sin que Bernardo lo supiera esta entidad era algo que influenciaría mucho en ella que había jugado con su destino desde el principio, la que había puesto a prueba su resistencia, observaba con atención. ¿Sería este su momento de redención o el último suspiro de un hombre marcado por la desesperación?

Pero Bernardo no dudó. La fuerza que lo atravesaba no era solo física; era algo mucho más profundo. Cada centella de energía se entrelazaba con suvoluntad indomable. Él no estaba simplemente luchando contra su hermano, no solo contra su destino.Estaba desafiando a todo lo que lo había condenado, despojándose de lamiseria de su pasado, de ladebilidad que le habían impuesto.

Lassombras del callejónya no eran solo un simple telón de fondo; se retorcían comoserpientesque se desvanecían ante su presencia.La sangre, que había sido solo un recordatorio de su fin, ahora erael combustiblede su poder. Cada gota caída no era una debilidad, sino untributoa la naturaleza, a la fuerza que lo estaba transformando.

El tiempo parecía ralentizarse. El aire estaba cargado de unapresión insoportable, y Bernardo, con una determinación férrea, extendió su brazo hacia adelante. Losárboles se doblaban, las raíces crecían hacia él, y el viento comenzó a girar con una fuerza desmesurada. En su pecho, su corazón latía con unafuerza sobrehumana, resonando como un tambor de guerra.

Peterobservaba, aún en su postura desafiante, pero algo en su rostro comenzaba adesdibujarse. Era como si la energía de Bernardo estuviera consumiéndolo todo,desmoronando su arroganciacon cada paso de su hermano hacia la oscuridad. Sin embargo, había algo en los ojos de Peter, un destello detemor. Tal vez, por primera vez,entendiólo que Bernardo había hecho, lo que estaba dispuesto a sacrificar.

El poder de laBlood Sacrificeya estaba a su máxima capacidad.El mundo a su alrededor parecía arder.La naturalezamisma lorespetaba, y la entidad omnipotente que observaba desde la sombra, con su voz resonante, apenas podía contener su propio interés.

Bernardocerró los ojos por un momento, sintiendo cómo la energíaconstruía su crescendo final.

Voy a destruir la sombra de mi debilidad.

Con un rugido que atravesó todo el callejón, su cuerpo se iluminó,el sacrificio definitivoestaba a punto de desatarse.

El aire se partió con un rugido ensordecedor mientras la energía contenida en el cuerpo de Bernardo estallaba en unresplandor cegador. La sangre que aún brotaba de sus heridas parecía volverseluminosa, fluyendo hacia el cielo en un espectáculo macabro y glorioso a la vez.Cada gotallevaba consigo lapromesa de destrucciónyrenacimiento, la manifestación de su sacrificio. Su cuerpo, al borde de la destrucción, se alzaba en medio de la tormenta de energía, convertido en elepicentrode un cataclismo que iba más allá de su comprensión.

Peterretrocedió, sus ojos entrecerrados mientras observaba a su hermano mayor, quien, por un momento, parecía más unafigura divinaque un simple hombre. La arrogancia y la burla de sus palabras se desvanecieron, reemplazadas por unapercepción de vulnerabilidadque nunca antes había sentido. Era como si el propiodestinose hubiera encarnado en la figura sangrienta de Bernardo.

—¡Hazlo, entonces! —gritó Peter, con una mezcla de fascinación y miedo en su voz, sin dejar de observar a su hermano quese despojaba de su humanidaden ese mismo instante.

Las sombras se agitaron a su alrededor, como si latierra mismacomenzara a temblar bajo el poder de Bernardo. La naturaleza respondía, alineándose con su sacrificio. Los árboles se inclinaban, las raíces parecían estirarse hacia él, mientras el viento comenzaba agirar con furia. La energía era tan densa que incluso el cielo parecía agitarse, como si la atmósfera misma estuviera siendotransformadapor su poder.

En sus ojos, lallama del sacrificioera más visible que nunca.Cada célulade su ser gritaba por un propósito, por un significado, porredención. No solo luchaba contra Peter, sino contratodo lo que había sido: la inseguridad, la debilidad, las cadenas del pasado.

Un segundo más.La respiración de Bernardo se volviópesada, el peso de su sacrificio a punto de desbordarse. Sabía que no quedaba mucho tiempo. La luz que lo envolvía era tan intensa que parecía consumirlo, pero en ese instante comprendió que, por fin, habíaencontrado su propósito.

Con una última explosión de energía,el resplandor alcanzó su punto máximo. Una ola de poder arrancó las raíces del suelo, haciendo que el aire vibrara, que los gritos de su sacrificio se convirtieran en unasinfonía de venganza. La energía estalló enun torrente devastador, buscando aniquilar todo lo que se interpusiera en su camino, incluyendo al hermano que había desecho su alma.

Y en medio de esa tormenta, en el centro de la furia desatada, Bernardo gritó una última vez, su voz una mezcla de rabia yliberación:

—¡Acabemos con esto!

La atmósfera se volvía más densa con cada segundo, como si el mundo entero estuviera observando elsacrificiode Bernardo. Latierra misma vibrabaen respuesta al poder que él desataba, y las sombras a su alrededor parecíansusurrar secretos antiguos, como si lanaturalezaestuviera escuchando su llamada. Laenergía vitalque fluía a través de sus venas, un torrente desangre y voluntad, no solo alimentaba su cuerpo, sino que se entrelazaba con la misma esencia de lavida y la muerte.

Que así sea—repetió Bernardo, un murmullo bajo, casi unaoración, mientras cerraba los ojos y sentía cómo la sangre de sus heridas se evaporaba en el aire, llevándose consigo su humanidad. Sabía que esta habilidad, la más poderosa y peligrosa de todas, requería unprecio impagable:su vida. Cadalatidode su corazón resonaba como un tambor de guerra, marcando el último compás de su existencia.

A medida que laenergíacomenzaba a acumularse, el cielo sobre él se oscurecía. Lasnubesse retorcían y chocaban entre sí, creando una tormentaensordecedoraque parecía reflejar lafuria internade Bernardo.Los árbolesa su alrededor se inclinaban hacia él, como si reconocieran el poder ancestral que se desataba en su interior.Raícesque se arrastraban por el suelo comenzaban a elevarse,como tentáculosen busca de algo más, algo más grande.

—Esto no es solo un sacrificio... —pensó Bernardo, sintiendo elpeso de la viday lamuerteentrelazados en cadalatido—. Es unabatallapor lo que soy. Por lo que siempre quise ser.

En ese momento, su cuerpo comenzó atransfigurarse. Lasheridasde su piel ya no eran simples marcas de dolor, sinopuertas abiertashacia unaenergía primalque recorría su ser.La sangreque aún fluía de sus heridas comenzó abrillar con intensidad, convirtiéndose en unaesencia líquidaque parecía resonar con la misma energía de latierra. La conexión era profunda, casi mística, como si su sacrificio estuviera no solocambiandosu destino, sino también el del mundo que lo rodeaba.

—Estoy listo —murmuró, levantando la cabeza hacia el horizonte, sus ojos brillando con unaluz sobrenatural. Lafuerza de la naturalezaque había invocado comenzaba a alcanzar su punto máximo.

Los guardias, que hasta ahora observaban desde lejos, comenzaron a retroceder. Un aire gélido comenzó a envolverlos, como si la propiamuerteestuviera acechando en la oscuridad. Ninguno de ellos se atrevió a acercarse. La atmósfera estaba tan cargada de energía que sentían que, en cualquier momento, podrían ser consumidos por ella.

Peterobservaba en silencio, una expresión de incredulidad en su rostro. En su corazón, sentía unmiedo palpable, una sensación depérdidaque no entendía del todo.Bernardo, su hermano, estaba a punto de hacer algo que cambiaríatodo.

El aire se tensó aún más, y la luz que emanaba de Bernardo se hizo tan brillante que casi parecía consumirlo todo. Unrayode energíainvisiblerecorría su cuerpo, llevando consigo lafuerza de la naturalezamisma. En ese instante, Bernardo no era solo un hombre, ni siquiera solo un sacrificio. Erala manifestación misma de la tierra y el cielo, lavenganzay laredención.

Latensiónera tan densa que casi podía cortarse con una cuchilla. El callejón, antes sumido en la oscuridad, comenzaba abrillarcon una luz sobrenatural.El vientose alzaba como una tormenta contenida, y lassombrasque se arrastraban a sus pies parecían cobrar forma,vibrandocon una energía antigua y primitiva. Bernardo, aunque exhausto, sentía cómo su alma se conectaba con unafuerza más grande, más profunda que todo lo que había conocido hasta ahora.

¡Vamos, pequeño engendro, no es esto lo que querías!—gritó Bernardo, con unarabiatan visceral que su voz resonó como un trueno. Cada palabra era como unaexplosión de energíaen el aire, una declaración de que no se rendiría, no importaba lo que el destino tuviera reservado para él. Su cuerpo, marcado por lasheridasy el sacrificio, temblaba, pero sudeterminaciónera inquebrantable. Era como si la mismanaturalezalo hubiera abrazado y le hubiera otorgado una fuerza indomable.

El aire se volviópesado, cargado demagia pura, como si lasleyesde la realidad misma estuvierancurvándosebajo el poder de la habilidad que había desatado.La tierraa sus pies comenzó aagrietarse, y lassombrasque antes se arrastraban hacia él, ahora parecíancrecer, como si fueran tentáculos buscando consumirlo.Cada rincón del callejónpalpitaba, vibraba con unaenergíatangible, como si todo elmundoestuviera a punto de ser destruido o transformado por su sacrificio.

Bernardolevantó la cabeza hacia el cielo, donde lasnubesoscuras se arremolinaban con furia, como si también ellas supieran que este era elmomentodecisivo. El cielo parecía dividirse en dos, y las estrellas mismas parecían esconderse tras la sombra de lo que estaba a punto de ocurrir. Cadalatidode su corazón marcaba elpaso finalhacia su destino. Con una respiraciónpesadayagonizante, Bernardoapretó los dientes, sin poder evitar que susangrecontinuara fluyendo, drenando lo que quedaba de su vida.

Lamagiaque fluía a través de su cuerpo se tornaba másintensa, un resplandorblancoy cegador envolvía su figura mientras lasangrede sus heridas comenzaba a tomar unaforma etérea, levitante, como si de alguna manera se hubiera convertido en algo más quesimple sangre. Cada gota que caía al suelo parecíasuscitar un ecoen las entrañas de latierra.

Lairay elsacrificiode Bernardo eranpalpables. Todo su ser estaba imbuido en el deseo decambiarel curso de su destino, deromperlas cadenas que le habían atado a la mediocridad. Sabía que no había vuelta atrás. Elcielolo observaba, y él no iba a ser elque cayeraante la adversidad.

—¡Este es mi momento! —gritó, sintiendo cómo su cuerpo, aunque al borde de la destrucción, adquiría unafuerzaque losuperabatodo.Peter, en su arrogancia, lo había subestimado, y ahoraBernardoera más que un hombre. Era lamanifestación de la naturaleza, de lamagia ancestralque no entendía de límites ni de muerte.

Elsuelodebajo de él comenzó aresplandecer, y lassombrasa su alrededor se disolvieron en unaexplosión de luzyenergía, como si la naturaleza misma lo hubiera elegido como sucamino de redención. Latormentaque se desató en ese momento fueviolenta, pero a la vez hermosa en sudestrucción. Como unrayoque rasgaba la realidad, laenergíade Bernardo se desbordó en unrugidoensordecedor,arrancandola vida de su cuerpo a cambio de una fuerza jamás imaginada.

Suúltimo sacrificioera ahora el últimoecode un hombre que, en su desesperación, había alcanzado loimposible.

¡Vamos, hermano!—gritó Peter, su voz resonando en el aire como uneco desafianteque golpeaba el alma de Bernardo. Cada palabra de su hermano era ungolpedirecto a su corazón, una provocación que lo empujaba a seguir adelante, alevantarseypelear, como si lapresiónfuera la única forma de probar su valía. Lafuerzade su desafío rebotaba en su pecho, haciéndolo hervir conrabiaydeterminación.

Bernardono vaciló. Con unrugidointerno, apretó los dientes y se levantó, desafiando el agotamiento, lasangreque seguía fluyendo de sus heridas y el peso de su propio sacrificio. Laadrenalinase disparó en su cuerpo, alimentando cada uno de sus movimientos, dándole una claridad feroz en medio de la tormenta de dolor. Sabía lo queestaba en juego, lo quePeterrepresentaba: no era solo su hermano, sinola prueba finalde su existencia.

Cada latidode su corazón era unallamada a la acción, un recordatorio de quequedaba poco tiempo.Peter, con susonrisa arrogante, se lanzó hacia él conferocidad. El hermano mayor, al verlo levantarse, dejó escapar unarisa burlona, disfrutando de latormentaque se desataba a su alrededor. Sin embargo, en el rostro deBernardono había miedo, solo unaresoluciónfría y calculada.

¿De verdad crees que vas a ganar, pequeño?—Peter siseó, sus ojos brillando condesdén. Pero su tono de burla se desvaneció al ver elresplandoren los ojos de Bernardo.

Sin un momento de vacilación, Bernardose lanzó hacia adelante, su cuerpo impulsado por una combinación deodioyesperanza. No iba a dejar quePeterlo humillara, no esta vez. Este sería elúltimo enfrentamiento.

Ambos hermanos chocaron con unestruendoque sacudió el aire, cada golpe retumbando en el callejón como untrueno. Elimpactode sus puños parecía capaz dequebrar el mundo, cada uno de ellos empeñado en demostrar quesolo unopodíasuperviviren esa guerra interminable.

Peterlanzaba susgolpes veloces, con unafuerza brutaque podía destrozar cualquier defensa. Pero Bernardo, con cada golpe recibido, se sentíamás vivo, como si laluzen su interior ardiera con más intensidad,alimentadapor su sacrificio.

¡Te voy a destruir!—gritó Peter, pero en sus ojos ya no había solo arrogancia, sino una crecienteincertidumbre.Bernardose mantenía en pie,desafiandocada palabra, cada golpe, hasta que finalmente, en un movimiento que parecía desafiar el tiempo mismo,Bernardocanalizó toda la energía de su sacrificio en ungolpe devastadorque envió aPeterde espaldas.

Elvientosilbaba a su alrededor, y por un breve segundo, todo sedetuvo.Bernardorespiraba con dificultad, su cuerpo al borde de laexhaustión, pero su mirada era la de un hombre que había tocado lo más profundo de sí mismo. La batalla había llegado a su punto álgido, y él no estaba dispuesto a ceder.Peteraún se levantaba, pero ya no era el mismo. El poder de Bernardo habíacambiado el curso de todo.

Laluzque lo rodeaba seguía brillando con fuerza, y en sumirada, Bernardo llevaba unacertezainquebrantable: esta batalla no terminaría hasta que su hermano comprendiera lo que realmente significabaluchar por su vida.

Laexplosión de luziluminó el callejón, y en undestello cegador, ambos hermanos seenfrentaroncon una fuerza que parecía desafiar la misma estructura de larealidad. Cadagolpede sus cuerpos resonó como unasinfonía de conflictos no resueltos, cada choque una reverberación de lasheridasytraicionesque llevaban en su interior. El aire secargóde energía pura, como si el propiomanátemblara bajo la presión de su batalla.

Bernardo, con sucuerpo robustoy sufuerza bruta, logró empujar aPeterhacia atrás, susmuslosybrazosllenos de unarabia inhumana. PeroPeter, más ágil y experimentado en el uso dehabilidades, no cedió tan fácilmente. Con un movimiento rápido,su rodillacayó sobre laespadade Bernardo, hiriendo lasarmasque aún atravesaban sucuerpo. Lapresiónhizo que lasheridasse agrandaran,alimentandoel dolor que recorría cada rincón de su ser.

¡Quítate!—gritóBernardoconfuria, su voztronandoen el aire.El ecode su grito recorrió elcallejón, cargado con una fuerzaprimitivaque parecía resonar con todos lostraumaspasados. En ese momento, susojosbrillaron con unaintensidad feroz, como si su alma misma estuviera dispuesta adesgarrarsepara liberar su rabia contenida.

Con unaúltima explosión de energía,Bernardocanalizó todo lo que le quedaba de suvitalidaden un golpe quehirióprofundamente a su hermano.Peter, con losojos desorbitados, sintió el impacto en surostroantes de que su nariz sequebrara, elsangresaliendo a borbotones. Eldolorlo hizotropiezar, pero en sus ojos ya no había soloira, sino tambiénsorpresa.

A pesar del daño recibido,Peterselevantócon una sonrisa amarga, lamiradallena dedesdénysangre.

Así que ese es todo tu poder, ¿eh?—murmuró entre dientes, tocándose lanariz rotay observando cómo lasangremanchaba susmanos. Susonrisase retorció en una mueca desafiante.

PeroBernardo, respirando con dificultad ysangrando profusamente, no retrocedió.Cadalatidode su corazón era un recordatorio de que la batalla no había terminado. De quea pesar del sacrificio, había algo en su interior que lo manteníavivo,lleno de rabia,lleno de necesidadde poner fin a todo aquello.

Conel rostro cubierto de sangre,Peteraún se mantenía de pie, pero su postura era másvacilante, suconfianzaya no tan sólida. Sabía queBernardoestabacerca de su límite, pero también comprendía que no podía subestimarlo.El manáseguía fluyendo, y elsacrificiode Bernardo, aunquedesgarrador,renovaba su fuerzacon cada segundo que pasaba.

Ambos sabían que la siguientemovidasería definitiva. Elsilencioera profundo, solo interrumpido por el eco de losgolpesde los corazones de ambos,luchando,muriendo, pero sin rendirse.

Laluzde la batalla seguía intensificándose, pero en elcorazóndeBernardo, todo parecía ralentizarse.Peterlanzabagolpescerteros, peroBernardo, inmerso en una especie de trance,esquivabacon una gracia inesperada, como si su mente estuviera fuera del alcance de la lucha misma. En medio de esadanza frenética, de pronto vio un destello. Al mirar hacia el suelo, viosu reflejo: pero no era elBernardoque conocía.

Ante él, con una sonrisa distorsionada, le devolvía la miradaun reflejo grotesco, como un eco deformado de su propiaalma. Era él, pero no lo era. Aquella figurareflejadaparecía más unasombraque unapersona, y al instante, algo en su interior hizo clic.

Todo lo que hago es tan perfecto que hasta los errores parecen admirables—pronunció con una risadelirante, casihipnótica, mientras su unico ojo brillaba conun fervor oscuro. La voz, suave y venenosa, quele susurrabadesde lo profundo de su ser, lo incitaba aperseguir lo desconocido, a abrazar sudestino oscuro.

AunquePeterseguía atacando,Bernardono lo percibía, como siel tiempoyla luchahubieran dejado de existir para él. En su mente solo quedaba el eco de la voz que loguiabay loempujabaa un lugar más allá de lo físico, dondesu mentese liberaba.Su cuerposeguía luchando, pero suespírituya había dejado de ser prisionero de su propia humanidad.

Prueba siempre tu fuerza, pues ahí yace el éxito—la voz continuaba, más fuerte y clara.Bernardosintió una oleada deenergía oscurainundando su ser, mientras su cuerpo, aunque destrozado, seguía de pie.

Nunca respetes la lástima ni la debilidad—le susurró la voz en su mente, como un mandato imparable.Bernardoasintió, su rostro endurecido por lasabiduría oscuraque le llegaba a través de las palabras no pronunciadas, las que solo él podía escuchar.

En ese momento, un suspiro salió de sus labios, y la voz loinstóa mirarhacia adentro.

Recuerda, Bernardo, no luches contra tus demonios.Tus demonios están aquí para enseñarte lecciones.Siéntate con ellos, toma una copa desangrey charla con ellos.Aprende sus nombresy comparte las historias de lasquemadurasen tusdedosy losarañazosen tustobillos. Y créeme, algunos de tusdemoniosson muyagradables.

Bernardosonrióal escuchar estas palabras. En su rostro se reflejaba una mezcla desabiduría amargaytensión. En su interior, laluzy lasombrase entrelazaban en una danza dedestrucciónyrenacimiento, mientras sentía quetodolo que había sido hasta ahorase desmoronaba. Pero, al mismo tiempo, algo nuevo emergía. Algodesgarrador, peroliberador.

Con cada paso hacia adelante,el pesode la batalla ya no era solo físico. Estaba enfrentando su propioalma rota, ycada golpe de su hermanoya no era una agresión, sino un recordatorio de queél mismohabía forjado su propiodestino.

Mientras tanto,Peterse detuvo, viendo cómoBernardoparecíasumergirseen un trance, sus ojosvacíospero llenos de una luz que no comprendía.

¿Qué demonios...?—murmuró, confundido y algotemeroso, peroBernardoya no lo veía. Estaba demasiado lejos, más allá de lalucha. Más allá de lamuerte.

La atmósfera se volvió densa, como si el mismo airepesarasobre ellos,cargado de la furiaque ambos hermanos compartían pero que, al mismo tiempo, los separaba.Peterhabía soltado una risa venenosa, cargada dedesdén, que soloavivabaelfuegode la rabia que ardía en elcorazóndeBernardo. Cada palabra de su hermano resonaba como unaprovocación, unaheridaque no solo se clavaba en su cuerpo, sino también en lo más profundo de sualma.

¡Eres raro, hermano!—exclamó Peter entre risas, mientras su cuerpose movía ágilmente, casi como si disfrutara del espectáculo.

El sarcasmo en su tono eraafilado. Para él, no era más que un juego, una lucha para demostrar susuperioridad. Pero en los ojos deBernardo, laluz internaque lo había invadido al activarseBlood Sacrificelo transformaba en algomás que un hombre. Ya no era solo una cuestión de ganar o perder.

Bernardo apretó lospuños. Larabiadentro de él burbujeaba como un volcán a punto de estallar, y las palabras de Peter soloacelerabansu caída hacia la oscuridad de su propiaredención. Pero, en lo más profundo de su ser, entendía la verdad de la lucha. No era solo una guerra contraPetero elmundo; era una guerra interna,contra sí mismo, contratodo lo que había sidoytodo lo que deseaba llegar a ser.

Sigamos. Veamos quién vivirá y quién morirá.—Peter sonrió, una expresión salvaje que no reflejaba más que eldesdénpor la lucha que se estaba librando, la cualno conocíaen su totalidad.

Con esosúltimosretoques de burla, Peter se lanzó hacia adelante, sus movimientos rápidos,feroces, una extensión de suentrenamientoy suexperienciaen combate. Sin embargo, Bernardo ya no sentía miedo ni duda.Todo lo que había sufrido, toda lasangre derramada, ya no lo definía.Su esenciahabía cambiado. Él ya no era el mismohombre rotoque había llegado a este enfrentamiento. Ahora, era unguerrerocon un propósito claro, una visión sangrienta de lo que podía ser.

Con cada paso que dabaPeterhacia él, el airevibrabacon la electricidad de una batalla más allá de lo físico.El manáflotaba en la atmósfera, respondiendo al impulso de loscorazonesde ambos hermanos, mientrasBernardoya no pensaba, solo actuaba. Con la fuerza de su último sacrificio, elpoder de la sangrelo impulsaba más allá de cualquier límite humano.

¡La lucha continuó!Pero esta vez, no era solo un choque de cuerpos. Era elchoque de dos destinos.BernardoyPeterno luchaban solo con armas.Estaban luchando por su propia humanidad, por el derecho de ser los dueños de su destino.

El aire estaba cargado de unaintensidad palpable, como si el mismísimomundoestuviera observando elenfrentamientoentre los dos hermanos. Cadagolpeque intercambiaban resonaba en el ambiente, uneco de su historia compartida, donde lasrencillasdel pasado se entrelazaban con las decisiones que ambos habían tomado en el presente.Bernardopodía sentir laadrenalinaardiendo en sus venas, su cuerpo reaccionando como uninstrumento de guerraa cada movimiento de su hermano.

Él no podía dejarse vencer.No podía permitir que la debilidad lo definiera. Este momento no era solo una batalla física.Era la prueba finalde todo lo que había sufrido, de lasheridasque le habían marcado. Este era sumomento de reivindicación, de demostrar queno era un hombre roto, que podíalevantar la cabezaante cualquier desafío, sin importar cuán grande fuera el precio.

Con un rugido de furia ydesdén, Bernardo levantó su espada, sintiendo cómo laempúñadurase ajustaba perfectamente a su mano. Era como si la mismaarmaestuviera conectada con él, como si cadafibra de su serestuvieralista para luchar, lista paraderrotar a su hermanode una vez por todas. La espada, más que un simple objeto,era una extensión de su voluntad, una voluntad que ya no tenía miedo, que novacilabaante lo que venía.

¡No te dejaré ganar tan fácilmente!—gritó Bernardo con renovada determinación. Lafuerzade su voz no era solo el grito de un hombre desesperado, sino elrugidode un guerrero que finalmente había encontrado su propósito.

Las sombras parecían danzar a su alrededor, y latensiónse volvió tan densa que incluso laluzdel ambiente pareció vacilar. En ese instante, todo se redujo auno solo: Bernardo, suhermano, y la guerra interna que se libraba en sus corazones.

Lasonrisa burlona de Peterse expandió, como si cada golpe que Bernardo le propinaba solo le diera másenergíapara continuar. No era solo la lucha física lo que disfrutaba, sino el hecho de que todo lo que había estado oculto entre ellos, todos esossentimientos reprimidos, finalmente salían a la superficie. Cadamovimientoera más que un simple intercambio de golpes; era unadanza peligrosaentre hermanos, unenfrentamiento visceralen el que no solo se jugaba la supervivencia, sino también elorgullode cada uno, el deseo dedemostrar quién era el verdadero guerrero.

Peter desapareció por un instante en la niebla de la batalla, solo para reaparecer de repente con unavelocidad impresionante. En un abrir y cerrar de ojos, sugolpeimpactó en elhombro derecho de Bernardo, desestabilizándolo momentáneamente. Pero Bernardo, alimentado por sufuria y determinación, no se dejó intimidar. Aprovechó el momento de Peter, conreflejos letalesy una agilidad que sorprendió a su hermano, lanzando unpuñetazodirecto hacia los laterales de sucabeza.

La fuerza de su golpe fuedescomunal, y aunque Peter intentó desviar el impacto, el sonido de lafuerzachocando contra su cráneo resonó con un retumbante eco. Aprovechando el desconcierto de su hermano,Bernardo lo sujetópor los hombros con unafuerza sorprendente, y con unmovimiento rápidoy brutal, loembistió con un cabezazodirecto, enviando a Peter hacia atrás, tambaleando por el impacto.

¡Suéltame!—gritó Peter, su voz teñida de frustración y dolor. Suintento de liberarsefue frenético, pero Bernardo, conel ardor de un hombre que ya no tiene nada que perder, no lo soltó. Labatallano era solo un enfrentamiento físico, era unalucha por el reconocimiento, por lalibertadque ambos buscaban en la lucha y eldesenlace de sus destinos.

El aire entre los hermanosestaba cargado de tensión. La lucha no solo era física, sino una guerra de voluntades, unabatalla emocionaldonde cada golpe, cada respiro,cada gota de sangrederramada era un testimonio de lo que alguna vez fueron, de los lazos rotos y de los recuerdos perdidos en laoscuridad del rencor.

Peter lanzó unapatada feroz, la cualBernardo bloqueó con su brazo izquierdo, una acción que, aunque parecía un simple gesto defensivo, fue un acto desupervivencia pura. Pero Peter, no dispuesto a ceder, intentógolpear nuevamente, buscando laoportunidad perfecta. Sin embargo, antes de que su brazo alcanzara aBernardo, este reaccionó de manera rápida, lanzando ungolpe certeroa labarbilla de Peter, con unafuerza brutalque resonó como untruenoentre el caos de la batalla. El sonido del impacto se extendió como si el mismoterremoto de la luchahubiera atravesado el aire.

El golpe fue tan fuerte que hizo que Peterperdiera varios dientes, cayendo de espaldas mientras lasangre salía de su bocacon una violencia inusitada. Eldolorrecorrió su rostro como una ola, pero en surabia, no dio tregua.Retrocedióunos pasos, escupiendo sangre en un esfuerzo porrecobrar el control, pero sus ojos, ahora más llenos de furia que nunca, se fijaron enBernardo, retándolo a seguir.

Bernardo, conadrenalina corriendo por sus venas, desapareció una vez más en undestello de velocidad, dejando solo un eco de su presencia mientras sepreparaba para desatar lo peor. En su mano, una esfera demaná blancocomenzó aformarse, brillando con unaintensidad cegadora, como si la mismaluz de la esperanzahubiera sido comprimida en ese pequeño punto de poder. Era el símbolo de sudecisión final, la única oportunidad paradominar el campo.

Peter, decidido a no ceder ante su hermano, intentó imitar su acción. También formó unaesfera de maná, aunque su luz, aunque potente,no alcanzaba la purezade la de Bernardo. En su desesperación,Peter olvidó un detalle crucial:Bernardoera más que un simple hombre. Su conexión con latierra y el manáera tan profunda quetodo el manádel entorno se dirigía hacia él, sin resistencia. Laenergía fluíahacia su cuerpo con lagracia de un ríoque nunca se detiene, como unhijo predilecto del planeta,bendecido por el mismo flujo de la vida.

Eldesfase de poderera evidente. Mientras Peter seesforzaba por controlar su energía, Bernardo ya estabapreparado para desatar el caos, su esfera demaná blancobrillando más que nunca.

Elcampo de batallaestaba impregnado de unatensión palpable, unsilencio que precede la tormenta. Los hermanos, en el centro de la lucha, se enfrentaban no solo confuerza física, sino con algo mucho más profundo: unaguerra de destinos, un choque de voluntades donde elpoder ancestralde Bernardo erala única constante, mientras que Peter, a pesar de sudestreza y habilidad, veía cómo su maná luchaba poralcanzar el nivel del de su hermano.

Cadagolpe de manálanzado porBernardoera unamuestra de su supremacía, undestello de pura fuerzaque lo hacíainvencible en este terreno. Mientras susesferasde energía aumentaban en intensidad, el poder de suconexión con la naturalezahacía que cada ataque fueravarias veces más destructivoque los de Peter, como siel mismo mundoestuvierarespaldando su causa, dándolesu fuerzade manera ilimitada, como unacorriente vivaque no se detenía.

Por otro lado,Peter, pese a su capacidad de combate,luchaba en vanopor alcanzar lamagnitudde lafuerzade su hermano. Cada intento por desatar su propio poder parecía sersuperadopor laabrumadora conexión de Bernardocon elmanáy latierra. A medida que ladistancia entre ellosse estrechaba, ladiferencia de poderse hacía aún más evidente. Peter intentaba con todas sus fuerzas controlar la energía quese desbordabade su cuerpo, perosu voluntadno lograbadominarlaferocidadde la magia que emanaba de su hermano.

Mientras elaire se cargaba de energíay elviento silbabaalrededor de ellos, ambos sabían que esta lucha no solo sería una cuestión defuerza física. Era unaprueba de resistencia, unabatalla de egos y destinosque marcaría el futuro de los dos. Cada uno sabía que lavictoria no solo decidiría al vencedor, sino también quién tendría el control sobresu propio destino, quién sería eldueño de su historia.

Y en ese momento, Bernardocomenzó a entenderlo todo. Cada golpe que lanzaba, cadaesfera de manáque disparaba hacia su hermano, estaba alimentada por algo mucho más grande que su propio ser: era eleco de todas las fuerzas naturales, lasabiduríade los que vinieron antes que él, laluz ancestralque siempre lo había acompañado. Mientras Peter luchaba por mantener su propio control,Bernardo ya era parte de la tierra, parte delciclo eterno.

Laesfera de manáque se formaba frente a Bernardo era más que solo energía. Era un reflejo de surenacimiento, de todo lo que había sufrido y perdido, y de todo lo que ahora podíaalcanzar. Eldestello de luzque la rodeaba no solo iluminaba su cuerpo, sino que parecía atravesar sualma misma, como si la naturaleza estuviera reconociéndolo por fin.

Duranteaños de sufrimiento, elmanáhabía sido sucondena, unveneno que lo desangraba, unremolino de dolorque lo atormentaba cada día. Sucuerpohabía sido su propioenemigo, rechazando el poder que ahora se volvía sualiado. El maná, esafuerza vitalque lo habíadesterrado, ahora se sentía cálido,suave, como unacaricia de la tierra misma, como si el mundo lo estuvierarecibiendo de nuevo, como si fuera unhijo pródigoregresando a suhogar.

Cada gota de maná que fluía por sus venas no era una amenaza.No más.Esta vez, elpoderno lodestruiría, sino que loalimentaba, lofortalecía, como un abrazo defuerzaque le prometía unasegunda oportunidad. Elmanáera suyo ahora,se fundía con su ser, y él erauno con la naturaleza, con todo lo que siempre había soñado alcanzar, pero que había temido por tanto tiempo.

Laenergía acumuladaen la esfera comenzó arevolotear, avibrarcon una intensidad tanabrumadoraque parecía que el propiocielo se partiera. Elbrillode la esfera erairresistible, como unaluz cegadoraque ya no era solo el producto de su habilidad, sino unsímbolo de su renacimiento. La sensación decalidezlo rodeaba,llenándolo de vidamientras el poder alcanzabasu punto álgido. Por primera vez, sentía que ya no era unreceptor de sufrimiento, sino unhacedor de su destino.

Y esaenergía infinitaque lo envolvía no era solo unpoder imparable, sino unsueño cumplido, eléxito definitivosobre los años de sufrimiento. Elhombreque una vez temió almaná, ahora lodominaría.

ElgritodeBernardoatravesó el aire como unaonda de choque, cargada de furia y determinación. Cadapalabraera uneco de venganza, una respuesta a lassufrimientosque había soportado, a lashoras de agoníaen que elmanálo habíadevorado. Ahora, con el poder de latierray eluniversoa su disposición, ya no habíalímitespara él. Esa sonrisa, que antes representaba unsufrimiento callado, se transformaba en unadeclaración de guerra.Bernardoya no era el mismo hombre.

Laesfera de manáestalló en un resplandor cegador, iluminando elpaisajecon undestello tan intensoque hacía que las sombras parecieran desvanecerse ante sumagnificencia. Era como si todo eluniversohubierarespiradoa través de sucuerpo, como si elsuelo bajo sus piesle respondiera con unrugido interno. El poder acumulado en suinteriorno solo se desbordaba, sino que parecíaromperlas cadenas de todo lo que había sido.

Veamos si soportas esto—repitió, esta vez con unarisa bajaque vibraba en supecho. Elmanáque rodeaba su cuerpo seconvulsionaba, en un torbellino que casi parecía tener vida propia,ansioso por salir, por destruir, porliberarlo de su sufrimiento eterno.

En ese mismo instante, unaoleada de energíase disparó haciaPeter, quien no podía más quemirarlocon una mezcla deasombroyterror. El aire secargó de electricidadmientras el poder deBernardoavanzaba como unrayo, imparable y absoluto. Laluzque emanaba de él ya no era sololuminiscencia: era unafuerza primordial, elúltimo alientode un hombre que había sidorotopor la vida y ahora se encontrabarenacido.

El suelo bajo sus pies crujió, como si la propianaturalezaestuviera respondiendo a sugrito. En ese momento, todoen el universopareció detenerse. Labatallano era solo entrehermanos, no solo entredos guerreros... era un choque entrefuerzas primigenias: lavenganzade un hombre que había sidodespojadode su humanidad, ahora dispuesto a tomar lo que le pertenecía.

Laexplosióndemanáfue tan intensa que elaire mismo temblóbajo su impacto. Elchoqueentre las esferasvibrócomo untruenoen un cielo cargado deiraydesesperación. Elresplandoriluminó todo a su alrededor, bañando la escena en unaluz cegadora, mientras lasondas de energíase extendían con tal fuerza que elsuelocomenzaba afracturarsebajo el peso de su poder. Cadaonda de choqueera una réplica delgritointerno de ambos hermanos, un grito que retumbaba en susmentesy que parecía resonar en losrincones más oscurosde sus almas.

Petersostuvo su posición, susonrisa desafiantecomenzando adesvanecersemientras sentía el poder deBernardoarrastrándolo. La luz que emanaba de su hermano era más que unpoder físico; era como si lafuerza misma de la naturalezaestuvieraalimentándolo, imparable y voraz. A pesar de suconfianzay su habilidad, ladiferenciaen la intensidad delmanáera innegable, yPetercomenzó a sentir cómo lapresiónlooprimía.

No perderé—repitióPeter, pero lafuerzade su voz temblaba bajo lacrecientetormenta de energía que envolvía todo a su alrededor. Sus palabras eran unafarsa, un intento de ocultar el miedo que comenzaba adesbordarsede su pecho. Lascostras de arroganciaque lo cubrían seagrietabanfrente a la magnitud de lo que estaba sucediendo.

Ambos hermanos estabanconscientesde lo que estaba en juego.Bernardono solo luchaba porsuperara su hermano; luchaba porredimirsu existencia, por encontrar unpropósitodespués de tantosufrimiento.Peter, en cambio, luchaba pormantenerlo que creía que era suyo, porpreservarsuorgulloy el control sobre sudestino.

Con cadachoquede sus poderes, el suelo seagrietabay laatmósferase llenaba de una tensión palpable. Laluzy laoscuridadse entrelazaban en una danza defuerzas cósmicasque parecían chocar no solo en elmundo físico, sino también en suscorazones. Elfuturode ambos hermanos estabaen juego, y en ese instante,Bernardosabía que ya no quedabavuelta atrás. Estabatallano era solo una lucha por lasupervivencia, sino pordefinirquiénes serían en esemundo.

La energía que rodeaba aBernardocontinuabacreciendo, iluminando el aire a su alrededor con unafuria cegadora. Lassombrasde su pasado, las que siempre lo habían perseguido, se desvanecían bajo laluzque emanaba de él. En ese momento, sentía que ya no eraun hombre roto, sino unafuerza puraque desafiaba su propio destino.Peter, aunque lo intentara con todas sus fuerzas, no podíadetenerlo.

—Eso es, mocoso. Al menos no eres tan lamentable —la voz volvió a expresarse con clara diversión por lo que sucedía.Era una voz que parecía disfrutar del conflicto, como si alimentara su esencia con cada golpe intercambiado entre los hermanos.

Las esferas de maná chocaron, provocando una explosión de energía que iluminó el callejón con una luz cegadora.El resplandor era tan intenso que momentáneamente borró las sombras, revelando la cruda realidad del enfrentamiento.

Bernardo sintió cómo su vitalidad se desvanecía, y su corazón, ya calcificado, se desgarraba, provocándole un dolor casi insoportable que parecía atravesar su pecho como dagas ardientes.Cada latido resonaba como un rugido atronador que se repetia una y otra vez en su mente, recordándole lo que estaba en juego.

El eco de losgolpesresonaba en el aire, unasinfonía de caosalimentada por el odio y la desesperación. Lavoz desconocidaseguíadivirtiéndosecon el sufrimiento deBernardo, como si disfrutara de su agonía, como si sudolorfuera unacomediamacabra.Bernardo, con cada respiración, sentía cómo sucuerpose desmoronaba bajo el peso de la batalla, pero suvoluntadseguía ardiendo con unfuego inextinguible. Lavitalidadque se desvanecía solo le daba más fuerza para seguir adelante; latensiónen su pecho, el dolorcasi insoportable, era solo una parte de lo que le impulsaba a continuar, un recordatorio brutal de lo que su vida había sido y de lo que aún podía llegar a ser.

Laexplosióndeenergíaera tanviolentaque lassombrasse disiparon momentáneamente, como si elmundomismo estuviera observando labatallaentre los hermanos. La luz cegadora reveló, aunque por un instante fugaz, lacruda realidaddel enfrentamiento:BernardoyPetereran más que dosguerrerosluchando porsupervivir. Eranreflejos distorsionadosde sí mismos, enfrentándose no solo en el campo de batalla, sino también en lasprofundidadesde sus propiasalmas.

CadalatidodeBernardoera como unrugido atronadordentro de sumente. El dolor no solo recorría su cuerpo, sino que segrababaen supsique, recordándole que lamuerteya estaba tan cerca, tanreal. Pero esa cercanía no era suficiente paradetenerlo. El dolor, el sufrimiento,alimentabansufuerza.Cada latidoque desgarraba supechole daba una razón más para seguir luchando.

No te detengas ahora, Bernardo—la voz seguía, burlona, como uneco lejanoque lo empujaba a seguir adelante, a ignorar loslímitesde su propio cuerpo. PeroBernardono se dejaba llevar por lavozni por el dolor. Había algo más profundo, másoscuro, que lo mantenía de pie. Algo que sedespertóen su interior con el primer destello deluz.

Laexplosióndemanádejó el aire cargado detensión.Peter, aunque todavía en pie, estaba claramente afectado por el poder de su hermano. PeroBernardo, aunqueheridoy al borde del colapso, sentía cómo elmanáfluía a través de él, como si elmundole estuvieraofreciendosu últimoaliento.

Elcalordel maná lo envolvía con unasensación cálidaque contrastaba con el fríovacíoque sentía en su pecho. Pero esacalidezera más que física. Era lapromesade que, incluso en susúltimos momentos, aún podíavengartodo lo perdido, redimir lo que había sido arrancado de él.Peter, su hermano, podía ser el obstáculo, pero no era más que unaparte de su historia, unapiedra en el caminoque debía sersuperadapara alcanzar lo que le correspondía.

Lo lograré...—murmuróBernardo, apenas audible, pero cargado de unaintensidadque parecía desafiar toda lógica. Losvientosde la tormenta que se desataba alrededor de él comenzaban aceder, y undestello finaldeluzlo rodeó mientras la batalla llegaba a suclímax.

Pero aun así, se negó a morir de esta manera.

El odio deBernardohacia supadreera una llama que loconsumíapor dentro, quemándolo con una intensidad que no podía apagar. Cada recuerdo de esatraición, de cómo había sidoutilizadocomo un simplesacrificiopara fortalecer a su hermano, lo hacía arder en un fuego incontrolable. Cadalatidode su corazón, cadarespiración, parecía marcar el peso de esatraición, un dolor que se grababa en su ser,más allá de lo físico.

El rostro de supadre, con su expresiónvacíay su constante intento deconsuelo, se presentaba en su mente una y otra vez, como un espectro imposible deescapar.Bernardosentía cómo ese hombre, el mismo que le habíadado la vida, lo había convertido en unapieza de sacrificio, unamera herramientapara su hermano.

Peter,el hijo menor, había sido elfavorecido, mientrasBernardose desangraba,roto, víctima de un planinsidiosoque había sido forjado mucho antes de su nacimiento. Y laimagende ese hombre,sumisoante las circunstancias, aceptando que su hijo mayor fueraentregadocomo unaofrendapara alimentar el poder de su hermano, era algo queBernardono podía perdonar. Cada miradacompasivaera un recordatorio de lamentiraque había sido su vida, un recordatorio de quenuncahabía sidoamadopor quien debía protegerlo. El dolor deBernardono solo venía del sacrificio, sino deverlocada día, y cada día era comodesgarrar una heridaabierta que nuncasanaría.

Elascose infiltraba en su mente, unasensaciónque lo devoraba, que lo impulsaba a actuar con una furia ciega hacia supadre. Él no era más que unfantasma, un recordatorio de que el amor en su familia no había existido, de que el sacrificio de su ser no había sido más que unamoneda de cambioen una guerra que nunca pidió librar.

Bernardono iba a ceder ante esamentira, y no dejaría que su destino fuera determinado por los caprichos de aquellos que nunca lo entendieron. Con cada impulso deodio, con cada chispa de esarabia acumulada, se alzabamás fuerte. Mientras su cuerpo colapsaba, el deseo de venganza seguíafirme, como unasombraque lo arrastraba hacia adelante. No moriría de esta manera,nodejaría que esa historia terminara así.

Te odiaré hasta el final—murmuró, su voz profunda y llena deveneno, como si el simple hecho de pronunciarlo pudiera darlefuerzapara continuar. Laluzde la batalla lo envolvía, pero dentro de él, unanoche oscuraseguíacreciendo, alimentada por cada recuerdo y cada doloroso suspiro de su existencia.Bernardono tenía miedo. Lo que temía era morir sin habervengadolo que le había sido arrebatado.

ElresentimientodeBernardose desbordaba con cada pensamiento que cruzaba su mente.La ideade terminar su vida comoun sacrificiomás, uninstrumentodescartable en laluchapor más poder, lodesgarrabapor dentro.La rabialo consumía, un fuego incontrolable que loempujabaa actuar, alucharcon una fuerza nacida del mismodesprecioque sentía por supadre.

Este hombre, que le habíadado la vida, no era supadre. Eraun traidor, unmonstruoque había vendido a su propiohijopara alcanzar susambiciones.Peter, su hermano, era solo unapieza másen un juego queBernardonunca aceptó. Pero él,Bernardo, no había sido más que un peón, unaherramientadesechable parafortalecera un hijo cuya vida nunca había sido más valiosa que lasangrede los sacrificios.

Latraiciónno era un simple acto de deslealtad; era unaherida profundaque atravesaba su alma. Un dolorincurableque no podía ignorar, y que solo se volvía másinsufriblecon cada recuerdo.Su padreno solo lo había entregado por poder, sino que, además, habíadisfrutadode eseéxito, sintiendo cómo elsacrificiode su propio hijo le daba el derecho deacostarse con la madre de Peter, dedisfrutarde un poder que nuncamereció.

LafuriaqueBernardosentía lo hacía temblar. Cada imagen de su padresonriendo, sintiendo que había logradocontrolarel destino de su hijo, lo llenaba de unascoindescriptible. Elhombreque debería haber sido suprotectorera laraízde su tormento, y latraiciónde este levació el alma, como una herida que no deja de sangrar.

Nunca olvidaré lo que me hiciste, viejo. Nunca.—el susurro deBernardoresonó en su mente, tan oscuro como lafuriaque sentía en su interior. Sabía que el final de esta batallano sería sencillo, pero senegabaa ser otro sacrificio más en una historia dementirasytraiciones. Élnosería la víctima esta vez.Bernardono dejaría que su vida terminara como unasombrade lo que podría haber sido.

El sacrificiode su ser, de suexistencia, no sería en vano.El poderde suiralo alimentaba, y con cadalatidode su corazón, sentía cómo el destino sereescribía. Sufuerzano era solo una cuestión de magia o habilidades; era una cuestión dedignidad, derecuperarlo que le había sido arrebatado.No sería una víctima.

Bernardo no necesitaba cerrar los ojos para ver la escena en su mente.El caosque su madre desató enese lugar, la furia tan pura y devastadora, seimpregnóen su alma como unamarca indeleble.Henry, su padre,desgarrado, su rostro congelado en una expresión dehorrormientras la venganza de su madre se desbordaba con una intensidad que superaba todo límite humano.

Ella había sidoun huracánderabiaydolor, desatada por las mentiras, las traiciones y laspromesas rotas.Bernardohabía sido testigo de laviolenciade su madre, quien se deshizo deHenrycomo si fuera un insecto, sin compasión, sin remordimiento. El hombre que había causado tanto sufrimiento, que habíaperpetradolamentiraque marcó su vida, fue arrancado de este mundo con una brutalidad que solo elodio más puropodía justificar.

Lafuriade su madre no conoció límites. Cada golpe, cadadesgarro, fue un grito mudo contra todo lo que había sufrido.Bernardosintió que su propia alma sequemabamientras veía como su madre sedeshacíade todo lo que representaba el maldito legado que supadrehabía dejado. Pero eso no fue lo más aterrador de la escena.

Lo quecasi hizocon la madre dePeteraún le helaba la sangre. Laincreíblecontención que su madre había tenido al saber queella estaba embarazada. Esaúnicapausa, esafragmentadabrecha de humanidad, había sido lo único que evitó un segundomasacre.Bernardocomprendió en ese instante que, a pesar de toda la violencia que su madre llevaba dentro, el instinto protector hacia unamadre embarazadaera algo más fuerte que su propiavenganza.

Ese impulsoprimitivo, eseinstintotan arraigado en la naturaleza humana, se convertía en el último vestigio de lo que quedaba de humanidad en ella.Aunque ambos compartían el mismo dolor, la misma historia detraición, ella no había sido capaz dedestruira alguien que estabacargandocon una nueva vida. No importaba cuán destrozada estuviera por dentro, había algo en sumaternidadque la mantenía almargende lo irreparable.

Bernardomiró atrás y entendió que ese momento, esadecisiónno solo había marcado a su madre, sino también a él. Había presenciado el poder destructivo dela venganza, pero también lafragilidadde aquellos que, incluso siendofierasde guerra, se ven doblegados por uninstintomucho más fuerte. Y aunque esa historia devenganzano terminó con su madre,Bernardoahora la veía en unnuevo contexto: eldesgarrador precioque pagaron las mujeres que se vieron atrapadas entreel amory elodio, entre laproteccióny eldesgarro.

El sacrificiono solo había sido suyo.

El recuerdo deHenry, patético ydesgarrado, se incrustó en su mente como unaobra maestra de justicia retorcida. Supadre, aquel hombre que lo había condenado desde su nacimiento, yacíaarrastrándoseen su propia miseria, con lastripas esparcidasen el suelo, sus manos temblorosas intentandosujetarlo que se deslizaba fuera de su abdomen.Suplicaba.Lloraba.Rogaba.

Pero ya era demasiado tarde.

Lasangreformaba un charco denso a su alrededor, un reflejo perfecto de lacorrupcióny latraiciónque lo habían definido en vida. Cadajadeo agonizantede supadreera como unasinfoníade justicia; cadalatido débil, un recordatorio de que el destino esimplacablecon quienes creen poder jugar con la vida de los demás sin consecuencias.

¡No toques a mi esposa! ¡Por favor! ¡Por favor!—había gritado Henry con lavoz ahogadapor la sangre que subía por su garganta. Sus ojos, desorbitados, miraban con desesperación a la mujer que, hasta ese momento, había sido intocable parala furia de su madre.

Bernardo sonrió.

No porque disfrutara de la desesperación de ese hombre —aunque, en cierto modo, lo hacía— sino porqueel cicloal fin se había cerrado.Cada lágrima, cada herida, cada grito sofocado en la oscuridadhabía encontrado su respuesta en esabrutal ejecución.

Y, sin embargo,su madre se detuvo. No porpiedad, no por compasión hacia la mujer que había tomado el lugar que alguna vez le perteneció.Se detuvo porque dentro de ella aún quedaba una chispa de humanidad.

Bernardo dejó escapar una risa amarga, seca, cargada de un odio que nunca se apagaría.

Henry humillado en el suelo, en la mismaposiciónen la que alguna vez quiso mantener a suprimogénito:humillado, vulnerable, roto. Pero la diferencia era clara.

Bernardo se había levantado.

Mientras la energía del maná seguía fluyendo a través de él, Bernardo sintió cómo cada recuerdo doloroso se transformaba en combustible para su lucha.La rabia lo envolvía como una armadura impenetrable; estaba listo para enfrentar no solo a Peter sino también a los demonios de su pasado.No permitiría que el sacrificio fuera en vano; cada golpe y cada lágrima contaban una historia que debía ser escuchada y reconocida.

La energía delmanáno solo fluía dentro de él, sino que ardía, vibraba con una intensidad que nunca antes había sentido.Bernardono era solo un combatiente en esta batalla; era un testamento viviente dedolor, traición y venganza.

Cada latido de su corazón deformadollevaba consigo la memoria de su infanciarobada, de las noches interminables donde sucuerpo lisiadoardía con un fuego frío, consumido por la desesperación de haber nacido comoun simple sacrificio. Ahora, ese mismo fuegolo fortalecía, lo reconstruía desde dentro.

Sus ojos, brillando con un resplandorsobrenatural, se fijaron enPeter, su medio hermano, el hijofavorecido.El legítimo. El protegido. El hijo por el que fue entregado.

No.

No volvería a seruna ofrenda.No volvería a inclinar la cabeza.

¡Peter!—rugió con un tono que hizo vibrar el aire—.¡Te enseñaré lo que significa cargar con un destino maldito!

La esfera demaná blancoen su manose expandiócomo un sol naciente, iluminando su figura con un resplandorabrasador, cargado de toda la furia contenida en su alma.

Peterapretó los dientes, sintiendo la presión del poder de Bernardoasfixiar el espacio a su alrededor. Su propia esfera de maná tembló ante la intensidad creciente de su hermano.Por primera vez en su vida, sintió que estaba en desventaja.

Pero Bernardono lo dejaría escapar.

No hoy. No jamás.

Mientrassu madrelo miraba con aquellasonrisa de suficiencia, él sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era una simple expresión de confianza, no... era algo más profundo, más retorcido.Un desprecio absolutono solo por su adversario, sino por todo lo que representaba.Su mirada escudriñaba la escena con un juicio cruel, como si estuviera presenciando algo repulsivo que apenas merecía su atención.

A diferencia de ti, ella y toda sumiserable familiano atacaron aniños... y mucho menos a uno queaún está en el inmundo vientre de su madre.

Maríaescupió las palabras con veneno, sin apartar la vista de lamujer en el suelo, queparecía encogerse ante su presencia.Ojos desorbitados, labios temblorosos, la piel perlada de sudor frío.Su respiración era errática, apenas lograba articular palabra.La cruda realidad se desplomaba sobre ella, estrangulándola en su propio miedo.Sabía lo que venía.

El aire se volvió denso.El ambiente cargado de tensión y peligro era sofocante.El temblor en las manos de la mujerla delataba; quería moverse, quería hacer algo... pero el terror la tenía atrapada.María la miraba como un depredador que saborea el miedo de su presa antes de acabar con ella.

¿Y qué harás ahora?—su voz sonó con un retorcido tono de burla—.¿Suplicar? ¿Llorar? ¿Decirme que tienes miedo?

Cada palabra eraun puñal clavado en la dignidad de la mujer, que apenas pudo apartar la vista. PeroMaría no estaba dispuesta a permitirle el lujo de desviar la mirada.

No, no... Mírame. Mírame y dime si vale la pena rogar por tu vida.

El suelo estaba manchado de sangre, pero aún no la suya.

La sangre aún goteaba de sus dedoscuandola madre de Bernardotomóel frágil rostro de la mujer entre sus manos.La piel temblorosa bajo su tactole pareció un recordatorio delicioso de lo fácil que sería aplastarla como a un insecto.El miedo en los ojos de su víctimaera un reflejo perfecto del poder que ostentaba en ese momento.

Laexpresión de la mujer era un torbellino de emociones, un desesperado intento por aferrarse a la esperanza mientras el pánico la dominaba.Las lágrimas amenazaban con derramarse, pero ella sabía que sollozar solo haría que su verdugo disfrutara más de la situación.

La madre de Bernardo inclinó la cabeza con una sonrisa serena y cruel, una mezcla de compasión falsa y amenaza latente.El filo de su voz cortó el airecon una dulzura peligrosa:

Agradece a tu hijo que tu rostro siga intacto.

Cada palabra cayó como una sentencia.La mujer sollozó entre dientes, reteniendo un grito de horror, pero su captora la sostuvo con más fuerza, asegurándose de que no pudiera apartar la mirada.

Porque recuerda...—continuó, su tono tornándose un susurro helado, cargado de una malicia inquebrantable—en el momento en que mi hijo sea sacrificado... tú y él morirán de la forma más brutal que se me pueda imaginar.

El terror puro estalló en los ojos de la mujer, quieninconscientemente llevó las manos a su vientre, protegiendo lavida que crecía en su interior.Pero no había escapatoria.No había negociación posible.

La madre de Bernardo le ofreció una última sonrisaantes de soltarle el rostro bruscamente, como si el contacto con su piel la repugnara.El eco de su advertencia quedó suspendido en el aire, sofocante, ineludible.

La atmósfera se volvió asfixiante, como si el aire se hubiera vuelto denso y opresivo, cargado de un peso invisible que presionaba contra el pecho de la mujer.Cada palabra de la madre de Bernardo era un puñal frío que se clavaba más hondo en su carne, en su mente, en su alma.

No solo torturaré tu forma física...—su voz descendió a un susurro venenoso, envolviendo a su víctima con su amenaza—tu alma será encarcelada hasta el final de mis días.

El rostro de la mujer palideció aún más, su respiración se tornó errática.No era solo una amenaza de muerte,era una condena eterna, una promesa que se extendería más allá de la carne, más allá del sufrimiento humano.Un horror más allá de la comprensión.

La madre de Bernardo sonrió entonces, un gesto que no tenía nada de calidez.Sus labios se curvaron con una burla cruel, un eco de desprecio puro hacia la mujer que temblaba ante ella.

Así que sé feliz, querida—dijo, su tono burlón impregnado de una ironía venenosa—,el día de hoy te has hecho enemiga de una madre que sabe que no puede hacer mucho.

La ironía de sus palabras era un filo doble que cortaba tanto a su enemiga como a sí misma.Sabía que, atrapada en este juego macabro, su capacidad de actuar estaba limitada...pero no por siempre.

Los ojos de la mujer, cargados de miedo, buscaron una salida, una esperanza que no existía.Pero la mirada que la sostenía era la de una madre desesperada, una madre que había perdido demasiado, y una madre que estaba dispuesta a arrastrar a todos al abismo con ella si era necesario.

Bernardo suspiró, dejando que el recuerdo se asentara en su mente como una brasa ardiente.Era, irónicamente,uno de sus mejores recuerdos, una mezcla deorgullo y tristeza, un fragmento del pasado donde su madre,como una leona furiosa, había dejado claro que no habría piedad para quienes amenazaran a su hijo.

Pero también sabía la verdad oculta tras esa rabia.La desesperación.La inevitabilidad.

No importaba cuánto rugiera, no importaba cuánto amenazara.El destino ya estaba escrito en sangre.

Bernardo lo entendía.Siempre lo había entendido.

Sabía quePeter y su futuro hermano menor estarían protegidos. Larama principal de la familia Q'illuse encargaría de ellos, asegurándose de que su linaje permaneciera intocable.Pero el resto...

El resto eran simples piezas de un juego cruel.

Los colateralessiemprehabían sido prescindibles. Siempre lo habían sido en esa familia.Y él lo entendía mejor que nadie.

Bernardo lo sabía.Si él moría esa noche,no solo la sangre de su padre empaparía la tierra, sino que toda la rama colateral pagaría el precio.No quedarían cuerpos enteros, no habría sepulcros ni tumbas.Solopedazos esparcidos, vísceras destrozadas y huesos pulverizados bajo la furia de quienes aún le eran leales a su madre.

Y eso no sería lo peor.

Los cuerposnoserían dejados a la naturaleza ni al olvido.Serían arrojados a las bestias, no para ser devorados al instante, sinopara ser profanados, mutilados y convertidos en carne irreconocible, hasta que lo que antes fueron personasse redujera a meros despojos, a restos sin identidad ni dignidad.

Esa era la profundidad de la locura en la que su madre se hundía.Esa era la furia de una mujer que sabía que, contra la familia principal, no tenía poder suficiente para reclamar justicia...

Pero sí tenía suficiente odio paradejar una cicatriz imborrable en la tierra.

Peter sintió un escalofrío recorrer su espalda.La llama blancaque envolvía el cuerpo de Bernardono solo era intensa, era algo primitivo, abrumador, un fuego que no solo destruía, sino que devoraba todo lo que tocaba.

El callejón tembló.Las paredes ennegrecidas crujieron y se resquebrajaron, el suelo se partió bajo la presión del maná condensado en aquella luz incandescente.El aire se volvió irrespirable, cargado de energía pura y asesina.

Peter apretó los dientes, sintiendo cómo la presión sobre su cuerpo aumentaba.Era como si la gravedad misma estuviera intentando aplastarlo.No podía negar lo evidente: su hermano mayor estaba alcanzando un nivel que jamás había imaginado.Pero no podía permitirse retroceder.

¡Tch...!—Peter frunció el ceño, llevando su propia energía al límite.Si su hermano iba a pelear con todo, él también lo haría.

Bernardo, por su parte, no apartó la vista de su hermano.La rabia aún ardía en su interior, pero ahora estaba fría, afilada.No iba a ser un sacrificio. No iba a ser un desperdicio.Si iba a morir... entonces dejaría algo en este mundo.Algo queni su padre, ni la maldita familia Q'illu, ni nadie podría ignorar.

Con una determinación renovada, Bernardo se agachó.Su mano sangrante tocó el piso, y las gotas de esencia roja comenzaron a viajar por todo su cuerpo, alimentando la llama que ardía en su interior como un fuego sagrado.Cada gota era un recordatorio de su sufrimiento, pero también un símbolo de su resistencia.La sangre, que había sido una fuente de dolor, ahora se convertía en poder.

—¡No seré solo un sacrificio! —gritó con todas sus fuerzas, sintiendo cómo la energía crecía dentro de él, desafiando el dolor y la desesperación que lo habían perseguido durante tanto tiempo.Su voz resonó en el callejón, un eco de desafío que retumbaba en las paredes y llegaba a los oídos de su hermano.

Peter sintió un escalofrío al escuchar aquellas palabras.No era solo un grito de rabia, era un rugido de alguien que se negaba a desaparecer.

La sangre de Bernardocontinuó expandiéndose por su cuerpo, fusionándose con el maná que ardía a su alrededor.La llama blanca brilló con más intensidad, pero ahora tenía un matiz carmesí, como si su propia esencia se estuviera mezclando con el fuego destructivo.El suelo bajo él se resquebrajó aún más, incapaz de soportar la presión de su energía.

Peter entrecerró los ojos.El aire se sentía espeso, pesado, como si estuviera siendo absorbido por la fuerza arrolladora que Bernardo estaba desatando.

Entonces, demuéstramelo...—respondió Peter, su tono calmado, pero con la firmeza de alguien que no retrocedería.

El maná comenzó a girar a su alrededor como un torbellino imparable.Sus propios poderes respondieron al desafío de su hermano, vibrando con un tono más oscuro y denso.No era solo un enfrentamiento de habilidades; era un choque de voluntades, de pasados manchados por el mismo dolor y la misma traición.

Las llamas de Bernardo rugieron, y en ese instante,el verdadero combate comenzó.

La atmósfera se cargó de electricidad mientras la llama blanca se intensificaba, iluminando el callejón con un brillo casi celestial.Era como si el mismo cielo respondiera a su llamado, llenando el aire con una energía palpable que hacía vibrar el suelo bajo sus pies.Peter retrocedió, sintiendo el poder creciente de su hermano; la sorpresa y el temor se mezclaban en su mirada.

El aire se volvió denso y espeso, como si la misma realidad se estuviera curvando alrededor de la furia de Bernardo.La energía era tan intensa que la humedad en el ambiente se condensó, formando gotas de sudor que caían por la frente de Peter.Era como si el mismo maná estuviera dispuesto a devorar todo a su paso, devorarlo a él también.

Peter no podía permitir que la situación lo superara.Su respiración se hizo más pesada, pero su expresión permaneció desafiante, incluso mientras sus pies se hundían en el suelo resquebrajado.El rostro de Bernardo estaba iluminado por el brillo cegador de su propia energía, sus ojos desbordando furia y determinación.Cada movimiento suyo era una explosión de pura potencia, como si el aire mismo se agitara a su alrededor.

¡No vas a ganarme, Bernardo!—exclamó Peter, con la voz más firme que pudo encontrar, pero incluso en sus palabras había un susurro de duda.El brillo blanco de la llama iluminó su rostro con una intensidad que casi lo cegó, mientras él levantaba su mano hacia el cielo, canalizando su propio poder.

El choque entre los dos hermanos no era solo físico; era un choque de destinos entrelazados por la traición, el odio y las decisiones de generaciones pasadas.En ese instante, el callejón parecía volverse un campo de batalla cósmico donde el futuro de ambos hermanos se decidiría en un solo aliento.El suelo se agrietó aún más, y el eco de sus poderes resonó en la distancia, llamando a todas las fuerzas del mundo a presenciar lo que estaba por suceder.

Peter y Bernardo sabían que este no era un combate común.Era la culminación de años de sufrimiento, rabia, y dolor acumulado, destilado en una confrontación que decidiría no solo sus destinos, sino también el de todos los que alguna vez los conocieron.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Peter, su voz temblando ligeramente ante la magnitud del poder que emanaba de Bernardo.Había visto a su hermano luchar antes, pero nunca así; nunca con tal intensidad y determinación.

—Facil, tener mas poder —respondió Bernardo, levantando la vista hacia su hermano con una mirada decidida.Sus ojos brillaban con una intensidad feroz; en ese momento, no era solo un hijo o un hermano, sino un guerrero listo para reclamar su lugar en el mundo.

La tensión en el aire se volvió casi tangible, como una cuerda tensada a punto de romperse. El poder de Bernardo era algo que no solo se podía ver, sino sentir; un zumbido en el aire, un estremecimiento en el suelo, como si la misma tierra temiera lo que estaba por desatarse. Peter dio un paso atrás, su respiración entrecortada, pero su orgullo no le permitió retroceder más.

¿Más poder?— replicó, su voz un susurro desafiante, intentando mantener la compostura a pesar del miedo que comenzaba a invadirlo. Sus ojos se entrecerraron, buscando una debilidad, algo que pudiera utilizar en su favor. Pero no lo había. Bernardo estaba más allá de su alcance, y la tormenta de maná que lo rodeaba era el testamento de su decisión.

Bernardo no respondió de inmediato, no necesitaba palabras. Su mirada fue suficiente; en ella se reflejaba no solo su hambre de poder, sino el deseo de venganza y justicia que ardía en su pecho. Esa llama blanca, ahora más brillante y viva que nunca, giraba a su alrededor como un círculo de condena, creando una atmósfera tan densa que el aire mismo parecía arder.

El sacrificio de mi vida no será en vano.— La declaración de Bernardo fue como un juramento sagrado, sus palabras llenas de la furia de años de dolor y traición. Los recuerdos de su madre, el sufrimiento de su familia, todo lo que había perdido, ahora se transformaba en una fuerza incontrolable.

Peter lo miró, su rostro tenso, reconociendo que esta vez no era solo una pelea entre hermanos; esta era una guerra. El maná de Bernardo no era solo un poder, era una manifestación de todo lo que había sufrido, de todo lo que había soportado en silencio. La diferencia entre ellos no era solo física, sino profundamente emocional, y esa diferencia iba a definir el destino de ambos.

La tierra bajo sus pies comenzó a crujir, como si el mismo universo estuviera observando en silencio.

Si piensas que el poder te hará ganar esto, estás equivocado.— Peter apretó los dientes, sus ojos ardiendo con una determinación que rivalizaba con la de su hermano. Pero sabía que había algo más en juego, algo mucho más grande que su orgullo o su ambición.

La lucha entre ellos se intensificaba; cada golpe y cada habilidad eran un testimonio del conflicto que había estado latente durante tanto tiempo. Era un enfrentamiento no solo físico sino también emocional; cada movimiento estaba cargado de resentimientos pasados y esperanzas futuras. Bernardo estaba listo para enfrentarse a su destino y reclamar momentáneamente su lugar en el mundo. La llama dentro de él ardía más brillante que nunca, simbolizando no solo su lucha por la supervivencia sino también su deseo de ser reconocido como algo más que un simple sacrificio.

El aire se volvió denso, impregnado con el choque de energías que los rodeaban. La vibración del maná era casi insoportable, recorriendo el suelo y las paredes del callejón como una presión constante, como si el mismo espacio entre ellos se retorciera bajo la intensidad de sus poderes.

Cada movimiento de Bernardo era una extensión de su dolor, de su rabia acumulada.El golpe de su puño contra el airehacía que el maná se comprimiera con tal fuerza que las llamas a su alrededor se extendían como serpientes voraces,devorando todo lo que tocaban. Cada vez que la llama blanca se alzaba,el fuego no solo iluminaba el callejón, sino que reflejaba la ira y el sufrimiento que llevaba dentro.Era un testamento de su resistencia, una furia que había nacido de la traición, pero también de la necesidad de ser algo más que una sombra del pasado.

Peter, por su parte, luchaba con la misma intensidad, pero su lucha no solo era externa.El dolor de la relación rota con su hermano, el peso de la familia que los había separado, todo eso lo atormentaba mientras combatía. Cada vez que se encontraba cara a cara con Bernardo, el remordimiento y la incertidumbre de su propia identidad se reflejaban en su mirada.No solo peleaba por vencer a su hermano, sino por resolver una verdad que nunca había tenido el valor de enfrentar.

¿Por qué no entiendes que esto no es solo por el poder?—gritó Bernardo entre dientes, su voz temblando de rabia y frustración, pero también cargada de una triste determinación.El peso del sacrificio de su madre, de todo lo que había perdido, lo había transformado en algo más que un simple combatiente. Era unafuerza arrolladora, dispuesta a destruir todo lo que se interpusiera en su camino.No solo luchaba por venganza, sino por redención, por encontrar un propósito que nunca había tenido la oportunidad de forjar.

Peter se mantuvo firme, pero su respiración se volvió más errática.La tormenta de maná que su hermano desataba parecía tragárselo. Su cuerpo, aunque lleno de poder, comenzaba a ceder a la magnitud de la energía desbordante.El poder de Bernardo era más que palpable.Era una manifestación de su sufrimiento, un sufrimiento que nunca había sido comprendido por él.

Lo que no entiendes, Bernardo, —respondió Peter con voz grave, aunque entrecortada—es que no quiero destruirte. No quiero que esto sea el fin. Pero en su interior, el miedo comenzó a crecer. Sabía que, al final, no podía dejarse llevar por las emociones; si lo hacía, sería su caída.

El choque de fuerzas siguió resonando en el aire.Cada habilidad, cada ataque parecía retumbar como una sinfonía desgarrada, una danza de destrucción y desesperación. No era solo una batalla por la supremacía; era la lucha de dos seres que, aunque unidos por la sangre,habían sido separados por el destino, por las decisiones que tomaron y las cicatrices que nunca sanarían.La llama dentro de Bernardo continuaba creciendo, transformándose en algo incandescente; su deseo de ser reconocido, su lucha por un futuro que no fuera marcado por su destino de sacrificio, lo consumían con una intensidad imparable.

El final de este enfrentamiento podría ser la liberación... o el principio de una tragedia aún mayor.

Con cada segundo que pasaba, la tensión aumentaba; el aire estaba impregnado de la promesa de lo que estaba por venir.Bernardo sabía que este era su momento; no permitiría que nadie decidiera por él cuál sería su destino.

La energía en el aire era densa, casi palpable.El suelo vibraba bajo sus pies, resonando con la fuerza de la batalla que se libraba no solo en el plano físico, sino en el alma de cada uno de los hermanos.El maná flotaba alrededor de ellos, formando espirales de luz y sombraque reflejaban la lucha interna que se desataba.El sudor perlaba las frentes de ambos, mientras la fatiga comenzaba a cobrarles factura, pero ni Peter ni Bernardo se detenían. Cada uno sentía que el fin de esta lucha definiría quién serían, ya no solo como hermanos, sino como individuos.

Bernardo, con los ojos brillando con una intensidad feroz, apretó los dientes, sintiendo cómo su cuerpo respondía a la presión de la batalla.La llama interna que lo alimentaba parecía tomar vida propia, creciendo con cada pensamiento oscuro, con cada recuerdo doloroso.La rabia que sentía se mezclaba con la desesperación, pero también con una fuerza renovada que lo empujaba hacia adelante, como un río desbordado que no podía detenerse.

Esto no va a terminar como tú quieres, Peter—su voz resonó en el aire, cargada con la promesa de una verdad dolorosa. No solo luchaba por sobrevivir, sino por hacer que su hermano comprendiera lo que estaba en juego.El sacrificio ya no era una opción;el sacrificio era lo que había sido, lo que le habían impuesto, pero no lo que él iba a ser.

Peter, con el rostro tenso y los músculos rígidos, sabía que no podía seguir siendo pasivo.Cada palabra de su hermano parecía calar hondo en su ser, haciéndolo dudar por un segundo, pero la lucha interna solo le daba más fuerza para seguir adelante.La energía de su propio maná comenzaba a fusionarse con el miedo y la confusión. En el fondo,sabía que esta lucha no solo era por el poder, sino por algo mucho más grande. Un enfrentamiento de identidad, de todo lo que ambos habían perdido y todo lo que ahora se jugaba en ese mismo momento.

Pero Bernardo no iba a ceder.El fuego ardía dentro de él con tal fuerza que parecía fundir la realidad misma, y, al mismo tiempo, su dolor lo mantenía en pie.No era solo el poder lo que lo mantenía luchando; era el deseo de ser libre, de tomar el control de su propio destino, y deromper con las cadenas invisibles que le habían sido impuestas desde su nacimiento.

Era su momento, y nada, ni siquiera su hermano, iba a detenerlo.

El aire se volvió más denso, cada respiración quemaba sus pulmones como si estuviera inhalando fuego.Las piernas de Bernardo temblaron, pero se negó a caer.Su visión borrosa comenzó a llenarse de destellos oscuros y plateados, como si su mente estuviera tambaleándose entre la realidad y algo mucho más profundo.

La sangre brotaba de sus heridas con mayor intensidad, tiñendo el suelo bajo sus pies con un carmesí cada vez más oscuro.El dolor se transformó en un zumbido lejano, como si su cuerpo estuviera dejando de responderle, pero su mente se aferraba a un solo pensamiento.

Entonces lo sintió.

Fue un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, una vibración en su alma,una fuerza primigenia que despertaba en lo más profundo de su ser.Era la misma sensación que había experimentado cuando sus habilidades innatas despertaron por primera vez, pero esta vez era algo mucho más abrumador.No era solo un despertar, era una transformación.

Esto era lo que había estado esperando.

No tenía miedo.

Sabía que tarde o temprano esto sucedería.

Un temblor sacudió el suelo,el aire alrededor de él pareció desgarrarse, como si la misma realidad estuviera respondiendo a su llamado. Peter dio un paso atrás, con el ceño fruncido, sintiendo la presión creciente que emanaba de su hermano.La batalla aún no había terminado.

Un calor reconfortante lo envolvió, un abrazo invisible que le recordó a aquellos momentos en que su madre lo sostenía entre sus brazos, protegiéndolo del frío y del dolor.Era un consuelo que atravesaba su carne y llegaba hasta su alma, restaurando algo dentro de él que ni siquiera sabía que estaba roto.

Su cuerpo dejó de temblar.

El cansancio, el dolor y la desesperación fueron absorbidos por esa sensación de infinita calidez.Era como si el tiempo mismo se hubiera detenido para permitirle respirar, para darle un instante de claridad en medio del caos.

Su único ojo, antes de un marrón profundo, cambió.

Un resplandor azul platinado emergió de su iris, irradiando una luz antinatural, casi divina.Las sombras se distorsionaron a su alrededor, el espacio pareció fragmentarse en líneas irreales, como un espejo agrietándose en mil pedazos.La realidad se doblegó ante él.

El poder que dormía dentro de su ser finalmente había despertado.

Rango de Habilidad: SSS — Distorsión Espacio-Temporal

Naturalezas:Espacio, Tiempo y Realidad.

El aire vibró con una frecuencia desconocida, como si el mundo mismo reconociera su presencia.El suelo bajo sus pies se onduló como si fuera agua, las paredes del callejón parpadearon entre múltiples versiones de sí mismas, como si existieran en distintos momentos a la vez.

Peter sintió un escalofrío recorrerle la espalda.No era miedo… era instinto puro.

Su hermano ya no era el mismo.

Bernardo ya no era un simple sacrificio.

Era una anomalía.

Un ser que existía más allá de las reglas del tiempo y el espacio.

Descripción

"Con el nacimiento llega la muerte, y con el final de la vida de los portadores, la realidad, el espacio y el tiempo le conceden una última oportunidad."

Aquellos que despiertan esta habilidad no son simples mortales; son elegidos por las fuerzas primordiales que rigen el universo.El tiempo y el espacio se quiebran en su honor, dándoles el poder de desafiar lo inevitable.

El portador puede crear un Dominio Dimensional, un espacio dondela percepción del tiempo se distorsiona, extendiendo unos cuantos segundos casihasta la eternidad. Dentro de esta prisión de infinitos instantes, el portadortiene el control absoluto de la realidad.

El interior del dominio no responde a las reglas del mundo exterior. Es un planodiseñado por la voluntad del usuario, un lugar donde las leyes de la física, la lógica y la causalidad se pliegan ante su presencia.

Dentro de este espacio, el portador puede enfrentarse a seres de rango muy superior al suyo, alterando la realidad a su favor. Sin embargo,hay un límite: solo puede desafiarhasta dos rangos por encima del suyo.

Cada uso de la habilidad consume la esencia del usuario, pues es un don concedidoante la inminencia de su fin.Cada segundo dentro del dominio es un susurro de la muerte acercándose, recordándole que el tiempo que gana es robado, y que eventualmenteel precio será cobrado.

"El destino ya está escrito... pero dentro de su dominio, él es quien decide cuándo termina la historia."

El torrente de información que golpeó la mente de Bernardo era abrumador, pero dentro del caos de datos, hubo un último fragmento que se incrustó en su conciencia como un eco inquebrantable:

"Con el uso de esta habilidad, el espacio tomará todos los lugares que el usuario ha pisado a lo largo de su existencia... la realidad, a su vez, absorberá cada instante en el que su presencia haya sido registrada."

Era una sentencia absoluta, un precio esculpido en las mismas leyes del universo.La distorsión no era solo una habilidad, sino un pacto irrompible con el tiempo y el espacio.

Bernardo sintió su respiración entrecortarse mientras la comprensión lo golpeaba de lleno. No era solo poder…era un intercambio brutal de todo lo que había sido y lo que aún podía ser.

—Si esta es la ley de la equivalencia... —murmuró con una mezcla de asombro y aceptación.

El aire a su alrededor se estremeció, el callejón pareció expandirse y contraerse como un pulmón que respiraba con él.Cada paso que había dado en su vida, cada sombra en la que había permanecido, cada lugar en el que había existido… todo eso ahora formaba parte de la ecuación.

No había marcha atrás.

El asombro era palpable.Peter, los guardias, Thomas y el guardián impuesto por la rama principal de la familia Q'illuquedaron inmóviles, sus ojos reflejando el reflejo del dominio que acababa de materializarse ante ellos.

Un radio de 500 metros había sido reclamado por la realidad de Bernardo.Un firmamento azul profundo se expandía a su alrededor, como si el mundo mismo hubiera sido tragado por un océano etéreo.Matices violáceosdanzaban en su interior, retorciéndose como llamas incorpóreas, mientras quelíneas plateadasatravesaban el espacio como si fueran grietas en el tejido de la existencia.

Peter sintió su piel erizarse.

"Ya estaba sorprendido cuando logró recrear su primera habilidad innata... pero esto..."

Sus ojos se afilaron al fijarse en su hermano mayor, en cómo la energía del dominio vibraba en sincronía con él, respondiendo a su voluntad como si siempre hubiera estado esperando ser despertada.

"¿Cuántas habilidades innatas tienes, hermano?"pensó, su mente tambaleándose ante la revelación.

Porque esto... esto era yala cuarta habilidad innata de Bernardo.

Y eso no era solo inusual.

Era imposible.

Thomas, que observaba desde el cerco de guardias, compartía la misma incredulidad.

"Se suponía que Bernardo era un lisiado... Alguien sin habilidades innatas o adquiridas..."

Esa había sido la verdad absoluta durante años. Una verdad que ahora se hacía añicos frente a sus ojos.

Sin embargo, cuando sus pensamientos se asentaron, una molestia latente lo golpeó con fuerza.Recordó el puñetazo que había recibido de Bernardo.Recordó el ardor en su mejilla, la fuerza detrás de aquel golpe que en su momento había considerado pura brutalidad...

"¿Acaso fui un idiota olvidadizo?"

Era como si cada una de sus ideas sobre Bernardo estuviera equivocada, como si todo lo que creía saber se estuviera desmoronando en un solo instante.

Las habilidades innatas siempre habían sido una bendición codiciada.Mientras que las habilidades adquiridas requeríanmateriales raros, procedimientos costosos y una compatibilidad excepcional, las innatas simplementenacían con el usuario, evolucionando con él como parte de su esencia misma.

Lo natural seguía superando lo artificial.

Thomas lo sabía muy bien.Su propia habilidad adquirida, el control de agua, era apenas de rango D en el mejor de los casos.Un poder limitado, con reglas estrictas y un alcance mediocre.

Pero Bernardo...Bernardo era una anomalía.

No solo poseía habilidades innatas de rango superior, sino que ahoratenía dos habilidades que superaban el mismísimo rango "S".

"Esto es ridículo..."pensó Thomas, sintiendo una mezcla de celos y asombro.

Si antes había creído que Bernardo era un simple lisiado sin futuro, ahora la realidad lo golpeaba como una ola imparable:no solo era poderoso, sino que había estado ocultando su verdadero potencial todo este tiempo.

—¡Señor, no se acerque! ¡Ese territorio es demasiado peligroso!

Un guardia empujó bruscamente a Thomas fuera del rango del dominio, su rostro tenso por la incertidumbre.

—¿Qué hacemos?—preguntó otro, su voz traicionando el nerviosismo que recorría el grupo como un veneno invisible.

—No lo sé...—admitió el de mayor rango, su mandíbula apretada.—Nunca imaginamos que este supuesto lisiado tuviera tantas habilidades, y menos aún que fueran de tal calibre. Pero en su estado... esto solo es su último intento de llevarse al hijo de la madam.

El silencio cayó sobre los guardias. No era miedo lo que los paralizaba,era la certeza de que algo estaba fuera de su control.

No les importaba Peter.Ese mocoso imbécil podía morirse en cualquier momento y no perderían el sueño por ello.

Lo único que importaba eran las órdenes.

Y sus órdenes eran claras:protegerlo y ayudarlo a cazar al lisiado hijo de Henry.

Pero ahora...ahora estaban atrapados en un escenario que jamás imaginaron.

Si Peter era asesinado, no solo ellos morirían... sino que toda su línea familiar sería exterminada sin dejar rastro.

Así de rencorosa erala perra madre de Peter.

Ningún error sería perdonado.Ningún fracaso sería olvidado.

Justo en ese momento, una voz resonó en el aire, fría y autoritaria.

Los guardias y Thomas se giraron al unísono, sus cuerpos tensándose instintivamente mientras buscaban al dueño de aquella voz.La presencia que irradiaba era sofocante, como si su mera existencia impusiera un peso sobre ellos.

Un guardia, con la garganta seca, logró balbucear:

—S-Señor, ¿usted es…?

El hombre dio un paso al frente, su figura envuelta en una serenidad inquietante.No tenía prisa, porque sabía que el tiempo estaba de su lado.

—Soy Patrick Q'illu.

El silencio se tornó más denso.Ese nombre era suficiente para hacer que la sangre de los presentes se enfriara.

—El designado por la rama principal para supervisar la cacería de Peter.

Su mirada recorrió a los guardias como si analizara piezas en un tablero de ajedrez.Sin emoción. Sin duda.

—Será mejor que solo los más fuertes de ustedes entren a ese dominio.

Y los demás… simplemente acepten su insignificancia.

Los murmullos de los guardias se intensificaron mientras sus miradas se clavaban en el dominio que envolvía a Peter y Bernardo.Desde el exterior, solo podían ver sombras distorsionadas, figuras que se desdibujaban como si la realidad misma se estuviera fragmentando dentro de aquella prisión dimensional.

S-Señor… este es… el mítico dominio espiritual…—murmuró un guardia, con el sudor resbalando por su frente. Su voz era apenas un susurro tembloroso—.El dominio que solo aquellos despiertos del más alto rango logran manifestar al comprender su sed de sangre… y las leyes centrales de sus naturalezas de maná.

Un silencio se apoderó del grupo.

Patrick Q'illu entrecerró los ojos.No había duda de que el dominio de Bernardo era anormal, pero…

—No —sentenció Patrick con frialdad, interrumpiendo el caos de suposiciones—.No es esa habilidad.

Los guardias se miraron entre sí, confundidos.

—¿Qué quiere decir, señor?

Patrick resopló, cruzándose de brazos.Su mirada transmitía desdén absoluto.

—Si unno despiertocomo él hubiese conseguidodespertar un dominio espiritual, ¿qué me convertiría eso a mí?

El tono de su voz dejó claro su desprecio por la idea.

Soy un despierto de rango B de la Capa Número 8.¿Me estás diciendo que un lisiado, un paria sin talento, ha obtenido algo que ni siquiera muchos despiertos de élite han logrado?

Su mirada recorrió a los presentes como si acabara de escuchar la estupidez más grande de sus vidas.

Si eso fuera cierto, entonces todos nosotros no seríamos más que insectos a su lado.

Los guardias tragaron saliva.La idea de que Bernardo pudiera haber alcanzado un poder semejante era absurda…

Pero entonces,¿qué demonios estaba pasando dentro de ese dominio?

Ese niño, el sacrificio, a despertado una habilidad de alto rango en su lecho de muerte, es una espada de doble filo y parece que es consiente de eso, por ello no duda en usar esta habilidad, penso Patrick.

La atmósfera se tensó aún más mientras el enviado de la familia observaba el dominio desde lejos, con una risa que rompió la quietud como un trueno en medio de la tormenta.Su carcajada resonó en el aire,un sonido tan descarado y desbordante que parecía burlarse de todo lo que había sucedido hasta ese momento.Una lágrima brilló en sus ojos mientras se limpiaba la comisura de su rostro con una mano,como si el espectáculo ante sus ojos fuera una broma cósmica.

Thomas, confundido y algo perturbado por el comportamiento del enviado, no pudo evitar formular su pregunta con cautela,su tono tan lleno de respeto como de curiosidad.

Señor, ¿qué es lo que pasa?

El enviado, aún riendo, desvió su mirada hacia Thomas y luego, como si al fin se percatara de su presencia, le dirigió una mirada cargada de una mezcla de desprecio y diversión.

Hmmm...—murmuró, antes de lanzarle una mirada al dominio donde Bernardo y Peter continuaban sumidos en su enfrentamiento.

Finalmente,se aclaró la voz con un tono lleno de morbo y conocimiento,como si estuviera revelando un secreto que pocos entendían.

Es sencillo.

Los guardias y Thomas se acercaron un poco más, esperando la revelación de la verdad detrás de todo este caos. El enviado, ahora mucho más serio, les brindó la explicación que había estado guardando.

Bernardo está usando su habilidad innata para controlar el tiempo, el espacio y la realidad.

El aire pareció volverse más denso al instante.Las palabras del enviado colisionaron con la realidad de los presentes como un rayo a plena luz del día.¿Bernardo, ese chico que todos pensaban estaba al borde de la muerte,estaba utilizando una habilidad de esa magnitud?¿Una habilidad que le permitía manejar los pilares mismos de la existencia?

Pero… ¿eso no es... imposible?—preguntó uno de los guardias, con incredulidad pintada en su rostro.

El enviado soltó una risa fría, pero con una intensidad peligrosa.

"Imposible" es un término que no existe en el mundo de los poderosos.—dijo, con una sonrisa venenosa expandiéndose en su rostro—.Este niño ha despertado un poder que debería haber permanecido sellado. El "sacrificio" que todos creyeron que sería solo carne para el altar de la familia...

Una pausa cargada de significado.

Ahora es una espada de doble filo.—el enviado rió nuevamente, de manera más maliciosa—.Y está más consciente de ello que nunca.

El peso de sus palabras aterrizó como una sentencia inquebrantable.Bernardo había despertado algo más que su furia; había desatado las cadenas del tiempo, del espacio, y de la realidad misma.Con este poder, ¿quién podría detenerlo ahora?

El enviado extendió su brazo, señalando hacia el epicentro del dominio, donde la lucha entrePeter y Bernardoalcanzaba nuevas alturas de brutalidad y complejidad. El aire alrededor de ellos parecía vibrar, distorsionándose a medida que las realidades se superponían y se retorcían.El dominio que Bernardo había invocadono solo era un campo de batalla físico, sino un campo donde el tiempo, el espacio y la realidad se entrelazaban de manera incontrolable.

¿Puedes verlo desde aquí?—preguntó el enviado, mientras su mirada se mantenía fija en el dominio, claramente encantado por el espectáculo que se desarrollaba.

Peter y Bernardo, en medio de su feroz confrontación, no solo luchaban consu fuerza física, sino que se encontraban enfrentándose en múltiples planos simultáneamente: pasado, presente y futuro. Los ataques que se cruzaban entre ellos no solo alteraban el espacio alrededor, sino que las consecuencias de sus movimientos afectaban el curso de los eventos en todos los tiempos posibles.Cada golpe parecía haber sido lanzado hace años, pero también proyectado a un futuro aún incierto.

Elenviado soltó una risa desbordante, casi eufórica, mientras observaba la lucha.

¡Jajajajajaja! Esto es magnifico.—su voz se llenó de emoción, como si lo que veía fuera un espectáculo glorioso—.Este sacrificio hará que nuestra familia resurja.

El tono de su risa se volvió más siniestro, casi desquiciado, mientras miraba con una mezcla de asombro y satisfacción.

Sacrificar a un amado por el mundo...—murmuró, su risa convirtiéndose en una mezcla de deleite y locura—.Jajajajaja, bien hecho, emperador humano, realmente le has hecho un favor a mi familia.

Elenviado cerró los ojos por un momento, como si disfrutara de la ironíadetrás de la situación, y luego continuó, con una sonrisa que parecía expandirse hasta alcanzar su rostro completo.

Sino fuera por tu miedo hacia Bernardo, y hacia su ilimitado potencial, mi familia no tendría esta oportunidad de ser mejor.

Sus palabras eran como una amarga bendición.Para él, lo que ocurría no era solo una lucha entre hermanos o una lucha por la supervivencia,era un sacrificio que conduciría a su familia hacia un nuevo comienzo.Bernardo, al estar dispuesto a sacrificarlo todo, se había convertido, sin saberlo, en el catalizador para el ascenso de los Q'illu.

El enviadose inclinó ligeramente, su rostro reflejando una admiración macabra.

Te lo agradezco, emperador humano. Eres el mayor benefactor de mi familia.

Mientras observaba la distorsión, la batalla se intensificaba más allá de cualquier medida, y el dominio parecía expandirse.Nada, ni siquiera el tiempo o el espacio, era capaz de limitar el poder que Bernardo estaba desatando.Pero,mientras el enviado se regocijaba en su destino, una sombra se cernía sobre todos ellos. Lo que estaba en juego podría desbordar todas sus expectativas, dejando atrás un rastro de destrucción.

Elenviadosoltó una carcajada estruendosa, un sonido tan fuerte que resonó en los oídos de todos los presentes.Sus ojos brillaban de entusiasmo, como si la escena frente a él fuera un espectáculo que lo cautivaba profundamente. Sin embargo, las miradas que le devolvían no eran de admiración, sino de incredulidad, como si intentaran comprender qué lo había llevado a reírse de una manera tan desquiciada en medio de tal caos.

Thomas, viendo aBernardoen el centro del dominio,sentía una mezcla de asombro y confusión. Era imposible para él procesar la magnitud de lo que veía.Bernardo, el lisiado,el imbecil que siempre había sido despreciado y golpeado,el débil que todos subestimaban, estaba ahora demostrando un poder que desbordaba todas las expectativas. Y lo peor era queel propio emperador humano, el ser despierto de mayor rango, había tomado medidas drásticas para mantenerlo a raya,por miedo a su potencial.

Ese imbecil que tanto degradé y golpeé…—pensó Thomas, su mente tratando de entender la realidad que se estaba desplegando ante él—.¿Es tan importante que el emperador haya hecho un movimiento para lisiarlo por miedo a su poder?

Un monstruo. Esa palabra resonó en su cabeza mientras observaba aBernardo. Inclusosiendo un lisiado,a punto de morir,Bernardo era capaz de hacer esto. ¿Qué haría en plena capacidad? La idea lo aterraba. El monstruo que habían subestimado era ahora la amenaza más grande de todos. El poder deBernardoparecía invencible, yThomas se sentía pequeño e impotenteante esa realidad.

En su pecho creció una furia, pero también una admiración aterradora.¿Cómo podía alguien que parecía tan débilllegar a poseer semejante fuerza?El miedo lo invadió por completo, y fue entonces cuando su mente se detuvo en un solo pensamiento.

Vamos, Peter...—musitó, su voz cargada de desesperación, casi como si supiera que no había vuelta atrás.Que Peter lo termine. Era lo único que quedaba por hacer. No había otra salida.El sacrificio de Bernardo debía cumplirse.

La lucha debía terminar, yPeterera el único que podía hacerlo.El joven parecía ser la última esperanzade que todo no se desmoronara.

Acaba con este amado por el mundo que ha caído en desgracia...—ordenó, mirando fijamente a su subordinado, mientras sentía que todo lo que había creído sobre el poder se venía abajo ante sus ojos.El destino de todos ellos dependía de ese joven, de su capacidad para acabar con alguien que parecía estar más allá de la comprensión humana.

En ese instante, el dominio que rodeaba aPeter y Bernardoera más que una simple pelea. Era una batalla por el control de la realidad misma. Peromientras Thomas miraba la lucha, sabía que las decisiones que tomaran ahora determinarían el curso de todo.¿Podría Peter acabar con su hermano?¿O serían ellos mismos los que se verían arrastrados por el poder incontrolable de Bernardo?

El impacto de los puños de ambos hermanosresonó con unestrépito ensordecedorque parecía atravesar el espacio mismo, como si el universo temiera ceder ante la furia desatada.Bernardo, con su respiración agitada pero controlada, se apartó rápidamente, sus movimientos cargados de una determinación feroz.El campo de batalla estaba teñido de la tensión palpableentre la vida y la muerte, entre el pasado, el presente y el futuro.Con un giro, su boca se abrió, y en un suspiro,una esfera azulcomenzó a formarse con una intensidad cegadora. Laesfera brillabacon una energía que parecía desafiar las leyes naturales.

Sin previo aviso,Bernardo disparó la esfera,un proyectilcargado con la esencia misma del tiempo, un arma letal para quien se atreviera a enfrentarse a ella.

Peter, decidido a no dejarse atrapar por el ataque, comenzó a moverse.En un destello de luz, su cuerpo se fragmentó enpartículas de pura energía, acelerando su velocidad al25% de la velocidad de la luz. Un resplandor cegador lo envolvía mientras se deslizaba a través del espacio, con la esperanza de esquivar el proyectil que venía hacia él.

Pero,aunque la velocidad de la luz era considerada la máxima en el universo,en ese instante, no fue suficiente. En una fracción de segundo,Peter vio cómo la esfera de Bernardolo alcanzaba, undestello azulque se movía con una velocidad que parecía romper las leyes mismas de la física. La esfera rozó supie derecho, y con el contacto,el tiempo mismo comenzó a desgastarlo.El ataque de Bernardo no era solo una explosión de energía, sino una distorsión del mismo tiempo.

Eldolor comenzó a expandirse por todo su cuerpo, pero lo peor no era el dolor físico, sino lacorrosión del tiempoque lo estaba devorando. Laherida en su pie se expandía, y lo que en principio parecía un simple rasguño pronto se convirtió en undesgaste irreversible, como si el propio tiempoestuviera reclamando su parte de la existencia de Peter.

Esta habilidad...—dijo Peter entre dientes, con ungrito sofocado de asombro y horrormientras observaba cómo lacorrosión temporalse extendía por su cuerpo.

Sí, exacto...—respondiò Bernardo, con una voz llena de gravedad, sus ojos brillando con la intensidad de su poder. —Es distorsión temporal.

Ladistorsión temporalno solo afectaba elpresente, sino que también alterabael flujo mismo de la existencia.

Nada puede superar la corrosión del tiempo—continuó Bernardo, su voz fría y distante, casi como si estuviera narrando un hecho inevitable. —Puedes vivir mil años, pero el tiempo es absoluto e infinito. No hay escape de su influencia.

Peter trató de moverse, de reaccionar, pero lacorrosión del tiempolo envolvía cada vez más.La sensación de estar siendo absorbido por la misma esencia del tiempoera aterradora.La distorsión no solo afectaba su cuerpo, sino que también comenzaba a distorsionar supercepción. Cada segundo que pasaba,el futuro y el pasado parecían desmoronarse a su alrededor, desintegrándose como polvo cósmico.

La lucha ya no era solo una batalla física. Era una batalla con el mismo concepto de la realidad, una guerra entre el poder de un hermano quehabía trascendido lo que se consideraba posible, y otro queno estaba preparado para enfrentar esa magnitud.

Bernardo abrió su boca, y en un abrir y cerrar de ojos,múltiples esferas azulescomenzaron a formarse,flotando en el airecomo orbes de poder y destino. Su mirada estaba fija enPeter, cuyo rostro mostraba una mezcla de incredulidad y desesperación.

Espero que te guste nadar...—dijo Bernardo, una sonrisaretorcidajugando en sus labios. —Porque las aguas del río del tiempo son eternas.

La amenaza era clara, y el tono de su vozfrío como el acero, pero cargado de unaoscuridad palpableque parecía retumbar en el aire.

Peter, desesperado, intentó reaccionar.Con una rapidez sobrehumana,cortó su piernapor debajo de la rodilla, eldolor intensole atravesó el cuerpo, pero era elúnico caminopara intentar escapar de la horrenda amenaza de Bernardo. Lapierna cortada cayó al suelo, y lasangre manó a borbotones.

Oh, eso debió doler...—comentó Bernardo, con una calma inquietante, casi disfrutando del sufrimiento de su hermano.

Entonces,sin perder un segundo, lanzó lasesferas de energía azulhaciaPeter. Losproyectiles brillaban con una intensidad ciega, cargados con la potencia suficiente paraalterar el flujo del río del tiempo, tal comoBernardo había advertido. Cada esfera parecía representar lacontinuidad misma del tiempo, una presencia inquebrantable, inevitable, que no perdonaba.

Peter, en un intento desesperado de esquivar, se lanzó hacia adelante,su velocidad aún era impresionante, pero elrío del tiempo no podía ser eludido. Las esferas lo alcanzaron,impactándolo de llenoydestrozando su defensa. Cada explosión que producía la esfera no solo lodesintegraba en el espacio físico, sino que tambiéndistorsionaba su propio tiempo,su percepción del presente y el futuro.

La distorsión lo consumió.El tiempo mismo parecía volverse un enemigoque lo atrapaba, arrastrándolo hacia un abismo del que no había salida. Sucuerpo se retorcía, y sumente se desbordaba con la sensación de ser arrancado de sí mismo, como si estuviera siendoborrado del propio flujo del universo.

Bernardo observabatodo esto con una calma aterradora, su rostro imperturbable.A su alrededor, el campo de batalla era solo un ecode lo que alguna vez fue.La distorsión temporal había alterado toda la escena, creando un caos en el quenada era real.Las esferas azules seguían surgiendo, cada una máspoderosaque la anterior,destinadas a sumergir a Peter en el caos absoluto.

El río del tiempo nunca olvida, hermano.—dijo Bernardo,con una última mirada llena de desdén y determinación.

Elenviado, manteniendo una expresión calculadora y fría,observó con atencióncómo el caos se desarrollaba dentro deldominio temporal. Las sombras distorsionadas dePeteryBernardose movían de una manera extraña, como si estuvieran atrapadas en un bucle, enfrentándose no solo en el presente, sino también en el futuro y el pasado, una imagenpura de confusión temporal.

Yo no puedo intervenir, ya que está prohibido...—la voz del enviado fuelenta y medida,completamente conscientede la magnitud de lo que estaba presenciando.Los ojos de todos los presentes se centraron en él, algunos con incertidumbre, otros conmiedoa lo que pudiera ocurrir. —Solo ustedes pueden hacerlo. Les sugiero que solo los más fuertes vayan. Después de todo, ese dominio es una dimensión diferente a la que estamos actualmente.

Su tono era tranquilo, pero su miradaafirmaba el peso de sus palabras. Habíamiedoyresignaciónen sus ojos. Nadie, ni siquiera él, sabía exactamente qué tanpoderosopodía llegar a ser este dominio,o lo que sucedería si alguien fuera a intentar interferir sin el suficiente poder.

Alrededor de ellos, losguardias se miraron entre sí, en unsilencio tenso. Sabían lo que estaba en juego:si fallaban, las consecuencias seríandevastadoras, no solo para ellos, sino paratoda su familia y su linaje.

Elambiente estaba cargadode una atmósfera deincertidumbreyexpectación.Thomas, uno de los más cercanos al enviado, miró aldominioy luego se giró hacia él.

¿Quién se atreverá a entrar en ese dominio, señor?—preguntó Thomas, con una voz quedelataba su duda, pero también el deseo decomprenderlo que estaba sucediendo.

El enviado lo miró conseriedad. No había una respuesta sencilla, pero su siguiente comentario fuecruelmente honesto:

Solo los más poderosos...—respondió el enviado, sus ojos llenos de un destello que *poco a poco se tornó en una especie deinterés extraño. —Aquellos capaces de enfrentarse a lo que este dominio les presentará. Nadie debe subestimarlo. Este no es un campo de batalla ordinario.

Unnuevo silenciose instaló entre ellos, solo interrumpido por losecos distorsionadosprovenientes delinterior del dominio.PeteryBernardocontinuaban con su lucha, y ladistorsión del tiemposeguía fluctuando como unmanto invisiblesobre todo lo que los rodeaba.

Finalmente, elenviadorompió el silencio con una risa baja, una sonrisa torcidaque parecía tanto una advertencia como una burla.

Será interesante ver quién realmente tiene lo necesario para enfrentar esto...

Lavoz del enviadoresonó con una mezcla de indiferencia y unaextraña admiración, como si estuviera disfrutando la caída inevitable de loshermanos. Su tono reflejaba la fría calculadora naturaleza de los miembros de lafamilia Q'illu, que, aunque conscientes del sacrificio, no dudaban enutilizar todo a su favor.

Tiempo, espacio y tal vez la propia realidad...—murmuró el enviado, sus ojos brillando con un interés perturbador. —Y quizás otras cosas puedan verse alteradas en este dominio. Sino fuera por el hecho de que es un lisiado, cuyo sacrificio nos hará más fuertes, me gustaría adoptarlo y que se someta al ritual de sangre...

Lafrialdad de sus palabrasflotaba en el aire, helando a todos los que lo escuchaban. Nadie osó interrumpirlo, perola realidad de su propuestadejó un rastro dedesgarradora verdad.Bernardo, el "lisiado" como algunos lo veían, era ahora unpoderoso sacrificioen potencia, un peón que podría serusadoparaamplificar el poderde la familia Q'illu.

Es una lástima, pero al menos debemos quedarnos con el premio de consolación que esPeter... —concluyó el enviado, su sonrisa fría e implacable.

El ambiente se volviópesado, como si unvelo oscurohubiera caído sobre la sala. Losguerreros y miembros de la familiaque escuchaban no sabían si sentir alivio por la mencionada recompensa, onerviosismopor el creciente peligro de las decisiones que se estaban tomando.

Mientras tanto, dentro del dominio creado porBernardo, eltiempo y espaciose retorcían como si fueran simples conceptos mal interpretados. Losecos de la distorsiónse escuchaban como si la propiarealidadestuvieradesmoronándosebajo la presión delpoder absolutoque Bernardo había desatado.Peter, al principio atónito ante la magnitud de la habilidad de su hermano, ahora observaba conasombrocómo las esferas de energíadel tiempoflotaban alrededor de Bernardo.

¿Qué es esto...?—pensó Peter, mientras susojos brillaban de sorpresa. El aire mismo parecíavibrarcon una sensación quedesbordaba la lógica. Cada esfera azul que Bernardoformabaparecía tener la capacidad dedevorar el tiempo mismo, como si pudiera hacer retroceder o avanzar lascorrientes temporalesa su voluntad.

A pesar de lapotente distorsión,Petersentía que suvelocidadera la única razón por la cual aúnno había sido devorado por el tiempo. Había esquivado las primeras esferas, y aunque suvelocidadera impresionante, elpoder de la distorsión temporalno era algo que pudiera simplementeevitar. Aún así, estaba claro queBernardono lo dejaría escapar tan fácilmente. Ladistorsión del tiempocrecía, más fuerte y más intensa con cada movimiento, como unrío turbulentoque empujaba a los dos hermanos hacia unacolisión inevitable.

Bernardo, por su parte, mantenía una calma inquietante, completamenteajeno al caosque creaba a su alrededor.La distorsiónque había invocado parecíaresponder a sus deseos, unamanifestación tangiblede su poder.

Petersabíaque tenía que reaccionar rápidamente.La velocidad de la luzle había dado una ventaja, pero ahorala brecha de tiempoque se había abierto entre ellos estaba comenzando a cerrarse.

Esto no terminará bien...—pensó Peter, mientras veía cómo ladistorsión temporalseguía afectando todo a su alrededor.

Elenfrentamientose volvía más brutal, más personal, y lasleyes de la realidad mismase volvían cada vez másinciertas. Laluchaentre los dos hermanos no solo era una batalla defuerzas, sino dedestinos opuestos, dondeBernardoluchaba por suexistenciayPeterporsupervivencia.

Bernardo permaneció en su lugar, observando con calma cómo lasaguas del río del tiemposedividíany sealterabandentro de sudominio, mientras el tiempo y espacio se retorcían a su alrededor. Ladistorción temporalque había invocado parecía tener una vida propia,fluyendo y expandiéndosea su alrededor como una corriente infinita.Pero esto no duraría mucho, se dijo para sí mismo, sintiendo la tensión en el aire.

Con la prolongación deltiempo, Bernardo podríarespirarun poco más, podríatomarse su tiempoparacontemplarla situación ysopesarcada movimiento. A cada instante, ladimensióna su alrededor parecía volverse más fluida, más maleable, como si estuvieraburlándose de las leyes del universomismo.

Fue entonces cuandoPeter, de pie frente a él, rompió el silencio con una pregunta queBernardono esperaba.

Hermano...—su tono, aunque lleno de curiosidad, no podía ocultar unaextraña mezcla de desconfianzayadmiración.

Bernardo lo observó con unamirada fija, mientras comenzaba a retirar lasarmasque aún permanecían incrustadas en su carne. El dolor era algo que ya no sentía, o mejor dicho, era tanintensoque se habíaconvertido en algo irrelevante. Solo le quedabauna preguntaen mente: ¿Qué haría con su hermano?

Dime, ¿qué es lo que quieres preguntar, Peter?—dijo Bernardo, su voz seca, casivacía de emoción. No le dio demasiada importancia a la pregunta, pero su mirada decía lo contrario. Estaba atento, esperando cualquier señal de lo que su hermano pudiera decir.

Peter, con lafrontera de la desesperacióna punto de invadirlo, no dudó en lanzar la pregunta que rondaba en su mente desde que vio laextraordinaria habilidadde Bernardo.

¿Cómo puedes usar mi habilidad innata?—La pregunta salió de sus labios como un susurro, pero sus ojos brillaban con unamezcla de incredulidadytemor.

Bernardo lo miró con una ligeracuriosidadque contrastaba con lafrialdaden su respuesta. Mientras las esferas dedistorsiónaún danzaban a su alrededor, se tomó su tiempo para responder. No tenía prisa, no ahora quecontrolaba el tiempoa su antojo.

¿Acaso puedes copiar habilidades?—Peter repitió, como si no pudiera creer lo que estaba viendo. La idea de que suhabilidad innatahubiera sidousurpadapor su hermano, unlisiadoen su lecho de muerte, le resultabaimposible de procesar.

Bernardo no sonrió, no mostró ni una pizca de emoción al enfrentar a su hermano. Solo asintió ligeramente, susojos fríosreflejaban la distorsión que aún tejía suvoluntad.

No es que copie habilidades...—Bernardo habló con una calmacasi inquietante. —Es más bien... una capacidad que surge al comprender la esencia de lo que eltiempoyespaciopueden ofrecer.

Peter, aunque seguía con lamenta nublada, escuchó atentamente.

Lo que has usado, tu habilidad innata, no es algo que puedas simplemente poseer,—dijo Bernardo, con una leve sonrisa que apenas se notaba. —Es algo que... se conecta con el flujo del tiempo, algo que podría decirse que pertenece a todo ser, a todos los momentos...

Peter frunció el ceño, no logrando comprender del todo lo que su hermano decía.Bernardosiguió, sin darle demasiada importancia a su confusión.

Las habilidades innatas no se copian, Peter. Se asimilan. Se absorben en el flujo deltiempo. Cuando uno de nosotros, el portador, llega al límite de susposibilidades, podemos... tocar algo mucho más grande que nuestra habilidad. Podemosheredar la esenciade otras habilidades. Pero a un costo. Un costo que solo aquellos como yo, al borde de la muerte, podemos asumir.

Peter parecía haber entendido, al menos en parte. El miedo comenzó a asentarse en su pecho mientras comprendía queBernardo, en suagonía, había alcanzado algoimpensable. No solo teníasu habilidad innata, sino que ahora comprendía algo mucho más profundo,algo que los humanos, incluso los despiertos, no podrían jamás lograr.

Eldominio temporalde Bernardo ahora seexpandíade una manera quedesbordabacualquier sentido común. El hermanoluchabapor entender cómo algo tanpoderosopodía provenir de alguien como él.Y en ese momento, se dio cuenta de la aterradora verdad:Bernardo no solo usaba su habilidad innata, sino que la había superado, transcendiendo el mismo concepto de habilidad.

Así que... es solo cuestión de comprenderlo.—Peter murmuró, mientras sus propios poderes parecían desmoronarse bajo el peso de larealidadde lo que enfrentaba.

Bernardo no contestó.Todo lo que quedabaentre los dos ahora era laluchamisma.

Bernardo miró a su hermano en silencio, su rostro inexpresivo mientras sus ojos brillaban con una intensidad casiabismal.Peterse mantenía tenso, expectante, pero en cuanto las palabras de su hermano rompieron el aire, su pecho sesacudiócon laferocidadde un golpe inesperado.

Eres un idiota—dijo Bernardo, su voz fría y cortante, como si estuvieracontemplando a un insecto despreciablebajo su mirada. No hubo emoción, no hubo piedad. Solo ladesdénmás absoluto.

Hubo un largosilencio, solo roto por el sonido de las distorsiones quefragmentaban la realidada su alrededor.Peter, sin embargo, no se atrevió a interrumpir, observando a su hermano conincredulidad. Pero Bernardo, implacable, continuó.

Copiar, yo...—Bernardo dejó que la ideaflotaraen el aire, como si la mera mención de tal cosa le resultarainsultante. —Te sobrevaloras demasiado.

Lapresenciade Bernardo se hizo más opresiva en ese instante,el espacio a su alrededor parecía comprimirsebajo suvoluntad.Petersentía elpesode esas palabras, ungolpe directoa suorgullo, pero Bernardo no se detuvo.

Yo no copio.—La certeza en su tono hizo que lasdudasse desvanecieran en el aire comocenizas.

Un leve movimiento, casiimperceptible, fue todo lo que hizo Bernardo al poner sumano en su mentón. Era como si estuviera evaluandoalgo mucho más grandeque lo que veía a simple vista.

Seré un lisiado, pero soy único e inigualable.—Bernardo terminó con unafirmezaque desbordabaseguridad, una declaración que resonó en el aire con unaintensidad aplastante.

Elpasado y futurose distorsionaban alrededor de ellos, pero ahora mismo, el único presente era larealidad de lo que Bernardo acababa de decir.Peterestabaperplejo, su mente procesaba lentamente lo que su hermano había revelado:Bernardo no necesitaba copiar, porquesu habilidad innataiba más allá de todo lo quePeterpodía comprender.

A diferencia de ti, pequeño engendro, no necesito de terceros para obtener habilidades.—Las palabras de Bernardo cayeron comopiedrasen el alma dePeter. Cada una era un golpe directo, unrecordatorio brutalde lo quenunca podría ser.

Peter, como si su propio cuerpo se viera forzado aretirarsebajo el peso de esas palabras, respiró condificultad. Lo que su hermano estaba diciendo le era demasiado ajeno, demasiadodesgarradorpara asimilarlo completamente.

Pero Bernardo no mostrópiedad.No había espacio para el arrepentimiento, ni para la duda.

No he copiado esa habilidad de tan bajo rango—dijo con un desdén palpable en su voz. Había algo en su tono que dejaba claro quePeterno solo era inferior a él, sino que lo que le había ofrecido,su habilidad, ni siquiera merecía sermencionada.

Entonces,Bernardodejó escapar una risacorta, como si se estuviera divirtiendo, pero al mismo tiempo, sus palabras marcaron latragediade la situación.

Ahora entiendo por qué el inepto que es nuestro progenitor me ofreció como sacrificio hacia ti.—La última frase fue ungolpe dolorosohacia Peter,una verdad amarga, la revelación de que supropio padrelo había visto como unobstáculomás que como un hijo.

Las palabras de Bernardo fueron unrecordatorio brutalde todo lo quePeterhabía olvidado, o quizás, de todo lo que nunca quisoadmitir. La realidad de que, en este mundo depoderysacrificio,él nunca había sido más que una pieza desechableen el gran tablero.

En ese momento,Petercomprendió loinsignificanteque era. Y frente a su hermano, ellisiado, elsacrificio, comprendió que su vida jamás habría sido suficiente para competir con elmonstruoque tenía delante.

Las palabras deBernardocaían sobrePetercomopuños de hierro,brutales,implacables. Cada frase parecía profundizar más la herida en suorgullo,desgarrandolentamente su imagen de sí mismo.

Soy un lisiado y tú solo serás un despertado de bajo rango, sin talento, sin herencia—la voz de Bernardo no mostró misericordia, ni un atisbo de duda. Cada palabra estaba impregnada de unacertezatan fuerte como unacondena.

Peter, apretando losdientescon fuerza, sentía como si unaola de furialo estuviera invadiendo, ahogándolo en un mar dehumillaciónyrabia. Jamás había sido tratado así, jamás había escuchado que suhabilidad innatafuera llamadabasura.

Algo que no tendrá futuro—continuó Bernardo, las palabrasdesnudasde cualquier compasión, como unsentenciaa su propio hermano. Eldesdénera palpable, y las distorsiones en el tiempo parecíancongelarsecon laintensidadde su tono.

El corazón dePeterlatía confuerzaen su pecho.Todo su ser temblabaante la brutalidad de las palabras de Bernardo, pero lo que más le quemaba era lairónica verdadque no podíanegar.

No te parece irónico que un lisiado tenga habilidades innatas... y lo reafirmo, habilidades en plural—dijo Bernardo con unasonrisa fría, como si estuviera disfrutando deldesgarramiento emocionalde su hermano.

Petersintió el golpe de esas palabras como unapunzadaen lo más profundo de su ser.Bernardono solo estaba afirmando que su hermano estabapor debajode él, sino que lo hacía con unacompleta arrogancia, como si todo lo quePeterhabía alcanzado no valiera nada en supresencia.

Mientras su hermano hablaba,Peterno podía dejar de pensar en supropia habilidad. La había despertado a losseis años, un logro que había sido aclamado, celebrado por su familia, una promesa de que él sería elelegido, el que llevaría el legado familiar más allá. Todos en su linaje habían confiado en él, pensando que suhabilidad innatalo haríainvencible.

Pero ahora, frente a su hermano, esos mismos halagos se sentían comomentiras vacías. Lamiseriade su habilidad, tanlimitada, tanúnica, eranadafrente a la magnitud de lo queBernardohabía demostrado.

Mientras que tú solo tienes esa miserable habilidad. Una. Solo una, y sin importancia.—Las palabras de Bernardorasgaron el aire, como si estuviera aplastando el alma de Peter, como si cada sílaba fuera ungolpe mortala suser.

Peter, por primera vez en su vida, sintió elvacíode su existencia. Esahabilidad innataque todos le habían alabado, esa que había sido lallavea sufuturo, ahora no era más quenadafrente a lo que Bernardo podía hacer.

LarabiadePeterse intensificó, y susdientes se apretaronhasta que lasencías sangraron. Nunca había sido tan humillado, nunca se había sentido tanvacío. Larealidadque su hermano le mostraba lo devoraba desde dentro.¿Cómo era posible?¿Cómo podía alguien tandestrozado, tanroto, tener algo que Peter jamás podría alcanzar?

Bernardo, con sucalmaimperturbable, lo miraba con esasuperioridadaplastante, como si todo esto fuera unjuegoy él ya estuviera en lavictoria.

¿Y ahora qué, pequeño engendro?—las palabras de Bernardo fueron laúltima daga, clavada en el corazón de Peter.

Peter, consumido por lairay lahumillación, sintió lapresenciadesu hermanocomo unmuro imparable, unaamenazaque nunca podríaderrotar. En ese mismo instante, se dio cuenta de algo aterrador:Bernardono solo lo había superado.Bernardo lo había dejado atrás, y lo había hecho de una maneratan devastadoraquePeterapenas podía comprender la magnitud de su propia impotencia.

Las palabras deBernardoseguían cayendo comoacido corrosivosobre elcorazóndePeter, desgarrando lo que quedaba de su orgullo y su esperanza. Ladespreciativa calmade su hermano lo abrasaba como el sol másintenso, y no podía escapar de ella.

Oh no te enojes, Peter—lamueca burlonaen el rostro de Bernardo creció mientras sus palabrasse deslizabande su boca comodagas afiladas—.Así tu patética excusa de padre no se molestará con este humilde sacrificio.

Peterapretó los dientes confuria, pero susmanosse cerraron enpuñosincontrolables. Sabía que lo queBernardodecía no era solo unamuestra de desprecio; era laverdadquePeterno quería admitir.

La humillación de no poder alcanzar el25% de la velocidad de la luz, de no poder siquierasoñarcon ese nivel de poder, lo carcomía por dentro.

Déjate de desviarte, ¿qué has hecho?Bernardolo interrumpió de nuevo, como si no le importara en lo más mínimo lo quePetersentía—.¿Cómo puedes usar mi habilidad?

Peterapretó los dientes con tantafuerzaque pensó que su mandíbula podríaromperse. La pregunta flotaba en el aire como undesafío.

Bernardolo observaba,calmado, casi como si disfrutara de la agitación interna de su hermano. Luego, sus palabras llegaron, como ungolpe finala la ya quebrada imagen dePeter:

Realmente no es difícil de realizar. Tu habilidad es controlar el mana y el flujo de la luz que existe en la naturaleza—explicó Bernardo con unatranquilidaddesbordante, como si estuviera enseñando una lección—.Puedes mover tu cuerpo en las partículas de mana de naturaleza luminosa en el ambiente.

Peterestabaperplejo. Las palabras deBernardoiluminaban lanaturalezade su habilidad, pero también lalimitaciónque existía en supropio ser.Su habilidaderalimitada, en comparación con la grandiosidad de lo que su hermano había alcanzado.

Pero es una lástima... con tu nivel no despierto, no eres capaz de siquiera obtener el 25% de la velocidad de rayoBernardosonrió con suficiencia. Había remarcado ladebilidaddePetercon esa declaración.

LahumillacióndePeteralcanzó su punto más alto. No solo lo había despojado de su orgullo, sino que también le había mostrado que, por más que lo intentara, él nunca alcanzaría lo queBernardohabía logrado.

Peterrespiró profundamente, elodor a derrotale llenaba los pulmones, mientras observaba a su hermano, que se encontraba tantranquilo, tan seguro de su poder, como si estuviera frente a unapresa fácil. Larabiaen su interior hervía, pero también había unasombra de desesperaciónal darse cuenta de lopequeñoque se sentía frente a su hermano, el que había trascendido más allá de loslímitesde lo que Peter pensaba que podía lograr.

Bernardono solo lo había humillado con suhabilidad, sino que también le había enseñado unalección cruel:no importaba cuántas habilidades adquiridas obtuviera Peter, él seguiría siendo solo un reflejo de lo que su hermano ya había alcanzado.

Peterno pudo evitar que unaoleada de furiainvadiera su ser al escuchar las palabras de su hermano. Eldespreciocon el queBernardolo miraba no solo era unaafrenta, sino unaheridaabierta en su orgullo.El lisiado, alguien a quien él siempre había consideradoinferior, le estaba diciendo, sin titubeos, que él no tenía ni lacapacidadpara siquiera alcanzar un mísero porcentaje de lo que él mismo podía lograr.

Bernardo, con esasonrisa fríay esa calmadesgarradora, continuaba desgarrando sus sueños con cada palabra.

No, incluso no eres capaz de obtener el 5% de esa velocidad, debido a tu cuerpo débildijo Bernardocon una burla evidente, como si fuera unaverdad irrefutable—.Y si te lo dice un lisiado cuyo cuerpo es moribundo, es mucho decir, ¿no lo crees, hermanito?

Las palabras calaron hondo enPeter.El lisiadocon el que siempre había jugado a compararse, a humillar, ahora se alzaba como una figuraincontenible, más allá de todo lo que él mismo podría alcanzar.

LarabiadePeterse intensificó, su cuerpo temblaba, no solo de ira, sino también de lafrustraciónque lo embargaba. ¿Cómo era posible que alguien comoBernardo, alguien que se suponíadespreciable, pudiera tener talpoder?

Peterapretó lospuñoscon fuerza, sintiendo como loshuesosde sus manos crujían. Pero lo peor de todo era el peso de esas palabras:el lisiadono solo estabavivo, sino que estaba más allá de cualquier cosa quePeterpudiera imaginar. Y si su hermano lo decía, no había manera de quePeterpudierarefutarlo.

Elodiose cernía sobre él, pero también ladesesperación. ¿Era cierto lo queBernardodecía? ¿Era realmente tan débil como para no poder siquiera acercarse a unaporciónmínima de esa velocidad?

Su respiración se volvió másrápida, y mientras elecode las palabras deBernardoresonaban en su mente, sucuerpocomenzó a arder con lanecesidadde demostrar queestaba equivocado. Sin embargo, sabía que no podía cambiar larealidadde su situación.

Bernardolo miraba con unamueca de superioridad, como un ser que ya habíatrascendidolainexistencia de límites, mientras quePeterse debatía entre larabiaque lo consumía y larealidadde seropacadopor alguien que siempre había considerado suhermano menor.

Lahumillaciónera tan grande quePetersintió como si elmundo enterose estuvieraburlandode él, y aunque aún mantenía suorgulloa duras penas, sentía cómo cada palabra deBernardohacía añicos lo que quedaba de suconfianza.