La emoción que Draco sentía al saber que cada vez estaba más cerca del portal era tan novedosa después de años de sufrimiento que decidió ignorar el ambiente tenso entre sus compañeros, acababan de ser atacados por un grupo y después de una pelea bastante impresionante al ángel se le ocurrió mencionar otra vez su reticencia a irse y cómo de todas formas no sabían si el portal funcionaría para él. Lo que era una mierda porque si no funcionaba para Castiel, podía no funcionar para él tampoco, después de todo no era exactamente humano como Dean.
-Draco -llamó su atención el susodicho.
- ¿Qué sucede, hombre? -preguntó, caminando a su par.
-Hay algo que no te he dicho y creo que necesitas saber -y la conversación no había empezado nada bien. Esperó, de todas formas, a que continuara sin decir una palabra -me preguntaste hace tiempo por que podías ver alguno de mis recuerdos y he estado evitando contestar esa pregunta, creo que deberías saberlo ahora. -El mago permaneció en silencio -Cuando absorbía las almas del purgatorio, incluida la tuya, tu magia se fue con ella y estando dentro del mismo cuerpo interactuó con mi gracia. Lo que no sería un gran problema en sí mismo pero parece que, cuando realizamos el hechizo que envió tu tanto alma como la del resto de vuelta, parece que un poco de mi gracia se adhirió tu magia y se quedó contigo.
- ¿Qué significa exactamente eso para mí? -preguntó tratando de que su molestia no se interpusiera en la necesidad de obtener más información.
-No estoy seguro, ya que es un hecho único en la historia pero por lo que veo en ti, parece que mi gracia está absorbiendo tu magia y transformándola en más gracia. -contestó evitando su mirada. -Mis disculpas, Draco, desconocía que esto podía suceder cuando acepté ese estúpido trato con Crowley.
-Tampoco te habría detenido -bufó. Molesto y confundido, se suponía que estaba a pasos de volver a casa y ahora el ángel le soltaba esta mierda, realmente quería matar algo en este momento.
-No -admitió desconociendo su enojo.
- ¿Qué pasará entonces, me convertiré en un ángel?
-Nunca he oído que algo así pasara pero en teoría podrías, si la nueva gracia encontrara una forma de recibir energía de tu alma, al igual que tu magia podría mantenerse sin la ayuda de un cielo y serías técnicamente un ángel sí. -Draco suspiró, ser un ángel no sonaba tan terrible después de conocer a Cas, aunque porque él era él y su vida era una mierda la cosa no terminaba allí. -Pero existe la posibilidad de que tu cuerpo no soporte el exceso poder y explote en una onda de energía lo suficientemente grande para destruir un pequeño pueblo.
- ¿Hay alguna forma de que puedas quitar la gracia de mi cuerpo? Después de todo, es tuya. -La desesperación se deslizó un poco de su voz. No quería estallar en pedazos.
-La hay, pero no tenemos las herramientas ni el tiempo para hacerlo estando aquí y mientras más de tu esencia consuma, más será tú gracia y no la mía. -Explicó con su usual soltura, aun evitando sus ojos.
-Así que no podemos hacer nada ¿sólo esperar y ver?
-Podría tener una idea pero requiero de tu consentimiento primero. -Draco lo miró con renovada ilusión, el otro captó su nueva actitud rápidamente y siguió: -podría enviarte hacia atrás en el tiempo, a tu yo más joven, lo más cerca que pueda del tiempo en que desapareciste, la interposición de tu alama joven con la actual, confundirán a la gracia y te daría más tiempo para buscar una solución a tu problema.
-Eso suena algo volado, Cas. Pero si es eso o morir… -no termino de hablar cuando notó que su receptor no le estaba prestando atención, su mirada estaba perdida, como si estuviera escuchando algo a lo lejos. Dean y Benny seguían en medio de una discusión sin notar la actitud del ángel.
- ¿Cas, son más monstruos? -preguntó en voz alta, los otros dos se callaron al escucharlo.
-Leviatán -dijo y todos se pusieron en guardia.
- ¿No puedes volar lejos de aquí? -Dean habló.
-Están muy cerca y Draco también los atrae, hay que correr -todos hicieron rápidamente lo que dijo, lamentablemente no fueron lo suficiente rápidos y dos leviatanes aparecieron frente a ellos, uno fue a por Castiel, el otro a por él. Dean logro distraer al suyo lo suficiente para que el mago cortara su cabeza, mientras que Benny logró ayudar al ángel a tiempo.
Pasaron horas después de eso antes de que realmente llegaran al lugar correcto, el miedo y la emoción se mezclaron en su interior, su corazón latía como loco mientras veía el portal sobre la colina frente a él, estaba ansioso por volver a casa.
Mientras Dean realizaba el hechizo que le permitiría llevar el alma de Benny al otro lado, Castiel lo miró.
- ¿Pensaste sobre mi propuesta? -preguntó simplemente.
-Demonios, hagámoslo -no iba a desperdiciar una oportunidad para salvarse.
Su compañero y nuevo amigo tocó su frente pero esta vez no lo hizo aparecer sino que mandó una ola de calor por todo su cuerpo.
-Surtirá efecto cunado cruces el portal -le avisó y él asintió contento y agradecido.
Cuando cuatro se volvieron tres, comenzaron a correr por la colina, dos leviatanes más se interpusieron en su camino, estos dos resultaron más duros de vencer que los anteriores y dieron más pelea, aunque pudieron sortearlos con éxito y al llegar al portal el único arrepentimiento que tuvo fue no haberse despedido adecuadamente de aquellos hombres.
La noche oscura lo recibió y algo dentro de él pareció explotar de felicidad porque había sido de día en el purgatorio así que ya no podía seguir allí, sentía que había perdido toda la pesadez de su edad en el momento de aparecer allí y al mirarse a sí mismo entendió por qué; su cuerpo ya desarrollado de treinta años se había achicado a una versión bastante más joven de si mismo, como recordaba ser en su infancia.
Desgraciadamente su arma ahora era demasiado pesada para su delicado cuerpo y estaba nadando en su ropa.
Un ruido cercano lo hizo ponerse alerta rápidamente, caminó entre los árboles con precaución, su mano firmemente sujeta al mango de su cuchillo pero no encontró ni un hombre lobo o vampiro o algún otro monstruo tratando de matarlo, entre los árboles en un pequeño claro iluminado por la luz de la luna, un unicornio pastaba tranquilamente.
Una risita se escapó de sus labios, porque esta era toda la confirmación que necesitaba para saber que estaba de vuelta, estaba tan distraído que se perdió por completo al centauro que se acercaba silenciosamente a él.
-Draco Malfoy -y era bueno que no había otra persona alrededor para verlo saltar en su lugar de la sorpresa. -Has recorrido un largo camino para llegar aquí, pero aún hay mucho más por recorrer. Si tomas decisiones acertadas salvarás más de una vida inocente -le dijo con voz misteriosa antes de comenzar a alejarse otra vez.
-Espera ¿en qué año estamos? -le preguntó antes de perderlo de vista, su voz sonando dura y áspera por la falta de uso.
-Llegaste en el momento adecuado -respondió el centauro aún críptico.
Esperó hasta verlo desaparecer entre los árboles antes de comenzar a caminar, había ganado un buen sentido de dirección en el purgatorio y esperaba poder utilizarlo para llegar hasta el castillo. Utilizó su chuchilla para cortar arbustos molestos y espantar a cualquier criatura que se le acercara demasiado, aunque no estaba tan seguro de que pudiera ganar una pelea con su nuevo, o más bien viejo, estado físico.
Cuando Hogwarts estuvo finalmente a la vista, una risa casi histérica se escapó de su boca, estaba tan feliz de estar de vuelta que tropezó varias veces en su carrera hasta las puertas del castillo, por un momento esperó que estuvieran cerradas pero se abrieron ante él con un crujido que se le hizo fortificante. Sin pensar mucho en cómo se veía o el arma que llevaba en su mano, hizo su camino directo al gran comedor esperando encontrar a alguien allí, la noche estaba bastante oscura pero tal vez aún estaba la cena servida. Maldición, no había comido nada en veinte años, siquiera sabía si podría soportarlo, pero su mente casi se derritió con la idea de probar alguno de los manjares que servían los elfos de la escuela en cada comida.
Se detuvo al llegar a las puertas dobles de madera, estaban cerradas y no había ninguna pista del celador Filch, no aquí ni en todo el camino desde la entrada. Suspiró, esperando y rezando para que Cas lo haya enviado a cerca del punto de partida posible, ese había sido el plan, lo único que esperaba era no estar atrapado en un cuerpo de infante veinte años demasiado tarde.
Cerrando los ojos por un momento, tomó todo el valor que pudo reunir y empujó las puertas hasta abrirlas. El cambio fue instantáneo, del silencio del pasillo a un abarrotado salón con niños gritando y aplaudiendo, quería creer que la celebración era por él, pero era claro que se debía a las banderas con el escudo de Gryffindor que decoraban todo el salón, parecía que habían ganado la copa de las casas, intentó molestarse, realmente lo hizo, pero no había en él ningún sentimiento al respecto, podría haberse asustado por su falta de interés si el director de la escuela le hubiese dado algún momento para hacerlo.
- ¡Draco Malfoy! -bramó desde sus posición en el podio y de inmediato todo el ruido del lugar se apagó.
Varios de los profesores se levantaron de sus asientos como si los hubieran embrujado, los estudiantes parecían petrificados en su lugar.
Un vistazo a la mesa de Slytherin le confirmó que había vuelto a su propio tiempo, Crabbe, Goyle, Pansy y Blase estaban allí, todos se veían tan niñatos como él. Al volver la vista al frente, pudo ver al director y a varios de los otros profesores caminando en su dirección a paso firme, tal vez, la atención le habría encantado si no hubiera estado dos décadas dentro del infierno de los monstruos pero como estaban las cosas, su magia interpretó el abordaje como un ataque y comenzó a vibrar amenazadoramente a su alrededor, casi por instinto, el agarre en su arma se hizo más duro y se puso en posición de ataque.
Dumbledore se detuvo en su camino hacia él, también lo hizo el resto de su congregación, sólo podía imaginar como se veía, con su ropa enorme llena de tierra y sangre, una cuchilla hecha de huesos en una de sus manos y una actitud de gladiador.
-Señor Malfoy ¿Sabe quién soy? -preguntó con voz lenta el anciano. - ¿Me reconoce?
-Draco -lo llamó Snape no muy lejos del otro hombre.
Mantuvo su arma sujeta con firmeza pero intentó obligar a su magia a apartarse.
-Lo conozco, sí -su voz aún sonaba áspera y el hablar le escocía un poco la garganta.
-Eso es bueno ¿podrías, entonces, bajar eso? -le habló como quien lo hace con un gato asustadizo.
Asintió, haciendo lo que se le decía pero aun encontrándose tenso. De repente no podía sacarse las palabras de Dean de su cabeza.
-Debes considerar que tu llegada aquí podría no ser accidental -había dicho y ante la mirada no convencida de Draco, agregó: -si hubiera una puerta de libre entrada desde el bosque prohibido al purgatorio, no serías el único de tu mundo aquí, debería haber algún otro mago o criatura que haya podido cruzar sin embargo eres un ejemplar único aquí, como Cas, como yo. Además, ¿no te parece extraño que no fueras sacado de la historia oficial?
- ¿Cuál es tu punto? -había preguntado él sintiéndose algo perdido.
-Creo que deberías considerar, cuando vuelvas, que alguien de tu mundo te envío aquí apropósito.
No había pensado en eso por un tiempo, la idea de volver era demasiado increíble para ahogarla con dudas sobre conspiraciones en su contra. Estando en el gran comedor, de la escuela de magia y hechicería, con una congregación de docentes frente él y un montón de estudiantes a su alrededor, no podía pensar en otra cosa.
-Tranquilo, nadie aquí quiere hacerte daño -habló una vez más el director, su magia había reaccionado a su cambio de humor y parecía estar vibrando en el aire con más potencia que antes.
Snape dio un paso adelante.
-Vamos Draco, te llevaremos a la enfermería y puedes hablarnos de los que pasó -parecía mucho más amable de lo que había sido alguna vez y eso logró, de alguna forma, tranquilizarlo.
-Esta bien -asintió de acuerdo y siguió al profesor de pociones hacia la puerta.
La enfermería estaba completamente tranquila cuando él, Snape, McGonagall y Dumbledore llegaron. La medimaga de la escuela salió de su oficina a recibirlos y parecía tan sorprendida de su presencia como todos los demás.
Fue casi una odisea para los profesores hacer que abandonara su cuchilla y sus ropas desvencijadas y para Draco evitar que su magia actuara por instinto y los mandara a volar a todos, pero después de lo que parecieron horas de lucha se encontró recostado en una de las camillas con un buen plato de comida en se regazo y un comité de adultos esperando a que empezara a contar su historia.
- ¿Cuánto tiempo estuve fuera? -preguntó antes de meterse un bocado de carne a la boca, era probablemente la cosa más deliciosa que había degustado.
-Un par de meses -aportó el director - ¿Puedes decirnos dónde estabas? Hicimos varias expediciones al bosque prohibido y nadie pudo encontrarte.
Él le dio un corto vistazo a la cuchilla que descansaba a su lado en su cama, dejarla a su alcance fue lo único que mantuvo su magia a raya.
- ¿Han oído hablar sobre el purgatorio? -tanto Madame Pomfrey como McGonagall se mostraron totalmente fuera de sí, Dumbledore y Snape asintieron a medias -es el lugar donde todos los monstruos van después de su muerte con el único objetivo de cazarse unos a otros por la eternidad. -explicó en general, antes de tomar un pedazo de papa asada de su plato.
- ¿Monstruos? -inquirió la profesora de transfiguración.
-Monstruos -confirmó después de tragar -Hombres lobo, vampiros, Wendigos, ghouls, leviatán…
Dumbledore pareció intrigado por estos últimos más que ninguno.
- ¿Leviatán realmente es real?
-Sí, bastardos poderosos que son, no hay forma de matarlos, cortarle la cabeza los frena pero sólo lo suficiente para que puedas correr lo más lejos posible. -contestó con sinceridad.
La profesora pareció a punto de enfermarse con la nueva información.
- ¿Cómo lograste sobrevivir estos meses allí? -preguntó sospechosamente el maestro de pociones.
Draco soltó una ligera sonrisa.
-No meses, pasé veintiún años metido allí -un jadeo general se escuchó en el lugar, mientras él intentaba cortar otro pedazo de carne, estaba realmente muy buena.
- ¿Cómo es eso posible? -se recuperó primero Madame Pomfrey.
-Encontré este portal que decían que podía traerme a casa. No pertenecía al lugar, parece que todo el tiempo estaba tratando de sacarme, pero no lo supe hasta varios meses atrás -por alguna razón, mencionar a quienes lo habían guiado hacia la salida, se le hacía demasiado privado -cuando el portal me devolvió al bosque prohibido era un niño otra vez.
Levantó sus manos en el universal signo de "no tengo idea de por qué" y siguió con su comida.
El silencio se extendió por algunos minutos antes de que alguno de ellos volviera a hablar.
- ¿Eso quiere decir que estuviste luchando por veinte años por tu vida? -McGonagall habló, sus voz parecía estrangulada, como si le costara sacar las palabras de su boca.
-Veintiuno, sí -corrigió con voz ligera, tratando de dejar de lado el ambiente que se había establecido alrededor de su cama.
- ¿Así que tienes treinta y dos años ahora? -insistió.
-En teoría, tengo doce. -señaló su cuerpo infantil antes de apartar el plato de comida, ya estaba lleno.
-Deberíamos llamar a sus padres, señor Malfoy, estaban muy preocupados por su seguridad -habló Dumbledore comenzando a alejarse hacia la puerta.
-Espere -lo llamó Draco - ¿No deberíamos establecer un plan primero?
- ¿Un plan? -habló, dando un madia vuelta.
-Sí, plan. ¿Cree que le conté esta fantástica historia para que me compadeciera? -gruñó -se lo dije para que podamos establecer qué le diremos a los demás.
- ¿Por qué querríamos mentirle al resto? -insistió.
-Porque he vuelto con información privilegiada sobre la guerra que se aproxima -esto pareció atraer lo suficiente la atención del viejo mago como para que volviera a su lugar junto a su camilla.
-Deberíamos terminar eta conversación en mi oficina -sugirió asintiendo hacia los profesores. -Poppy, ¿podremos utilizar tu red flú para llegar más rápido allí?
Ante el asentimiento de la enfermera, Dumbledore se dirigió a su oficina, Draco tomo su cuchilla antes de seguirlo y en pocos minutos, todos menos la medimaga y la profesora de transfiguración se encontraban sentados frente al escritorio del directo.
Draco le dio una mirada al fénix que se encontraba a un lado del escritorio y se puso tenso, a pesar de que no se parecía en nada al fénix que casi lo había matado en el purgatorio, su instinto le incitó a mantenerse alerta.
- ¿Un dulce? -le ofreció el anciano y el negó -Bien, vayamos al grano ¿Por qué crees que se aproxima una guerra? -de todo lo que podía preguntarle, esto no era exactamente lo que esperaba. Pero respondió con la mayor sinceridad que pudo sin revelar a su fuente.
