Astrea soltó un suspiro mientras observaba al niño que miraba el cielo nocturno, desde que el niño llego hizo todo lo posible para hacerlo cambiar de actitud, hacerlo sonreír era su meta, pero no importaba que hiciera, no lograba sacarle una sonrisa, sus hijas que antes eran distantes por los problemas de Evilus, comenzaron a pasar más tiempo con ella, debido a que la notaron más triste, incluso llegaron a decirle mucha información con referencia a Evilus.
Solo para que su diosa dejara de pensar en el niño, la diosa amorosa y cariñosa que era Astrea había dejado de sonreír desde que el niño había llegado, molestando a los miembros de la familia Astrea, no lo odiaban porque fuera un hombre o porque estaba poniendo triste a su diosa, sino porque el niño no tenía un deseo genuino de cambiar.
Habían pasado los días y el niño parecía una máquina que seguía un estricto cronometro, de día dormía y de noche se quedaba mirando a luna, era un circulo vicioso que molesto a los miembros femeninos de la familia, pero tampoco podían hacer algo para que cambiara, la diosa que intentaba entablar alguna conversación casual, siempre era recibida con respuestas cortantes y directas. El niño en frente tenía la mentalidad de un adulto cansado de la vida.
Soltando un suspiro agarro con fuerza la manta que tenía puesto, era una noche fría y ella apenas podía evitar temblar, desde que el pequeño Shirou se había despertado fue a su lugar habitual sin ganas de hacer algo, no importaba que hiciera en las mañanas, el niño dormía como una roca y solo despertaba en la noche, justo cuando ella se iba a dormir.
Después de varios días, Ryuu que se sentía incomoda con que un hombre durmiera en el mismo edificio que ellas decidieron arreglar un cuarto que usaban como almacén para que el niño durmiera con más tranquilidad según sus palabras, la habitación no tenía nada elegante, solo un antiguo sofá que antes usaban, uno de sus primeros muebles que habían conseguido antes de que su familia consiguiera más dinero, llevando consigo los recuerdos de su comienzo como la familia Astrea.
Aunque la habitación era algo polvorienta y estaba llena de antigüedades, el niño no mostro alguna queja al ser cambiado de una habitación de lujo a un pequeño cuarto en ruinas, Astrea al comienzo se negó que el niño durmiera en el almacén, pero todas sus hijas unidas impidieron que las convencieran dando argumentos nada santos.
Sin embargo, la interacción no cambio en nada, todas dormían de noche y volvían a sus actividades de día, Astrea que sujetaba la manta en sus manos sonrió levemente con una pequeña idea, ya era media noche y el frio resfriaría al niño si no se abrigara, caminando donde el niño que miraba las estrellas –está haciendo mucho frio, debes abrigarte- dejando la manta en sus hombros el niño no pareció ni inmutarse ante el calor.
Sentándose a su lado miro la luna con una leve sonrisa –la luna está muy hermosa el día hoy ¿no lo crees? - abrazándose a sí misma para calentarse levanto la mirada a la luna, los recuerdos de sus primeros días como diosa descendida la pusieron nostálgica, recordando la primera vez que ella y sus dos primeras hijas compartían un pequeño desayuno que había conseguido después de trabajar un tiempo.
Como todo dios que descendía del cielo, tendría que comenzar de cero para mejorar su vida y la de sus hijos, después de varios años, ahora podía ver que su esfuerzo fue recompensado al ver su mansión y a sus hijas, mientras estaba perdida en sus pensamientos el niño al verla temblar se levantó y devolvió la manta. Astrea no se dio cuenta que tenia de vuelta la manta cuando el calor la inundo, cuando noto el cambio se giró para ver al niño, este se encontraba caminando fuera del jardín, al levantarse trato de seguirlo, pero se detuvo cuando el niño había vuelto a su habitación.
Sin nada más que hacer, volvió a su habitación, por más que quería ayudar, no podía salvar a las personas que no querían ser salvadas, recostándose en su cama olvido cambiarse de ropa y cerró los ojos cansada por el trabajo del día.
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Shirou no entendía porque una diosa mostraba tanto amor por un monstruo como el, no se sentía digno de tanto amor, lo único que ahora podía hacer era no ser una molestia para la diosa que trataba de ayudarlo, pensando que era más una carga que una ayuda pensó en que hacer, no quería arrastrar a más personas a su desgracia, había pasado muchos años luchando en una guerra sin sentido para luego cambiar a la vida de un esclavo, pensó que era su castigo por cometer esos actos contra la humanidad, pero con el pasar del tiempo se dio cuenta que era más una segunda oportunidad para redimirse.
Aun sabiendo eso, no sabía qué hacer, una segunda oportunidad para que realmente, volver al camino del héroe justiciero o porque estaba aún vivo, pasaron muchas cosas durante su corta vida que lo hicieron pensar, seguiría la corriente, oh luchar contra la corriente del mundo, al final sus acciones no cambiaran el destino, pero ahora que veía a la diosa Astrea deprimida, pensó que estaba alterando la felicidad de la diosa, así que para no ser una carga para ella tendría que volver a levantarse y no dejar que nadie más cayera en su desgracia.
Arrodillado en frente del sofá se tocó el pecho, después de morir no había vuelto a usar su hechicería, si tan solo lo huera usado antes de la guerra o durante su tiempo como esclavo, podría a ver salvado esas vidas inocentes, pero también sabía que sus acciones ocasionarían un caos, después de todo cada acción tiene una reacción.
"TRACE ON"
En el silencioso almacén, un brillo azul ilumino toda la habitación, las tenues líneas azules que recorrían su cuerpo comenzaron a brillar con más fuerza, apretando los dientes y con el aire obstruido de sus pulmones, trato y evito gritar, el dolor que sentía era demasiado familiar como para que se olvidara, pero tanto tiempo sin usarlo hizo que el dolor se sintiera como la primera vez que activaron sus circuitos.
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La persona que lo ayudo en ese momento fue una maga de la cual había olvidado su rostro, solo se conocieron durante los inicios de la guerra, en cuyo momento la salvo sin darse cuenta de berserker, para pagar su deuda de vida lo ayudo a activar sus circuitos mágicos después de que se enterara que usaba sus nervios como conductos mágicos a petición de saber, aunque no podía recordar su rostro, podía recordar un par de coletas gemelas y una voz molesta que lo acusaba de ser un idiota suicida.
Durante ese pequeño momento de alianza, el recordó su vida antes de ser un héroe, había tantas oportunidades de cambiar su futuro, pero por sus sueños falsos destrozo la felicidad que podría haber conseguido, después de que ella hubiera activado sus circuitos mágicos propuso una alianza para que lucharan juntos al tener ella un archer y el un saber, serian la pareja perfecta para ganar la guerra, pero se negó rápidamente, ya que al final tendrían que matarse, no deseando sentir algún tipo de vínculo con el maestro de caster, se mantuvo alejado de ella y su servant, solo para ver una noche que vigilaba como ella era asesinada por el maestro de lancer, se preguntó qué rumbo hubiera tomado la guerra si la hubiera apoyado en ese momento, pero ya no importaba, el tomo su decisión consiguiendo así su final.
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Jadeante su cuerpo cayo inmóvil al suelo, su cuerpo le dolía y un sentimiento de cansancio lo inundo, para el había pasado una vida de penurias con rostros que cada vez desaparecían en el olvido, pero, aun así, trato de mantener los pequeños recuerdos felices que aún lo marcaban, como el momento que hizo su condenación por un ideal, hasta el primer cumpleaños que tuvo cuando su hermana mayor que llego vestida de payaso para animarlo.
Cuya hermana mato al tratar de salvar al mundo, ignorando que ella misma quería salvar su mundo, no a la humanidad, sino el símbolo que representaba su todo (su hijo) el cual llego a conocer por medio de fotos, cuando él estaba en una guerra civil, habiendo dejado todo atrás por sus sueños, no se había despojado del ultimo rastro de humanidad que era su hermana, aunque solo fueran breves mensajes, él se convencía que todo lo que hacía era para darle un futuro a su sobrino y hermana, el lucharía para mejorar el mundo y que tuvieran un final feliz.
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Después de una noche fría Ryuu Lion abrió los ojos pensativa, con sus miembros de familia habían buscado varias formas de encontrar el escondite de los miembros restantes de Evilus, pero no tuvieron suerte, no importaba que tanto buscaran no encontraban nada, incluso el gremio y demás aventureros comenzaban a olvidar el peligro que representaba Evilus.
Además de ese problema, estaba su dios que cada día lucia más triste, su tristeza provenía del niño que la había salvado, si bien todas estaban agradecidas por salvar a su diosa, se sintieron incomodas al ver esos ojos vacíos, era extraño para ella ver esos ojos, incluso su capitana llego a mencionar que eran casi hermanos, ambos con miradas estoicas, siendo la única diferencia, los ojos brillas que tenía.
Soltando un suspiro se levantó de cama, su antiguo entrenamiento como protectora del árbol sagrado hizo que se acostumbrara a levantarse temprano, cuando camino por su habitación y giro la cabeza, espero encontrarse con el niño mirando la oscura noche, no importaba si hacia frio o calor, todas las noches desde que había llegado estaba sentado al lado del jardín mirando las estrellas, era extraño para ella ver tanta tristeza en un niño.
Sin embargo, el niño ya no estaba allí, era curioso ya que el niño desde que llevo no dejaba ese lugar, incluso muchas veces se preguntó porque no usaba la banca que estaba a su lado, prefiriendo estar sentado en el suelo.
Ignorando esos pensamientos creyó que el niño comenzaba a cambiar, lo cual era bueno de cierta manera, sin embargo, no cambiaría su forma de pensar, continuando con su rutina diaria se cambió su ropa a la de práctica, agarrando una espada de madera comenzó a practicar en el patio que tenía, su entrenamiento era algo tan natural para ella que lo vio como una forma de relajarse y calmar su mente, pensando que hacer en un futuro con los miembros restantes de Evilus.
Para su desgracia la única persona que podía identificarlos tenía una maldición que no podía delatar a sus captores, al principio pensó que solo los estaba protegiendo, pero luego se enteró por medio de la diosa que había sido marcado con una maldición de esclavitud.
Después de entrenar y con el sol comenzando a salir retorno a su cuarto, era tiempo para que se bañara y volviera a su búsqueda de justicia, mientras volvía a la mansión un extraño aroma llego a su nariz, era casi similar a la de carne quemada, deteniéndose en seco entrecerró los ojos cuidadosamente, con la espada de madera en mano se acercó cuidadosamente al aroma de la carne quemada. Llegando al almacén donde el niño dormía, curiosa y cuidadosa abrió levemente la puerta, solo para encontrarse con el niño tirado en el suelo, sus ojos se agrandaron y rápidamente fue a ver al niño que estaba en el suelo, al tocarlo noto como su cuerpo estaba caliente, como si estuviera con fiebre, chasqueando la lengua, lo agarro en brazos cargándolo directo a la mansión, el niño necesitaba ayuda y la diosa tenia pociones de curación en su habitación.
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Cuando Ryuu llego a la habitación de la diosa con el niño, el pánico inundo el rostro de la diosa Astrea, Shirou siendo cargado por Ryuu dejo que lo recostara en su cama, lugar donde hace poco la diosa se había levantado, la diosa confundida por lo que le sucedía al niño corrió a su armario donde guardaba las posiciones de curación, cuando toco el cuerpo del niño se sintió algo confusa al sentir que su cuerpo estaba ardiendo, era como si hubiera sido arrojado a una forja.
Cuidadosa le dio de beber un elixir de recuperación, con dificultad había logrado darle de beber el elixir, pero aun así su condición no cambio alertando a la diosa –Ryuu trae a Maryuu- casi suplicando, hizo que Ryuu fuera por su compañera de aventura que solía dormir mucho, cuando Ryuu salió de su habitación a toda velocidad, Astrea miro asustada al niño que lucía cansado, inconscientemente sostuvo su mano como si quisiera darle su apoyo para resistir, pero aun así su cuerpo estaba completamente caliente, como si algo dentro de él se sofocara.
Mientras miraba el cuerpo del niño, escucho varias pisadas acercarse, sabiendo que eran sus hijas espero que Maryuu llegara pronto y lo curara, a diferencia de Ryuu ella era la única que podía curara estamina y heridas, aunque no hubiera visto alguna herida, necesitaba intentar usar magia para que se curara.
Cuando la somnolienta Maryuu llego a la habitación agarro su bastón y comenzó a cantar su curación, mientras cantaba, las demás chicas de su familia miraron por la puerta como el niño lucio más rojo, líneas azules parpadeando en su cuerpo como si fueran venas, cuando el encantamiento de curación termino no cambio nada para la sorpresa de la diosa que empezaba a alterarse, no solo la poción, sino la misma magia curativa no funcionaba.
Comenzando a asustarse llego la capitana de la familia, Alise que siempre lucia calmado mostro una mirada confusa antes de tocar al chico, al notar que este estaba caliente lo agarro en brazos y corrió directamente al baño, detrás de ella la diosa Astrea fue a ver a donde lo llevaba, confiaba en su hija, pero en los últimos días esa confianza comenzó a disminuir, cuando llego al baño, no le importo mojar su pijama, cuando abrió la regadera, dejo caer el agua fría, como el metal fundido, al contacto con el agua, el cuerpo del niño comenzó a votar vapor, nublando la vista de los demás miembros que fueron al baño.
-Alise que sucede, todo está bien- entrando en el baño y con el vapor nublando la habitación, Astrea tuvo cuidado de no caerse al suelo, cuando se adentraba llevo a ver la figura de su capitana que tenía los brazos sosteniendo el cuerpo inmóvil del niño –parece que tiene algún tipo de fiebre, porque no lo trajeron aquí primero- confundida la capitana miro a su diosa que desvió la mirada a la elfa que estaba en la entrada.
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Cuando el niño fue sumergido en el agua, su ropa se mojó y se vieron en la obligación de cambiarlo, dicho acto ocasiono que todos bajaran su ánimo al descubrir un pasado marcado en carne, no solo descubriendo algo que Loki oculto, sino por el pasado del niño, la diosa que siempre lucia animado mostro una mirada decepcionada, Ryuu fue la más afectada en ese momento por algo que considero una atrocidad –esto se está saliendo de control, debemos detener a Evilus a toda costa- la capitana Alise con los dedos entrelazados hablo con una mirada muy molesta, todas sus compañeras mantenían la cabeza baja al recordar lo que vieron.
-cómo pudieron hacerle eso a un niño- Maryuu que estaba lista para salir bajo la cabeza triste, la segunda al mando Kaguya tenía la mirada más sombría, atormentada por su pasado que trataba de dejar atrás –diosa, cree que su actitud se deba a lo que le sucedió- Ryuu que estaba apretando los dientes se levantó molesta –que más puede ser, no viste lo que le hicieron, lo mutilaron y desgarraron su carne-
-Lion cálmate, tu ira no hará nada- ofendida por lo que dijeron desvió la mirada antes de salir de la sala de reuniones, Astrea que miraba la ventana se perdió en sus pensamientos.
Cuando Alise llevo al niño devuelta a la habitación de la diosa a pedido suyo, todas se reunieron como si nunca hubieran visto a un niño, entre comentarios divertidos, varias querían vestirlo como una niña para que así se uniera a su familia, aunque denigrante, varias de ellas disfrutaron del chiste, cuando Astrea iba a votarlas a todas de su cuarto, Ryuu que secaba el cabello del niño soltó un grito ahogado.
Cubriéndose la boca, sus ojos mostraron terror, Astrea no tardo tanto en averiguar porque la estoica elfa había soltado grito ahogado, Alise su capitana que estaba a punto de retirarse volvió a la habitación debido al grito, preocupada de lo que pudiera suceder, cuando Astrea levanto el cabello del niño, noto la razón por la cual Ryuu había gritado.
Todas abrieron los ojos por la conmoción y algunas de ellas más sensibles gritaron, ninguna de ellas dispuesta a decir algún chiste o comentario por lo que veían, el niño no era un humano como todas pensaron, aunque su cabello pudiera confundirse con la antigua familia Crosso que era odiada por los elfos, sus orejas decían otra cosa.
Las orejas del niño tenían el tamaño de una oreja humana, pero no era humano, ya que Ryuu al tratar de secar bien el cabello vio como la oreja del niño tenía una forma puntiaguda, pero esta estaba mutilada, como si se lo hubieran cortado tratando de imitar la oreja humana.
Para los elfos que se enorgullecían de su cuerpo, esto fue una blasfemia, Ryuu siendo un elfo con sus costumbres aun arraigadas, no podía evitar maldecir a la persona que llego a mutilar a uno de los suyos, las orejas que debían ser grandes y puntiagudas, lucían como orejas humanas, pero una cicatriz horrenda mostraba la herida que había sufrido, las orejas de los elfos eran muy especiales para ellos y ver a uno de ellos mutilado con una cicatriz que mostraba que fue quemado, hizo que su corazón se apretara.
No solo habían maltratado, sino que lo habían humillado al cortarle su simbolismo como elfo, con manos temblorosas, Ryuu ignoro la conmoción de su diosa, queriendo ver que ocultaba el niño sobre esos harapos, encontrándose con algo mucho peor, como si no pudiera comprender lo que sucedía, le arranco los trapos que llevaba por ropa, mostrando las múltiples heridas que tenía, marcas de cortes marcaban todo su pecho, hechos a partir de múltiples cuchillos como si se los hueviaran arrojado.
Comenzando a jadear por aire, Ryuu levanto al niño dándole un abrazo como si quisiera consolarlo, pero al hacerlo vio su espalda y se arrepintió de levantarlo, ya que en su espalda tenia marcas de látigo, marcas creadas por los esclavistas, Alise al notar la actitud de su compañera la alejo de la habitación, ayudando a que respirara.
Las demás chicas no pudieron aguantar más y salieron de la habitación, en su vida no creyeron ver algo tan horrible a excepción de la vice capitana que miraba asustada, como si un fantasma del pasado la huera persigo.
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Después de la conmoción, los miembros de la familia Astrea decidieron arreglar un cuarto para el niño, el arrepentimiento carcomía su ser, saber que ellas lo denigraban las hacía sentir sucias, como si ellas realmente no fueran diferentes a los traidores de Evilus, incluso Alise decidió enfocar más sus esfuerzos a buscar a los miembros restantes de Evilus que aún se escondían. En cambio, Ryuu que no podía llegar a comprender el dolor del niño, decidió ayudarlo, la habitación que habían elegido estaba al lado de la suya.
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Shirou que comenzaba a abrir los ojos, noto el techo de una habitación diferente, lo último que recordaba era que estaba tratando de reactivar sus circuitos mágicos en su pequeño cuarto, hasta que el dolor lo incapacito, no recordaba que doliera tanto o que su cuerpo tuviera una reacción tan extraña.
Aun así, trato de levantarse, notando que estaba en una cama, lo único que le vino a la cabeza fue que talvez había ocasionado más preocupaciones, algo que ya no quería ocasionar, con brazos temblorosos, trato de apoyarse en la cama, pero se le fue imposible, sus brazos rápidamente se volvieron flojos y no pudo levantarse.
Con sus parpados pesados levanto la mirada buscando algo familiar, pero no reconoció la habitación encontrándose esta vez en una habitación más limpia y decorada, soltando un suspiro se forzó a levantarse, como siempre forzó su cuerpo al máximo logrando sentarse a duras penas, incluso en ese momento una pequeña brisa lo derrumbaría, su cuerpo ardía y sus sentidos dolían mucho, sobre todo el oído.
Apretando los dientes giro la cabeza al único brillo llamativo, siendo este la luz de la luna que lo iluminaba, sonriendo pensó en la ironía de despertarse listo para el trabajo, soltando un bufido trato de mover su cuerpo, lentamente este se acercó a la horilla, pero cayo de la orilla al perder el equilibrio rodando por la suave cama, ocasionando un fuerte estruendo cuando su cuerpo cayo.
Mareado y adolorido se recostó en el frio piso, era reconfortante como su ser cansado encontraba comodidad en lugares sólidos, cuando pensaba que permanecería en el suelo, escucho como la puerta de la habitación se abrió, confundido por lo que escucho trato de levantarse o al menos girar la cabeza para ver quien estaba junto a él.
No teniendo que esperar mucho cuando su cuerpo fue levantado del suelo y recostado en la cama, con el cuerpo débil no pudo resistirse, solo mirando levemente a la chica que lo ayudaba, la sorpresa fue algo que llego a compartir por su mirada, no creyendo que la elfa que peleo con uñas y dientes para que lo votaran de su mansión lo ayudara, pero la gran diferencia que tubo fue ver la preocupación en sus ojos, no luciendo juzgadores.
-estas bien, como estas- soltando un suspiro miro la luna –como llegue aquí- incluso el hablar le parecía doloroso, Ryuu lo noto y desvió la mirada –te encontré desmayado en tu cuarto, que sucedió para que tu cuerpo ardiera- apretando el puño tomo una gran respiración antes de activar sus circuitos mágicos, sintiendo como más de veintisiete de sus circuitos se activaban, la sorpresa en los ojos de la elfa fue genuino, pero incluso el mismo se sintió sorprendido por lo que sentía, el dolor parecía desaparece y rápidamente se levantó –que hiciste- la elfa una vez más busco alguna respuesta, pero no pudo hacer más que cerrar los ojos al sentir como su energía era drenada y volvía a caer dormido.
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Los días volvieron a pasar con rapidez, después de que Shirou activara sus circuitos mágicos y fuera drenado de sus escasas reservas, tuvo la oportunidad de dormir profundamente perdiendo en los fragmentos corruptos de su pasado, dejando que su cuerpo agotado sintiera el pasar de los días, Astrea siendo la diosa amable que era le daba de comer y beber, incluso llegando a limpiar su cuerpo con un trapo.
Después de unos días de recuperación, su cuerpo había logrado recuperarse de su dolor, al despertar fue ayudado por la diosa que estaba preparando el desayuno, increíblemente su estado mental volvió a la normalidad permaneciendo despierto de día y dormir de noche, aunque a veces se confundía con los horarios, logrando que llegara a entablar una especie de relación con la diosa que trataba de hacerlo sonreír.
(sabes, me gusta cuando vas a lanzar. Tu postura es pura y sincronizada, no haces ningún movimiento innecesario como si el arco fuera parte de tu cuerpo)
Con su mirada concentrada en un objetivo soltó la flecha que sostenía con la mano izquierda, la flecha voló rápidamente clavándose a un lado del punto marcado, soltando un suspiro dejo que su cuerpo se relajara por la tensión de sus músculos aun con el leve temblor en sus manos, su mirada rápidamente se fue al arco que le habían prestado, esos recuerdos dolorosos y a la vez extraños aun lo atormentaban, no importaba donde estuviera, los fragmentos de recuerdos que se desvanecían poco a poco trataban de salir a flote, después de tanto tiempo de una lucha sin fin, esa voz hizo que su agitado corazón se calmara.
-eso fue impresionante, dime, donde aprendiste a usar así el arco- la vice capitana Kaguya camino con una sonrisa emocionada, había pasado tanto tiempo desde que vio a una persona usar el arte del Kyudo que inesperadamente se emocionó. Casi como si conociera al niño desde que nació tuvo la confianza de sostener sus manos –oye donde lo aprendiste, eres del oriente- olvidando que era un esclavo, Kaguya se emocionó mientras mantenía una sonrisa.
-lo siento señorita Kaguya, pero no soy de oriente, nunca conocí el mar- con una mirada baja Shirou hablo respetuosamente, aun cuando fue ayudado por los miembros de la familia Astrea, ellas pidieron que se les hablara con cierto respeto, ya que no se había ganado según ellas el derecho de llamarlas por sus nombres a excepción de algunas –oh vamos, ya te dije que me llames Kaguya- con una sonrisa sujeto las mejillas del niño comenzando a estirarlos.
-ya es hora de comer- desde la ventana Maryuu grito con una mano agitándose –vamos, es hora de comer- con un asentimiento de cabeza, Kaguya sostuvo su mano comenzando a jalarlo dentro de la mansión, el arco aun sujeto a su mano, una maldita costumbre de tener un arma lista. Aun cuando Kiritsugu le enseño magia de forma patética, tuvo que usar ese pequeño rastro de poder para superar cualquier obstáculo.
Cuando llegaron a la sala, la diosa Astrea lo miro con una sonrisa feliz –vamos Shirou, debes lavarte la mano- jalando al niño, lo llevo al baño donde comenzó a lavarse la mano, después de ser esclavo por tanto tiempo, lavarse las manos no era una prioridad.
-oh estuviste usando el arco de Ryuu, no se enojará- curiosa Astrea miro como el arco que Ryuu solía usar antes para practicar estaba algo viejo, pero Shiro que termino de lavarse la mano la miro confundido –ella me lo presto, dijo que hiciera algo más que quedarme en silencio mirando el cielo- secándose la mano volvió a sujetar el arco, la diosa asintió con una sonrisa agarrando su mano –bien, solo deja el arco en otro lugar, la mesa no es lugar para las armas- dando un asentimiento, dejo el arco recostado contra la entrada del comedor.
Cuando volvió con la diosa, todas ya estaban comiendo alegremente, siendo completamente ignorado, algo que no lo molesto, sintiendo algo similar al alivio cuando no recibía miradas de lastima, la diosa que se juntaba a su lado le extendió un plato de comida. Nuevamente la diosa lo miro esperanzada de que su comida realmente surtiera un efecto positivo, pero cuando Shiro lo probo, no mostro alguna reacción real.
La diosa al verlo suspiro derrotada, para luego tomar aire con más determinación –are que mi comida te haga sonreír alguno de estos días- con una declaración que sorprendió a todos en la mesa, guardaron silencio, girando sus cabezas en dirección a la única persona que permanecía impasible. Ryuu no contaba como una persona impasible debido a que ella tenía una tenue sonrisa cada vez que comía.
Después de un animado almuerzo, agarro los platos de comida de todos y se los llevo a la cocina para lavarlos, al comienzo Astrea estaba en desacuerdo de que hiciera algún tipo de trabajo, pero Alise menciono que no iba a comer gratis obligándolo a la diosa a ceder en su instinto de protección.
Derrotada tuvo que aceptar los términos de sus hijas que poco a poco lucían mas calmadas, cosa que irrito a Ryuu que aún tenía en mente la venganza contra Evilus, Alise y Kaguya eran conscientes de esta actitud, pero no hicieron nada para cambiar su forma de pensar debido a que no encontraron alguna pista sobre Evilus, incluso los niños habían vuelto a las calles a jugar con tranquilidad como si hace tan solo unas semanas no hubiera varios cementerios de niños rodeando Orario, aunque esa información no salió al público, las grandes familias eran conscientes de eso.
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-si seguimos escondidos me volveré loco- un hombre con orejas de conejo se sujetó la cabeza con ira, los días habían pasado con rapidez y los rumores de los niños ya era casi conocido, por mas que quisieran continuar con sus acciones, no podían hacerlo debido a las familias que se mantenían aliadas a Loki, la cual dirigía su búsqueda y captura de cualquier miembro de Evilus, sin embargo, las más molestas fueron la familia Astrea, no solo habían encontrado varias de sus guaridas, sino que también eliminaron la comunicación con otros miembros de Evilus, no podían moverse por el día debido a que el aroma a sangre era evidente para los semi humanos que podían diferencias la sangre de humano y monstruo.
Mirando a su dios que sonreía feliz ante el festín sangriento en frente suyo bailo una pequeña danza que mostraba su felicidad, escondidos como ratones, dejaron que su dios saliera del escondite y trajera comida para ellos, pero eso no evitaba que varias miradas no se despejaran de él. Cansados de esperar tuvieron que improvisar para volver a sumergir la ciudad en la oscuridad una vez más, para eso necesitarían romper psicológicamente a las demás familias y habitantes de Orario, para eso, estaban esperando la embarcación que resguardaba a las jóvenes promesas del futuro, dando una sonrisa dejo caer el papel que le informaba sobre el regreso del distrito escolar para su reparación y mantenimiento.
