La mañana siguiente Kagome se despertó antes del amanecer como cada día, estaba segura que ya no era necesario que asistiera a la oficina de Bankotsu, se había quedado sola y sin trabajo en un mismo día. No recordaba haberse metido en las cobijas por la noche, pero no le tomo importancia.

Esta vez decidió darse un baño en la tina, preparó su baño con agua caliente, esencias, algunas burbujas, velas y ver el amanece. No se podía negar que la vista era espectacular. Se agarró el cabello en un moño suelto y despacio se metió en al agua. Maravilloso pensó. Cerró los ojos y disfrutó. Hacía mucho no disfrutaba de un delicioso baño.

Se sobre saltó al sentir unas grandes manos en sus hombros y abrió los ojos de inmediato. Unos ojos dorados la veían con lujuria.

— ¿Qué haces aquí? — apartándose rápidamente y tratando de alcanzar la toalla para cubrirse. Unos pequeños mechones rebeldes húmedos se pegaban en su piel. Su bestia gruño.

— Es mi casa, donde más estaría — soltó sentándose a la orilla de la bañera.

— No me refería a eso — desvió la mirada hacia la ventana, el sol aún no salía del todo.

— prepárate, desayunaremos en 20 minutos, tenemos que hacer algunas y vas acompañarme.

No dejo espacio para que ella respondiera, salió del baño y la dejó ahí. La chica suspiró y ahora se metió totalmente en la bañera.

Varios minutos después estaba lista. Una falda negra estilo de tenis, blusa blanca, un cárdigan azul celeste sobre los hombres y unos mocasines negros con calcetines. Nuevamente paso por alto los accesorios, ella realmente no era de accesorios.

Bajo nuevamente las escaleras de madera, justo al pie de ellas ahí estaba el. Alto, desgarradoramente sensual, su se veía extremadamente sedoso, el Lord giró sus ojos y la vio directo, robándole el aliento. Estiró su mano y ella la aceptó. En esta ocasión la chica no dijo nada, dejó ser guiada al comedor, el Lord la situó a su lado derecho y él se sentó en la cabecera.

Una serie de empleados comenzaron a presentarse con varias bandejas. Waffles, huevos revueltos, tocino, fruta, pan tostado, queso fresco, leche, mimosas, jugo y café. Comenzaron a comer en silencio, ella tenía muchas dudas, estuvo a punto de preguntar algo, pero un recuerdo hizo que se tragara sus palabras.

Bankotsu, amor ¿a dónde le llevas? — decía la chica en tono juguetón.

¡QUE TE IMPORTA!, donde sea — claramente fuera de sí — ¿algún día podría hacer algo sin que hagas tantas preguntas?

Se removió un poco en su lugar incómoda, se sirvió un poco de café y bebió a prisa, quería quitar esa idea de su cabeza. El Lord notó el leve cambio en la chica.

El desayuno fue silencioso, trayendo los recuerdos de una noche con una luna brillante sobre una pareja que compartía un silencio casi cómplice.

La noche caía y las personas comenzaban a llegar. EL conde había rentado un majestuoso castillo que se encontraba situado sobre una colina, la vista de Tokio era magnifica. El castillo era utilizado por las familias mas acaudaladas para fiestas privadas. Había sido construido hace millones de años y era conservado de manera espectacular por parte del gobierno. Declarado un monumento histórico. Las rentas de este lugar iban a las arcas del gobierno. Con esto lograban bajar los impuestos y tener a la ciudadanía contenta. Ciudadanos mas contentos hacen los aperitivos mas deliciosos.

Constaba de torres altas y almenas hasta el cielo, construido con piedras antiguas, sus muros decorados con enredaderas llenas de flores, dando un toque de color a tan austera fachada. A los pies del castillo, se extienden jardines exuberantes y bien cuidados. Estos jardines son famosos por su laberinto, hecho de setos perfectamente recortados que forman caminos serpenteantes. En el interior del laberinto, hay estatuas de mármol, fuentes y bancos de piedra donde los visitantes pueden descansar. Los caminos están flanqueados por flores de colores vibrantes que desprenden fragancias cautivadoras. Culminando en un hermoso mirador con una maravillosa vista de la ciudad.

El sol comienza a ponerse en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos; las personas comenzaban a arribar. Miroku había escogido una beneficencia en apoyo a víctimas de tsunamis y desastres naturales, había enviado invitaciones a las personas mas pudientes de la Zona, incluido Bankotsu, encargándose de todas las artimañas posible. La asistencia de la azabache que lo volvía loco estaba confirmada.

Se realizaría una subasta silenciosa, había diversos premios, viaje a parís, un yate de lujo, 6 meses en un crucero todo pagado, unas vacaciones Italia todo pagado, además de diversos automóviles y becas universitarias. Todos obsequiados por Industrias Tasio. El perfecto lavado de dinero pensó la azabache.

Kagome había sido invitada a la fiesta por su amiga Sango Hirai, quien estaba realmente interesada en ese viaje a parís, Bankotsu le había dicho que ese día estaría trabajando hasta tarde. Ella le había dicho que acompañaría a Sango a una fiesta de beneficencia. El simplemente la ignoro, sin tomar importancia en lo que la chica le había comentado. Cruel error.

El Lord se encontraba saludando a diferentes personas, todas querían saber agradecer los donativos. En un segundo sus fosas nasales fueron inundadas con su aroma, dirigió su mirada a la puerta y ahí la vio.

Con su cabello azabache suelto, vestía un bellísimo vestido de seda suave y ligera, un acabado en satinado provocando que la luz reflejara de manera deslumbrante. Se ajustaba a la silueta en la parte superior, resaltando las curvas de la azabache, Falda amplia y fluida que se abre en un corte A, permitiendo que el vestido se mueva con el viento. De un bellísimo color tinto, resaltando la piel blanca de la chica. Cinturilla ceñida con un lazo delicado que acentúa la figura, con un espectacular y sensual corte en V que destacaba el cuello la chica. Logrando dejar sin aliento al Lord.

La azabache se sentía extraña, había muchos meses no salía había estado absorta en el trabajo y ajetreos de la vida de ama de casa, solo pensarlo la hacia sonrojarse.

Fueron directo al salón de la subasta, su amiga anoto sus datos en el viaje a parís y también en un vehículo, un Bentley Continental GTC color negro del año. Ella copa en mano se dedico a revisar los premios, sus ojos se detuvieron en las fotos del bellísimo yate dos pisos de exterior y uno interno jacuzzi en la cubierta, un destello de ella compartiendo una copa con unos ojos dorados la saco de balance.

Se sujeto momentáneamente de un pilar cercano, tratando de recobrar el aliento, una vez su amiga concluyo se dirigieron al salón principal, ella no se había percatado, pero había un par de ojos dorados que o se perdían ningún movimiento. Justo cuando el Lord quiso hacer su acercamiento otro caballero se apresuro al encuentro de la chica.

––– Hola Kagome, es un placer encontrarte aquí ––– tomando la mano de la chica para besarla.

––– Koga, no seas tan formal ––– Dijo la chica retirando su mano.

––– Me concederías esta pieza ––– Ahora ofreciendo la suya.

Ella dudo un poco, pero al final acepto. Koga la guio a la pista de baile, tomándola de la cintura, ella se removió un poco incomoda y el chico soltó el agarre un poco. Comenzaron a girar al son de la música, mientras tenían una pequeña platica sin interrupciones.

––– Aun sales con ese novio misterioso ––– Pregunto mientras veía el sonrojo de la chica aparecer al momento.

––– No es misterioso, ya lo conoces.

––– Tienes razón, pero no comprendo porque Ayame me cancelo para venir con el ––– Una sonrisa maliciosa apareció en su rostro

––– ¿De que hablas? ––– Los ojos chocolates de la chica brillaron con furia.

––– ¿No lo sabias? ––– Dijo mientras levantaba una ceja fingiendo inocencia.

La azabache reviso con la mirada el salón, pasando por alto los dorados que no le quitaban la vista; ahí fue cuando lo vio, iba saliendo de la sala con Ayame de la mano, desaparecieron detrás de la puerta. Al instante y sin pensarlo soltó a su amigo y fue detrás de la pareja.

Al instante que Kagome atravesó la puerta se arrepintió, justo antes de llegar a la esquina, Bankotsu tenia a la pelirroja con las piernas en su cintura, mientras compartían un beso. Ninguno se percato de la presencia de la chica, esta volvió sobre sus pasos nuevamente al salón. Falta de aire, busco la salida a los jardines, bajo las escaleras y se adentro casi de manera inconsciente dentro del laberinto.

Bajo la tenue luz de la luna, el laberinto de setos se erguía como un guardián de secretos oscuros. Las sombras danzaban entre las hojas, creando un ambiente tanto cautivador como inquietante, Kagome exploraba el laberinto con una mezcla de curiosidad y temor, como si el interior la estuviera llamando.

Con un porte elegante y una mirada de depredador, el Lord se movía silenciosamente entre los setos, su piel blanca brillaba bajo la luz de la luna, sus ojos dorados, reflejaban un profundo deseo por la azabache, quien se movía grácilmente, mientras su vestido ondeaba con el viento de manera casi incitadora.

Un escalofrío recorrió la espalda de la chica, algo en la atmosfera la incitaba a seguir, como si conociera el camino. Su corazón latía con fuerza, no solo por la intriga del lugar, había confirmado lo que ya sabía. Bankotsu no le era fiel, no la amaba, se sentía utilizada. Avanzo hasta por fin salir al mirador que prometía el final del laberinto. Delante de ella la ciudad se alzaba bellísima.

Kagome cerró los ojos para disfrutar de la deliciosa brisa nocturna y unas pequeñas lagrimas escaparon de sus ojos, su corazón se rompió esa noche. Pero ella no sabia el resto de las sorpresas que esa noche le traería. El vestido ondeaba con el viento, dejando ver en mas de una vez sus piernas largas y esbeltas. El aroma que llegaba con el Lord era totalmente embriagante. Salió de su escondite y se situó junto a la joven quien dio un respingo al sentirlo a su lado.

––– Hola ––– Dijo la chica tímidamente, había estado disfrutando de la soledad, pero extrañamente se sintió aliviada que fuera ese chico en particular.

El no dijo nada, ni siquiera la miro. Sin embargo, el acerco lo suficiente para darle un poco de calor, ella no se había dado cuenta, estaba temblando, de un momento a otro sintió como le frio le calaba los huesos, se froto los brazos. El Lord, en contra de todo deseo de sangre, comenzaba a tener un deseo más grande que solo beber la sangre de la Azabache. La desea como suya, la quería para toda la eternidad.

Ella sintió una mezcla de miedo y fascinación con la cercanía del Lord. Sus instintos le decían que debía huir, pero la conexión entre ellos era innegable. Él se acercó, pegando su pecho fuerte y musculoso, con la delicada y peque espalda de la chica, su presencia era dominante y posesiva, como si ya la reclamara como suya. Ninguno dijo nada. El silencio fue perfecto.