Capítulo 64

En medio de la silenciosa madrugada, Eric aterrizó a las puertas de la casa Stackhouse con Lil en brazos, bajándola aún en silencio y encaminándose tras ella para entrar y cerrar la puerta, que había quedado abierta tras su vertiginosa salida.

El coche de Sookie aún no estaba, puesto que la mujer debía estar de camino a la casa, y aún tenían un tiempo de soledad. Eric fue el primero en hablar, notando que ella no iba a iniciar aquella conversación tan necesaria.

-¿Estás bien de verdad?

-Sí. Tu sangre ha hecho efecto. No estoy débil ya. Gracias. -Respondió sin mucho afán, evitando mirarle. Eric no dejó aquello allí, yendo al grano.

-No puedes volver a hacer algo así, y no puedes volver a mentirme sobre cosas tan serias.

-Iba a funcionar. Si hubiera sido más fuerte, si me hubierais dejado intentarlo más, quizás podría…

-¡Casi mueres! ¿Qué es lo que no entiendes, Lil? Esa bruja lleva toda vida preparándose, y ni siquiera se atrevería a meterse en ese tipo de magia oscura. Por muy fuerte que sea tu linaje, aún no estás preparada para cosas así. -Cortó alzando la voz el rubio, posicionándose velozmente frente a la mujer, quien reprimió un respingo. Enseguida se recompuso y respondió con el mismo enfado.

-¡Yo te he hecho esto! No seas hipócrita, joder. ¿Acaso tú no hubieras hecho lo mismo? Tenía una puta opción para curarte, y ahora no tenemos una mierda. ¡Lo siento si no puedo quedarme de brazos cruzados mientras alguien a quien quiero se muere!

-Lo entiendo, claro que lo hago. -Agregó tras un silencio, bajando la voz y conteniendo su enfado al ver que los ojos de ella se tornaban vidriosos y su frustración se veía engullida por la tristeza. -Pero, Lil. Debes recordar que yo también te quiero a ti, y si tú no estás después de todo, nada de esto tendría sentido para mí. Buscaremos otra forma. La Autoridad trabaja contrarreloj, y ya sabes que les interesa mucho buscar un antídoto.

Prométeme que vas a calmarte y no habrá más secretos.

Lil tomó aire mientras Eric sujetaba su rostro suavemente, asintiendo cuando se rindió ante lo inevitable de aquella situación. Había perdido, y debía aceptarlo. Un segundo después enterró el rostro en el pecho del vampiro, susurrando que lo sentía.

Eric la envolvió entre sus brazos con cuidado, apoyando su mejilla en la cabeza de ella mientras sentía como sus lágrimas empezaban a mojar su camiseta. Aquel iba a ser un camino duro para todos.

A pesar de escuchar la llegada de Sookie, la pareja no se movió. Lil continuó derramando lágrimas silenciosas contra el pecho del vikingo mientras respondía a la pregunta de la rubia sobre qué había pasado.

-Los hechizos no han funcionado. Lil está bien, Sookie. Sólo necesita descansar. Mañana hablareis. -Agregó ante la expresión de la rubia, quien miraba con preocupación la sangre de su prima.

Stackhouse aceptó las palabras del vampiro, asintiendo para después continuar su camino escaleras arriba, mascando la preocupación. Al estar solos, Eric despegó a la morena de su cuerpo para mirarla al hablar.

-Tienes que descansar. Te acompañaré.

-¿Tienes que irte? -Susurró mientras se movían.

-No, en realidad no. Alcide no ha dicho nada; no hay novedades.

-Entonces quédate conmigo, por favor. Vamos al escondite.

Eric aceptó, guiando a la chica hacia el lugar, abrazándola por los hombros mientras ella pasaba el brazo por su cintura.

El mutismo fue protagonista en todo momento, incluso cuando ambos quedaron tendidos en la cama, mirándose y notando las emociones del contrario, gracias al vínculo de la sangre.

La mujer no podía soportar la carga de la culpa, y antes de volver a llorar, se abrazó al cuerpo de su amante, aferrándolo con fuerza para tratar de gestionar aquella impotencia.


Pam despertó, abriendo la tapa de su ataúd para salir de él, observando automáticamente después al de su lado, abierto y vacío. Eric no había dormido allí finalmente.

Lo primero que la vampiresa hizo fue comprobar su móvil, pero no tenía llamadas ni mensajes. Seguro que su creador había estado en la casa Stackhouse toda la noche, y el día, y aquello volvió a incendiar su interior.

Malhumorada, la rubia subió las escaleras del sótano para llegar a la zona de bar, encontrando allí ya a Tara preparando todo para el servicio de aquella noche.

-Hola. ¿Sabemos algo de Eric? -Preguntó sin mucho afán, cambiando de actitud al escuchar la respuesta.

-Llegó hace un rato. Está en el despacho.

Pam avanzó veloz hacia el lugar, entrando en el despacho sin llamar, a pesar de que Eric hablaba por teléfono con Flanagan. El vampiro no se inmutó ante la entrada de su creada, ignorándola mientras terminaba de hablar.

-¿Vas a contarme qué coño pasa en algún puto momento? -Preguntó con enfado la rubia, haciendo que Eric al fin la encarara, respondiendo de forma despreocupada.

-Vamos dentro de dos horas a por una de las manadas mas importantes del estado. Alcide ha hecho los deberes, y sabemos dónde guardan la sangre que queda.

-Me importan una mierda los lobos y Flanagan. Me refiero a ti, a la puta enfermedad y a por qué estás ignorándome.

-Nada iba a cambiar porque te contara nada, Pam. Tenemos cosas importantes que hacer, precisamente para parar esta mierda.

-Llevamos juntos más de 80 años; eres mi puta familia y quiero saber qué te pasa para estar contigo, igual que cuando hay momentos buenos, joder. Pero ahora sólo existe tu puta bruja medio hada, por la cual estás metido en esta mierda.

-No vayas por ahí, Pam. Te lo advierto. -Amenazó el hombre, cuando tuvo que apoyarse en el escritorio al sentir una repentina debilidad.

La vampiresa no llegó a responder ante aquella escena, acercándose vertiginosamente para levantarle la camiseta oscura. Tras reprimir un jadeo aprensivo, habló de forma temblorosa.

-Oh, joder, Eric. Ha empezado.

El vikingo no contempló las venas negras marcadas en el centro de su pecho que había descubierto al despertar aquel día, limitándose a susurrar que debían ponerse a trabajar, y le ordenaba que lo dejara solo.

Pam obedeció cuando él le gritó de nuevo la orden, dejando que sus lágrimas carmesíes rodaran por sus mejillas cuando hubo llegado al sótano del local. Una vez sola, rompió en llanto, llena de impotencia y miedo.

Aquello duró poco, puesto que minutos después, escuchó como Tara le abría la puerta del local a Lil, quien le preguntaba por el paradero de Eric.

Sintiendo el fuego arrebatador de la ira, la vampiresa limpió su rostro y acudió al bar con total decisión. No pensó en cuanto vio allí a la bruja, sólo actuó guiada por el odio, acercándose con su super velocidad para cogerla del cuello y estamparla contra la pared.

-¡Tú, puta zorra medio hada de los cojones, tienes la culpa de todo! ¡Sólo has creado problemas desde que apareciste! ¡Eric va a morir por tu culpa!

Tara corrió a separar a su creadora de la joven, pero Pam apartó con un fuerte manotazo, continuando con sus gritos hacia la morena. Lil trató de defenderse, pero sintió que la vampiresa apretaba más su cuello para impedirle hacer nada.

-¡Suéltala ahora mismo, Pamela! ¡Es una puta orden!

El estrepitoso grito de Eric hizo que aquella fuerza arrolladora obligara a la mentada a soltar a Lil, haciendo que Tara volviera a acercarse para llevársela de allí, en cuanto Pam habló fríamente, dirigiéndose a Sandford.

-Cuando Eric muera, juro que te mataré mientras te miro a los putos ojos.

En cuanto Tara se llevó fuera del local a Pam, Eric se acercó hasta Lil, tomando su cara entre sus manos mientras le hablaba dulcemente.

-Lo siento mucho, Lil. ¿Estás bien? Sólo está asustada, no es verdad lo que dice. -Agregó al saber que ella no pensaba así, evitando su mirada. La camarera centró sus ojos en los de él para hablar decidida.

-Sí, joder, tiene razón. Esto es por mi sangre, Eric, y ni siquiera estoy pudiendo ayudarte porque no soy lo suficientemente fuerte. No sabemos ni cuánto tiempo tenemos.

La morena calló al sentir las emociones de él, pasando a escuchar lo que pensaba tras esas palabras, y no puso sino hablar con gran angustia.

-Ya ha empezado… estás enfermo. Enséñamelo.

Sin esperar a que él lo hiciera, Lil alzó la camiseta del vampiro hasta encontrar las venas oscuras surcando su pecho. Aceptando aquel mazazo de realidad, la voz de Eric sonó calmada.

-Está noche vamos a por la manada más importante, la que controla el resto de sangre. Los científicos de la autoridad hallarán la cura.

-Está yendo más rápido de lo que pensamos, Eric. No tenemos tanto tiempo. -Respondió exasperada, escudriñando sus ojos.

-Hay que intentarlo porque es nuestra última opción, Lil -la cortó prácticamente, sujetándola por los brazos-. Ahora necesito que vengas con nosotros para ayudarnos a conseguir esa sangre, y que cumplas lo que me prometiste anoche. No voy a rendirme, así que ayúdame a luchar, ¿vale?

La mujer hizo un esfuerzo enorme por asentir, resignada, aguantando el llanto tanto como pudo antes de abrazar al vampiro con fuerza.