Capítulo 9:
Un Niño Llamado Sora
La cara de Hoshiyomi era preocupante, y aunque Yuya intentó acercarse de buenas y en primera, desistió luego de que sus acompañantes ayudaran a su jefe en vez de él.
—Señor Tsukumo, ¿se encuentra bien? Por favor, traigan un té. —
Varias personas se movieron, y cuando Hoshiyomi pudo estar sentado, la primera conmoción ya parecía haber pasado.
—¿Señor? ¿Se encuentra bien? ¿Sucedió algo? —
Yuya estaba al pendiente, pero sabiendo que no podía ayudar más que con dos palabras, se mantuvo alejado.
"Es mejor así."
Se dijo, para luego posarse detrás de los trabajadores de Arckumo.
"El Señor Tsukumo y yo no somos cercanos; solo lo empeoraré si ayudo."
Fue su decisión.
Por lo que, luego de que Hoshiyomi volviera a encontrar la calma y su mente se aclarara, dio unas suaves palabras:
—Lo siento, me sentí mareado por un momento. ¿Tal vez me moví muy rápido? —
Los trabajadores se miraron entre sí como si discutieran algo, pero al final aceptaron la excusa.
—El Señor Tsukumo es joven, pero debe cuidarse. —
—Sabemos que el trabajo es importante, pero el Señor Tsukumo es primero. —
—¿Qué pasará con la industria si el Señor Tsukumo no se cuida primero? —
—¿Desea que llamemos algún doctor? —
Los trabajadores eran sinceros; sin embargo, Hoshiyomi negó con la cabeza.
Ver a su padre de imprevisto, cuando apenas le había enviado un mensaje pidiéndole un favor, lo impactó.
No obstante, debía recordar quién era ahora y qué es lo que debería estar haciendo, por lo que, agradeciendo con sinceridad el cariño de sus trabajadores, se acercó hasta su mayor prioridad, quien lo miraba como un lindo gato.
Sin saber si debía o no acercarse.
—Lamento que hayas presenciado esto. Debí parecer débil. —
Yuya, que se sorprendió de ver a Hoshiyomi avergonzado, negó con manos y cabeza.
¿Cómo podría culpar a un hombre por simplemente padecer una ligera caída?
—No tiene que preocuparse, ¡el Señor Tsukumo es grandioso! Así que no pienso cosas malas de usted. —
—¿Realmente? —
—¡Por supuesto! —
—¿Seguro? —
Yuya volvió a asentir, y aunque aún veía una tez pálida en su patrocinador, actuó como consideró que el otro deseaba que hiciera.
—He estado esperándole, ¿pero está bien que continuemos? —
—No hay ningún problema. —
La confirmación hizo que los trabajadores suspiraran y Yuya se calmara, y aunque no estaban completamente seguros de dejar a su imprudente CEO, siguieron sus deseos.
—El Señor Sakaki ya ha escogido sus ajuares. También hemos agregado vestidos. —
Informó una de las diseñadoras, seguida de los demás.
—También se le han agregado algunas botas; se excluye el tacón alto en voz de su nueva imagen. —
—El Señor Sakaki debutará con una imagen atrayente, atractiva pero también dulce. —
—¿Eso ayudará en sus duelos? —
Hoshiyomi preguntó, pensando en que Yuya tal vez podría enojarse por el cambio; no obstante, se sorprendió cuando el mismo Yuya explicó:
—Soy consciente de que hay que cambiar algunas cosas, pero la ropa no es impedimento en los duelos. Me acostumbraré a ella. —
—¿Estás seguro? —
Yuya asintió, y alcanzando un vestido, agregó:
—Tal vez me sienta avergonzado, pero no es como que lo haya rechazado cuando me preguntaron. —
Hoshiyomi temió haber empujado a Yuya a un cambio agresivo, pero se sintió en paz cuando el menor le sonrió.
Tan sinceramente, que olvidó sus preocupaciones en primer lugar.
"Ya reclamaré en su momento."
Se prometió, y ordenando a los demás que llevaran todas las cosas nuevas a su auto y que él pagaría lo que hiciera falta, tomó a Yuya antes de volver a apreciarlo.
El pantalón ajustado en color verde realzaba la esbelta figura de Yuya, adaptándose a cada curva sutil como si hubiera sido diseñado para él. La camisa formal, con su corte asimétrico que dejaba un hombro al descubierto, parecía una declaración atrevida y a la vez elegante, una mezcla de inocencia y audacia que resultaba difícil de ignorar. La bolsa que colgaba despreocupadamente de su hombro derecho aportaba un aire juvenil, mientras que los tenis con plataforma añadían un toque moderno, casi juguetón.
Y luego estaba el maquillaje...
Era tan discreto que uno podría pensar que Yuya simplemente había despertado con ese resplandor. Un ligero rubor coloreaba sus mejillas, como si una brisa suave lo hubiera besado, mientras que sus labios, cubiertos por un rosa tenue, invitaban a admirarlos con detenimiento. No necesitaba más; cada detalle parecía diseñado para realzar lo que ya era innatamente hermoso.
Hoshiyomi sintió cómo su pecho se apretaba. Era demasiado perfecto.
"¿Cómo alguien puede ser tan irreal?" pensó, intentando ignorar el calor que subía por su cuello. Se obligó a mantener una expresión neutra, aunque en su interior era un caos de emociones.
Era imposible no notarlo, no sentirse atraído por aquella luz que irradiaba Yuya. Su esencia lo embriagaba: no era solo su apariencia física, sino algo mucho más profundo. Una pureza que parecía desafiar la oscuridad que Hoshiyomi había abrazado durante tanto tiempo.
Los pensamientos lo traicionaron cuando, sin darse cuenta, pronunció en voz baja:
—¿Sabes cómo nace una rosa? Ellas rasgan la tierra, echan sus raíces y levantan sus espinas. Al final, luego de la lucha, abren sus pétalos y dejan caer sus semillas. Yuya, creo que eres una bella rosa que apenas extiende cada uno de sus pétalos. —
Yuya levantó la vista, completamente atónito.
Hoshiyomi, por su parte, sabía que había dicho demasiado, pero el brillo en los ojos de Yuya—ese destello ingenuo y cálido—lo hacía imposible de lamentar.
—Eres tan etéreo que creo que acabo de confundirme con el despertar de un Dios. ¿No piensas lo mismo? —
El silencio que siguió fue casi insoportable. Yuya, con su rostro encendido en un tono carmesí, luchaba por encontrar una respuesta. Pero Hoshiyomi no necesitaba que respondiera; el simple hecho de verlo reaccionar así era suficiente para él.
Era peligroso.
Cada segundo que pasaba cerca de Yuya sentía que su autocontrol flaqueaba, que la barrera que había construido con tanto esfuerzo comenzaba a resquebrajarse. Pero por ahora, mientras pudiera esconder sus verdaderos sentimientos, se conformaría con contemplar a Yuya desde las sombras, como quien admira una obra de arte inalcanzable.
Yuya por otro lado, al sentir la intensa mirada de Hoshiyomi, no podía evitar que su rostro se encendiera.
La calidez de sus palabras seguía retumbando en su mente, haciendo que se sintiera como si todo su cuerpo estuviera envuelto en una sensación extraña y agradable.
Con dificultad, intentó responder, pero las palabras le salieron atropelladas, con el tono bajo y titubeante, como si no estuviera seguro de lo que debía decir.
—Gracias... gracias a usted es que me veo así... — Murmuró, mirando el suelo, avergonzado por el cumplido y aún con las mejillas sonrojadas. — Prometo que su inversión no será en vano... —
Hoshiyomi no mostró ninguna emoción externa, su rostro permaneció imperturbable, como si no hubiera escuchado nada fuera de lo común. Sin embargo, en el fondo, algo no le gustaba de esa respuesta.
"No eres una inversión, Yuya. No puedes verlo solo de esa manera." Pensó, pero se abstuvo de expresar su descontento.
Él lo quería, sí, pero eso debía permanecer en secreto.
Con un suspiro casi imperceptible, Hoshiyomi optó por dejar pasar el comentario, aunque en su mente, la idea de que Yuya se viera solo como una transacción le resultaba insatisfactoria.
—Está bien. — Respondió, su tono tan neutro como siempre, pero lo suficientemente suave como para que Yuya no se sintiera rechazado.
El silencio entre ambos se extendió solo un momento, hasta que Hoshiyomi, con una ligera sonrisa que apenas se notaba, hizo una propuesta inesperada.
—¿Te gustaría llamarme solo por mi nombre? — Su tono era casual, como si le ofreciera algo muy sencillo. — "Señor Tsukumo" me hace sentir como si estuviera hablando con uno de mis empleados. —
Yuya se quedó en silencio por un instante, completamente sorprendido.
La solicitud no solo era inesperada, sino que también sentía que algo importante se estaba desarrollando entre ellos, como si, de alguna manera, la barrera que separaba sus mundos estuviera comenzando a desvanecerse.
Con una pequeña risa nerviosa, Yuya, aún con el rostro sonrojado, no pudo evitar responder.
—Está bien... — Dijo, pero luego añadió, un toque de humor en su voz. — Pero, a cambio, deja de decirme "Joven Sakaki". ¡Me hace sentir como si estuviera en la escuela! —
Hoshiyomi, sin perder su compostura, sonrió ligeramente, casi imperceptible, antes de asentir con la cabeza.
—¡Hecho! — Contestó, y la serenidad en su voz sólo intensificó la extraña sensación que se estaba apoderando de Yuya.
Y con ese pequeño acuerdo, ambos se sintieron, por un instante, más cercanos, más humanos, fuera de los títulos y las formalidades.
Como si todo lo que había entre ellos no fuera más que un delicado equilibrio esperando ser tocado.
Hoshiyomi entonces, con una mirada más tranquila, decidió romper el momento con una invitación inesperada.
—¿Te gustaría seguir recorriendo el edificio? Aún tengo varios detalles que me gustaría comentarte. —
Yuya, aún ligeramente abrumado por la calidez que había empezado a notar entre ellos, asintió rápidamente.
Y mientras caminaban, una sonrisa ligera se dibujó en su rostro, pero no fue solo por la invitación.
Su mente comenzó a dar vueltas, como si todo lo que estaba sucediendo fuera un paso más hacia un sueño que parecía estar alcanzando.
Pensó en su papá, en todo lo que le había prometido, en el futuro que siempre había soñado, y cómo todo eso estaba comenzando a volverse realidad.
"Cada vez estoy más cerca de lograrlo. Papá, ¿me estás observando? Pronto nuestro sueño se hará realidad."
Yuya, con el corazón lleno de una emoción que apenas podía comprender, continuó caminando, sintiendo que este día sería uno que nunca olvidaría.
—¿Cuándo llegará? —
Cuestionó en voz baja el niño llamado Sora, mientras masticaba un pedazo de su paleta de caramelo.
Sora, luego de convencer a Yuzu de llevarlo con él para encontrar al usuario de la invocación péndulo, esperó pacientemente en la escuela de duelos; sin embargo, ya casi era de noche y el susodicho aún no había aparecido.
Lo que hacía de su estancia la más aburrida.
—Ya llegará, él siempre viene aun así sea solo a saludar. —
Dijo Yuzu en un tono conciliador, entregándole a su pequeño invitado un poco de té.
Sora tomó la taza por educación, pero al notar que la bolsita con la manzanilla aún no había soltado todo su sabor, la dejó sobre la mesa, con un gesto cansino.
—Gracias por la bebida. —
Agradeció para no parecer grosero, pero aun así no se atrevió a beber el contenido.
Sora había probado tés bastante costosos en su lugar de origen, y volver a beber algo tan desabrido, no le apetecía en lo más mínimo.
—¿No vas a tomarlo? —
Yuzu, que se percató de su acción, preguntó, más el otro dio una buena excusa.
—Aún tengo el sabor del dulce en la boca. Quiero esperar un poco. —
—Pero va a enfriarse. —
—No te preocupes, puedo beberlo después. —
La conversación pareció morir en el instante, sin embargo, luego de algunos minutos, Yuzu murmuró.
—¿Y si no viene? —
El miedo estaba impregnado a la pregunta, tanto como el enojo.
Sora, por el contrario, sonrió al escucharla.
¿Que Yuya no vendría?
Un brillo sombrío se posó en sus ojos.
"Eso es imposible."
Antes de salir de la residencia Sakaki, para asegurar que realmente Yuya lo encontraría, dejó una nota amenazante en la cocina y le dio un par de boletos a Yoko, que robó para asistir a un spa.
De esta manera, aunque la amenaza de que tenía secuestrada a Yoko era mentira, Yuya vendría corriendo a él con su ubicación para tener un duelo.
Así que no tenía que preocuparse. Yuya vendría a encararlo sí o sí.
Y aunque no esperaba que la tardanza fuera tan grande, luego de una hora más, el sonido de una camioneta derrapándose al frenar, seguido de pasos apresurados, le dio la razón.
Por lo que, levantándose, encaró rápidamente a quien había asignado: su presa.
—¡Sora! ¡¿Dónde es que te escondes?! —
Yuya llegó gritando, con Hoshiyomi detrás.
Y aunque el director Shuzo y Yuzu le pedían explicaciones sobre él mismo y su ruda entrada, Sora no hizo más que reírse.
—¡Tu...! —
Los pasos de Yuya eran atemorizantes, sin embargo, Sora no sintió ni el más mínimo miedo.
Ni siquiera cuando Yuya le tomó por el cuello.
—¡¿Dónde...?! ¡¿Dónde está mi madre?! ¡¿Qué le hiciste?! —
—¡Oye! ¡Yuya! ¡Espera...! —
Intentó detenerlo el director, pero Hoshiyomi le detuvo, mostrándole la nota que Sora había dejado.
Yuya sacudía al más pequeño, pero este mismo seguía riendo.
Como si no hubiese hecho nada malo.
—¿Por qué estás tan agitado...? Hermano Yuya, tengamos un duelo. —
—¡¿Un duelo dices...?! ¡No tendré ningún duelo hasta que me digas dónde está mi madre! —
—Sí tenemos un duelo te diré dónde está. —
El tono de Sora fue bajo, como un demonio.
Pero Yuya, que notaba no tener otra opción más que atender a la demanda, asintió, aunque no antes de soltar su propia amenaza.
—¡Si algo llega a pasarle a mi madre...! Juro que vas a arrepentirte. —
Sora puso una cara triste, como si en verdad le hubiese calado lo que le dijo el otro.
Sin embargo, luego de unos segundos, volvió a su habitual sonrisa, como si solo estuviera jugando.
—Está bien... —
Sora ya había obtenido lo que quería, qué más daba si Yuya se enojaba.
Y entonces, ante una mirada perpleja de Shuzo, que apenas sabía de la jugarreta de Sora, Yuzu que esperaba explicaciones con cara angustiada por haber ayudado a un secuestrador, y un Hoshiyomi con un semblante serio, el duelo tan esperado se suscitó.
Yuya, que había sido severamente afectado con la noticia de que su madre no estaba a salvo, tomó el primer turno.
Y aunque los espectadores contaban que iba a ridiculizarse para abrir su usual espectáculo, Yuya les hizo saber con acciones que esta vez no sucedería.
—...¡Y ahora! ¡Coloco a 'El mago contempla tiempo' y 'El mago contempla estrellas' en la escala péndulo! ¡Aparece...! —
Los monstruos As de Yuya tampoco tardaron en aparecer.
Sin embargo, aunque fuese una buena avanzada, esta misma fue destruida poco después por el niño que no tardó en mostrar sus verdaderos colores.
Con sonrisa retorcida, hizo invocación fusión tras invocación, y aunque Hoshiyomi ya había dado con la localización de Yoko gracias a Arckumo, él no dijo nada para no interrumpir el duelo de Yuya.
Aunque en su interior, Hoshiyomi sabía que no debía preocuparse más: Yoko estaba a salvo. Pero, por respeto a Yuya, se limitó a esperar el resultado.
No era un mal duelo, pero que Yuya estuviera enojado no ayudaba en nada, así que Shuzo y Yuzu tampoco tardaron en reaccionar.
—¡Yuya! ¡Los duelos no son herramientas para pelear! ¡Recuerda tu entrenamiento apasionado! —
—¡El entretenimiento está en tu sangre! ¡Yuya! ¡No te rindas! —
Los gritos fueron alentadores, pero Hoshiyomi no estaba de acuerdo, así que agregó con voz demandante.
—¡Yuya...! ¡La furia no ayudará en tu duelo! ¡Hazlo a tu manera! ¡Encuentra tu propio estilo de duelo! —
"¿Mi propio estilo de duelo...?"
Yuya, que estaba sumergido en la preocupación, notó una nueva voz.
Y al percibir quién era el que le gritaba con ánimos de apoyarlo, pensó en lo que le había gritado.
¿Está bien seguir su propio estilo de duelo?
¿Realmente podría lograr algo si lo intentaba?
Yuya quería creer, pero el recuerdo fue más fuerte.
Así que, decantándose a lo que él dominaba y conocía, no tardó en encontrar una solución a su precario enfrentamiento.
—¡Damas y Caballeros...! ¡El Show está por iniciar...! —
El grito logró un vuelco en el corazón de sus oyentes, pero Hoshiyomi fue el único que sonrió por compromiso.
A él nunca le agradó el estilo de duelo de Yuya, y nunca lo haría.
Pero revelar eso justo ahora...
No era lo más conveniente.
Así que limitándose a apoyar con su presencia, una vez la pantalla del ganador apareció sobre el campo de duelo, se acercó hasta estar al lado de Yuya.
Quien, a su vez, pidió más explicaciones al niño que reía ante su travesura.
—¿Dónde está mi madre...? ¿Dónde la llevaste? —
—Ella está a salvo. —
Sora reveló.
Hoshiyomi solo lo confirmó.
—Ella, ahora mismo, está en un spa. Tal parece que tenía un par de boletos. Acudió con una de sus compañeras de trabajo. —
—¿Cómo...? —
Yuya no pudo evitar suspirar, sintiendo como el alma le volvía al cuerpo. Se recargó suavemente sobre el hombro de su nuevo amigo.
Ya había tenido suficiente como para siquiera poner atención a lo que sus conocidos le decían, y lo que Sora le exigía.
