Capítulo 13:
Un Cuento de Terror
Un paso.
Yuto daba una respiración profunda.
El olor de cosas quemadas aun menguaba en el aire.
No quería desaparecer.
Segundo paso.
Había aplastado un juguete.
Lo levanto con solo una mano, parecía haber pertenecido a una niña pequeña. Los ojos de la muñeca se mueven cada vez que la hacia delante y atrás para observarla.
Tiene un vestido azul y es de porcelana.
"Era una niña rica..."
Reflexiona.
Al final, decide tirarla.
Tercer paso, cuarto paso, quinto paso, sexto paso...
Vuelve a detenerse.
Por alguna razón hay ropa rasgada y tirada en el suelo.
Hay zapatos pequeños y grandes.
Era todo un caos.
"¿Habrán intentado escapar?"
Se cuestiono, a la vez que rememoraba todas las maquinas de asedio que derrumbaron edificios y causaron sismos por lo grande de su tamaño.
Da un vistazo general al paisaje.
Yuto ahora no cree que hayan podido escapar, pues su nariz percibe la putrefacción.
Intenta tapar su boca con su mano, pero el olor que desprende la mano pequeña que sobre sale de los escombros es...
PUAJ
Yuto devuelve lo poco que había consumido aquella tarde.
Fue inevitable, los cadáveres en esa zona parecen ser... demasiados.
Yuto intenta mirar a otra dirección pero, una vez más se encuentra con una mirada vacía.
Por su complexión y el hecho de que le falta la mitad del cuerpo, Yuto imagino que el hombre había tenido la menos veinte o treinta años.
Las moscas comienzan a dispersarse por la fuerte lluvia y él, lo agradece sinceramente.
"Estoy seguro que lo ultimo que hubieras deseado era terminar así, ¿cierto amigo?"
Yuto vuelve a girar su vista en otra dirección.
Levanta su cabeza, y camina.
Sus pasos ahora son mas pesados.
Le duele enormemente el pecho.
La misión que se le había dado como parte de la resistencia en Heartland era encontrar comida, agua potable y si había suerte, algunos medicamentos.
Así que se empuja a sí mismo a ir hacia adelante.
¿Donde?
Donde quiera que hubiese una señal de lo que buscaba.
Yuto mira a su alrededor, enfoca sus sentidos a buscar la presencia del enemigo.
"...Creo que no hay nadie."
Y salta luego sobre una casa en ruinas.
El primer piso estaba derrumbado, pero la cocina y la sala, daban la apariencia de estar intactas.
"Gracias a Dios."
Agradece con ferviente fe, como nunca lo había hecho y como ahora a cada rato termina por hacer.
Se agacha para buscar en las gavetas rotas y rompe otras mas para ver su contenido.
Su cara que es rígida se suaviza al encontrar latas en buen estado.
"Atún, zanahorias, frijol, duraznos dulces, piña en almíbar, hongos..."
La lista por alguna razón se siente refrescante.
Toma lo que puede en la mochila que carga sobre su espalda y comienza a buscar lo demás que hace falta.
Pasa una hora en preocupante silencio, y al final sale con dos botellas de agua, un poco de medicamento y las latas que encontró.
"Es poco pero..."
Hay una chispa de luz que baila sobre sus ojos.
"Es tonto emocionarme por algo así..."
Intenta regañarse, sin embargo sale apenas escucho el sonido de pasos acercarse.
La felicidad que se había acumulado momentáneamente desaparece y es remplazado por el terror.
Corre con toda la fuerza que sus piernas le puede dar.
Salta, se esconde, se agacha, y vuelve a correr.
Es un ciclo que se repite, pero le ha salvado la vida muchas veces.
Y cuando vuelve a reaccionar, ya esta de nuevo a salvo.
Camina al refugio, y se encuentra con aquellas personas que rezaban por su bien.
—¡Haz vuelto! —
Ese fue un hecho, y dejando en el suelo la mochila con la valiosa mercancía, una mujer se hace cargo de repartirla.
—Muchas gracias, Yuto. —
Yuto sonríe con sus labios secos, y con el corazón apretado.
Luego se felicita así mismo y se encamina hasta la tienda donde sabe que será bien recibido.
Shun, su único amigo le observa con detenimiento cuando entro; al parecer estaba acomodando una de sus tantas barajas, y otras cartas que... prefirió no ver.
—Regrese. —
Dice Yuto como un hecho, con una sonrisa a medias y a cambio, Shun se abalanza sobre él para darle un fuerte abrazo.
No hay queja a pesar de la severa herida que esconde en el abdomen, y Yuto a su vez lo lleva de regreso a los cartones apilados que funciona como cama.
—Te traje un antiséptico, y un antiinflamatorio. —
—¿No lo entregaste con lo demás? —
Hay una sorpresa sobre el rostro de Shun, pero Yuto solo se encoge de hombros.
Saca el antiséptico y usa sus anteriores conocimientos de primeros auxilios.
Debajo del pesado abrigo hay viejos vendajes, así que se esfuerza para hacer nuevos.
Yuto es diligente sobre su trabajo así que termina en un tiempo récord; acerca las pastillas blancas y un poco de agua.
Shun que entiende, suspira para luego tomarlas.
Esta era la dinámica que habían tenido los últimos meses, luego de que Shun había sido herido en plena pelea.
Yuto intenta mantenerlo con vida y Shun, trata de no morirse desangrado.
No hay equipo especializado como para intervenir en la herida de Shun, por lo que solo les queda rezar para tener suerte.
Saben que de hacer publica esta herida, Shun será expulsado; y aunque estén en desacuerdo sobre deshacerse de los viejos y enfermos, saben que no tienen opción.
Se trata de sobrevivir, así que no dicen nada.
—Duerme un poco. —
Pide Yuto, y se dispone a salir pero...
Shun es rápido así que lo atrapa entre sus brazos.
—No te vayas. —
Le ruega con una voz cancina, herida.
Sus corazones que aun laten, pueden sentirse a través de la ropa.
Yuto esta nervioso, pero esto no era nada nuevo. Lo medita con cuidado y al final, acepta.
Se deja envolver, y se coloca de frente a Shun.
Da un beso de buenas noches, y se recarga en el fuerte pecho.
El calor que su amante le proporciona es cálido, cariñoso y esta lleno de amor; le hace recordar cuando tenían buenos días, y cuando podían despertar sin sobresaltarse por cualquier sonido.
Yuto anhela volver a esa época pero...
La cruda realidad vuelve a golpearlo.
—¿Estas bien? —
Le pregunta el joven frente a él. Cabello blanco como la nieve sin mancillar, ojos profundamente dorados.
Fue quien le rescato hace poco en las bodegas, y quien le prometió vengar a su mundo.
—¿Tienes hambre? —
Le pregunta con una curiosa familiaridad, acercando una bandeja llena de comida.
El edificio donde se encuentra es asquerosamente lujoso, por lo que nunca llega a sentirse realmente cómodo, sin embargo, asiente con la cabeza.
No quiere ser grosero con su benefactor.
—No sabía exactamente que es lo que te gustaría así que le pedí a los chefs varias comidas. Por favor, si deseas algo en especifico, no dudes en pedírmelo. —
Dice el otro dejando la bandeja sobre sus piernas.
Yuto observa los manjares y, se sorprende cuando encuentra solo sus comidas favoritas.
"¿Fue una coincidencia...?"
No puede evitar sospechar al ver la comida, percatarse del detalle pero, al final decide ignorarlo.
"Es una coincidencia."
Determina y dando el primer bocado, tampoco puede evitar que lagrimas salgan de sus ojos.
¿Hace cuanto que no disfrutaba de una comida completa, caliente y deliciosa?
Yuto no puede creer que se emocione tanto por algo tan pequeño.
No obstante, el joven a su lado comienza a consolarlo.
Limpia sus lagrimas y le ofrece su hombro cuando el nudo en su garganta no lo deja comer.
Ninguno dice nada, y Yuto lo agradece infinitamente.
Especialmente porque no sabría que decir.
Luego, cuando sus lagrimas ya se habían secado y la comida se habría terminado, Astral quien lo cuido con tanto esmero se despide en silencio.
Da la vuelta y le pide que descanse.
—Deje el medicamento sobre el buro, sí necesitas algo más toca la campana que tienes a un lado de la cama. Vendré corriendo de inmediato. —
Su hospitalidad y servicio para Yuto eran abrumadores, pero no dijo nada al respecto.
"Supongo que me encuentro demasiado mal si él tiene que desvivirse para cuidarme."
Pensó con cierta culpabilidad y asintiendo, trato de darle una respuesta que los satisficiera a ambos.
—Así lo haré. —
Astral entonces salio de la habitación y el se quedo solo una vez más.
Las mantas eran cálidas, y el medicamento ya estaba haciendo efecto en su maltrecho cuerpo; la somnolencia comenzó a atacarlo, sin embargo deseo recordar un poco más sobre su mundo.
Y sobre su amante, ese que había desaparecido después de atacar directamente el LDS.
Por otro lado, cuando Astral salio de la habitación con la bandeja vacía en manos, en lugar de encaminarse a las cocinas para dejar su carga, se encamina hasta la sala de control donde ya su hijo mayor y Tokiyomi le esperan.
Cada uno con caras complicadas y labios apretados.
—¿Hubo suerte? —
Pregunto primeramente Hoshiyomi mientras le retiraba la bandeja de sus manos.
Astral suponía quería que le trajera buenas noticias pero...
La situación lamentablemente era mucho mas complicada que eso.
—Yuto ahora mismo trata de asimilar su nueva realidad. Por el medicamento, los somníferos y las heridas junto a la desnutrición de su cuerpo, sumado al constante estrés postraumático, desvaría de una realidad a otra. Así que hablar de un avance ahora es inútil. —
—Pero... —La voz de Hoshiyomi resonó sin querer en la vacía sala. —Papá, ¿no puedes hacer nada al respecto? —
Había un tono de urgencia en la voz de su hijo mayor, no obstante Astral trato de apaciguarlo.
Le explico con detalle porqué no podía simplemente darle una bendición a Yuto, como es que la magia repentina repercutiría en su cuerpo y sobre todo, lo que podría suceder en su mente.
Que si se atrevía siquiera a poner un solo gramo de magia en el cuerpo de su hermano menor que se encontraba en mal estado, cuando ellos quisieran que recuperara las memorias de su vida pasada, el efecto de intervención en su cuerpo podría tener consecuencias irreversibles.
Y por tanto, perderlo esta vez, para siempre.
—¿Entonces no hay nada que hacer? —
Cuestiono esta vez Tokiyomi con un semblante decaído.
Astral se sintió un poco culpable por poner expresiones tan abatidas en sus dos niños con cara de adulto, así que agrego con una pequeña curvatura en sus labios.
—No me malentiendan. Solo debemos esperar a que el cuerpo y mente de Yuto se recupere lo suficiente; y hasta entonces, podemos iniciar con la transferencia de memorias. —
—¿Eso quiere decir que hay esperanza? —
Astral giro su vista hasta Hoshiyomi que le había cuestionado, y ampliando su sonrisa asintió a sus palabras, seguro de lo que decía.
—Por supuesto. —
Y entonces, la expresión de ambos hombres que hasta hace poco fue mala, de pronto se ilumino con la calidez de la mañana.
—Debemos hacer que se recupere. —
Fue la convicción de Hoshiyomi, y observando a su mejor amigo dijo.
—Necesito que envíes a los mejores doctores, los mejores psicólogos e incluso, a los mejores psiquiatras. Yuto necesita recuperarse. —
Tokiyomi que no fue perezoso atendió el pedido.
Tecleando rápidamente en su inseparable tableta, hizo las llamadas que creía eran convenientes, y en menos de una hora, lo mejor de lo mejor, ya se estaba dirigiendo hasta las puertas de las Industrias Arckumo.
—Ellos estarán a cargo de la recuperación de Yuto. —Dijo mostrando su tableta, y mirando a su amable tío agrego. —¿Puedo dejarlo en sus manos? —
Faltaba más, ahora Astral les demostraría lo que hacia años de servicio como Rey en su mundo y la montaña de papales que siempre tenia al frente, con este simple pedido.
—Déjamelo a mi. —
Y como sí eso hubiese sido el golpe de animo que todos necesitaban, cada uno se dirigió de regreso a sus propios trabajos.
Después de todo, no podían descuidar por mucho tiempo cada uno de sus frentes en la guerra que ellos mismos estaban luchando.
Cuatro días después, luego de que Hoshiyomi hubiera encontrado un poco de equilibrio en su vida, una nueva noticia llego a él.
Como si una tormenta deseara derrumbarlo.
—Se dice que el hijo del candidato Sawatari fue atacado días anteriores, y que el atacante no fue otro mas que el mismo hijo de Sakaki Yusho, Sakaki Yuya, en represalia a una inocente broma. —
—¿Qué...? —
—Ademas, como Sawatari Shingo es perteneciente al LDS como alumno elite, el LDS exige una disculpa publica, de lo contrario procederán con una demanda. —
