Capítulo 14:
Malos Presentimientos, Personas que se Aprovechan
Anteriormente, Hoshiyomi hubiera perdido los estribos apenas enterarse que Yuya había sido atacado, agraviado. Tokiyomi lo sabía muy bien. Hoshiyomi nunca habría soportado algo así sin desatar un caos, pero ahora… ahora había algo distinto, y eso era aún más aterrador.
Había una calma en él, una que incomodaba profundamente a Tokiyomi, una calma tan aterradora que provocaba en su interior un mal presentimiento. ¿Por qué Hoshiyomi no reaccionaba? ¿Acaso el peso de la situación no lo estaba afectando como debería?
—¿Hay algo más de lo que debamos enterarnos? —preguntó Hoshiyomi, sin levantar la mirada de los papeles en su escritorio.
Tokiyomi, que había estado observando a su amigo con creciente preocupación, se sobresaltó ante la pregunta.
—¿Eh...? Ah. No. —respondió rápidamente, aún sin poder dejar de mirar a Hoshiyomi, que parecía tan distante, tan ajeno a todo lo que había ocurrido.
Hoshiyomi, sin dar más explicaciones, arrojó el informe sobre Yuya a un lado y comenzó a hojear otros papeles en su escritorio con una velocidad inquietante.
Para Tokiyomi, era extraño ver a Hoshiyomi tan impasible. Antes, al enterarse de algo tan grave, su amigo habría destrozado la oficina en un arranque de furia. Incluso podría haber matado a alguien por no manejar la situación a su altura. Pero ahora… nada. Silencio absoluto.
¿Qué estaba pasando con él? ¿Había dejado de importar Yuya?
—¿Ya llamaste a los abogados? —preguntó Hoshiyomi, su voz monótona.
Tokiyomi, incapaz de leerlo, giró la vista hacia la tableta en sus manos, tecleando rápido para cumplir la orden.
—Ya lo hago. —dijo, pero la inquietud no dejaba su pecho.
—Bien. —Hoshiyomi no parecía notarlo, o tal vez ni siquiera le importaba. Se sumió de nuevo en el trabajo, como si no estuviera lidiando con el bienestar de su amor.
El silencio volvió a llenar la oficina, un silencio denso que presionaba sobre Tokiyomi. ¿Qué estaba pasando con Hoshiyomi? ¿Había dejado de amar a Yuya? ¿Realmente era posible que ya no le importara? Esa idea se le retorcía en el corazón como una navaja afilada.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Hoshiyomi, que lo sacó bruscamente de su tormenta mental.
—Yuya ya está en camino. No te preocupes. —dijo con total indiferencia, como si nada estuviera sucediendo.
Tokiyomi se quedó paralizado por un momento. ¿En serio? ¿Así de tranquilo? ¿Así de… frío? No podía creerlo.
—¿Vas a protegerlo? —preguntó finalmente, su voz ligeramente quebrada, como si intentara comprender a qué juego estaba jugando su amigo.
Hoshiyomi levantó la mirada un instante, y Tokiyomi pudo ver en sus ojos una frialdad desconocida. No respondió, solo hizo un gesto vago con la mano.
—Lo encerraré si hace falta. —esa era toda la respuesta.
Tokiyomi, en su interior, sintió cómo un nudo se apretaba. Esa respuesta, esa calma… nada le encajaba. ¿Dónde estaba el hombre que se había vuelto loco por Yuya tantas veces antes?
—Solo no lo asustes, ¿está bien? —dijo, su voz temblorosa, como si de alguna manera fuera a ser responsable de lo que sucediera.
Hoshiyomi lo miró como quien observa a una hormiga insignificante, sus ojos azules fijos en él sin emoción alguna. En un segundo, desvió la vista y volvió a centrarse en su trabajo, completamente ajeno al nerviosismo que crecía en Tokiyomi.
El mal presentimiento en el estómago de Tokiyomi no desapareció.
De hecho, se intensificó. Algo no estaba bien, y el silencio pesado de la oficina solo lo hacía más insoportable.
Horas después cuando Tokiyomi se entero que Yuya ya había llegado al complejo, trato de calmase al saber que su paranoico amigo lo protegería como era debido.
Sin embargo, lo que le dijo el subordinado hizo que saliera corriendo en busca de su mejor amigo.
—El Señor Tsukumo ordeno mantenerlo encerrado en una de las habitaciones del edificio.—
"¡Ese idiota!"
Tokiyomi sabia que debió haberse hecho caso a él y a su presentimiento, pero...
Quiso darle el beneficio de la duda a Hoshiyomi y ahora se arrepentía tardíamente.
—¡Hoshiyomi!—
Grito apenas llego a la lujosa oficina.
—¡¿Que mierda crees que estas haciendo?! ¿Encerrar a Yuya? ¿No crees que te estas pasando un poco?—
Hoshiyomi que esperaba una reacción así, se levanto de su asiento y se encamino hasta su amigo.
Con una cara tan tranquila, que hizo a Tokiyomi llenarse de terror.
"¿Qué mierda es lo que le pasa?"
—¿Vas a contestarme? ¿O debo de rescatar a Yuya?—
—Yuya esta a salvo.—
—¿A salvo? Acabo de recibir un reporte de que lo has mandado a encerrar, ¿que mierda Hoshiyomi? ¿Piensas que él será feliz cuando sepa lo que hiciste?—
—Él no lo sabrá.—
—¿Qué te hace estar tan seguro?—
—Tu no se lo dirás.—
El tono de Hoshiyomi era amenazante, pero Tokiyomi no dio ni un paso atrás.
—¿Piensas que soy el único en el edificio? ¡Hoshiyomi reacciona! Incluso tu padre esta en el edificio, ¿crees que no se daría cuenta?—
—Él esta ocupado cuidando a mi hermano.—
—¡Hoshiyomi!—
—Aquí, Yuya no podrá ser tocado por nadie, ni por el LDS, ni por sus falsos amigos. Aquí, él podrá estar a salvo.—
—¿Estar a salvo?—
Tokiyomi se echo a reír con desesperación.
¿Realmente su amigo no se daba cuenta de lo que estaba haciendo o...? ¿Creía que hacer esto era su única opción?
—Hoshiyomi, todo este tiempo te he apoyado e incluso e cubierto cada uno de tus crímenes, ¿pero esto...? ¡Yuya no es un objeto para que puedas tenerlo en una habitación!—
—Y es exactamente porque Yuya no es ningún objeto que debe permanecer a salvo en una habitación, ¿Tokiyomi no lo entiendes?—
—¿Entender qué? ¿Qué mi mejor amigo se ha vuelto loco y por eso hizo encerrar a su antiguo amante en una habitación? ¡Hoshiyomi por favor! —
—Sé que por ahora no puedes ver el beneficio, pero...—
—¿Pero qué..?—
—Te ruego escuches lo que tengo que decir.—
—¿Aun tienes algo que decir? Suenas como un maldito manipulador y un psicópata.—
—Tokiyomi... —
—¡¿Qué...?!—
—No fui yo el que decidió encerrar a Yuya en una habitación, fue el mismo Yuya quien lo decidió.—
¿Qué...?
—Estas bromeando... —
—No podría bromear ante algo como esto y lo sabes. Yuya mismo, fue quien deseo enclaustrarse en una habitación.—
—¿Por qué...?—
Hoshiyomi le observo, y luego de una larga meditación, sonrió.
—Por mi petición.—
—¡Eso es lo mismo a decir que lo has manipulado imbécil!—
—No, no lo es.—
Tokiyomi jalo cada uno de sus cabellos, ¿realmente podía hacer entrar en razón a su mejor amigo?
No, en estos casos era imposible.
Así que dio media vuelta, antes de ser detenido por la voz grave de Hoshiyomi.
—¿A donde vas?—
—¿No sabes? Iré a liberarlo.—
—No, no vas ha hacerlo.—
—¿Qué te hace estar tan seguro? —
—Tienes una cita con Akaba Himika.—
—¡...!—
Tokiyomi regreso su vista hacia su amigo, y asustándose por lo que vio en sus ojos azules, dio un paso hacia atrás.
¿El que tenia al frente era su mejor amigo verdad?
Entonces, ¿Porque sentía que sus piernas temblaban?
Hoshiyomi, que no fue ajeno a la reacción de su amigo, se acerco hasta él.
Y palmeando su cabeza como a una mascota, musito.
Como un vil demonio.
—Sí llegas hacer un buen trabajo, considerare el liberarlo, hasta entonces, ¿vas a seguir ayudándome cierto? —
Tokiyomi tembló ante el escrutinio de la mirada ajena.
Esta no era la primera vez que su amigo realmente enloquecía, pero...
Sin duda era la mas aterradora.
—¿Qué debo hacer?—
Akaba Himika se consideraba una mujer de hielo.
No mostraba sentimientos, ni tenía misericordia ante sus enemigos. Pero después de escuchar sobre la desaparición de Sakaki Yuya, algo cambió. Un nuevo laberinto de incertidumbres se extendió ante ella.
—Lamento mi incompetencia, pero no pudimos encontrar ningún rastro de Sakaki. —Dijo su fiel subordinado, claramente apenado.
—¿Buscaron en los alrededores? —Preguntó Himika, su tono gélido pero calculador.
—Buscamos en cada rincón, e incluso vía satélite, pero no hubo rastro. —Respondió él, con la cabeza baja.
—Ya veo. —
Himika apenas procesaba la información.
La desaparición de Yuya había trastornado sus planes, pero aún tenía otros métodos para ganar el control. No se permitiría flaquear ahora.
—Detén la búsqueda de Sakaki. En su lugar, prosigue con la demanda. Si Sakaki Yuya no se disculpa por atacar a Sawatari, haremos que Arckumo asuma toda la culpa. —Su voz era firme, dejando claro que sus planes seguirían en marcha.
—Sí. —
El subordinado asintió y se retiró, pero algo lo hizo regresar apresuradamente al salón.
—¡Presidenta! —Dijo, interrumpiendo la quietud que había vuelto a envolver la sala.
—¿...? —La mirada de Himika se alzó hacia él, con un aire de incredulidad.
—¡Tenemos un problema! Tal parece que el Director de Arckumo está en nuestras puertas. —Su rostro reflejaba una mezcla de temor y urgencia.
—¡¿Cómo dices...?! —Himika no se dejó impresionar fácilmente, pero esa información la dejó visiblemente perturbada.
"¡Es como si ya supieran sobre nuestros planes!"
La sensación de traición rozó su mente, pero rápidamente se deshizo de ella. No, nadie se atrevería. Nadie sería tan osado.
Reuniendo su compostura, respondió con calma, pero su voz era más afilada que nunca:
—Prepara el salón. Recibamos a su "inminencia" con grandes honores. —Las palabras, aunque cortantes, no escondían la amenaza implícita que transmitía su mirada.
Akaba Himika estaba acostumbrada a controlar la situación.
Como la fría magnate que era, pocas cosas podían sacudirla. Sin embargo, la aparición de Tokiyomi Arclight era algo que siempre alteraba su calma con su presencia.
Y hoy no era la excepción.
La puerta se abrió con suavidad y, al instante, el aire en la sala cambió. Tokiyomi entró con una elegancia propia de su linaje, su porte impecable y su mirada afilada.
Cada paso que daba parecía resonar como una sentencia, pero su rostro, distante y compuesto, mostraba solo una leve sonrisa.
—Ah, Señora Himika —Dijo con su voz suave, pero cargada de una amenaza sutil que no podía pasar desapercibida—. Siempre tan perfecta, tan impecable en su estilo. Como si nada jamás pudiera desconcertarla. —
Himika se mantuvo quieta, sus ojos fríos como el hielo, pero algo en su interior sintió un leve estremecimiento.
Tokiyomi no se detuvo, claro, nunca lo hacía.
Dio otro paso, como si estuviera a su antojo en su propio terreno.
—Pero, claro, lo entiendo. Su superioridad es casi palpable, ¿verdad? —Continuó, su tono cargado de una falsa admiración—. Qué impresionante es ver a alguien que no duda en tomar decisiones, aunque claro, sus planes siempre terminan… dando un giro, ¿no es así? A veces parece que la vida solo tiene un propósito: darle una oportunidad para ser sorprendida. —
Himika frunció ligeramente el ceño, pero Tokiyomi no le dio tiempo a reaccionar.
Su sonrisa se amplió, aunque sus ojos seguían tan fríos como los suyos.
—Aunque claro, para una mujer de su calibre, esos pequeños tropiezos solo la hacen más interesante. La dureza que demuestra es fascinante, aunque, debo decir, esa frialdad la hace parecer un poco… inaccesible. —
Su tono se tornó sutilmente cortante, como si analizara cada palabra que salía de su boca, buscando el punto débil.
Himika apretó la mandíbula, pero mantuvo su postura de poder.
Sabía que Tokiyomi estaba buscando incomodarla, pero no podía ceder ante él.
—Ahora, qué raro es encontrar a alguien tan… astuta, pero a la vez tan incapaz de ver lo obvio —
Añadió Tokiyomi, su voz bajando un tono más, lo suficiente para que la tensión se volviera palpable.
—Estoy seguro de que ha notado lo que está sucediendo, ¿verdad? O ¿prefiere ignorarlo como una simple molestia sin importancia? La verdad, Himika, todo este esfuerzo que pone en aparentar tener todo bajo control… bueno, me hace preguntarme si realmente sabe qué hacer con su propio destino. —
La insinuación fue tan afilada que el aire se volvió espeso entre ellos. Himika, con una sonrisa tensa, se acercó a él, sus ojos llenos de rabia contenida.
—¿Eso es lo que piensa? —su voz, aunque suave, estaba cargada de veneno—. Siempre tan persuasivo, pero tan vacío en su interior. ¿Qué le hace pensar que alguien como usted puede darme lecciones sobre control, Tokiyomi? En realidad, toda esta farsa de "elegancia" es solo una fachada para ocultar lo que realmente eres. Un niño mimado que juega a ser un hombre. Tu nombre, tu poder, tu linaje… todo es solo humo, y pronto todos se darán cuenta. —
Tokiyomi la observó, su sonrisa se desvaneció un poco, pero no perdió la compostura.
Daba la impresión de que se encontraba disfrutando el juego.
—Oh, Himika, siempre tan ruda. Debo admitirlo, lo disfruto. Aunque, si hablamos de fachada, me pregunto quién está tan desesperada por mantener su imagen. No todos pueden permitirse el lujo de ser tan "directa" y "decidida". Algunos necesitan ocultarse tras la fachada de una mujer fuerte… ¿O crees que nadie ve lo frágil que está bajo esa máscara? Un pequeño roce y se rompería en mil pedazos. Pero no te preocupes, sigues siendo admirable, incluso cuando todos saben que eres tan vulnerable. —
El veneno de sus palabras la alcanzó, y aunque Himika no lo mostró, sus manos se apretaron en puños. Tokiyomi había dado en el blanco, pero no iba a ceder.
—¿Acaso crees que tu juego de poder me intimida? —Dijo Himika, desafiante, pero la rabia se podía notar en su tono—. No soy una simple pieza de ajedrez en tu tablero, Tokiyomi. Y si piensas que puedes seguir manipulando a todos a tu alrededor, estás muy equivocado. No soy como los demás. —
Tokiyomi se inclinó ligeramente hacia ella, sus ojos ahora más intensos, y aunque su sonrisa parecía juguetona, su mirada era la de un hombre capaz de destruirla en un solo movimiento.
—No es manipulación, Himika. Es una estrategia. Y aunque tú estés jugando tus cartas, ya sabes, en el fondo, quién está ganando la partida. —Su voz se suavizó, pero la amenaza estaba presente, tan sutil como el filo de una espada.
Akaba Himika, con una sonrisa que intentaba mantenerse firme, apretó los dientes.
Pero...
No pudo evitarlo más. Tokiyomi había tocado la fibra más sensible de su ser, y aunque mantenía su compostura, la rabia burbujeaba dentro de ella.
—¡Basta! —Exclamó de repente, perdiendo por un instante el control—. ¡No tienes idea de con quién estás jugando, Tokiyomi! Te crees muy seguro, pero ni tú ni tu maldito apellido pueden detenerme. —
Tokiyomi se quedó en silencio por un momento, observando cómo la mujer frente a él perdía la compostura, algo que rara vez ocurría.
El brillo de sus ojos se intensificó, pero no fue compasión lo que mostró. En cambio, una ligera sonrisa se dibujó en sus labios, como si estuviera disfrutando la caída de su máscara.
—Ah, Himika, ¿en serio crees que tienes algo que ver con mi apellido o con mis estrategias? —Dijo, su tono se hizo más suave, casi como si le hablara a un niño travieso—. Tan volátil… Tan predecible. Pero bien, sigues siendo un espectáculo, sin duda alguna. —
Se acercó un poco más, sus pasos medidos, su mirada fija en la de ella. Su presencia era como una sombra que la rodeaba, cada palabra que pronunciaba una amenaza disfrazada de elogio.
—Permíteme hacer algo claro, Himika. No te metas con Sakaki Yuya. Y mucho menos con las Industrias Arckumo. No te permitas jugar en un campo que está más allá de tu alcance. Recuerda que las personas que juegan con fuego, a menudo terminan quemándose. Y no quiero ver a una mujer tan… imponente como tú, quemada por sus propias decisiones. —
Himika se quedó inmóvil, su respiración entrecortada por la furia que la invadía. Sus manos temblaban ligeramente, pero su orgullo la mantenía firme.
Tokiyomi, por su parte, sonrió con suficiencia, dándole la espalda mientras se dirigía hacia la salida.
—Por supuesto, sigo siendo un caballero, así que te doy la oportunidad de reconsiderarlo —Dijo, sin girarse—. Pero, ya sabes, no esperes mucho tiempo. El reloj avanza, y no siempre se puede volver atrás. —
La puerta se cerró tras él con un suave clic, dejando a Himika sola en la sala, su ira en aumento. La sonrisa de Tokiyomi, aún flotando en su mente, se convirtió en una imagen casi insoportable.
Y mientras tanto, en el edificio de Arckumo, Yuya suspiraba con satisfacción tras el gran masaje que Hoshiyomi le había prometido con anterioridad.
—¿Quién diría que Hoshiyomi prestara atención a los mínimos detalles? —
Susurró con una sonrisa llena de encanto, relajado por el trato recibido. Al verlo tan tranquilo, Hoshiyomi, que acababa de entrar, no pudo evitar sonreír ante la escena.
—¿Te sientes mejor? —Preguntó, observando cómo Yuya retiraba la toalla de su cabeza con un movimiento suave.
—Gracias a ti ahora me encuentro mucho más relajado —Respondió Yuya, sincero y con una expresión de gratitud. Después de un momento de reflexión, añadió—: ¿Cómo podría pagarte por esto? —
Hoshiyomi entrecerró los ojos un instante, disfrutando de la visión del hombre frente a él, sin prisa. Cuando pareció haber meditado una respuesta, su voz fue calmada, pero cargada de un propósito sutil.
—¿Has pensado en entrar al siguiente campeonato? —
Yuya, confundido por un momento, alzó una ceja, sin sospechar la manipulación tras las palabras de su amigo.
—¿El campeonato...? —Dijo, sin comprender bien la conexión, pero aún sin hacer preguntas.
Lo que Yuya no sabía, y lo que Hoshiyomi entendía perfectamente, era que todo este proceso de relajación y cuidado formaba parte de una pequeña jugada de control que él había orquestado.
Mientras Tokiyomi se desgañitaba en su intento de salvarlo, él, Hoshiyomi, había cuidado cada detalle para que Yuya nunca estuviera en peligro.
Después de todo, ¿qué sentido tenía encerrarlo cuando podía ofrecerle algo mucho más placentero, algo que lo dejara completamente ajeno al caos que había envuelto a todos a su alrededor?
"A veces, lo que parece una prisión es en realidad una oportunidad" Pensó Hoshiyomi, mientras una sonrisa imperceptible se formaba en su rostro.
Yuya, ajeno a la trama detrás de su "encierro", sonrió ampliamente, ignorando que su descanso había sido todo parte de un elaborado plan.
La vida, por ahora, era tranquila, y eso era todo lo que importaba para él.
