Los caminos que nos separan

Kagome

Abrí mis ojos e inmediatamente el peso de la vida se reflejó en mi pecho. Si, me dolía despertar después de todo lo que me había tocado vivir el día anterior, sin embargo, una sonrisa se formó en mis labios al voltear y encontrarme con su espalda.

- No se que hubiese hecho sin ti. - murmuré, acariciándolo suavemente.

No podía negar que Koga había sido mi ángel de la guarda, ya que había cuidado de mi durante todo el día, procurando no sólo que mi herida sanara correctamente, sino que también se encargó de hacerme olvidar de todo, regalándome una hermosa tarde de risas, charlas y un delicioso helado.

Paradójicamente, después de una herida mortal a nivel emocional, me había sentido más viva que nunca a su lado.

Finalmente, después de que me rogara que no me marchara, nos dormimos platicando de nuestras vidas y algunas cosas de nuestro pasado. Por supuesto que evite todo lo relacionado a Bankotsu o Inuyasha, tampoco estaba tan segura de que tanto él me había dicho de su vida personal, pero, por el momento, no me importaba demasiado.

Intenté sentarme pero el dolor de la herida aún seguía ahí y, como sólo era una simple humana, sabía que iba a tardar en reponerme.

- No te esfuerces. - giré mi cabeza, observando sus ojos celestes. - Buenos días, bonita.

- Buenos días. - le devolví la sonrisa. - Pensaba tener el desayuno listo para cuando despertaras, pero es obvio que no lo logré.

- ¿Qué dices? - se incorporó, quedando a mi altura. - Eres mi invitada, yo te cocinaré algo.

- No tienes que molestarte.

- Jamás sería una molestia hacer algo por ti. - se levantó, estirando sus brazos un momento y volvió a mirarme. - Sólo relájate, ¿si? regreso en un minuto.

- Gracias. - murmuré.

- ¡Y ni pienses que vas a marcharte después de comer! - gritó, una vez que salió de la habitación. - Hoy no tienes que trabajar, asique no hay pretextos.

- Es verdad. - susurré

Espera... hoy no trabajo porque... ¡es sábado! ¡Las chicas!

Tapé mi rostro con ambas manos, ya que esa misma noche habíamos quedado de salir, pero con esta herida, no sabía si estaba en condiciones de hacerlo.

- No, ni lo sueñes. - pronuncié entre dientes. - Ni sueñes que me quedaré encerrada por lo que hiciste, Bankotsu.

Tomé mi móvil, con la intención de confirmar nuestra salida nocturna.

Buenos días chicas, espero que tengan una hermosa mañana. Si, lo se, les debo una explicación, pero sólo quiero saber si sigue en pie lo de esta noche.

Envié el texto al grupo y me quedé mirando el techo.

Definitivamente no iba a impedir que el pasado volviera a interferir en mis planes.

- Bonita. - Koga ingresó a la habitación. - ¿Quieres té o café?

- Koga. - sonreí, como si una lamparita se hubiese asomado sobre mi cabeza.

- ¿Qué pasa?

- ¿Tienes planes para esta noche?

- Bueno... - puso su mano sobre su barbilla, quizás tratando de recordar algo. - No, no que yo sepa.

- Bien, entonces vendrás conmigo.

- ¿He? ¿A donde?

- Hoy saldré con mis amigas y quiero agradecerte por todo lo que hiciste por mi, asique...

- ¿Me pagaras con cerveza? - se cruzó de brazos, sonriendo.

- Oye, no quise decir eso.

- ¿Y quién dijo que me parece una mala idea? - ambos reímos ante su comentario. - Oye, si quieres que vaya, lo haré, pero no para que me pagues nada, Kag. Iré para protegerte, tu herida no está bien después de todo.

- Lo se. - suspiré. - Sólo soy una débil humana que tardará en recuperarse.

- ¿Débil humana?

Maldición, no debí decir eso.

- No me hagas caso. - meneé mi cabeza. - Sólo estoy diciendo tonterías. - sonreí. - Té, prefiero té.

Sonrió, asintiendo. Nuevamente el día estuvo maravilloso, ya que, sin dudas, la pasábamos muy bien juntos. Nuestra tarde estuvo llena de charlas, risas, comida y películas.

El plan perfecto para un sábado gris, como el que hacía ese día.

En el único momento en que mi atención se desvió, fue para responderle los mensajes a las chicas, quienes me confirmaron que irían, amén del cuestionario de Sango, preguntándome el porqué no regresé a la oficina y, obviamente, tuve que mentirle.

La noche llegó mucho más rápido de lo que me esperaba y sólo ahí me di cuenta de que no tenía nada que ponerme.

- Tendré que volver a mi departamento. - suspiré, recostada en el sofá.

- ¿Estas segura que te sientes bien para ir?

- Claro. - le sonreí. - Muero por salir, beber, reír, bailar, estar con mis amigas...

- ¿Estar conmigo, quizás?

- Estar contigo, eso seguro.

Se acercó, inclinándose y dejando un pequeño beso sobre mis labios. Instantáneamente lo atraje hacía mi, buscando sentir el calor de su cuerpo, pero se detuvo.

- Bonita, tu herida aún está muy sensible, no creo que mi peso sobre ella vaya a sentirse muy ameno.

- Tienes razón. - murmuré, quejándome levemente. - ¿Sabes que me sorprende? - lo miré, acariciando su mejilla. - Que aún no me hayas preguntando el porqué terminé así, con esto en mi abdomen.

- Ya te dije que no te presionaré, cuando te sientas lista, estaré para escucharte.

- Bueno... creo que ya estoy lista.

- ¿Segura? - asentí, por lo que se elevó, sentándose en el sofá mientras yo hacía lo mismo.

- ¿Crees en los demonios? - sus ojos se abrieron ampliamente ante mi pregunta. - Por favor, no me creas loca. - cerré mis ojos. - Sólo escúchame, ¿si? - los abrí y él asintió. - Crecí en un templo, rodeada de historias de demonios, sacerdotisas y épocas antiguas. - sonreí, recordando a mi abuelo y sus relatos. - Y, a pesar de que sólo eran leyendas, siempre supe que había algo de certeza en ellas... siempre supe que, en el fondo, no sólo eran fantasías... y lo comprobé.

- Kag...

- Bankotsu es el nombre de mi ex novio, y él fue el que me hizo esto. - bajé mi mirada. - Él es un demonio y...

- Kag. - volvió a interrumpirme, provocando que lo mirara.

Lo que siguió, me dejó sin palabras. Koga elevó su mano, dejando que sus garras se asomaran, al mismo tiempo en que sus ojos se volvían parcialmente rojos.

Idénticos a los de Inuyasha

- Yo también soy un demonio, lamento no habértelo dicho antes pero... no sabía que tú ya sabías de nuestra existencia.

- Koga... - murmuré.

No podía mentir, por un lado si estaba sorprendida ya que era evidente que no sabía reconocer a un demonio ni teniéndolo a centímetros de mi rostro, sin embargo, no sentía miedo ni rechazo por Koga, jamás podría hacerlo.

- Yo... entenderé si no es de tu agrado todo esto, incluso si quieres irte.

- No. - le sonreí, acariciando su mejilla. - No quiero irme, no me importa tu naturaleza yokai.

- ¿De verdad? - asentí. - Bien, entonces supongo que ahora soy yo quién debe decirte algunas cosas.

- Creo que ya se que me dirás, pero adelante...

Y, tal y como me lo esperaba, procedió a relatarme que él e Inuyasha se conocen desde la época feudal, al igual que con Miroku, Sesshomaru, incluso con Bankotsu que, al parecer jamás fue digno de su confianza.

Y claramente podía comprender el porqué.

- Entonces, fue por eso, ¿verdad? por eso llegaste a mi, por el olor de mi sangre.

- Y el de ese bastardo. - apretó sus puños. - Siempre supe que era un maldito, pero nunca pensé que llegaría a tal extremo.

- Créeme que entendí muchas cosas cuando supe que era un demonio. - suspiré. - Todas sus actitudes, palabras y acciones, comenzaron a tener más sentido.

- Oye. - nuestras miradas se encontraron. - Puedes estar tranquila, yo te protegeré con mi vida, Kagome. - sonrió. - Eso claro, si tú me lo permites.

Me acerqué y dejé un pequeño beso en sus labios, apartándome y apoyando mi frente sobre la suya.

- Perdón. - murmuré. - Me equivoqué al decirte que podíamos ser sólo amigos... quiero que seas mi amor bonito, Koga.

- Trataré de ser lo más hermoso que tengas en la vida, Kag. - ambos nos quedamos en silencio, sonriéndonos como tontos. - Y ahora, es momento de ir a buscar la ropa para que mi novia, sea la mujer más hermosa de la discoteca.

- ¿Tú novia? - reí.

- Así es. - me extendió la mano, la cual tomé y me puse de pie, aún sintiendo un pequeño dolor.

- Bueno, entonces mi novio, deberá llevarme a casa y ayudarme a elegir la ropa perfecta.

- Tú eres perfecta hasta con harapos, mi amor.

Sentí estremecerme cuando me llamó de esa manera, definitivamente creo que podría acostumbrarme a sus bonitos tratos.

Esa misma noche.

- Parece que hay demasiada gente. - pronunció, ingresando delante de mi. - Si alguien te empuja, me lo dices.

- Tranquilo. - apoyé mi mejilla en su espalda. - Mi herida está a salvo contigo. Las chicas dijeron que estaban cerca de la barra.

Seguimos avanzando, abriéndonos paso entre el tumulto de gente que se había apoderado de casi todos los espacios. Mi cuerpo iba pegado a la espalda de Koga mientras este me sostenía con ambos brazos, en una especie de abrazo invertido, para que nadie pudiese golpearme sin querer.

Casi milagrosamente, pude divisar a las chicas, quienes efectivamente estaban en el lugar señalado. Incluso Ayame se había dado el tiempo de venir.

Ayame... aún tenemos tantas cosas que hablar con respecto a lo que está sucediendo y tu condición.

Me reproché mentalmente el estar perdiendo el tiempo en estos tontos pensamientos cuando, claramente, debía dedicarme a disfrutar de la noche.

- ¡Chicas! - grité, asomándome.

- ¡Kag! - Sango fue la primera en voltear, sin embargo, su sonrisa se borró cuando vio a Koga.

¿Por qué?

Paradójicamente, lo mismo le sucedió a Ayame, quién pareció casi atragantarse con el sorbo que le había dado a su bebida.

- Lamento la tardanza. - sonreí, colocándome frente a mi novio, mientras él me seguía sosteniendo. - Pero es una larga historia.

- Pensé que era una salida de chicas. - la hostilidad en el tono de mi amiga me sorprendió.

- Es una larga historia, Sango. Por favor, mantén la compostura. - pronuncié entre dientes.

- Chicas, vinimos a disfrutar, ¿si? - Rin, la eterna voz de la razón, intervino. - No se olviden de que hace mucho que no salimos todas juntas.

- Tienes razón. - miré a mi pelirroja amiga. - Ayame, ¿Cómo has estado? Hace demasiado que no te veo.

- Si. - sonrió, un poco incómoda. - Bien, he estado muy ocupada con el trabajo.

Noté que sus ojos viajaban de Koga a mi, asique supuse que también tenía la duda de que estaba haciendo él aquí.

- Bueno, supongo que es mejor que se los diga de una vez. - tomé la mano de Koga, quién me miró sorprendido.

- ¿Estas segura, Kag?

- Son mis amigas, deben saberlo. - sonreí y las miré. - Koga y yo somos pareja.

- ¿Qué? - murmuraron las tres al unísono. - ¡Kag! - Rin fue la primera en alegrarse. - ¡Te felicito tanto, amiga! - se acercó, abrazándome, provocando que cerrara mis ojos al sentir un pequeño tirón en mi herida.

Por el rabillo del ojo, pude notar que Sango se acercaba a Koga con cara de pocos amigos y le decía algo al oído, mientras él sólo desviaba la mirada.

Definitivamente estaba sucediendo algo de lo que no estaba enterada.

- Te felicito, Kag. - también me abrazó, con mucho menos entusiasmo que Rin. - Sólo espero que te cuide bien. - lo miró. - Que no sea la misma porquería que ya sabes quién.

- Sango... - intenté calmarla.

Finalmente y la menos feliz de las tres, fue Ayame, quién no se acercó en ningún momento, pero de igual manera nos felicitó.

- Me alegro mucho por ustedes, chicos. - intentó sostener su sonrisa, pero parecía más angustiada que feliz. - No hay dudas de que se quieren, se nota.

- Ayame, ¿estás por llorar?

- No, perdona. - rio. - Es que me emocionan estas cosas. - efectivamente las primeras lágrimas cayeron. - Sólo pienso en el día en que dejaré de ser una espectadora, pero... - miró a Koga. - Parece que no sucederá.

No entendí muy bien la última parte pero, tan pronto como terminó de pronunciar sus palabras, giró su mirada hacía otro lado de la pista, como si quisiera ignorarnos completamente.

Rápidamente la música inundó el ambiente, suplantando la tensión que percibí al llegar. Copa a copa, trago a trago, la sensación de molestia de mi herida iba desapareciendo, haciendo que todo fuese mucho más placentero y, para cuando volví a ser consciente del tiempo, ya había pasado poco más de una hora.

Fijé la vista en mis amigas, quienes bailaban sin parar, riendo y arengándose entre ellas. Incluso Ayame se veía más animada de lo normal.

- Son geniales, ¿no crees? - le hablé a Koga.

- Tienes buenas amigas. - me sonrió, sin embargo, su mirada se desvió rápidamente a ellas, volviéndose completamente seria.

Seguí el curso de sus ojos, encontrándome con el motivo de su seriedad. Allí, a sólo unos metros de nosotros, Miroku estaba hablando con Sango mientras Rin y Ayame habían dado un paso al costado. Sin embargo, el verdadero motivo del cambio de semblante de Koga, y de la punzada que me dio en el pecho, se encontraba un par de centímetros más allá.

Inuyasha estaba con su cuerpo girado al frente y sus ojos fijos en la persona que lo estaba acompañando. Kikyo sonreía y hablaba tranquilamente, completamente ajena a mi presencia o a la historia que yo había mantenido con el hombre al que estaba abrazando.

O al menos eso creía.

Ella apoyó su cabeza sobre el mentón de él y él besó aquella zona, acariciando su espalda.

Pero... ¿acaso no estaba con Kahori ayer por la mañana? ¿A que demonios está jugando? ¿Sólo somos unas meras piezas en un perverso juego de sexo y amor?

Si, me estaba enojando y, a pesar de todo, no podía quitarles los ojos de encima. Al menos así fue hasta que él realizó la acción que terminó de desarmarme. Kikyo elevó su rostro, buscando sus labios, los cuales él besó sin ningún tipo de dudas. Pero, aquello no dolió tanto como la mano que poso sobre su vientre y acarició suavemente, al mismo ritmo en el que sus labios se movían.

Aquello fue un recordatorio de lo que ya sabía, pero que había guardado en mi subconsciente durante los últimos dos días: Iban a tener un hijo. Si, ellos iban a formar una familia y, al parecer, luego de que Inuyasha se alejó completamente de mi, eligió ser un padre presente con todo lo que eso implicaba, incluso estar a su lado. Si, la eligió a ella.

Entonces, su beso con Kahori, ¿habrá sido una despedida?

Si ese era el caso, si en realidad Inuyasha había elegido formar una familia, sólo esperaba que Kahori lo hubiese comprendido y que su historia haya quedado cerrada en buenos términos. Después de todo, lo suyo fue un amor real que terminó en tragedia para los dos, podía verlo en los ojos de Inuyasha cada vez que la nombraba.

- Kag. - la voz de Koga me sacó de mis pensamientos. - Entiendo que lo de Inuyasha contigo es demasiado reciente, pero me siento fuera de lugar si él está aquí.

- Lo siento. - lo abracé, escondiendo mi rostro en su pecho. - No quiero faltarte el respeto de esta manera.

- Tranquila. - sentí sus brazos envolverme. - No estoy molesto, sólo... no quiero que ese idiota tenga tu atención.

- No la tendrá. - me aparté, luchando con el deseo interno de saber si él me estaba observando. Me puse de puntillas y lo besé. - Oye, ¿Quieres que terminemos la fiesta sólo nosotros?

- ¿Estas segura? - asentí.

- Mi herida no me molesta tanto ahora. - él sonrió en cómplice y me tomó de la mano, listo para salir de ahí. - Espera. - volteé, buscando a Sango, pero no había ni rastros de ella o Miroku, por lo que no tuve otra opción que acercarme a hablar con Rin y Ayame, a sólo unos pasos de Inuyasha. - Chicas...

- Kag. - pronunció Rin, mirándome.

Pude sentir el peso de sus ojos dorados sobre mi rostro y, estaba segura, que si giraba sólo unos centímetros, nuestras miradas iban a encontrarse, destruyéndonos a los dos.

O, por lo menos, destruyéndome a mi.

- Nos vamos, ¿pueden decirle a Sango?

- Si, vayan tranquilos. - nos sonrió. - Nos vemos Koga. - lo saludó con mucha amabilidad y él asintió. - Cuídate, Kag.

- Muchas gracias. - sonreí y miré a Ayame. - Quisiera hablar contigo cuando tengas tiempo, amiga.

- Claro, cuando quieras. - volvió a pasar la mirada por los dos. - Tengan mucho sexo esta noche.

- ¡Ayame! - exclamó Rin, sonrojándose a pesar del alcohol en su sangre, mientras, yo me reí.

- Tranquila, sólo estoy bromeando. - tomó un sorbo, girando su rostro al frente.

- Nos vemos, chicas. - giré con la misma rapidez con la que lo haría si mi vida dependiera de ello.

Tomé la mano de Koga y salimos. Mi mente no podía dejar de preguntarse si Inuyasha había escuchado las palabras de Ayame. Y, si debía ser cien por ciento honesta, esperaba que así fuera, que supiera que yo también iba a dejarlo atrás.

Porque, a pesar de mi buen corazón, necesitaba mantener mi orgullo.

Frenamos el primer taxi que se nos cruzó y rápidamente llegamos a mi departamento, ya que era el que más cerca se encontraba. Ingresamos y no perdimos el tiempo, nos sumergimos en un beso que profesaba todo el deseo que ambos sentíamos en ese instante. Mi herida pareció desaparecer aún cuando quedé completamente desnuda. Mi espalda se arqueaba en cada salto que daba sobre él, sintiendo el delicioso contacto de su miembro entrando y saliendo de mi. Mis manos sobre su pecho marcaban el ritmo de la intensidad que íbamos a poseer durante toda la noche.

Inuyasha

Abrí mis ojos y sentí como toda la imagen frente a mi, se movía de un lado a otro.

¿Qué demonios?

Pensé, intentando sentarme con un poco de estabilidad. Tomé mi móvil y eran las 2 de la tarde, un horario imposible para mi. Mi cabeza parecía que iba a partirse al medio en cualquier momento.

- Kikyo. - murmuré, mirando a mi lado. - ¿Kikyo? - por alguna razón, tuve un mal presentimiento y me puse de pie de inmediato, saliendo de la habitación. - ¡Kikyo! - grité, trastabillando y cayendo frente a la puerta de la cocina.

Maldición, ¿Qué me sucede?

- ¡Inuyasha!

- ¿Kikyo? - murmuré, tratando de enfocar mi visión. - ¿Estas bien?

- No te preocupes por mi. - me ayudó a ponerme de pie.

- ¿Dónde estabas?

- Aquí en la cocina. - sin soltarme, me ayudó a que me sentara en una de las sillas. - Traté de despertarte a la mañana para desayunar, pero no hubo caso, asique decidí dejar que siguieras durmiendo.

- No se que me sucedió. - apreté mis ojos, tratando de que el dolor desapareciera, pero no estaba funcionando. - Pero me siento fatal.

- Ten. - me extendió un vaso de agua. - Quizás algo te cayó mal. ¿Quieres comer? hice el almuerzo.

- Si, quizás eso ayude. - suspiré. - Gracias por el agua. - le sonreí.

- No es nada, de verdad. - estaba a punto de irse, pero la tomé de la mano, sentándola sobre mis piernas. - ¿Qué haces? - se sorprendió.

- ¿No puedo querer estar cerca de mi futura mujer? - ella sonrió y pude notar que, verdaderamente, era muy linda.

- Inuyasha... - escondió su rostro entre mi cuello y mi hombro, mostrándose un poco apenada.

Busqué su mirada, dejándole un pequeño beso en sus labios.

- Gracias por este detalle.

- Ya, no tienes que agradecerme. - se puso de pie y se acercó al horno, en donde había guardado la comida.

- ¿Me esperaste? - noté que puso ambos platos sobre la mesa. - Kikyo, no era necesario.

- Quería que almorzáramos juntos, como si fuésemos una familia.

- Oye. - extendí mi mano, tomando la suya. - Somos una familia.

Se quedó en silencio, observándome fijamente, casi como que buscando algo más en mis palabras.

- ¿Por qué? - preguntó al fin. - ¿Por qué cambiaste de opinión tan rápido?

Maldita sea... sabía que este momento llegaría y me voy a odiar por tener que mentir, pero... no puedo, simplemente no puedo decirle la verdad.

- Porque... cuando fui consciente de lo que sucedía... de que verdaderamente íbamos a ser padres, entonces comprendí que lo que quería, era estar contigo.

- ¿De verdad? ¿O sólo porque es lo correcto?

- De verdad. - perdóname por favor. - De verdad es mi deseo. - sonreí. - Y no quiero que hagas esto de nuevo.

- ¿Hacer que?

- No comer sólo por esperarme... nuestro bebé necesita tener una buena rutina alimenticia...

Me quedé en silencio, recordando que no habíamos hablado de algo vital: Mi naturaleza yokai y la naturaleza de nuestro hijo.

- ¿Estas bien?

- ¿Qué? Oh, si... - comencé a comer. - Estoy un poco mejor, pero... tengo algunas cosas que decirte. - aclaré mi garganta.

- ¿Es algo malo? No me asustes.

- Bueno, supongo que eso dependerá de ti.

- Te escucho entonces.

- ¿Crees en los demonios? - lamentaba esto, pero sabía que, a partir de ahora, Kikyo tendría que lidiar con mi falta de delicadeza. Pude notar como se tensó, tal y como esperaba.

- Bueno... he escuchado mucho de ellos en viejas leyendas, sobre todo del Sengoku.

- ¿Qué pensarías si te dijera que soy uno?

- Que me estás haciendo una broma, tal vez.

- Si. - sonreí. - Espero que no salgas corriendo antes de que me dejes explicarme. - elevé mi mano, cerrando mis ojos y dejando que mis garras comenzaran a emerger, al mismo tiempo en que mis ojos se tornaban rojos y volvía a abrirlos, mirándola. - Soy un yokai.

Se quedó en silencio, observándome fijamente, sin embargo, no mostró ningún tipo de expresión de sorpresa o miedo, por el contrario, yo fui el sorprendido al verla sonreír.

- ¿De verdad? - fue lo único que pronunció.

- No puedo mentir con esto. - mis garras se retrajeron y mis ojos volvieron a la normalidad.

- Vaya, mi esposo es un demonio. - su sonrisa no se borraba de su rostro. - Ni en mis sueños más extraños lo hubiera imaginado.

- ¿No te molesta?

- Inuyasha, te amo así como eres.

- Gracias. - le sonreí. - Pero... debido a mi naturaleza y a que tú eres humana... nuestro hijo va a ser... diferente.

- Será un hanyo, ¿verdad?

Me quedé en silencio, más sorprendido de lo que ya estaba.

- ¿Cómo lo sabes?

- Conozco las leyendas. - comenzó a comer, completamente tranquila. - Incluso he leído cuentos de aquellas épocas. - volvió a sonreír. - Cuentos en donde un demonio se enamoraba de una humana, incluso algunos renunciaban a su naturaleza sólo por estar con su persona amada. - desvié la mirada, ya que, por un momento, sentí que estaba hablando de mi propia historia. - O, por el contrario, convertir a aquel humano/a, en demonio.

- Vaya, sabes más de lo que pensé. - di un bocado.

- Supongo que, en el fondo, estaba destinada a conocer a mi propio demonio.

- ¿Has leído mucho sobre los hanyos?

- Sólo se, que son híbrido, personas mitad humanos y mitad demonios.

- ¿Y eso no te asusta?

- Para nada.

- ¿Ni siquiera si nuestro hijo posee rasgos... diferentes?

- Es nuestro hijo, lo amaremos como tal y lo protegeremos de todo aquel que quiera hacerle daño. - su semblante se ensombreció al pronunciar aquellas palabras.

- ¿Y si te digo que tu embarazo puede ser peligroso?

Nuestras miradas se encontraron seriamente.

- No me importa, Inuyasha. - se oía demasiado segura para una pregunta tan compleja.

- ¿Conoces los riesgos?

- No. - volvió a comer. - Y no quiero hablar de eso ahora, por favor.

- Esta bien, lamento si te incomodé.

- No lo haces. - sonrió. - Sólo espero que nuestro bebé sea sano.

- Haremos todo lo posible para que eso suceda.

Un pequeño silencio se instauró entre los dos, el cual sólo era interrumpido por los palillos que golpeaban el plato.

- ¿Qué quieres que sea? - preguntó al fin. - ¿Niño o niña?

- Mmm, creo que un niño. - respondí con seguridad. - Siento que sería más fácil para mi el adaptarme.

- ¿Y si es niña?

- La amaré como nadie. - fui honesto. - ¿Has pensado nombres?

- Bueno... si es niño, me gustaría que se llamara Sora, porque será mi cielo más brillante.

- Me gusta ese nombre. - sonreí, ya que me dio mucha ternura el significado de aquel nombre. - Bien, si es niño, Sora será. - me quedé en silencio, pensando en el mismo nombre que, desde que supe que Kikyo estaba embarazada, no había dejado de resonar en mi mente. - Si es niña... quisiera que se llamara Moroha.

- ¿Moroha? - se sorprendió. - ¿Estuviste pensando en nombres? - sonrió.

- Un poco. - traté de disimular.

- Me encanta eso, ¿sabes?, es hermoso saber que estamos en tu mente.

- ¿Cómo no iban a estar en mi mente? Si serán mi familia.

Desvió sus ojos, un poco avergonzada.

- Si es niña, Moroha será. - volvió a mirarme.

Terminamos de almorzar y ella se puso de pie e hice lo mismo, acercándome y abrazándola sin que se lo esperaba.

- ¿Y el postre? - sonreí, depositando un beso en su cuello.

- ¿Quieres que lo prepare ahora?

- De eso me encargo yo. - comencé a besarla mientras enredaba sus piernas en mi cintura y yo caminaba hacía la habitación.

Horas más tarde.

- Inuyasha... - suspiró, mientras su liberación me bañaba por completo.

La besé, la besé con hambre mientras me unía a su éxtasis en las últimas estocadas. Un pequeño gruñido se me escapó al sentir sus uñas en mi espalda, sensación a la que me estaba acostumbrando y no me molestaba para nada. Me elevé, saliendo de su interior y besando su frente.

- Tienes suerte de que ya esté embarazada. - sonrió. - De lo contrario, creo que podríamos haber hecho un bebé hoy.

Tenía razón, ya que habíamos pasado la mayor parte del día en la habitación. No le respondí, sólo me puse de pie y sentí una terrible punzada en mi cabeza, una que me recorrió hasta la nariz, quitándome lo poco del olfato que me quedaba.

- Maldición. - murmuré.

- Estas bien. - se acercó, colocando sus manos sobre mis hombros.

- Si, no te preocupes. - suspiré. - Iré a bañarme.

- De acuerdo. - me dejó un beso en mi hombro y me puse de pie.

Salí de la habitación y, antes de que ingresara al baño, mi celular, el cual se encontraba en la sala, comenzó a sonar.

- Miroku, ¿Qué sucede?

- Inuyasha, ¿Cómo estas?

- Bien.

- ¿Tienes algo que hacer esta noche?

- No, ¿Por qué?

- Entonces serás mi compañero de copas.

- No puedo, Kikyo está conmigo.

- ¿Ya?

- Debo acostumbrarme.

- Pues, en ese caso, tráela.

- ¿Estas seguro?

- Tú mismo lo dijiste, los dos deberemos acostumbrarnos a su presencia de ahora en más.

- Bien, ¿a donde irás?... De acuerdo, nos vemos allí directamente, adiós.

Corté la llamada y sólo entonces noté que tenía dos llamadas perdidas de mi hermano.

Y aquello jamás sería una buena señal. Sesshomaru jamás marcaría más de una vez.

Por lo que intenté llamarlo, pero no respondió. Me quedé pensando, sin embargo, decidí no darle tanta importancia, por lo que me regresé sobre mis pasos, ingresando a la habitación nuevamente.

- Tienes dos opciones. - pronuncié, mirándola.

- ¿Opciones?

- O tomas mi tarjeta y vas a comprarte ropa ahora. - miré la hora, notando que las tiendas estaban próximas a cerrar. - O vamos a tu departamento por algo para que te pongas esta noche. Iremos a la discoteca con Miroku.

- Inuyasha, no es necesario que te pongas en gastos. - me sonrió. - Tengo mucha ropa en mi casa.

- De acuerdo, desocuparé rápido el baño para que puedas ducharte.

- Muchas gracias.

Le dediqué una última sonrisa y volví a salir.

Esa misma noche.

Estaba en el auto, esperando a que Kikyo terminara de arreglarse y saliera, y recordé las llamadas de mi hermano, por lo que tomé nuevamente el móvil, decidido a marcar con más insistencia.

- ¿Para que demonios tienes teléfono si no piensas responder? - gruñí.

Y, nuevamente, no hubo nada. Suspiré y marqué el número de mi padre, esperando que, al menos, él se dignara a responderme.

Esto no me esta gustando para nada.

Estuve a punto de cortar, cuando escuché su nombre al otro lado.

- ¿Inuyasha?

- Padre. - murmuré con cierto alivio. - ¿Sucedió algo?

- ¿Por qué preguntas?

- Tengo dos llamadas de Sesshomaru. Al parecer, las hizo anoche, pero yo recién las vi por la tarde.

- ¿Por qué no lo llamaste en la mañana?

- Desperté tarde y no me sentía bien, me dolía demasiado la cabeza.

- El lunes irás a la doctora, no me importa lo que pienses.

- Ya le pedí a Kikyo que sea mi esposa. - pronuncié con un dejo de amargura. - Ya no mandarás sobre mi, padre. Demasiado estoy haciendo al cumplir esto que me impusiste.

- ¿Entonces prefieres morir a ser revisado?

- Soy un demonio, no moriré tan fácilmente.

- Sabes que la seguridad y la altanería son las mayores debilidades de nuestra especie.

- No te llamé para que me des un sermón, ¿por qué no me dices de una vez lo que está pasando? - se quedó en silencio, otra muy mala señal.

- El lunes hablaremos en la oficina, pero... sólo te diré que te mantengas alerta por si notas algo sospechoso en tu entorno.

- ¿Y no te parece mejor que me digas las cosas ahora entonces?

- Tranquilo, no son tan terribles como para activar las señales de alarma. Sólo... se precavido.

Miré al costado, notando que Kikyo se estaba acercando.

- Te veré en la oficina. - y corté sin esperar respuestas.

- Lamento la tardanza. - pronunció, subiendo al auto.

- Descuida, supongo que deberé acostumbrarme. - bromee.

Ella sólo me devolvió la sonrisa y partimos en dirección de la fiesta. Minutos después, estacioné el auto y descendimos.

- Kikyo. - pronuncié, mirando a mi alrededor mientras recordaba las palabras de mi padre. - No te apartes de mi.

- ¿Sucede algo?

- No, pero hay demasiadas personas. - tomé su mano. - Es mejor evitar las multitudes. - la miré. - Y ni una gota de alcohol, ¿está claro?

- Inuyasha. - sonrió, acercándose y dejando un beso en mis labios. - Me encanta que me cuides de esa manera, pero soy completamente consciente.

- Lo se, sólo quiero recordarte que llevas a mi hijo. - la abracé.

- No se me olvida jamás.

Dejamos el coqueteo de lado y comenzamos a abrirnos paso entremedio de las personas, hasta que por fin, en la puerta de entrada, divisé a mi mejor amigo.

- ¡Inuyasha! - elevó su mano, sonriendo.

- Miroku. - pronuncié al llegar. - Bueno, ustedes ya se conocen.

- Buenas noches, señorita Kikyo. - sonrió, extendiéndole su mano. - Déjeme felicitarla por su embarazo.

- Muchas gracias, joven Miroku. - le devolvió la sonrisa. - La verdad es que no podría estar más feliz.

- Oye, no me dejes afuera de tu felicidad. - respondí.

- Tranquilo, perro guardián. - bromeó Miroku al mismo tiempo en que ingresamos. - Sígueme.

- ¿A donde vamos?

- Alguien me está esperando. - me miró por sobre su hombro, guiñando su ojo.

- ¡Keh! ¿Para esto me hiciste venir?

- Trajiste a la señorita Kikyo, ¿no es así? No estarás aburrido en mi ausencia.

- Eres un maldito traidor. - gruñí.

Poco a poco, a paso lento debido a la cantidad de personas, nos acercamos a la barra y ahí la vi.

Kagome.

Estaba completamente inmersa en su mundo, bailando como si nada malo estuviese sucediendo a su alrededor, como si todos los peligros hubieran desaparecido.

Como si yo hubiese desaparecido de su mente.

Meneé la cabeza, sintiéndome egoísta no sólo con ella, también con Kikyo, quién era quien estaba a mi lado ahora. Kagome seguramente había venido a este lugar con esa finalidad: el pasarla bien y olvidarse de todo, y no podía interrumpir con eso, no podía romper su felicidad con mi presencia. Por otro lado, no podía hacerle esto a Kikyo, simplemente no podía estar pendiente de otra persona frente a sus ojos.

Aunque, si debía ser honesto, detestaba verla de esa forma con Koga.

A mi mente vino el recuerdo de la primera vez que nos topamos en esta discoteca, tiempo atrás, la misma noche en la que ella terminó follándose a Koga en el estacionamiento y yo regresé a casa con Kikyo.

Que ironía, a pesar de los intentos, terminamos de la mano con las mismas personas de las que tratamos de alejarnos, para poder estar juntos.

Pude ver como Miroku se acercaba a Sango, quién lo recibió con una sonrisa. Inmediatamente noté la cercanía que teníamos con su grupo, por lo que, disimuladamente, tomé la mano de Kikyo y nos alejamos un poco.

Me apoyé en la barra mientras ella se paraba frente a mi, abrazándose a mi cintura y mirándome fijamente.

- ¿Estás bien? - pregunté.

- Si, sólo pensaba. - me sonrió. - ¿Cómo te imaginas que será nuestra boda?

¿De verdad estaba pensando en eso dentro de una discoteca?

- Bueno... no lo sé, pero estoy dispuesto a que sea como siempre la soñaste. - y no mentía, ya que a mi jamás me interesó nada relacionado con aquello.

- A veces creo que eres un sueño, Inuyasha. - apoyó su cabeza contra mi mentón y besé su cuero cabelludo, mientras acariciaba su espalda, sintiéndome un poco nervioso por estar tan cerca de Kagome.

Podía sentir el peso de sus ojos sobre mi, pero de ninguna manera iba a girarme a verla. Intenté llevar mi mente a un lugar más sereno y tranquilo, hacia algún recuerdo que me calmara un poco. Comencé a pensar en lo que habíamos vivido la tarde anterior, en el primer momento en que vimos a nuestro hijo, en lo pequeño que se veía y en como me sentí. En el amor y la calidez que iba a darnos y que esperaba poder darle también.

Kikyo elevó su rostro, buscando mis labios y le correspondí, llevando mi mano a su vientre, a nuestro hijo, acariciándolo con suavidad, haciéndolo parte de este momento que compartía con su madre.

Se apartó, escondiendo su rostro en mi pecho mientras yo continuaba abrazándola y realizando caricias sobre su espalda, sin embargo, me fue imposible no tensarme al escuchar su voz cerca de mi, llamando la atención de sus amigas.

Fue demasiado para mi, por lo terminé cediendo al deseo de observarla. Disimuladamente, miré su rostro, el cuál se mantuvo fijo en el de sus amigas, quizás tratando de evitar mis ojos.

Me grabé cada detalle, cada peca, cada destello de su luz, cada brillo de sus ojos, casi como si esta fuese la última vez que iba a verla, aunque sabía que eso era incorrecto, ya que seguiríamos trabajando juntos y apenas el lunes volveríamos a estar frente a frente.

Quizás, inconscientemente, me estaba despidiendo por completo, preparándome para dejarla en el olvido y sólo mantener la poca relación laboral que nos uniría de ahora en más.

Alejé mis ojos, volviéndolos a posar al frente, dándome cuenta recién en ese instante, que Miroku había desaparecido junto con Sango.

Maldito pervertido, sólo me trajiste para no estar sólo luego de follarte a Saoto.

- Inuyasha. - murmuró Kikyo. - No me siento bien.

- ¿Qué sucede?

- Estoy mareada. - se alejó, restregando sus ojos con sus manos.

- ¿Quieres que vayamos a una zona más alejada?

- No, no quiero que nos perdamos la fiesta.

- Tu salud es más importante. - la tomé de la mano, abriéndonos paso entre las personas nuevamente. - Vamos a la zona vip.

Luego de unos cuantos empujones, llegamos hasta los sillones y nos sentamos. Pude escuchar como emitió un suspiro y, podría jurar, que estaba más pálida, aunque nada me garantizaba que no fuese un efecto de las luces.

- ¿Quieres un poco de agua?

- No me dejes aquí sola, por favor.

- Tranquila, sólo iré a la barra de ahí. - señalé la que se encontraba detrás de los sillones. - Iré rápido, no te muevas.

Me alejé y pedí dos botellas de agua, ya que tampoco sentía el deseo de beber nada en ese instante. En lo que iban por ellas, regresé mis ojos al frente, asegurándome de que Kikyo estuviese bien y pasando mis ojos por todo el lugar, rememorando las palabras de mi padre, una y otra vez.

Una extraña sensación de inquietud se apoderó de mi, casi como si el mismo aire del lugar me dijera que había algo extraño en el, algo que no estaba bien del todo.

- Aquí tiene, señor.

- Muchas gracias. - tomé las botellas y regresé. - ¿Cómo estas? - pregunté, extendiéndole una de ellas.

- Mejor. - sonrió, bebiendo un trago. - Supongo que es normal.

- Quizás es todo el ruido de la música y tantas personas, ¿Quieres que nos vayamos?

- No. - fue firme. - Quiero que disfrutemos la noche como una pareja, ¿si?

- De acuerdo. - la tomé de la cintura, atrayéndola más a mi. - Dime cuando te sientas mejor.

- Gracias. - me besó la mejilla, acomodando su rostro sobre mi hombro, mientras yo mantenía mis ojos fijos al frente, buscando al o la culpable de esta sensación tan extraña que me invadía.

Sesshomaru

El resto del día lo transite con una tensa calma, en parte por lo sucedido con Rin esa mañana y en parte por lo que me esperaba esa misma noche.

Las palabras de mi padre no me habían dejado para nada tranquilo, sobre todo el hecho de que mencionara que, quizás, hoy volveríamos a arreglar las cosas como en los viejos tiempos.

Y eso solo significaba una cosa...

El teléfono de la oficina comenzó a sonar y ya sabía que se trataba de él, por lo que respondí y dejé que hablara. Corté y me fui directo a su oficina. Al entrar, lo encontré de espaldas, observando los últimos destellos del sol, a través de la ventana.

- ¿Viste a Inuyasha?

- Ese idiota no regresó en todo el día. - desvié mi mirada. - No entiendo como le perdonas tanto.

- ¿Sabes a donde se fue?

- A hacer alguna estupidez, seguramente.

- Fue a la ecografía de su hijo.

Volví mi mirada a él, completamente incrédulo de lo que acababa de escuchar. ¿Acaso era una broma de mal gusto? ¿Cómo era posible que un imbécil como él estuviera esperando un bebé?. Mi silencio reflejó como me había caído la noticia, era lo último que necesitaba escuchar.

- ¿Lo aceptaste? - pregunté sin más.

- Lleva la sangre Taisho.

- ¿Vas a aceptar que ese idiota, quién ni siquiera sabe cuidarse solo, tenga un hijo?

- No podemos hacer nada, Sesshomaru. - volteó, mirándome fijamente. - El embarazo ya está en su curso, además... - sonrió.

- ¿Cómo puedes sonreír en un momento como este?

- ¿Y que quieres que haga? El hecho de enojarme no cambiará que vaya a tener un nieto, y tú un sobrino.

- Yo no tengo nada.

- Sesshomaru, ¿acaso estás celoso?

-¿Celoso? ¿Escuchas lo que acabas de decir?

- Siempre quisiste ser el primero en todo. - rio levemente. - ¿Me vas a decir que quieres tener un niño antes que tu hermano?

-Ni que estuviera loco.

- Que bueno, después de todo, ya tienes el tiempo en contra.

Estaba a punto de marcharme, cansado de esta plática absurda, cuando volvió a hablarme.

- Ni se te ocurra. - comenzó a caminar, pasando por mi lado. - Nos vamos ahora.

Lo seguí sin decir nada, hasta que llegamos al auto.

- Inuyasha no está enterado, ¿verdad? - pregunté

- No.

- ¿Y no te parece demasiado arriesgado? No sabemos que nos espera con Kirinmaru, sin un plan b o un respaldo...

- Kirinmaru y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, tenemos códigos, no cómo los jóvenes, que han perdido cualquier tipo de honor.

- ¿Qué quieres decir?

- Si esto dependiera de Inuyasha o de ti, esto hubiese estallado en una guerra hace mucho.

No podía negarlo, ya que, en el fondo, tenía razón. Ni yo, mucho menos mi hermano, teníamos la paciencia o la templanza para lidiar con esto, de hecho, estaba demasiado seguro que, ante la mínima provocación, Inuyasha sería el primero en mandar todo por la borda.

El resto del viaje la pasamos en silencio, hasta que llegamos a su casa. Las rejas se abrieron, seguramente como una señal de que nos estaban esperando y, como en las películas, estacionamos frente a la puerta de entrada. Ascendimos los escalones y, nuevamente, las puertas se abrieron.

Que pésimo gusto.

Pensé, observando la decoración lúgubre, antigua y sombría, que recubría la espantosa sala que nos recibió.

- Bienvenidos. - miramos al frente, encontrándonos con Kirinmaru sentado en uno de los sillones. - Por favor, siéntanse como en su casa.

Aquella sonrisa escondía algo más que una simple amabilidad, más bien se leía como un rasgo desafiante, uno que anunciaba una tormenta frente a la más mínima provocación o palabra fuera de lugar. Para estas alturas, agradecía que Inuyasha no estuviera presente.

- Buenas noches, Kirinmaru. - mi padre imitó su acción, sentándose sin más. Hice lo mismo, sin dejar de observarlo. - Hace tiempo que no nos vemos, ¿Cómo has estado?

- Lo mismo digo, Toga. De hecho, fue todo un acontecimiento tu desaparición. - elevó una de sus cejas. - Estoy seguro que tus hijos estaban tan sorprendidos cómo yo, ¿verdad, Sesshomaru?

No respondí, sin embargo, me fue imposible no entrecerrar mis ojos ante su pregunta.

- Mis hijos no estaban preocupados por mi, querido amigo, ellos me conocen a la perfección.

- Es bueno saberlo. ¿Quieren algo de tomar?

- Gracias, pero estamos bien así.

- De acuerdo. - miró al hombre que estaba parado a unos metros de nosotros. - Un Wisky, por favor. - asintió y se marchó mientras Kirinmaru regresaba sus ojos a nosotros. - Bien, Taisho, tú mismo me pediste esta reunión, asique te escucho. - su sonrisa me tensaba demasiado.

- Antes de comenzar a hablar... - se inclinó, apoyando sus codos sobre sus rodillas. - ¿Estas preparado para escuchar? ¿O de antemano ya no estás creyendo en lo que voy a decirte?

- Todo dependerá de tus palabras, Toga. - imitó la acción de mi padre. - Recuerda que el trato de nuestros clanes pende de un hilo desde el momento en que mi hermana desapareció.

- Porque estas seguro que estoy involucrado.

- Cualquier hipótesis es válida.

- Me parece que estas apuntando en la dirección equivocada, querido.

La sonrisa se borró de su rostro, siendo reemplazada por una mirada amenazante, una que me decía que nada terminaría bien.

Kirinmaru

Mi amabilidad se veía amenazada con aquella postura altanera que el gran Inu No Taisho mostraba ante mi. Estaba enterado del pasado que él y mi hermana habían tenido, el cual no era precisamente un cuento de hadas, por lo que cualquier cosa que saliera de su boca, referido a ella, me haría estallar.

- ¿Vas a culpar a alguien más? - solté sin más.

- Veo que ya has asumido que soy el culpable. - sonrió.

- ¿Alguien más tendría motivos?

- Omitiré eso y el hecho de que, no importa que tanto la hayas tenido vigilada, siempre se te escapará un detalle, para decirte que el culpable está mucho más cerca de lo que crees.

Me quedé en silencio, tratando de descifrar hacía donde iría o a quién culparía. No tenía pruebas de que él le hubiese hecho algo a Zero, pero tampoco tenía otro sospechoso ni nada con lo que investigar, puesto que ella simplemente desapareció de un momento a otro, sin dejar rastros.

Y jamás dejé de preguntarme, ¿Cómo estaba? ¿Estaba lastimada? ¿Habrá llorado en algún momento?

Recordar aquellas preguntas sólo causaba que mi sangre comenzara a hervir, por lo que, cada palabra que este imbécil pronunciara, podía ser la última.

- Adelante, lánzalo de una vez.

- Magatsuhi tiene a Zero. - pronunció seriamente.

Me quedé en silencio, observándolos fijamente y pude notar como su hijo se tensó levemente al escucharlo pronunciar aquello.

Mi hermano, mi propia sangre... No, no puede ser verdad, Magatsuhi no es fácil de llevar, quizás es el más rebelde de nosotros, pero... ¿traicionar a su familia? ¿secuestrar a su hermana? ¿Por qué? ¿Para que?

Me puse de pie lentamente, sin abandonar mi mirada de la de ellos. Realicé un movimiento rápido, el cuál hubiese terminado a la perfección de no ser por la intervención de Sesshomaru.

- Ni se te ocurra intentar eso de nuevo. - pronunció, con sus garras sobre mi cuello, mientras sostenía la mano que tenía por finalidad, el cuello de su padre.

- Mis hijos ya no son unos jovencitos inexpertos, Kirinmaru. - se puso de pie.

- Eres tan cobarde, que quieres ensuciar el nombre de mi hermano menor sólo para cubrir tu cabeza. - respondí asqueado, dando un paso hacía atrás. - Los Sakana no somos como ustedes.

- Eso ya me quedó claro. - sus ojos no se apartaban los míos, haciendo que mi ira escalara. ¿Cómo se atrevía a hablar como si estuviese diciendo la verdad? - Tu querido hermano, se llevó a Zero al inframundo, en la época feudal. Entiendo que es difícil de asumir la realidad, pero cuando estés listo para hacerlo, puedes llamarme.

Colocó su mano sobre el hombro de Sesshomaru, dándole la señal de que debían irse. Mis ojos se mantuvieron en los dos, mientras se acercaban a la salida.

- Taisho. - pronuncié en el mismo momento en que Toga tomó el pomo de la puerta. - Olvídate del trato de nuestros clanes. - giré, elevando mis manos, mostrando mis garras. - Dile a tu hijo menor, quién ni siquiera se dignó a venir, que cuide sus espaldas. - después de todo, ya tengo motivos para odiar a ese bastardo. - Lo mismo para ti, Sesshomaru.

- Podemos arreglarlo ahora, si lo deseas. - sus ojos comenzaron a tornarse rojos.

- Sesshomaru. - Toga lo tomó, jalándolo atrás de él. - Te lo advierto, Kirinmaru, si algo le sucede a mis hijos o a alguien de mi familia, te mataré con mis propias manos.

- El día llegará cuando menos te lo esperes. - escupí mi última advertencia. - ¡Largo de mi casa!

Sin responder, los dos abandonaron el lugar, al mismo tiempo en que el inútil de mi guardaespaldas, regresaba con el vaso de Wisky en la mano.

- ¿Fuiste a crearlo o que? Ya no lo quiero, tíralo o trágatelo.

Pase por su lado en dirección a la oficina, en donde planeaba encerrarme a tratar de asimilar todo lo que Taisho me había dicho, además de comenzar a preparar mis siguientes movimientos.

Magatsuhi

Me rocié con aquel elixir mágico, el mismo que ocultaba mi aroma de cualquier demonio que quisiera seguirme. Sonreí, observando la piedra meidu que había conseguido tiempo atrás, cuando todo esto comenzó.

Extendí mi brazo, abriendo mi mano y proyectando, con aquel objeto, el portal que me llevaría hasta mi objetivo. Comencé a caminar, adentrándome en él y dando mis primeros pasos al inframundo, segundos después.

El silencio azotó mis oídos al instante, al mismo tiempo en que me encontraba con aquellos ojos violetas que se inclinaron ante mi.

- Señor.

- Hakudoshi. - sonreí. - Ponte de pie.

- Pensé que no iba a regresar en mucho tiempo.

- Lo sé, lo mismo tenía planeado, pero... las cosas cambiaron.

Comenzamos a caminar por aquel eterno pasillo, hasta que, poco a poco, vislumbramos a las hermosas señoritas que estaban presas en este lugar.

- Byakuya.

- Señor. - una nueva reverencia.

- Al parecer, han hecho un buen trabajo manteniéndolas vigiladas.

Me acerqué a sus pequeñas cárceles, las cuales constaban de un campo de energía, el cuál era reforzado con una mezcla de mi energía demoníaca y la del meidú. Ambas estaban dormidas, y sus expresiones eran de completa tristeza, casi como si estuviesen sumidas en una eterna pesadilla.

Me pregunto, si mi adorada hermana recordará el momento en el que llegó aquí.

- Siguen con vida, ¿no es así? - pregunté, fijando mis ojos en la esposa de Hoshiyomi, quien era la más débil de las dos.

- Todavía respiran. - respondió Byakuya. - Si debo ser honesto, estoy sorprendido de que así sea. - miró a la humana.

- Eso es porque posee poderes espirituales. Ningún humano corriente sobreviviría aquí.

Me perdí en ellas durante unos momentos, no se si fue demasiado o no, sólo se que la voz de Hakudoshi me regresó a la realidad.

- Señor Magatsuhi. - lo miré. - Aún no nos ha dicho el porqué de su visita.

- Hm. - sonreí. - Bueno, como te dije al llegar, vine hasta aquí porque los planes cambiaron. - volví mis ojos a las mujeres suspendidas. - Aún no he conseguido a la persona que reactive a la Perla de Shikon y... deberé quedarme quieto por un tiempo.

- ¿Qué quiere decir?

Estaba enterado de que mi hermano iba a reunirse con Inu No Taisho y, por alguna razón, tenía un muy mal presentimiento, por lo que lo mejor iba a ser el mantenerme al margen de mi propio plan, tener las sospechas al mínimo, hasta que las cosas se calmaran con el tiempo.

Después de todo, Taisho no regresó por casualidad, ¿verdad?

- Que todo tardará un poco más de lo planeado. - volví a mirarlos. - Pero tranquilos, tendrán su recompensa cuando llegue el momento.

Regresé mi mirada a mi hermana, a quién aún le esperaba una larga estadía en este lugar, eso, si su vida no se terminaba antes de que pudiese alcanzar mi objetivo.


Y, con este capítulo, hemos llegado al final de esta historia. Ahora sólo nos queda el epílogo que, como dije en mi canal de WhatsApp, será una especie de adelanto, del primer capítulo de la secuela.

Les agradezco muchísimo a todos aquellos que dejaron sus reviews o simplemente leyeron esta historia. ¿Qué nos espera en el epílogo? El próximo viernes lo descubriremos.