El profesor Pettigrew les permitía a los alumnos retirarse treinta minutos antes de terminar su hora de clase, creía firmemente que no era necesario estar demasiado tiempo encerrados en un aula y perdiéndose en los temas ante tanta información, dejando de prestar atención. Por lo cual Harry junto a Ron utilizarían ese tiempo para regresar a la cafetería dónde seguramente ya habría algo de almorzar y tal vez podría disculparse con el chico del mostrador.

Segundos más tarde de que el profesor abandonara el aula, un par de alumnos se levantaron de sus asientos para estirar las piernas, luego de haber pasado más de dos horas sentados era justo y necesario. Otros decidieron abandonar el salón y tomar un rumbo diferente al de Ron y Harry, no obstante el azabache no contaba con el mismo entusiasmo qué antes de conocer al chico del mostrador quién le había robado más qué un suspiro.

—Quiero ir al baño —dijo Ron colgándose la mochila en el hombro.

—Vamos —respondió Harry cerrando su mochila y levantándose para seguir a su amigo fuera del salón.

Bajaron al segundo piso del edificio dónde los baños estaban ubicados, encontrándose alumnos a su paso que iban y venían. Minutos más tarde se encontraban en el sanitario de hombres y al cabo de unos minutos Harry fue el primero en salir, pues Ron siempre tardaba más que él.

Para ese momento, su reloj marcaba las 10:35 AM, contaban con suficiente tiempo para desayunar tranquilamente antes de su siguiente y última clase del día, la cual sería a las 11:30 AM. Harry decidió esperar a su amigo recargado en la pared del fondo al pie de la escalera, observando a alumnos y profesores transitar por el pasillo. Entre la multitud, le pareció ver a una persona en especial, Harry nunca olvidaría esa cabellera rubia brillante. Cuando el chico del mostrador entró al sanitario se abstuvo de apartarse de la pared en la que estaba recargado para ir tras él, además ¿Qué iba decirle?, Un simple: "lo siento por haberte dicho que eras un mal trabajador enfrente de todos" no arreglaría la situación y mucho menos le haría sentir mejor, necesitaba más que una disculpa si quería resarcir su error y tener la conciencia limpia el resto de su vida, además de una gran lección, jamás volvería a decirle algo cómo eso a nadie.

Transcurrieron alrededor de dos minutos cuando Ron salió y con la mirada buscó a su mejor amigo, y lo encontró recargado en la pared contraria a la puerta del sanitario con la mirada fija en el suelo.

—Listo, vámonos —anunció Ron sacando de su transe a Harry.

Harry se apartó de su lugar aun con una batalla de pensamientos.

—¿Estás bien? —preguntó el pelirrojo mientras bajaban el resto de las escaleras del edificio.

Harry suspiró con pesadez antes de responder.

—Vi entrar al sanitario al chico nuevo que atiende la cafetería —habló mientras caminaban por la vereda hacía el edificio de enfrente que era dónde estaba la cafetería.

—Tal vez están limpiando el suyo, este es el más cerca de la cafetería —respondió el pelirrojo sin darle mucha importancia al tema.

—Puede ser —respondió Harry con la voz ligeramente apagada.

—Sigues sintiéndote mal por lo qué le dijiste en la mañana ¿No es así? —Ron conocía bastante a su amigo cómo para sacar conclusiones ante su estado de ánimo.

Harry asintió y suspiró largamente. Ron no se equivocaba.

—Quiero disculparme, no debí expresarme así de él y menos enfrente de todos —habló Harry arrastrando las palabras, además tuvo la decencia de avergonzarse por su actitud anterior.

—Si realmente quieres hacerlo esta es tú oportunidad, ahí viene —respondió Ron señalando al rubio con discreción sobre el pasillo dónde ellos iban caminando.

El corazón de Harry comenzó a palpitar con fuerza, temía que su amigo escuchara sus latidos, sin embargo él parecía no darse cuenta pues actuaba tan normal cómo siempre. En cambio él parecía un estúpido adolecente de 15 años cuando ya tenía 21, era mayor de edad y podía enfrentar la vida con madurez.

—¿Pero qué voy a decirle? Ni siquiera le habló —su voz cargada de un nerviosismo inexplicable, le hizo sentir peor.

—Dile que no fue tu intención hablarle así o lo que sea pero date prisa, está apunto de entrar a la cafetería —informó Ron, señalando ya sin discreción alguna la puerta de entrada y salida del personal de la cafetería.

El habitual color blanquecino de la piel de Harry fue sustituido por un rojo intenso, definitivamente no se iba acercar a él en ese estado.

—No creo qué sea un buen momento —dijo tomando a Ron del brazo, abandonando con rapidez el lugar dónde se habían quedado parados.

—¿Te dio vergüenza? digo, es comprensible

Ron lo entendía a la perfección, él era un penoso de primera, más cuando se trataba de Hermione, la chica por la que suspiraba desde el primer día de universidad, a quién siempre vio cómo algo inalcanzable.

—Sí, sólo es eso… vergüenza —respondió Harry.

Ninguno volvió mencionar el tema y Harry lo agradeció en el alma, ni él mismo tenía claro el por qué de su actitud.

—¿Cómo te fue en la universidad cariño? —preguntó su madre besando su mejilla en cuanto vio a su hijo cruzar la puerta principal de su hogar.

—Bien, creo… —lo último lo dijo en voz tan baja que a Lily le costó escucharlo.

—¿Cómo dices? —preguntó la mujer con el ceño ligeramente fruncido pues no le había entendido.

—Qué tengo hambre —respondió Harry cambiando el tema.

—Ya está lista la comida, lávate las manos y baja, tú padre no tardará en volver, fue con Sirius a una de sus misiones super secretas —respondió su madre, seguido de una carcajada.

Una misión super secreta de James y Sirius sólo podía significar diversión y luego problemas.

Su reciente objetivo, se trataba de un cliente nuevo de su café karaoke "The camp rock" del que Sirius era dueño, además constaba de una temática de los años 70 ́ s dónde dicho género se encontraba en su máximo esplendor. El padrino de Harry había sido flechado con tal sólo verlo, por lo que últimamente se esforzaba más en tener alimentos y bebidas de calidad, el lugar completamente limpio y ambientado en sus horas de trabajo para qué el hombre tuviera razones para volver, de momento lo único qué sabían del nuevo cliente era qué le encantaba el chocolate pues siempre sacaba una tableta grande de chocolate amargo de la máquina de dulces del lugar y por ello tomaron la decisión de añadir una nueva bebida en el menú a la que nombraron "luna llena" que constaba de chocolate frío o caliente, con un poco suerte sería el anzuelo perfecto para captar la atención del cliente misterioso y no sólo por la buena música que tocaban las bandas en vivo.

Harry secundó la risa de su madre antes de subir las escaleras rumbo a su habitación, tal vez debería hacer algo cómo su padrino para captar la atención del chico del mostrador y de ese modo ganar una disculpa, parecía una tarea difícil pero no imposible.

Al menos eso quería creer pues no conocía en absoluto al rubio, la única información qué tenía no era un buen comienzo para una disculpa, no obstante quería intentarlo.

—No James, primero me lanzo por el balcón de mi habitación antes de permitir qué ese bello hombre deje de visitar el café —expresó Sirius en tono dramático, al mismo tiempo qué daba grandes zancadas hacía el interior de la casa de sus mejores amigos, James caminaba a pocos centímetros detrás de él intentando detenerlo.

—Ya he escuchado eso un millón de veces… y ni siquiera tienes balcón —apuntilló James, Sirius rodó los ojos—. ¿Pero sabes qué? no vas a ganar nada obligándole a qué no decida visitar otros lugares —expresó James por décima vez, tan sólo de camino a su hogar.

—¿Y dejar qué se largue al lugar de Quejicus? dónde sirven bebidas ilimitadas por sólo pagar la entrada, perdóname pero dudo mucho qué todo lo qué consumen ahí esté preparado cómo yo lo he supervisado durante todos estos meses —se volvió a quejar el hombre, ahora con la mano en la cintura observando a James, retando a qué se atreviera a decir algo.

Harry compartió una mirada divertida con su madre, el chico ya sabía lo qué se avecinaba cuando su padre y Sirius discutían de esa manera, aunque en realidad era un intento por calmar a su padrino, qué muy pocas veces funcionaba si Lily no intervenía. Así, cómo era costumbre, la mujer dejó la vajilla qué llevaba en las manos, lista para ser acomodada en la mesa, y desvió su camino para ir al lugar dónde su esposo y su amigo se encontraban. Harry no quería perderse los detalles de lo qué venía y se quedó de pie en el medio de la cocina prestando suma atención a los tres adultos.

—Estamos de acuerdo qué "Ligth dark" es un lugar horrendo, y el dueño lo es aún más, su cabello y estilo son horribles… —James paró en seco al ver a Lily recargada en el marco de la puerta de la cocina, de brazos cruzados y con expresión seria.

—¿Terminaron? —preguntó la pelirroja frunciendo ligeramente los labios e intercalando la mirada en ambos.

—Hola cariño —saludó James, dejando a un lado la discusión con Sirius para ir con su esposa y darle un beso en la mejilla.

—¿Todavía estoy invitado a comer, verdad? —preguntó el hombre con ligera preocupación.

—Si no van a discutir en la mesa, adelante, puedes quedarte —dijo Lily apartándose de su lugar para regresar con Harry y poner la mesa.

—¡Querido ahijado! no sabía qué estabas ahí —Sirius falló en su intentó de no sonar nervioso, Lily le dedicó una mirada de advertencia al hombre.

Harry no pudo evitar soltar una carcajada ante los recientes acontecimientos, su padre le miró disgustado, él conocía perfectamente a su familia cómo para deducir qué su esposa e hijo sólo les gustaba divertirse un poco ante estas situaciones con su padrino, pero no podía enfadarse por mucho tiempo, siempre terminaban riendo cómplices por ello, tal y como en ese instante mientras le ayudaba a Harry con lo qué faltaba y merendar en paz.

—Adoro como se llevan padrino —dijo el chico con sinceridad, dándole un abrazo a su padrino.

—Tú papá debería hacerle menos caso a tú mamá, sólo no se lo digas o Lily me matará —susurró Sirius al oído de Harry.

Afortunadamente Lily estaba lo suficientemente lejos cómo para escucharlo.

Harry asintió, conteniendo una fuerte carcajada.

La comida transcurrió tan divertida cómo siempre, entre las buenas nuevas del dueño de "The camp rock". En realidad todo marchaba bien en el negocio, además de qué su padre era socio, él se encargaba de la parte organizacional y Sirius supervisaba todas las áreas además llevaba la parte contable, los dos amigos eran una gran dupla en los negocios.

Harry siempre creyó qué la mejor decisión de su padrino fue irse de dónde no lo valoraban, él era un hombre increíble, con talento y muchas ganas de comerse al mundo, lamentablemente su familia no lo entendió y por ello tuvo qué abandonar su hogar, dejando atrás a sus padres y a su hermano. Aunque la relación con Regulus Black era mejor qué con sus padres, de vez en cuando lo visitaba en su negocio y cerciorarse qué todo marchara bien, cosa qué Sirius apreciaba, al igual qué Harry.

—La nueva banda tocará música de otros países e idiomas, así qué esperamos la llegada de más clientes y de todas las edades —comentó Black con orgullo en su voz.

—Me da gusto escuchar eso —dijo Lily al cabo de terminar su bocado.

—¿Cuándo podré ir a escucharlos cantar? Hace mucho qué no voy —dijo Harry sonando entusiasmado.

—Sí Lily no tiene objeción vamos, prometo qué lo cuidaré —respondió Black, sonriéndole inocente a su amiga.

La pelirroja le fulminó con la mirada.

—A menos qué Regulus sea invitado no dejaré a mi hijo ir a ese lugar —respondió Lily.

—¿Por qué no? También irá papá, además ya estoy grande —objetó Harry.

—Eso me preocupa —Lily le sonrió con falsedad a su esposo.

—No sé cómo sentirme —mencionó James.

Los cuatro soltaron risas cómplices, adoraban bromear entre ellos, aunque Lily no lo decía tan en broma, ella prefería tener a alguien más junto a Harry en esos lugares qué prefería evitar y a Regulus le tenía la suficiente confianza para dejar a su hijo en un lugar qué era frecuentado por jóvenes y señores de mediana edad y en ocasiones el ambiente se volvía pesado, él menor de los Black sabía en qué momento escabullirse a la oficina de Sirius o salir por la puerta trasera del lugar en caso de ser necesario, no era qué Lily fuese muy sobreprotectora con Harry, simplemente ese tipo de ambiente era bueno hasta cierto punto, cuando no terminaba en peleas o en prisión.

—Te adoro amor, pero recuerda qué ese lugar es de un ambiente pesado y tú hijo no acostumbra esos lugares —mencionó la mujer.

—Por qué no lo dejas, en cambio sería una buena distracción para él —debatió el padre de Harry.

Lily negó vehemente, y acto seguido volvió la atención a su plato con pasta y pollo.

—Vamos, dime qué ocurre —animó el padrino del muchacho.

Sirius había notado algo nervioso a Harry al culmino de los alimentos y no tardó mucho en percatarse qué necesitaba decirle algo pero al final no se atrevía, así qué tomó a su ahijado por los hombros guiándolo al salón principal dónde en ese momento se encontraban sentados, uno junto al otro con el fin de qué si Harry no quería qué sus padres se enterasen, fuera posible.

El menor suspiró con hastío, y observó a su padrino durante un par de segundos antes de abrir la boca y expresar su preocupación.

—¿Cómo le pedirías disculpas a alguien qué no conoces pero qué fuiste grosero con él? —preguntó dubitativo, casi arrepintiéndose de haber abierto la boca.

El hombre a un costado suyo ladeó la cabeza, pareciera qué no había entendido bien, y la expresión de confusión en su rostro era evidente.

—¿Quién se disculpa con alguien por ser grosero cuando se lo merece? —respondió Sirius.

Harry ya esperaba una respuesta sin tacto de parte de su padrino y no era qué fuese mala persona, simplemente esa era la personalidad de Sirius Black.

—No esperabas esa respuesta, ¿Verdad? —dedujo el mayor. Harry a su costado asintió.

Sirius no era el mejor dando consejos, pero se esforzaba cuando alguien lo merecía o lo necesitaba, así qué pondría todo de su parte en comprender a Harry.

—Sí —terminó por confesar, tenía qué admitir qué le costaba continuar esa conversación.

—Empecemos de nuevo —sugirió su padrino—. Fuiste grosero con alguien y quieres pedirle disculpas ¿No?

Harry asintió en respuesta. Sirius guardó silencio durante unos momentos, inclusive el azabache le escuchó murmurar qué esas lindas acciones eran culpa de Lily, pero aun así la quería.

—Podrías intentar hablar con esa persona, si es amigo tuyo será mucho más fácil —aconsejó el mayor, al menos Harry no se iría en blanco ante esa conversación.

Harry frunció los labios, ese era el primer detalle, qué el chico del mostrador y él no eran amigos, pero Ginny sí lo conocía, o en todo caso le hablaba, sin embargo recordaba qué a la chica no le había caído en gracia la forma en qué se expresó de él y ahí tenía otro problema.

—No somos lo qué se dice amigos —confesó Harry.

—En ese caso si alguien de tú círculo social conoce a esa persona podría ayudar —aconsejó Sirius encogiéndose de hombros.

—Tal vez podría funcionar —dijo Harry sonando poco convencido.

Sirius miró por encima del hombro de Harry para confirmar si era seguro continuar hablando, los padres de Harry estaban enfrascados en una conversación amena, lavando, secando y guardando el plaqué utilizado durante la comida.

—¿Fue una chica? —preguntó Sirius sin poder contenerse.

Harry se ruborizó y su padrino interpretó dicha reacción cómo una respuesta afirmativa.

—Entonces no tienes de qué preocuparte, las chicas con un par de palabras amables te perdonan, pero si es cómo tú madre no será una tarea fácil —murmuró el mayor.

—En realidad… yo… no sé por qué no somos amigos si quiera… —balbuceó Harry, intentando explicarle a Sirius qué no se trataba de una mujer, sino de un hombre.

—Empieza por ahí —aconsejó el mayor—, escucha con atención te diré qué hacer —dijo el hombre, completamente extasiado de brindarle a Harry un consejo para el amor.

Harry tenía cierto temor a cómo fuese reaccionar el chico del mostrador ante su intento de pedirle una disculpa, seguramente lo mandaría al diablo y con justa razón.