Disclaimers: Harry Potter, los personajes, los nombres y los signos relacionados son marcas comerciales de Warner Bros. Entertainment Inc., los derechos de autor de la historia "Harry Potter", pertenecen a J.K. Rowling; por lo tanto, son usados sin intención de lucro alguno, la historia paralela, al igual que los personajes originales, me pertenece en su totalidad, y no pueden usarse sin mi autorización, cualquier tipo de adaptación de esta historia está prohibida.


James observó a través de la ventana, hacía un largo tiempo que no había visto a Lily, y no porque no pudiese ya que tenía cosas que hacer, sino que simplemente, había decidido que no lo haría, después de que ella hubiese preferido a sus hijos sobre él, quizás eso había herido un poco su orgullo, siempre pensó que ella lo elegiría sobre todos, y no era así, y es que solo ver su expresión al ver a sus hijos, lo decía todo, el amor, la devoción que solo una madre tenía por un hijo, la que su madre había tenido por Lily; a pesar de que sabía muy bien, que Ginevra Potter, jamás amó a Harry Potter, sí había amado a Lily tanto, que prefirió salvar la vida de su hija que la propia.

Sólo una vez, después de haberla matado, se preguntó, ¿habría hecho lo mismo por él, en una situación similar?

Nunca tendría la respuesta a esa pregunta, así que la quitó de su mente y jamás se volvió a cuestionar al respecto, y cuando encontró a Lily, cuando comenzó a provocar algo más que una simple atracción sexual, desarrolló el capricho de que ella lo amara sobre cualquier cosa, sobre cualquier persona, y suponía que lo había hecho por un momento, lo amó incluso sobre su primogénita, que aunque suplicó, rogó e imploró, porque no la matara, que la dejara a su lado, no lo odió cuando lo hizo, lo perdonó, y siguió amándolo tanto, que realmente le había dado dos hijos más, aun sabiendo que en cualquier momento, él podía cambiar de opinión al respecto, y que esos niños, corrieran la misma suerte que la primera, hasta que en algún punto, decidió que sus hijos merecían un poco más de amor que él.

—Te quedaste congelado, ¿pasa algo? –Preguntó Lysander.

—No, simplemente me quedé pensando, ¿qué hay de casar a tu hijo con la mía? –Se burló.

—Cierra el maldito pico –ordenó Lysander enfadado.

—Oh, ahora me ordenas –se burló, observándolo atento –dime ¿qué te parece la idea?

—Creo que deberías consultarlo con mi hermano, Lorcan, el padre de ese niño.

—Agh –chasqueó la lengua –olvidé ese detalle tan perdedor.

—La princesa Elizabeth corre el mismo destino, además… sería como tu hermana, y Lupin –informó –él solo sería el duque, ¿crees que Lorcan se conforme con eso? –Elevó una ceja.

—Bueno, puedo hacer que quien se case con ella, sea el rey –observó –así quien corre peligro es su esposo, no ella, o su hermano –informó.

—Claro, y pones una diana en la espalda de mi hijo –bufó Lysander.

—Oh, ¿así que si es tu hijo al final? –Se burló del rubio, aun observando por la ventana –parecen llevarse bien.

Lysander se acercó a la ventana, en efecto, la princesa estaba jugando con los hijos de Lorcan, mientras eran vigilados de cerca por Audrey y Lily, sonrió por un momento, ¿cómo sería la vida si tanto él como James tuviesen la oportunidad de poder disfrutar libremente su amor por esas mujeres? De disfrutar su vida con ellas y sus hijos.

—Te gusta mucho la vista –bromeó James.

—A ti también, pero te niegas por completo a aceptar que, a pesar de tus instintos, y de toda la precaución que tomas, te enamoraste de ella –se encogió de hombros –aun y con eso de que no sabes cómo se ve y cómo se siente realmente el amor, pero… a lo largo de toda tu vida, mucha gente te ha amado, aunque no lo quisieras.

—Gente sin sentido común.

—Incluso Malfoy, ambos, han sentido amor por ti, a pesar de que realmente has sido un maldito con ellos.

—Bueno, ciertamente, soy irresistible –bromeó –pero lo dudo.

—Pregúntale a tu bruja de confianza, Elisheva, incluso, es una de ellas, pero ambos sabemos, que la única que te importa es esa mujer pelirroja de allá –observó a Lily –dime, ¿alguna vez habías tenido la necesidad de que alguien te amara? ¿Cómo se siente? –Sonrió.

James observó a Lysander, sus preguntas claramente eran por curiosidad, no por molestarlo, pero realmente lo habían irritado más que alegrarle que le preguntaran, ¿cómo se sentía querer que alguien en específico te quisiera de esa manera?

—Mejor cállate –gruñó.

—Has estado de mal humor desde que te escondes de ella, que, por cierto, tampoco la ha estado pasando muy bien –observó al rey –nada más basta mirarla a los ojos, para saber que realmente sufre, porque la rechazaste.

—Lo que más ama son sus hijos, que se quede con ellos.

—No puedes estar celoso de los niños, creo que ella querría también, que los amaras más de lo que la amas a ella –informó.

—Quererlos –se burló –dime ¿qué beneficio tendría de hacerlo?

—Ninguno –admitió –ese es el encanto del amor paternal, que no importa lo que ellos hagan, o te hagan, simplemente los amas.

—Imposible…

—Incluso tu madre, sabiendo que había un monstruo latente en ti, esperando por emerger, prefirió defenderte, dejarte vivir.

—Fantasías.

—Créeme, aunque te niegues a aceptarlo, como padre, tú eres capaz de saber cuándo algo va mal en tus hijos, mamá lo presentía con Lorcan, padre igual, incluso tu madre lo sabía contigo, la manera en que te observaba entrenar.

—Me tenía miedo.

—Por no poder protegerte, lo supongo –se encogió de hombros –pero es algo que no sabremos nunca.

—Así que mejor dejemos ese tema en el olvido –sugirió.

Regresó hasta su escritorio y comenzó a trabajar en el montón de pergaminos que le había enviado Remus, por primera vez en años, quería ahogarse en trabajo y no tener que pensar en que podría estar junto a Lily, aunque simplemente tuviese que observarla, sin poder ponerle una mano encima.

Claro que se sorprendió a sí mismo, cuando volvió a la ventana una vez que Lysander regresó a su lugar al otro lado de la puerta, la pelirroja sostenía al bebé mientras lo subía y bajaba, dando la impresión de que él estaba saltando, Remus II, aplaudía mientras reía alegremente de ser consentido por su madre.

No podía salir en ese momento, era consciente de que haría que Audrey y el resto se sentiría incómodos si de repente él aparecía, pero a la mierda, era el maldito rey, y si no podía usar su posición para hacer lo que quisiera ¿para qué le servía?

La última en darse cuenta de su presencia fue Lily, y solo se dio cuenta, cuando el hijo mayor de su amiga, se detuvo a mitad de su camino al correr, se quedó un poco pálido e hizo de inmediato una reverencia, que el resto imitó, salvo las mujeres, que estaban sentadas sobre una manta previamente colocada en el césped.

—Alteza –comentó el niño, un poco nervioso.

—Veo que están disfrutando del día –comentó tranquilo.

—Así es –respondió el niño, sin atreverse a mirarlo a los ojos.

James sonrió, sin duda no había heredado el carácter de su padre, aunque sí lo precavido de éste, no dijo nada, sin duda le agradaba, quizás se estaba volviendo viejo y por eso la gente le comenzaba a agradar un poco más de lo normal.

Nadie dijo nada más, incapaces de preguntar la razón por la cual había decidido unirse a ese pequeño día de campo que habían organizado las mujeres hacía un par de días atrás.

—Iré a vigilarlos más de cerca –comentó Audrey, poniéndose de pie, les sonrió y tomó a Remus II en brazos, alejándose de ellos.

Lily lo observó, claramente dudosa si preguntarle algo o decirle algo, desde que le había dicho que no le interesaba nada de ella o sus hijos y que los dejaría en paz, suponía que había perdido toda simpatía de parte de su hermano.

—Si te incomoda mi presencia, me iré –comentó James.

—¡No! –Chilló la mujer cuando él se dispuso a marcharse –no me molesta su presencia, alteza, es su castillo, su reino –comentó.

—Oh, si vas a tomar esas formalidades, sin duda me iré.

Lily se puso de pie, se acercó a él, disimulando un poco su enfado por la actitud que estaba tomando para con ella, les sonrió a los guardias y se acercó más a él, sujetándolo del saco que tenía puesto.

—Formalidades, ¿qué se supone que tenga que decir o como tengo que comportarme con todos ellos presentes? –Cuestionó enfadada.

—Si lo que quieres es que te bese frente a ellos, solo pídelo y lo haré.

—Los dos sabemos que eso no puede ser ¿no es así?

—Pero sí quieres que lo haga –sonrió divertido James.

—Siempre –admitió.

—En ese caso, te veré en la noche, ¿está bien para ti? –Preguntó.

—Sí, lo está, majestad –sonrió dulce la mujer.

—X—

La mujer sonrió cuando vio entrar a James a la habitación, hacía días que no se veían, ni siquiera Ted le había querido decir como estaba, y sabía que era una clase de castigo por elegir a sus hijos antes que, a él, pero era imposible para ella, si pudiese partirse en cuatro y darle cada parte de ella a sus hijos y a James, lo haría.

El rey avanzó apresurado hasta la pelirroja, la sujetó del cuello y la acercó a él, mientras la besaba con desesperación, ya no era un jovencito, pero, aun así, no podía evitar abalanzarse sobre ella cuando tenía la oportunidad de hacerlo, el calor de su cuerpo, su cercanía, su aroma era algo que lo volvía loco, sin duda perdía la cabeza por ella.

—Espero que me extrañaras tanto como yo a ti –admitió él.

—Cada instante añoro tenerte solo para mí, James –aceptó, besándolo tan desesperadamente como él la besaba a ella –desconozco la razón por la cual siempre quiero tenerte cerca, tenerte en mí.

Aquellas palabras eran mágicas para él, así que no perdió tiempo alguno, agradeciendo que la mujer hubiese optado por esperar por él en su ropa de dormir, haciendo el trabajo para él más fácil, solo necesitaba levantar su camisón, para poder adentrarse en ella sin tener que despojarla de toda la ropa que llevaba puesta normalmente.

El suave sonido de los gemidos de Lily eran un estimulante para él, mientras más suaves eran, sabía que era su manera de controlarse porque realmente estaba al borde, pero no quería que nadie los escuchara, se empujó más fuerte dentro de ella, sin importarle que pudiese preñarla de nuevo, después de todo, ella había dicho que no le importaba si lo hacía, así que no vio la razón para auto controlarse ni un poco, la sujetó de la cintura, adentrándose todo lo que podía en ella.

Aprovechó todo el tiempo que pudo para tenerla de todas las formas en que se lo permitiría ese día, hasta que el agotamiento la venció un poco, así que se recostó junto a ella, acercándola a su cuerpo, no podían compartir toda la noche juntos, él tenía que volver a su habitación con Druella y ella con Edward, por fortuna William y Lysander cuidaban de la puerta, por lo cual le sorprendió que alguien se atreviese a tocar.

Lily se levantó apresurada y asustada, nadie sabía que estaban ahí, era una cámara alejada de la de ellos, nadie excepto sus guardias sabían que ellos estarían ahí, se vistió apresurada, aunque él lo hizo a regañadientes.

—Adelante –ordenó cuando Lily estuvo decente para la visita.

Las ganas de separarle la cabeza del cuerpo a Edward Lupin crecieron en James al verlo entrar, aunque su lenguaje corporal le hizo detenerse un poco en sus pensamientos violentos, observó a Lily.

—Remus tiene temperatura –comentó –no han podido bajarla.

—Pero… si gozaba de buena salud.

La mujer salió sin decirle nada, pero por obvias razones, James fue tras ellos, alejado prudentemente, mientras los veía hablar respecto a la salud del niño, realmente parecían unos padres preocupados por la salud de su hijo.

Entraron a la habitación, la mujer encargada de cuidar del niño durante la noche, se giró a ellos y a mitad de la explicación se detuvo al ver al rey, sin duda se quedó paralizada, sin poder seguir diciendo nada.

—Pero esta tarde estaba bien –murmuró Lily, yendo hasta su hijo.

—Ma-Majestad –musitó.

—Pretende que no estoy, y atiende a mi sobrino –ordenó.

La mujer hizo caso a la orden, se giró y fue hasta Lily, que sujetaba a su hijo, revisando cada parte de él para asegurarse de que realmente fuese cierto lo que le estaban diciendo, la preocupación era evidentemente reflejada en su rostro.

—Hemos llamado a los médicos –informó –supongo que estaba próximo a enfermarse y el día fuera terminó de enfermarlo.

—X—

James observó a Lily, que lloraba en silencio, estaba despeinada, mitad por su encuentro sexual, y mitad por su preocupación y pasar los últimos cinco días sin alejarse de Remus, que la fiebre aminoraba y aumentaba lo suficiente como para no dejarlo estar por completo fuera de peligro.

Fue hasta ella, aun con toda la servidumbre que estaba supliendo a Lily, y colocando nuevos paños frescos, la sujetó del brazo y la pegó a él, haciendo que ella no pudiese soportar un poco más y se derrumbara por fin en los brazos del rey.

—Todo saldrá bien, es fuerte –murmuró para ella.

—Fue mi culpa, no debí sacarlo, pero el día era bonito, y pensé que sería bueno para él –lloriqueó desesperada.

—No ha sido tu culpa, los médicos están haciendo todo lo posible.

Los días no fueron muy favorables para el pequeño príncipe Remus, aunque las fiebres altas cedieron un poco, la enfermedad no parecía querer dejarlo libre, Lily pasó día y noche con él, solo dejándolo para tomar baños, que le ayudaban a estar más atenta de él por las noches, comía poco y se hidrataba otro poco.

Dos meses le había tomado a la enfermedad llevar al príncipe a los límites, los médicos habían dicho que algo le había picado mientras jugaba en los jardines, buscaron en todos lados para conseguir un antídoto, pero no pudieron dar con ello, les sorprendía que siguiera con vida, aunque ya le habían dicho, que debería prepararse para lo peor en los siguientes días.

—Princesa –habló su sirvienta –tiene que alimentarse mejor –comentó.

—No tengo hambre –murmuró, su mente estaba muy lejos, aunque su vista estaba fija en su hijo –no puedo pensar en comer ahora.

—Pero majestad –insistió la mujer –han pasado dos meses.

—¡Lo sé, mi hijo…!

—No ha sangrado –informó –el médico nos dijo que está preñada de nuevo, tiene que alimentarse para darle energías y fuerzas a ese niño.

Las lágrimas de Lily fueron interminables al escucharla decirle eso, normalmente estaría tan feliz que no cabría en su cuerpo, pero su hijo estaba muriendo, no podía simplemente reemplazarlo con uno nuevo, no era de esa clase de mujeres.

—Trae la comida aquí –indicó –no pienso separarme de él.

—En seguida –dijo la mujer alegre y aliviada.

Por la noche, James llegó, había pasado las noches con ella, haciéndola descansar mientras él se encargaba de asegurarse de que nada malo le pasara mientras ella dormía un poco, no eran más de quince minutos, pero el rey suponía que era mejor que nada.

—Estoy preñada –le informó en un tono lúgubre. él sonrió amargamente, la abrazó fuertemente, alzándola un poco y girando con ella, aun delante de todos los sirvientes, aunque ninguno dijo nada, se limitaron a seguir haciendo su trabajo.

—Todo estará bien, Remus va a estar bien –musitó, ocultó su rostro en el cuello de la mujer y la besó discretamente, a pesar de las circunstancias, el que estuviese preñada, sin duda lo hacía feliz.

Dios no puede ser tan cruel con un niño inocente –lloriqueó.

—Todo estará bien, verás que, en unos meses, Remus estará golpeando a su nuevo hermano, para llamar tu atención –le sonrió intentando animarla.

La fiebre que había vuelto hacía poco, logró hacer que el pequeño cuerpo del príncipe no resistiera más, y muriese al primer rayo de la mañana, mientras su madre dormía aferrada del brazo de su hermano.