Cuando estaba en mi último año de instituto, había una chica que siempre se metía en donde no le hablaban, al principio la consideraba molesta y estúpida. Pero poco a poco entendí que ella lo hacía con el afán de ayudar, dejando a un lado su bienestar.
Sin embargo, en nuestros últimos meses de instituto, existieron una serie de eventos que no salieron particularmente bien.
Y a pesar de eso, ella mantenía esa estúpida sonrisa.
Esa puta sonrisa.
Si tan solo hubiera borrado esa sonrisa, hubiéramos entendido que ella no estaba bien…
O lo más probable lo hubiéramos ignorado, ella era nuestro saco de boxeo, en donde podíamos descargar nuestras frustraciones o culpar a ella de todo nuestro desastre y ella sin decir nada tomaría cada una de nuestras culpas, sin protestar.
Hasta que llego ese fatídico accidente…
Como olvidar ese cruel día, en donde todo se tiño de rojo, el caos, los gritos, fue como una pesadilla de muy mal gusto. Sentía que no podía ser verdad. Pero ahí estaba, esa alegre chica postrada en el suelo, en donde se veía fluir mucha sangre, recuerdo que el maestro de historia llamaba a la ambulancia, mientras que intentaba revisar el estado de aquella chica, la maestra de química había entrado en un estado de shock, por lo que quedó paralizada hasta que el maestro de gimnasia la tomo del brazo y nos obligó a regresar dentro del instituto. A lo lejos se escuchó la ambulancia, mientras entrabamos a la escuela en un estado de confusión y caos.
Y después nada, el instituto no nos dejó salir de las instalaciones, la policía llego para interrogar y revisar las cámaras de seguridad, luego la directora se acercó a nosotros, diciendo que su estado era tan crítico que tuvo que ser trasladada fuera de la ciudad para recibir ayuda médica oportuna, al salir del salón, por el rabillo de mi ojo vi al maestro de historia en otro salón que estaba la puerta semi-abierto, sentado en el suelo llorando, mientras sus manos y ropa estaban llenos de sangre. Al contemplar esa imagen mi corazón se congelo, pensando en los peores panoramas de la situación.
En los siguientes días, llego una mujer de pelo rosado, de cabello largo, a recoger algunas de sus cosas de su casillero, su mirada cansada delataba las noches de insomnio que había sufrido en estos días. Y en ese momento vi que Rosalya, ella se acercó para preguntar por el estado de su amiga. Pero la mujer la ignoro, no conforme con su respuesta volvió a insistir y la mujer solo cerro de un portazo el casillero.
-¿En verdad te importa? -dijo con una voz monótona, acompañado con una mirada fría.
Rosalya un poco desconcertada miro confundida a la mujer y después de recomponer su postura hablo
-Claro que sí, es mi amiga-dijo con convicción
-Ja, ¿amiga?-dijo con sarcasmo- mejor nada, que ser llamada "amiga" por ti.-ella tomo una bolsas con las cosas que había sacado del casillero y antes de irse miro directamente a Rosalya y después a su alrededor-no me voy a poner a discutir con un montón de mocosos, pero cada uno de ustedes saben cómo fue su vida escolar en estos últimos meses, así que ahórrense la farsa de su "hermosa amistad", ya no hay quien les crea eso.
Una vez dicho eso, la mujer se fue sin mirar atrás.
Un silencio mortal invadió el pasillo, solo se podía escuchar los pasos de la mujer, que salía del instituto, nadie la podía detenerla y refutar su comentario. Todos sabíamos que era verdad.
Aun así, todos los días pasaba por su casa, con la esperanza de verla, no sin mucho éxito, hasta que un día vi un letrero de que la casa estaba en venta. Sus redes sociales habían sido eliminadas y nadie absolutamente nadie sabía de ella.
El instituto termino y cada uno de nosotros tomo el rumbo que uno deseaba, convirtiéndonos en extraños.
Yo continúe con la música, y forme un grupo llamado "CROWSTORM".
La vida seguía sin duda alguna, hasta que en esa noche la vi.
Era ella, pero a la vez había cambiado, bueno era obvio que iba a cambiar habían pasado años desde que la vi, pero era algo más, en ese momento deje de cantar y baje apresuradamente del escenario para alcanzarla, pero no la encontré. En su momento pensé que lo había soñado, hasta que me la encontré en la universidad. Con su larga cabellera castaño obscuro, con una mirada serena y una actitud relajada, como si fuera intocable e imperdurable.
Sin duda alguna me acerqué a ella y cuando estuve frente a ella. Su miraba se fijó en mi con curiosidad y confusión.
-Sucrette-le hable en voz baja y un poco temblorosa.
Ella solo se limitó en verme
-¿Nos conocemos? – pregunto, a la vez que me inspeccionaba con la mirada
-Sí, soy yo Castiel-dije con euforia
-Ya lo sé, eres el vocalista de Crowstorm- contesto de forma casual- pero ¿Cómo sabes que soy yo?
-Yo…
Un nudo se había formado en mi estómago, parecía que se había olvidado de mí y que debería de decir en ese momento "Hola, soy tu excompañero del instituto, en la cual sufriste un trágico accidente y que no era precisamente un buen amigo, solo alguien que se aprovechaba de su bondad e inocencia".
-Yo… – volví a decir, pero nada salía
-¡SUCRETTE! – grito a lo lejos una voz masculina a mis espaldas
-Oh, lo siento, pero me tengo que ir – dijo suavemente.
Y si dudarlo paso a mi lado sin dedicarme una segunda mirada.
La seguí con la mirada y vi que ella se acercó a un joven alto, de piel color trigo, ojos cafés y cabello color miel un poco largo y ondulado. Su actitud alegre la recibió con entusiasmo, tomando su mochila en su hombro y con una mano despeino su hermosa cabellera, se rieron alegremente, para luego seguir caminando.
Y yo, solo me quedé ahí hasta que la perdí de vista.
