¡Hola y muy feliz 2025! Aquí llega mi primera actualización de este año y la historia elegida ha sido Psicópata, ya que me inspira harto.
Aunque nadie me lo ha dicho todavía, sé que Sakura está tomando más protagonismo de la cuenta. Sin embargo, lo hago porque quiero irla desarrollando como villana y darle motivos que expliquen su actuar. Es como abordar el camino del villano en lugar del camino del héroe. De todas formas poco a poco irá perdiendo protagonismo en pos de Sasuke y Hinata, mismos que irán acercándose el uno al otro por la amenaza que representa la pelirrosa.
Ojalá disfruten el capítulo. Saludos gigantes y muchas gracias de antemano a quien desee comentar :D
Vocabulario:
Vesania: Demencia, locura, furia.
5
Ante esa cara transfigurada que denotaba fulgurante vesania, Sasuke sintió un hiriente escalofrío que le recorrió la espalda. Tal sensación le hizo recordar la neumonía que sufrió cuando pequeño y el enorme miedo que sentía cada vez que una enfermera del hospital venía para ponerle una inyección que dolía como fuego del infierno. Cuando esa mujer entraba por la puerta del cuarto en que estaba internado, el temor se le incrustaba en el cuerpo. Y ahora llegó a sentir una sensación muy parecida, aunque con la gran diferencia de que actualmente era todo un hombre y no un niño de cuatro años...
Se consideraba a sí mismo un tipo valiente, alguien que jamás titubeaba gracias a sus entrenamientos en artes marciales y a la seguridad intrínseca a su personalidad dominante. Sin embargo, entendió enseguida que la chica desnuda enfrente de él ya no era su amiga, tampoco alguien obsesionada por «amor». No. En esa mirada jade podía vislumbrarse algo mucho más oscuro, más perturbador, más inquietante. Un riesgo que él sí podía afrontar, pero que cierta chica de ojos albinos no...
Diablos. Él, que presumía de ser muy inteligente, debió vislumbrar que nombrar a Hinata sería un grave error. Sin embargo, jamás se le pasó por la cabeza que Sakura, su amiga de tantos años, pudiera ser peligrosa. ¿Cómo imaginar que tendría una reacción tan visceral? ¿Cómo imaginar que le vería ese retorcijón anormal de sus facciones y que le escucharía gruñidos guturales de rabia incontenible?
Todo ello le hizo comprender, definitivamente, que no debía subestimar su obsesión por él como lo hizo hasta ahora. Que Sakura podía ser una amenaza y que no debía descartarla como tal por su condición de mujer. Estaba instruida en artes marciales igual que él, hasta hacía poco entrenaban juntos de hecho, y también era alguien muy inteligente que podía idear múltiples formas de salirse con la suya.
Uchiha, ya en dominio de sus emociones otra vez, confrontó fijamente a la futura doctora por larguísimos segundos a través de ojos que palpitaban aplomo a toda prueba.
En el transcurso del duelo de miradas, los músculos del cuello de Sakura fueron relajándose y las venas deshinchándose. De una forma muy lenta, pero lo hacían. Parecía estar rumiando su ingente furia a fin de contenerla. Así, sus facciones fueron adquiriendo paulatinamente un cariz más normal, aunque eso no significaba que sus ojos de jade perdieran su amenazante agresividad.
—Siempre supe que esa mojigata con apariencia angelical en realidad es una perra roba hombres. Lo supe desde el primer momento en que la vi.
—No le digas perra —exigió en primer lugar—. Y tampoco te ha robado nada porque yo no tengo dueña. Mucho menos tú.
Sakura ignoraría su respuesta, decidida a seguir untando con veneno su lengua.
—Y tú te compraste su cuentito de que es una chica dulce y virginal, ¿verdad? No pensé que fueras de esos hombres que buscan mujeres tan simplonas.
—¿Simplona?
—Una chica sumisa, tímida, sin personalidad, que se sonroja por cualquier estupidez, y para más remate poco inteligente.
Uchiha abrió más un ojo que el otro. Le llamó la atención que la futura médico hablara de Hinata como si hubiese tratado mucho con ella.
—No sé de dónde sacas eso si ni siquiera la conoces, pero desde ya te digo que Hinata es bastante inteligente. —La defendió sin dudar, cosa que consiguió enardecer aún más el semblante de la pelirrosa—. Y puede que no tenga una personalidad avasalladora, pero lucha cada día para volver más fuerte su carácter. Y aún más importante que eso: es una chica buena de corazón, algo que ya no sé si tú eres.
Haruno apretó sus dientes, restregando la fila superior contra la inferior hasta hacerlos rechinar.
—Me da asco cómo la defiendes —espetó indignadísima mientras daba un talonazo contra la mullida alfombra. Luego resopló tres veces a fin de regular su respiración alterada—. Y pensar que yo siempre hice mis mejores esfuerzos para gustarte... ¡Reprimí hasta mi carácter para lograrlo! Pero al final no conseguí nada de nada. Qué ilusa fui.
Sasuke se percató de que su quijada había caído un leve aunque significativo centímetro.
—Entonces quieres decir que nunca te conocí realmente.
—Claro que me conoces, es sólo que contenía mi lado malo contigo... ¡Pero entonces llega una aparecida de la nada y toma tu atención enseguida cuando yo llevo diez putos años tratando de enamorarte!
—Veo que no estás dispuesta a entender nada de nada. Sigues en tus trece.
—Claro que me ha servido para comprender algo muy importante —refutó decididamente—. Ahora sé muy bien qué clase de mujer es esa tal Hinata. Una perra, una puta, una ramera, una mosquita muerta que se hace la santa para engatusarte con su supuesta dulzura. Además de ser una tonta sin remedio.
—Hinata es una dama, además de ser muy inteligente, así que ya basta de calumniarla. ¿Cuándo mierda vas a entender que no me gustas? ¿O quieres que te coja por lástima? ¿Eso quieres?
—Por lástima o por lo que sea, pero cógeme —exigió a la vez que usaba sus manos para indicarse a sí misma y recordarle que estaba completamente desnuda ante él. Sus senos y su vulva entraban en el campo visual de Sasuke, era imposible que no se los hubiese visto como un efecto periférico, pero ella necesitaba que la mirase directamente, que le hiciera saber que estaba interesado en su cuerpo. Sin embargo, él no había bajado su mirada ni una sola vez. Aquello la enrabiaba profundamente.
—No me interesa follarte. Tú no me provocas absolutamente nada —replicó él a su exigencia.
A modo de respuesta Haruno se atrevió a hacer lo que antes no pudo. Se volteó, caminó contoneando sus caderas hasta llegar a la pared, colocó su palmas contra ésta, curvó su espalda hasta dejarla en una erótica posición casi horizontal y se puso de puntillas para realzar aún más su bello trasero. Su vagina, por tanto, quedó expuesta en un inevitable primer plano.
—¿Estás seguro de que nada te provoco? —preguntó mirándolo de soslayo y muy dispuesta a consumar su deseo de ser poseída por él. Era una hembra en celo con todas sus letras.
—Me equivoqué —dijo Sasuke dispuesto a puntualizar algo—. Sí me provocas algo...
—Entonces no esperes más, mi amor, y hazme sentir que te pertenezco. Penétrame ahora mismo porque soy tuya en cuerpo y alma. —Su voz emergió contenta, emocionada, drogada de pasión al ver que por fin se realizaría el que por lejos era su sueño más ansiado.
—Déjame terminar la frase. Lo que sí me provocas es una profunda lástima.
Las palmas que se sostenían en el muro se cerraron hasta convertirse en puños fieramente cerrados. Los músculos de Sakura, incluidos los glúteos, se le tensaron notoriamente. Se irguió de nuevo y le dio la cara a Sasuke portando una máscara de cólera, tanto así que él pensó que se le arrojaría a golpearlo con todas sus fuerzas.
—Ah, pero si Hinata te ofreciera lo mismo que yo, si se te pusiera por delante completamente desnuda entonces sí te la follarías, ¿verdad?
—Si así fuera es asunto mío y no tuyo. Tú eres, o más bien dicho fuiste —corrigió enseguida—, sólo una amiga y nada más que eso. Jamás te di alas para que pensaras que viviríamos un cuento de amor y demás tonterías.
—Eres un reverendo hijo de perra.
Esta vez fue el turno de Sasuke para enardecerse, tanto que si la ira pudiera transmutarse en fuego se le habría incinerado toda la ropa al instante. Su autocontrol respecto a los impulsos sexuales era prodigioso, pero no pasaba lo mismo con las emociones de ira.
—No vuelvas a faltarle el respeto a mi difunta madre. —Oscureció su voz, adquiriendo un tono más ronco del habitual—. Tampoco a Hinata, ¿me escuchaste?
—¿O qué? —contestó ella alzando la voz—. ¿Harás conmigo lo mismo que hizo tu hermano con su novia?
Uchiha se sulfuró incluso más que antes, adquiriendo un semblante terrible. Si antes había sido Sakura quien distorsionó su rostro radicalmente, en esta ocasión fue él quien se quedó a tan solo un paso de igualarla. La futura médica hasta palideció un poco.
—Repite lo que dijiste —masculló entre dientes viendo si ella se atrevía a hacerlo. La estaba desafiando.
Por primera vez los ojos verdes parecieron titubear.
—Olvídalo. —Se limitó a decir. Sabía las consecuencias que vendrían; Sasuke no iba a hablarle nunca más en su vida. Jamás de los jamases. Tal asunto era algo sagrado para él.
—¡No te acobardes ahora! —Exigió gritando a todo pulmón—. ¡Di lo que realmente piensas de mi hermano! ¡Dilo de una vez!
Sakura desvió su mirada hacia el reloj de la pared. Siguió el ritmo monótono del péndulo.
—La rabia puso palabras en mi boca que no quería decir. Me dejé llevar y ya. —Trató de bajarle el perfil al asunto.
—Con la rabia sale a flote lo que realmente piensas. Me ha quedado muy claro qué es lo que piensas de Itachi.
—No, Sasuke... —renegó moviendo su cabeza, mirándolo directamente—. Sólo lo dije para herirte porque tú también me estabas hiriendo a mí. ¡Es lógico que quiera devolverte todo el daño que me has causado! ¿Cómo no me va a dar rabia que nunca me hayas apreciado de verdad? ¿Cómo no voy a sentirme dolida? Pero, a pesar de eso, en el fondo sabes que te apoyo y que creo al cien por ciento en la inocencia de tu hermano.
—¡Mentirosa! —Bramó envuelto en ira—. Ahora entiendo por qué me dijiste una y otra vez que no entrara a Derecho. Siempre pensaste que Itachi es culpable, jamás creíste en su inocencia.
Harta, la pelirrosa alzó el mentón como preparándose a responder una afrenta.
—¿Y qué si eso es cierto? Te gusta dañar pero no que te dañen, ¿verdad? Pues ahora recibe de tu propia medicina. No me arrepentiré de hacerte sentir por una sola vez el dolor que tú me has hecho sentir tantas veces.
Él la miró con profundo desprecio antes de arremeter otra vez.
—Así que por fin aceptas que todos tus discursitos de apoyo a mi hermano eran falsos, sólo querías conquistarme y utilizaste eso como la vía, pero nunca creíste en él. ¡Nunca!
Sakura alzó todavía más el mentón. Ya no sacaba nada con negarlo, pues aunque lo hiciera Sasuke no le creería. Tampoco obtendría algo con pedirle perdón, él no la perdonaría. Si ya se había ido de lengua, entonces remataría el trabajo volviéndola todavía más viperina. Tal como él la hería con sus constantes rechazos, ella se vengaría dañando a Sasuke en donde más le dolía. ¡Quería venganza, carajo!
—Lo hice porque soy tu amiga y mi deber era apoyarte como tal, pero ya está bueno que alguien te diga la verdad en la cara: tu hermano es culpable. ¡Culpable! —Refrendó disfrutando al máximo lo dicho. Y por la cara y los ojos que él puso, supo que había dado justo en la diana del dolor.
—Ocultaste muy bien que todas las palabras de apoyo que me diste eran falsas... —dijo decepcionado mucho más allá de cualquier límite anterior. Antes pensó que Sakura sólo estaba obsesionada, ahora pensaba que era una persona extremadamente falsa. Y eso ya no tenía arreglo para él.
—¿Y qué quieres que piense yo o el resto de la gente? Por si no lo sabes todos opinan lo mismo y lo comentan a tus espaldas. ¡Todas, pero absolutamente todas las pruebas están en contra de Itachi! ¡Por algo lo condenaron a la cárcel tantos años! ¡Es más, deberías agradecer que no lo condenaron a muerte porque eso es lo que se merece! —Gritó con tanta efusividad que gotas de saliva salieron expulsadas de su boca mientras la cabeza se le sacudía en un breve espasmo—. ¡¿Me dices que yo acepte la verdad de que nunca me corresponderás?! ¡Pues tú también acepta la verdad de que tu hermano es un maldito femicida!
Sasuke, indignado hasta la médula, tuvo unas ganas tremendas de agarrarla del cuello y empotrarla violentamente contra la pared sin que le importara nada más. Fue un milagro que lograra contenerse.
—Itachi me ha dicho que es inocente y yo le creo —dijo entre dientes, prácticamente masticando su propia ira—. Yo probaré que no es un asesino.
—Él te dice que es inocente porque no quiere perderte y quedar totalmente solo, por eso es. Admitir su culpa le significaría decepcionar de un modo gigantesco a lo único que le queda en el mundo, ¡pero cualquiera con dos dedos de frente puede darse cuenta de que tu hermano es un maldito asesino!
—¡Cállate, bruja de mierda! —Terminó explotando mientras hacía un violento ademán. Sus ojos lucían encendidos de rabia mientras sus puños estaban tan contraídos que parecía decidido a reducirlos de tamaño. Jamás en su vida había golpeado a una mujer y jamás pensó que alguna vez en su vida tendría tantas ganas de hacerlo. No obstante, su conciencia logró controlar su vehemente impulso—. Tú sabes perfectamente los detalles del juicio. Sabes que lo condenaron por pruebas dadas por supuestos testigos que en realidad sólo escucharon una pelea, pero que no vieron absolutamente nada. Sabes, además, que lo condenaron sin tener una sola prueba científica en su contra. Tú misma viste cuánto amaba Itachi a su novia... ¿¡Y aun así te pones en su contra!?
—Puedes alegar cuánto quieras, pero lo cierto es que lo condenaron. Tú eres el único iluso que piensa que Itachi es inocente porque tu lazo de sangre te impide ser objetivo y aceptar la verdad —lanzó sin asco.
—Cállate ahora mismo o voy a... —Cortó la palabra antes de decirla, aunque Sakura sacaría su propia interpretación.
—¿O qué? ¿Vas a pegarme? —indicó los puños cerrados de Sasuke, terriblemente oprimidos—. ¡Se te nota en los ojos que quieres hacerlo! ¡Pues no te contengas y hazlo! ¡Mátame si quieres! ¡Hazlo de una vez y demuestra que eres un criminal igual a tu hermano! ¡Muestra que llevas en la sangre lo de ser un asesino!
Contrariándola, Sasuke dejó de tensar sus puños y recobró una mirada tranquila. No valía la pena enfurecerse con alguien que no le valía la pena, de modo que, como colofón, le regaló una mirada llena de lástima.
—No me importa lo que tú o los demás descerebrados piensen, me haré fiscal, reabriré el caso, encontraré a los verdaderos culpables y sacaré a mi hermano de la cárcel. Juro que lo haré.
—En tus sueños lo harás porque nunca podrás sacar a un culpable de la cárcel. ¡Jamás de los jamases!
Uchiha sonrió en forma hiriente.
—Después de todo no me arrepiento de haber venido, así me di cuenta de qué clase de persona eres realmente.
—Una molestia y la peor de todas las mujeres, ¿no? ¡Pero, maldita sea, aun así te amo con toda mi alma! ¡Aun así haría lo que fuese por ti porque te amo!
Él la miró con una lástima suprema, punzante, sofocante.
—Tú no sabes lo que es el amor. Y así cómo vas nunca podrás amar a alguien.
—Pues así es el verdadero amor, Sasuke: un sentimiento que está lleno de defectos porque somos humanos. ¡Eso de que es pura generosidad son sólo cuentos de hadas! El amor es bonito, sí, pero también es algo terrible que te envilece, que te vuelve celoso, mezquino, egoísta y ruin. Algo que te sensibiliza de todo y por todo hasta el punto de que ver otra mujer cerca tuyo me enfurece más que cualquier otra cosa en el mundo.
—Tu hablas de celos enfermizos. De toxicidad pura y no de amor.
—Habló el que más sabe de amor —ironizó riéndose mientras se le acercaba dando pasos muy lentos—. Tú no tienes idea de lo que es amar, y mucho menos de lo que es amar con tanta intensidad como yo. Y nunca lo sabrás porque tienes un pedazo de hielo por corazón. Pero yo puedo derretir ese hielo que llevas en el pecho y enseñarte lo que es amar de verdad, con toda el alma, con locura, con obsesión. Tan solo déjame hacerlo y te prometo que jamás te arrepentirás. —Como desesperada se arrojó hacia él tratando de toquetearlo y darle un fogoso beso que lo convenciera a ceder.
Uchiha, tomado por sorpresa, alcanzó a sentir como le agarraba sus genitales mientras le acercaba la boca, sintiéndose asqueado y pasado a llevar. Se echó hacia atrás, le apresó ambas muñecas y, sin ningún cuidado, la lanzó contra el sillón como si fuese una muñeca de trapo.
—Si no fueras mujer te molería a puñetazos ahora mismo.
Ella le devolvió la mirada con mayor agresividad.
—Pues yo también quiero cruzarte la cara hasta desfigurártela, dejarte deforme para que ninguna chica se fije en alguien tan soberbio y egoísta como tú. Eso es lo que quiero, darte golpes con todas mis fuerzas, pero no lo hago porque todavía, a pesar de tus maltratos, sigo muy enamorada de ti.
—¿A dañarme usando a mi hermano le dices estar enamorada? —Preguntó con una indignadísima incredulidad.
—Si te dije todo eso de Itachi es por tu propio bien; para que te des cuenta de la verdad y dejes de perder el tiempo buscando algo imposible. Pero tú sabes que te amo y que siempre te amaré.
—Tu supuesto amor no vale la pena. Tú no vales la pena.
—Claro, claro, crees que yo soy mucho peor que tu angelical Hinata, ¿no? Pero yo valgo mucho más que esa tartamuda de mierda. Ella te abandonará a la primera oportunidad, ¡en cambio yo te amaré por siempre!
Si el cabreo tenía una cara, era la de Sasuke en este momento.
—¿Sabes qué es lo más irónico de todo? Que te dije que me gustaba Hinata sólo para que dejaras de molestarme al verme interesado en otra chica.
Sakura parpadeó sorprendida. Aun así se levantó del sillón y, en actitud todavía desafiante, se colocó las manos en su cintura.
—Incluso si es verdad lo que dices, sé que de todas formas tarde o temprano esa puta te terminará gustando —terminó con un siseo.
A Uchiha le disgustó bastante que se refiriera así respecto a Hinata, pero estaba visto que dijera lo que le dijera Sakura seguiría lanzándole insultos.
—Puede ser que hasta me enamore de ella —arrojó con cizaña—. A diferencia tuya, Hinata es una chica sincera y de buen corazón. No una obsesiva y falsa como tú. Hasta nunca, Sakura.
—Hasta pronto, Sasuke —retrucó ella—. Dale mis saludos a Hinata y dile que se cuide mucho, mira que hay mucha delincuencia últimamente y podría pasarle algo malo... —Lo dicho ni siquiera podría considerarse una amenaza subliminal, sino como una muy directa.
Él erizó todo su semblante como un puerco espín dispuesto a defenderse y, acto seguido, le encajó una mirada capaz de encoger corazones, una que habría reducido a la Sakura antigua hacia la sumisión total. Esta vez, empero, no ocurriría así.
—Sería una verdadera lástima que le ocurriera alguna desgracia a Hinatita, ¿verdad? —añadió ella sin amilanarse y empleando un tono sugestivamente oscuro.
—Habla claro. ¿De verdad estás dispuesta a hacerle daño?
—¿Cómo se te ocurre que yo la lastimaría? Por supuesto que no. Sólo estoy deseándole lo mejor de lo mejor. —Lanzó una risa que en un principio fue sólo un murmullo, pero que pronto se transformó en resonantes carcajadas.
—Tócale un solo pelo a Hinata, tan solo uno, y verás de lo que soy capaz.
—No, Sasuke —dijo tras sofocar su risa enfermiza—. Eres tú quien no sabe de lo que yo soy capaz... —remató con un tono de lo más perturbador.
El pelinegro tuvo claro que Sakura no estaba lanzando sólo una bravuconada producto del dolor. En esa afirmación había un odio profundo de una mujer que, pese a estar en desnudez, irradiaba una peligrosidad bestial. Sin embargo, no se dejaría amedrentar por su insania y, por ende, no dudó en producir un feroz duelo de miradas en que le declaró, sin necesidad de hablar, que esta noche dos amigos habían muerto para renacer en acérrimos enemigos.
Aunque no estaba muy seguro de darle la espalda a una chica que lucía tan despechada como ella, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Justo cuando agarró la perilla, la pelirrosa habló con un tono excesivamente amenazante.
—Óyeme bien, aún estás a tiempo de quedarte y hacerme tu mujer. Pero si sales por esa puerta vas a pagar muy caro por este último rechazo. Te juro por lo que más quieras que lamentarás no haberme hecho el amor hoy...
Él la miró de soslayo.
—Y yo también te aseguro algo, loca de patio: si llegas a acercarte a Hinata y tocarle un solo pelo te vas a arrepentir toda la vida. Y Sasuke Uchiha no amenaza en vano. Hasta nunca.
—El que se va a arrepentir serás tú, cabrón. ¡Te juro y rejuro que te lamentarás toda la vida si sales de aquí!
Uchiha giró la perilla, se desplazó a través de la puerta abierta y la cerró tras de sí dando un fuerte portazo. Esa fue su dura respuesta. Todavía dudaba un poco de que Sakura realmente se atreviese a hacerle daño a Hinata, pero, fuera como fuera, no iba a ser tan ingenuo como para no advertirle que tuviera cuidado. La cara distorsionada que vio en su ex-amiga le decía que algo no andaba bien con su psiquis y en casos como esos era necesario tomar precauciones.
Apenas salió de la casa de su ex-amiga quiso llamar enseguida a Hinata, pero decidió esperar a quitarse la furia de encima antes de hacerlo. Sabía que bajo la influencia de tal emoción le hablaría golpeado y la futura psicóloga no tenía por qué pagar los platos rotos. Ella no tenía culpa de nada, más bien él era el culpable de la situación en que la acababa de poner.
Llamó un transporte de aplicación, dado que, con la rabia que traía encima, lo que menos deseaba era que alguien se le sentara al lado.
Durante el viaje el asunto no dejaba de dar vueltas por su cabeza. Quiso concentrarse en repasar artículos e incisos importantes del Código de Procedimiento Penal, pero no pudo.
Llegó a su edificio tras veintiocho minutos de viaje, le asintió fríamente al conserje cuando le saludó y, tras subir al séptimo piso usando las escaleras, ingresó a su departamento dando un portazo. Media hora transcurrida desde la discusión no le había servido para aplacar sus ganas de golpear a alguien.
¿¡Cómo se había atrevido a decir que su hermano era un asesino!? ¡Su supuesta amiga que siempre defendió que Itachi era inocente!
—¡Hipócrita de mierda! —Bramó mientras se sacaba un zapato y lo estrellaba contra la pared a toda potencia—. ¡Me alegro de haber conocido tu verdadera cara!
Chocó un puño contra la palma contraria y se dirigió hacia su saco de boxeo, el cual le había ayudado mucho no solamente en sus entrenamientos de artes marciales, sino también para desfogar la frustración de tener a un hermano encarcelado a pesar de ser inocente. Unos años atrás había probado algo más típico para distraerse: jugar videojuegos. Sin embargo, a los pocos días de hacerlo sintió que era tiempo desperdiciado. Así, buscando algo que le fuera un aporte real a su vida, llegó a la práctica de artes marciales mixtas, el boxeo incluido.
Se puso sus guantes de box y golpeó una, y otra, y otra vez, hasta quedar sudando un mar. Luego fue a darse una ducha con agua helada a fin de aliviar el calor que atosigaba su cuerpo entero.
Cuando salió del cuarto de baño estiró los brazos y elongó el cuello dándole calculados giros. Sintiéndose ya mucho más relajado, decidió que ahora sí podría hablar con Hinata sin que le salieran llamas por la boca.
La sola idea de que pudiera pasarle algo a una chica tan tierna y dulce como ella lo preocupaba más de lo que él mismo hubiese imaginado. Recordó su carita tímida, sus delicadas manos de niña, su voz suave, su gestualidad tan femenina, su rubor tan atractivo, su recatada forma de vestir...
¿Eh? ¿Pero qué estaba pensando? ¿Desde cuándo se había fijado tan bien en los detalles de Hinata?
Sacudió su cabeza tratando de recuperar el control de sus pensamientos y entonces se enfocó en lo que realmente importaba: advertirle lo que había pasado y darle una disculpa por haberla involucrado en un asunto que no le correspondía. Dado que era muy orgulloso odiaba con toda su alma admitir un error, pero también era lo suficientemente hombre como para asumir cuando había metido la pata hasta el fondo.
Marcó el número de la estudiante de Psicología, mas, tras hartos segundos de espera, sólo saltó el buzón de voz. Insistió otra vez y volvió a salir lo mismo. ¿Estaría durmiendo ya? Observó su reloj de pulsera y vio que eran las diez de la noche; temprano todavía para un día sábado, pero no conocía las costumbres de Hinata. Quizás se iba a la cama pronto; o quizás tenía cansancio acumulado y cayó rendida. Esto solía pasarle a él y a su cuerpo, el cual le exigía recuperar las horas de sueño que perdía durante la semana.
Abrió la aplicación de mensajes más popular y le escribió diciéndole que le pegara una llamada porque necesitaba hablar con ella sobre algo muy importante. Luego pensó en comer algo, pero en realidad no tenía nada de hambre.
Fue hacia su sala de estudios, se acomodó en la silla, abrió una gaveta y agarró una gruesa carpeta que dejó encima del escritorio. Sus dedos comenzaron a hojearla como tantas veces lo había hecho, repasando detalles que en realidad se sabía de memoria.
Informe Pericial Médico Forense.
Nombre de la víctima: Misao Shimura.
Sexo: Femenino.
Edad: 21 años.
Causa de defunción: herida cervical por instrumento corto punzante (degollamiento).
Mecanismo de muerte: asfixia producida por sección de laringe, glotis, arterias carótidas interna y externa derechas, y venas yugulares interna y externa derechas, causando hipoxia cerebral debido a la obstrucción de la vía aérea por material hemático. La asfixia fue secundada por un shock hipovolémico que incidió en la hipoperfusión y finalmente en la anoxia de los órganos.
Hora probable de muerte: alrededor de las 00:00.
Análisis tanatológico:
• El corte posee ocho centímetros de ancho y siete de profundidad, con declive de ésta a medida que el hueso hioides y la vértebra C3 ejercen oposición en contra del objeto cortante.
• Es mayor y más profundo el daño de las estructuras anatómicas del lado derecho que del lado izquierdo, lo que indica que la fuerza empleada para hacer el corte fue mayor en la zona media y derecha del cuello que en la zona izquierda del mismo. El arma utilizada seccionó totalmente la laringe, haciéndolo por encima del cartílago tiroides y de las cuerdas vocales, lo cual dañó el sistema fonatorio. Era imposible emitir sonido alguno de ayuda después de ocurrida la lesión.
• Los vasos sanguíneos...
Mientras sus ojos se desplazaban a través de las letras, cerraba el puño a fin de desahogar el dolor y la frustración que comenzaban a consumirlo. Los ojos se le humedecieron, aunque su orgullo impidió que derramara una sola lágrima.
Así, con el alma entristecida, continuó repasando los detalles hasta llegar a las palabras finales.
• La profunda elaboración del corte permite demostrar que el objetivo era seccionar las estructuras vitales del cuello de tal manera que un solo corte comprometiera dos sistemas, el circulatorio y el respiratorio, lo cual le permitiría al agresor asegurarse de que la posibilidad de supervivencia fuera nula. La intencionalidad de querer causarle la muerte a la víctima es indudable.
Kabuto Yakushi, Médico Forense.
Junto con detallar las causas de muerte se adjuntaban fotografías que mostraban a la occisa, su cadavérica palidez, el daño recibido en su cuello y el abundante pozo de sangre en el sitio de su muerte.
El sufrimiento de morir de una forma tan injusta se reflejaba en su rostro aún después de fallecer. Era espantoso de verdad. Sasuke solía ser frío cuando necesitaba serlo, pero ver en tal estado a la que sería su cuñada le partía siempre el corazón.
Él había hablado con ella muchas veces. Era una chica introvertida y solía tener una mirada triste, pero eso cambiaba cuando estaba con Itachi: entonces sonreía mucho, desbordando alegría a raudales. También se volvía muy conversadora, haciendo notar su alta inteligencia. Era una chica muy agradable, digna de su hermano. Y saber que había muerto de una forma tan injusta y horrible le sobrecogía el corazón hasta hacérselo añicos.
«¿Es que acaso Sakura tiene razón? ¿Realmente mi hermano es el culpable de esta barbarie?», planteó la duda en sus pensamientos mientras observaba la foto del atroz corte en su cuello.
—¡No, carajo! —se respondió enseguida a viva voz—. ¡Él nunca haría algo tan terrible! ¡Y tampoco me mentiría durante seis años! ¡Nunca!
Él mismo vio un sinfín de veces que Itachi cuidaba a su novia cada día, mimándola y preocupándose por ella con una devoción que estaba al alcance solamente de quien amaba con toda su alma. ¿Por qué rayos iba a matarla? ¿Por una discusión de celos tal como formuló la fiscalía? ¿¡En serio?!
Dio un gran suspiro y se masajeó los párpados cerrados como si tuviera la vista cansada a pesar de no sentirla así. Dejó el informe forense a un lado y sus dedos tomaron la carpeta investigativa. Iba a leerla de nuevo dispuesto a bucear en los detalles, ¿pero qué sentido tenía cuando ya se los sabía de memoria? No importaba cuántas veces la releyera, lastimosamente era cierto que todas las pruebas apuntaban contra Itachi. Sin embargo...
—Jamás dudaré de que eres inocente mientras tú me digas que lo eres. —Le habló a su ser más querido como si lo tuviera enfrente.
Y no, no era sólo por su vínculo sanguíneo que prosiguiera con su fe intacta e investigara por su propia cuenta. Existían algunas incongruencias que los jueces habían desestimado como poco relevantes, aunque él se esforzaría por darles la validez que merecían. Estaba en camino de ello, pero como simple civil le faltaban las herramientas investigativas que los fiscales, al mando de las policías, sí tenían.
De pronto se fijó en un nombre que tenía remarcado en rojo, alguien que nunca formó parte de la lista de sospechosos, pero sí como sujeto de interés por tratarse del padre de la víctima. Algo olía muy mal con ese sujeto, el instinto se lo decía. Tenía una coartada que Sasuke siempre consideró débil, pero, como era un hombre muy poderoso y de reputación intachable, el fiscal del caso jamás siguió una línea investigativa que lo considerara siquiera como sospechoso. Era un perro muy grande contra el que luchar y más aún cuando todas las evidencias apuntaban contra Itachi.
—Sea quien sea y tenga el poder que tenga, hallaré al verdadero asesino y probaré su culpabilidad... Por ti, hermano, pero también por ti, Misao. Te juro que tu muerte no quedará impune.
Hinata despertó sintiéndose desorientada en el tiempo. ¿Era de noche todavía o ya era madrugada? Decidida a averiguarlo prendió la lámpara y entonces vio la hora en su reloj despertador: las siete de la mañana con catorce minutos. Su boca se abrió instantáneamente, pues habían pasado unas once horas desde que se quedó dormida estudiando.
O más bien dicho estudiando a medias...
Lo cierto era que pasó por varios períodos en que concentrarse le costó más de la cuenta. Y la razón tenía nombre, apellido, ojos negros y pelo del mismo color...
Honestamente no lo entendía. ¿Cuánto había hablado con él? Una hora tres veces a la semana durante poco menos de un mes, pero de alguna manera ese hombre había logrado ganarse un lugar importante en su mente. ¿Por qué?
«Qué ridícula soy. De seguro él ya ni se acuerda de mí...».
Dio un suspiro que vulneró el silencio de su bien adornado dormitorio. Se rascó la frente mientras pensaba qué hacer. Era temprano para levantarse un día domingo, pero después de haber dormido tanto no sacaba nada con quedarse acostada.
Juntó las manos y entrelazó los dedos para desperezarse estirando los brazos hacia arriba. Se calzó sus pantuflas y fue hacia el baño a fin de hacer sus necesidades. Luego se pegó una buena ducha con agua caliente. Cuando terminó, alcanzó una floreada toalla e inició el proceso de secarse. Pronto oyó que el celular sonaba a lo lejos, pero evidentemente ahora mismo no podría contestar.
¿Quién sería? ¿Acaso Kiba la habría recordado por fin? Desde que su mejor amigo se había puesto de novio se olvidó de ella casi completamente. No lo culpaba en todo caso, seguramente así sucedía cuando te enamorabas por primera vez: sólo una persona existía en el mundo. Era algo que descubriría cuando ella también fuera abordada por ese sentimiento que le generaba mucha ilusión, aunque también inexorable miedo.
Usó el secador de pelo y desenredó sus hebras enredadas. Era de las mujeres menos vanidosas que podían existir en cuanto al maquillaje, pero eso cambiaba cuando se trataba de su pelo: lo cuidaba y lo arreglaba como si se tratara de un tesoro.
Una vez terminada su ardua labor capilar, salió del cuarto de baño y se dirigió hacia la mesita de noche donde solía dejar el celular cargando. Lo revisó y entonces sus ojos dieron un gran brinco al ver el nombre que se desplegaba como llamada perdida en la pantalla: Sasuke Uchiha.
Su llamado le hizo saltar el corazón de alegría, pero también de nervios. De hecho empezó a chocar el índice derecho contra el gemelo contrario, reactivando un gesto que solía hacer mucho durante la niñez.
«Dios santo, parezco una quinceañera», reaccionó entre divertida y quejosa, al mismo tiempo que se pegaba una palmadita en la frente.
¿Por qué la estaría llamando? ¿Querría iniciar una amistad, acaso?
Pronto vio que también le había dejado un mensaje de Whatsapp enviado ayer por la noche. Intentó adivinar su contenido antes de abrirlo, pero la verdad era que su imaginación no estaba en su mejor momento. Le faltaba tomar su habitual café matutino.
Sus ojos se desplazaron a través del mensaje. «Algo muy importante», era la frase que cerraba lo escrito por él. ¿Qué sería eso tan relevante?
No había mejor forma de saberlo que devolverle la llamada. Tragó saliva, respiró profundo y aclaró su garganta dando tres carraspeos. No quería que los nervios la hicieran dar un torpe tartamudeo. Ya era una mujer y debía actuar con la seguridad de una, pero a veces, cuando se sentía nerviosa, sus cuerdas vocales la traicionaban convirtiéndose en las de una nena.
Marcó al pelinegro por fin y esperó por una respuesta. Ésta apenas demoró unos segundos.
—Hola, Hinata.
—Sasuke, qué sorpresa... P-pensé que no volveríamos a hablar. —Y ahí estaba el maldito tartamudeo. ¡Diablos!
—Es que pasó algo muy importante respecto a Sakura. Cometí un grave error que te involucra y necesitas saberlo —dijo yendo directo al grano, tal como era su estilo.
Hinata dio un ligero respingo.
—¿De verdad es grave? —preguntó inquietamente.
—Lo es —confirmó de inmediato—. ¿Lo hablamos por aquí o prefieres que nos veamos mañana en la universidad?
Él le estaba dando la oportunidad de decidir entre dos opciones, pero ella deseaba una tercera. No quería desaprovechar la oportunidad de hablar en persona lo antes posible, ¿pero sería muy atrevida si sugería que se juntaran hoy mismo? Tras varios segundos caviló que en realidad no tenía nada de malo y que ya era hora de dejar atrás su timidez. O por lo menos de empezar a combatirla.
—Esto... —Salió tal muletilla sin que le diese permiso. De ser de esas personas que rodaban los ojos, lo habría hecho en este momento—. Si es un tema grave creo que debemos hablarlo en persona, lo malo es que mañana tengo todo el día lleno de clases. ¿Estás ocupado hoy? —propuso sin que le tambaleara la voz, cosa que la hizo sonreír en sus adentros.
—No. ¿Quieres reunirte en un rato, verdad?
—Si no te es una molestia. Es que siento que por teléfono se pierden muchos detalles importantes del lenguaje no verbal. —Necesitó añadir un motivo que explicara la cita.
—Tienes razón. Siempre es mejor hablar en persona.
—Sí, además que aprovecharé de hacer compras en el supermercado. ¿A qué hora y en dónde nos vemos?
—En el fósil del T-rex a las nueve. —Fue la autoritaria orden que llegó.
Hinata le echó una ojeada al reloj que estaba colgado en la pared a fin de verificar de cuánto tiempo disponía. Sabía que Sasuke era un maníaco de la puntualidad.
—Nos vemos a esa hora entonces —confirmó—. ¡Hasta pronto!
Cortó la llamada, cuestionándose si su despedida había sido demasiado efusiva. En fin, no es que estuviese coqueteándole, ¿verdad?
«Lo cual tampoco es algo malo», precisó su conciencia tratando de luchar contra los prejuicios implantados por su padre. Según él una mujer jamás debía tomar la iniciativa de nada salvo en la cocina. Sin duda un parecer digno de la edad media, pero que de todos modos había hecho mella en su mente.
Revisó en su celular cómo iba a estar el clima hoy, viendo que el cielo estaría despejado y que habría una temperatura agradable tratándose de un otoño que pronto le daría paso al invierno. Ocho grados la mínima y dieciocho grados la máxima.
Tomó un desayuno ligero consistente en un par de tazas de yogurt con cereales. Luego se tomó su sagrado café y después se lavó los dientes.
Se vistió colocándose uno de sus amplios abrigos que ocultaban su cuerpo de las miradas intrusas y, como solía hacerlo siempre, deslizó el cierre hasta llegar casi al mentón. Sin embargo, por primera vez en muchísimo tiempo tuvo ganas de maquillarse, ponerse un poquito de labial y de encresparse más las pestañas. Al final no hizo nada de nada, pero se percató, mientras se sonrojaba, de que su primera intención había sido verse lo más bonita posible para él.
«Tampoco es que sea algo malo», volvió a hablar su mente intentando deshacer sus prejuicios respecto a la vanidad.
Salió por la puerta de su casa y se fue a pie, ya que la universidad le quedaba a tan solo veinte minutos de caminata. Llegó puntualmente al lugar acordado y a lo lejos vio que Sasuke ya estaba ahí, observando su celular con la espalda afirmada en un árbol. Llevaba una elegante camisa azul profundo, pantalones oscuros que a lo lejos le sentaban muy bien y seguramente de cerca también, un abrigo negro que hacía juego con el resto de sus prendas y que ahora mismo llevaba abierto, y unos finos guantes morenos sin dedos. Estaba claro que le gustaban los colores oscuros, por lo menos en cuanto a ropa se refería.
A su vez Sasuke la vislumbró antes de que arribase, fijándose en cuán bella lucía a pesar de no usar ningún tipo de maquillaje. Su flequillo ondeando al viento le estaba dando un aspecto un poco más salvaje, cosa que le gustó. Su ropa era holgada como siempre, un estilo deportivo que a él, sin embargo, le llamaba mucho más la atención que mini faldas o pantalones apretados.
Al llegar el uno con el otro, se dieron un saludo que consistió en un apretón de manos.
—Hola, ¿cómo estás? —preguntó ella antes que él.
—Preocupado por ti.
—¿Por mí?
Frente al fósil del rey de los dinosaurios carnívoros, Sasuke guio a su acompañante hacia uno de los bancos en que había sombra gracias a un árbol. Nunca fue amante del sol, de modo que prefería evitarlo si le era posible.
—Cometí un error que te involucra —dijo él apenas tomaron asiento uno al lado del otro.
—Esto... —Sin su permiso, surgió otra vez esa muletilla. Que él la mirara de manera tan fija a los ojos la ponía nerviosa—. ¿Qué pasó exactamente? —dijo intentando no desviar su vista.
—Tuve una pelea con Sakura. Pero esta fue muy distinta a otras. Más grave, más intensa, perturbadora de verdad. Nos dijimos cosas muy hirientes, de hecho tuve que aguantarme las ganas de trenzarme a golpes con ella.
Hinata movió su palma hacia la boca cuando se percató de que la tenía abierta.
—Ya veo... —musitó como si le hubieran robado la voz. Uchiha apenas la oyó—. ¿Y si no es indiscreción a qué se debió la disputa? —preguntó a un volumen más normal.
—¿Recuerdas que tenía que juntarme con Sakura?
—Sí. —Añadió un movimiento de cabeza a su respuesta.
—Ayer fui a su casa porque según ella quería solucionar los problemas que traíamos entre nosotros, lo cual resultó ser más falso que un león antártico. —Hinata notó que Sasuke cerró el puño y que el cuello se le tensionaba—. Yo no te lo he dicho todavía —continuó él—, pero la verdad es que Sakura me ha acosado durante muchísimo tiempo con la excusa de que me ama. Y anoche sobrepasó todos los límites.
De este modo el Uchiha, sin escatimar en detalles, fue contándole todo lo sucedido durante el día de ayer. Lo único que omitió fue lo de su hermano. Sabía que podía confiar en Hinata, pero ese tema aún era demasiado personal como para revelárselo.
Hyuga lo escuchó atentamente sin interrumpirlo ni una sola vez, quedando casi conmocionada cuando él finalizó la historia. Su padre le enseñó desde pequeña que siempre había que escuchar las dos versiones para juzgar correctamente una reyerta, pero en esta ocasión tuvo muy claro que no hacía falta oír la versión de Sakura. Ella misma fue testigo, cuando se escondió tras un arbusto, de cómo esa chica insistía en ofrecerle su virginidad a Sasuke; o como, en un ataque de despecho, le juramentaba venganza mientras su voz cambiaba horriblemente. Era sorprendente que se desnudara para tentarlo a hacerle el amor, que se humillara rogándole de rodillas, o que lanzara ominosas amenazas, pero, después de todo, cabía dentro de lo esperable en esa pelirrosa, ya que, evidentemente, algo anómalo estaba gestándose en su cabeza.
Puso su melena por delante de su hombro derecho y jugueteó con ella ansiosamente, mientras, espaciadas por siete segundos, dio dos profundas respiraciones.
—Lo que me cuentas me hace dudar de la salud mental de Sakura —dijo finalmente.
—Está claro que tiene un problema —concordó él—. Y es uno grave.
Aprovechando que tenía su cabello por delante, Hinata lo usó para taparse el ardiente sonrojo que le apareció antes de lanzar una pregunta.
—¿Y por qué le dijiste que yo te gustaba? —Hecha su pregunta sintió que el corazón aumentaba su ritmo de palpitación. Y si él le confesaba que de verdad le atraía seguramente le daría una arritmia muy difícil de arreglar.
—Como Sakura te nombró a ti, aproveché de decirle eso para librarme de su acoso. Admito que fue un error, pero es que ya estaba realmente harto. —Resopló tan fuerte y tan largo que pareció tener seis pulmones en lugar de dos—. Te juro que en ningún momento imaginé que ella pudiera ser peligrosa y ahora te puse justo en su mira.
Al sentir que la temperatura avanzaba a medida que el sol alzaba más vuelo en el cielo, Hinata se arremangó hasta la mitad del antebrazo.
—Si me pusiste en su mira pues ni modo, qué se le va a hacer —dijo lo primero que se le vino a la mente mientras se encogía de hombros—. Tendré más cuidado con ella si me la encuentro —añadió calmadamente.
—¿No piensas enojarte conmigo? —preguntó notoriamente asombrado, algo que se expresaba efusivamente a través de su semblante. Esperaba merecidas recriminaciones de su parte, no esa reacción tan serena.
—Esto..., ¿qué sacaría con enfadarme? Eso no solucionará el problema. Además no tengo derecho a culparte. Quizás yo hubiese hecho lo mismo en tu caso.
Al verlo alzar una interrogativa ceja, Hinata continuó explayándose.
—Hay mujeres que aplican algo parecido a lo que tú hiciste: dicen que están de novias para que pretendientes indeseados no las molesten.
Uchiha se ajustó sus negros guantes sin dedos. Primero el izquierdo, luego el derecho.
—Me sorprende tu nivel de indulgencia, pero agradezco que seas así —habló con solemnidad. Sus negros ojos la veían casi con admiración.
Hinata parpadeó nerviosamente al notar que él la veía como si fuese alguien especial. Su rostro, en consecuencia, se coloreó mientras bajaba la mirada hacia sus zapatillas.
—N-no es nada —dijo tímidamente. Dejó pasar unos segundos para recuperar la compostura y así poder añadir algo con mayor seguridad—. En todo caso yo también tengo que contarte algo que en su momento me puso los vellos de punta. —Masajeó su abrigo en la parte de los brazos como si de repente hubiese llegado una corriente helada. Fue una sensación puramente psicológica, puesto que el ambiente disponía de una calidez agradable.
—¿Qué cosa me dirás?
Ella bajó la cabeza y sus puños se cerraron sobre los muslos. Su lenguaje corporal hacía evidente que le daba vergüenza decir lo siguiente:
—Yo ya sabía que le gustabas a Sakura incluso desde antes que nos reuniéramos por primera vez.
El pelinegro alzó una ceja.
—¿Por rumores? —conjeturó como la razón más probable.
—No fue por rumores, sino por otra razón...
Uchiha frunció el ceño, extrañado.
—¿Cuál?
—Yo escuché una conversación que tuviste con ella, una en que hasta te ofrecía su virginidad... ¡P-pero juro que fue un accidente! —dijo haciendo nerviosos ademanes con las manos por delante.
Si ella fue comprensiva anteriormente, ahora era el turno de Sasuke para devolverle la mano.
—Tranquila, sé que no fue adrede —aseveró creyéndole enseguida y al cien por ciento.
Ella parpadeó dos veces rápidamente, para luego enviar una clara tonalidad de sorpresa. Pensó que Uchiha la recriminaría al ser un tipo de genio complicado, pero se mostró muy condescendiente con ella. Dejó de tensar su cuerpo, alegrándose de que la tuviera tan bien considerada como para no dudar de sus palabras.
—¿Te acuerdas de la primera vez que nos reunimos para hacer nuestro trabajo de Ética? —Iniciaría su explicación formulando una pregunta.
—Sí.
—Un poco antes de eso sucedió algo... —Procedió a contarle que, al verlo discutiendo con Sakura, se ocultó detrás de unos arbustos pensando que ambos pasarían de largo, pero que había terminado escuchándolos. Así llegó a la parte que en verdad le interesaba abordar—. Una vez que ustedes se separaron, ella tuvo un monólogo que me perturbó bastante. Estaba charlando consigo, pero al mismo tiempo sentí que eran dos personas las que hablaban.
—¿Dos personas? —cuestionó comprimiendo la frente, movimiento que le produjo una arruga horizontal justo en la mitad.
—Todos hablamos solos de vez en cuando, es algo que no tiene nada de raro, pero lo de Sakura sí que me perturbó mucho. —Se encogió un poco sobre sí al recordarlo.
—¿Por qué?
Al sentir un calor ansioso, Hinata tiró la lengüeta del cierre de su abrigo hasta bajarla a la altura de las clavículas. Luego su mano, convertida en un puño, se colocó sobre sus tensos labios aunque sin tocarlos.
—Porque tenía dos voces muy distintas que ejemplificaban su debate mental, una siendo la antítesis de la otra tanto en lo vocal como en lo argumental. Fue algo muy raro y que yo no había visto nunca —contó mientras sus rodillas se chocaban la una a la otra tan solo por recordarlo—. La primera voz, la que decía que debía esperar por ti, era con su tono natural. La segunda, la que abogaba por venganza en contra tuya, era mucho más agresiva, ronca y oscura, como si estuviera proyectando el lado más negativo de su psiquis. Sé que te sonará muy extraño, pero por un momento me recordó a la voz de la niña de «El Exorcista».
Sasuke se masajeó el mentón mientras repasaba mentalmente escenas de esa película que era considerada como un clásico del terror. A él, sin embargo, no le había movido un solo pelo. De hecho algunas partes le parecieron hasta graciosas por ser exageradas. Dejó de lado sus pensamientos cinéfilos y se enfocó en lo importante, recordando que la voz de la poseída era gutural y bronca. Pronto juzgó que Sakura tenía una amplia tonalidad vocal, se lo había demostrado muchas veces en sus discusiones, por ende adquirir esa voz tan particular no estaba fuera de su alcance.
—¿Por qué no me contaste eso antes? —Quiso indagar.
—Ay... No quise revelártelo porque pensé que estaba malinterpretando su soliloquio, que estaba dándole tintes más negativos de la cuenta.
—Ya veo. Preferiste no darle importancia.
—Exacto. Quise creer que Sakura era tan sólo una chica temperamental y que ese ataque de rabia se le pasaría más temprano que tarde. —Hizo una pausa para darle el turno de hablar a Sasuke, pero quiso añadir algo más antes de hacerlo—. Y la verdad tampoco quería quedar como una chismosa que se entrometía en asuntos ajenos. Cuando recién te conocí no parecías alguien muy comprensivo que digamos...
—¿Te intimidaba?
—Sí.
—¿Lo hago todavía?
—Ya no —respondió muy segura.
—Eso es bueno. Para la próxima no dudes en contarme algo así de importante.
—Te prometo que ya no dudaré en hacerlo —dijo asintiendo mientras agarraba el asa de su cartera, acomodándola en un gesto de pura costumbre—. Por cierto cuando Sakura habló conmigo para que te diera un recado, también me dijo algo que más pareció una amenaza. Lo recuerdo perfectamente porque se me grabó bien en la memoria: «Me gustaría advertirte algo sólo por si acaso: por solidaridad entre mujeres no debes fijarte en un hombre que ya tiene dueña».
—¿Eso te dijo la muy descarada? —cuestionó indignado—. Yo sabía que algo anormal había pasado entre ustedes.
—El instinto no te falló —afirmó dando un asenso con la cabeza—. Ahora me doy cuenta de que yo también cometí un error al no contarte lo sucedido con Sakura. De saberlo seguramente no le habrías dicho que yo te gustaba.
—Tú no tienes culpa de nada. Fui yo el que te metió en este asunto y te doy mis disculpas por eso.
Las pupilas de Hinata redujeron su tamaño y, un segundo después, se dilataron hasta casi tragarse a los iris. ¿En serio Sasuke estaba disculpándose? Viniendo de alguien que era evidentemente muy orgulloso, no dudó en considerarlo como un acto muy valioso.
—Aprecio mucho tus disculpas, pero no te preocupes. Sé que no lo hiciste con mala intención, incluso me has avisado apenas pudiste.
—Es lo mínimo que podía hacer.
De repente ambos se miraron por un largo rato, como si fuesen atraídos por una especie de magnetismo que no se aplicaba a los metales sino a los ojos. Una emocionante conexión estaba formándose entre ellos; un afecto que recién estaba forjándose, pero que desde ya mismo se precipitaba por sus pieles. Había un fervor raro, ganas de estar cerca del otro.
Podrían haberse mirado por mucho tiempo más, pero un pequeño remolino de viento atrapó la atención de ambos. Iba desplazándose por la vereda mientras hacía girar unas cuantas hojas desteñidas.
—¿Y a qué conclusión has llegado sobre Sakura? —preguntó el pelinegro, dejando de lado el fenómeno eólico y también al mar de pensamientos que involucraban a Hinata como algo más que una posible amiga—. ¿Qué piensas ahora?
Una brisa que parecía seguir al remolino que ya iba muchos metros por delante, oreó los cabellos de Hinata antes de que contestara.
—Está claro que ella maduró de manera física e intelectual, pero no emocionalmente. No sabe manejar sus emociones.
—Pero la inteligencia es la que hace madurar las emociones —puntualizó.
—No necesariamente. Hay distintos tipos de inteligencia y, aunque esté subestimada, la emocional es muy importante. Es muy probable que ella todavía no madure en ese sentido. Por eso el despecho que ahora mismo siente la sobrepasa y la hace reaccionar de una forma odiosa.
—Ya veo... —dijo Sasuke al tiempo que se masajeaba el mentón.
—Sin embargo, creo que hay mucho más de fondo...
—¿A qué te refieres?
Hinata se removió sobre su asiento mientras reacomodaba sus cabellos que fueron desordenados por el viento.
—Si no es molestia, ¿te puedo hacer algunas preguntas sobre Sakura? Me gustaría armar un pequeño perfil psicológico de ella antes de contestar tu pregunta.
—Hazlas.
La joven dama llevó una mano a su cartera y sacó un lápiz junto a una pequeña libreta. Cruzó una pierna sobre la otra y, afirmando el cuadernillo en la rodilla que quedó más alta, se dispuso a anotar cual psicóloga profesional.
—¿Cómo es la relación que ella tiene con sus padres?
Uchiha se echó hacia atrás buscando mayor comodidad mientras echaba sus manos en los bolsillos. Miró al cielo por varios segundos antes de dar una respuesta.
—Me parece que no es buena. Con su madre suele tener discusiones a menudo ya que no congenian. Sakura siente que ella la critica mucho y que la trata como si fuera una niña todavía, que incluso busca dejarla en vergüenza delante de otros. Y con su padre se lleva mejor porque es más relajado, pero no le tiene mucho aprecio a su trabajo. Es taxista y la he escuchado enjuiciarlo varias veces por eso, diciendo que es un conformista.
Hinata frunció la boca y anotó algo. Luego se dio unos segundos de pausa antes de volver a indagar.
—¿Es hija única, verdad? —hecha su pregunta, alzó su mirada blanquinosa. A Sasuke le pareció curioso vérsela mucho más segura que antes.
—Así es.
—¿Se ha sentido sola por eso?
—Sí. Sus dos padres trabajan y por eso acostumbraba pasar sola sus días. Su niñez fue solitaria, así que muchas veces le escuché decir que le hubiese gustado mucho tener un hermano.
Hinata se rascó suavemente la mandíbula con la parte superior del lápiz. Anotó dos palabras y prosiguió con un comentario.
—Por lo general los hijos únicos conocen mejor la soledad que aquellos que tienen hermanos. Y más si ambos padres trabajan.
—¿Y los amigos no cuentan para deshacer la soledad?
—Claro que cuentan, pero dentro del hogar se sienten mucho las ausencias. Por ejemplo es típico que nadie haya para recibirlos cuando llegan del colegio y eso puede hacerlos sentir un vacío grande. Algunos se acostumbran y aprenden a amar la soledad, pero otros buscan subsanar esa carencia de compañía aferrándose más de la cuenta a sus vínculos afectivos.
Entre los árboles que estaban más allá del T-rex, Uchiha buscó a lo lejos la facultad de Psicología. Recordó algo que varias veces había oído cuando sus compañeros de Derecho comenzaban a hablar sobre otras carreras.
—Ahora veo por qué dicen que los psicólogos siempre buscan la causa de todo en la infancia.
—Es que la infancia es el período que determina la forma en que te relacionarás en el futuro tanto en la sociedad, como en la amistad, como con el sexo opuesto. Es la etapa clave en la formación de una persona. Por eso la gran mayoría de traumas se producen durante este período, aunque la adolescencia, e incluso la adultez temprana, también son etapas complicadas y que pueden afectar mucho la psiquis.
—Comprendo.
—¿Cómo le va a Sakura en los estudios?
—Excelente. De hecho es el alumno más destacado de medicina, superando a todos sus compañeros. A veces su impulsividad eclipsa a su inteligencia, pero es muy inteligente y aplicada.
Hinata asintió. Anotó una frase con letra más chica que las demás.
—¿Tú crees que Sakura tiene una buena autoestima?
Los ojos de Sasuke se esquinaron como si quisiera ver el cielo a través del rabillo. Era una señal de que estaba reflexionando.
—Yo solía creer que sí, pero en nuestra última pelea me dijo que sin mí ella no valía nada.
Hinata abrió mucho sus ojos, destellando preocupación en ellos. Anotó una frase que, aunque muy breve, puso en mayúsculas.
—Eso empeora mucho las cosas. Probablemente tiene una autoestima contigente que escaló hasta llegar a un nivel patológico.
—¿Autoestima contingente?
—Es el sentimiento de valía personal que no nace de un genuino amor propio, sino que depende de la valoración que los demás hagan de uno. En el caso de Sakura su autoestima depende de ti, de tus opiniones o acciones respecto a ella.
Sasuke entreabrió la boca. Poco después recordó la conversación que tuvo con la pelirrosa, dándose cuenta de que Hinata había acertado de lleno. Se convenció de que esta chica en verdad sabía de lo que hablaba.
—¿Sabes? Anoche Sakura me dijo algo que corrobora tus palabras. Me espetó que yo le había quitado la autoestima y que a través de mí la recuperaría. Me echó la culpa a mí de su obsesión.
—No me sorprende; es típico de personas emocionalmente inmaduras echarle la culpa al otro en vez de aceptar el pecado propio. Pero ella, y sólo ella, es culpable de su situación. Desde un principio debió entender que no le gustabas, aceptarlo y seguir adelante. Sus carencias afectivas no justifican que se volviera dependiente de tu afecto hasta el extremo de obsesionarse.
—Lo mismo pienso yo. Y más aún cuando yo jamás le di alas para que pensara en algo más que amistad. Jamás le coqueteé siquiera, es más, ni siquiera sé cómo hacer eso —remató encogiéndose de hombros.
Hinata soltó una leve risita. Siempre había pensado que los chicos tan guapos aprovechaban su belleza para ser mujeriegos empedernidos, pero en Uchiha había conocido una clarísima excepción. Eso le gustaba mucho.
—Y respecto al autoestima... —prosiguió ella—. En teoría nadie debería poder robarte tu amor propio porque éste va más allá de circunstancias u opiniones. Así debería ser siempre.
—¿Pero...? —adivinó que venía uno.
—La otra vez me dijiste que ella recibió bullying por su frente, ¿verdad?
—Sí.
—Durante la infancia se está formando tu amor propio, así que si recibes bullying es mucho más fácil que tengas problemas de autoestima frágil. Es algo de lo que yo también sufrí, pues mi padre siempre me criticó por A o por B, haciéndome sentir que era débil e inútil —dijo exhalando tristeza a través de su semblante alicaído—. Después de eso es difícil tener confianza en uno mismo, un proceso duro que no todos superan.
—Ya veo —dijo sacando una mano del bolsillo de su pantalón para llevársela a la quijada—. ¿Quieres decir que yo continué fomentando la baja autoestima de Sakura? ¿Que debí ser menos hosco con ella?
—No digo que la culpa sea tuya, eh —se apresuró a aclarar—. Digo que la amabilidad es una gran virtud que quizás, sólo quizás, pudo ahorrarte esos problemas de obsesión.
—Tuve que volverme hostil porque insistía una y otra vez con lo de ser mi novia. ¿Qué más podía hacer para que aceptara mis negativas? Todos tenemos un límite y ella sobrepasó el mío —objetó firmemente.
La charla iba a continuar, pero ambos fijaron sus miradas en una bandada de palomas que se distribuyó entre los cinco árboles más próximos. Otras se quedaron en el suelo picoteando a ver si encontraban migas de pan u otro alimento, mientras algunos palomos desprovistos de hambre preferían cortejar a las hembras correteándolas empecinadamente.
—¿Sabes? —habló Hinata de pronto—. Recordé algo que me parece relevante: ese día en que te pedí información de Sakura, me contaste que había vivido algo muy traumático a los doce años. Quizás ese hecho también podría explicar la obsesión anormal que tiene contigo. ¿Podrías decirme qué le pasó por favor?
Sasuke asintió, aunque no habló enseguida. Primero abstrajo su negra mirada para viajar en el tiempo una década atrás. Poco después su expresión se torció, volviéndose taciturna.
—Desde niña Sakura tuvo una persona muy querida, una chica bastante carismática y alegre. Se llamaba Ino y era su mejor amiga —dijo con aire nostálgico—. Ella era el cable a tierra de Sakura, quien la mantenía centrada y que le daba fuerzas cuando se sentía débil. También la defendió del bullying que sufría por su frente.
—Ya veo... ¿Y qué le pasó a Ino? —dijo temiéndose lo peor, ya que el rostro de Sasuke lucía afectado. Además había hablado en pasado de ella, un indicio de que algo malo ocurrió.
Al Uchiha se le ensombreció aún más el rostro. Necesitó dar un suspiro a fin de aliviar una opresión que se le instaló en el pecho.
—Murió atropellada por un conductor que iba ebrio. —Hinata abrió tanto su boca que, por mero acto inconsciente, llevó una mano para taparla. Su empatía hizo que la respiración se le acelerara y que el pecho se le comprimiera—. Para peor Sakura estuvo presente en el accidente y la vio agonizar antes de morir. Estuvo varios minutos tirada en la calle hasta que por fin llegó una ambulancia. Lo sé porque Sakura misma me contó los detalles. Fueron tiempos muy duros y tristes para ella, peor aún al tener sólo doce años.
Hinata, caridoliente, dejó lápiz y libreta a un lado y entonces necesitó estrujarse la mano diestra contra la zurda.
—Perder a su mejor amiga de una forma tan trágica y a una edad tan corta... Evidentemente vivir algo así te deja secuelas grandes por dentro; un dolor que la marcó para siempre. Y restablecer vínculos después de algo tan trágico puede ser difícil.
Se hizo un necesario silencio. Hinata necesitaba pensar y Sasuke, imbuido de recuerdos, no interrumpió ese proceso.
—¿Tú ya eras amigo de ella? —preguntó después de un largo rato, reavivando sus luceros albinos.
—Sí.
—¿Tú fuiste su consuelo?
—Supongo que sí.
—Eso termina de explicar perfectamente porqué está obsesionada contigo... —dijo Hinata mientras anotaba en su libreta. Luego, junto al lápiz, volvió a guardarla en su mochila—. La aflicción y la soledad de perder a su mejor amiga la hizo aferrarse a ti de una forma que no es saludable. A todo nivel, ya sea subconsciente o consciente, siempre tratamos de evadir el dolor y quizás ella sienta que, al perderte a ti, volverá a revivir el mismo sufrimiento que sintió por su amiga. Es una historia que no quiere repetir, no quiere volver a perder un vínculo tan fuerte, y por eso puede haberse obsesionado contigo. Tiene miedo de sufrir lo mismo de nuevo...
—Y yo tengo que pagar los platos rotos —dijo Sasuke para finalizar arrojando un bufido.
—Lamento eso. ¿Sakura nunca fue a un psicólogo por lo que pasó?
—Nunca quiso. Desde pequeña fue desconfiada con los psicólogos, decía que era una carrera poco exacta y por tanto insustancial.
—Comprendo. Es cierto que hay gente que subestima a la psicología y que le niegan su estatus de ciencia.
Sasuke se puso de pie y caminó un poco a fin de estirar los músculos de las piernas.
—¿Piensas que Sakura tiene alguna patología psicológica? —preguntó él a la vez que detenía sus pasos.
—Yo no soy psicóloga todavía, sólo una simple estudiante —le recordó con humildad—. Además no se pueden hacer diagnósticos certeros sin una revisión del paciente.
—¿Pero crees que necesita ayuda psicológica a nivel profesional, verdad?
—Es probable. Puede que tenga un cuadro depresivo sin diagnosticar y un trastorno obsesivo compulsivo. —Dicho esto, se tomó la barbilla unos segundos antes de lanzar una pregunta—. ¿Tú crees que ella tiene una depresión?
—Han pasado más de diez años desde el accidente de Ino. —Su tono decía a las claras que le parecía imposible tener una depresión tras tanto tiempo. Y ahora daría una razón que justificaría aún más su opinión—. Lo que le pasó es muy fuerte, pero tiene una familia bien constituida, un carácter fuerte, es la número uno de su carrera y además suele sonreír a menudo. Es incoherente que bajo tales circunstancias sufra de depresión.
—Que sonría seguido no significa que sea feliz —puntualizó—. A menudo se asocia la depresión a la tristeza, pero muchas veces se oculta tras máscaras de alegría. —Hinata notó que Sasuke escuchaba con mucho interés sus palabras—. Y los sufrimientos más terribles son precisamente aquellos que se llevan en soledad.
—Tienes razón en eso. Después de todo el verdadero dolor se lleva por dentro... —dijo al saberlo muy bien por experiencia propia—. ¿Pero por qué hay personas que ocultan su sufrimiento? —Pensó en sí mismo al formular tal respuesta. Quería ver qué le decía Hinata.
—Quizás porque no quieren preocupar a sus seres queridos, quizás porque no tienen a nadie de confianza, quizás porque el orgullo les hace creer que salir adelante en soledad los hace más fuertes. Los motivos pueden ser variados según cada persona. De todas formas quien no se desahoga termina descargándose a través de otras formas, la violencia incluida.
—¿Crees que Sakura es una de esas personas que se tragan el dolor a solas?
—No lo afirmo, pero me gustaría mucho apoyarla si ese fuera el caso.
—¿Apoyarla? —dijo completamente sorprendido y sus ojos más abiertos lo expresaron de modo perfecto. Su voz también complementó lo anterior al variar su tono ronco hacia uno un poco más agudo—. Es seguro que te esté odiando ahora mismo —le recordó.
—Puede ser, pero eso no significa que yo tenga que odiarla de vuelta. Si vuelvo a hablar con ella intentaré que la conversación sea de forma amigable.
—Prefiero que descartes esa idea.
—¿Por qué?
—Porque Sakura puede ser peligrosa y no quiero que te pase algo malo.
Las perlas selenitas no sólo se abrieron sino que también se ensancharon. La dueña de éstas se acomodó una de sus largas patillas tras su oreja. Estaba pensativa.
—Sé que lo de Sakura no es normal, ¿pero de verdad piensas que Sakura es un peligro ambulante? —preguntó con evidentes dudas.
—Yo deseo creer que sólo me lanzó bravatas sin sustento, pero tampoco pondría mis manos al fuego por ella. No podemos caer en el error de subestimar su obsesión. No desde que vi su cara totalmente distorsionada de rabia, de odio inclusive.
La futura psicóloga quedó en silencio. Las últimas palabras de Uchiha sonaron turbadoras, pero eran ciertas desde un punto de vista lógico.
—Ahora que lo pienso tienes razón. La obsesión y el despecho son una mala combinación, así que no está de sobra ser precavido —dijo con un leve estremecimiento espinal—. Puede dejarse llevar por impulsos malignos con tal de no perder a su objeto de deseo.
—Lo mismo pienso yo —concordó el varón.
—Sin embargo, hay otra cosa que también me preocupa...
—¿Qué cosa?
—El resentimiento y la soledad que siente la hace peligrosa no sólo para nosotros, sino para ella misma también.
Uchiha curvó el entrecejo.
—¿A qué te refieres?
—A que puede autolesionarse. Cortarse las venas por ejemplo.
—No creo que haga eso. Sakura no es una quinceañera.
—No se necesita ser una quinceañera para hacerlo. Ella puede estar al límite de su resiliencia y precisamente por eso necesita más apoyo que nunca.
—¿Insistes con lo del apoyo? —preguntó incrédulamente—. Yo la vi más rabiosa y decidida que nunca, dudo que quiera apoyo.
—Eso es por la ira del momento, pero, cuando se bajan las revoluciones, las cosas pueden cambiar harto. Por eso me gustaría hablar con ella.
Uchiha quedó impresionado. Se refregó un ojo como si quisiera quitarse una inexistente legaña.
—Reitero que dudo mucho que quiera recibir apoyo y mucho menos uno que provenga de ti. Y también dudo mucho que Sakura llegue a tanto como cortarse las venas, así que mejor ni te le acerques. Me preocupa que por hacerte la buena samaritana salgas dañada.
La situación respecto a la pelirrosa no era la ideal, pero Hinata admitió en sus adentros que le encantaba ver cómo Sasuke se preocupaba por ella. Era un trato muy diferente a la displicencia de la primera vez que se conocieron. Ahora se veía preocupado por ella y, ¡qué diablos!, le encantaba que así fuera.
—En todo caso diría que tú corres más peligro que yo —puntualizó tras dominar su inoportuna alegría interna.
—Eso no importa porque sé defenderme muy bien —dijo con un gesto pleno de orgullo—. Además a mí no me hará nada porque soy su objeto de deseo, ¿no?
—No te confíes ni te descuides por eso. Aunque nosotros no podamos verlo, Sakura tiene un tremendo agujero en su pecho. Y siente que lo único capaz de llenar ese vacío eres tú, pero mientras más fracasa en sus esfuerzos por obtenerte más terrible se hace ese vacío. Por tanto la furia contra ti seguirá aumentando exponencialmente. En tal caso puede que te odie a ti tanto o más que a mí...
—Y por ende yo también corro peligro —completó el argumento esgrimido por ella.
La Hyuga asintió enseguida. Luego, al mismo tiempo que se masajeaba la nuca con ambas manos, añadió:
—Puede aflorarle el típico pensamiento enfermizo de que «si no es mío no será de nadie».
Así, siguieron hablando de la celotipia un buen rato hasta que el tema terminó por consumirse. Entonces el ojinegro necesitó hacer un comentario.
—La psicología es muy interesante después de todo.
—Lo es —afirmó con una linda y espontánea sonrisa.
—Y se nota que te manejas en lo tuyo.
Hinata sintió que la sangre se acumulaba en su cara, por lo cual ladeó su mirada hacia uno de los árboles más imponentes. Uchiha aprovechó de apreciar su perfil y la fineza de su respingada nariz.
—Esto... —Apareció la muletilla más típica de sus nervios—. Muchas gracias, pero yo soy sólo una estudiante casi novata. Recién estoy aprendiendo a desenmarañar la psiquis humana y sus enfermedades. Me falta mucho por conocer y aprender todavía.
—Yo creo que, más allá de tu carrera, también debes aprender a ser menos ingenua y menos optimista.
—¿Por qué lo dices? —preguntó devolviéndole la mirada.
—Porque me parece que todavía no quieres aceptar que Sakura puede ser peligrosa.
Él la vio tragar saliva o eso fue lo que dedujo por el movimiento que hizo su garganta.
—Es que no quiero asustarme tampoco. Si pienso en eso como una verdad absoluta me dará miedo hasta salir de casa...
La forma trémula en que emergieron sus palabras hizo que se instalara una inquietud en el ambiente, tal como cuando se espera un huracán al día siguiente.
—Y todo por mi culpa —lamentó él.
—No es así. Esto habría pasado con cualquier mujer a la que Sakura considerara una competencia. Tarde o temprano se desataría su celotipia.
—Pero yo fui quien te puso en este aprieto. Nunca debí decirle que me gustabas sólo para sacármela de encima.
—Lo hecho, hecho está —dijo con una sonrisa comprensiva y carente de timidez—. Sé que no lo hiciste con mala intención.
Uchiha no contestó esta vez. Por fuera nada demostraba, pero Hinata intuía que por dentro la culpabilidad seguía absorbiéndolo. No quería verlo así. En primer lugar porque seguía creyendo que lo de Sakura no era para tanto y en segundo lugar porque esto les serviría para acercarse. A pesar de su carácter áspero parecía un buen hombre, uno cuyos principios estaban claramente definidos. De algún modo sentía que podía confiar plenamente en él, algo primordial para formar una amistad que podía volverse entrañable de verdad.
Deseando cambiar el ambiente tenso, buscó hacer algún comentario que pudiese relajarlo. No tardó mucho en hallarlo gracias a la colaboración del T-rex que tenía enfrente.
—Oye...
—Dime —reaccionó dándole su negra mirada.
—¿Sabías que un huevo de avestruz demora una hora y media en cocerse? Imagina cuánto demoraría uno de dinosaurio.
La forma graciosa en que Hinata lo había contado, sumado a lo absurdo del dato y del momento en que fue lanzado, hizo que Sasuke sonriera por primera vez en demasiado tiempo. Ella, en tanto, admiró enseguida su amplia sonrisa. Era incluso más bella de lo que la había imaginado.
—Sé que es un dato raro, pero quise usarlo para romper la tensión. Y creo que resultó —explicó jocosamente.
—Eres especial, Hinata —dijo de una manera muy singular, como si se lo estuviera agradeciendo.
Ella, para variar, sintió que toda la sangre de su cuerpo se le iba al rostro.
—E-eso no es cierto —dijo desviando la mirada y encogiéndose en el asiento.
—Es cierto porque eres distinta a otras chicas que he conocido.
—En ese caso tú también eres especial. Eres distinto a otros hombres que he conocido. —Devolvió el halago a pesar de que le costó soltarse lo suficiente para lograrlo.
De repente se miraron fijamente como encantados. Algo flotaba entre ellos y ambos estaban dándose cuenta de eso. Sin embargo, la magia de verse de forma hipnótica a los ojos terminó cuando un par de niños gritaron de emoción al ver el esqueleto del dinosaurio desde lejos. Llegaron corriendo a toda velocidad con sus padres observándolos muchos metros por detrás. Tenían toda la pinta de ser turistas que visitaban por primera vez la universidad y, probablemente, también la ciudad.
—Bien, es hora de ir al supermercado —propuso Sasuke mientras veía la hora en su reloj de pulsera—. Mientras más temprano, menos gente habrá esperando en las cajas.
—Esto... sí. Vamos. Ojalá haya alguna buena oferta —añadió pensando en chequear el precio de las pastas.
Así comenzaron la caminata que los llevaría a uno de los pocos súper que abrían los días domingo, mientras conversaban de otros temas que no involucraban a la pelirrosa. Les vino fenomenal salir de aquel asunto tan espinoso para abordar otros mucho más amenos.
Más tarde las compras en el enorme local comercial se hicieron en forma agradable, con Uchiha descubriendo que Hinata era fanática de las pizzas y los espaguetis, mientras ella descubría su gran afición respecto a los tomates.
Pagaron sus respectivas compras y salieron a la calle.
—Bueno, ya tengo que irme —anunció ella dispuesta a despedirse. Como el asunto de Sakura ya había sido tratado, no quería seguir quitándole tiempo a su desgreñado acompañante.
—Iré a dejarte a tu casa.
—Oh, n-no es necesario que te molestes.
—No es molestia. Además quiero saber dónde vives por si te surge algún problema, así que te acompañaré sí o sí y digas lo que digas —aseveró a su modo más imperativo, dejándole claro que no aceptaría una negativa.
—Está bien —aceptó sumisamente—. Muchas gracias.
—De nada. Ahora pásame tus bolsas que yo te las llevaré.
La Hyuga respingó en su fuero interno al no esperarse ese acto de caballerosidad de parte de él. Aunque más pareció una orden que un ofrecimiento, entendía que así era el modo de hacer las cosas en Uchiha. Era brusco incluso cuando trataba de ayudar.
—Oh, no es necesario. De verdad.
Sasuke le arrebató las bolsas sin más, intercambiando la caballerosidad por la dominancia. Al fin y al cabo sabía que sólo rechazaba su ayuda por vergüenza.
—P-pero... —intentó forjar una protesta, misma que no cristalizó por haber sido interrumpida.
—No digas nada. No me cuesta nada llevarlas —reafirmó suavizando su voz.
—Está bien, muchas gracias —aceptó finalmente. Había comprado muchas cosas y el peso no era precisamente liviano para una chica.
Mientras caminaban aprovecharon de conocerse más a fondo hablando de gustos y pasatiempos. De este modo, tras veintiséis minutos de interesante charla, llegaron a una bonita casa con un jardín muy bien cuidado. Tenía el césped corto y plantas diversas, aunque ahora mismo ninguna tenía flores de otoño floreciendo. Habría que esperar a la primavera para contemplarlas en plenitud.
—Bonita casa —dijo Sasuke verificando que la familia de Hinata contaba con una posición económica destacable. Una casa así de grande no estaba al alcance de cualquier fulano.
—Gracias, es una de las propiedades de mi papá y como está cerca de la universidad me la facilitó. Me ha servido para estudiar con toda tranquilidad, además de volverme más independiente y así poder aumentar la seguridad en mí misma.
Dicho esto, Hinata abrió la puerta del jardín y Sasuke la acompañó hasta llegar a la entrada de la casa.
—¿Entonces vives sola?
—Sí, ¿por qué?
—Sé que mudarse no es cosa fácil, ¿pero no puedes cambiarte a un departamento?
Hinata se rascó el cuello con el índice. Sus ojos lucían confusos.
—¿Por qué la pregunta?
—A riesgo de parecer muy exagerado, no descarto que Sakura trate de meterse a su casa. Y tú tampoco deberías hacerlo —añadió antes de que ella replicara.
—Por suerte ella no sabe dónde vivo.
—Puede averiguarlo.
Hinata torció los labios durante un breve momento.
—De todas formas no podría mudarme. Papá tiene mucho dinero, pero no quiere invertir en mí más de lo absolutamente necesario pues lo decepcioné al elegir Psicología. Él quería que estudiara algo más «importante». —Hizo el gesto de comillas con sus dedos—. Y en todo caso tampoco me gustan los departamentos, me dan un poco de claustrofobia.
A Sasuke le extrañó que Hinata siempre mencionara a su padre y omitiera a su madre. ¿Habría un tema delicado allí? Tenía curiosidad, mas prefirió no inmiscuirse por ahora.
—¿Tienes instalada alguna alarma en puertas y ventanas?
—Eh... no. Nunca lo había pensado en realidad. Este barrio se ve muy tranquilo. —Echó un vistazo a sus alrededores, indicándole a Sasuke que hiciese lo mismo.
—Pone alarmas y búscate un perro guardián.
Hinata sintió una punzada en su estómago.
—Me estás asustando, Sasuke. No creo que sea necesaria tanta precaución.
—Lo lamento, pero no quiero que Sakura tenga la oportunidad de hacerte daño. Ya lo dice el viejo y conocido refrán: en la confianza está el peligro. —Un fuerte viento apareció para alborotar aún más sus negros cabellos, causando que sus ojos quedaran tapados por dos mechones. Se quitó éstos a fin de mirar directamente las joyas albinas y darle más profundidad a sus siguientes palabras—. Además no lo digo solamente por Sakura, sino también porque una mujer viviendo sola puede atraer la maldad. Tienes que cuidarte, Hinata.
Y ahí estaba otra vez la desbordante conexión que se creaba fácilmente entre ellos. Esta vez la fémina no desvió la mirada, dándose el tiempo de apreciar sin vergüenzas esos luceros brunos que palpitaban el sincero afán de protegerla.
—Muchas gracias por preocuparte por mí —dijo intentando no tartamudear. Y lo consiguió a pesar de estar emocionada.
—¿Entonces pondrás alarmas? —Al verla dudar por varios segundos, Sasuke no dudó en agregar—: Si se trata de plata yo puedo prestarte para que las pongas.
A Hinata le sorprendió mucho aquello. Recordó que semanas atrás Uchiha parecía cuidar mucho del dinero, pero ahora ni siquiera mostraba dudas en ofrecérselo. ¿Tan culpable se sentía?
—No sabes cuánto te lo agradezco, pero creo que con mi mesada me alcanza.
—Si no es así cuentas con mi apoyo total. Recuérdalo.
—Miles de gracias, pero en serio no tienes que preocuparte. Te haré caso y llamaré a alguna empresa de seguridad para que instale la alarma. No creo que una simple sea muy cara.
Él asintió.
—No conozco precios, pero pienso igual que tú.
—Oye, de verdad muchas gracias por preocuparte de mí. —Su rostro se iluminó en cada palabra. Y así se mantuvo mientras lo miraba.
—Es lo mínimo que puedo hacer. Es mi culpa que estés envuelta en este problema.
—Descuida. Después de todo no hay mal que por bien no venga —mencionó alegremente un conocido refrán—. Yo siempre trato de encontrarle algo positivo a las cosas y esto quizás nos sirva para volvernos amigos —añadió con una sonrisa que a Sasuke le pareció lindísima.
—Yo no creo en la amistad entre hombre y mujer.
Hinata pestañeó una gran sorpresa.
—¿Por qué?
—El mejor ejemplo es Sakura. La consideraba mi amiga, pero esa amistad fue corrompida por su atracción hacia mí.
—Bueno..., sería muy ingenuo decir que la amistad entre mujer y hombre es fácil, pero yo estoy segura de que sí existe. Yo tengo un buen amigo, se llama Kiba por cierto, y jamás hemos confundido nuestra amistad con algo romántico.
—Eso es porque tú no le has dado señales para algo más, pero si le dieras una señal, tan solo una, es muy probable que él no se haría problemas ni tendría dudas en tenerte como novia. Sea a nivel consciente o subconsciente, en amistades profundas siempre habrá atracción de una de las partes o de ambas. Y no necesito ser psicólogo para deducirlo.
—Y-yo no creo que...
Sasuke no necesitó decirle nada de nada para que Hinata entendiera, sólo a través de su expresión llena de incredulidad, que nunca lo convencería de lo contrario. La única forma era demostrárselo.
—Yo haré que vuelvas a creer que la amistad entre hombre y mujer sí existe —aseveró muy animada. No obstante, muy pronto tuvo ganas de taparse la boca como si quisiera retractarse de lo dicho.
«Ay, ¡no debí asegurar eso! ¿Cómo puedo ser tu amiga si siento que ya me gustas...?»
«¿Y cómo podríamos ser amigos si ya siento que me gustas?», se preguntó Sasuke a su vez, pensando exactamente lo mismo que Hinata en una coincidencia muy singular. Su sinceridad a prueba de balas estuvo a un tris de lanzar aquello, de hecho hasta entreabrió la boca para hacerlo, pero a último momento decidió guardárselo. Hinata le atraía y ya no tenía dudas acerca de eso, pero no sabía si aquello se mantendría en el tiempo. Dentro de todo no la conocía lo suficiente todavía. Aún no había visto sus manías, cómo era en su casa, qué otras cosas le agradaba hacer, qué buscaba de la vida, si deseaba casarse, si quería tener hijos, y un sinfín de asuntos más en que quizás no eran compatibles. Lo bueno es que había tiempo para conocerla a fondo, cosa que tenía muchas ganas de hacer. Y si seguía sintiéndose tan bien a su lado, entonces le diría la verdad de que no podía verla sólo como una amiga, confirmándole, de paso, que la amistad entre sexos opuestos era una utopía para el noventa por ciento de las personas.
Hinata tuvo unas ganas tremendas de invitarlo a almorzar, pero la vergüenza se encargó de atacarla. Se consideraba buena cocinera, pero su intrínseca inseguridad le impedía creérselo plenamente. Además Sasuke podría interpretar su invitación como una señal de interés romántico y no quería delatarse tan abiertamente. En tal caso se sentiría muy expuesta.
Aun así...
—Esto... Oye... —Su lengua, tratando de cumplir su verdadero deseo, se movió prácticamente por sí misma.
«¿Lo invito o no lo invito?», la hizo dudar su desgraciada timidez.
—Dime.
«Una niña de bien no invita a un hombre soltero a su casa». Esas fueron las palabras que llegaron a su mente, mismas que mucha gente consideraría absurdas, pero que fueron implantadas por su padre Hiashi y su estricta educación tradicional. No era fácil para ella desprenderse de ésta.
—Bueno, te dejo. F-fue un gusto hablar contigo.
—Para mí también lo fue.
—¿Es en serio? ¿O lo dices por cortesía? —preguntó titubeante—. No es que dude de tu palabra, pero la verdad nunca fui buena haciendo amigos. No soy divertida. De hecho me considero hasta sosa —aseguró bajando levemente su mirada.
—A mí me caes muy bien, Hinata, y no te considero sosa para nada.
Ella alzó su testa nuevamente y sonrió ampliamente. Sus ojos acompañaron aquella hermosa curva labial brillando de emoción.
—Gracias. Créeme que tú también me caes muy bien.
Uchiha disfrutó del tenue rubor que desprendió el rostro de la bella dama.
—Estaremos en contacto.
—Claro que sí. —Dicho ello, se le calentaron más las mejillas—. ¿Sabes? Yo tengo fe en que todo se arreglará. Sakura es inteligente y con el tiempo entenderá que no puede obligarte a tener una relación con ella.
—Eso espero porque sería lo ideal, pero yo no soy tan optimista como tú.
Ella asintió sin replicar nada. El tiempo se encargaría de demostrar quien tenía la razón en lo concerniente a la pelirrosa.
—Cuídate mucho, Sasuke.
—Tú también.
Él le extendió la mano y ella se la estrechó tratando de imprimir firmeza. Recordó que Kiba solía despedirse de ella con un beso en la mejilla, pero Sasuke parecía reacio al afecto en general. Quizás un día, con más confianza de por medio, se despediría de ella empleando una forma más cariñosa.
Después, mientras lo veía alejarse, la fémina sintió que le habría encantado pasar más tiempo con él. Se llenó de arrepentimiento entonces.
—Ay... —musitó cuando él ya estaba lo suficientemente lejos para no oírla—. Ojalá fuera más valiente y menos tímida. Debí invitarte a almorzar o por lo menos a pasar... —Suspiró hondamente al sentirse derrotada una vez más por su lado vergonzoso y su rígida educación. Sin embargo, se dijo que las cosas serían distintas si él volvía a acompañarla en otra ocasión.
«Sabes que conociste a alguien especial cuando en un tiempo muy corto se gana tu cariño e interés. Eso precisamente me ha sucedido con Sasuke. No sé por qué exactamente, pero me siento muy bien a su lado. ¿Quizás se trata de esa química única de la que tantas veces he oído hablar...?».
A su vez, Sasuke pensaba en la chica de ojos blanquecinos con leves tintes lilas, percatándose de un contraste tan curioso como llamativo: Sakura exhibiéndose completamente desnuda y ofreciéndole su virginidad sólo le causaba una gigantesca repulsión. En cambio Hinata, a pesar de llevar amplios ropajes que ocultaban sus femeninas formas, se le hacía sumamente interesante y atractiva.
De repente, como si una fuerza superior lo impulsara, Uchiha se volteó a fin de detallar la casa de Hinata con mayor detenimiento. Entonces vio algo mucho mejor: a ella todavía parada en la puerta, observándolo. Pensó que por su timidez desviaría la mirada, pero lo sorprendió alzando una mano y agitándola en el aire en señal de despedida. Él le correspondió moviendo su izquierda en forma idéntica.
Como acto siguiente apreció intensamente la bella curva que Hinata lució en sus labios. Y entonces se dio cuenta de que él mismo, tras muchos años sin hacerlo, volvía a sonreír por segunda vez en un día.
Continuará.
