Thirteen se plantó frente a Seven en la Isla Pollo, su mirada verde agua brillando con determinación.

—Seguro que sabes por qué he venido —dijo Thirteen, sin rodeos—. Aún tenemos asuntos pendientes.

Sin más preámbulos, Thirteen se lanzó al ataque, sus movimientos fluidos y precisos como las cuchillas que llevaba consigo. Pero para su frustración, Seven lograba esquivar cada uno de sus ataques, ya sea por suerte o por habilidad.

En un momento dado, Thirteen y Seven quedaron tan cerca que casi podían volver a besarse. Thirteen lo evitó en el último segundo, apartando a Seven bruscamente.

—Y yo que creí que era una excusa para otro beso...— dijo Seven, luego de dejar de estirar los labios esperando un contacto que no llegó, y deteniendo un ataque mortal con sus tijeras.

—¡He venido para matarte! —exclamó Thirteen, furiosa.

—Ese beso fue el primero... —confesó Seven.

—Y será el último —respondió Thirteen con firmeza, retomando su ataque. Su cabello trenzado se agitaba a su alrededor, y la punta de su cabello con el kunai atado fue hacia Seven.

—...que recuerdo —finalizó Seven, saltando y esquivando ese ataque por milésimas—. Quizás más damiselas han sido afortunadas de probar mis labios, pero...

Thirteen se detuvo una vez más, observando a Seven de pies a cabeza, sus cejas fruncidas.

—Mala suerte, querrás decir.

—¿Realmente no te gusto? ¿Ni un poquito?— preguntó Seven.

Thirteen, con el rostro enrojecido por la furia, solo quería matarlo y terminar con esa humillación.

—¡Solo muere!

Pero él combate no acabo, esos pollos, terminaron ñor salvarlo y Thritteen podía observarlo como se alejaban por el cielo. Entretanto ella se recuperaba de su bomba de humo.

—¡Tal vez deberías dejar de intentar matarme con tus cuchillas y matarme a besos! —gritó Seven mientras viajaba de cabeza—. ¡Yo estoy dispuesto a morir en tus labios!

Thirteen se estremeció ante esas palabras, sintiendo como un intenso calor inundaba sus mejillas. El dorso de su mano los posó en sus labios mientras respiraba de forma agitada. Ese efecto que Seven tenía sobre ella la desconcertaba y enfurecía a partes iguales.

Cada vez que se encontraba con él, la frustración la consumía. No lograba entender por qué Seven lograba afectarla de esa manera, sacudiéndola hasta lo más profundo. Odiaba la forma en que su sola presencia nublaba sus sentidos y le impedía pensar con claridad. Porque no debía sentir emociones, pero el se las provocaba. Mientras veía como huía solo le daban más ganas de matarlo, de forma literal, no a besos.