Capítulo 36
Perdida
La noche caía pesada sobre todo aquello que era capaz de tocar, la ausencia de luna se hacía presente y ocultaba con maestría a aquel que con agilidad de movía por el empinado camino. Los animales e insectos veían con reverencia y un poco de temor a aquel ser.
El olor de tierra mojada se hacía cada vez más intenso mientras se acercaba a su objetivo. ¿Estaba acaso de acuerdo con lo que iba a hacer? Por supuesto que no. ¿Le importaba a alguien? Ciertamente si, aunque a su sentir, ya se había curado de la idea de hacer todo lo mal que podía hacerse, al final, solo así podrían sobrevivir.
Se acerco lo suficiente como para visualizar su objetivo. Fumando una pipa en una esquina alejada del barco estaba a quien debía su tormento el ultimo par de meses. El enorme hombre se veía fuera de lugar en aquel sitio, demasiado alto para su entorno, pero no tanto como para no representar bien su papel.
Se acerco lentamente y manteniendo su respiración al mínimo, no era su plan que supiera que estaba ahí, al menos no tan pronto. Al encontrarse a tan solo un par de pasos de distancia, y aprovechándose de la oscura noche, observo con detenimiento al hombre. Hace unos meses le había generado un miedo terrible, pero justo ahora le intrigaba más de lo que quería admitir.
De porte eslavo, descuidado cabello, y nariz aguileña, Igor Karkaroff era todo un tema de ver, su madre diría que en su época fue un hombre que haría voltear a más de una chica, pero ahora solo era un viejo mortifago, demasiado cansado como para realmente notar su presencia, aunque le entretenía internamente el jugar a los espías, era agotador el seguir así, el tiempo en el que el hombre supiera se acercaba, le gustara a su maestro o no.
Hermione caminaba apresurada hacia su dormitorio, el pulso acelerado y podía sentir el trozo de papel quemando sus dedos, estaba completamente furiosa, la mujer había cruzado una línea y era tiempo de que pagara.
Una vez se encontró dentro de la sala común, ignoro por completo su alrededor hasta que dio con el par de rostros que estaba buscando. Quería la guerra, tendría la guerra.
"necesito alguien discreto que me ayude" disparo la castaña sin si quiera molestarse en las cortesías básicas. No había tiempo.
"¿Qué tan discreto?" pregunto uno de los chicos.
"Lo suficiente como para preguntar" puntualizo la chica. "Y bien, ¿Quién es mi hombre?" presiono, un poco irritada.
"Habla, Granger. Sabes que te ayudaremos" respondió el otro chico.
Hermione se lanzó a una explicación detallada de todo lo que había descubierto y el por qué necesitaba discreción completa. Ambos chicos asintieron al final del relato y los vio observar con anhelo el papel que Hermione aun mantenía aferrado.
"El cómo y el por qué ya lo tienes. La pregunta es cuando" hablo el primer chico.
Hermione observo fijamente a los hombres frente a ella, Fred y George harían lo que sea por ver el mundo arder, y por primera vez ella seria quien encendiese la llama.
"Esta noche, que no los vean salir" declaro la castaña antes de levantarse sin si quiera a observar los fieros ojos que la siguieron hasta su salida del salón.
Viktor vendaba cada dedo con precisión cuando escucho la puerta de la habitación abrirse. No tuvo ni que mirar en su dirección para reconocer el modelo exacto de sus botas, ni para arrugar la nariz ante el conocido olor.
"¿Qué quieres?" pregunto calmadamente el pelinegro, mientras comenzaba con los vendajes de la otra mano.
"La perderás al final de esto, esta historia no tiene un final feliz para nadie" condeno el ronco tono del chico.
Viktor escucho el sonido de su propia risa vacía, y se sorprendió al darse cuenta de que realmente ya no le importaba.
"eso no me hará amarla menos, solo vuelve más fuerte mi deseo de permanecer a su lado" afirmo pasionalmente, mientras podía ver sin realmente hacerlo la rodada de ojos que el pelirrojo le estaba dando.
"Quisiera poder tener la misma determinación que tú" declaro amargamente el chico.
Viktor lo miro por primera vez desde que entrase a la habitación. Habían pasado unos meses apenas, pero su mejor amigo había dejado de lucir como el mismo, el antes revuelto cabello pelirrojo ahora lucia igual al de su padre, con demasiado gel como para ser saludable, y si bien su rostro aun poseía esos rasgos aristocráticos tan característicos de él, su mirada ya no era la misma. Aun no estaban en guerra, pero ya está hacia estragos en ellos.
"No podría sacrificarla por paz, Valentín. Ella es mi paz, desde el segundo que la vi supe que era la indicada, y no cambiare de opinión"
Viktor vio a Valentín observarlo con cautela, y luego de que pareció obtener lo que sea que buscaba en él, se dio la vuelta para irse. Aunque se detuvo antes de salir por completo y lo escucho reírse amargamente por lo bajo.
"Un día, tendremos esta conversación de nuevo, y creo poder jurar que ese será el día de mi destrucción, amigo"
Viktor escucho sus palabras con pesar y observo como el que había sido su hermano, su mejor amigo, se marchaba. Él había elegido, y el no haría nada por detenerlo.
¡Uno, dos, golpe! ¡Uno, dos, golpe! Se repetía Viktor mientras golpeaba el saco frente a él. Karkaroff lo estaba obligando a practicar para la última prueba como un demente. Día y noche se mantenía ocupado en prueba tras prueba que el director le ponía. Podrían decir lo que quisieran del hombre, pero Igor Karkaroff no era un mal director, mucho menos un mal entrenador o mentor. Pero el hombre estaba paranoico, y eso sería su camino a la tumba.
Los últimos días el pelinegro se la pasaba fumando más de lo normal, la reserva de whiskey cada vez disminuía considerablemente más, y lo había estado prácticamente acosando con pruebas sin sentido que lo mantenían constantemente agotado. La última prueba había sido boxeo, lo tenía boxeando todas las mañanas durante al menos tres horas, lo cual tenía sus manos destrozadas.
"Si sigues frunciendo el ceño de esa forma, juraría que estás viendo a tu peor enemigo en vez de esa bolsa" se escuchó la cantarina voz detrás de él.
"No creo tener un enemigo, Mina. Al menos no uno real" se rio Viktor. Al voltear observo a la castaña recostada del marco de la puerta, con sus largas piernas, su perfecto uniforme y esa sonrisa que era capaz de desarmar cada fibra de su ser. La vio pasear su mirada por la habitación y luego dejar caer sus ojos en él, en su muy sudada y sin camiseta figura y no pudo evitar sentir un poco de orgullo masculino al notar el ligero tono rojizo adornando sus mejillas.
Se acerco a ella lentamente y sostuvo su rostro suavemente, un ligero beso casi rozando sus labios fue el único contacto más allá de lo amistoso que tuvieron. Su relación estaba en un momento bastante extraño en este momento, no habían vuelto, pero ambos sabían que nada había terminado aún.
No salían a citas como antes, pero habían vuelto a coincidir en la biblioteca, daban paseos por el lago, leían un rato, conversaban un poco y ella solía entrar de forma inesperada al barco una que otra vez, aun cuando no tenía idea de cómo pasaba las protecciones, ella siempre parecía estar cerca cuando necesitaba huir de sus entrenamientos, como justo ahora.
Hermione suspiro aun entre sus manos y pestañeando un par de veces lo bordeo completamente y observando el ligero caos que reinaba en toda la habitación, comenzó a mover la varita y todo estuvo en su lugar en cuestión de segundos, y fue solo sus reflejos de buscador lo que hicieron que atrapara la muda de ropa limpia que Hermione le había lanzado.
"Necesito aire fresco y tu necesitas dejar de golpear esa cosa, te espero afuera" y justo como había aparecido en primer lugar, la chica había desaparecido de la habitación, dejando a Viktor clavado en el sitio siguiendo sin realmente moverse la estela de la loción de coco y piña que la castaña solía usar.
Tomo una ducha rápida y luego de vestirse salió casi corriendo de la habitación hacia donde sabia la castaña lo esperaba, con su cabello al viento, y su expresión contemplativa, Hermione parecía tener un par de años más de lo que biológicamente se supone tiene. Aunque el tema de su edad seguía siendo un total misterio para él, Lorenzo afirmaba que ella tenía 15 años, aunque había algo alrededor de ella que no le dejaba aceptar por completo dicho número.
"No queremos que me desgastes de tanto verme" se burló la castaña.
"Nunca podrías gastarte, Mina. Y yo jamás me cansare de verte"
"Sabes cómo hacer que una chica suspire, Viktor Krum" susurro mientras enganchaba su brazo al de él, llevándolos a dar una caminata por el borde del lago.
Pasaron bastante rato poniéndose al día de las clases, sus amigos, diferentes temas al azar, aunque Viktor no iba a negar que el único tema que él quería realmente tocar ahora era el de ellos, no ellos como amigos, no ellos como lo que sea que sean ahora, quería hablar de Hermione y Viktor, de su relación de pareja o la inexistencia de esta.
Pero Hermione bordeaba con total elegancia cualquier insinuación acerca de su relación, para su total sufrimiento. Habían llegado hasta el borde del lago y Viktor pensó que se detendrían como otras veces, pero al parecer Hermione tenía otros planes, pues apartando unos arbustos con conocedora maestría, siguió guiándolos por un sendero oculto de la vista de todos. Viktor no se atrevió a interrumpir a la chica, ni en su caminata ni en la actualización del último libro que la castaña había leído, aun cuando le doliese que ya no los leyera junto a él.
Un par de minutos más de caminata y Hermione se detuvo en medio de un claro, el cual Viktor observo con detenido interés, era hermoso. Rodeado completamente por arboles frondosos se encontraba un pequeño lago de aguas sorpresivamente cristalinas a pesar del clima y temática escocesa. Viktor se preguntó que podría estar planeando la castaña pues se notaba que no era la primera vez que aquí. De pronto observo con enorme sorpresa a Hermione comenzar a desprenderse de sus zapatos, calcetines y no iba a negar que lo mataba la curiosidad, pero esta fue suficiente cuando la vio comenzar a desabotonar su camisa.
"¿Mina que estás haciendo?" interrogo el pelinegro, cuyas mejillas se sentían muy calientes.
"Te dije que necesitaba aire libre" respondió la castaña, quien a modo de restarle importancia desabotono el ultimo botón y lo abrió revelando un traje de baño que tranquilizo y altero en partes iguales al joven. ¿Acaso había algún Dios que lo odiaba tanto? Mina era hermosa, a sus ojos y a los de cualquiera que de hecho tuviese ojos, y él la amaba, amaba cada parte de ella, amaba su carácter, sus rabietas, sus risas, la forma en la que su cabello parecía siempre tener vida propia, o las pequeñas pecas en su rostro, pero para él era demasiado el verla en un estado en donde demasiada piel se revelaba. Había soñado con esa piel cientos de veces, pero hasta el simple hecho de ver la falda caer a sus pies y el oscuro traje abrazar demasiado bien algunas partes, estaba alterando su cordura. Y no sabía cómo sentirse con ello.
La vio caminar hacia el lago y lentamente adentrarse en él, a medio camino volteo, con su característica sonrisa de saber algo que los demás no, y lo observo por largo rato. Viktor pudo sentir la intensa mirada clavada en su rostro, buscando algo que solo ella podría saber qué era, y no fue hasta que la voz suave de Hermione lo llamo a acompañarla al lago que cayó en cuenta que lo que sea que la chica había estado buscando en él, lo había encontrado al parecer, pues su sonrisa se había ensanchado aún más, brindándole un aire juguetón.
"No traje nada para bañarme" replico mientras se sacaba la camiseta.
"Que lástima que no seamos magos y podamos transformar objetos" se burló la castaña.
"me has atrapado con esa lógica, Mina" se burló Viktor mientras en efecto transformaba su jean en un short de baño.
Hermione lo observo con una ceja arqueada en total asombro "Muy muggle de su parte, señor Krum"
Viktor camino hacía ella, la cual se encontraba casi sumergida por completo y cuando estaba a unos centímetros de ella, la vio estirarse en toda su altura, quedando frente a frente con él, aun cuando su visión fuese en su mayoría, su pecho acelerado con toda la situación.
"¿Te molesta mi elección?" pregunto Viktor en un ligero susurro.
Hermione, cuyo rostro se encontraba adorablemente sonrojado, puso sus manos firmemente sobre su pecho, causando un estremecimiento en él, abrió los labios, pero nada salió de ellos. Viktor iba a mencionar lo que sea para cortar la tensión en el aire, cuando toda palabra murió en el beso que Hermione le daba.
Sus labios suaves bailaban con los suyos mientras Viktor podía sentir las delicadas manos subir lentamente hasta sus hombros, luego pasaron por su cuello hasta llegar arrebatadoramente hacia su cabello, el cual la sintió jalar conforme la intensidad del beso aumentaba. Viktor no comprendía realmente que estaba pasando, pero la había extrañado demasiado, el sabor dulce de sus labios, la calidez que siempre emanaba, y ahora podía agregar una nueva sensación a su lista, lo áspero de sus manos contra la suave y firme piel de la castaña, sus manos habían caído inmediatamente en su cintura, y debido al traje de baño, era la primera vez que tenía contacto directo con su piel, y lo estaba volviendo loco.
Separándose un segundo para tomar aire, Viktor escucho las palabras más dulces de su existencia, el ronco si de Hermione. Lo cual lo hizo explotar en una felicidad enorme, había vuelto, su preciosa Mina había vuelto a su lado y esta vez se aseguraría de no perderla otra vez.
Hermione secaba ausentemente su cabello mientras observaba a Viktor aun dentro del lago, la sonrisa en su rostro no había desaparecido desde que le había dicho que si nuevamente. Honestamente se había cansado de fingir que no le importaba y que no le dolía, odiaba el tener que mentir, fingir e ir en contra de sus principios por la causa del bien mayor, así que había mandado al carajo la pequeña voz en su cabeza que le decía que volver con él estaba mal, la que le decía que no debía confiar otra vez, y había respondido a la pregunta que Viktor le había hecho en medio de su caminata hacia aquí. Aun cuando ella había ignorado la pregunta en primer lugar, la respuesta siempre estuvo ahí, solo quería asegurarse que podría vivir consigo misma si decidía no aceptarlo, pero cuando lo observo fuera del lago, su porte imponente, su rostro serio, y ese no sé qué, el cual hacia sus piernas flaquear, se admitió, por primera vez que no, no podría vivir consigo misma si no se daba esta oportunidad, si no les daba esta oportunidad.
Pasaron la tarde divirtiéndose en el lago, hablando de tonterías y riendo todo lo que no habían reído en meses, el corazón a Hermione se le llenaba de amor cada vez que Viktor la besaba, que le decía cuanto la quería. A pesar de aun escuchar la pequeña voz en su cabeza que le decía que era una maldita por ocultar tantas cosas de todos, su corazón le decía que se merecía este amor, se merecía la forma en la que Viktor la miraba, y pretendía atesorar cada segundo con él. Aunque ella supiera que eran pocos los que quedaban.
"La siguiente prueba consiste en confianza y afinidad" explico la profesora a todos los alumnos frente a ella, los cuatro grupos, divididos por colores se encontraban expectantes de que prueba compleja se habría ingeniado la mujer para exponerlos delante de los demás.
"Cada grupo va a anotar en pequeños pergaminos secretos de forma anónima, y cada integrante sacará un papel y lo leerá en voz alta. Nadie necesita saber a quién pertenece el secreto, pero necesitan saber que pueden ser vulnerables entre todos ustedes"
Viktor observo en silencio el rostro de todos sus amigos, a nadie le agradaba la idea, aun cuando fuera anónimo, se podía dar la posibilidad que alguno descubriese el secreto del otro, se giró hacía Mina para preguntarle que pensaba cuando la vio pensativa y un poco nerviosa, lo cual lo sorprendió sobre manera, Hermione no podía tener tantos secretos, ¿o sí?
Poco a poco todos comenzaron a escribir sus pergaminos y Viktor observo a Hermione tomarse su tiempo con el de ella, observaba el pedazo de pergamino como si este tuviese las respuestas a todas sus preguntas, y su curiosidad creció al ver que su secreto no se extendía más que unas cuantas líneas. Mientras que el suyo parecía comerlo vivo mientras lo plasmaba, solo esperaba que nunca nadie supiera que ese secreto era suyo.
Poco a poco los papeles comenzaron a escucharse por todo el grupo, infidelidades fueron reveladas, una que otra conducta delictiva, y todos mantenían rostros estoicos ante ciertos temas, hasta que los más complejos comenzaron a aparecer.
"Presencié el asesinato de un miembro de mi familia y no dije nada por miedo" leyó Viktor, completamente impactado.
"Abuse de mis conexiones familiares para obtener beneficios" leyó Asen, logrando que un par de rostros se girasen incomodos ante el secreto.
"Use un gira tiempo que me ha hecho envejecer un par de años más de los que tengo" leyó Lorenzo, cuya mirada se abrió repentinamente y fijo sus ojos en él. Viktor respiro profundo y la última pieza que no encajaba en el rompecabezas de Hermione Granger hizo sentido. A pesar de que la chica mantenía su rostro completamente inexpresivo, Viktor lo supo, Hermione lucia mayor porque en realidad lo era, ella no tenía quince años, tenía más, y todo por haber utilizado uno de los artefactos de magia más peligrosos jamás inventados.
Viktor quiso mirar a Hermione cuando el secreto que ella leyó dejo helado a todos.
"Se quién eres realmente Hermione, te estoy vigilando" Hermione observo el papel con una calma que al menos Viktor no podía sentir. ¿Que habían querido decir con eso? La vio hacer bola el pedazo de pergamino y quemarlo con una frialdad de la que no la conocía capaz. El grupo entero se encontraba en completa tensión, aunque fue el pelirrojo imprudente el que decidió romperlo, o a su pensar, hacerlo mucho peor.
"¿A qué se refieren con eso Hermione? ¿acaso ocultas…?"
"Puras tonterías Ronald, como siempre" dijo la castaña antes de acercarse a la profesora, mencionarle algo que solo ella escucho y se marchó sin si quiera mirar atrás, dejando a un grupo de chicos totalmente desconcertados con su actitud.
Durante el almuerzo Hermione no apareció en lo más mínimo, lo cual preocupo aún más a Viktor, pero fue cuando a la hora de la cena que tampoco se vio rastro de ella que el pelinegro decidió que ya había tenido suficiente de lo que sea que estaba pasando con ella y tomo un poco de comida, un poco de jugo y se marchó hacia donde intuía que podría encontrarla.
Al llegar a la biblioteca sus pies parecieron moverse solos, y caminando todo el camino hasta la última fila, justo en la última mesa escondida entre varios estantes de la sección muggle, la alta coleta castaña oscurecida con el crepitar de las velas que flotaban a su alrededor, totalmente concentrada, no sintió como se acercó detrás de ella, y brinco sorprendida cuando jalo la silla junto a ella y coloco la comida a su alcance mientras removía con delicadeza el libro en sus manos.
"Por Circe Viktor…"
"Debes comer, incluso cuando has estado lejos de aquí desde hace rato" regaño Viktor con suavidad.
Hermione frunció los labios mientras observaba a Viktor, pero sin decir una palabra comenzó a mordisquear el sándwich frente a ella.
Viktor la vio comer lentamente y cuando estaba casi terminando fue que se decidió en hacer la pregunta incomoda.
"Mina, tú no tienes quince años"
"¿Es eso una pregunta?" mascullo Hermione.
"Es una afirmación, Mina" se rio Viktor "Solo quiero saber cuántos años tienes"
"Tengo quince" replico Hermione.
"No, no los tienes" objeto Viktor.
"¿Qué te hace pensar eso?" cuestiono la chica.
"Eres demasiado alta para tu edad, no me atrevería a hablar de tu madurez, pero sí sé que sabes demasiado de demasiadas cosas que no deberías, al menos no con tu edad. Sin mencionar el hecho de que tu cuerpo se ve como mínimo el de una chica de 16 casi 17 y la cadena de tu gira tiempo sobresale de tu uniforme cuando no cargas la capa" puntualizó Viktor, el cual sonrió complacido cuando vio a la chica llevar la mano de forma inconsciente a la cadena colgando en su cuello, la cual marco la diminuta forma del reloj de arena.
"No puedes decirle a nadie" se apresuró a decir la chica la cual lo observo con lo que el sentía era temor.
"Mina, jamás lo haría, aunque no entiendo por qué lo sigues usando. No estas viviendo tus años…"
"No lo entenderías, Harry…"
"Harry está viviendo su vida mientras tu adelantas la tuya" regaño.
"Harry sobrevive su vida, mientras los demás orbitamos a su alrededor para intentar salvarlo"
"¿Salvarlo…?"
"Si, Viktor. Salvarlo" objeto Hermione "Salvarlo del demente de Voldemort, de toda la mierda que lo ha seguido desde que es un bebe y hasta de su misma estupidez"
Viktor observo a Hermione por lo que pareció ser la primera vez, las ligeras ojeras debajo de sus ojos, el ceño fruncido, cientos de pergaminos esparcidos frente a ella con temas demasiado avanzados para su año, y la cadena del maldito giratiempo sobresaliendo en su cuello.
"La guerra…"
"La guerra viene, Viktor. Quizás no hoy, quizás no mañana, pero te puedo asegurar que es mucho más pronto de lo que todos pensamos"
"Son unos niños Mina, no deberían hablar de guerras" trato de razonar Viktor, aun cuando internamente sabía que las palabras de Hermione eran ciertas.
"Era una niña cuando me metieron en todo esto, Viktor. Harry merece más que todo esto. Y no lo dejaría solo"
"¿Cuántos…?" cuestiono Viktor, aterrado de escuchar la respuesta.
"Cumplo 17 en unos meses" susurro Hermione, mientras lo miraba de forma agotada.
"Amor mío…" exclamo Viktor sorprendido.
"Debí haberme graduado el año pasado, presente todos los exámenes a petición de mis profesores, yo no debería estar aquí, Viktor, debería estar en mi casa, viviendo una maldita vida normal, con mis padres, saliendo de fiesta y borracha en algún bar con mis amigas"
"¿Por qué sigues aquí entonces, Mina?" pregunto con pesar el pelinegro, temiendo por un segundo, uno muy egoísta, que Hermione realmente quisiera vivir esa vida, y alejarse de todo, al final, su vida estaba con los muggles, este mundo solo era un agregado.
"Porque tengo que, porque hice una promesa, porque Harry es un hermano para mí y porque soy una estúpida que no puede ser egoísta ni decir que no"
"a mi me dijiste que no un montón de veces, princesa" se rio Viktor, tratando de relajar el ambiente.
La risa suave de Hermione fue lo único que pudo oírse esa noche en la biblioteca, luego unos pasos suaves hacia el final de la noche. Los curiosos ojos femeninos observaron con deleite el amor joven, mientras ella sostenía con una sonrisa triste el medallón en su pecho.
Aunque no lo crean, el final esta cerca,y me emociona que lo lean conmigo. Disfruten el capítulo chicos!
