La fiesta de cierre de la producción se organizó en el mismo bar donde, ocho meses atrás, el equipo de Sunrise había celebrado el inicio de esta gran aventura. Esa noche, el último capítulo de Gundam Wing se proyectó en una pantalla gigante para todos los involucrados en la serie, creando un ambiente de nostalgia, risas y emoción. La larga mesa que cruzaba el salón estaba reservada para el equipo principal, quienes conversaban animadamente mientras cenaban. Selfies, bromas y lágrimas dominaron el ambiente, pero todo quedó en silencio cuando comenzó la emisión.
La pelea final entre el Gundam Zero y el Epyon arrancó aplausos. Ver la postproducción finalizada en pantalla era una recompensa para todos los que habían trabajado duro en el proyecto. Sin embargo, las miradas no tardaron en desviarse hacia los actores principales. Heero, decidido a marcar territorio tras recientes tensiones con Miliardo, tomó la mano de Relena, dejando que el brillo del anillo de compromiso hablara por sí solo. Su sonrisa desafiante dejó en claro quién había ganado la batalla, dentro y fuera de la pantalla.
La imagen proyectada en el gran salón llegó a su peak cuando Heero disparó su gran cañón al trozo del libra destruyéndolo por completo.
"Misión completa" dijo en su penúltima aparición en pantalla.
Vítores acompañaron el momento mirando al actor. Algunos bromearon gritando ¡Bien hecho Heero! o ¡Wooow! entre risas, seguido de ¡shhhh! de silencio al escuchar al narrador en off que relató el contexto post guerra.
Dorothy apareció en la gran pantalla llevando flores a la tumba de Treize. En la vida real ella estaba al fondo de la mesa sentada con una copa de espumante en la mano. Bebió un poco, satisfecha de su trabajo ante todos. Altiva miró hacia Quatre guiñando un ojo.
" Pero ya no vendré más, ya me cansé de estar viviendo siempre en el pasado" - Decía en su escena de la gran pantalla.
Altiva miró hacia Quatre guiñando un ojo. El joven rubio se puso nervioso y Dúo notó que se sonrojó dándole un codazo para molestarlo.
La escena de final entre Heero y Relena fue recibida con vítor. Todos sabían que detrás de ella había otra razón para celebrar, el rumor completo se esparció en instantes por todo la producción llegando a los medios: el actor pidió la mano de la joven actriz en medio de las grabaciones finales de la serie Gundam Wing, y eso elevó aún más las ansias del público y el marketing alrededor del capitulo final.
Aparecieron las palabras "Fin" al cierre y la proyección privada se apagó con aplausos.
-¡SALUD! - juntaron sus copas el equipo principal.
La música comenzó a subir de volumen y el ruido de la conversación se elevó en el pub. Las sillas desordenaron la zona y la gente se levantó para conversar con otros ubicados más lejos. Era un caos entre cervezas, luces y ruido.
-¡Heero felicidades! - Aferró Howard al muchacho con un palmetazo en la espalda - supe que te vas a Nueva Yol, mira que intelesante.
- Ya puedes hablar normal ¿sabías? - intervino Dúo.
- Me quedaré con el acento, le gusta a las chicas jóvenes, creen que soy "extlangelo" y me ven más apetecible jaja.
- si muy gracioso, viejo verde - ironizó Dúo.
- Mocoso insolente eres, Dúo - bromeó Howard.
Relena se apoyó en la pared tomando una bebida junto a Hilde, ella fue por otra cerveza, dejándola sola por unos segundos . Contempló su anillo en su dedo anular suspirando. La joya azul brilló en su marco cuadrado plateado, fue cómo combinar los ojos prusianos de Heero con la perla principal y llevarlos a todos lados. Sonrió risueña.
- ¿Hermoso no es cierto? - preguntó una voz atrás de ella - me pregunto quién habrá sugerido el color.
Odin Lowe apareció al lado de Relena sorpresivo contemplando el anillo y sobresaltando a la joven.
-¡Es usted!
- ¡Quién más preciosa! no podía dejar de venir a felicitarlos esta noche. Después de todo, también fui parte de la producción por pocos días.
Ella sonrió febril hacia él y continuó:
- Me alegra que mi hijo tuviese el valor de pedirte la mano. Creo que desde que aceptó ser actor, no lo veía tan comprometido con algo - suspiró mirándolo de lejos- ¡Felicidades y bienvenida a la familia! ¡aunque como ya sabes, no somos una muy unida! pero espero pronto vengan los nietos y...ya sabes esas cosas dicen los padres.
Ella rió suavemente, dejando que el momento de confianza aliviara un poco la tensión. Aprovechó esa brecha para abordar un tema que llevaba tiempo guardando.
—Odín, hay algo que siempre he querido preguntarle —dijo, con la mirada fija en él—. Quiero que me responda con total sinceridad... porque, después de todo, seré su futura nuera.
Odín arqueó una ceja, divertido, y luego soltó una breve carcajada.
—Vaya, con esa declaración no puedo negarme. Adelante, pregunta.
Ella se inclinó ligeramente hacia él, como si el peso de sus palabras pudiera derrumbar el momento.
—Usted tiene acceso a información privilegiada, lo sé. Y... entiendo que podría saber algo sobre la caída del avión de mi padre. —Hizo una pausa, tragando saliva—. ¿Sabe si eso fue...?
Antes de que pudiera terminar la frase, Odín desvió la mirada hacia un punto detrás de ella y levantó las manos teatralmente.
—¡Ups, ahí viene! —dijo de repente, interrumpiéndola.
Ella giró la cabeza, confundida.
—¿Quién...?
—¡Ejem, ejem! ¡Córrete! —dijo una voz inesperada, interrumpiendo cualquier posibilidad de continuar la conversación.
Odín soltó una risa breve, mientras ella suspiraba con frustración. El momento se había esfumado, y sus palabras quedaron suspendidas en el aire como un eco sin respuesta. Fue interrumpido por la tos de Heero. La mirada molesta lo corrió del lugar de al lado de Relena dando a entender que ese era el lugar correspondiente para el actor.
- Vaya también me alegra verte - ironizó el padre.
- Katherine Bloom te busca del otro lado de la barra - apuntó Heero hacia ella.
Katherine efectivamente saludó desde allá hacia Odín y se entusiasmó.
- Ejem ejem. Volveré luego ¡Reitero mi felicidad y regocijo ante vuestro compromiso estimada pareja! - dijo él inclinándose levemente - ¡Con permiso!
Y se perdió entre la gente
Parte del equipo se acercó a la pareja, entre ellos Howard nuevamente y el resto del equipo.
- ¡Muchachos otra salud por la gran noche! - exclamó Trowa - ¿Quatre acaso estás bebiendo?
- Es espumante sin alcohol.
-¡"Plincesita" qué gran final! - felicitó Howard.
- Gracias Howard. Veo que disfrutas de la velada.
- Así es disfruto mucho, además - bajó la voz- ¡Tengo entendido que se viene un gran anuncio!
El grupo quedó desconcertado.
- ¿Howard manejas información exclusiva? - preguntó Dúo
- Quién sabe, quizás - respondió misterioso. - Tengo entendido que Treize debe dar la noticia ¡Pero si es Une la que ha subido al "escenalio"! ¡oh vaya! ¡Quizás ella de el gran anuncio!
-¡Vamos dilo ahora viejo! - reclamó Dúo - ¿Qué sabes?
Une subió al pequeño podio ante la pantalla con un micrófono. Este hizo un ruido con los parlantes al prenderlo y llamando la atención de levantó las manos hablando en alta voz. Con solo su presencia enmudeció el lugar y la música bajó de volumen.
- ¡Sé que a algunos les sorprende verme aquí, pero no quería quedarme ajena y hacer mi aporte esta noooche!.
Ella parecía un poco ebria. Noin miró desconcertada a Sally desde otra esquina preguntándose qué rayos hacía su amiga arriba del escenario. Treize pareció incómodo y expectante ante el show de su compañera. Miró desconcertado hacia el director Katsu quién parecía igual de impresionado con su aparición.
- ¡Estoy muy agradecida de participar con ustedes esta noche, esta ha sido una velada maravillosa! es por eso que seguiremos celebrando el final de Gundam Wing, la paz y el amor - agregó levantando su copa hacia la pareja principal - para eso hemos preparado un material exclusivo solo para ustedes con el verdadero Making off de Gundam Wing y las partes que no vieron por estar explotados trabajando en la serie jajaja.
Rió maliciosa hacia todos y robó leves risas a los presentes.
- ¡No se preocupen, seguro lo disfrutarán! ¡Por favor Dj, presione "play" al video!
Las luces se apagaron y la pantalla volvió a encenderse. La proyección comenzó en el panel.
3...2...1
Sin que el equipo supiese, se tomaron extractos de sus errores en cámara y grabaciones de sus momentos sin que ellos se enteraran. El equipo de marketing colaboró en esas situaciones en lo que parecía ser un video con imágenes inéditas.
Corte
Apareció Treize en una escena modelando hacia la cámara de forma exagerada y ridícula, entrando Wufei con una espada en mano diciendo diciendo "¿Qué estás haciendo?". Al parecer no se dio cuenta que habían dicho "¡Acción!" antes de comenzar a filmar. Wufei explotó de risa devolviéndose para comenzar otra vez.
A la vez, todos en el lugar también rieron burlándose de Treize en la pantalla.
-¡No es gracioso! - exclamó desde una esquina del pub.
Corte de la escena.
Apareció Relena solemne mirando hacia la cámara con la carta de utilería en la mano, pero esta se voló de sus manos de un momento a otro quedando impávida.
Las risas de los presentes no se hicieron esperar y ella también rió avergonzada.
Corte de la escena
Apareció la correción de Quatre tres veces donde la asistente gritó reiteradamente ¡La línea!, intentó de nuevo, pero la última vez miró a la cámara sonriendo "No puedo hacerlo" y finalmente cuando casi tenía la frase en la punta de la lengua "Quiero conocerlos, a todos ellos"
- ¡Eso no era parte del parlamento" - gritaron detrás de cámara.
- ¡Podemos dejarlo así!? - preguntó avergonzado.
Corte de la escena
Relena, Heero y Trowa aparecieron en medio de la nieve y la pareja principal resbaló cayendo de sopetón. Luego apareció un corte, y salió ella dando un beso rápido en la boca de Heero. El equipo completo los observó sorprendidos en la vida real
-¿Qué?! - abrió la boca Dúo - ¿¡Desde esa época ya estaban juntos!?
Se levantó el cotilleo entre los presentes en el pub observando a la pareja.
Corte de la escena
En la siguiente escena apareció el equipo gundam principal discutiendo y Miliardo entrando al set levantando a Heero contra la pared muy molesto. Se escuchó un "OHHH" masivo de todos los que no presenciaron o no se enteraron del hecho.
Eso rememoró la molestia entre ambos. Heero envió una mirada asesina a Miliardo, pero este último solo se limitó a gruñir.
Corte de la escena
Apareció una cámara encendida grabando al set y ninguna persona enfocando, pero de pronto esta se movió a tras de cámara mostrando a una pareja acaramelada en un rincón. Al principio se vieron desenfocados, pero al momento la imagen se aclaró para distinguir a Dúo acorralando contra la pared a Hilde y coqueteando.
-¡Hey eso es privado! - reclamó el trenzado cruzando los brazos desde su mesa.
Corte de la escena
Apareció Relena caminando en la nieve vista desde atrás y desapareciendo sorpresivamente, volviendo a caer.
Todos volvieron a reir al verla nuevamente siendo foco del chiste.
- Debes admitir que eres buena para la comedia - susurró Heero molestándola besando su mano.
Corte de la escena
Grabaron la escena de la nave Peacemilion chocando contra el libra y la plataforma que imitaba la nave se inclinó, el viejo Howard perdió el equilibrio cayendo y resbalando de forma graciosa.
¡Corte! se escuchó y todo el equipo miró al director riendo en masa. Sally Po habló riendo hacia el lente de la cámara.
-¡Quise ayudarlo pero, ajaja! ¡Fue imposible! - rió llorando de la risa hacia el lente.
Las risas se replicaron en la fiesta entre todos los presentes.
- Jajajaja Debo admitir que ese blooper está buenísimo - rió Dúo burlándose de Howard
- Ya Cállate - replicó el viejo - aún me duele la "espaldla" por la "caidla".
Corte de la escena
Apareció una discusión en pantalla. Noin caminó por un pasillo distinguible de los estudios de Sunrise seguida de Miliardo.
-¡No tengo que darte explicaciones!
La tensión se sintió en el ambiente y las risas se apagaron por completo en la fiesta.
-¡Significa que te acostaste con él!
-¡¿Eso te importa?!
Un "UHHHHH" incómodo y generalizado fue escuchado en el lugar. Todo Sunrise miró hacia Noin que fue el centro de la atención.
-¡Solo quiero saber si lo que dicen los rumores son ciertos, Noin!
Noin se acercó al umbral de la salida.
-¡No quiero hablar contigo de ningún asunto, estamos en nuestras últimas semanas de trabajo y quiero estar tranquila ¿Qué tal si te concentras también? ¿o mejor buscas a Lala Sun nuevamente para divertirte?
- ¡Sabes que eso fue solamente una vez! ¡En cambio tu lo conoces a él desde hace mucho antes! ¡Fuiste su mentora!
-¡No hables tonterías!
-¿Te acostaste o no con tu alumno , Noin?
- ¿QUÉ?
- O Tengo que ser más directo en la pregunta ¿ Estás esperando un Hijo mío o Heero Yuy?
De pronto, la proyección de la pantalla se apagó dejando a toda la plana mirando hacia la pareja principal.
"¿Qué?" "¿Escuché bien?"- susurraron algunos en voz baja- "no puede ser" decían otros.
Un gran foco se prendió en el escenario sobre Lady Une quien con una copa en la mano bebió hasta el fondo y tomó el micrófono.
—¡BIEN, AHÍ LO TIENEN! ¡Felicidades, NOIN! —exclamó Lady Une, aplaudiendo con un vaso en la mano y tambaleándose ligeramente por el alcohol—. ¡WOOOOW! ¡Parece que tendremos un pequeño piloto Gundam muy pronto! ¡Felicidades a los futuros padres! Pero… ¿a quién debemos felicitar exactamente? ¿A Miliardo… o al joven actor Heero?
Noin, inmóvil, miró con pánico la escena, enfocándose en su exalumno. Desde una esquina, Miliardo hervía de rabia, su mandíbula apretada. Habían espiado su conversación privada, y ahora estaba siendo expuesto frente a más de cien personas, incluidos varios reporteros que no tardaban en tomar fotografías de la incómoda situación.
Mientras tanto, Lady Une continuaba su espectáculo.
—¡A ver, Noin! ¿No quieres contarnos un poco más sobre tu estado actual? Vamos, ¡no te hagas la tímida! Y… ¡suéltenme! —gritó, mientras Trowa y Wufei subían al escenario a sujetarla, intentando poner fin a su escandaloso parlamento.
En medio de la tensión, Relena, de pie junto a Heero, comenzó a soltar lentamente su mano, temblando de incertidumbre.
—¿Es… esto real, Heero? —murmuró, su voz apenas audible.
Todos los ojos estaban sobre ellos. Relena sintió el peso de cada mirada, el juicio de toda esa gente que la acosaba con rumores, como si pudieran atravesarla.
Heero dudó. No sabía si debía exponer a Noin frente a todos o simplemente huir.
—Relena, yo… puedo explicarlo. Vamos afuera, por favor —susurró, tirando suavemente de su mano—. Ven.
La guió hacia la entrada, esquivando a la multitud y evitando cruzar miradas. Sin embargo, justo cuando estaban a punto de salir, el sonido del amplificador retumbó en el recinto.
—¡Esperen! —La voz de Noin resonó desde el escenario, obligándolos a detenerse.
Con el micrófono en mano, Noin se veía pálida. Sus ojos buscaron los de Heero, como implorando que entendiera su decisión.
—Lamento mucho que esta noche haya terminado con una revelación tan… inesperada —comenzó, fingiendo una sonrisa que no alcanzaba sus ojos—. Pero ya que estamos aquí, quiero confirmar algo. ¡Sí, estoy embarazada! Mi bebé y yo estamos en perfecto estado de salud, y… ya llevamos casi cinco meses juntos. —Hizo una pausa y trató de sonar entusiasta—. ¡Y todo esto fue preparado por nosotros para darles la gran noticia! ¡Gracias, Une, por ese video tan… "perfecto"!
Los aplausos fueron escasos, un murmullo de incredulidad recorriendo la sala.
—¡Somos muy felices! —continuó Noin, acariciando su vientre apenas perceptible—. Y, sobre el padre… —Dudó un instante, levantando su copa con una sonrisa fingida—. ¡Felicidades, Heero! ¡Brindemos por el futuro padre!
—¿¡QUÉ!? —gritó Duo, casi ahogándose con su bebida.
—¿¡CÓMO!? ¿¡ESCUCHÉ BIEN!? —se escucharon otras voces en la multitud.
Todas las miradas se dirigieron inmediatamente hacia la pareja que estaba a punto de salir. Heero negó con la cabeza, incrédulo, pero desde el escenario, Noin le hizo una señal afirmativa, instándolo a seguir su juego.
Él no podía creerlo. Le debía favores a Noin, sí, pero esta no era la forma de saldar cuentas. "No, Noin, esto no está bien", pensó, mientras la presión lo envolvía. Entonces, sintió cómo Relena soltaba su mano bruscamente.
—Relena… —balbuceó, pero ya era tarde.
¡BAM!
Las puertas se cerraron tras ella, dejando a Heero paralizado en medio del caos. Un nudo se formó en su garganta, y el pánico se apoderó de él.
Desde el escenario, los aplausos incómodos continuaban. Frente a él, vio el rostro sorprendido de su padre, el odio en los ojos de Hilde, y a Miliardo luchando por liberarse de Duo y Trowa, quienes intentaban contenerlo antes de que fuera directo por su cuello. Palmaditas incómodas en la espalda, susurros venenosos y el brillo de flashes iluminaban el lugar.
Heero dio un paso hacia atrás, decidido a ir tras Relena, pero alguien lo detuvo, sujetándolo del cuello con una sonrisa forzada.
—Más te vale subir a ese maldito escenario y dar la cara —susurró Odín Lowe, su tono firme pero protector—. Yo iré por ella.
AL DIA SIGUIENTE
Al día siguiente, la prensa y las principales portadas de espectáculos revelaron el estado de la actriz Lucrecia Noin. Los programas de farándula informaron, con aparente inocencia, sobre su embarazo y su relación con un actor mucho menor que ella. Además, hicieron un repaso de su vida amorosa, mencionando sus romances de juventud con Treize y su relación más reciente con Miliardo. La noticia tomó por sorpresa a todos, especialmente porque recientemente se había confirmado que Heero Yuy estaba comprometido con Relena Darlian, su compañera de trabajo, con quien aparentemente había iniciado una relación seria. Sin embargo, este inesperado embarazo desplazó todo lo anterior, convirtiéndose en el tema principal del día.
Los rumores no tardaron en multiplicarse, y los conductores de programas de espectáculos aprovecharon cada detalle para alimentar el escándalo en los días siguientes. Relena Darlian estaba desaparecida e incomunicada, y nadie parecía saber dónde encontrarla. Según los medios, la revelación del embarazo de Lucrecia Noin habría sido un golpe devastador para ella, al descubrir que Heero Yuy, su pareja, podría haberle sido infiel. La línea temporal del embarazo dejaba entrever que la relación con Noin había ocurrido mientras Heero ya estaba comprometido con Relena. ¡El escándalo era el plato fuerte del momento para la prensa rosa!
Heero quedó en el ojo del huracán tras todo el escándalo. Aunque estaba dispuesto a asumir la paternidad del niño, su situación se complicaba debido a un contrato ya firmado para trabajar en Nueva York, lo que significaba que estaría ausente durante el embarazo. La distancia hacía aún más difícil enfrentar la situación. Mientras tanto, los rumores seguían circulando sin cesar, y tanto su nombre como el de Lucrecia Noin se convirtieron en los más buscados del momento. Paradójicamente, el capítulo final de Gundam Wing vio un aumento exponencial en sus reproducciones, impulsado por el revuelo mediático que desató la noticia.
Dos días habían pasado desde aquella impactante revelación. Heero permanecía tumbado en la cama de un hotel, observando cómo giraba el ventilador en el techo. Había elegido esconderse allí para evitar el acoso de la prensa. Las cortinas permanecían cerradas, sumiendo la habitación en penumbra. Vestía la misma sudadera y shorts de hace dos días, y su rostro se ocultaba entre las sombras, marcado por el cansancio de largas siestas y ayunos interminables. Apenas si había comido, sobreviviendo con una lámina de queso que tomaba de las provisiones que Odín le subía al cuarto. Respirar, pensar, incluso fingir, le resultaba doloroso. El tiempo seguía avanzando, y él sabía que debía actuar. Quedaban pocos días para su viaje a Nueva York, y tenía que enfrentar la situación antes de que el peso de todo lo derrumbara. De pronto, el teléfono sonó. Corrió hacia él.
—¿Diga?
—¿Heero? ¿Eres tú? —La voz de Noin sonaba tensa al otro lado de la línea.
Heero, decepcionado, suspiró. No era la voz que esperaba escuchar. Él quería oír a Relena.
—Sí, soy yo.
—¡Al fin te localizo! —dijo ella, con un tono de alivio que rápidamente se tornó nervioso—. Escucha, no tengo mucho tiempo. Sé que lo que hice fue absurdo, apresurado, y… completamente irresponsable, pero estoy tratando de arreglarlo y…
—¡Noin, arruinaste mi vida! —espetó Heero con furia.
El silencio al otro lado de la línea fue tan pesado que parecía eterno. Noin apenas podía respirar.
—Preferiste destrozar mi vida antes que ser honesta contigo misma y con los demás. ¿Te das cuenta de lo que hiciste?
—¡Tuve que improvisar! —respondió ella, su voz quebrándose—. ¡No sabía que Une tenía preparada esa trampa con los videos detrás de cámaras! Ella estaba furiosa conmigo, es muy celosa, y yo… yo no supe qué hacer. —Comenzó a llorar, sus palabras entrecortadas por sollozos—. ¡Perdóname, Heero! Tengo tanto miedo de enfrentar a la prensa, así, sin saber siquiera quién es el padre de mi hijo…
—¿La prensa? —dijo Heero, con una mezcla de incredulidad y rabia—. Noin, por si no te habías dado cuenta, ya estamos enfrentándola. Pero, claro, ¿a quién están destruyendo? A mí. Yo soy el infiel, el imbécil, mientras tú quedas como una víctima intachable. ¿Eso querías, no? ¡Pues lo conseguiste!
Noin intentó responder, pero Heero no le dio oportunidad.
—No puedo creerlo. Yo te tenía en un pedestal. Siempre estuve agradecido por todo lo que hiciste, por cómo me ayudaste… pero esto… esto no te lo voy a perdonar jamás.
El silencio volvió a inundar la conversación. Heero esperaba alguna palabra, algo que lo desmintiera, pero Noin solo lloraba. Finalmente, él cortó la llamada.
Se dejó caer sobre la cama, cubriéndose el rostro con las manos. No podía permitirse un solo movimiento en falso que empeorara aún más la situación. Su reputación ya no importaba; lo único que deseaba era proteger la de Relena. Ella necesitaba estar bien, mantenerse fuerte en Japón y seguir adelante con su vida. Incluso si… —Heero tragó saliva con dificultad ante la idea—… incluso si eso significaba que ella decidiera deshacerse de él para siempre.
Lo único que quería era hablar con ella, explicarle todo, que entendiera la confusión. Él nunca había sido infiel. Todo había sido una improvisación de Noin, un acto desesperado para salir del paso. Pero claro, en su intento por cubrirse, lo había usado como un chivo expiatorio, como su única carta de escape. La verdad era que Noin no quería enfrentarse al caos de admitir que ni siquiera sabía si el padre de su bebé era Treize o Miliardo.
Heero apretó los puños con frustración. Todo lo que necesitaba era una oportunidad. Una sola oportunidad para que Relena pudiera escuchar la verdad antes de que todo se desmoronara por completo.
El sonido metálico de la chapa girando rompió el denso silencio, arrastrándolo fuera de su propia furia, un eco sordo en su mente llena de sombras. Se levantó de un salto, sus sentidos alertas, mientras el ruido de bolsas de supermercado y un suspiro largo anunciaban la llegada de Odin.
El hombre apareció en el umbral, cargado con las compras y una expresión cansada que intentaba disfrazar bajo una sonrisa.
—¿Heero? ¿Sigues durmiendo? —su voz pretendía ser despreocupada, pero había un filo de preocupación que no podía ocultar—. ¡Vaya! Al menos hoy no finges que duermes cuando llego. Te traje algunas cosas. —Intentó sonar ligero mientras cerraba la puerta detrás de sí. Su mirada, sin embargo, lo inspeccionaba con cuidado, buscando respuestas en aquel rostro perdido.
Odin dejó las bolsas sobre la mesa y, como si las palabras pudieran disipar la tristeza en el aire, continuó:
—Escucha, allá afuera las cosas siguen igual de complicadas. Algunos paparazzi todavía rondan por aquí, así que será mejor que no salgas. —Tomó una lata de refresco de una de las bolsas y la lanzó hacia su hijo, quien la atrapó con un gesto automático, casi sin mirarlo.
—¿Te sientes mejor? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio mientras comenzaba a sacar los víveres.
Heero apenas levantó la vista. Su voz llegó baja, apagada, como si arrastrara un peso invisible.
—Noin llamó.
Odin se detuvo. El movimiento de sus manos quedó suspendido en el aire, una caja a medio camino hacia la mesa. La atmósfera se tensó, cargada de un silencio incómodo que parecía no tener fin.
—¿Qué quería? —preguntó con cautela, su tono ahora grave, como si no quisiera abrir una puerta que no podría cerrar.
—Pedir perdón.
Odin dejó escapar una risa amarga, rascándose la cabeza con ironía.
—¿Perdón? —repitió con incredulidad—. Qué fácil es decirlo cuando todo ya está patas arriba. —Se inclinó hacia la mesa, buscando una cerveza que destapó con un movimiento mecánico—. ¿Y qué le dijiste?
Heero se limitó a encogerse de hombros. Su rostro, inexpresivo, no ofrecía respuestas. Odin suspiró con resignación, vaciando la cerveza en un trago largo. El silencio volvió a instalarse entre ellos, más pesado que antes, hasta que Heero se atrevió a romperlo con un susurro quebrado.
—¿Has sabido algo de ella?
Odin lo miró, calibrando cada palabra antes de responder.
—Sí.
El tiempo pareció detenerse.
—¿Está bien? —preguntó Heero, su voz cargada de una fragilidad que intentaba disimular.
—Está tranquila.
—Dime dónde está.
Odin negó con firmeza, el peso de su decisión reflejado en sus ojos.
—No.
La negativa golpeó a Heero como un mazazo. Sin pensarlo, se lanzó hacia su padre, lo arrinconó contra la pared con una fuerza desesperada. Pero su cuerpo traicionó su voluntad; los días de hambre y agotamiento lo habían debilitado. Odin lo apartó fácilmente, sosteniéndolo mientras forcejeaban.
—¡Dime dónde está! —exclamó Heero, la voz rota por la desesperación.
Odin lo sujetó con firmeza, pero su tono no fue de reproche, sino de una melancólica comprensión.
—Ella me pidió, Heero. —Su voz era baja, casi un susurro—. Me pidió expresamente que no te dijera dónde está.
Heero dejó de luchar, su fuerza se evaporó junto con las últimas palabras de su padre. Cayó de rodillas al suelo, derrotado por algo más pesado que cualquier golpe físico: la distancia irrompible entre él y Relena.
Sentada en una roca junto al lago, Relena contemplaba la piedra azul profunda del anillo entre sus dedos. Ya no lo llevaba en su anular; hacía días que había preferido guardarlo en el bolsillo, como si esconderlo pudiera aliviar el peso que sentía en el pecho. Frente a ese paisaje tranquilo, intentaba desconectarse de una realidad que la perseguía como una sombra. Había encontrado refugio en una pequeña hostal, donde Odín la había llevado aquella misma noche en que todo explotó.
Sus pensamientos la arrastraron de vuelta a esa escena, al instante exacto en que su mundo se desmoronó. Recordó cómo cruzó el umbral del restaurante y vio a Noin, con el micrófono en la mano, anunciando que Heero era el padre del niño que esperaba. Fue como si el suelo se abriera bajo sus pies. No pensó, solo reaccionó. Salió corriendo, sintiéndose observada por todos, con las miradas quemándole la espalda.
El corazón le latía con fuerza desbocada, cada golpe más doloroso que el anterior. Al llegar a la esquina, se detuvo jadeando, intentando recuperar el aliento. Una lágrima cálida surcó su mejilla, y con manos temblorosas se la limpió. "No... no puede ser verdad", se repetía a sí misma como un mantra, pero las dudas eran un veneno que se infiltraba en su mente. "Cinco meses", calculó mentalmente, "hace cinco meses estábamos juntos... no... y si es verdad..."
Gotas de lluvia comenzaron a caer, mojando la calzada y borrando poco a poco las huellas de sus pasos. La noche parecía llorar con ella, pero no podía detenerse. Quiso seguir corriendo, alejarse de todo y de todos, cuando de repente alguien la tomó del brazo.
—¡Heero, suéltame! —exclamó, luchando por liberarse—. ¡Suéltame!
—¡No soy Heero, mírame! —la voz firme hizo que levantara la vista.
Era Treize. Su rostro estaba demasiado cerca, y al reconocerlo, lo soltó de inmediato y retrocedió instintivamente.
—Relena, te llevaré a un lugar seguro. Lo que acaba de pasar es terrible, ven conmigo.
Ella lo miró con desconfianza, el corazón todavía agitado.
—¡Déjame sola! —le gritó, y dio media vuelta para seguir caminando bajo la lluvia.
—Relena, la prensa irá tras de ti. Puedo ayudarte.
Se detuvo y lo miró por encima del hombro, incrédula. Antes de que pudiera responder, una voz grave interrumpió.
—¡ELLA VIENE CONMIGO!
Odín apareció corriendo hacia ellos, con el cigarrillo encendido entre los labios y una expresión que mezclaba furia y autoridad.
Treize se plantó entre ellos, como si estuviera dispuesto a defender su posición.
—Me niego a dejar a una dama en manos de un cualquiera.
Odín entrecerró los ojos, tomando una calada larga antes de hablar.
—¿Un cualquiera? ¿A mí? —dijo con un tono bajo, cargado de amenaza—. Escúchame bien, mocoso: yo no soy un cualquiera. —Arrojó el cigarro al suelo y lo pisoteó con fuerza—. Soy su suegro, idiota. Ahora, aparta tu elegante trasero o tendré que apartarlo yo, a golpes.
Relena lo observaba en silencio, aún más confundida.
—Vamos, Relena, pediré un taxi —dijo Odín sin apartar la mirada de Treize, como un lobo marcando territorio.
Silbó y detuvo un vehículo con un gesto seguro. Mientras ayudaba a Relena a subir, lanzó una última advertencia.
—Eres bastante rápido, Treize, pero no lo suficiente. Y que te quede claro: esta princesita tiene dueño. Y no eres tú.
Las palabras de Odín eran afiladas como cuchillos, dejando a Treize inmóvil bajo la lluvia mientras el taxi se alejaba. Relena, en el asiento trasero, miró por la ventana las gotas caer, esperando que su compañero interrumpiera con palabras el viaje del cual no sabía el rumbo.
—Sabes que no es verdad ¿no es cierto Relena? - dijo de repente Odín.
Ella giró tan fuerte que sintió su cuello doler.
- Heero te ama. El no te engañaría.
Relena tomó con su otra mano la roca en su dedo anular nerviosa. En el fondo sabía que algo extraño estaba pasando. Una lágrima recorrió su mejilla.
-¿Qué lo hace estar tan seguro? después de todo usted no ha estado siempre con él - respondió sin mirarlo
- Es mi hijo, Relena. Hay cosas que sabemos.
Una ola fría golpeó su pie desnudo, arrancándola de sus pensamientos y devolviéndola al presente. La fuerza del agua la desequilibró y, en ese instante, su anillo de compromiso resbaló de entre sus dedos, hundiéndose en la arena bajo el agua.
—¡Mierda! —exclamó con frustración, viendo cómo desaparecía de su vista.
Por suerte, la marea estaba baja. Se apresuró a bajar de la roca en la que estaba sentada, el agua salpicando hasta sus rodillas. Alzó un poco la falda para no mojarla más de la cuenta y comenzó a buscarlo con manos temblorosas, revolviendo entre la arena húmeda, los moluscos y las rocas. Su respiración era agitada, no por el esfuerzo físico, sino por el pánico de perderlo para siempre.
De repente, algo brilló bajo las pequeñas olas. El intenso azul prusiano del anillo relucía tímidamente, como si aún le perteneciera al mar. Sus dedos lo atraparon con cuidado, como si fuera un tesoro invaluable, y lo llevó contra su pecho. Cerró los ojos, sosteniéndolo con fuerza, mientras el alivio mezclado con nostalgia le atravesaba el alma.
No podía evitar pensar en él, en donde estaría en ese momento, en cómo lo estaría pasando. "Seguramente mal", se dijo a sí misma, apretando el anillo con más fuerza en su bolsillo. Sin importar la distancia o las circunstancias, aquel objeto seguía siendo un puente entre ambos, un recordatorio de que, en el fondo, ninguno de los dos estaba realmente bien.
Una niña apareció corriendo desde el hotel cercano, descalza y con los pies llenos de arena. Su cabello se movía al compás del viento, y su voz agitada rompió el suave murmullo de las olas.
—¡Señorita, tiene una llamada importante! —dijo con urgencia, señalando hacia la recepción.
Relena frunció el ceño, desconcertada. "Imposible", pensó. Nadie sabía dónde estaba. Solo Odín conocía su ubicación, y ese pequeño hotel frente a una playa desierta no era el tipo de lugar donde alguien la encontraría fácilmente. Intrigada y algo nerviosa, se levantó del roquerío, sacudiéndose la arena de la falda, y siguió a la niña hasta la entrada de la vieja casa tradicional que servía como recepción.
El teléfono colgaba en una esquina, antiguo y con un cable enredado que parecía haber visto mejores días. Relena levantó el auricular con cautela, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.
—¿Hola? —preguntó con voz suave, casi temblorosa.
La línea respondió con una voz conocida, clara, pero inesperada.
—¡Relena, hija querida! ¿Estás bien?
Relena quedó congelada, incapaz de procesar de inmediato lo que acababa de escuchar. No esperaba esa voz, no en ese lugar y mucho menos en ese momento. Pero, para su sorpresa, no la sintió intrusiva como en tantas ocasiones anteriores. Había algo distinto, algo más cálido, casi... humano. Por primera vez en mucho tiempo, no sintió la necesidad de levantar una barrera defensiva.
—Estoy bien, madre —respondió, alzando la vista hacia el techo de madera envejecida de la recepción, como si buscara un refugio en esas palabras.
—Eso es todo lo que necesitaba escuchar —respondió su madre, con un alivio palpable que cruzó la distancia como un abrazo invisible.
—¿Cómo conseguiste mi ubicación?
—No hay nada que una madre no pueda averiguar, y ya sabes, Tony...
—Tony —dijeron al unísono.
Un silencio ligero, lleno de complicidad, se deslizó entre ambas, como si en ese momento todo el peso del pasado se disipara un poco.
—Por favor, no le digas a nadie que estoy aquí —pidió Relena, casi suplicante.
—¡Ni por los dioses! —respondió su madre, con una mezcla de seriedad y humor—. Aunque debo decirte que hay un interés tremendo por tus declaraciones. Supongo que prefieres no saber qué está pasando.
—Prefiero no enterarme —respondió fría, aunque un leve temblor en su voz traicionaba el esfuerzo por mantenerse firme.
—Bueno, ahora que sé que estás bien... —su madre suspiró con resignación, como si soltase un peso que llevaba consigo—. Me quedo tranquila, Relena.
Hubo otro silencio, más profundo esta vez. Relena dudó si añadir algo o simplemente colgar. Finalmente, rompió la pausa.
—Madre... gracias por preocuparte.
La respuesta fue inmediata, cálida.
—No hay de qué, hija.
El clic del auricular al ser colgado resonó en el aire, pero el eco de esas palabras se quedó con Relena, envolviéndola en una sensación inesperada de paz.
