*·*·*·

Las vacaciones que Candy y Terry pasaron en Chicago junto a sus amigos y familia, sobre todo con la señorita Pony y la hermana María, fue realmente revitalizador para la rubia, quien los extrañaba un montón viviendo en otro estado.

-Estás cansada? – preguntó el joven esposo girándose para ver a su esposa – si quieres puedo cargarte, no debes esforzarte tanto amor.

-Estoy bien – dijo la rubia que caminada detrás de su esposo – me gusta caminar a la colina.

-No debí aceptar esto – dijo deteniéndose – no es bueno en tu estado.

-No te preocupes mi amor – sonrió para tranquilizarlo – es bueno caminar de vez en cuando, todos estos días no me dejaste venir aquí.

-Entonces deja que te cargue.

-No, quiero caminar – dijo adelantándose y ser ahora ella quien lo llevara de la mano – ya no falta mucho, vamos! – lo alentó a seguir.

La pareja recorrió lo que quedaba de camino para llegar a la colina, cuando lo hicieron Candy giró abriendo los brazos para sentir el aire fresco de aquel lugar, se sentaron bajo la sombra del gran árbol, pues por el estado de la rubia no podían subir a sus ramas.

-El próximo verano vendremos con nuestro hijo. – dijo apretando los brazos de su esposo que rodeaban su abultado vientre.

-Estoy seguro que amará este lugar – besó su nuca, Candy estaba sentada frente a él apoyando su espalda en el pecho del castaño – así como lo amamos nosotros.

El verano pasado habían estado de vacaciones en el hogar de Pony, pero solo se quedaron una semana, pues el trabajo del castaño le había impedido permanecer más tiempo allí.

-Terry…

-Dime amor. – acercó su rostro al de la rubia para mirarla – ya quieres regresar?

-No – respondió en seguida – solo estaba pensando que ya deberíamos buscar nombre para el bebé.

-Creo que tienes razón – asintió – has pensado en alguno?

-Pues… - dudó un poco. – no te enojes… pero…

-Vamos amor, ya dímelo – la instó a que se lo dijera.

-Yo quería… si fuera un niño…

-Quieres que se llame Anthony? – la rubia se giró para quedar frente a él.

-Bueno… sí – confirmó – pero Albert ya le puso así a su hijo.

-Entonces?

-Quiero que se llame como tú.

-Candy… - la rubia sabía que Terry no quería que sus hijos llevaran su nombre, el castaño creía que eso les daría mala suerte, pues había leído que el destino lo llevabas unido al nombre. – no creo que sea una buena idea.

-Por qué? – lo miró fijamente – no creo que la suerte esté en el nombre.

-Y si lo está? – dijo con seriedad – no quiero que nuestro hijo sufra igual que yo.

-No lo hará porque nos tendrá a nosotros – aseguró – a mí me gusta tu nombre…

-Déjame pensarlo, de acuerdo? – dijo al ver una capa de angustia en los ojos de su esposa.

-No lo digas solo para que no insista, de verdad considéralo.

-De acuerdo – dijo riendo, pues su esposa lo conocía muy bien. – ahora, si fuera niña, como la llamaremos?

-Me gusta el nombre de Lily o Rose.

-Son bonitos, nombres de dos bellas flores.

-Tú pensaste en algunos?

-Pues si fuera niño… Graham, como mi abuelo – su abuelo había sido bueno con él cuando era niño – y Candice, si fuera niña.

-Me gusta Graham y ese es tu segundo nombre – dijo sonriente – pero Candice…. – hizo una mueca – sinceramente no me agrada que lleve mi nombre.

-Por qué? A mí me gusta.

-Bueno… me siento rara, es todo.

-Entonces qué haremos? – dijo sonriendo ante el dilema – lo escogemos a la suerte?

-No. – dijo segura y tajante – el nombre de nuestro bebé debe ser escogido adecuadamente, no al azar.

-Estoy de acuerdo contigo en eso, podemos seguir buscando más opciones o analizamos los que ya tenemos y el que nos parezca mejor es el ganador.

-Me parece buena idea.

Se quedaron en la colina hasta el atardecer, para el almuerzo, Candy, con la ayuda de la señorita Pony, había preparado una cesta con emparedados, fruta, ensalada de papa y jugo, aunque la rubia quería quedarse allí hasta el anochecer para ver las estrellas; su esposo la instó para regresar al hogar y descansar.

*·.*.·*

Las semanas pasaron y el vientre de Candy crecía más y más, la incomodidad por el peso que cargaba y la fatiga que sentía estaba afectando el carácter dulce que todos conocían de la rubia.

-Me siento incómoda mamá… - se quejó acomodándose por tercera vez en su asiento.

-Es normal cariño – dijo su madre con una voz dulce y comprensible – cuando estaba embarazada de Henry me puse de mal humor el último trimestre.

-De verdad? – dijo acariciando su vientre.

-Le gritaba a tu padre todo el tiempo – ambas rieron – mi vientre era enorme al sexto mes y me sentía incomoda.

-Yo… - pensó lo que iba a decir – no le grito a Terry; pero…

-Te molesta verlo cómodo y tranquilo mientras tú estás incómoda y cansada casi todo el tiempo. – afirmó.

-Cómo lo sabes!? – cuestionó preocupada pensando que era tan obvio como se sentía que le supo mal.

-Eso les pasa a casi todas las mujeres que están en gestación, bueno, eso cuando la fecha del alumbramiento está cerca. – lo sabía por su profesión, vio ese comportamiento en muchas mujeres.

-Pero… después me siento mal – confesó bajando la cabeza – Terry se porta muy bien conmigo, siempre está tratando de ayudarme en todo lo que pueda.

-No te preocupes cariño – su madre la vio sensible – estoy segura que él entiende por lo que estás pasando.

-Pero no debería ser así – su madre la miró atentamente – yo quise tener a mi bebé, Terry no me obligó a que lo tuviéramos y a veces me comporto como si así fuera.

-Bueno… - Heather acarició el rostro de su hija – entonces discúlpate con él, dile que lo haces sin querer.

-Lo haré – sonrió ante el consejo de su madre – le diré como me siento.

Esa mañana madre e hija disfrutaron de su momento juntas, su madre le contó cómo había sido su embarazo cuando la esperaba a ella. Más tarde Annie y Diana se unieron a ellas y juntas tomaron el té hasta que sus maridos regresaron de su día de pesca.

*·.*.·*

En la noche, Candy estaba con Terry en la privacidad de su alcoba, durante la cena la rubia no había hablado mucho, el castaño al darse cuenta de su incomodidad la llevó a descansar temprano.

-No sabía que el elegante tenía tal destreza en la pesca. – el joven salía del cuarto de baño secándose el cabello.

-Pues… - la rubia dejó el libro que estaba leyendo en la mesita cerca de su cama – déjame decirte que el portón de Archie es el de agua – el castaño la miró sin entender.

-Y qué es eso del portón? – Candy le contó cómo había conocido a Archie y le describió como era su portón.

-Y todo este tiempo creí que al elegante le gustaban los lugares sofisticados y snobs, lo veía como esas personas que escapaban de la naturaleza.

Ya vestido con su ropa de dormir el joven marido se acercó a su esposa para dejar un beso en su frente.

-Estás bien amor. – el castaño se sentó en la cama frente a ella. – estás cansada?

-Sí – sonrió con dulzura cuando Terry tomó uno de sus pies y comenzó a masajearlos.

-Tu padre me dijo que era normal que tus pies se hincharan.

Candy sonrió más al oír aquello, desde que se enteraron de su embarazo, Terry estaba al pendiente de ella y su bebé, siempre consultaba con sus suegros cada cambio que tenía su esposa y qué debía hacer para apoyarla.

-Quisiera ser yo quien sienta las incomodidades y los dolores que padeces – besó su pie y tomó el otro para darle el mismo tratamiento – no me gusta ver como sufres con las náuseas, mareos, los pies hinchados y la incomodidad del cambio en tu cuerpo.

-Te amo Terry – acarició el rostro de su esposo al decirlo – sé que tú harías todo para que yo no tenga ninguna dolencia o malestar, sé que he estado algo irritada este tiempo y te pido perdón por eso…

-No mi amor – la interrumpió – no tienes que disculparte por nada.

-Sí tengo… - ahora ella lo interrumpió – he sido injusta, no me he portado bien contigo este último mes, cuando lo único que hiciste fue consentirme.

-Lo hago con gusto mi amor.

-Lo sé… - el castaño limpió las pequeñas lágrimas que escaparon de los ojos de su mujer – me lo demuestras todos los días… te amo y amo a nuestro bebé, todo esto es parte de la experiencia y me gusta sentirla, porque así sé que nuestro hijo… - se acarició el vientre – está creciendo aquí.

-Los amo a los dos – besó el vientre de su esposa – son lo más importante en mi vida, nunca dudes en haría todo por ustedes.

-Yo también haría todo por ustedes mi amor. – repitió las palabras de su esposo – trataré de comportarme más amablemente contigo – prometió.

-No te preocupes por eso – sonrió y besó levemente los labios de su esposa – si te sientes incómoda y yo puedo hacer algo para ayudarte solo dímelo, eso me hace sentir parte de tu embarazo.

Candy no pudo evitar derramar sus lágrimas, Terry siempre la apoyaba y consentía en todo, todos los días le demostraba lo agradecido que estaba por tenerla a su lado. El castaño había prometido amarla por el resto de sus días y lo estaba cumpliendo, es por eso que la rubia trató de no desquitar sus incomodidades con su esposo, es más, lo hacía participe de todo lo que sentía y cada vez que el bebé se movía se lo informaba para que también lo sintiera.

*·.*.·*

Estaban a mediados de agosto, el vientre de Candy estaba enorme, la rubia estaba próxima a convertirse en madre, los nervios y preocupación de Terry estaban por las nubes, ese había sido el primer motivo por el cual había decidido no participar en la siguiente obra. Como Terry residía en Nebraska, viajaba un mes antes del estreno de cada obra a Nueva York para los ensayos finale; Robert había aceptado aquel trato porque no estaba dispuesto a perder a su mina de oro.

-Cómo te has sentido cariño? – preguntó su madre midiéndole la presión.

-Muy incómoda desde ayer.

-Ya estamos en la fecha, tu padre dijo que el bebé nacería de un momento a otro.

-Estoy asustada mamá… - confesó.

-No lo estés cariño – se sentó a su lado – tu padre y yo estaremos cerca.

-Terry podrá estar presente, verdad?

-Ya hablamos eso con el médico y no es propio en el hospital mi amor.

-Pero… - dijo angustiada – quiero que Terry esté a mi lado.

-Lo sé cariño; pero por políticas del hospital no será posible.

-No te preocupes mi amor – dijo Terry entrando en la habitación – estaré afuera, esperando a que nazca nuestro hijo. – besó su frente – cómo está su presión? – miró a su suegra.

-Bien, nada de qué preocuparse. – respondió la madre. – ya llegaron Richard y Eleonor?

-Sí, están en la sala con Patrick . – informó el castaño.

-Iré a saludarlos.

Esa mañana los padres de Terry llegaban a Nebraska para estar presentes en el nacimiento de su primer nieto, el castaño fue a la estación para recogerlos.

-Cómo están mis amores? – el actor se acercó al vientre y dejó un beso en él. – oh! Sentiste eso amor? – miró a la rubia – acaba de patear.

-Sí – confirmó la rubia con una sonrisa – ha estado inquieto toda la mañana.

-Ya debe estar impaciente por conocerte.

-Por conocernos – corrigió la rubia – se mueve más cuando le hablas, le gusta oír tu voz.

-Ya quiero tenerlo con nosotros.

-Sólo falta un par de semanas – la rubia acarició su vientre – y nuestro bebé estará pronto con nosotros.

-Ya no puedo esperar.

La pareja estaba conversando sobre la próxima llegada de su bebé cuando escucharon la voz de Eleonor detrás de la puerta pidiendo el acceso.

-Candy, cómo estás linda? – la emocionada abuela se acercó a la rubia para saludarla.

-Eleonor… - dijo sonriente – estoy bien, algo cansada nada más.

-Es normal cariño, yo me sentía igual antes de que Terry naciera.

-En serio? – cuestionó interesada.

-Así es – confirmó la rubia mayor mirando a su hijo y nuera – no dejaba de moverse, estaba acomodándose para nacer, pero parecía que estuviera corriendo dentro de mí. – la rubia sonrió con lo último.

-Mi padre dijo que eso estaba haciendo el bebé.

-Ah… ya quiero ver a mi nieto, le trajimos muchos regalos.

-No te imaginas cuantos – dijo Terry mirando a su esposa.

-Por qué no vas a traer la maleta. – le pidió su madre.

-Ya me imaginaba que dirías eso. – dijo el castaño poniéndose de pie – no la canses. – dijo antes de salir.

-Está más protector que nunca, cierto?

-Así es. – confirmó la rubia sonriendo – no deja que haga nada, incluso no quiere que camine ni al baño.

-Ya me lo imaginaba. – dijo la madre sonriendo – Terry es muy protector contigo y lo será también con el bebé, ya me lo imagino. – dijo poniendo cara de pena haciendo que Candy riera divertida.

-Es lo que me dijo. Pero está bien, me gusta que me proteja.

Poco después Terry y su padre entraron a la habitación con una gran maleta llena de regalos para el bebé y también para Candy, la rubia se sorprendió al ver que le llevaron desde ropita juguetes y mantas al bebé, sus suegros no habían escatimado en gastos, pensó que si sus padres no le hubieran regalado ya los muebles para el cuarto del bebé, el duque lo habría hecho con gusto.

*·.*.·*

Eran las 2:40 de la madrugada y Candy se movía de un lado a otro en la cama. Estaba incómoda y sentía leve dolor en el bajo vientre.

-Estás bien amor… - dijo Terry sentándose – has estado moviéndote mucho, te duele algo?

-Terry… - la rubia también se sentó – creo que ya es hora…

-Qué!? – el castaño se asustó al por aquello, pues aún faltaba una semana para que naciera su bebé.

-Me duele… mucho…

-Ok, tranquilízate amor, llamaré a tus padres. – dijo poniéndose rápidamente de pie.

-Apresúrate, por favor! – lo urgió, no pasó ni tres minutos y los padres de Candy ya estaban en la habitación con ella.

-Cómo te sientes cariño? – su madre se acercó para acariciar su espalda.

-Me duele mamá… - dijo con dolor en el rostro – me duele mucho…

-Desde hace cuánto te duele cariño? – cuestionó su padre sacando su estetoscopio, Terry estaba cerca de su esposa tomando su mano.

-Desde la tarde…

-Y por qué no dijiste nada mi amor? – Terry estaba molesto con él mismo al no darse cuenta.

-Creí que era una falsa alarma – excusó – como la última vez.

-Heather, mide su presión. – dijo su esposo escuchando el corazón de su hija.

Después de medir el pulso y presión de la rubia, Patrick confirmó lo que temía, su hija estaba en labor de parto.

-Tendrás al bebé aquí cariño.

-Qué… pero…? – Terry estaba confundido y asustado.

-No habrá tiempo para llegar al hospital, el bebé está en camino.

-No te preocupes mi amor – dijo Heather al ver miedo en el rostro de su hija – pronto tendrás a tu bebé en tus brazos. – miró el rostro preocupado de su yerno - Hemos asistido muchos partos, estarán bien. – le dijo al castaño, quien solo asintió con la cabeza.

La hora había llegado, Terry estaba junto a su esposa apoyándola mientras traía al mundo a su bebé, Eleonor ayudaba a Heather en el parto, Patrick controlaba el pulso de su hija esperando que su presión se mantuviera estable. Afuera, Richard y Henry estaban esperando noticias sobre el próximo nacimiento.

-Vamos mi amor… - decía Terry mientras acariciaba la espalda de su esposa – no falta mucho para que conozcamos a nuestro bebé.

-Sí… - Candy estaba esforzándose, por más dolor que sentía no perdía su sonrisa.

-Vamos Candy, un poco más – le instaba su madre – puja cariño, tu bebé ya casi está aquí.

Candy hizo lo que su madre le pidió y pujó con todas sus fuerzas; un fuerte llanto llenó la habitación, la rubia estaba agotada; pero una enorme sonrisa decoró su rostro al oír la voz de su bebé.

-Ya está aquí amor… - Terry besaba su rostro – trajiste a nuestro bebé con nosotros.

-Quiero verlo… mamá… quiero verlo. – pidió la joven madre llorando.

-Es un niño hermoso Candy – Eleonor le puso en los brazos a su bebé.

-Nuestro hijo Terry… es nuestro bebé… - dijo besando la cabecita del bebé, los abuelos miraban emocionados la escena.

-Sí mi amor… solo nuestro – besó levemente los labios de la rubia sin importarle que su madre y suegros estaban en la habitación.

-Iré a informarle a Richard que ya es abuelo. – dijo Eleonor con una sonrisa dirigiéndose hacia la puerta. Cuando le dijo a Richard que su nieto había nacido se puso más que contento al saber que era un niño.

-Voy a limpiarlo cariño. – después de unos minutos, Heather se acercó para tomar al bebé.

-Sí. – vio a su madre llevar a su bebé hacia la bañera que habían preparado con agua caliente – ahh! – se llevó las manos al vientre.

-Candy! – Terry se asustó al oír el grito de su esposa – qué pasa amor!?

-Duele…

-Candy… - su padre escuchaba con el estetoscopio el corazón y luego vientre de la rubia.

-Qué pasa? – Heather le dio el bebé a Eleonor y se acercó rápidamente a su hija – Candy… - miró a su esposo, quien asintió - debes ser fuerte… - le dijo con seriedad.

-Mamá… qué pasa?

-Heather, qué sucede? – la voz de Terry tembló ante lo que su suegra podría decirles.

-Cariño… - habló Patrick desconcertado – otro bebé viene en camino.

-Qué!? – dijeron al mismo tiempo los nuevos padres.

-Vamos Candy, debes esforzarte una vez más para traer a tu otro bebé al mundo.

-Sí… - la rubia estaba claramente cansada y eso preocupaba a su padre.

- Estoy contigo mi amor – aunque el castaño estaba asustado, se mostró tranquilo para infundirle fuerzas y seguridad.

Candy estaba realmente exhausta y no era para menos, hace menos de 10 minutos atrás había dado a luz a su primer hijo; pero estaba sacando fuerzas de donde no había para traer al mundo a su segundo bebé.

Patrick media los signos vitales de su hija, estaba preocupado, pues el ritmo cardiaco de su hija estaba cada vez más alto. Heather estaba concentrada en traer a su nieto al mundo; pero a cada instante preguntaba cómo estaba el pulso de su hija.

-Ya no puedo más… Terry… - dijo la rubia llorando y cayendo hacia atrás.

-Un poco más amor… - el castaño se sentía impotente, ver a su esposa en aquel estado de fatiga lo mataba.

-Estoy cansada… - no dejaba de llorar al no tener fuerzas suficientes para ayudar a su bebé a nacer – ya no puedo…

-Claro que puedes mi amor – le dijo besando su frente – recuerda lo valiente que eres, tú eres fuerte mi amor, hiciste muchas cosas sola, no le temes a nada, recuerdas? – besaba constantemente la mejilla de su esposa – vamos mi amor… ayuda a nuestro bebé a que nos conozca…

Candy escuchó la voz de Terry, sintió su miedo y su súplica, ella también quería ver a su bebé así que sacó fuerzas y pujó más y más hasta que finalmente sintió a su bebé nacer, segundos después escuchó su llanto y supo que su familia estaba completa.

-Es una niña mi amor. – su madre estaba llorando mientras le mostraba a su hija.

-Una niña… - dijo sonriendo – escuchaste Terry… una niña.

-Sí… - Terry estaba llorando – sí pecosa… - abrazó a su esposa con fuerza – lo hiciste bien mi amor… siempre lo haces bien.

Patrick media el pulso de Candy, pero al ver el estado emotivo de su yerno se alejó un poco para darles un poco de espacio, por suerte todo estaba bien con los signos vitales de su hija. Eleonor se acercó a su hijo con su nieto en brazos y después de limpiar a la bebé, los padres de la pareja dejaron la habitación.

-Terry… - la rubia trató de abrazarlo, pero tenía en brazos a su bebé. – ya están aquí – miró a sus bebés.

-Te amo mi amor. – besó sus labios, él tenía en brazos a su hijo. – eres la mujer más fuerte que he conocido.

-Yo también te amo mi amor. – respondió la rubia – tú me ayudaste, tuve miedo de no poder lograrlo; pero lo que me dijiste me dio fuerzas.

-Yo también tuve miedo… - confesó – no quiero ni pensar que algo podría haberte pasado.

-Qué podría haberme pasado mi amor?

-Tu padre decía que tu ritmo cardiaco estaba subiendo mucho y eso es malo, verdad?

-Sí; pero…

-Eso me asustó. – la interrumpió – muchas cosas pasaron por mi mente en ese momento.

-Pero ya pasó, ahora tenemos a nuestros hijos con nosotros.

-Nuestros hijos… - el castaño miró a sus bebés y luego a su esposa – eres increíble mi amor, trajiste a la vida a dos seres el mismo día – Candy lo miraba sonriendo – y ambos son tan pecoso como tú. – sonrieron ante la broma de su esposo.

-No empieces a molestarlos – dijo riendo.

-Estás cansada? – la vio bostezar.

-Un poco.

-Entonces duerme – besó su frente, luego puso a su hijo en la cunita que su padre les regaló, después tomó en brazos a su hija y antes de ponerla junto a su hermanito besó su frente, pues por el susto no la había saludado como debía. – mis hijos… - miró a los bebés dormiditos cerca de su madre – mi familia está completa – miró a su esposa dormir – solo seremos nosotros cuatro mi amor… ya no quiero verte sufrir de esa manera. – dijo bajito besando la sien de la rubia.

Terry veló el sueño de su esposa y sus bebés toda la noche, Heather y su madre lo ayudaron un poco, pues él no sabía mucho sobre bebés, los abuelos y el tío brindaron en honor a sus nietos y sobrinos, esa madrugada Candy y Terry se convirtieron en padres.

*·.*.·*

Era verano y el clima invitaba a pasar el día fuera, bañarse en el lago y disfrutar de un momento ameno en familia; pero para el castaño no era así.

-Te ves cansado – Richard estaba en la sala disfrutando de una taza de té – no dormiste anoche?

-No mucho, Rose está no nos dejó dormir en toda la noche.

-Qué tiene mi nieta!?

-Tuvo fiebre anoche, Candy dice que es porque le está saliendo los dientes.

- Cómo está mi nieto, él no tiene fiebre? - el castaño negó con la cabeza.

-No, Graham está bien.

-No puedo creer le pusieras el nombre de tu abuelo. – dijo molesto, pues fue su padre quien lo obligó a abandonar a Eleonor y casarse con la que fue su esposa.

-No le puse Graham solo por mi abuelo, recuerda que ese también es mi nombre, prefiero que se llame así y no Terry, como quería Candy.

-Ese era mejor. – dijo su padre desviando la mirada, nunca perdonó a su padre por lo que hizo.

-Mi abuelo siempre fue bueno conmigo – dijo bajito, pero el duque lo escuchó – antes de morir me pidió perdón – su padre lo miró asombrado – me dijo que a quien más daño hizo fue a mí, por eso siempre me consintió y apoyó en todo. – había sido él quien había fomentado aquel carácter mimado y rebelde en el castaño.

-Bueno, supongo que al final se arrepintió de lo que hizo. – nunca imaginó que su padre se disculpara con alguien, pues era el hombre más frio y orgullosos que había conocido en toda su vida.

Terry y Candy habían decidido bautizar a sus hijos en Escocia, donde habían pasado el mejor verano de sus vidas; ahora la villa que el duque de Grandchester estaba llena por las visitas, pues la familia de la rubia, Albert, su esposa e hijo habían viajado junto a la pareja para celebrar tal acontecimiento, sólo Archie y Annie no pudieron viajar por el estado de salud de la madre de la morena.

-Ya están listos amor? – preguntó el castaño tomando en brazos a su hijo, quien vestía un marinerito blanco. Su hijo era idéntico a él; pero con ojos tan verdes como los de su madre.

-Sí – respondió la rubia terminando de ponerle un sombrerito blanco con encajes a su pequeña hija – oh Terry, mira lo linda que se ve Rose con el gorrito!

-Preciosa – se acercó para besar la mejilla de su pequeña – tan bella como su madre. – ahora besó los labios de su esposa. – ella solo heredó el color de mis ojos, miró a su hija, lo demás es tuyo, hasta se quedó con tus pecas.

-Creo que alguien se puso celoso – dijo la rubia riendo del puchero que Graham hacía, el niño estaba a punto de llorar.

-Qué pasa campeón? – no pudo evitar reír al ver la carita de su hijo – también hay uno para ti – dijo besando el cachetito de su hijo mayor - tú también querías pecas? – cuestionó juguetón – pues te quedaste con el lunar seductor de la abuela.

-Terry, no le digas esas cosas – dijo la rubia riendo – no quiero que mi hijo sea un seductor, él será un niño bueno y tranquilo. Verdad mi amor? – dijo besando a su bebé.

-Pues esas cosas se heredan mi amor. – la miró con una sonrisa de lado – y puede que haya heredado eso de ti.

-Yo no soy una seductora! – dijo golpeando su brazo.

-Pues, la otra noche…

-Ya basta, mejor apurémonos que ya nos esperan. - lo empujó sonrojada, los bebés solo los miraban sin entender.

-Oh! Pásame a mi princesita – dijo Eleonor al ver a su nieta, quien ya extendía sus brazos hacia su abuela – está hermosa – besó su mejilla.

-Y mira a este caballerito – dijo Heather mostrándole a su nieto con su marinerito – no está hermoso?

-Oh… - los ojos de Eleonor se aguaron al ver a su nieto con un traje idéntico al que una vez le puso a su hijo – está bello.

-Ya mamá – Terry rodeó sus hombros y la acercó a él – tendrás mucho porque llorar durante la ceremonia.

-Oh, Terry! No seas insensible. – aunque haya dicho aquello le agradeció a su hijo que la abrazara de aquella manera.

La ceremonia se llevó a cabo en la capilla que había en el pueblo, Albert y su esposa fueron los padrinos del pequeño Graham; Henry y Karen, que ahora eran novios, fueron los padrinos de la pequeña Rose. Los padres de Candy y Terry ofrecieron una pequeña recepción por el bautizo de sus nietos en la villa de los Grandchester donde brindaron por la salud y bienestar de los bebés Grandchester - Cohen.

*·.*.·*

El invierno había sido crudo aquel año, la nieve cubría cada centímetro de la calle, los tejados estaban cubiertos por una capa blanca de nieve, el frio se sentía hasta los huesos; pero para dos niños de cuatro años, parecía que fuera verano, pues al estar en movimiento constante no sentían el frio que sentía su madre.

-Graham, tengo que abrigarte! – Candy corría detrás de su hijo con su abrigo en mano.

-Mami está nevando otra vez! – gritaba el niño mirando por la ventana.

-Sí mi mor; pero deja que te ponga el abrigo y…

-Yo también quiero salir a la nieve mami! – escuchó la vocecita de su hija, quien tiraba de su abrigo.

-Espera mi amor, tengo que abrigarlos primero. – le ponía una bufanda a Graham.

-Pero mami se va a acabar… - trataba de abrir la puerta.

-Rose… - tomó su abrigo para ponérselo – espera cariño, deja que te ponga tu abrigo y gorro…

-Yo ya puedo salir? – ahora era Graham quien intentaba abrir la puerta.

-Ninguno saldrá a jugar en la nieve si siguen comportándose de esa manera. – escucharon la voz autoritaria de su padre.

-Ah… Terry, gracias a Dios ya estás aquí. – dijo la rubia con un suspiro.

-Papi! – los niños corrieron para abrazar y besar la mejilla de su padre.

-Les dije que no debían comportarse de esa manera cuando estaban solos con mamá – los retó – saben que mamá no puede salir a jugar en la nieve.

-Terry…

-No mi amor, te resfriaste hace dos semanas por estar consintiéndoles – miró a sus hijos – les dije que saldrían cuando yo estuviera en casa – los niños asintieron con la cabeza.

-Perdón papi… - parecían arrepentidos.

-Mi amor, no seas duro con ellos – dijo bajito la rubia al ver el rostro de sus pequeños.

-Saldrán a jugar al patio; pero solo un momento, no quiero que nadie más se resfríe en esta casa.

-Sí! – saltaron de alegría, los niños jugaron en el patio de su casa mientras sus padres los observaban desde el pórtico. Hace un año Terry había comprado una casa junto a la de sus suegros, ahora podía disfrutar de su privacidad junto a su esposa.

-Tus padres vendrán a cenar esta noche. – anunció.

-Y eso? Se supone que cenarían con Henry y Karen.

-Pues la imprudente de Karen me preguntó sobre nuestro viaje.

-Oh… ahora entiendo – dijo riendo. – ya te dijeron algo?

-Ya conoces a tus padres, vendrán para regañarnos.

La pareja había planeado viajar a Chicago en sus vacaciones y al castaño se le ocurrió conducir hasta Lakewood, así podrían detenerse en el camino; Candy estuvo de acuerdo, pues le parecía buena idea disfrutar de su viaje paseando por los pueblos y conociendo gente nueva.

-Preparaste todo para el viaje amor? – cuestionó el castaño abrazando a su esposa.

-Sí, las maletas de los niños ya están listos. – apoyó su cabeza en el hombro de su esposo, aprovechando éste para besarlo – estás seguro que quieres manejar hasta Chicago?

-Por qué no? Creo que será divertido hacer todas esas paradas en el camino.

-Sólo espero que los niños no se entusiasmen tanto y te dejen agotado para conducir.

-Estarán cansados de todo lo que verán que dormirán tranquilos durante las noches.

-Por qué volvió a hacer tanto frio? Si el invierno ya está pasando – se quejó.

-Este será la última tormenta del invierno, ya verás que la próxima semana será más cálida.

-Estás segura?

-Eso pasó cuando me mudé aquí. – recordó - no creo que necesitemos ropa de invierno.

-Confiaré en ti amor. – dijo mirando a sus hijos hacer bolas de nieve – saldremos en tres semanas, así que tenemos tiempo para revisar cada detalle.

Esa noche, los padres de la rubia los visitaron y aunque trataron de hacerlos cambiar de opinión con respecto a conducir todo ese trayecto, al final aceptaron que era una decisión que la pareja ya había tomado. Patrick le recomendó tener mucho cuidado a Terry, quien escuchó y tomó en cuenta su preocupación, Heather le indicaba a su hija las cosas que no debían faltar en la maleta cuando viajaban con niños.

-Ya pusiste las mantas en el auto pecosa?

-Sí, ya está todo lo que necesitamos para los niños y nosotros. – respondió.

-Qué es eso? – miró la caja que la rubia llevaba.

-Son juguetes para los niños del hogar.

-Ya había pensado en eso – dijo riendo – también compré algunos juguetes y libros para los niños.

-Bueno, nunca es suficiente. – eso era lo que más le gustaba de su esposo, él era muy noble y generoso, no sólo con los niños del hogar de Pony.

-Ya está todo listo? – la rubia asintió con la cabeza – bien, vamos a dormir que mañana saldremos temprano.

Como lo había anunciado la rubia, la semana que iniciaron su viaje a Chicago, el clima estaba más cálido, abriendo paso a la primavera. Terry al volante y Candy a su lado comenzaron su ruta, sus hijos tan traviesos como lo fueron sus padres, estaban en la parte trasera del coche jugando y asombrándose de todo lo que veían en el camino, pidiendo a cada instante a su padre parar para conocer y explorara mejor el lugar.

FIN.

Cómo están? disculpen la demora del capítulo; pero me enfermé y eso retrasó el avance de la historia. Bueno, espero que les haya gustado como quedó el final, agradezco a quienes me ayudaron a decidir sobre el bebé de los rebeldes, ganaron los gemelitos! No sé por qué no se me había ocurrido antes? Bueno, aprecio mucho su participación en este capítulo final.

Bendiciones y nos leemos en la siguiente historia. Se cuidan mucho y háganme saber que les pareció este capítulo.