V

El primer enfrentamiento

Part. II


Se había prometido que no sentiría miedo, que no podía hacerlo y, más aún, que no quería.

Además, Lucian estaba ahí y realmente no sabía cómo reaccionaría ante lo que parecía inminente. De pronto se vio a sí misma como la niña que había sido hace solo un par de años, asustada y sobrepasada por el miedo y el dolor. Sin saber qué hacer, llena de rencor y confusión ante una traición evidente.

"No puedo sentir miedo"

Aun así, todo su cuerpo tembló cuando de las sombras la alta silueta de Alucard se hizo presente frente a los dos muchachos. Se le secó la boca y le fue imposible tragar el nudo que apareció en su garganta mientras lo veía materializarse y tomar forma, su gabardina se veía más oscura de lo que realmente era y le pareció a Integra que sus hombros se movían al compás de lo que sería una silenciosa risa.

Sin embargo, lo peor ocurrió cuando lo vio girar el rostro de una forma imposible para dirigir los brillantes cristales de sus gafas hacia Lucian.

"Quiere volverlo loco…"

— Así es — fue lo único que su sirviente dijo.

"No puedo explicar esto"

Integra giró hacia el muchacho y era evidente el golpe a los sentidos que significó para este ver al vampiro lo derrumbó en piezas, antes de siquiera procesar lo que ocurría frente a sus ojos.

Estaba estático. Como si no solo sus músculos se hubieran cristalizado, sino que también su respiración. Lo vio bajar el rostro y sujetar su brazo derecho como si le hubieran herido, lo que le hizo acercarse de inmediato. Ahí le escuchó murmurar algo y lanzándole una mirada asesina a su sirviente solo espetó:

—¡Desaparece! — cómo toda respuesta Alucard extendió una amplia sonrisa antes de fundirse nuevamente con las sombras.

—Debo huir — dijo Lucian llevándose con él toda su atención.

No sabía si consolarlo, o simplemente quedarse ahí.

"Vuelvo a ser una completa inútil"

Se arriesgó y avanzó todos los pasos que los separaban para extender su mano más cercana y tratar de alcanzarlo, siquiera pudo entrar en contacto con el muchacho cuando este volvió a replegarse como si le quemara.

—¡No! — exclamó sin mirarla y con la respiración desbocada —…es demasiado — terminó susurrando al tiempo en que gruesas lagrimas caían por sus mejillas.

La forma en la cual el pecho del muchacho subía y bajaba, como sus hombros se balanceaban tratando de buscar el ritmo que le tranquilizaría llenó de pánico a Integra, le parecía que el cualquier momento Lucian colapsaría y todo sería su culpa.

¿Se habría visto así de aterrorizada cuando lo vio por primera vez? ¿o acaso su educación le había dado la posibilidad de considerar ese tipo de existencia?

No, incluso con toda la instrucción que su padre le diera, nada la había preparado para su primer encuentro con Alucard y la muerte que desató a su alrededor.

Un gemido lleno de dolor inundó la habitación y Lucian debió apoyar su cuerpo en el muro más cercano, llevándose con él la lámpara de mesa que fuera la única iluminación del lugar, lo que proyectó su sombra sobre la fría pared y el amplio tejado; larga y temblorosa.

Mientras él mismo trataba de controlarse, Integra solo podía imaginar la lucha interna que en la cabeza del muchacho se estaba desarrollando y ver cómo se manifestaba físicamente era una visión que le llenaba de pena. Si él no se sobreponía, todo terminaría muy mal. Y ya antes de la aparición de Alucard, Lucian había comenzado a dudar de su cordura.

Lo terrible de esa vista, en donde él había sido quebrado, era el recordar una vez más que existían cosas; fuerzas y poderes que afectarían a sus cercanos sin que ella nada pudiera hacer. Lucian estaba indefenso ante su propia mente e Integra era incapaz de entrar en esta y defenderlo de las pesadillas que lo atormentaban, de las dudas que lo corroían, del terror que lo embargaba.

Lucian no solo se había convertido en una persona en la cual ella creía poder confiar, sino que en alguien lo suficientemente importante como para preocuparle. Y más allá de los conflictos que surgieran entre ambos al principio, Integra admitía que se trataba de un muchacho inteligente, considerado y comprensivo con el resto, lento para el enojo y llano a escuchar a todos. Virtudes que lo hacían tremendamente admirable, sobre todo al considerar quién era su padre.

Era fácil verlo moverse en medio de diferentes grupos de esa escuela con fluidez y tranquilidad evidenciando una elegancia que ella siquiera viera en la mesa redonda. Era algo que le gustaría replicar, sentía que podía aspirar a ser como él, a tratar al resto como él lo hacía, a conducirse de esa forma, la esencia que lo había vuelto un líder dentro de un grupo de muchachos que no creía en paladines o caudillos y al verlo llorando, completamente aterrorizado no podía menos que sentir tristeza ante lo que sería una marca para el resto de la vida del muchacho.

Había estado tan equivocada. Había esperado que en algo pudieran parecerse, saber que existían más como ella. Para solo entender que, incluso rodeándose de excepcionalidad, estaría sola. Quizás acompañándola en el mismo mundo, pero en universos completamente diferentes.

"No es su culpa, yo soy la anormal… Yo sabía que los mounstros existían"

Incluso cuando el que la protegiera fuera uno de ellos. Dio un hondo respiro y avanzó un paso más.

—Lucian…

—¡No! — exclamó él, tratando de alejarse, pero imposibilitado por el muro que le sostenía.

Integra obedeció sin saber cómo actuar en ese momento. ¿De que habían servido todas sus clases de defensa si no era capaz de ayudar a un amigo? Si no sabía cómo actuar en ese momento, cuando realmente era necesitada.

"A mí también es el miedo lo que me paraliza"

Pero, se había prometido que no lo tendría ¿cierto? Además, Lucian seguía ahí, quizás paralizado, quizás lleno de terror. ¿Cómo lo había superado ella? Alucard la había amenazado y su miedo se había transformado en ira. ¿Serviría eso con Lucian?

Respiro hondamente y solo pudo decirle:

—¿Sientes cómo se ha ido? — entonces retrocedió, Lucian no contestó y parecía no haberla escuchado — deja que el miedo se vaya — siguió — que se disuelva y deje de apretar tu pecho — sin quitarle la vista de encima notó como es que Lucian se atrevió a abrir los ojos y ella volvió a alejarse — ya está cediendo, retrocediendo — el muchacho no alzó la vista, así como tampoco trató de moverse, se llevó una mano a la cabeza e Integra pudo percibir como es que buscaba ajustar su respiración.

"Está volviendo"

—Sigue así — continuo ella de la forma más suave que pudo, retrocedió otro par de pasos y procedió a sentarse en el banco que ocupara al llegar — deja que otro supere al miedo — solo entonces Lucian volvió a mirarla, sus ojos estaban brillantes, pero le miraban dolidos incluso enojados.

No importaba, cualquier reacción era mejor al terror.

La habitación pareció aumentar su tamaño y las camas que la componían se multiplicaron como si no existiera un límite para ello. Integra sabía que nuevamente el miedo la estaba invadiendo, pero no aquél que se apoderara de su ser cuando era una niña, sino aquél que le obligaba a sentirse responsable por lo que le ocurriera a Lucian, de lo que podría resultar de todo ese caos.

La presencia de Alucard solo había sido su responsabilidad.

"Yo sí conozco a mounstros"

Pero no pensó en el vampiro cuando esa certeza llegó a su cabeza.

—Su nombre es Alucard — dijo logrando la primera reacción del muchacho.

Lucian se dejó caer en la cama tras él y todos sus miembros parecieron ceder, Integra no sabía si de miedo o alivio, notando solo entonces que su propia respiración había vuelto.

— Y es mi guardián…

—¿Qué es? — preguntó Lucian en un hilo de voz quebrada.

— Un vampiro — contestó ella con tranquilidad.

Integra había visto en muchas ocasiones la incredulidad en el rostro de las personas y siempre estaba mezclado con otras emociones, con otros gestos; miedo, enojo, pena. A veces todos convergían en una paleta de reacciones que se entremezclaban demasiado rápido para entender cuál había llegado primero y por cual había sido reemplazado.

Sin embargo, en el rostro de Lucian solo había estupor y nada más.

— Es… e — carraspeó el muchacho y lo vio tragar con fuerza — es imposible — Lucian bajó la cabeza y cogió los cobertores de la cama apretándolos hasta que sus nudillos se volvieron blancos, sus hombros de nuevo se agitaban e Integra anticipo su llanto — no tiene sentido… — dijo finalmente tratando de ahogar sus palabras.

Luego volvió a mirarla. Pero ya no había miedo o confusión en sus ojos, solo juicio, solo resentimiento.

Entendiendo que todo lo que fueran o pudieran haber sido se acababa de desvanecer Integra se levantó. Sería imposible razonar en ese momento, con alguien a borde del colapso mental sobre algo que era un disparate. Ella lo entendía. Existía algo que la alejaría del resto, incluso de los que parecían aptos: su misión, la que había estado primero, siempre.

Así que solo dio un hondo respiro antes de terminar todo lo que le unía a Lucian Wilbanks y sin quitarle la vista de encima, incluso sintiéndose culpable por su actual situación habló:

—Lamento que esto ocurriera, de verdad. Alucard no tiene permitido estos desplantes y tú no tenías por qué ser víctima de sus caprichos. Por ello te pido perdón — volvió a respirar hondamente y le hizo leve asentimiento — ha sido agradable conocerte Lucian, espero te recuperes — sin más giró sus talones y procedió a salir de la enfermería.

El ruido de sus zapatos se le hizo insoportable a medida que se alejaba, la respiración de Lucian aún podía escucharse en el lugar y si bien trató de avanzar con la mayor de las calmas, contando segundos entre cada paso que daba, sabía que quien huía era ella.

"Yo si los conozco"

Había esperado que Lucian le llamara o pidiera explicaciones, pero cuando al salir no escuchó nada supo que, al menos él, seguía siendo el muchacho inteligente que tanto admirara. Sabiendo en ese momento lo peor de ella, lo más lógico era alejarse.

~*OOO*~

Los muros de la mansión, que siempre habían sido su refugio, se elevaron sobre él intimidantes y llenos de voces que se reían de su suerte. O quizás solo era el vampiro. A esas alturas daba lo mismo.

Él que, tan soberbiamente, había ignorado a todos quienes le advirtieran sobre lo peligroso de mantenerlo en la mansión, incluso en el subterráneo, se veía ahora burlado ante lo que había terminado ser su destino.

"El de toda mi casa"

Miró el puro que apretaban sus dedos y el whisky que se balanceaba al movimiento de su muñeca, no los había tocado. Así mismo, le resultaba imposible quitar la vista del primero. Su brillo incandescente parecían hipnotizarlo como si fueran los ojos de su prisionero.

"El prisionero soy yo"

Frente a él tenía sus ojos y su voz salía de los muros que se inclinaban sobre él, para terminar aplastándolo: burla sobre burla. Y sin tener cadena alguna que lo retuviera o celda que lo encerrara, se veía imposibilitado de salir de su hogar.

Tragó pesadamente y su garganta se sintió seca. Pensó en beber, pero ya lo había hecho. Se había hundido en el alcohol en cuanto entendiera lo que había ocurrido. Siquiera notó cuando las lágrimas comenzaron a caer y, ciertamente, que no sabía si lo que dolía era su amor o su orgullo. Embebido, como había estado, jamás pensó en mirar dos veces como es que su esposa había cambiado.

"¿Por qué no siempre fue así cierto?"

¿Cómo era posible siquiera que Darriane jamás le hubiera querido?

"¿Cómo?"

¿Cómo se había engañado él mismo al creer que podía tener su amor solo porque sí? Pero no, Darriane había preferido la muerte antes de seguir a su lado. Y había buscado castigarlo por obligarla a traer a su heredera a este mundo.

Una imagen seguía repitiéndose interminable en su cabeza: Integra completamente desvanecida mientras una de las mucamas sangraba de su brazo al tratar de cubrirla de las puñaladas que Durri, su Durri, buscaba asestarle.

A su grito de "¡No!", Darriane había volteado a enfrentarlo y Arthur no fue capaz de reconocerla; el rostro deformado por lo que parecía ser locura, sus oscuros ojos que lucían enfermizos y la extraña mueca de su boca no daba a entender si estaba gritando o riendo.

Todo había pasado tan rápido, su grito de advertencia, la disputa del cuerpo de su hija y sentir como esta, ya en sus brazos, respiraba débilmente. Integra también había sido golpeada por el cuchillo que esgrimiera su madre. Era una horrible visión el aspecto de un cuerpo tan pequeño, herido tan despiadadamente.

"Tampoco la amó a ella"

Quizás Darriane siempre había estado enferma. ¿Cómo no lo había notado?

¡Walter! — había gritado con todas sus fuerzas al mayordomo, quien no se hizo esperar, mientras el buscaba reanimar a su hija. Darriane le había mirado y algo parecido al reconocimiento fue posible de ver en sus ojos.

Ella huyó y el tiempo en que tardó en encontrarla la ira, que solía guiar su actuar cuando era un niño, cubrió cada uno de sus poros. En ese momento no sabía, ni le sería posible entender la verdad. Había dado la orden de llevársela a él sin tocar, puesto que se veía así mismo como el ejecutor de su sentencia y nadie tocaba a su heredero sin recibir el castigo que merecía.

Pero cuando llegó al despacho, Durri estaba completamente quebrada y apuntaba su cuello con un abrecartas, alcanzó a ver cómo es que la sangre manaba, antes de lanzarle por ella y detenerla. En medio del forcejeo fue que ella comenzó a llamar al vampiro por su nombre, para que la rescatara.

Lo que le heló completamente, Darriane jamás había conocido a Alucard.

Al entender aquello y conectar las pistas que había decidido ignorar, resultó imposible no ver cómo es que el vampiro había enloquecido a su esposa y que el desprecio que esta había sentido por él solamente allanó el camino para convertirla en su sirviente en todo, menos su cuerpo.

Se revisaron todas las pertenencias de Darriane y poco a poco comenzaron a salir las señales, la última entrada de su diario era de años antes, cuando ya estando embarazada de Integra, se negaba a ello. Días enteros pasó Arthur leyendo sobre los sueños destruidos de su esposa, como es que había guardado un mínimo de esperanza para él, ante el cobarde abandono de su hermano, quién seguramente también le odiaba por ello, pero como es que esa se había perdido al conocerlo realmente, al tener que compartir con él. Darriane, no solo nunca le había amado, sino que le despreciaba en secreto con un rencor que podría llenar Westminster y había accedido al matrimonio, exclusivamente por la presión de su familia.

De Richard decía bastante más, como se le había roto el corazón cuando este no la reclamara al exigirla él para sí mismo. Lo mucho que había esperado por su hermano y cuando Arthur lo enviara a Holanda, las ganas que había tenido de morir, las que, por cierto, aumentaron cuando ambos unieron sus vidas.

Richard había estado en su boda y se había marchado sin llegar a la recepción. A Arthur le había parecido adecuado, sabía de la infatuación de su hermano por Darriane, solo que nunca espero que ella le correspondiera.

Descubrir todo eso le hizo sentirse engañado por todos; Richard, Darriane y el maldito vampiro.

Fue el momento en el cual había caído en una espiral de alcohol que solo se redujo cuando su propia bodega comenzó a menguar.

Habían pasado un par de semanas, pero en cuanto recobró algo de sobriedad decidió ir a Holanda en donde no solo golpeó a su hermano sin mayor explicación, sino que además se regodeo en lo poco que podía, al decirle que había internado a Darriane en un hospital psiquiátrico con toda la intención de captar su furia y ser el receptor de su enojo.

Pero Richard no reaccionó a nada, solo se quedó mirándole primero confuso y luego lleno de odio.

"Al final Durri si había acertado con su hermano; era un cobarde"

Fue luego que consiguió parte de los restos de Wilhemina Harker, guardados bajo todas las llaves y sellos que la familia Helsing mantenía en su casa ancestral.

Y en ese momento tenía el pequeño saco plateado con parte de los restos óseos de la mujer que había domesticado al conde. Dejó de lado el puro para sentir la tela suave que los envolvía, eran tan livianos.

"Si los dejo al viento ¿le dolerá al maldito?"

Era probable, así como no. Resultaba menos que imposible el tratar de vislumbrar lo que había en el corazón del vampiro, si es que aún tenía uno; quizás estaba podrido como todo lo que ese mounstro fuera. Pero necesitaba su retribución.

"¡Ha tratado de matar a Integra!"

Y cualquier cosa que le hiciera a Darriane no heriría a nadie más que a él. Necesitaba lastimar al conde y era imposible hacerlo físicamente. Wilhelmina Harker, era lo único que le quedaba.

Dejando de lado la autocompasión que venía arrastrando desde el día en que salvara a su hija, Arthur, conociendo uno de los puntos débiles del vampiro podría actuar como el verdadero hijo de puta, que sabía, era. A veces sin pensarlo y otras deseándolo abiertamente. Darriane así lo había descrito en sus páginas de niña decepcionada. Y sabiendo que necesitaba más valor del que tenía en aquel momento volvió sobre los remanentes de sus botellas para acabarlos finalmente y aparecerse en el sótano en el cual el puto vampiro se encontraba.

Al mirarlo solo vio restos secos y sin vida de algo parecido a una forma humana, la peste inundaba el lugar como los vapores de una ciénaga que avisan del peligro, la larga melena que fuera negra cuando se le selló estaba blanca y quebradiza, los brazos se balancearon con el aire que entró con ellos como ramas secas sacudidas por el viento, su rostro si es que alguna vez lo tuvo era un esqueleto sin piel y con las cuencas vacías.

A todas luces parecía muerto, pero él sabía más. Sabía lo que se ocultaba bajo aquella momia putrefacta, la cual, si recibía, aunque fuera una gota de sangre despertaría para matarlos a todos. Aun así, avanzó hacía él.

Supongo que crees que debo agradecerte…

~*OOO*~

Ya desde que saliera de la enfermería, Alucard podía percibir la velocidad en los movimientos que guiaban a Integra. No era un camino desconocido para ninguno y a sus sentidos llegaba el más mínimo detalle de la tensión de sus músculos, el eco de su respiración, así como el ritmo ansioso de sus pisadas, estaba decidida y era claro que venía por él.

"Tan insolente…"

Sonrió. Había cierto placer en la idea de que aquella insignificante criatura creyera que podía estar en posición de exigirle explicaciones a él.

Que la aceptara como su ama, difícilmente la convertían en su superior. Las difusas líneas que habían marcado su relación con los Hellsing durante ese siglo, ciertamente que se habían visto afectadas al nacer Integra, quién a diferencia de su padre y su abuelo poco y nada había tenido que ver con su captura y sometimiento.

De hecho, era quién le había liberado.

Lo que resultaba tremendamente contradictorio para él, es que Arthur fuera quién se lo aconsejara. Si bien toda comunicación con el anterior líder de Hellsing había terminado el día en que le lanzara los restos de Mina, Alucard podía seguir observando lo que ocurría en la mansión: la enfermedad que lo había matado lentamente, la sombra de Richard y como es que la voz de un bebe y luego niña comenzó a llenar todos los rincones de ese lugar.

Quizás Integra había conseguido, sin él notarlo, rozar los escondidos puntos blandos que habían persistido en él. Aunque admitía que, en un principio, se había tratado de curiosidad.

A diferencia de otros Hellsing, en algún momento, cuando Arthur se creyera inmortal había decidido posponer la educación de su hija sobre los temas en los cuales Hellsing se involucraba. Por tanto, Integra se crío de una forma completamente normal, acudiendo a la escuela con otros niños de su edad, oficiando como anfitriona en las pocas cenas que su padre diera, relacionándose a plena luz del día con la nobleza de Inglaterra. Razón por la cual parecía incapaz de verlo o sentirlo. Su sombra, que nunca había sido ignorada, pasó completamente desapercibida para la muchacha hasta el día en que Arthur supo que moriría mucho antes de tiempo.

Y si bien la educación de la muchacha había constado de hablarle sobre demonios, ghouls y vampiros, era claro que Integra absorbía esa información como si se tratara de historia pasada, de relatos llenos superstición e ignorancia, hasta que claro, debió ir por él.

Tal cual lo hacía en ese momento ¿le retaría como lo hiciera cuando lo liberó?

Quizás sería diferente, aquella vez la desesperación y el miedo fue lo que guio a Integra a buscarle. Había sido herida y él se transformó en su única opción. Ahora, sin embargo, a sus ojos, todo lo ocurrido era un simple juego.

"Además es un muchacho tan interesante…"

Sonrió más ampliamente y así fue como ella lo encontró.

El silencio que la acompañó cuando cerró la puerta y se quedó mirándole indescifrable, le hizo valorar bajo una nueva luz a su ama. Si antes, al atravesar una puerta, finalmente la había conocido, el aire que la rodeaba le estaba mostrando una nueva Integra.

"Quizás ella si llega a rozarlos"

Se miraron fijamente y era obvio para él, que ella lo estaba calibrando. Podía ver cómo es que sus ojos se movían sobre él buscando determinar ¿Qué?

"¿Mi poder?"

Ella sabía de qué era capaz. No podía ser eso.

"No sabe que decirm…"

—¿Qué mierdas fue eso? — interrumpió ella sus pensamientos y con sorpresa entendió que le había sido imposible el vislumbrar lo que en su mente se declaraba. La maldición, además, había sido nueva. Una clara declaración de la indignación que la embargaba, aunque Alucard sospechó que no era por las razones más obvias.

De pronto entendió que estaba incómodo, el análisis visual al cual Integra lo sometía le tenía incomodo.

"Es porque se trata de una niña"

Y había algo perturbador en que una niña tratara de entender cómo es que su mente trabajaba. Sonrió más ampliamente, asegurándose de que sus colmillos fueran visibles. Aun así, Integra no reaccionó.

— Puedo hacerlo si quiero — contestó con simpleza, a sus palabras Integra bajo la cabeza y fue claro para él como es que el rictus de su boca se endurecía, la vio cruzarse de brazos y solo levantar sus orbes color cobalto las cuales brillaron acusándolo.

"Vamos niña"

—¿Acaso has olvidado tú lugar vampiro? — y la forma en la cual arrastró esas palabras, como si realmente debiera explicarle algo a un ser inferior, hizo que fuera él quién endureciera el rictus de su boca.

Estaba jugando con él y a pesar de ser que le había sorprendido y gustado en partes iguales, el que realmente lo tratara como un inferior, con tan pocas palabras, le había fastidiado como pocas cosas.

— ¿Mi lugar? — preguntó él, inclinándose hacia adelante.

Había esperado una explosión de su carácter, Integra le había dado todas las señales de estar realmente enojada, más que eso; furiosa. Y, al parecer, él había actuado de tal forma en que la respuesta, debía ser esa; enojo, ira.

La muchacha avanzó hacía él.

Dejando de lado el cruce de sus brazos, se llevó las manos a los bolsillos y alzó el mentón con gesto aburrido. Mirándole hacia abajo, consciente de que, al estar sentado en su cama, ella le sacaba ventaja, la imagen que llegó a su memoria era la de un ebrio Arthur, mirándole como el ser grotesco en el cual se había convertido durante su confinamiento.

Solo que nada lo detenía para arrancarle la cabeza a esa muchacha.

—Es donde yo lo ordene — respondió tensa y con la mirada fría sobre él.

Por un segundo pensó en que debería presionarla más, obligarla a reaccionar con el fuego con el cual lo retara cuando se conocieran. Pero solo sonrió. Algo había en el desplante de la muchacha que no solo le había sorprendido, sino que claramente buscaba dominar el presente encuentro, recurriendo a algo mucho más poderoso que la ira; la consciencia de su propio poder, como líder de Hellsing, como su ama.

Y ante la evidencia desplegada frente a él, como años atrás, no le quedó más que rendirse.

—No volverás a cometer este tipo de imprudencia ¿ha quedado claro? — se habría inclinado de nuevo ante ella, pero solo cerró los ojos y cruzó su mano sobre su pecho.

—Como usted lo ordene ama, mis disculpas por mi jugarreta — cuando la miró Integra seguía con su mentón alzado, observándolo como si no fuera más que eso… un sirviente.

—Retírate — y sin decir nada más, desapareció de la habitación.

~*OOO*~

Dante había visto a Integra pasar frente a la oficina de comunicación a través del cristal de la puerta, mientras hablaba con su padre. Había estado pendiente de quién pasara por ahí ya que, claramente, significaba que venía de la enfermería. Así mismo, había esperado que fuera su hermano quién lo hiciera, aliviándole de su momentánea preocupación, pero al ser Integra, la idea de que las cosas no habían salido bien se acomodó en su cabeza y la forma en la cual ocurrió, no pudo menos que extrañarle.

Sin cortar la comunicación con su padre, con quién hablaba por teleconferencia, se dirigió hacia la puerta y la abrió para ver cómo es que la muchacha seguía de largo, sin mirar a Amy o siquiera despedirse.

"¿Está enojada?"

Parecía que huía y se estuviera conteniendo de salir corriendo.

Lo que levantó todas sus alertas. Amy se giró hacia él y se encogió de hombros extrañadisima.

—¡Dante! ¿Sigues ahí? — escuchó del intercomunicador con su padre.

—Eh, si, si… — contesto volviendo a la habitación.

—Ya he hablado con Logan, para que realice los cambios en la póliza de seguros tuya y de Lucian… — continuo su padre — pero se demorará algunos días en aplicarse esa actualización ¿entiendes? — Dante asintió en silencio cuando se levantó nuevamente y esta vez dirigió la mirada hacia la entrada de la enfermería — Dante ¿estás prestando atención? — la voz de su padre resonó hasta afuera de la sala de comunicación y se vio obligado a contestar.

—¿No sabes cuantos días? — dijo para, esta vez, definitivamente salir de la habitación y volver a mirar a su novia.

—Dijeron que diez días como máximo, pero puedes consultar llamando a Marie… — con ello Dante lo entendió, Marie era la asistente de su padre en el reino unido y para obtener resultados, tanto él como Lucian debían acudir a ella.

—Muy bien padre… — dijo Dante acercándose al intercomunicador.

—Oye ¿Estás seguro que pueden con…

—Si padre — le interrumpió —… solo son dolores de cabeza que le dan a Lucian.

—¿Por qué no van…

—Si, lo haremos, le pediré información a Marie — y sin mayor paciencia para tratar con su padre Dante cortó la llamada, para finalmente subir las escaleras y ver a su hermano.

Dante nunca había visto la enfermería vacía, las pocas veces en que acudiera siempre había sido durante el día y con más de un par de muchachos esperando a la enfermera Birdie. Ahora el lugar estaba oscuro y en un silencio sobrenatural que le puso la piel de gallina. Lo que no mejoró cuando se acercó a su hermano, ya que sus pisadas resonaron huecas y llamaron, de inmediato, la atención de Lucian hacía él.

"Dios, sus ojos"

Estaban tan abiertos como fuera posible, incluso en medio de la penumbra de la habitación era posible distinguir el blanco de estos, así como el brillo de las lágrimas que no habían caído. Lucian tenía los ojos de su madre; gris oscuro. Y en ocasiones estos parecían negros, lo que imposibilitaba diferenciar el iris de la pupila, volviéndolos vacíos y mucho más grande de lo que eran. En ese momento, era posible vislumbrar que lo que fuera que ocurriera con Integra lo había llenado de pavor. Además, solo le miraba sin decir palabra alguna, ahí sentado en la cama con la vista perdida, pero, al mismo tiempo, fija en él y sus huecos pasos.

"¿Qué le ha ocurrido?"

—Lucian — dijo sin siquiera prestar atención a sus propias ideas, solo extendió su mano y tocó con fuerza el hombro de su hermano —¿Estás bien? — cuando Lucian giró, pestañeo logrando, por fin, dejar caer un par de lágrimas solitarias, las cuales desparecieron de inmediato —¿Hellsing te hizo algo? — solo entonces a la mención de la muchacha su hermano pareció reaccionar, para negar y fruncir el ceño.

—No… — y procedió a levantarse.

—¿Estás bien? — repitió, Lucian se giró a él como si recién despertara y le miró sin reconocerlo — Soy yo, tu hermano — dijo cauteloso, Lucian asintió y procedió a inclinar su rostro sobre su pecho para solo decir:

— Me duele mi cabeza — como reflejó Dante le abrazó y lo ayudó a incorporarse para volver a recostarlo en la cama.

—¿Estás seguro que eso es todo? — Lucian solo asintió sin convencerlo, pero a Dante le pareció que, de presionarlo para hablar, no obtendría ninguna respuesta.

"Desde ese día todo ha estado mal con él"

Lucian había sufrido mucho más de lo que le dijera a cualquiera de ellos, y las posibilidades que se extendían ante él, solo le hacían sentir enojo y miedo. Fue cuando la repentina sensación de culpa se vio opacada ante la imagen de su hermano; perdido y aparentemente debilitado por esa muchacha.

No, Lucian no había estado bien esas últimas semanas y si bien, no tenía idea alguna de lo ocurrido entre ambos en la enfermería, su percepción era que Integra había agredido a su hermano.

—¿Quieres decir que lo golpeó? — preguntó Amy cuando él le habló de sus temores.

—Quizás, no lo sé. Tal vez le gritó, o dijo algo que lo afectó mucho, solo que no se me ocurre que… —Amy mostraba su misma perplejidad, la muchacha hundió el rostro en la bufanda que llevaba, mientras que él le dio una calada al cigarro que fumaba en ese momento.

Se habían refugiado en los patios cercanos al llamado bosque de Nicodemus, los cuales eran lugares comunes para los encuentros casuales entre parejas, o quienes buscaban algún momento para evitar las reglas del establecimiento. Ya más cercanos al invierno, el viento y la temperatura se estaban volviendo cada vez más fríos, algo que solía agradar a Dante, pero que su novia no compartía. Razón por la cual, cuando la vio sacudirse no tuvo problema alguno en abrir su chaqueta e invitarla a abrazarlo.

—Quizás Lucian se declaró — le dijo suavemente Amy, ya entre sus brazos — e Integra lo rechazó.

Dante solo miró los límites del bosque sin decir nada, aunque era una idea que también había pasado por su cabeza. La cual, sin embargo, no explicaba el estado de parálisis y miedo con el cual lo había encontrado. Dudaba que Integra tuviera con ella la capacidad de dejar a Lucian de esa forma solo con palabras, por hirientes que fueran, sin mencionar que resultaba absurdo el pensar que ella le haría algo para dejarlo en ese estado.

"Ella había estado muy preocupada por él"

"¿Entonces porque huía?"

La teoría de Amy cobraba sentido para él entonces. Quizás efectivamente ella le había rechazado de tal forma en la cual le había roto el corazón y por como Lucian había reaccionado, le pareció incluso lógico, era mucho más acorde a lo que él conocía de la personalidad de su hermano.

"Aunque habría preferido verlo llorar"

Eso habría tenido mucho más sentido.

Al día siguiente, cuando vio a la muchacha entrar en la clase de algebra simplemente se acercó a ella y procedió a sentarse en el pupitre de enfrente. El que Integra le mirara directamente sin evitarlo, le indicó que tal vez ella no había hecho nada. No se veía ni incomoda o culpable y, hasta donde él la conocía, la muchacha nunca había sido dada a las mentiras o hipocresía, lo que la había vuelto una ermitaña dentro de los muros de la escuela.

—¿Qué ocurrió ayer con Lucian? — le preguntó directamente. Integra suspiró y le miró fijamente cuando contestó:

—Ya no podemos ser amigos… — dijo soltando el aire.

"Amy tenía razón…"

—Pero… ¿Por qué? — realmente estaba intrigado. Las palabras de Integra, así como su tono solo respaldaban la teoría de su novia, Lucian se había declarado e Integra lo había rechazado, probablemente de una forma muy brusca, y ahora señalaba la imposibilidad de seguir siendo amigos porque ella era demasiado seria para darle ilusiones a un muchacho como su hermano.

Desde que los viera juntos Dante había entendido la estrategia de su hermano. Más allá de las conexiones que Integra podría traer para los Wilbanks, Lucian había desarrollado un raro interés en la muchacha el cual solo había aumentado cada vez que ella le ignorara, como lo ocurrido en el accidente de polo. Recordaba haberlo visto llegar con su ropa manchada de sangre, pero con el rostro lleno de satisfacción y, a diferencia de otras ocasiones, no tardó en relatarle lo ocurrido, como si estuviera orgulloso de ello, lo que contradecía la forma en que solía guiarse cuando se trataba de muchachas.

En general Lucian solía tener interés físico, lo que había acarreado a su habitación a escondidas casi a media docena de chicas de todas las formas y colores. Lo que en ocasiones resultaba contraproducente. Sobre todo cuando varias de estas creían que esas visitas las volvían pareja formal de su hermano. Y en más de una ocasión, había sentido vergüenza cuando alguna de estas le hablara sin que él supiera nada de ellas; nombre, grado, edad. Sencillamente, por que su hermano era incapaz de presentarlos y menos guardar algún tipo de dato para evitarle tales encuentros.

Lo que había mostrado a Dante la parte más oscura de la personalidad de su hermano, una en la cual usaba a las personas para su propio placer sin mayor interés en mostrarse reciproco. Era una forma cruel de conducirse que le recordaba mucho a su padre. A la luz de todos Lucian era inteligente, atractivo, sereno y considerado lo que, evidentemente, le había acarreado varias admiradoras y uno que otro admirador. Además, de haberse ganado, en parte, el respeto de varios estudiantes con mucho mejor conexiones y abolengo que los Wilbanks.

Todo había cambiado cuando un par de veranos atrás su padre les habló de Integra Hellsing.

La he visto un par de veces en Epsom contestó Lucian sin mucho interés ¿Qué pasa con ella?

Rodey me informó que la mesa redonda ordeno que fuera a tu escuela…

¿Cómo alumna?

¿Cómo que más iría? — en aquel momento Lucian le había mirado y fruncido el ceño.

¿Por qué la enviarían a Alemania? Hay bastante buenas escuelas en Inglaterra — su padre había dado una calada a su puro y carraspeó antes de contestar.

Aparentemente su majestad quiere alejarla de Inglaterra por lo ocurrido con su padre y su tío, nadie se tomó a bien que ella fuera nombrada la cabeza de su casa, es muy joven… y mujer.

El plan de su padre había sido simple; seducirla y enamorarla para que, al volver de Alemania, Lucian la presentara en su círculo. Sin embargo, al volver de sus vacaciones a la escuela Lucian no había mostrado inclinación alguna hacia ella o, aparentemente Integra no tenía interés alguno en sus compañeros y, si bien, era una estudiante aplicada parecía que las personas le fastidiaban enormemente. Lo que contrastaba con la personalidad amena de su hermano, situación que terminó retrasando en meses el inicio de la misión de este para acercarse a ella.

Dante recordaba muy bien cuando fue que comenzó a hablar de ella, primero con la molestia de tener que vigilarla donde se encontraran para luego comenzar a prestarle atención. Y la conclusión de su hermano fue que ella era muy aburrida. Hasta que coincidieron en los entrenamientos de polo. Ahí algo vio su hermano que consiguió que este ya no solo la vigilara cuando por suerte se encontraran, sino en abiertamente buscar coincidir con ella. En esos meses se había vuelto fastidioso ante la exigencia de sus esfuerzos y el poco avance que estos le reportaban.

Hasta que ocurrió lo del accidente. Todo el orgullo que había mostrado el día en Integra se cayera de su caballo, por su papel en su rescate, se vio derrumbado con el pasar de los días. Convirtiendo a su hermano en una sombra desagradable y llena de molestia, que por supuesto, cargaba contra él. Como respuesta Dante solo se había reído, sobre todo cuando Lucian le comentó que a pesar de haberla cargado en brazos como un maldito príncipe azul ella no solo no le había agradecido, aparentemente por su estado de inconsciencia, sino que siquiera sabía que él era quién la auxiliara.

¿Y por que no vas y le dices lo que hiciste?

¿Estás loco? Me hará parecer como si rogara por su atención

Que, al fin de cuentas, era lo que Lucian más deseaba de ella. Seguro de poder cumplir con lo que su padre le había exigido. Sin embargo, a esas alturas Dante dudaba mucho que las acciones de su hermano sobre Integra estuvieran impulsadas por las ambiciones familiares y que sencillamente la chica le había comenzado a gustar y mucho.

Cuando expuso sus ideas a su hermano, Lucian se le quedó mirando casi pensativo sopesando sus palabras. Hasta que asintió sin mostrar rastro alguno de la molestia que lo había seguido por semanas. El problema era que a Integra, si bien sabía de la existencia de Lucian, le resultaba tan insignificante que siquiera se había tomado la molestia de cruzar palabras con él además de solo lo formal.

La oportunidad se había presentado el día en que llegaran a la escuela. Un año tarde. Y en esa ocasión Lucian le hizo más caso y no tardó en acercarse a ella para entablar lo que parecía una relación común. Supuso entonces que los sentimientos de su hermano solo crecieron al ir conociendo a la muchacha y él, a su vez admitía que Integra había resultado una agradable sorpresa. Su apariencia seria solía alejar a las personas, pero en ella Dante había encontrado todos los puntos que volvían cualquiera un buen amigo. Integra era tranquila, inesperadamente graciosa, considerada y atenta con quienes le resultaban importantes, además, de las cualidades físicas que, de seguro, su hermano ya había notado, Dante diría que los ojos de la muchacha eran impresionantes.

Todo lo que explicaba por qué su hermano terminó enamorándose de ella. Algo que él entendía.

A diferencia clara de lo que ocurría en ese momento. Integra había guardado silencio sobre su pregunta, aunque no le desvió la mirada, lo que cambio cuando el profesor hizo ingreso al salón.

—Perdón, pero si quieres saber, debes preguntarle a él. No me corresponde a mi decirlo — y eso en nada le había ayudado.

Frustrado suspiró y le preguntó:

—¿Te interesa él? — y lo dijo en voz alta, lo que detuvo a medio salón para mirarlos a ellos, incluido el profesor. Integra se giró completamente ruborizada y contrariada.

—¿Qué? — preguntó muy, muy incómoda.

—¿Si te interesa él?

—Dante… — le susurró Amy. Pero él no le prestó atención, solo mantuvo su atención fija e inmutable en Integra.

—¡Señor Wilbanks, señorita Hellsing! — habló el profesor — cualquier disputa que tengan, por favor, resuélvanla fuera de mi clase, ustedes eligen si ahora o después — Dante hizo el ademán de levantarse, pero Integra, sin quitarle la mirada de encima solo se quedó en su puesto.

—¿Entonces no te interesa? — preguntó, ya molesto.

—No es eso — le respondió ella, frustrado se inclinó por sobre la mesa invadiendo completamente el espacio personal de la muchacha.

—¡Ya basta! — exclamó finalmente el profesor —¡ambos afuera! ¡Ahora!

—Profesor — dijo Integra volviéndose a él — yo no…

—¡Fuera Hellsing! No volveré a repetirlo ¡También tu Dante! — molesto fijó la vista en el señor Koch, quién sin dejar de mirarlo tomó el libro de estudios y ordenó — a los que no he sacado de la clase, continuaremos en la página treinta y siete de la tercera unidad… — Dante cogió sus cosas y procedió a retirarse, no sin antes dejar que Integra se le adelantara.

Había pensado en no decirle nada, solo que la preocupación por su hermano era mucho mayor.

—¡Hey Integra! ¡no huyas! — y la chica se detuvo para voltearse y mirarle con gesto frustrado y aburrido, pero él simplemente no estaba para tolerar ningún desplante, no tenía la paciencia —¿Qué ocurrió ayer?

—Ya te lo dije, debes preguntarle a él — dijo cansada.

—¿Es un secreto? — Integra no contestó, solo se le quedó mirando con seriedad y supo Dante que no la sacaría de ese estado solo con palabras —¿Por qué Lucian me guardaría secretos? — intentó nuevamente.

—Le preguntas a la persona equivocada — finalizó ella, dándole la espalda para dejarle a solas en el pasillo.

"Lucian no me dirá nada"

No le había dicho nada la noche anterior y poco menos después de que lo asaltaran en el centro de la ciudad. Y si Integra lo sabía… y si Lucian le había prohibido decirle nada a él. Todo cada vez era más confuso y su cabeza no ayudaba en nada.

"Tal vez solo debo hablarlo con Lucian y ya"

~*OOO*~

Había comenzado a nevar con suavidad y los copos parecían danzar en medio de las tenues ráfagas de viento, a su gusto, muy cálidas para la estación. Sin embargo, su cabeza no tardó en devolverse a las horas previas, a aquél interesantísimo muchacho y como es que con su sola aparición casi lo había vuelto loco, le resultó imposible no reír. Si tan solo ese muchacho y su ama entendieran la capacidad de este para luchar y sobrevivir, su mente no habría cedido a la desesperación y ella no estaría furiosa con él.

Porque sí, su ama lo había disfrazado magníficamente, pero bajo aquél frío arsenal de gestos y movimientos calculados, la sangre de Integra había estado bullendo por llenarle la cabeza de balas. Lo que volvía todo aún más hilarante a su gusto.

El movimiento que había capturado su atención fue la oscilación de su cabello, el cual le trajo recuerdos de su lejana vida y de su aún más lejano hogar, de aquellos amaneceres en donde el sol no le hacía daño, con miles de banderines y estandartes sacudiéndose al viento, amenazando su existencia y la de todo su linaje. Un viento cálido lleno de peste humana habría respondido a todas esas amenazas, dándoles un vago atisbo de lo que era enfrentarse a él y más aún de la certeza de sufrimiento que significaba su nombre.

La forma en la cual Integra se le acercara: mitad mujer mitad Hellsing, le decía que un truco así no habría funcionado con ella. Los quedos pasos que diera en su dirección no habían vacilado en lo absoluto sobre su evidente intención. El avance sosegado y frío había movido las sombras de sus gafas, de tal forma, sobre su rostro haciéndola parecer mayor, mostrando mucho más que simple dignidad, sino que directamente orgullo, como si se encaminara en un calabozo para reprender a un esclavo, o a un cadalso para consumar una ejecución.

Y la idea le llenaba de una vaga sensación de triunfo y orgullo, aunque no entendía el porqué. Había sido un caminar que buscaba advertirle y la calma con el cual lo ejecutara lo llenó de una vieja de sensación de verdadera amenaza.

"Como aquella vez contra ese ejército"

Abraham había tenido un gesto similar, aunque sería imposible para el descifrar si en su juventud fue el mismo. Sabía que Arthur había carecido de este ya que su liderazgo estuvo siempre asociado a su capacidad para hacer aliados más que imponerse a otros. Diferencia clara con su hija, quién sin mucho animo social y ante lo que él era, buscar su lado amistoso no resultaba ser la mejor técnica.

Era un pacto de sangre -forzado- el que había atado a las dos previas generaciones de Hellsing. Sin embargo, desde que eligiera ceder ante Integra resultaba difícil entender que lo mantenía atado a ellos. ¿Admiración? Era posible, sin embargo, había un regusto santurrón ante eso del cual no se sentía parte. ¿La posibilidad de luchar? Si, era lo más divertido de su existencia, así fue las semanas previas, pero igualmente era algo que no dependía de quién fuera su amo.

Era él quién elegía servir. Y se había mantenido leal a Integra porque…

La falta de respuestas a esa interrogante, resultaba a lo menos curioso en su naturaleza. Pero tampoco era algo que se cuestionara, sobre todo al considerar como es que había utilizado a sus eslabones más débiles para hacer desparecer a la familia que le aprisionara. Él sabiéndose caprichoso sabía que podía cambiar de opinión de un momento a otro, de un siglo a otro. Por tanto, existía cierta lógica para él que, a pesar del debilitamiento de la sangre Hellsing en Integra, ella no trajera consigo ninguna de las debilidades de sus padres.

Es más, había sido una grata sorpresa verla desarrollarse y descubrir aspectos de ella misma, que, a su gusto, la hacían admirable.

"Entonces es eso…"

— ¿Te está resultando molesta la niña? — resonó desde el exterior, para recorrer los recovecos más profundos de su memoria.

"¡Mierda! Siquiera la he sentido"

Aun así, no se movió, aunque todos sus sentidos saltaron ante la presencia que apareció frente a él.

— Ha sido mucho tiempo — dijo él por toda respuesta.

La vampiro camino con tranquilidad y sin emitir amenaza alguna. De todas maneras, Alucard se mantuvo alerta con ella debía hacerlo, pasó a sentarse a su lado casualmente y le sonrió cuando le dijo:

—Has cambiado mucho — Alucard no mostró interés en lo que la mujer decía, en cambio, sí le miró con fijeza.

Danae había sido su primera transformación después de que, como conde, perdiera todo en su antigua Rumania. Una sirvienta que llamó su atención al ser letrada y tachada por el resto como bruja para finalmente descubrir que solo sabía como utilizar hierbas para sanar a la gente. Los ojos azules que capturaran su atención, con los siglos se habían vuelto tan claros como el agua, dándole una apariencia etérea y sobrenatural que difícilmente podría pasar desapercibida incluso para un mortal.

"Quizás así es como los atrae"

Sin contar, claro, con su evidente belleza.

Habían pasado juntos casi veinte años mezclando una vida de encierro y cautela con muertes y desenfreno, los cuales llegaron a su fin cuando los otros les encontraron. Una horda tan vieja como los cimientos de su castillo y tan depravada como el último de sus enemigos.

Decir que Alucard había luchado por ella sería un cinismo, como nunca en esos años se había visto enfrentado a un poder que no era capaz de concebir y el miedo y la desesperación habían sacado lo mejor de él. Había tenido miedo de quedar solo y que ella decidiera traicionarlo le había ocasionado una sensación de aflicción que, hasta ese momento, no creyera concebible.

Aunque eso lo entendió bastantes siglos después.

—Incluso para nosotros los años no pasan en vano — finalizo, mientras hurgueteaba en su abrigo.

—Pareciera que a ti te han suavizado — Alucard solo se encogió de hombros, realmente no le importaba lo que ella pensara de él.

—Puede ser.

—Deben ser muy especiales esos Hellsing — era obvio que buscaba sacarle información y honestamente él no tenía interés alguno en compartir nada con ella.

"Creerá ese sujeto que con ella bajare mi guardia"

Era obvio que no le conocían, pero la jugarreta traía consigo toda la intención de menospreciar su fuerza y disciplina.

—¿Qué quieres Danae? — preguntó aburrido — sé quién te envía, así que termina con esto luego — la vampiro sonrió, pero el gesto no llegó a sus ojos. Parecía el gato que había arrinconado al ratón.

Lo que le complació enormemente.

— ¿Por qué estás acá Alucard? — preguntó ella para luego continuar — como nunca te has expuesto, ya con anterioridad te habían perdonado y saliendo de tu isla solo has llamado al peligro, al igual que esa muchacha.

—¿Perdonado? — aquello le sacó una carcajada — ninguno de ellos conoce lo que eso significa.

—¿Y tú sí? — y me inmediato la imagen de Integra se apoderó de sus pensamientos. La vampiro lanzó una carcajada musical llena de promesas — sí que has cambiado — procedió a levantarse, al momento en que una ráfaga de viento tibio le agito los largos y oscuros cabellos.

Sintió la presión de inmediato sobre su cuello.

"¡Mierda!"

Centró su mirada en Danae y esta le correspondió el gesto con satisfacción.

— Te has tardado — fue todo lo que le dijo antes de dirigir su atención en quién le atacaba.

Era aquél anciano que lo dejara a solas con un grupo de sus soldados. En medio de lo que fuera su rostro, nuevamente, fue imposible definir sus facciones, aunque esa vez, las orbes de sus ojos se vieron claramente perladas, sin color alguno. Con la evidente fuerza que poseía lo alzó en el aire como si él se tratara de una marioneta, además era claro que buscaba evitar sus movimientos ya que a cada segundo la velocidad de su ataque aumentaba sin permitirle respuesta, para llevarlo quizás a los confines del cielo.

Lejos había quedado el tejado en el cual se refugiara, así como la ciudad y sus luces. El frío los rodeo cuando comenzaron a cruzar las nubes heladas y Alucard, luchando contra la presión y la velocidad extendió sus brazos aprisionando con éxito el rostro del viejo entre sus manos para comenzar a comprimir.

El gesto de este no cambio, no emitió quejido o palabra alguna, nada.

Su pierna sonó al ser atravesada de lado a lado, al mirar vio a otro vampiro clavando sus colmillos en su rodilla, otro apareció tras él y sintió sus dientes sobre su hombro, otro mordió en su cráneo, otro sobre su costado y entre todos lo rodearon con sus brazos, buscando destrozar la carne, el musculo y el hueso.

Y el viejo, seguía elevándose con él y sus esbirros como si no fueran nada, aumentando la velocidad, la presión y su fuerza.

"Cuando crucemos la oscuridad el sol nos matará a todos"

E Integra quedaría a merced de ese grupo.

Soltó una de sus manos y la estiró como una espada contra el que mordía su cabeza, el corte sobre el cuello de este fue calculado y exacto para que su cabeza se separara de su cuerpo, miró al que estaba sobre su costado y dirigió su ataque contra este solo que cuando trató de hacer lo mismo, fue el viejo quién detuvo su movimiento y quién copiando su técnica, le atravesó el pecho de lado a lado.

Un rostro conocido apareció frente a él para sonreírle como un niño.

"Henry"

Y lo vio abrir sus fauces y sentir como es que de un mordisco le arrancaba la mitad del rostro.

Solo entonces comenzó a sentirse débil. Su fuerza se escapaba ante cada herida y cada sorbo de sangre que aquel grupo de asesinos le arrebatara. No eran como el pequeño ejército que fuera tras él hace un par de semanas. La imagen de Danae, vino a su cabeza, hermosa y letal en el tejado al decirle:

"¿Y tú sí?"

Arthur lanzó los restos de Mina a él como venganza y la sangre de Richard empapó los muros del sótano. Cruzó junto a sus captores todas las nubes del firmamento y frente a sus ojos las estrellas explotaron en miles de luces, quiso tocarlas y sentir su calor, al tiempo en que el viejo cedía en su agarre y el aire que les rodeaba ya no era frío. Darriane le había encontrado en la mansión y le susurró palabras cómplices tras la gruesa puerta de hierro, Integra se apretaba las mejillas frente a un espejo de mano.

"Es donde yo lo ordene"

Los ojos blancos del viejo se pusieron a su altura y solo entonces Alucard pudo distinguir su boca del resto de su rostro, la cual se abrió sobre él fétida y con un gruñido cacofónico que le recordó la peor de sus batallas. Un muchacho de gafas comenzó a reír y Alucard le correspondió el gesto antes de volarle la cabeza con Cassul. Quiso decirle algo, pero le resultó imposible mover su boca, la parte del rostro que Henry le había dejado, estaba siendo devorada poco a poco por el viejo.

Lo que le complació enormemente.


N/A:

A estas alturas, en la versión original, Lucian e Integra ya había cruzado más de un límite lo que si bien es algo dulce, ciertamente que no pegaba con la escencia de ninguno de los dos personajes, en el momento en que lo escribí solo quería que la historia entre ellos se volviera cercana para sacarles celos a Alucard, pero por ahora, todo esta lejos de eso.

Asi mismo la figura de Danae que también había tomado relevancia, demasiado pronto será presentado de forma más paulatina para, como a todos, darles mayor argumento y respaldo. Y que no solo actuen por actuar.

En fin, espero que hallan disfrutado el capitulo. Y si les gustó, espero me dejen algun review.

Atte.-

Brujhah.