No poseo los derechos de autor. Los personajes pertenecen a la asombrosa Stephenie Meyer y la historia es de la maravillosa FlamingMaple. Yo solo me encargo de traducir y divertirme.
I do not own the copyright. The characters belong to the amazing Stephenie Meyer and the story is from the wonderful FlamingMaple. I am just in charge of translating and having fun.
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Edward caminó hacia ella rápidamente, escuchando los síntomas de su desmayo unos momentos antes. La atrapó en un abrazo, moviéndola discretamente hacia una silla.
Afortunadamente, la sala de espera se encontraba casi vacía, las pocas personas que habían, estaban más ocupados en su propio cansancio o malestares.
Cuando ella abrió los ojos, su rostro estaba pálido… de forma alarmante.
Él la soltó, y se sentó en la silla conjunta, sus manos aún sosteniéndola como precaución.
— ¿Cuánto tiempo…? — comenzó ella. — ¿Cuánto tiempo llevas aquí?
— Lo suficiente. — respondió él calladamente.
Bella miró al suelo, no deseando mirar sus ojos, una flama de vergüenza hizo brillar sus mejillas.
De todas las personas que podrían estar aquí.
Espero te sirva, su voz personal se escuchó en la mente de Bella, tú eras el que quería que fuera humana. Aquí tienes. ¿Qué más humana puedo ser?
Ella asintió, mirando a sus pies, intentando ocupar su mente en otra cosa que no sea el horrible luto, culpa y la vergüenza que estaba sintiendo.
— ¿Dónde está Emmett? — preguntó, esperando que si actuaba lo más normal posible todo a su alrededor se sentiría de la misma manera.
La respuesta de Edward fue incómoda.
— Él tenía que… irse. Estaba preocupado de hacer algo… impulsivo. — Bella no dijo nada por un momento, concentrándose en ver el patrón que había en el suelo.
— Oh. — entonces, tomó un respire rápido, horror y terror comenzaron a crecer dentro de ella. — Él no puede… — ella se ahogó con las palabras. — Oh, Dios, él no puede…
— No. — dijo Edward con empatía, sacudiendo la cabeza.
Ella asintió ante su respuesta. Su mente parecía correr a mil por hora. Hasta que se dio cuenta que Emmett no sería el único del que tendría que preocuparse.
— Él no me lastimó, Edward…
— Creo… — dijo él, más fríamente de lo que hubiera querido. — que tengo ojos suficientemente buenos para ver lo que él hizo.
— No era lo que estaban pensando. — dijo ella, desesperada por que le creyera.
— Entiendo. — dijo él, más suavemente. No quería asustarla más, ya había tenido suficiente.
Bella no estaba segura de que él entendiera. Ella lo miró, aun intentando dominar las emociones que se arremolinaban en su interior.
— Prométeme que no vas a lastimarlo. — dijo ella.
— Bella… — comenzó a decir, su voz sonaba como una advertencia.
— Prométemelo. — dijo ella de Nuevo.
— Lo prometo. — le tomó un momento, pero respondió.
Se quedaron sentados por un momento, ella intentaba respirar con regularidad, él intentaba calmar las emociones que comenzaban a formarse en su interior.
— ¿Quieres ir a casa? — preguntó Edward. Dentro de él, comenzaba a luchar contra la necesidad de envolver sus brazos alrededor de ella y nunca soltarla. Eso, o pedirle a Jasper y Emmett que le dieran una paliza por su estupidez.
¿Cómo pudo haber sido tan idiota y decir lo que dijo anoche?
Bella se estaba preguntando a sí misma algo muy parecido.
— Por favor. — le respondió.
Fue un viaje corto y silencioso. Ella no objetó cuando él la condujo hasta su puerta.
Cuando ella abrió, sin embargo, el olor le dio de lleno a Edward.
Seguramente pasó lo mismo con ella, ya que con la mano sana tomó sus llaves dentro de su puño.
Intentó no pensar en el nombre del chico. Él lo reconocería, por el olor, si se lo encontrara y no eso terminaría nada bien. Podía oler la sangre de Bella, su dulzor mezclada con el sudor del chico. Había un vago rastro en la pared, invisible para los ojos humano, pero lo suficientemente claro para él.
Sintió su furia crecer, intentó tragarla y obligar a su cuerpo a calmarse cuando vio el estado tan vulnerable en el que se encontraba Bella. Entonces, la culpa se asentó dentro de él, pesada.
¿Ella hubiera hecho esto si él no hubiera dicho lo que dijo?
No, le respondió una pequeña voz dentro de él, claro que no.
Edward pensó rápido.
— Alice. — dijo, intentando mantener su voz neutral. — Llegará a casa pronto. Tal vez, ¿quieras pasar la noche allá?
Bella estaba mirando su cama, las cosas que estaban fuera de lugar y por el suelo, sintiendo las náuseas aumentar, ya sea por el medicamento o por la idea de estar en su habitación. O ambas cosas.
— Tal vez por esta noche. — dijo ella, un sonrojo culpable le llenó las mejillas. — Debería… empacar algo. — murmuró.
— Creo que tenemos todo lo que necesitas. — Edward tomó su mano, antes de que ella pudiera entrar en su habitación, como si eso pudiera prevenir que se hiciera más daño.
— Ok. — dijo con voz reducida, ella misma se sentía más pequeña con cada minuto que pasaba. No se merecía esos cuidados.
Edward se estaba tomando más libertad de tocarla de lo que verdaderamente tendría en el camino a su casa. Le ayudó a quitarse el abrigo en la puerta de entrada, sin darle la usual importancia a las chispas electrizantes que siente cuando sus pieles se tocan.
Ella no notó que el papel que había intentado meterse al bolsillo se había deslizado fuera, pero Edward si, por lo que lo tomó y se lo dio. Sin mirarlo de cerca, él podía decir que era la receta. De la medicina para el dolor.
— Vas a necesitar eso. — dijo, mirando cómo la metía de nuevo en el bolsillo. Ella asintió, pero sospechó que no tendría ninguna intención de comprar el medicamento. — La vas a necesitar. — continuó, mirándola sonrojarse. — Te rompiste la mano.
Tal vez el dolor me recuerde no volver a hacer algo tan estúpido, una voz siseó dentro de ella.
Ella estaba al borde de las lágrimas de nuevo, pensando en lo tonta e impulsiva que había sido. Había lastimado tanto a Jun como a Edward con su decisión, y la mano rota se sentía como una fracción del dolor que sentía.
— Estoy bien. — dijo.
Caminaron hacia los pisos superiores hasta el que era considerada su habitación.
— No estás bien… — dijo él. — estás herida y estás molesta…
— Edward. — dijo ella quedamente. — Creo que puedo soportar cualquier cosa que quieras darme en este momento, excepto amabilidad y comprensión.
— ¿Por qué? — preguntó, mirándola con confusión. Ella cerró los ojos, mascullando por debajo de su aliento.
— Acabo de acostarme con otro… — él ni siquiera la dejó terminar.
— Lo que dije anoche es inexcusable, Bella. — dijo, levantando sus manos para detenerla. — Te he lastimado mucho con las cosas que te he negado. Por pedirte que estés conmigo. Que vivas una… media vida. Y, haber dicho lo que dije anoche…
— No te hace responsable por mis decisiones. — terminó Bella, sentándose a la orilla de la cama, cansada, exhausta. Mantuvo los ojos bajos, a penas capaz de mirarle.
— Te amo. — dijo él, tomando asiento al lado de ella, tomando sus manos. — Eso no va a cambiar, sin importar nada. — Ella quería decirle que debería ser diferente, que él merece algo mejor. Era muy cobarde para eso. En su lugar, tragó, intentando respirar. — Déjame cuidar de ti esta noche. — continuó. — Permíteme, por favor, intentar deshacer el dolor que te provoqué ayer.
— ¿El dolor que tú me provocaste? — se ahogó en medio de una respiración. Él asintió. — Creo que te superé en eso. — dijo ella, cerrando los ojos de nuevo.
— Te amo. — dijo él de nuevo.
Mereces mucho, mucho más, pensó Bella. Y lo sabes. En el fondo. Es por eso que no me transformarás.
Esto dolía más que cualquier otra cosa.
Se sintió patética.
Aún lo amaba – también –, y dolía, no ser deseada de la misma manera.
Con los ojos bajos, sintió que la cama se movía a su alrededor cuando é se acercó y tomó su mano.
Había muchas cosas que él quería decir. Que sabía que la había lastimado al irse, y que solo la había dañado más al regresar y ofrecerle este aproximado a la vida… una vida huyendo de los Vulturi, sin hijos, sin la intimidad que claramente ambos deseaban.
Él no la culpaba por desear este tiempo… estos pocos meses para ella, para ser lo más humana que pudiera, antes de sacrificarlo por el bien de los demás… de él, su familia, y la suya propia. Siempre dando demasiado.
La culpa que ella sentía por tener esto – sí, incluso el chico – estas cosas que ella debería tener, irradiaba de ella.
— Quiero que seas feliz, Bella. Incluso si no es conmigo. — notando la mirada que ella le estaba dando, él continuó, — Sí, quiero estar contigo. Sé que no lo crees, pero lo hago. — él se atrevió a rozar su mejilla con la mano. — Ya robé lo que se supone que no debería tener. Si puedo darte al menos una fracción de la vida humana que deberías de tener antes de sacrificarla, entonces quiero que lo tengas. Sé que no he sido bueno dejándote tener esto, pero estoy tratando. — ella lo miró, sin palabras. — Pero por esta noche, por favor, y solo por esta noche, déjame cuidar de ti. Por favor. Entonces, prometo darte espacio para lo que tú quieras, y no robarte más. — él desvió la mirada, mientras hablaba, no queriendo encontrar sus ojos.
La incomodidad de sus culpas individuales flotó hasta unirse, una sola burbuja.
— Ok. — dijo Bella hacienda una mueca, sabiendo lo mucho que ella no se merecía nada de esto.
— Gracias. — susurró él, atrayéndola a un abrazo cuidadoso. Se sintió casi deshecho por sus lágrimas, calientes cuando se encontraban con la frialdad de su camisa. Cuando ella se alejó, él tomó la punta del papel que sobresalía del bolsillo. — Voy a ir a comprar esto. — dijo, ondeó el papel y ella abrió la boca para protestar. — Solo por esta noche. — le recordó.
— No quiero que gastes dinero…
— Tu nunca dejarías a alguien a quien amas sufrir, Bella. Por favor, no me pidas hacer eso.
Ella se mordió la lengua, aguantando la respuesta que sería más fácil decir.
— Ok. — dijo en su lugar, frunciendo el ceño hasta que casi se juntaron.
De pie, la miró moverse de forma incómoda. Sintió la ira borbotear desde sus pies. El chico la lastimó. Íntimamente. Cerró la emoción inmediatamente, imaginando lo si hubiera sido él. Él dolor es algo pequeño, se dijo a sí mismo. Ella estará bien en unos días. Nada de esto logró tranquilizarlo.
— Me iré a ocupar de esto, te daré un momento para acomodarte. — dijo él suavemente. — ¿Puedo traerte algo para comer o tomar?
— No, gracias. Me voy a preparar para ir a la cama. — dijo ella sacudiendo la cabeza, poniéndose en pie.
— Ok. — dijo él, asintiendo. — Traeré esto tan rápido como pueda. — mentalmente, estaba armando una lista de las farmacéuticas que estuvieran abiertas a esta hora, sopesando cuál estaría más cerca. Podía escucharla en la ducha, el suave sonido del agua pegando en su cuerpo, y el sonido de su respiración que salía en cuanto tocada las partes lastimadas de su piel.
Cuando se recostó en la cama, él frunció el ceño, sabiendo que tendría que despertarla en cuanto llegara con los medicamentos.
Sin embargo, él estaba equivocado. Ella no podía conciliar el sueño. Su corazón latía de forma irregular y, cuando alguien tocó la entrada principal – el servicio a domicilio de la farmacia – solo la hizo removerse debajo de las cobijas.
— ¿Bella? — llamó él desde el otro lado de la puerta. Sabía que no estaba dormida, pero no estaba seguro de si estaba a punto.
— Estoy despierta. — respondió, su voz llena de cansancio.
Él dejó que el bote de pastillas estuviera a la vista, antes que él.
Sentándose, murmuró un 'gracias', tomando la botella. El dolor se había asentado en lugares muy incómodos, y estaba teniendo problemas para ignorarlo, o de conciliar el sueño.
Tragó las pastillas de forma extraña, pues solo podía usar su mano izquierda.
Él tomó la botella de regreso, dejándola algo lejos del alcance de su mano. Ella frunció el ceño, mirándole.
— Si no puedes enderezarte para alcanzar la botella, aún no es hora de la siguiente dosis. — explicó él. Ella asintió, viendo la lógica. — ¿Tienes problemas para dormir?
— Un poco.
— ¿Puedo ayudarte? — preguntó él. Sabía que eso había funcionado antes. Ella también lo sabía, y su rostro se contorsionó con dolor, siendo consciente de lo que él le estaba ofreciendo. ¿Qué tan egoísta sería ella si aceptara lo que él le estaba ofreciendo? — Solo por esta noche. — dijo de nuevo. Después de un momento, ella susurró:
— Por favor. — toda su vulnerabilidad parecía haber sido concentrada en esas dos palabras.
Él esperó a que ella se recostara para imitarla, sus cuerpos eran separados por las cobijas que la cubrían, y pasaban por debajo de él. Su brazo sirvió como una fría almohada contra su tibia y suave mejilla, mientras el otro servía como bálsamo contra su mano rota.
Ella quería llorar del alivio, pero los espasmos provenientes de su pecho le impedían mantener la respiración regular que necesitaba para poder dormir.
Edward tenía sospechas de la fuente de su entrés y no dijo nada, sabiendo que solo lo empeoraría.
Cuando el cansancio finalmente la alcanzó, se deslizó hacia sueños silenciosos, ayudada en gran parte por la medicación.
Alice había visto la tarde de Edward lo suficiente para que sus cejas se alzaran y se apresurara a regresar a casa.
Umm… pensó ella… ¿de verdad crees que esto es inteligente? Ella le mostró a Edward la visión que había tenido, mostrando a Edward la escena que estaba ocurriendo en ese mismo instante en el presente.
— Déjalo, Alice. — gruñó él, lo suficientemente bajo para que Bella no le escuchara. Ella le dio el equivalente a un encogimiento de hombros mental, intentando silenciar su preocupación por su hermano y Bella. — Es solo por esta noche. — dijo Edward más gentilmente.
Los pensamientos dolorosos de Alice eran demasiado altos como para ignorarlos. Imágenes del futuro inmediato de Edward se le escapaban demasiado rápido como para poder contenerlos todos. En ningún escenario ellos estaban juntos.
Él tragó el veneno que se había juntado en su boca gracias a las decepcionantes visiones que Alice le había dejado antes de marcharse, solo aceptó el tenue momento que esta noche prometía.
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¿Por qué siento que todos me fastidian en esta historia? Nadie escribe angst como FlaminMaple jajaja
No olviden dejar un lindo comentario y pasar por nuestro grupo de Facebook, me estoy tomando en serio el volver a para poder darles cierre a las historias que tengo pendientes (personales y traducciones), y tal vez animarme a algo nuevo.
Nos leemos pronto!
